lunes, 22 de mayo de 2017

GUIA DE VIAJE AL CERRO BATERO


- POR DONDE NI LOS GATOS PUEDEN  BAJAR-
Tomado  de un artículo de Luis Javier Caicedo- Editor  de www.albicentenario. Com.   complementado con notas de Alfredo Cardona T-


                                                 Batero visto desde El Tabor
 
Los viajeros que cubren las rutas Cali- Medellín o Pereira-Medellín por la antigua carretera Troncal de Occidente entre La Virginia- Anserma-Riosucio y Supía, se asombran con la belleza de los cerros que adornan el sinuoso y grato recorrido, especialmente con la imponente majestad de un cerro coronado por una roca porfírica que se levanta en el sector de El Tabor, kilométro delante de  la entrada a Quinchia y antes del tramo de descenso a Riosucio.
Infortunadamente no hay siquiera una placa que lo  identifique y menos aún una guía que  indique como llegar hasta él ,  cuando ese cerro  denominado Batero y llamado Carambá por los nativos, debiera ser un lugar reconocido por su belleza y por la historia que  lo envuelve  desde tiempos inmemoriales.
En  la zona media del río Cauca son muchos los cerros emblemáticos con nombres ancestrales como Ingrumá, Sinifaná, Picará, Opiramá, Gobia, Gamonrrá  y otros con nombres impuestos por los colonos caucanos y antioqueños, entre los cuales están el Carbunco, Buenos Aires, los farallones de La  Pintada, Plateado, Cerro Tuza, Arcón y Campanario; pero entre todos ellos  se destaca el Batero por su imponencia y lo que representa para las comunidades que viven en sus alrededores.
Algunos tienen carácter sagrado, pues en ellos habitaron dioses y demonios y eran escenario de rituales y peregrinaciones. Los conquistadores españoles llamaron Anserma la región del Batero y los cronistas consignaron las diferencias paisajísticas  de esos cerros tutelares.  Juan Vadillo se enfrentó con el cacique Chiricha en las faldas del Batero  donde  encontró una fortaleza con guaduas rematadas por cráneos humanos donde el aire silbaba al pasar por las orbitas descarnadas.

                                                   Batero visto desde El Higo


Cieza de León  habló de los rituales en Opirama y Batero y realzó su importancia ritual y estratégica:  …”  muerto un  Señor hacen en los cerros altos las sepulturas muy hondas y después que han hecho grandes hoyos meten adentro  al difunto,  envuelto en muchas mantas, las más ricas que tienen,  y en una parte ponen sus armas y en otra mucha comida y grandes cántaros de vino(chicha)  y sus plumajes y joyas de oro,  y a los pies echan algunas mujeres vivas, las mas hermosas y queridas suyas,  teniendo por cierto  que luego ha de tornar para vivir y aprovecharse de lo que en ella llevan… un peñol fuerte hay en este pueblo ( el Batero o Carambá)  donde en tiempo de guerra se guarecen”.
Ese peñol defensivo nunca perdió su valor militar, tanto que en la guerra civil de 1877 se libró en las faldas del Batero un importante combate entre las fuerzas liberales del Estado del Cauca y las tropas conservadoras de Antioquia, que allanó el avance liberal hacia Manizales. En  1879  otra escaramuza entre los liberales independientes y los liberales radicales de la provincia de Marmato ensangrentó al Batero y en la violencia política de mitad del siglo XX, el cerro con cabeza de águila fue teatro de operaciones del celebre “Capitán Venganza” y posteriormente las veredas aledañas sirvieron de guarida a los antisociales con banderas del ELP y de las FARC.
En  el cerro Batero  las tribus ansermas rendían culto a Xixaraca y a la mole granítica solamente tenían acceso  los chamanes, como lo relató en el siglo XVII fray Pedro Simón, quien como los demás frailes y doctrineros  señaló como si fuera el diablo al Dios de los nativos:
“Cerca de Anserma al oriente hay un encumbrado  cerro ( Opirama)  donde se subían los del pueblo de Umbra a ampararse en tiempo de sus guerras y se les aparecía el demonio los días  de sus borracheras que las hacían allí… junto al pueblo de Pirama (Opirama),  a dos leguas al oriente deste que dijimos  de Porsa ( Pirza)  hay otro más encumbrado que llaman Buenavista (Carambá o Batero) donde también se  les aparece el demonio solo a los jeques,  por ser este  un gran santuario adonde solo ellos suben por ser la subida escabrosísima  y  de peña tajada, por escalera de guadua, por donde gatos aún no pueden bajar  y debe ser  que el diablo tiene las escaleras y les da mano para despeñar sus almas a lo más alto de los infiernos.  Lo que también  intenta cuando algunas veces en tiempo de hambre les arroja frisoles y otras raíces desde lo más alto para que aficionándoles con una obra buena le estén sujetos y obedientes para infinitos males..”
Las leyendas conservadas por ancianos nativos de Quinchía hablan también  de la diosa Michua, que acompañaba a Xixaraca, el Dios del Batero;  era una deidad guerrera que convertía las aguas en sangre y los bejucos en culebreas, lanzando rayos contra los enemigos de los pueblos ansermas.





El cerro Batero se yergue imponente en terrenos de los resguardos indígenas de Pirsa- Escopetera y  de Carambá en jurisdicción de Riosucio y Quinchía.  En tiempos de Rojas Pinilla, los seguidores del general enarbolaron la bandera de la ANAPO en lo más alto del cerro;  al finalizar el siglo pasado  don Juan de Dios Trejos y sus hijos levantaron una enorme cruz en una pequeña explanada en la cúspide del Batero y construyeron unas escaleras metálicas por donde suben los  osados vecinos con arriesgados párrocos a celebrar  la misa  en fechas especiales.


