sábado, 16 de diciembre de 2017

BAUDILIO MONTOYA- EL RAPSODA QUINDIANO

 

Por Carlos Alberto Villegas Uribe

  Talla  en madera- maestro  Cartujias-1966
 

El domingo por la tarde

llegando a Pueblotapao

cayó en Mitad del Camino

José Dolores Naranjo.

 

Sus padres, partícipes de esa epopeya de la esperanza que se denominó la colonización antioqueña, partieron con él desde Rionegro, cuando tenía cuatro años de vida y se radicaron en Calarcá, un incipiente caserío del antiguo Caldas, hoy convertida en la segunda ciudad del departamento del Quindío, a la cual siempre consideró como su tierra natal.


Talla en madera del Maestro Cartujias (1966)


Allí creció bajo la sombra protectora de robles, cafetos y guaduales, se hizo maestro de escuela y empezó a cultivar la poesía como condición vital de su existencia. En 1938 recoge en su primer libro: Lotos, los poemas que ya se conocían en el ámbito literario regional, en los tradicionales juegos florales y en la naciente radio regional. Posteriormente aparecerían Canciones al Viento (1945), Cenizas (1949), Niebla (1953), Antes de la Noche (1955) y Murales del Recuerdo, que constituyen la totalidad de su corpus poético editado. Quedan algunos versos manuscritos, con correcciones del poeta, en poder de su familia que esperan ser publicados aún.

 

Con ancho lote de angustia

y bajo un cielo de invierno

va el corazón avanzando

camino de Montenegro

Yo no se que es lo que siente

Pero le duele un recuerdo.

 

Luego de beberse todos los paisajes y de contar líricamente las historias, las angustias, alegrías y tristezas de los hombres y mujeres de su comarca quindiana, falleció en Calarcá el 27 de septiembre de 1965. Como homenaje póstumo, el Comité Departamental de Cafeteros del Quindío, editó una antología de su obra poética con el título: Baudilio Montoya: Rapsoda del Quindío. Con este nombre se quiso identificar el carácter social que caracteriza la voz de Baudilio Montoya. Una obra que en el sentir del escritor Lino Gil Jaramillo (1972): Transustanció en sus canciones las inquietudes sentimentales de la gente del agro y la aldea, de los campos y los caminos, por los cuales anduvo de pueblo, en pueblo y de mesón en mesón cantando y soñando, viviendo y muriendo, como los rapsodas antiguos o los trovadores medievales.

 

Ah, caminos de mi tierra

caminos hoy sin amparo

caminos ayer tan buenos

pero ahora tan amargos

caminos por los que viví

y por los que ahora estoy llorando

Y donde tantos caerán

al comenzar el ocaso

como cayó sin saberlo

José Dolores Naranjo

 

En Rapsodia del Quindío, el escritor y periodista Héctor Ocampo Marín afirma que la poesía de Baudilio Montoya es de corte romántica, concebida con notable dignidad; interpreta con sincero dramatismo la angustia del pueblo, los sentimientos de su gente, calidad que le da prestancia y prolonga la vigencia de esta poesía sencilla y trémula, pero autentica y honrada. Comprendida desde la perspectiva de la escuela romántica, trascendida por los poetas capitalinos de su tiempo, el crítico Jaime Mejía Duque vindica la producción poética de Baudilio Montoya: Con ostensible coherencia estética y moral siguió siendo romántico y braceando como tal por entre los desajustes y las fisuras de una modernidad que definía ya las avanzadas literarias de América Latina. Aseveración que permite validar y releer desde el contexto la obra producida por un autodidacto, que nació, creció y expresó sus vivencias en una Colombia que aún no iniciaba su transito definitivo de lo rural a lo urbano. No aparecen en la obra de Baudilio Montoya - no podrían aparecer sin sonar a impostación, a falsedad, a producción libresca, a ampulosa retórica - las angustias del hombre urbano, citadino, pero si una concepción metafísica que le permite acariciar desde la realidad vegetal que lo circunda una relación profunda con el cosmos.

 

Dame un árbol amada, cuando muera

que me acompañe en mi reposo eterno.

Un sauce fiel que se levante grave

señalando la paz de mi silencio.


(…)
Por su tronco, tatuado por los años,

todo cicatrizado por el tiempo

ascenderá mi espíritu anheloso

a contemplar la inmensidad del cielo.

 

El poeta y crítico literario Carlos Alberto Castrillón, autor de la antología poética: Quindío Vive en su Poesía (2000), señala respecto a la indagación metafísica de los versos de Baudilio: El solar es el espacio de sus versos, el ámbito de los recuerdos que alegran el dolor, el lugar de la cotidianidad. Es el sol, el campesino con su carreta, la mujer en su diaria labor, las estrellas que apenas se asoman y el crepúsculo como una 'opulenta catedral en llamas'. Pero es también el atardecer, no sólo como el último aliento cromático de sol, sino como la puerta de entrada a los misterios nocturnos. Es el árbol que crece con la savia de los muertos, y desde el cual el alma puede asomarse de nuevo al mundo. Son las cosas en las que se hace perenne la memoria de los muertos. Es la intuición metafísica que ve la armonía del cosmos que se repite en la flor y en la semilla. Sin duda alguna su condición de poeta social, en el doble sentido de la palabra: aquel que participa de la vida cotidiana de un grupo humano, y aquel que da sentido a su obra denunciando atropellos y tropelías de los poderosos, es la que ha hecho perdurar su legado literario en el corazón de sus coterráneos sobre la obra de otros poetas, considerados por los académicos, de mayor proyección nacional. En su comentario sobre el Baudilio, Carlos Castrillón agrega: El magnetismo natural de su persona y la presencia en su obra del sentir conjunto de un pueblo, lo convirtieron en el poeta más popular entre nosotros. Ningún poeta quindiano ha sido tan conocido, admirado y leído, ni sus versos aprendidos por todos como los de Baudilio Montoya.


En el capítulo Poemas de la Gleba, del Rapsoda del Quindío, la voz de Baudilio se alza con su arsenal poético para denunciar el engaño social del mito navideño, se apoya en versos menores que reiteran la nadería de la costurera frente a quienes se lucran de su trabajo y recurre al soneto para realizar en un apunte rápido, que tiene el encanto de los bocetos, la inicua existencia del perro proletario condenado a la limpieza social, símbolo absoluto del desarraigo y la miseria. En Poema Negro, acude al barroquismo para pintar el fausto al que no será invitado el hijo de algún lejano y oculto sacrificio. El poema Guardián participa en su esencia de ese sentimiento cuando expresa la tristeza de la pérdida de uno de sus perros por culpa de un magnate engreído por el triste poder de su dinero. Y falta en la antología la inclusión de un poema que señala la farsa social de una religión que tiene como mandato la caridad, un poema dedicado a Pacheco El Carbonero, cuyos hijos no tuvieron suficiente dinero para pagar a los clérigos venales los gastos de su entierro.




Baudilio clama por su tierra, por su paisaje, por su gente, por una violencia secular que se ensaña con el más pobre, con ese José Dolores Naranjo, que también fue símbolo nacional en la caricatografía política de Hernando Turriago, Chapete, y de Hernán Merino, en un periodo de la historia colombiana que parece duplicarse en la actualidad con ese horror de los espejos que lamenta Borges. Un tiempo detenido en la barbarie que permite al poeta perpetuar su voz para reclamar hoy por sus pescadores, por sus carboneros, por sus costureras, por los miles y miles de desplazados, campesinos sencillos, sencillos como su campo, de esos que cantan y siembran y que rezan el rosario y a ninguno le hacen mal, porque detestan el daño, hombres buenos que no saben qué vientos los han arrancado de sus parcelas.


