sábado, 23 de septiembre de 2017

DIÁLOGO CON OTTO MORALES BENITEZ



TRAS LA CONCIENCIA DE LO AMERICANO
 
 
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Augusto Escobar Mesa
Universidad de Antioquia
 
AEM- Augusto Escobar Mesa
OMB- Otto Morales Benitez
 
INTRODUCCIÓN
 
No pasa de moda el pensamiento de Otto Morales Benitez, por esto es conveniente volver tras sus ideas y sus propuestas para retomar la esencia democrática, liberal y humanística que identificó a un hombre, que infortunadamente  no llegó a dirigir los destinos de Colombia.



 
Volvamos sobre esta entrevistas concedida a Augusto Escobar Mesa por el doctor Otto, que no necesita fecha, pues sigue siendo de actualidad:
 
 
POR UNA SOCIEDAD MÁS EQUITATIVA
 
AEM. Si tuviera el poder de realizar tres deseos prácticos para el país, ¿cuáles
serían y cómo los ejecutaría?
 
OMB. Creo que concentraría mi acción en una sola vía: eliminar la miseria
agresiva de unos grupos y la que esconden otros, con oficios sucedáneos. Es decir,
una justicia social, que sin eliminar el estímulo a los productores de riqueza, se les
advirtiera cómo lo que logran es parte esencial de lo que les facilita en ayudas el
país. Buscaría la equidad. Esta conduciría a tres cosas básicas: equilibrio colectivo,
mejoramiento de la educación y unidad del mundo comunitario colombiano
 
EFICACIA Y ÉTICA: PAUTAS DE GOBIERNO
 
AEM. Si le pidieran hacer un balance de los hombres que realmente han incidido
en la construcción de país, ¿a quiénes seleccionaría y por qué obras?
 
OMB. Es una pregunta diabólica. Señalaría Presidentes eficaces y éticos, con
sentido humanístico, que son los únicos que comprenden a la sociedad y cuáles son
las misiones del poder. A unos varones que condujeron revoluciones sociales y
culturales. A muchas mujeres que ordenaron el mundo social colombiano –
dirigiendo a los hombres de sus casas– y que han ayudado a la “revolución sutil”
que representa su presencia en la acción.
 
EL PUEBLO ES INTELIGENTE
 
AEM. ¿En qué reside la fortaleza de este país que, a pesar de tanta contingencia, no
se ha desmoronado todavía?
 
OMB. En su pueblo, que es inteligente y esperanzado.
 
CATACLISMO MORAL DE LA DIRIGENCIA DEL PAÍS
 
AEM. ¿A quién endilgarle la responsabilidad del desfondamiento moral del Estado
y de parte de las Instituciones colombianas?
 
OMB. Para llegar a esa situación, se han cumplido varios procesos. Uno de ellos, el
político. Los otros grupos desestabilizadores han sido una cierta clase directiva del
mundo económico y una dirigencia cultural. La síntesis sería darnos cuenta cómo
han disminuido los dirigentes nacionales en los diferentes órdenes. Es un
cataclismo de la calidad. Este derrumbe ha propiciado el derrumbamiento moral.
 
PERSONAJES MEMORABLES DE NUESTRA HISTORIA
 
AEM. ¿Cuál es el personaje o personajes que mayor identidad le ha dado a este
país?
 
OMB. No dudaría en destacar a Santander, Rafael Uribe Uribe y Eduardo Santos.
 
LA HISTORIA NACIONAL MUTILADA
 
AEM. ¿Porqué ha sido imposible que se cuenten los hechos de la historia política y
social tal como se dieron y no como ha sido matizada u ocultada. ¿Porque las
memorias personales terminan siendo apuntes seudobiográficos distantes de la
verdad histórica?
 
OMB. El Maestro Germán Arciniegas decía que en Colombia hay libertad de
opinión: se puede decir todo, todo, absolutamente todo, con tal que no sea la
verdad. La tradición de Memorias es muy pobre en el país.
 