                                                  Accesos al cerro Batero
El cerro Batero está en el corregimiento de ese nombre del municipio de Quinchía y se llega a su base desde esa cabecera municipal, desde el corregimiento de Bonafont en Riosucio . Tambien  desde el sito del Tabor sobre la carretera troncal de Occidente se puede ir hasta el Batero, al igual que partiendo del corregimiento de Irra por la carretera de Mápura, pero estas  dos últimas vías son solo aptas para camperos.
Las mejores vistas del Batero se logran  desde la vereda El Higo y desde El Tabor. Esta magnifica mole, que tanto significa para los quinchieños se admira  desde numerosas veredas  elevadas situadas en el  margen derecho del río Cauca. Es así como el picacho que emerge de la zona caliente se empieza a ver desde Pácora hasta Neira y en algunas partes de Anserma y de Guática
 
Fuentes de consulta
SALDARRIAGA Escobar Gregorio- Trascripción de la relación del viaje de Joan de  Vadillo entre San Sebastián de Urabá  Cali-1539- Boletín de Antropología Universidad de Antioquia- Medellín  Vol 26.  No. 43- 2012-pag 42-65
CIEZA DE LEÓN  Pedro-  Crónicas del Perú- Cap XVI- Biblioteca Ayacucho- Caracas
CARDONA Tobón Alfredo- Combate del Cerro Batero- http://historiayregion.blogspot.com 2012
CARDONA Tobón Alfredo- Por tierras de Xixaraca- http:// historiayregion.blogspot.com 2013
Cardona Tobón Alfredo- Quinchía Mestizo- Fondo editorial Risaralda- 1989- Pereira
 

martes, 16 de mayo de 2017

EL VIRREY QUE NO GOBERNÓ


Alfredo Cardona Tobón*

 

Champán- grabado de Julio Greñas



El once de junio de 1782, Don Juan de Torrezar Díaz Pimienta recibió la extremaunción y con las campanadas de las doce del día    entregó el alma al Creador, en una gris habitación donde se filtraban los murmullos de la servidumbre y el cortante frío bogotano.

Cuatro días antes, el nuevo virrey había llegado a la capital granadina tras un recorrido de 45 jornadas desde las playas caribeñas, desafiando los bancos de arena y los meandros torrentosos del río Magdalena, recorriendo profundos lodazales y los pésimos caminos que llevaban al altiplano.

Durante ocho años don Juan desempeñó la gobernación de Cartagena con lujo de competencia: abrió vías, fundó a Montería, a Lorica, a San Bernardo del Viento, a San Pelayo y decenas de pueblos sabaneros a la vez que establecía en Cartagena  el colegio de San Carlos de Borromeo,  la primera luz de la Ilustración en un mundo entre tinieblas.

Don Juan de Torrezar Díaz y Pimienta luchó como Brigadier en los ejércitos del rey de España, alcanzó la dignidad de Caballero de la Orden de Carlos III y desempeñó exitosamente la gobernación  de Cartagena.  Al renunciar el virrey Miguel Antonio Flores agobiado por los achaques y las intrigas, Don Juan Díaz Pimienta, como acostumbraba firmar, lo remplazó en el cargo el 31 de marzo de 1782.

El virrey Díaz y Pimienta emprendió viaje a Santa Fe cuando aún se oían los gritos de la revolución comunera. Lo acompañaba su joven y bella esposa, un hijo de dos años y escasa comitiva. Los cronistas anotan que no llevaba tropa alguna para inspirar confianza en los ariscos granadinos aterrados con las sentencias crueles que apagaron la vida de Galán, de Berbeo y otros compañeros y dicen que costeó el viaje de su propio bolsillo para no afectar  al erario.

Desde la muerte del virrey hasta la sepultura en el convento de las Teresas en Bogotá, las milicias acantonadas en la ciudad dispararon un cañonazo cada cuarto de hora; cuatro caballos enlutados transportaron el ataúd y tres salvas de artillería precedieron su sepultura. No hubo pompa ni boato en las ceremonias fúnebres porque así lo dispuso el virrey antes de morir, pues era pobre y dijo no tener con qué pagar un entierro.

La esposa María Ignacia de Salas estaba embarazada; por eso desde que subió al champán de 12.5 metros de eslora empezó a sentir malestar con el vaivén de la embarcación, con el calor y los bichos. Al atardecer del primer día llegaron a la Bodega de Mahates y alumbrados con antorchas la comitiva virreinal recorrió el barrizal que los llevaba al caserío en medio del júbilo popular.  Al otro día los viajeros madrugaron y repasaron el camino para reanudar el viaje por el río Magdalena.

La segunda noche los sorprendió en Tenerife; aquí el Ayuntamiento se presentó en pleno disfrazado con pelucas y casacas andrajosas y por largo rato se bailó al son de dos violines y un arpa. El champán atracó en Mompox, donde las comodidades de sus habitantes les permitieron reponer las fuerzas antes de continuar rio arriba. Como en todo el trayecto se trató al virrey con los mayores honores. En Mompox llegó al templo bajo palio y por momentos el valetudinario representante del rey y su indispuesta consorte se sintieron en Cartagena.

Los ribereños se agolpaban para ver pasar el champán impulsado por doce bogas, ornado con la bandera española y con el piso recubierto de cueros de res. En Tacamucho un grupo de milicianos coloniales saludaron al virrey con armas de palo y en Talamameque lo recibieron tres curas bajo palio. Al llegar a la desembocadura del río La Miel, donde por siglos vegetó la población negra de Buenavista, doña María Ignacia sintió los dolores del parto y en esa soledad desamparada nació un hijo que no sobrevivió y hubo que sepultar en las playas palúdicas del rio Magdalena.