Hoy cien años después de su nacimiento regresa la voz del poeta para gritar de nuevo la premonición que ahora nos alcanza:

 

Pero será mañana. Ciego el mundo,

tras vivo paroxismo,

rodará en encendido cataclismo

al vórtice profundo

que ensancha la justicia que demora,

y en el medroso grito de la hora,

confundiendo mezquinos privilegios,

con hórridos afanes

dirá alegre sus bárbaros arpegios

un loco torbellino de huracanes.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

EN LA VIEJA PEREIRA- EL MONSTRUO DE LA CALLE 20


EL MONSTRUO  DE LA CALLE 20*

Alfredo Cardona Tobón


Una crónica incluída en las “Remenbranzas”  de don Diego Avellaneda  Díaz, tiene como escenario el Pereira de los años treinta del siglo pasado, con los agentes viajeros con el  Hotel Savoy como centro de operaciones y  las  retretas en el Lago Uribe Uribe; era la época del Conde Drákula, de Frankeistein, de los hombres lobos, de las invasiones marcianas, de las apariciones del diablo y de las  ánimas del purgatorio vagando por estos andurriales en busca de  almas pias que las sacaran de las llamas.

Siguiendo la  tradición de su padre el capitán Asnoraldo Avellaneda,  don Diego Avellaneda publicó  en el “Diario de Otún”  una serie de artículos sobre personajes y  acontecimientos  locales; en uno de ellos se refiere a la aparición de un “monstruo”  en la calle 20  con carrera 12, que por varios días mantuvo en vilo a la comunidad pereirana.

La presencia del espanto  en  la cueva de un barranco no se regía por horario ni calendario, aunque, como afirma don Diego, el  monstruo prefería las horas de los gatos, es decir cuando la  tarde se oscurecía y entre tonos grises se iba convirtiendo en noche.

Por ese entonces una lámpara solitaria alumbraba el sitio ocupado por el ser de ultratumba; su débil luz se perdía entre las tinieblas que arropaban la calle desierta por donde  solo cruzaban quienes buscaban el camino hacia las veredas de Mundo Nuevo y unas casas de mala muerte del barrio Mejía Robledo.

Apenas se regó la bola de la aparición del “monstruo”, los  especialistas en  fantasmas y duendes,  armados con escapularios y botellas de  agua bendita, montaron guardia para enfrentarlo y mandarlo de regreso a los profundos infiernos; animados por unos cuantos tragos de aguardiente esperaron pacientemente que el ser de ultratumba se manifestara, se dejara ver, diera indicios de su presencia  o dejara  alguna huella en la cueva. Pero perdieron el tiempo. Sin embargo  no  faltó quien dijera que había visto al espanto, sentido el olor del azufre o escuchado  los ayes lastimeros de un  alma en pena.

Todo en los que podía suceder en esos tiempos en  los que Clara Bow se gozaba a John Wayne y  su equipo de fútbol, era famoso Boris Karloff, actor de las películas de terror  y la gente creía a pie juntillas que gigantescos simios vivian en las selvas de Indonesia.

En la época de la aparición del “monstruo”,  don Diego  era un muchacho de  pantalones cortos impresionado, como todos los pereiranos, por el espanto de la calle 20.  Por  eso una noche llena de cocuyos y del canto de los grillos, el pelao Avellaneda se unió a una partida de gente adulta y osadamente se descolgó con  dirección a los dominios del averno.

Como había sucedido con otros cazadores de fantasmas  el “monstruo” no se presentó, pero cuenta uno de los compañeros de don Diego que los pelos se le erizaron al acercarse a la cueva. Aunque no se toparon con el espanto ni escucharon sus doloridos lamentos, los intrépidos aventureros no perdieron el viaje, pues pudieron vanagloriarse de haber desafiado el peligro ante una comunidad que veía el diablo en todas la bocacalles.

La noticia del espanto  atrajo   guaqueros de Santuario, un brujo de Marsella, pitonisos y milagreros de Manizales y Armenia; en  fin, llegó gente de todas partes, unos en busca del tesoro del “monstruo” y los más para enfrentarse a un suceso con ribetes  tan espeluznante que nada tenía que envidiar a las obras escalofriantes,  que por esas calendas, estaban en boga en los estudios de Hollywood.

El monstruo de la calle 20 con carrera 12,  mantuvo en vilo a Pereira durante varias semanas, hasta que se debeló el misterio, fue entonces cuando la  hilaridad remplazó al susto, los vecinos volvieron a transitar por la zona vedada y  se calmaron los nervios de quienes  echaron  mano a lvistió  as tizanas y bebidas de valeriana ante el temor  de toparse con el  “monstruo”   cuando en las noches extendían la mano para  coger la bacinilla que estaba bajo su cama.

¿ Qué  sucedió,  entonces?.

Resulta que en ese tiempo don  Emilio Vélez administraba el Teatro Caldas; al estilo gringo quiso promocionar una película de suspenso y terror  que se presentaría en Pereira después de su estreno en Manizales. Para ello  recurrió a Jonás, el portero del teatro, y lo  vistió  como el  “monstruo” de las carteleras.  Jonás era un negro grandote, de voz carrasposa y aguardentero  y caminado de gorila bravo;era el hombre perfecto para el caso. Así, pues, a la salida de la película nocturna, Jonás posesionado de su papel terrorífico  asustó a la gente que bajaba por la veinte,  en tanto don Emilio y sus amigos hacían correr la bola de un espanto por los lados de la bomba de gasolina que fundó don Enrique Millán Rubio en la calle 20,  carrera 12 esquina.

En esa  época de pereiranos gocetas , abiertos a todas las novedades, la presencia de  un “monstruo”   a pocas cuadras de la catedral sirvió para que se casaran apuestas y se animara el palique en los cafés de la plaza de Bolívar. Dice el cronista que personas  de todos los estratos, desde lustrabotas hasta comerciantes   bajaban  en busca del espanto desde la Trilladora Eléctrica de Café ( donde existió  el Teatro Nápoles) y de  la legendaria agencia de alquiler de bicicletas de don Urbano Montes.

 Era como la ida al circo; esta vez no para ver los payasos ni a  los maromeros sino para sentir  al  “monstruo ” que nadie volvió a ver, pues  Jonás después de su debut, no osó  presentarse en público ya que supo de  buena fuente que dos gañanes alebrestados estaban “atisbando” al presunto ser de los infiernos, armados con escopetas de fisto y cañón recortado.
*Tomado de una crónica de Diego Avellaneda-

martes, 12 de diciembre de 2017

CIPRIANO CASTRO Y LA GRANCOLOMBIA


(La Guerra de los Mil Días desde una perspectiva internacional)


-Carlos Vidales-
                                            Cipriano Castro- Presidente venezolano



En 1898 el liberalismo colombiano estaba dividido en dos corrientes: los guerreristas y los civilistas. Los primeros crecían cada día más en número y recursos, empujados por la necia política de la intolerancia conservadora. Los civilistas, al mismo tiempo que argumentaban contra la guerra y procuraban negociar prebendas con el régimen, preparaban la infraestructura de los negocios jugosos que la inminente guerra prometía: acaparaban alimentos, almacenaban ropas, herramientas y armamento, concentraban miles de caballos y mulas en sus haciendas. Pronto llegaría la ocasión de hacerse millonarios. El pueblo llamaba a estos especuladores "los pasteleros" y hay que decir, en justicia, que había "pasteleros" liberales, conservadores, radicales y sin partido. En junio de 1898 se reunieron en Zipaquirá los liberales guerreristas Foción Soto, Rafael Uribe Uribe, los hermanos Neira, Zenón Figueredo, MacAllister, Pablo E. Villar y otros, para trazar los planes conducentes a la declaratoria de guerra civil y el inicio de las hostilidades. Unánimemente se acordó que el departamento de Santander fuera el escenario de los primeros combates, no solamente porque la mayoría de su población era liberal sino además porque era fronterizo con Venezuela y se pensaba coordinar los movimientos con la revolución que fomentaba el general Cipriano Castro en el país vecino.

No era Venezuela el único aliado potencial de los revolucionarios colombianos. Los principales jefes del alzamiento liberal habían establecido contactos con los gobiernos de Nicaragua, El Salvador y Ecuador, y con los caudillos liberales de Venezuela. Cipriano Castro contó desde el primer momento con las simpatías más calurosas de los rebeldes colombianos. Tanto antes de iniciarse la guerra civil como durante los períodos más ardorosos del conflicto, el general Rafael Uribe Uribe, caudillo de las fuerzas liberales, mantuvo estrechas relaciones con Cipriano Castro y ajustó más de una vez sus operaciones a las necesidades de su aliado venezolano. De hecho, las primeras demoras en la ruptura de hostilidades tuvieron relación con esta alianza: el 22 de mayo de 1899 el general Cipriano Castro partía desde territorio colombiano, cruzó la frontera al frente de 63 partidarios, y el día siguiente lanzó su proclama de guerra en Capacho: "No más farsa, no más opresión, no más tiranía". Los liberales colombianos lo habían apoyado y alentado, ahora esperaban que él les devolviera el favor.