PÉRDIDA DE LA INTEGRIDAD MORAL DE LOS POLÍTICOS
 
AEM. ¿Por qué la dirigencia política y de los gobiernos se caracteriza, casi
siempre, por su endeble integridad moral en el sentido social? ¿Hay algo
desvirtuado históricamente en nuestras costumbres o es consecuencia de qué
circunstancias? ¿Por qué tanta pobreza en la conciencia y formación política de la
dirigencia?
 
OMB. La aseveración no puede ser tan tajante por lo que acontece hoy. Existieron
varias generaciones de dirigentes con integridad moral. Yo recuerdo que el proceso
de descomposición moral comienza cuando se resuelve reemplazar a los jefes
 
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locales del liberalismo que eran gentes de vida económica asegurada y con
condiciones de conocimiento y de moral, con sentido del bien colectivo, por otros
que ayudaron a ascender a una nueva clase política, ésta sin condiciones
intelectuales ni éticas. Se crearon empleados para este fin que instalaron en los
pueblos y pervirtieron a la gente: principiaron por comprar conciencias ciudadanas.
Para pagar, asaltaron los dineros fiscales a través de los auxilios parlamentarios.
Estos los manejan a través de  Fundaciones que administran los aspirantes al
parlamento o sus calanchines. Se repartían dádivas –desde tejas, cemento,
mercados hasta becas, puestos burocráticos, embajadas, etc.–. Se llegó al delito.
Con el dinero oficial se comenzó a comprar votos, que, además, era una ofensa a la
dignidad de las gentes pobres al no dejarlos pensar  cuál debería ser el destino del
país, el suyo y el de su familia. Eso sucedió con mayor evidencia después del
Frente Nacional. Más adelante, un jefe nacional predicó el “unanimismo” en el
liberalismo con los copartidarios: con razón o sin ella. Y así se han absuelto
tesoreros municipales y hasta Presidentes. El daño ético fue total. Lo mismo ha
acontecido en el conservatismo. Asistimos a una hecatombe moral nacional.
 
MOTIVOS DE LA VIOLENCIA DESDE 1930
 
AEM. ¿Qué hay en la conducta, mentalidad, vida social y política de los
colombianos o de un sector de él que cada período de tiempo resurge la violencia
con fuerza inusitada, por ejemplo, en los años 30 luego de la caída de la hegemonía
conservadora, a finales de los 40 con la violencia partidista y más tarde en los años
70 con la violencia represiva del Estado y las normas de seguridad nacional;
también a mediados de los 80 con la violencia del narcotráfico y a finales de los 90
y comienzos de milenio con la violencia guerrillera y paramilitar?
 
OMB. En el año 30 hubo en cambio de régimen político. El conservatismo, que
perdió el poder, predicó la desobediencia civil que era, en el fondo, un
desconocimiento del gobierno. Un grupo de sacerdotes unidos a jefes
conservadores y a los resguardos de rentas, en poquísimos lugares del país,
presentaron resistencia armada. Fue la época que se llamó “de los curas guapos”.
Operó en algunas provincias de los dos Santanderes y en las que lindaban con
Boyacá. Simplemente declaraban que no admitían el nuevo gobierno. Fue una
resistencia a la legitimidad. Olaya Herrera enfrentó el problema nombrando
gobernadores de alta respetabilidad: en Norte de Santander a Luis Augusto Cuervo,
conservador, ex alcalde muy apreciable de Bogotá y Presidente de la Academia
Colombiana de Historia. En Santander, al humanista y luego Presidente de
Colombia, Eduardo Santos. En Boyacá, si no recuerdo mal, a Álvaro Díaz, luego
gerente de la Flota Grancolombiana. A la vez aprovecharon bandoleros de estas
 
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regiones para actuar de acuerdo con sus afanes delincuenciales; se amparaban en
banderías políticas. No fue un fenómeno nacional sino que estuvo localizado. El
gobierno no estimuló, ni ayudó, ni favoreció, ni consintió la violencia, como sí
aconteció en 1946.
 