Al mes de salir de Cartagena  la comitiva  virreinal llegó al puerto de Honda donde los esperaba el arzobispo Caballero y Góngora; descansaron allí  nueve días, al cabo de los cuales tomaron el camino hacia Santa  Fe:  el virrey a caballo y su esposa en un palanquín con cargueros que se turnaban en el recorrido. En Guaduas el alcalde se presentó con las jóvenes del pueblo, dos violines, un arpa y una guitarra y se armó un animado baile.  Pero don Juan Díaz Pimienta no estaba para fiestas, desde Honda empezó a hincharse y a sentir un malestar general.

Al llegar al altiplano no lo mejoró el frio sabanero, al contrario, la salud de Díaz Pimienta empeoró; en Facatativá “sintió morirse de fatiga” durante una noche terrible, de ahí en adelante el antiguo Brigadier de los ejércitos reales empezó el camino acelerado hacia la muerte.

A las cuatro de la tarde del siete de junio de 1792 Díaz Pimienta llegó a Santa Fe de Bogotá, tan postrado y débil que hubo que llevarlo cargado a la cama. La multitud se agolpó a la entrada del Palacio para indagar por el virrey que se estaba muriendo y por la virreina que no llegaba porque los quebrantos la retrasaron en su recorrido. De inmediato llamaron al protomédico José Celestino Mutis quien por sus conocimientos y experiencia era el único que podía salvar al virrey, pero el galeno por toda providencia pidió que le administrarán la extremaunción.

Las campanas de las iglesias repicaron al morir el virrey y Bogotá se unió en una sola oración. El alto funcionario español dejó este mundo solo, sin un pariente, sin un doliente, echando pus por las “cuatro vías”. Doña María Ignacia y su pequeño hijo llegaron al otro día del deceso. Les prestaron muy poca atención pues estaban muy ocupados maquinando la sucesión, incluyendo al arzobispo Caballero y Góngora, quien por razones que se ignoran, guardaba un sobre sin abrir, donde el rey desde cinco años atrás lo nombraba virrey interino en caso de faltar el titular.

Se habló de envenenamiento y de amores de doña María Ignacia con el arzobispo; era el entretenimiento en la Santa Fe gris y pacata de la Colonia. Nada se comprobó, lo único cierto es que  don  Juan de Torrezar Díaz y Pimienta  quedó inscrito en la historia, no tanto  por los cuarenta pueblos que fundó en la costa y su progresista gobierno en Cartagena, sino por su cortísimo período de virrey.

miércoles, 10 de mayo de 2017

EL ASESINATO COMO FORMA DE VIDA


Juan Miguel Alvarez

 

  Especial para El Espectador

Marzo de 2010-

 

Este relato de Pereira, se puede extender con distintos nombres a la mayoría de los municipios del llamado Eje Cafetero en el centro de Colombia. Es la radiografía de una generación perdida  o tal vez dos generaciones, con valores trastocados por las mafias de la droga y que se consumen solas, porque el Estado colombiano ha sido incapaz de contralarlas.




 

UNO

El  17 de febrero de  2010  el CTI de la Fiscalía y la Policía capturaron en Pereira  a 12 personas, entre ellas dos menores de edad y una madre de familia, tras un operativo en los barrios el Dorado, el Plumón y el Libertador pertenecientes a la ciudadela Cuba, la comuna más populosa del Eje Cafetero, equiparable proporcionalmente a Kennedy, en Bogotá.

 En la legalización de la captura el juez dejó en libertad a dos —hombre y mujer— menores de 25 años, mientras que a la madre de familia le permitió reclusión domiciliaria; los demás respondieron por concierto para delinquir agravado, posesión y tráfico de drogas, porte ilegal de armas y homicidio agravado. Algunos medios de comunicación local y nacional informaron el hecho diciendo que habían capturado a una “banda de sicarios”.

DOS

Uno de los primeros registros que existen en la ciudad sobre la acción de sicarios data de mediados de la década del setenta. Un amplio sector de gentes de Pereira con grandes capitales seguía lucrándose con el contrabando de café, telas y repuestos de automóvil a través de una ruta hacia el Pacífico, cuya estación principal era Tadó, municipio del Chocó limítrofe con Risaralda. Usaban el miedo como instrumento de dominio. Contrataban asesinos a sueldo. El más reconocido fue alias Caballo, cuya mano derecha Cara de Angel,también era de temer Expertos en manejo de armas de fuego y tortura, perpetraban asesinatos brutales y muy visibles. Actuaban desde una moto Yamaha TT 500 plateada y se decía que entre 1974 y 1984 habían dejado más de 300 víctimas. Al mismo tiempo, una banda de ultra derecha conocida en la calle como Los Guajiros, desde 1979 asesinaba a indigentes, gamines, prostitutas, travestis y otros marginales. Nunca se comprobó quién los financiaba.

Esta época empalmó con la aparición de los primeros traficantes de cocaína en la región, quienes demandaron una oficina de cobro que no tardó en aparecer. Asesinos S.A., como se le conocía en las esquinas de Pereira, se dio a la tarea de agrupar a todos los aprendices de sicario.

TRES

Todo se agravó en los primeros años de la década de 1990 con la reunión del cartel del Norte del Valle. Barrios enteros de Pereira y su área metropolitana empezaron a ser dominados por bandas de jóvenes vecinos que terminaban trabajando para el cartel, para milicias urbanas del Eln y de las Farc, y para nuevos grupos de ultra derecha. Fueron muchos los matones que tuvieron cortos períodos de éxito y respeto. Entre ellos, alias Gato Triste, adolescente al que el olor de marihuana y bazuco le exacerbaba su instinto homicida, cosa que aprovechaban los de ultra derecha para usarlo como verdugo de consumidores y expendedores. Se le contaron unos 50 crímenes.

Después de año y medio en la cárcel La 40, salió libre y no tardó en aparecer desnudo, castrado y amarrado con alambre espino desde la cara hasta los pies en el mismo descampado donde años más tarde Luis Garavito enterró restos de sus niños violados.