Ahora bien. Aunque ya a mediados de 1898 se había resuelto romper los fuegos de la guerra civil en Colombia, todavía debia esperar el país más de un año para que se produjera la apertura de hostilidades. Tanto el partido liberal como el conservador (éste en el poder) se hallaban profundamente divididos y sus disputas internas impedían una adecuada coordinación de esfuerzos para la guerra que todos esperaban. En medio de vacilaciones, retardos, salidas en falso, motines locales y regionales prontamente sofocados y otros disturbios de menor cuantía, los futuros contendientes tuvieron tiempo para aprovisionarse de armamento y equipos, ajustar sus alianzas políticas y disponer sus efectivos militares.

La guerra estalló, finalmente, el 14 de octubre de 1899. Las fuerzas rebeldes iniciaron las operaciones en el Socorro (Santander), pero luego de unas cuantas derrotas estruendosas se concentraron en Cúcuta para esperar allí las armas, municiones y refuerzos que debería traer el caudillo Foción Soto desde Venezuela, por la vía de Maracaibo. Esos efectos no tardaron en llegar: en enero de 1900 penetró en territorio colombiano la primera columna de tropas, compuesta por liberales colombianos y voluntarios venezolanos, armada y financiada por el presidente Cipriano Castro. Éste había hecho una campaña militar admirable, cosechando estruendosas victorias y asumiendo el poder el 22 de octubre de 1899.

Una circunstancia curiosa beneficia todavía más a los liberales colombianos. El "Mocho" Hernández, caudillo popular, se alzó en armas contra Cipriano Castro, pero sus fuerzas fueron aplastadas por las tropas del gobierno. Viéndose perdido, el "Mocho" Hernández obsequió sus armas a los liberales colombianos, para evitar tener que entregarlas a Cipriano Castro. En otras palabras, las fuerzas colombianas de Uribe Uribe y Benjamín Herrera recibieron armas y municiones tanto de Cipriano Castro como de su enemigo el "Mocho" Hernández. En marzo de 1900 llegaron desde Maracaibo 1.500 fusiles y un cañón, enviados por el gobierno venezolano.

Al mismo tiempo, los liberales colombianos refugiados en Venezuela se organizaban, con ayuda de Cipriano Castro, quien les dió pertrechos, dinero y barcos en que transportarse hacia Colombia para participar en la guerra. En mayo de 1900 llegó un fuerte contingente de estos refugiados, bajo el mando del general Siervo Sarmiento, a bordo de los barcos "Rayo" y "Gaitán".

Estos barcos regresaron a Venezuela para traer el resto de las fuerzas, pero entonces se produjo la feroz derrota liberal en la batalla de Palonegro y el gobierno de Colombia se irguió, arrogante, como un implacable vencedor. Ante esta situación optó por asumir una actitud neutral y se incautó de los barcos y el resto de los pertrechos, paralizando la ayuda a sus aliados colombianos. Esta situación no duró mucho, por dos razones: primera, porque gran parte de los rebeldes liberales, destrozados en Palonegro, se dispersaron en guerrillas y la guerra se expandió, en lugar de extinguirse; y segunda, porque el general liberal Rafael Uribe Uribe se dirigió a Venezuela y logró convencer a Cipriano Castro de que el triunfo liberal dependía de la ayuda venezolana. En consecuencia, en diciembre de 1900 partió de San Antonio del Táchira una fuerza colombo-venezolana de 2.200 hombres, pertrechada y financiada por Cipriano Castro, cruzó la frontera y se puso a disposición del ejército liberal.

En febrero de 1901 se produjo la cuarta invasión de liberales colombianos y venezolanos. Esta penetró por los llanos del Casanare y obligó a las fuerzas conservadoras colombianas a dividir sus efectivos para atender este nuevo frente.

Es en ese momento cuando el régimen conservador colombiano, pese a las advertencias y reparos de muchos de sus seguidores, resolvió organizar una invasión contra Venezuela para derrocar a Castro. La medida, además de ser profundamente impolítica porque ponía a la guerra civil colombiana en riesgo de convertirse en una conflagración internacional, era además innecesaria porque las fuerzas liberales colombianas se batían en derrota en casi todos los frentes de batalla.

Probablemente nunca se sabrá cómo se jugaron las cartas diplomáticas de las grandes potencias en este episodio. Pero es un hecho, reconocido por historiadores venezolanos y colombianos, que Cipriano Castro apoyaba a la revolución liberal en Colombia porque existía el proyecto de reconstituir la Gran Colombia con Castro como primer magistrado y, además, incorporando a Nicaragua en esta nueva nación. El general ecuatoriano y caudillo liberal Eloy Alfaro, el presidente Zelaya de Nicaragua y el caudillo liberal panameño Belisario Porras estaban al tanto de los planes y ya desde comienzos de 1900 se hicieron invasiones militares desde el Ecuador y Nicaragua (por Panamá) para apoyar la sublevación liberal. En consecuencia, no se requiere mucha malicia para deducir cual podría ser el interés de los Estados Unidos, Inglaterra y Francia: hacer abortar el plan grancolombiano, desmembrar el istmo propiciando la separación de Panamá e impedir por todos los medios cualquier unión o entendimiento entre Colombia, Venezuela, Ecuador y Nicaragua.

Así, frente al proyecto de unión grancolombiana de los liberales se alzó el proyecto conservador de las confrontaciones fronterizas. La guerra civil daría paso a una sucesión de guerras internacionales. Se invadió al Ecuador, el 12 de mayo de 1900. Se amenazó con la invasión a Nicaragua, porque los liberales panameños habían recibido ayuda de esa nación para hacer un desembarco en la región de David. Y se organizó un ataque en gran escala contra Venezuela, con la esperanza de transformar el conflicto liberal-conservador en una guerra entre dos pueblos hermanos.

Para realizar sus proyectos, el régimen conservador colombiano contaba con amigos y aliados en Venezuela. El doctor Carlos Rangel Garbiras, caudillo tachirense de los conservadores, ex Presidente del Gran Estado de Los Andes , enemigo furibundo de los liberales y refugiado en Colombia, fue puesto al frente, en calidad de General en Jefe, de 6.000 hombres de línea del ejército colombiano y unos cuantos centenares de refugiados venezolanos. Y con esta fuerza, poderosa sin duda para la  época, se invadió la tierra venezolana el 27 de julio de 1901. Se daba así la primera curiosidad de este conflicto internacional: el ejército invasor colombiano iba comandado por un general venezolano, Carlos Rangel Garbiras.

Las tropas de línea de Venezuela salieron al encuentro del invasor. Cipriano Castro proclamó solemnemente que "el sagrado suelo de la patria ha sido invadido por un ejército de colombianos". Se combatió con fiereza y heroísmo por ambas partes durante tres días y medio, al cabo de los cuales quedaron tendidos en el campo más de 1.500 muertos, entre ellos el general venezolano Rosendo Medina. La última escaramuza, en San Cristóbal del Táchira, decidió la suerte: el ejército invasor colombiano fue derrotado y debió retirarse con el rabo entre las piernas y con su jefe venezolano descalificado para siempre ante la opinión pública de ambos países.

Y aquí se dio la segunda curiosidad de esta confrontación: el ejército de línea venezolano que rechazó la invasión iba comandado por un general colombiano, Rafael Uribe Uribe.

El general Uribe Uribe no fue nunca un militar de valía. Sus errores tácticos y estratégicos eran proverbiales. Cosechó derrotas toda su vida y sus méritos guerreros están en razón inversa de sus brillantes cualidades de polemista, parlamentario y líder civil. Debe suponerse, en consecuencia, que la brillante victoria venezolana en San Cristóbal del Táchira se debió principalmente a un factor sicológico universal: el soldado raso que defiende su propio territorio tiene motivaciones mucho más fuertes para luchar y vencer que el soldado raso que es llevado a invadir la patria de otros. Fue la tropa humilde, sufrida, de peones y vaqueros, artesanos y campesinos, la que decidió la defensa de su tierra.