Otro fenómeno en la República Liberal (1930–1946) fue el siguiente: en algunos
municipios se incitaba a los conservadores para tomar las armas de la policía; ésto
produjo enfrentamientos pero fueron circunstanciales. Eran episodios de fuerza que
se provocaban y desaparecían como modalidad de vida. En el 46 persistían las
prácticas contra una parte de la comunidad. Igualmente, la agresividad oratoria del
conservatismo no tenía límites y creaba estímulos para que sus copartidarios
arremetieran. Ese lenguaje arriscado, de dura violencia verbal, lo advirtió López
Pumarejo, conduciría necesariamente a la violencia material, y así aconteció.
 
El gobierno de Olaya Herrera que no propició, ni estímulo esa violencia del año 30,
fue una amenaza a la estabilidad institucional. Defendió ésta, buscó la colaboración
de gente muy respetable para desarmar los espíritus y los cuerpos y lo logró. El
ejército y la policía obraron cuando fue indispensable, porque su misión no era
combatir a sus compatriotas. Hay muchos libros de relatos históricos de esa época
que señalan explícitamente lo que aconteció. A la violencia del 46 ya nos hemos a
referido. También he comentado cómo se alcanzó la paz en el primer gobierno del
Frente Nacional y cómo se encendió, nuevamente, cuando se creó una atmósfera
para luchar contra lo que se llamó “las repúblicas independientes”. Muchos no
estábamos convencidos de que existieran. De allí viene lo que hemos padecido sin
interrupción. Con modalidades de derecha y de izquierda en la guerrilla, con
influencias del exterior, combatieron siempre.
 
El terrorismo aparece después de la toma de la Embajada de Santo Domingo. El
país celebra que no hubo allí muertos, pero los guerrilleros fueron enviados a Cuba.
Fidel Casto ofreció a nuestro gobierno que él los recibía y viajaron con los dólares
que pagaron el Vaticano, Israel y no recuerdo cuál otro país. Estados Unidos se
negó a entregar un solo dólar. El ejecutivo colombiano asegura no haber pagado. El
hecho es que de Cuba fueron a Libia y otros países insurgentes. De ese periplo
regresaron con la técnica del terrorismo: volar oleoductos y torres eléctricas,
destruir los cuarteles de la policía y oficinas públicas, avanzar contra pueblos donde
la fuerza pública era mínima. Y se asesinaba y se destruía.
 
EL CACIQUISMO Y EL CLIENTELISMO TRAS EL BOTÍN DEL ESTADO
 
 
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AEM. El caciquismo político de antaño ¿tiende a desaparecer o a camuflarse con
otra modalidad. ¿Se observa una democratización en la participación política con
los nuevos grupos o es el simple reflejo de una pérdida de liderazgo político?
 
OMB. No veo que tienda a desaparecer el caciquismo político. Lo que constato es
una transformación para empeorar. La tendencia a usar inadecuadamente los
dineros fiscales, ha creado una clase que pretende ser inamovible. Siguen siendo
los grandes varones electorales que no dejan que circulen nuevas figuras en la
política. Manejan un electorado con dinero, depravando a los ciudadanos, y tratan
de eternizarse para lograr una jubilación provechosa. Pervierten a la comunidad y
desaparecen los principios ideológicos. Quizá como remedio sirva: 1) prohibir la
reelección después de dos o tres veces que hayan sido elegidos; 2) rebajar el costo
de las campañas electorales que permitan la aparición de nueva gente; 3) evitar que
se utilicen tan irregularmente los dineros de los municipios. Como a los concejales
–que antes eran los símbolos de civismo en los pueblos– es han dado gabelas de
sueldo y con ello se está perdiendo el sentido ético de la acción pública.  4) Como
no hay democratización, 5) no hay participación porque los mecanismos de la
Constitución del 1991, en lugar de hacer eficaz ésta, han conducido a más
perversiones. 6) No hay liderazgo porque han desaparecido de la política los
conductores doctrinarios. Para ser líder se necesitan condiciones personales muy
destacadas y hablar en nombre de un pensamiento ideológico. No se encuentran
personas en las cuales confluyan esos dones.
 