Sin embargo, el cartel se hizo al asesino más sanguinario de todos: alias Rambo. Joven campesino de La Celia —municipio de Risaralda limítrofe con El Águila, norte del Valle— que había crecido en medio de la guerra que sostenía su familia con otra de Santuario prolongada con una más de Apía, todos pueblos cafeteros. Rambo fue el primer jefe militar y el escolta de mayor confianza de Iván Urdinola. Según un penalista, en esa época defensor de oficio adscrito a la Defensoría del Pueblo, Rambo fue el responsable de buena parte de los descuartizados arrojados al Cauca de la masacre de Trujillo. Rambo, me dijo el penalista, “se reía mientras me contaba que cuando se le daba un garrotazo en la nuca a una persona los ojos se salían de las cuencas y quedaban colgando en el aire”.

Cuando Urdinola se entregó y fue recluido en la cárcel de máxima seguridad en Palmira, Rambo lo siguió con el fin de continuar escoltándolo. Tras varios años de prisión, le dieron libertad condicional y una mañana fue ametrallado en las afueras del presidio.

Su alumno más aventajado fue Martín Bala, un muchacho de Balboa, Risaralda, pueblo contiguo a La Celia. Su fama de asesino certero era nacional, por lo que viajaba con frecuencia a otras ciudades a realizar trabajos por encargo. Cuando transitaba en su Toyota por La Virginia, la Policía se acuartelaba. Está muerto, no se sabe si a manos de la Fuerza Pública o de sus colegas.



Renglón aparte merece alias Jabón. Una tarde, por los días en que daban la serie El Cartel, y la producción filmaba en el barrio Pinares de San Martín, en Pereira, el taxista que me transportaba, al ver las cámaras y el logo de la serie, orgulloso me dijo que había trabajado para Jabón y que “era así de asesino y así de brutal como lo muestra la TV”.

CUATRO

En la década de 2000 destacan algunos a Caín, porque a sus 19 años dominaba subametralladoras y escoltaba a un traqueto de Marsella, pueblo a una hora de Pereira. Después de escaparse del Hospital San Jorge, camuflado como enfermero, fue acribillado junto a su patrón. El Chinche, porque en meses llegó a controlar el tráfico de drogas y a varias pandillas en Colegurre, San Judas y el Balso, tres barrios de Dosquebradas ubicados frente a un Carrefour de Pereira, a orillas del río Otún. Pereció en España mientras trataba de matar a un narcotraficante; no tenía 24 años.

Otro con el Alias de Majin Bu,  llegó a ser el cobrador más respetado de Cordillera, la estructura criminal que desde 2005 controla el tráfico de drogas del Area metropolitana de Centro Occidente, Vivió como sicario hasta los 34 años, edad exagerada de vida útil en este oficio, antes de ser capturado por la Fiscalía en enero de 2009. Por último, alias Katherine, a quien un grupo de jueces de paz de Dosquebradas consideraban su Rosario Tijeras. Confesó que no asesinaba a una persona que considerara que no lo mereciera y cobraba mínimo un millón.

CINCO

A finales de 2008 y comienzos de 2009 el grupo Cordillera ya estaba expandido por casi todo el barrio Cuba. Cuando entró al Dorado, hizo lo que ya había hecho desde 2005: reclutar a sangre y fuego a los jóvenes que pudieran garantizarle la distribución y venta de drogas. “O vende como le decimos, o se muere”. Al cabo de días, Cordillera también controlaba el barrio, prostitución infantil, flujo de dinero y de armas.

Seguramente, los diez muchachos judicializados el pasado 17 de febrero serán condenados y la justicia habrá cumplido, al menos en este sentido. No obstante, Cordillera sigue al acecho de la población juvenil que anhela lucir tenis Nike y un televisor para la “cucha”. Será cuestión de tiempo para que otra camada de adolescentes vuelva a ser capturada y presentada como banda de sicarios.

La heroína y los pistoleros

Juan Pablo Vélez, director científico del Hospital Mental de Risaralda, dice que ocho de cada diez pacientes que ingresan al centro son jóvenes drogadictos; de esos, el 30 por ciento depende de la heroína. Al escuchar sus relatos de vida para redactar la historia clínica, se ha dado cuenta de que todos ellos han trabajado para el grupo Cordillera. Vélez explica así el fenómeno: “Cuando tienen entre 8 y 10 años son inducidos a la drogadicción dándoles muestras gratis de heroína. Para conseguir dinero y suplir su vicio, se emplean como campaneros de las pandillas de los barrios, otros como correos humanos que entregan dosis de droga a los distribuidores de colegios. Cuando tienen entre 12 y 14 años empiezan a disparar revólveres y pistolas, y se entrenan para cometer atracos. Después, cometen su primer asesinato, generalmente a un muchacho de un barrio vecino. Son conscientes de que no son matones profesionales y que si hay que darle a un grande, la organización contrata a un duro. Algunos llegan a ser sicarios duros, sobre todo cuando tienen unos 20 o 21 años de edad. La mayoría muere antes; los pocos que sobreviven no pasan de los 25 años, porque los matan o los capturan”.

viernes, 28 de abril de 2017

CORREGIMIENTO NARANJAL EN QUINCHÍA



Alfredo Cardona Tobón



Este corregimiento  del municipio de Quinchía  cuenta  con 3000 habitantes,  de los cuales  1200   viven en su zona urbana y el resto en las veredas de  La Cumbre, Aguas Claras, Yarumal,  Las Cruces, Santa María, Santa Sofía, La Palmera y la Ciénaga.

Naranjal dista solamente 4 kilómetros de la cabecera municipal y poco a poco se ha ido consolidando como un centro turístico local  adonde van los quinchieños a divertirse. Cuenta con cuatro discotecas y sitios donde se degustan los chiquichoques, las estacas, los tamales y el “Burro” o aguardiente destilado en sacatines caseros.