Uribe Uribe, derrotado tantas veces en Colombia, logró una vez más el apoyo de Cipriano Castro. A mediados de septiembre de 1901 una quinta invasión liberal, compuesta de 800 hombres y apoyada por tres barcos de guerra que durante varias horas bombardearon Riohacha, logró desembarcar en las costas colombianas. El día 13, bajo el mando del general venezolano Ramón Guerra, sufrió su primera derrota en Riohacha, y el día 22 fue definitivamente aplastada en el combate de Carrapacera. Con ello quedó frustrado todo el apoyo venezolano a la revolución liberal en Colombia y, también, condenado al fracaso el plan grancolombiano.

El periódico británico Herald publicaba por aquellos días la siguiente nota:

Hay muchas razones para creer que Cipriano Castro ha entrado en una conspiración con los presidentes del Ecuador y Nicaragua y los jefes revolucionarios de Colombia, animados por el propósito de unir 4 países en una sola confederación, con Bogotá por capital. Se sabe en los círculos diplomáticos de Bogotá, Caracas y Quito que durante un año el presidente Castro ha estado fraguando aquel plan y que ha dado abiertamente poderosos y frecuentes auxilios a los revolucionarios de Colombia, con absoluto menosprecio de todo principio de neutralidad y aun de decencia. Detrás de ese aparato teatral de la unión de las cuatro repúblicas mencionadas con un solo gobierno, se descubre un plan financiero. Se le ha ocurrido al presidente Castro que este plan, por el cual él y sus socios pueden obtener posesión de todo el Istmo de Panamá y de todas las rutas del canal, es quizá una grande empresa de muchos y provechosos resultados. Un diplomático europeo.

Como se ve, la prensa inglesa no perdía la ocasión de descalificar moralmente los proyectos de control grancolombiano sobre Panamá. Ellos consideraban normal que el Istmo cayera en poder de alguna gran potencia, pero los parecía insoportable la idea de una unión grancolombiana ejerciendo soberanía sobre este territorio estrategico.

En julio de 1901 escribía a su gobierno, desde Londres, el diplomático colombiano Gutierrez Arango:

Me enteré en Londres que Venezuela está comprando armas y buques de guerra para prepararse contra Colombia. El Ecuador envió  agentes a comprar armas en Francia. De Bélgica despacharon ya 40.000 rifles y varios millones de cartuchos. Buscan por todos los medios el triunfo del partido liberal colombiano, aun haciendo una guerra internacional si fuere necesario. Nicaragua es el país encargado de hacer las provocaciones que den este resultado y Zelaya (su presidente) sigue enviando invasiones a Panamá.

Todos estos incidentes condujeron a la ruptura de las relaciones diplomáticas entre el gobierno colombiano del presidente conservador Marroquín y el régimen liberal de Castro en Venezuela, en noviembre de 1901. Desde entonces, ambas opiniones públicas han sido convenientemente aleccionadas por sus respectivos historiadores, publicistas y maestros de escuela: según ellos, se rompieron las relaciones a causa de las agresiones e invasiones "del otro". En ambos países se ha ocultado que la línea divisoria no estaba entre venezolanos y colombianos, sino entre liberales revolucionarios de ambas nacionalidades y conservadores pro-imperialistas de ambas nacionalidades.

                                    Foción Soto y Rafael Uribe Uribe


Muchos venezolanos pelearon en las filas liberales colombianas durante la Guerra de los Mil Días . El colombiano Benjamín Ruiz fue presidente del Zulia por aquellos años. Había sido presidente de Carabobo, comisionado de Cipriano Castro ante el general Paredes, hombre de confianza de Castro y perseguido por sus ideas revolucionarias en varios países del continente. Ruiz ocupó la ciudad colombiana de Cúcuta durante casi una semana (1900), pero debió evacuarla a causa del feroz sitio a que fue sometido por las fuerzas gubernamentales colombianas. También hubo combatientes cubanos, ecuatorianos, salvadoreños y nicaraguenses en las tropas revolucionarias de Colombia. Uno de los más importantes generales liberales, Avelino Rosas, había peleado en Cuba en favor de la independencia, a las órdenes de Maceo, y trajo a Colombia el Manual de Guerrillas que los mambises habían usado para su guerra patriótica. Avelino Rosas empleó los métodos guerrilleros de Maceo en el frente del sur, pese a las protestas del caudillo Uribe Uribe, que se oponía al uso de las guerrillas.

En fin, la Guerra de los Mil Días concitó un enorme interés entre todos los liberales antiimperialistas de la región y en esa perspectiva debe entenderse el odio con que fueron atacados Cipriano Castro de Venezuela, José Santos Zelaya de Nicaragua, Eloy Alfaro del Ecuador y Rafael Uribe Uribe de Colombia.

Uribe Uribe terminó asesinado por dos sicarios que le partieron el cráneo con dos hachuelas, en 1914, cuando nuevamente su figura se levantaba en reclamo de la soberanía colombiana, en vísperas de la inauguración del Canal de Panamá.

Eloy Alfaro debó enfrentar conspiraciones conservadoras financiadas desde Londres y Washington, hasta que finalmente fue descuartizado por una muchedumbre azuzada por agentes de la reacción y de las embajadas extranjeras.

José Santos Zelaya fue desalojado del poder a la fuerza, por una conspiración conservadora financiada por los Estados Unidos, que colocó en el poder al incondicional Adolfo Díaz, servil juguete del amo yanqui.

Cipriano Castro tuvo que hacerle frente a una "Revolución Libertadora" financiada por Francia e Inglaterra y organizada por venezolanos traidores a su patria. Fracasado el intento, las potencias recurrieron al bloqueo y a la agresión armada, con el apoyo diplomático cómplice de los regímenes conservadores del continente. Solamente el gobierno argentino tuvo el coraje de proclamar su apoyo a Venezuela.

En otras palabras, si hubo una alianza liberal para reconstituir la Gran Colombia y para hacerle frente a las fuerzas imperialistas en 1900, tambien hubo una alianza reaccionaria para frustrar este proyecto histórico y para desmembrar nuestras naciones y nuestra identidad.

Hay que reconocer que, por desgracia, los fracasos militares del liberalismo colombiano lo condujeron a una situación desesperada y fueron caldo propicio para el desarrollo de tendencias derrotistas y antipatrióticas. Ya en enero de 1902, acosado por la desesperanza, el general Foción Soto intentó ganarse el apoyo de los Estados Unidos en la contienda civil, con esta declaración vergonzosa:

Si el resultado final de la presente guerra favorece a los liberales, nosotros tomaremos sin duda posesión de esas propiedades (las obras del canal de Panamá) en 1904 y las venderemos a los Estados Unidos.

Por su parte, el periodista Manuel María Aya escribió en el periódico Sumapaz , organo de las guerrillas liberales de Cundinamarca:

Es difícil conservar lo que todo el mundo codicia. Solicitemos de los Estados Unidos que tome la soberanía sobre el canal de Panamá, en vez de nosotros, y nos de por cederle nuestro derecho, 100 millones de dólares.

Y así, mientras muchos liberales de nota claudicaban y se hundían en el fango de la traición, el caudillo de Venezuela se mantenía erguido frente a las potencias imperiales. La figura de Cipriano Castro se engrandece cuando se estudian estos acontecimientos con ojos sinceros y desprovistos de prejuicios.

C.V. (c)
Estocolmo, 1997.

viernes, 1 de diciembre de 2017

LA NOCHE DEL INCENDIO DEL TEMPLO SAN ANDRÉS DE QUINCHÍA




TESTIMONIO DEL PÁRROCO DE QUINCHÍA-

Entrevista de Ramiro Tabares.
Sacerdote  Carlos Antonio Cadavid Sánchez- Párroco de San Andrés-Quinchía
 

La noche del viernes 16 de diciembre de 2016 dificílmente se borrará de la memoria de los habitantes de Quinchía. Entre la impotencia y la tristeza, esa noche vieron como las llamas consumían el centenario templo de la parroquia de San Andrés. El fuego no solo dejó en cenizas la iglesia donde muchos recibieron los siete sacramentos, sino también imágenes religiosas de más de 100 años y gran valor histórico. Ahora, viene el proceso de reconstrucción en el cual están comprometidos todos, bajo el liderazgo del padre Carlos Antonio Cadavid Sánchez, quien una semana después de ese acontecimiento les dijo a los fieles: “hay que parar de llorar y hay que empezar a trabajar”.