AUSENCIA DE LÍDERES CARISMÁTICOS
 
AEM. ¿Qué pasa en el relevo generacional de las últimas décadas que no ha dado
lugar a tener hombres cultos, carismáticos en la vida social y política como un
Rafael Uribe Uribe, un Gaitán, un López Pumarejo, un Laureano Gómez, un
Camilo Torres? 
 
OMB. El líder es el símbolo de una comunidad. Los hay positivos y negativos. Los
hay creadores y, también, opositores a cualquier mejoramiento. Los hay
razonadores y, otros, sectarios. Apoyan, a veces sus cercanías en principios
benéficos o negativos. Pero no tienen tesis contra la inmoralidad. Esta, ha
contribuido a arrasar cualquier asomo de credibilidad. Predominan valores muy
menesterosos. Pero contra ello reaccionará el país.
 
EL PAÍS RECLAMA PARTIDOS MORAL Y DOCTRINARIAMENTE
FUERTES
 
 
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AEM. ¿Por qué las tercerías políticas, más que abrir camino al cambio generando
nueva mentalidad política, son atajaderos, desviaciones de la inconformidad
intrapartido ante el quietismo y las vías políticas sin salida de los partidos
tradicionales (véanse los casos del Unir, el gaitanismo, el MRL, la Anapo, el M19,
el galanismo)?
 
OMB. Esas manifestaciones de las tercerías políticas son afanes de oponerse a
modalidades de la política que, con los nuevos movimientos, tratan de llevar ideas a
la corriente de opinión nacional. Otras veces, son apenas sentimientos. El pueblo
colombiano, que es poderosamente inteligente, se entusiasma y vota a favor de esos
movimientos casi siempre con miles de votos –es una constante en la vida electoral
nacional– y, luego, van abandonando esas nuevas banderas. Lo más grave que le
puede suceder a un país es que no existan partidos fuertes. La Constitución de 91
ha creado los mecanismos para que los dos partidos tradicionales se debiliten,
perdiendo la unidad y facilitando que mil grupúsculos tengan autonomía, sin
conservar cercanía al partido ni obligación de respetar su caudal doctrinario. Es un
daño gravísimo para hacer tarea de gobierno. Lo que ha logrado la Constitución del
91 es desvertebrar a los partidos y que quienes comandan “grupitos” hablen a
nombre de éstos y sus acciones delictivas comprometen a aquellos. No puede haber
buenos gobiernos sino hay partidos fuertes que respalden sus acciones, y mediante
la explicación pública, comprometan la voluntad popular. La falta de partidos
fuertes debilita la acción pública y la conduce a malos hábitos comunitarios y se
van aflojando los impulsos doctrinarios.
 
SER PRESIDENTE IMPLICA CEDER A LOS INTERESES DE LA CLASE
POLÍTICA
 
AEM. ¿Por qué nunca fue Presidente habiendo sido candidatizado varias veces por
personajes reconocidos del país y por algunos ex presidentes?
 
OMB. Nunca fui Presidente porque no transé con esa clase política que ha roto el
orden moral del país. Tenía la opinión pública en las calles que me rodeaba con
vibrante entusiasmo. Además, me acompañaban espontáneamente liberales y
conservadores. A ese altísimo cargo se llega con plena dignidad o es mejor no
hacerlo para no ayudar a una mayor perversión de las costumbres políticas.
 
ACCEDER AL PODER IMPLICA ROMPER EL ORDEN MORAL
 
 
 
AEM. ¿Un hombre como usted que conoce a fondo el país y sabe de sus males y
sus remedios, no ha experimentado alguna vez nostalgias del poder Presidencial
para hacer lo que siempre quiso para un mejor destino de la nación?
 
OMB. Realmente no. Uno sueña con llevar al gobierno unas tesis. Si éstas hay que
doblegarlas para admitir la concupiscencia electoral, no vale la pena truncar de esa
manera los sueños democráticos.
 
DEBERES DEMOCRÁTICOS DE UN BUEN CIUDADANO
 
AEM. ¿Por qué ha estado ausente de la vida política bajo los tres últimos
gobiernos?  ¿Cree que ya cumplió su papel activo? ¿Por qué no tiene una columna
de opinión política para mostrar lo que han hecho del país la clase política corrupta
e ir formando una conciencia política distinta?
 