Entre los atractivos turísticos de Naranjal  está un cementerio indígena  y la Piedra del Agua ubicada  en el sitio de Loma Alta en el predio de Reinerio Ladino; esta piedra tiene una batea que se mantiene llena de agua en verano y en invierno y según dicen los naranjaleños tiene  propiedades curativas, sobre todo para tratar los pujos y las “espantadas” que afligen a algunos niños. Muy cerca del pequeño poblado están los cerros  “Curisero” y “Paramillo” con sus paisajes y sus leyendas, se admira  la piedra con la huella del diablo por el lado de la vereda Cruces y la fuente de Aguasalada en la vereda de ese nombre

 

Los orígenes de Naranjal se remontan hasta la época colonial ; la parcialidad fue importante dentro del Resguardo indígena de Quinchia, don Melquisedec Gómez cuenta que al proponerse el traslado de  Quinchiaviejo a un nuevo sitio, los vecinos de Naranjal propusieron  el sitio que hoy ocupa el centro urbano del corregimiento, pero los habitantes de  Quinchiaviejo se opusieron y  como la divergencia amenazaba con dividir al Resguardo dejaron esa decisión en manos de la Virgen Inmaculada, cuya imagen recorrió trochas y caminos hasta que en día soleado los cargueros resbalaron sin razón aparente, lo que se tomó como una señal divina y en ese punto los nativos construyeron  la iglesia actual y  a su alrededor se levantó el  moderno Quinchía.

        

                                              


 

TIEMPOS DIFÍCILES

En la guerra de los Mil Días la zona de Naranjal fue  centro de las  guerrillas liberales de  Manuel Ospina,  Ceferino Murillo, Emiliano García y  especialmente la de David Cataño que contaba  con unos 20  combatientes entre los cuales se recuerdan a  Sergio Trejos y Aristides Trejos. Esas guerrillas  atacaron la poblaciones de Salamina y Filadelfia, ante lo cual las tropas gobiernistas le tendieron una emboscada en el sitio de “El Silencio”, al otro lado del río Cauca, donde les causaron   55 bajas. Ante tal descalabro  David Cataño se refugió  durante varios meses  en la zona fría de  La Ceiba hasta que reforzó su cuadrilla para reaparecer en  los combates de El Pintado y Bonafont. Los ataques gobiernistas arreciaron haciendo  replegar a Ospina y a Ceferino Ríos hacia el Chocó. David Peña se ocultó con otro compañero en unas cuevas de Naranjal; pero alguien los delató y Azarías Ríos, comandante del Batallón Catorce acantonado en Quinchía, les siguió los pasos y  en  mayo de 1902 asesinó a David Peña  cuando entraba  a su refugio

En  1949 durante el gobierno de Ospina Pérez , antisociales afectos al gobierno alejaron a los campesinos liberales de las urnas  y en los años sesenta del siglo pasado  las bandas criminales del “Sargento García” y del “Capitán Venganza” con el pretexto de defender a sus copartidarios, llenaron la región de terror y sangre. Luego entraron las  FARC, el EPL, los Magníficos,  las AUC,  las BACRIM, así, pues, los quinchieños y especialmente los vecinos de Naranjal quedaron entre dos fuegos: por un lado los bandidos  y por el otro el ejército y la policía del Estado.

 El  DESPEGUE  DE NARANJAL

La parcialidad de Naranjal  no conformó un poblado como sucedió en Opirama, en Buenavista y en Mápura  cuyos vecinos fundaron  caseríos que perduraron por algunos siglos ; los pobladores de Naranjal vivieron desperdigados en el territorio que hoy ocupa el corregimiento dedicados a la agricultura y al barequeo en los aluviones auríferos 
Naranjal  apenas   empieza a figurar como  caserío  a partir de los años treinta del siglo pasado; según la tradición en esa época los comuneros de la parcialidad construyeron una humilde capilla en una pequeña explanada donde además hicieron una plaza  bordeada por los ranchos de las  familias de Justiniana Tapasco, Mariano Ladino,  Guillermo Velasco y  Hely Quintero, quienes, en consecuencia , se podrían  considerar como los  fundadores y  pioneros del  actual poblado

En ese entonces algunas familias paisas compraron mejoras en Naranjal y se establecieron en  pequeñas fincas, pero la inmigración fue escasa y terminó en los violentos años posteriores
.Naranjal es una comunidad esencialmente indígena, como lo indican los apellidos   Tapasco, Guapacha, Vinasco, Largo, Taba, Ladino, Velasco… propios del antiguo Resguardo de Quinchía y de los Resguardos indígenas de Riosucio y Anserma


Al conformarse el departamento de Caldas , una de las primeras realizaciones de su gobierno fue el establecimiento de escuelas en las zonas rurales.  En enero 17 de 1907 se nombró a la señorita Inés Ceballos como directora de la primera escuela alternada de Naranjal; infortunadamente la  institutora falleció a los pocos  días  de posesionarse en el cargo, por lo  que en  abril 15 de ese mismo año las autoridades de Manizales nombraron  a la señora Deosdelinda Serna de B como directora de la  escuela alternada  que empezó labores con 61 varones y 31 niñas.

En 1917 los vecinos de Naranjal no volvieron a enviar sus hijos a la escuela y ante tal circunstancia se cerró por varios años el establecimiento de educación primaria. En 1925 se reiniciaron labores y ante la afluencia de alumnos  en   1932 se inauguró la escuela de niñas y empezaron a establecerse escuelas de primeras letras en  las veredas  La Cumbre, Yarumal, Las Cruces, Santa Sofía, La Palma y la Ciénaga.


CONSOLIDACIÓN DEL POBLADO DE NARANJAL


En  julio de 1954      el Concejo municipal  estableció la Inspección de Policía de Naranjal con Clemente Taborda como primer inspector de la vereda, luego ocuparon ese cargo   Danilo Tapasco, Abelardo Marín, Joaquín Bernal y Carlos Bernal a quienes les tocó sortear duros tiempos  en medio de la pobreza de los vecinos y las afugias de un erario paupérrimo.