 

¿Qué recuerdo tiene esa fatídica noche del 16 de diciembre?

Ese día habíamos iniciado las novenas en la parroquia, el primer día luego de terminar la novena teníamos una actividad con una comunidad, cerramos el templo y nos fuimos para ella. Cerca de las 11:30 de la noche, cuando me disponía a acostarme empezaron a timbrar la puerta de la casa cural diciendo: “Padre, padre, se quemó el templo”. Yo no podía entender que pasaba, pero ante la insistencia del timbre salí corriendo a ver y ya la cúpula en la parte interna del templo estaba ardiendo.

 

¿Pero alcanzaron a rescatar algunas cosas del templo? 

Cuando llegué, la policía ya estaba en el sitio y el sacristán había abierto el templo. La gente corría desesperada a salvar lo que más podía. Sacaban bancas y lograron rescatar algunas imágenes muy pesadas, además del sagrario donde estaba el Santísimo. Pero como ya las llamas estaban encima y en este acto de heroísmo la gente estaba arriesgando sus vidas, la policía vio que el peligro era inminente, desalojaron el templo, acordonaron el sitio y en cuestión de media hora todo se había desplomado.

 

¿Qué sintió Usted ante ese espectáculo tan sobrecogedor?

Se siente una mezcla de impotencia, de dolor, de angustia, de tristeza, al ver que ya no se podía hacer nada, por las características del templo y por el material con que estaba construido su techo. El temor que yo tenía era que el fuego se propagara a las casas aledañas, porque la cúpula tenía 40 metros de alto y era posible que al caer se inclinara hacia cualquiera de los costados. Las casas vecinas son de bahereque o de una mezcla de cemento y bahareque. Sobre los techos de los vecinos cayeron algunos tizones encendidos y la angustia era que se quemara el pueblo. Pero la intervención de los Bomberos del municipio y de los pueblos vecinos fue eficaz para controlar el fuego y evitar que se propagara.

 

¿Qué tanto de valor histórico se perdió esa noche?

El templo, es una construcción muy antigua, dado que su historia comenzó desde 1855 cuya construcción ha ido por etapas. La arquitectura es ecléctica, es decir una mezcla de diseños distintos, pero la cúpula se había restaurado totalmente hacía pocos meses en su forma original. El valor histórico, patrimonial, espiritual y sentimental es mucho, porque en ese pueblo todos tenían que ver con el templo, directa o indirectamente. Allí fueron bautizados, hicieron la primera comunión, se casaron, bautizaron sus hijos, enterraron sus parientes. Creo que la gente siente que perdió parte de su historia, de su vida, de sus sentimientos. 

 

Además se quemaron imagenes religiosas de un gran valor...

Las imágenes fueron una gran pérdida. La imagen hermosísima de la Inmaculada, que es de origen español y tenía más de 100 años, tallada en madera, se quemó. También la imagen en madera de San Andrés apóstol, el patrono de la parroquia que tenía más de 50 años. Y así muchas otras, que eran talladas en madera, casi todas se quemaron. Solamente se salvó la imagen de La Dolorosa que no estaba en el templo ese día y Jesús de la Buena Esperanza, que está con la balanza en la mano y era tallada en madera, se logró rescatar pero quemada en parte. También el crucifijo en madera del cual solo quedó una silueta muy quemada. La pérdida fue grande por la calidad de las imágenes y por la antiguedad de ellas.

 

¿Dónde están realizando los oficios religiosos?

Inicialmente tuvimos la autorización para celebrar en el parque, en carpas prestadas por distintas entidades, hasta junio. Pero era mucha la incomodidad porque todos los días había que trastear todos los implementos y utensilios necesarios para oficiar la eucaristía, además expuestos a las inclemencias del tiempo. Como la parroquia tiene un lote aledaño a la Casa Cural, con la ayuda de la gente organizamos una capilla donde actualmente estamos celebrando.

 

¿Y cómo va el proceso de reconstrucción?

Desde entonces, nos hemos dado a la tarea de conseguir los recursos para iniciar la reconstrucción del templo. Este 16 de diciembre cuando se cumple el primer año del incendio, el ingeniero Antonio Bermúdez va a presentar el proyecto y el diseño del nuevo templo, junto con el presupuesto. La idea es lograr mantener el estilo original, las tres naves, con la cúpula al fondo. Es un proyecto que sabemos  es a mediano y largo plazo por los costos que puede tener y por la dificultad para tener los recursos. Pero hemos venido trabajando para iniciar cuanto antes.

 

¿Este 16 de diciembre, qué se va a realizar en este primer aniversario?

En este primer aniversario hemos querido organizar una actividad para recordar lo que pasó, pero también para recoger los fondos para ayudar a la reconstrucción. En el día se realizará el Gran Templotón con presentaciones musicales y culturales alrededor de la colecta, actividades que se extenderá hasta el 17 de diciembre. En las horas de la noche del 16 de diciembre la hemos llamado La Noche de la Esperanza porque tenemos la esperanza de volver a levantar nuestro templo. La actividad será en el teatro municipal, con el lanzamiento del proyecto, además se va a anunciar cuando se piensa iniciar las obras. Después vamos atener un video recordatorio de lo que sucedió esa noche, luego se hará un brindis y pasaremos al templo para realizar una oración y tendremos una noche de luces.

 

¿Se tiene cálculos de cuánto puede costar el nuevo templo?

Se han presentado dos presupuestos, uno en material liviano por $ 1400 millones y el otro en material rígido de ferroconcreto de $ 3400 millones. Pero a ciencia cierta solo sabremos cuanto nos cuesta el 16 de diciembre cuando se presente de manera oficial el proyecto.

 

¿Pero ya se tiene parte de los recursos?

Hemos hechos distintas actividades. El Obispo Monseñor Rigoberto Corredor convocó a los fieles de las distintas parroquias de la Diócesis en una colecta donde se recogieron $ 200 millones, en el municipio hemos hecho dos actividades, una de ellas con Luisito Muñoz y otros artistas, en donde nos quedaron otros $ 74 millones y hemos hecho otras pequeñas actividades y recibido donaciones. En el momento contamos con $ 470 millones para iniciar la reconstrucción.

 

¿La esperanza de tener un nuevo templo está en pié?

Yo siempre he sido optimista. Los primeros ocho días, la gente lloraba y yo lloraba con ellos, pero un día les dije: hay que parar de llorar y hay que empezar a trabajar. A partir de ese momento hemos organizado la Junta Pro Restauración y Conservación del templo de San Andrés, para coordinar las distintas actividades. La idea es empezar en los primeros días del año entrante. a noche del viernes 16 de diciembre de 2016 dificílmente se borrará de la memoria de los habitantes de Quinchía. Entre la impotencia y la tristeza, esa noche vieron como las llamas consumían el centenario templo de la parroquia de San Andrés. El fuego no solo dejó en cenizas la iglesia donde muchos recibieron los siete sacramentos, sino también imágenes religiosas de más de 100 años y gran valor histórico. Ahora, viene el proceso de reconstrucción en el cual están comprometidos todos, bajo el liderazgo del padre Carlos Antonio Cadavid Sánchez, quien una semana después de ese acontecimiento les dijo a los fieles: “hay que parar de llorar y hay que empezar a trabajar”.

 

¿Qué recuerdo tiene esa fatídica noche del 16 de diciembre?

Ese día habíamos iniciado las novenas en la parroquia, el primer día luego de terminar la novena teníamos una actividad con una comunidad, cerramos el templo y nos fuimos para ella. Cerca de las 11:30 de la noche, cuando me disponía a acostarme empezaron a timbrar la puerta de la casa cural diciendo: “Padre, padre, se quemó el templo”. Yo no podía entender que pasaba, pero ante la insistencia del timbre salí corriendo a ver y ya la cúpula en la parte interna del templo estaba ardiendo.