Tras la muerte del “Capitán Venganza” en el año de 1961 y restablecido el control estatal en todo el territorio de Quinchía, el gobierno desarrolló   programas de rehabilitación con obras de infraestructura, educación y deportes. Fue entonces cuando se unió por carretera a Naranjal con el casco urbano, se adelantó la vía hacia Irra y Naranjal se abrió al mundo.

 Entre las acciones pacificadoras de ese entonces figuró la creación de una parroquia regentada por misioneros españoles y  como no había recursos para construir la capilla, Natalio Trejos cedió  20 hectáreas de monte en cercanía del caserío para que se cosechara maíz y fríjol y con esos productos se financiara la obra.

El primer párroco, un misionero español llamado Jesús Rodríguez, apoyado por la Junta de vecinos, reunió  la gente de las veredas aledañas y todos a una se  dieron a la tarea de tumbar monte,  sembrar maíz y fríjol y cortar leña.  Fue una labor titánica, las ampollas cubrieron las manos del sacerdote empeñado en sacar adelante la obra. Con las cosechas, la leña y la madera se compraron los materiales y se contrataron unos oficiales de construcción en Riosucio .

El 4 de febrero de 1961 el Obispo de Pereira, Baltasar Álvarez Botero, inaugura la nueva capilla; una comisión presidida por el diputado Johel Trejos recibe al jerarca y asiste a la  solemne misa concelebrada por el Obispo y los misioneros Celestino Peña, Aventino Fernández, Mauro Perez y Angel Román, donde, además,  se entronizaron las imágenes de  la Virgen Dolorosa y de un Cristo Crucificado, traídas de España por gestión del ilustre prelado.

En  junio de 1961 Naranjal alcanza la categoría de corregimiento con Rogero Trejos como primer corregidor. El espíritu cívico de Rogero   ilumina a Naranjal, con  festivales  y otros actos públicos mueve a la gente y  su impulso continua con otros corregidores recordados por sus gestiones, entre los cuales figuran Germán Varela, Gerardo Caro y Abner Bartolo.

OTROS LIDERES

En los años sesenta del siglo pasado el líder  Delfín Largo concitó la voluntad  de los  vecinos de Naranjal  tras los objetivos del  acueducto y el alcantarillado. Delfín Largo ocupó una silla en el Concejo municipal a nombre de Naranjal  y  sacudió a los adormilados  paisanos con el establecimiento  de la primera carnicería  en Naranjal ,  el  primer mercado público y la  Cooperativa “Comonar”.

Al lado de Delfín Largo figuran otros líderes notables entre los cuales se  recuerda a   Ovidio Tapasco, Gerardo Caro, Silvio Melchor y  Dioselina Calvo, una mujer excepcional que dedicó su vida a la educación de los niños de Naranjal. Esa generación fue la base del moderno Naranjal que cuenta con un Instituto Técnico Agropecuario, microempresas como Confecciones Jovinsuarez, tiendas, discotecas, acueducto, alcantarillado, calles pavimentadas y activas Juntas Comunales que desarrollan importantes proyectos.

 

ECONOMIA  DE  NARANJAL
 

  Naranjal es un corregimiento eminentemente agrícola y minifundista, donde se cultiva café de excelente calidad  que se va conociendo en los mercados internacionales; también cuenta con cultivos importantes de plátano, aguacate y caña panelera.

Aún se explotan vetas de hulla y se obtiene oro de sus aluviones. Se celebran con entusiasmo la Fiesta de Reyes en los primeros días del año y la Fiesta de  San Isidro que congrega  a los fieles alrededor del patrono  de los agricultores.

viernes, 21 de abril de 2017

PEDRO BRINCOS Y LA AVIADORA



Alfredo Cardona Tobón*

                                                 Roberto González Prieto

El Líbano en el Tolima es una comunidad liberal en medio de varios municipios conservadores fundados por antioqueños; en 1948 Roberto  González Prieto  era  el dentista de la población y todo hacía  presentir que allí viviría  hasta agotar los días en medio de sus nietos; pero el destino le trazó otros caminos, porque a mediados de ese año   asesinaron  a su  padre y  quemaron  las  propiedades de la familia.   Ante tales desgracias Roberto González   emigró al municipio de El Cairo en el Valle, donde empujado por la venganza se unió a un grupo de bandoleros que operaba en las estribaciones montañosas de la cordillera occidental.

Como González Prieto había prestado servicio militar en el Batallón Ayacucho de Manizales, esa experiencia sirvió para que a fines de 1949 lo nombraran segundo comandante de la cuadrilla de Agustín Bonilla, alias “el Diablo,” que combatía al gobierno de Ospina Pérez en el norte del Tolima.

EL REINO DE LOS BANDIDOS

González Prieto se  separó de “El Diablo” y con el alias de “Pedro Brincos”  conformó con sus cuatro hermanos y varios amigos un  grupo  con inspiración comunista que  asoló a las comunidades conservadoras de la zona. En 1957 “Pedro Brincos” se desplazó al Quindío y con varios profesionales de izquierda intentó dar forma a un movimiento político con plataforma gaitanista cuyo objetivo era tomarse el poder con las armas

 “Pedro Brincos” tomó la identidad de un rico hacendado del occidente caldense llamado Julio Calle y en esa forma consiguió el apoyo de las fuerzas militares para trabajar por la pacificación de la región.