 

¿Pero alcanzaron a rescatar algunas cosas del templo? 

Cuando llegué, la policía ya estaba en el sitio y el sacristán había abierto el templo. La gente corría desesperada a salvar lo que más podía. Sacaban bancas y lograron rescatar algunas imágenes muy pesadas, además del sagrario donde estaba el Santísimo. Pero como ya las llamas estaban encima y en este acto de heroísmo la gente estaba arriesgando sus vidas, la policía vio que el peligro era inminente, desalojaron el templo, acordonaron el sitio y en cuestión de media hora todo se había desplomado.

 

¿Qué sintió Usted ante ese espectáculo tan sobrecogedor?

Se siente una mezcla de impotencia, de dolor, de angustia, de tristeza, al ver que ya no se podía hacer nada, por las características del templo y por el material con que estaba construido su techo. El temor que yo tenía era que el fuego se propagara a las casas aledañas, porque la cúpula tenía 40 metros de alto y era posible que al caer se inclinara hacia cualquiera de los costados. Las casas vecinas son de bahereque o de una mezcla de cemento y bahareque. Sobre los techos de los vecinos cayeron algunos tizones encendidos y la angustia era que se quemara el pueblo. Pero la intervención de los Bomberos del municipio y de los pueblos vecinos fue eficaz para controlar el fuego y evitar que se propagara.

 

¿Qué tanto de valor histórico se perdió esa noche?

El templo, es una construcción muy antigua, dado que su historia comenzó desde 1855 cuya construcción ha ido por etapas. La arquitectura es ecléctica, es decir una mezcla de diseños distintos, pero la cúpula se había restaurado totalmente hacía pocos meses en su forma original. El valor histórico, patrimonial, espiritual y sentimental es mucho, porque en ese pueblo todos tenían que ver con el templo, directa o indirectamente. Allí fueron bautizados, hicieron la primera comunión, se casaron, bautizaron sus hijos, enterraron sus parientes. Creo que la gente siente que perdió parte de su historia, de su vida, de sus sentimientos. 

 

Además se quemaron imagenes religiosas de un gran valor...

Las imágenes fueron una gran pérdida. La imagen hermosísima de la Inmaculada, que es de origen español y tenía más de 100 años, tallada en madera, se quemó. También la imagen en madera de San Andrés apóstol, el patrono de la parroquia que tenía más de 50 años. Y así muchas otras, que eran talladas en madera, casi todas se quemaron. Solamente se salvó la imagen de La Dolorosa que no estaba en el templo ese día y Jesús de la Buena Esperanza, que está con la balanza en la mano y era tallada en madera, se logró rescatar pero quemada en parte. También el crucifijo en madera del cual solo quedó una silueta muy quemada. La pérdida fue grande por la calidad de las imágenes y por la antiguedad de ellas.

 

¿Dónde están realizando los oficios religiosos?

Inicialmente tuvimos la autorización para celebrar en el parque, en carpas prestadas por distintas entidades, hasta junio. Pero era mucha la incomodidad porque todos los días había que trastear todos los implementos y utensilios necesarios para oficiar la eucaristía, además expuestos a las inclemencias del tiempo. Como la parroquia tiene un lote aledaño a la Casa Cural, con la ayuda de la gente organizamos una capilla donde actualmente estamos celebrando.

 

¿Y cómo va el proceso de reconstrucción?

Desde entonces, nos hemos dado a la tarea de conseguir los recursos para iniciar la reconstrucción del templo. Este 16 de diciembre cuando se cumple el primer año del incendio, el ingeniero Antonio Bermúdez va a presentar el proyecto y el diseño del nuevo templo, junto con el presupuesto. La idea es lograr mantener el estilo original, las tres naves, con la cúpula al fondo. Es un proyecto que sabemos  es a mediano y largo plazo por los costos que puede tener y por la dificultad para tener los recursos. Pero hemos venido trabajando para iniciar cuanto antes.

 

¿Este 16 de diciembre, qué se va a realizar en este primer aniversario?

En este primer aniversario hemos querido organizar una actividad para recordar lo que pasó, pero también para recoger los fondos para ayudar a la reconstrucción. En el día se realizará el Gran Templotón con presentaciones musicales y culturales alrededor de la colecta, actividades que se extenderá hasta el 17 de diciembre. En las horas de la noche del 16 de diciembre la hemos llamado La Noche de la Esperanza porque tenemos la esperanza de volver a levantar nuestro templo. La actividad será en el teatro municipal, con el lanzamiento del proyecto, además se va a anunciar cuando se piensa iniciar las obras. Después vamos atener un video recordatorio de lo que sucedió esa noche, luego se hará un brindis y pasaremos al templo para realizar una oración y tendremos una noche de luces.

 

¿Se tiene cálculos de cuánto puede costar el nuevo templo?

Se han presentado dos presupuestos, uno en material liviano por $ 1400 millones y el otro en material rígido de ferroconcreto de $ 3400 millones. Pero a ciencia cierta solo sabremos cuanto nos cuesta el 16 de diciembre cuando se presente de manera oficial el proyecto.

 

¿Pero ya se tiene parte de los recursos?

Hemos hechos distintas actividades. El Obispo Monseñor Rigoberto Corredor convocó a los fieles de las distintas parroquias de la Diócesis en una colecta donde se recogieron $ 200 millones, en el municipio hemos hecho dos actividades, una de ellas con Luisito Muñoz y otros artistas, en donde nos quedaron otros $ 74 millones y hemos hecho otras pequeñas actividades y recibido donaciones. En el momento contamos con $ 470 millones para iniciar la reconstrucción.

 

¿La esperanza de tener un nuevo templo está en pié?

Yo siempre he sido optimista. Los primeros ocho días, la gente lloraba y yo lloraba con ellos, pero un día les dije: hay que parar de llorar y hay que empezar a trabajar. A partir de ese momento hemos organizado la Junta Pro Restauración y Conservación del templo de San Andrés, para coordinar las distintas actividades. La idea es empezar en los primeros días del año entrante.

jueves, 30 de noviembre de 2017

EL CLAN DE LOS OROZCO OCAMPO- ANSERMA-


Alfredo Cardona Tobón”

 

La presencia de Pedro Orozco Ocampo y sus hermanos  señaló  nuevos rumbos en la historia de Anserma, en este artículo recordamos al hombre y a la familia que transformaron  un caserío agónico en una de las más importantes comunidades caldenses.

 


Es difícil encontrar un personaje que como Pedro Orozco Ocampo encarne los valores de la gente que abrió montañas, levantó pueblos, trazó caminos y pobló este territorio. La vida de este antioqueño, nacido en Sonsón el 18 de enero de 1817, es un compendio de luchas, osadía, ambición y fortaleza.

Pedro Orozco O. vino de cuna labriega y no heredó fortuna alguna: fue un hombre del común, de carriel y ruana, rezandero, conservador hasta los tuétanos, conseguidor de plata, buen hijo, buen hermano, un hombre sin agüero ni remilgos que tras los pesos se metió en los socavones auríferos, enfrentó la selva, viajó a sitios remotos vendiendo mercancías, fundó pueblos, estableció haciendas, trazó caminos y en pos de los negocios se asoció hasta con el diablo.

La existencia de Pedro Orozco Ocampo va entreverada con la de su esposa Rafaela Gómez Trujillo, una mujer de la misma pasta y madera quien lo acompañó desde la tierna edad de 15 años y le sobrevivió 32 años.  La vida de este notable antioqueño va unida, igualmente, a la de sus hermanos Marino Anito, Manuel Salvador, Epifanio, Sandalio, Jorge, Francisco, Indalecio y Leandro que para bien o para mal lo acompañaron en sus empresas.

 Los Orozco Ocampo constituyeron un clan unido, tanto en las horas de ventura como en los trágicos acontecimientos de la época tormentosa que les tocó vivir, y aunque Pedro fue una persona pacifica respetuosa de las ideas ajenas, el sectarismo de sus hermanos lo hicieron blanco de las iras liberales en las continuas guerras que enlutaron este territorio.