Con Libardo Mora, un abogado campeón Bolivariano de Atletismo, Julio Calle viajó a Quinchía donde empezaban a conformarse algunos grupos de autodefensa para hacer frente a “los pajaros” que estaban haciendo invivible la población. La comunidad quinchieña  recibió con entusiasmo a Julio Calle, quien con la colaboración del alcalde Gilberto Cano, del directorio liberal y de los notables del pueblo organizó un encuentro  en la vereda “La Cumbre” donde expuso su interés  en defender  a los ciudadanos pacíficos. Con estos planteamientos Julio Calle, o sea Pedro Brincos, se ganó la voluntad de los campesinos y empezó a organizarlos para que hicieran frente a los antisociales que venían asolando las veredas del municipio. Julio Calle estableció un sistema de cuotas para sostener “la justa causa” y montó un centro de adiestramiento militar. Pronto contó con centenares de  macheteros y escopeteros, entre quienes figuraron  los  jefes bandoleros que llenarían de sangre y de luto al Occidente Caldense:  allí estaban  Medardo Trejos ( alias Capitán Venganza), el  “Capitán Águila”,  “Pasolento”, “Coclí”,  el “Cabo Bonilla”, el “Sargento García”,  “Cosiaca”… y también una bella mujer apodada  “La Aviadora”, quien desde el encuentro en “La Cumbre” acompañó a Julio Calle en la conformación de los grupos irregulares

LA AVIADORA
                                                        Graciela Quintero


Se llamaba Graciela Quintero; era garbosa, espigada, morena, de fácil palabra y alguna cultura.  Aún niña había escapado de su casa y después de recorrer muchos caminos cayó en los brazos de un piloto que la protegió, la hizo socia de sus negocios y hasta le enseñó a pilotear una avioneta que descargaba contrabando en Centroamérica.

Un día de 1947 “La Aviadora” cansada del trajín y la aventura, regresó a su casa con dinero y mucho mundo, compró algunas propiedades y escandalizó a las mojigatas pueblerinas con sus trajes ceñidos, los escotes, el caminado pecaminoso… mientras una corte de viejitos verdes y los ruanetas del pueblo le hacían guardia de honor cuando levitaba sobre las empedradas calles de Quinchía.

En la vorágine de crímenes que azotó el occidente del Viejo Caldas, la “Violencia” también clavó sus garras en Graciela. A mediados de noviembre de 1949 un sicario asesinó a un distinguido empresario manizaleño que había tocado el corazón de “La Aviadora” y la visitaba todos los fines de semana y en 1957, Carlos Hernández, su hermano medio, cayó abatido en un ataque que perpetró contra una familia de apellido Suaza.

LAS ACCIONES EN EL TOLIMA

Las masacres perpetradas por la fuerza pública y por los criminales arropados bajo banderas políticas  movieron a los comerciantes,  a los notables y a los campesinos del Líbano a organizarse para poner punto final a la barbarie. Para tal efecto hicieron contacto con” Pedro Brincos” que salió de Quinchía junto con “La Aviadora” y se dirigió a la población de El Líbano con la intención de servir de mediador entre las bandas y las fuerzas armadas.

Pero en realidad sus intenciones eran otras; Pedro Brincos  se reunió con las cuadrillas de “Sangrenegra”, “ de “Tarzán” y  de “Desquite” y en nombre del MOEC (Movimiento Obrero Estudiantil Campesino) propuso el establecimiento de un reglamento guerrillero, mejor trato al campesinado,  el pago de los víveres y consumos,  un sueldo a los “muchachos del monte”  y un pacto de cese al fuego y el control guerrillero de un territorio

Por invitación de Fidel Castro, “Pedro Brincos" viajó a Cuba donde lo recibieron como un héroe revolucionario. Al regresar quiso convertir las montoneras antisociales en unidades de combate con objetivos diferentes al ciego sectarismo, pero nada logró, pues “Desquite”, “Chispas”, “Tarzán” y demás facinerosos eran simples bandidos dedicados al pillaje y envenenados por el odio.

Más que un bandido, "Pedro Brincos " fue un especialista en formar cuadrillas alineadas dentro del marco internacional de la Unión Soviética con el objeto de tomar el poder.  En esas estaba en Pereira cuando el    28 de marzo de 1957 el SIC (Servicio de Inteligencia Colombiano) lo apresó junto con “La Aviadora” sindicándoles de todo tipo de delitos. Como nada pudieron comprobarles, al año de estar detenidos tuvieron que liberarlos; fue entonces cuando la pareja se acogió al programa de rehabilitación del gobierno y “Pedro Brincos” tramitó un préstamo por $ 10.000, que motivó un escándalo nacional, pues decían que los dineros de rehabilitación se habían convertido en un fondo para el crimen.

 Excluido y perseguido, “Pedro Brincos” volvió a las viejas andanzas y en 1961 conformó en Turbo, Antioquia, un grupo de bandidos de corte comunista. Dos años después, el 15 de septiembre de 1963, Roberto González Prieto cayó abatido en el sitio La Isla en jurisdicción de Lérida.  Graciela Quintero, por su parte, no pudo ubicarse en parte alguna, pues según sus declaraciones, la perseguía con saña un conocido periodista manizaleño, resentido al no haber podido obtener sus favores.

Uno por uno cayeron los actores de la violencia partidista y Graciela, pobre y anciana, murió al empezar el siglo XXI en una humilde casa a la salida de Obando Valle. Esta es la historia de la pareja que dio piso a la “república del Capitán Venganza” e intentó capitalizar para el comunismo las cuadrillas asesinas del norte del Tolima.”; Pedro Brincos” fue un instrumento de Fidel Castro y “ La Aviadora”  una aventurera que las circunstancias llevaron a los campamentos bandoleros.

 

 

domingo, 16 de abril de 2017

FUNDACIÓN DE LA CELIA-RISARALDA




Alfredo Cardona Tobón

 


La Celia es uno de los municipios menores del departamento de Risaralda con una historia nueva pese a lo cual es casi desconocida por su gente y por los risaraldenses. En busca de esa historia visitamos con el doctor Juan Hurtado a doña Silvia Jaramillo, una pobladora del antiguo caserío quien en su lecho de enferma revivió innumerables sucesos del pasado municipal.