UNA VIDA DE TRABAJO ARDUO

Pedro cursó los primeros estudios en su aldea natal y desde niño trabajó en la finca de su padre Ramón Orozco; apenas le despuntaba el bozo se desplazó con su hermano Mariano Anito a los socavones de Marmato, pero como les fue mal en esa actividad prefirió establecer una labranza para abastecer a los mineros. El clima no le sentó bien a sus padres, por eso vendió la finca en Marmato y con el resto de la familia emigró a Nueva Caramanta, donde en 1854,  Pedro adquirió  unas acciones en la concesión de Gabriel Echeverri .

En 1840 los caudillos provinciales se levantaron en armas contra el gobierno de Márquez; el coronel Salvador Córdova se puso al frente de los antioqueños y se enfrentó a las tropas centrales mientras Juan María Gómez reclutaba gente en Supía y marchaba   a Nueva Caramanta,  donde sorprendió  a los rebeldes en la madrugada del tres de enero de 1841.

Ante las incursiones caucanas, los Orozco se internan en la selva del norte de Nueva Caramanta para salvar sus vidas y con otros desplazados levantan el caserío de “El Hatillo”, en el sitio que hoy ocupa la población de Valparaíso.

La guerra terminó con el sometimiento de los caudillos provinciales. Entonces Pedro regresó a la aldea de Nueva Caramanta, donde en   1846, a la edad de 29 años, contrajo matrimonio. En los siguientes años se dedicó al comercio: para ello adquiere varias mulas, compra mercancía en Medellín, la vende en el norte del Cauca y hace el viaje de regreso   con cargas de cacao.

En julio de 1851 los conservadores de Antioquia se levantaron en armas contra el gobierno de José Hilario López mientras desde el Valle del Cauca el comandante liberal Salvador Solarte avanzaba con mil hombres armados con el objetivo de someter el cantón de Supía en poder de los revolucionarios. En agosto de ese año Solarte ocupa a Nueva Caramanta y para neutralizar las actividades enemigas pone presos a los dirigentes conservadores entre quienes figuran Pedro, Mariano Anito y Leandro Orozco Ocampo.

En juicio sumario los invasores condenan a muerte a los cabecillas locales de la rebelión y ponen a los Orozco en capilla en un calabozo inmundo. Por varios días esperan la ejecución; en esa agonía Leandro pierde la razón y jamás recobrará la cordura.  El pago de una gruesa suma de dinero y la intervención de unos amigos salva la vida de los Orozco, quienes una vez recobraron la libertad se internaron nuevamente en las montañas de Nueva Caramanta

 

Estando en esas soledades, Pedro Orozco decide levantar una aldea para valorizar sus tierras y surge el proyecto de Támesis. Como aún corría peligro, llamó de Medellín a su hermano Manuel Salvador, quien trazó las calles, dividió solares, separó terrenos para la escuela y la iglesia y repartió lotes a cambio del trabajo en los abiertos y en el camino que comunicó la nueva población con la capital antioqueña.

En poco tiempo Támesis se convirtió en distrito municipal; el 9 de diciembre de 1865 Sandalio Orozco se posesionó como el primer alcalde del poblado, luego fue nombrado Jorge y en 1872 Pedro Orozco lo remplazó: esta fue la única vez que el empresario ocupó un destino público, aunque, a decir verdad, era él quien mandaba en Támesis, en Palermo, en Anserma y donde quiera que desarrolló sus  empresas.

A la par del negocio de tierras, Pedro Orozco abrió grandes haciendas ganaderas cuyos hatos surtieron los mercados de Marmato. Allí obtuvo dividendos que le permitieron invertir en  más tierras y  asociarse para abrir el  camino de  La Soledad donde  cobró  peajes y un pontazgo en el sitio de Puerto Chávez.   También tuvo acciones en minas de Marmato y fue, además, uno de los mayores proveedores de granos en el norte caucano.

EN LOS CAMPAMENTOS MILITARES

En la guerra de 1876, los estados de Antioquia y el Tolima se alzaron en armas contra el gobierno liberal presidido por Murillo Toro y como en otros conflictos bélicos los hermanos Orozco tomaron partido al lado de los conservadores.

Se lucha en Los Chancos y en la base del cerro Batero; en abril de 1877 las fuerzas liberales ocupan a Supía y siguen hacia Nueva Caramanta donde exigen cuantiosas contribuciones a los enemigos del régimen.  Los hermanos Orozco caen prisioneros, se les exige $ 5000 a cambio de la libertad y a Pedro le confiscan bienes y ganados en el  comparto impuesto a los vencidos.

En 1879 los antioqueños se rebelan contra las autoridades impuestas por los caucanos; nuevamente los Orozco conocen las amarguras de la derrota. tienen que pagar contribuciones de guerra. esta vez abandonan el suelo antioqueño y se radican en el arruinado caserío de Ansermaviejo, donde Jorge Orozco había establecido contactos con algunos dirigentes locales.

LOS REPOBLADORES DE ANSERMAVIEJO

Una parte de las fértiles tierras de Ansermaviejo eran baldíos y otra gran parte estaba ocupada por los resguardos indígenas de Tabuyo, Tachiguí y Apía. De la antigua población fundada por los españoles en los tiempos de la conquista no quedaban rastros, en 1878 era un caserío perteneciente a Quinchía   con apenas 633 habitantes en su mayoría de la etnia Tabuyo.

 Los Orozco Ocampo vendieron parte de sus tierras en Támesis, disolvieron la sociedad que tenían en esa población y trasladaron sus negocios a Ansermaviejo donde contaron con el apoyo der Ponciano Taborda, administrador del Resguardo de Tabuyo, del coronel León Hernández, jefe político de la región y del corregidor Azarías de la Pava.

Pedro Orozco regala semillas, financia lotes, compra cosechas, da ganado en compañía, abre caminos, explota salinas, da trabajo en los abiertos y convierte un caserío arruinado en una aldea floreciente que recobra su estatus municipal el 12 de agosto de 1890.

El ambicioso empresario compra todo lo que le ofrecen y lo revende con pingües ganancias. Al finalizar el año 1879 las propiedades de Pedro Orozco se extienden a las  veredas de  El Horro,  Paloblanco,  El Cortado, Tusa, Cauya, Chápata, la Cuchilla de Palestón y Nacederos y en  1882  abarcan  gran parte de las  veredas Tumarapo, Carboneral,  Lomas de don Juan,  Chavarquia y Alto de los Aguirres; además de lo anterior,  Pedro Orozco, en asocio con sus  hermanos, ha comprado baldíos en el Valle de Risaralda y derechos en los resguardos de Tachiguí y  Apía.

PEDRO OROZCO Y LA FUNDACIÓN DE BELALCAZAR

El 29 de diciembre de1880 el salamineño Rudesindo Ospina compra al gobierno dos grandes lotes baldíos: El primero se extendía desde el río Risaralda hasta la Cuchilla de La Soledad y el segundo iba desde esa Cuchilla hasta el río Cauca. En total eran unas doce mil hectáreas con linderos difusos y vagos que se prestaron posteriormente para numerosos pleitos. Dos años después, Rudesindo Ospina vendió la mayor parte de esos terrenos a los hermanos Pedro y Jorge Orozco quienes a su vez cedieron una extensa faja a los hermanos Correa de Támesis y procedieron a parcelar el resto de la extensa propiedad.

De 1880 a 1896 Pedro Orozco adquirió casi toda la Serranía de Belalcázar, obtuvo gran parte de la banda izquierda del rio Risaralda y extensos predios en Varillas. Pedro Orozco compraba y vendía, no retenía las tierras, que valorizaba abriendo caminos, haciendo abiertos en la selva e instalando colonos con títulos legales.

 

Pedro contó con el apoyo de los párrocos de Támesis y Palermo quienes, en la Misa de Once de los domingos, cuando las parroquias hervían de campesinos, hablaban de los lotes que Pedro Orozco estaba regalando en la Cuchilla de Belalcázar, de las tierras de Ansermaviejo y de las gabelas que ofrecía el conocidísimo fundador de Támesis, Palermo, Maceo y Valparaíso.

 

 La pobrería de los alrededores enrollaron esteras, metieron en un costal lo poco que tenían y unos  a pie y otros en bestia se dirigieron a  La Soledad, donde  Don Pedro Orozco, en verdad, estaba regalando lotes y contratando peones para hacer abiertos en la montaña.

 

Al finalizar el siglo XIX los Orozco habían repoblado a Ansermaviejo, fundado a Belalcázar y loteado sus enormes propiedades; es entonces cuando Jorge Orozco se  traslada a  Victoria, Caldas a continuar sus negocios y ¨Pedro Orozco regresa a Támesis donde el 3 de diciembre de 1896, al revisar un ganado en su finca La Castalia, resbala por una roca, cae desde una altura de diez metros y después de tres días de  agonía , entrega el alma al Creador.

Pedro Orozco repartió dinero a su familia, a los hospitales de Jericó y Támesis y a las iglesias de Anserma, de Nueva Caramanta y Valparaíso. Dicen los viejos pobladores que al principio de la colonización antioqueña de Anserma, Pedro Orozco, para apoyar a los labriegos, al terminar el mercado  compraba lo que no se había vendido.

 Pedro Orozco fue un católico creyente. Aunque no tuvo hijos, recogió varios niños desamparados que levantó como si fueran sus hijos. Según las partidas de bautismo de Támesis, entre el 10 de febrero de 1868 y el 19 de diciembre de 1885 Pedro Orozco llevó a la pila bautismal a 292 niños, se ignora cuántos apadrinó en Ansermaviejo, pero se supone que fueron numerosos. Doña Rafaela, su esposa, no se quedó atrás: los datos arrojan la suma de 537 ahijados en Támesis, sin contar los de Ansermaviejo, Valparaíso y Nueva Caramanta. Todos estos compadrazgos establecieron un nexo entre los fundadores y el resto de la población, que fortaleció el liderazgo de Pedro Orozco e incentivó la solidaridad que distinguió a los habitantes de Anserma hasta la llegada de la fatídica violencia partidista, impulsada por algunos dirigentes manizaleños.

LOS HERMANOS DE PEDRO OROZCO

No se puede hablar de Pedro Orozco sin mencionar sus hermanos: Mariano Anito fue el hijo mayor de don Ramón Orozco y de doña Josefa Ocampo, lo acompañó en Marmato y fue la mano derecha en los negocios de Pedro Orozco. Mariano Anito luchó bajo las banderas conservadoras en las guerras de 1840, 1852 y en la de 1876 donde lo nombraron coronel del Ejército antioqueño.  Julián Uribe, hermano del general Rafael Uribe, relata un triste episodio que ensombrece la memoria de Mariano: “Encontrábase ocasionalmente mi padre Tomás Uribe en Nueva Caramanta, probablemente en 1863, y sucedió que llevaban para la cárcel a la señora de don Francisco Ossa en castigo de su resistencia a revelar el sitio donde estaba su marido, perseguido por ser liberal.  Mi padre, amigo y compadre del señor Ossa protestó en términos comedidos y pidió permiso para conducirla a la cárcel en las condiciones a que era acreedora. Por toda contestación, el alcalde Mariano Orozco, sacó su peinilla y arremetió contra mi padre que estaba completamente inerme.  Con un primer golpe le destrozó los dedos de la mano derecha, con el segundo le hizo una profunda herida en la cabeza y con el tercero, dirigido con toda fuerza al cuello de la víctima para acabar con ella, le hirió en la mandíbula. Ignoro por qué no terminó su hazaña, pero así, casi moribundo, lo hizo llevar a la cárcel y no permitió que nadie le lavara siquiera las heridas”.

Sandalio Orozco, por su parte, participó en las guerras de 1879 y 1885 y en Támesis ocupó el cargo de Jefe Municipal en varias oportunidades

Manuel Salvador, el menor de los hermanos, terminó estudios secundarios y cursó algunos semestres de ciencias políticas en la Universidad de Antioquia; fue juez poblador, comerciante y Jefe del Batallón Arboleda en la guerra de 1876.

Manuel Salvador, en compañía de sus hermanos, compró derechos y estableció una sociedad para explotar la salina del Pital. En 1885 protegió la frontera sur de Antioquia. En Anserma Manuel Salvador recibió la orden de interceptar un arsenal que sería transportado de Manizales a Supía por el coronel liberal León Hernández, la operación fue exitosa, pero en cumplimiento de esa misión Manuel Salvador perdió la vida.

Dos años después de esa acción en el punto de Partidas, el Concejo de Támesis expidió el siguiente acuerdo  que enaltece la memoria de Manuel Salvador:

ACUERDO No. 1-

Agosto 22 de 1887

El Concejo municipal de Támesis en uso de sus facultades legales y

Considerando:

1-Que el teniente coronel Manuel Salvador  Orozco murió luchando como bueno en la gloriosa jornada de “Partidas” del 21 de enero de 1885

2- Que es un deber de los pueblos admirar las virtudes cívicas de sus preclaros hijos y pagarles en cuanto sea posible los esfuerzos hechos en favor de aquellos donde vivieron

3-Que los mejores años de su vida los consagró  el expresado  teniente coronel Orozco, al engrandecimiento y ornato de este pueblo, en términos que él fue el verdadero fundador.

ACUERDA:

Artículo 1-

El Concejo municipal de Támesis lamenta la prematura muerte  del patriota y bravo coronel  Manuel S. Orozco

Presidente Manuel A. Molina

Epifanio, al contrario de sus hermanos fue un hombre pacífico y al igual que Pedro no participó directamente en las luchas políticas; fue cofundador de Támesis y Valparaíso, descuajó selva en las riberas del río Cartama y ayudó a abrir el camino de Valparaíso a Medellín.

Jorge, por su parte   fue el hombre de las leyes del clan de los Orozco y el primero en establecerse en Anserma donde lo nombraron Mayordomo de Fábrica de la Iglesia, representante de los padres de Familia, notario, miembro de la Junta Repartidora del Resguardo de Tabuyo y de la Junta Repartidora de los terrenos comunales. Tanto en las tierras de los tabuyos como en los ejidos comunales le cedieron lotes, como si se tratara de uno comunero del Resguardo o un vecino pobre con derecho a tierras. Jorge Orozco compró derechos en los resguardos indígenas y adquirió en remate vastos globos de terrenos baldíos. En agosto de 1882 en asocio con Azarías de la Pava adquirió una casa pajiza con dineros de los vecinos que luego donó a la parroquia y sirvió de Casa Cural. Sus últimos años transcurrieron en las riberas del río Magdalena, donde ejerció las funciones de notario y explotó haciendas ganaderas.

Leopoldo Orozco, otro de los hermanos Orozco, estableció la gran hacienda de “La India” en las riberas ansermeñas del rio Cauca, allí ordeñaba doscientas vacas, producía queso en prensa, engordaba ganado y cosechaba maíz y fríjol. Leopoldo tuvo fama de mujeriego, botarate y caritativo. Cuentan los viejos ansermeños que sostenía a cuanto “arrimado” llegaba a su casa; también dicen que su fortuna se empezó a esfumar cuando a su tercera esposa, Pastorita Naranjo, le dio por meterse a comerciante, surtió un gran almacén en Ansermaviejo, le fio a todo el mundo, no le pagaron y Leopoldo tuvo que responder por las deudas. En una tempestad en la “La India” los fuertes vientos abatieron un árbol enorme que al caer acabó con la existencia de este bravo poblador. Fue el triste final de uno de los hombres que al lado del resto del clan de los Orozco escribió la historia mayor de Ansermaviejo


* Artículo tomado de la revista  Papel de Oficio-


*  Alfredo Cardona Tobón es un ingeniero mecánico egresado de la Pontificia Universidad Bolivariana de Medellín. Miembro de número de la academia Caldense de Historia, del Centro de Historia de Manizales y de la Academia Pereirana de Historia. Es autor de varios libros, entre ellos “Indios Curas y Maiceros”, y “Los Caudillos del Desastre” de amplia difusión en Latinoamérica; además, es autor del blog   http://www.historiayregion.blogspot.com  con más de 550  artículos de historia regional y colombiana.