Contó doña Silvia que por allá en el año de 1910, en el sitio donde hoy se encuentra la población había tres fincas cafeteras denominadas “La Selva”, “Sabaletas y “La Celia”, de propiedad de los herederos de Martín Ortiz Romero. Había cosechaderos de maíz y fríjol que sostenían numerosos campesinos oriundos de Santuario y del  corregimiento de El Rey, hoy Balboa y  las fincas en expansión daban trabajo a peones de la región.

En un punto entre “La Celia” y “Sabaletas, un señor robusto llamado Luis Guevara, de gruesa panza, dicharachero y ganoso de dinero montó la fonda de “El Embudo”, donde se reunían los vecinos a tomar cerveza y a libar el aguardiente tapetusa destilado en las vecindades. Don Luis, contaba el papá de doña Silvia Jaramillo, retornó al suroeste antioqueño y el nuevo propietario de “El Embudo” le cambió el nombre por “La Guaca” que al final quedó como la fonda “Barcelona”.

En 1913 los hermanos Manuel Vicente  y Martín  Ortiz Osori, junto con Carlos Echeverri  y otros vecinos levantaron  un caserío al coronar  la pendiente del río Monos en tierras consideradas baldías cerca de la hacienda La Celia.  A los primeros colonos se sumaron Manuel Tabares, Estanislao Rodríguez, Teodoro Loaiza, Daniel Zapata y otros 35 padres de familia y el rancherío con una humilde capilla empezó a convertirse en una fundación estable, cuyos vecinos Vivian de las rozas de maíz, de los cultivos de fríjol o como peones de las fincas cercanas o trabajadores en las fuentes saladas de la Martinica, La Rica y San Agustín.

 Los empresarios que estaban abriendo monte y montando haciendas apoyaron la fundación, pues les convenía al retener mano de obra para sus cultivos. Se contó, además,   con el aval de la administración de Santuario que vio con buenos ojos el desarrollo de ese núcleo poblacional en tierras poco habitadas.

La aldea con el nombre de “La Celia”, por estar cerca de la finca con ese nombre se desarrolló   rápidamente  en forma tal que  a los dos años de levantar las primeras casas  alcanzó la dignidad de corregimiento  como consta en el Acuerdo con fecha del 25 de noviembre de 1915, firmado por  Don Alejandro Uribe, presidente del Concejo de Santuario,  y por Carlos Echeverri,  Secretario de la corporación municipal:

 “Acuerdo No. 1- Sobre la creación de un nuevo corregimiento en el municipio.

El Concejo de Santuario en uso de sus facultades legales y considerando:

1°-  Que en la importante fracción de “La Celia” de esta jurisdicción existe un caserío, en donde al mercado concurren  más de 200 personas, todas de dicha fracción y de las de Cañaveral y de Monos.

2°-Que dicho caserío fuera de su número regular de habitantes tiene local para escuelas, oficina, buena localidad y aguas potables.

3°- Que toda la expresada región, como el supradicho caserío se halla en terrenos baldíos y

4°Que tanto para el incremento y desarrollo de la riqueza pública, como para la buena administración conviene sobre manera erigir a dicho caserío como cabecera de corregimiento de esa  región que más tarde podría llegar a ser  la categoría de municipio por la riqueza y extensión de sus terrenos, como por la laboriosidad  de sus habitantes

ACUERDA:

ARTÍCULO 1- Erícese en cabecera de corregimiento el caserío de La Celia, que se denominará Barcelona.

ARTTÍCULO 2. Aprópiese para  el desarrollo  del poblado un área de terreno de 20 hectáreas, que serán medidas de acuerdo con la demarcación respectiva.”

A mediados de diciembre se inauguró el corregimiento de “Barcelona” con fiestas, cabalgatas, pólvora y la asistencia de las autoridades y las personalidades de Santuario y del Alto del Rey. Ese día Vicente Ortiz, propietario de La Celia donó los solares para la iglesia, la Casa Cural, la Casa Consistorial y la escuela. Meses después el municipio de Santuario compró a los herederos de Martín Ortiz quince hectáreas de terreno contiguas al caserío para repartirlas a quienes quisieran instalar su casa en el nuevo corregimiento.

EL POBLAMIENTO DE BARCELONA

La clase dirigente del municipio de Santuario impulsó el poblamiento del vasto y fértil territorio municipal. Los Lenis, los Gartner, los Uribe y demás familias prominentes se vincularon desde sus primeros tiempos a los corregimientos del Alto del Rey y de Barcelona.

El sacerdote Marco Antonio Tobón Tobón, director del colegio San Agustín de Santuario y de la revista “Tatamá” de esta misma población, insertó  el siguiente aviso  en la edición de agosto de  1915:

COLONOS:

Llamamos la atención de las familias que en otras partes están escasas de tierra. El territorio de La Celia en el Alto Cañaveral goza de las más feraces montañas de variados climas, en terrenos baldíos en su mayor parte.

Pueden acomodarse allí  10.000 habitantes. El caserío toma rápido incremento y hay una buena escuela oficial.”

Como se había augurado el corregimiento de “Barcelona” alcanzó en muy pocos años la dignidad de municipio, así que el 30 de noviembre de 1959   por Ordenanza No.  96, la Asamblea de Caldas creo el nuevo distrito municipal de “La Celia” y Barcelona pasó a la historia.

José Villa Grajales fue el primer alcalde que orientó al municipio que ha sorteado serias dificultades como asuntos limítrofes con Santuario, la violencia partidista de mitad del siglo pasado y los coletazos de los narcos que impusieron el terror en todo el territorio.

“La Celia” es un bello municipio, con buenas aguas y tierras fértiles, con gente amable y emprendedora, donde familias líderes como los Cano, los  Herrera, Hurtado, Zapata…  han convertido el municipio en una despensa y un remanso de paz del departamento de Risaralda.