OMB. Nunca creo que haya cumplido suficientemente con mis deberes
democráticos. Ni renuncio a mis identidades políticas de partido. Siempre estoy en
acción mental pensando en Colombia. Creo no equivocarme –espero no aparecer
antipático– y declaro que mi vocación ha sido mi patria: en la actividad política, en
mi cátedra universitaria, en mi escritura, en mi simple camino de ciudadano. Mi
actividad colombianista la juzgan, en varios libros, como la más constante y
ardiente. Me he centrado a escribir volúmenes –en lugar de tener una columna
periodística– para decir con más densidad y espacio mi amor a la república.
 
 

miércoles, 20 de septiembre de 2017

LA GUERRILLA DE JOSÉ HILARIO MORA


Alfredo Cardona Tobón*

                La  batalla de la Cuchilla del Tambo- Oleo de Espinosa


Mientras las tropas españolas del general Morillo tomaban a Cartagena y avanzaban hacia Santa Fe de Bogotá, por el sur granadino Juan Sámano con refuerzos de Quito y del Perú se dirigían a la ciudad de Popayán. Ante tan calamitosa circunstancia el presidente de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, José Fernando Madrid, presentó renuncia de su cargo y dejó el mando en manos del dictador Custodio García Rovira, un valiente joven de apenas 24 años, que en forma suicida, el 22 de febrero de 1816 se enfrentó a los invasores españoles en las soledades de Cachirí

Algunas guerrillas republicanas mantuvieron la esperanza de la libertad en las provincias de El Socorro y Casanare, mientras lo que quedaba del ejército patriota se concentraba en la región de Popayán.

El 29 de julio de 1816, 770 combatientes patriotas enlutaron las banderas de su batallón y al sonido lúgubre de los tambores destemplados se alistaron para hacer frente a 1400 realistas atrincherados   en la Cuchilla del Tambo bajo las órdenes de Juan Sámano. Al igual que en Cachirí, la acción de la Cuchilla del Tambo fue un sacrificio inútil. El comandante José María Cabal intentó evitar ese despilfarro de vidas valiosas para la Patria y en vez de ese encuentro desventajoso aconsejó la lucha de guerrillas para enfrentar al enemigo como lo estaban haciendo Galea, Nonato Pérez y Santander en los llanos orientales.

Una junta de oficiales relevó a José María Cabal y dio el mando a Liborio Mejía; tres horas duró el desigual combate en las faldas de la Cuchilla del Tambo; los republicanos se vieron rodeados por las tropas de Sámano y muy pocos pudieron escapar del enemigo; en las estribaciones del Tambo quedaron los cadáveres de 250 patriotas mientras otros 300 cayeron en poder de las tropas enemigas. Con esta derrota y la de Cachirí quedó liquidada la primera patria independiente y terminó con dolor la etapa conocida como la “Patria Boba”

Tras su triunfo, los españoles fusilaron a los prisioneros más connotados: llevaron al cadalso a  José María Cabal y a Carlos Montúfar ; otros  como  Alejo Sabaraín, José Hilario López y  José Hilario Mora fueron enrolados en las tropas que apoyaban la monarquía.

EN EL BATALLÓN NUMANCIA

El general Pablo Morillo conformó el Batallón Numancia con reclutas de Maracaibo, Barquisimeto y Barinas. En la campaña de Venezuela este lucido cuerpo se vio reducido a la tercera parte y para cubrir las bajas se le agregaron numerosos prisioneros de la Cuchilla de Tambo, entre quienes figuraba el capitán venezolano José Hilario Mora a quien se obligó a servir de soldado raso.

El Numancia  pasó por Bogotá  y en su viaje al  Perú acampó  por un tiempo en Cali, donde José Hilario Mora, el marinillo Fabián Jiménez y treinta y cinco  compañeros sustrajeron armas, desertaron de las filas  realistas y  conformaron una guerrilla patriota  que acabó de apertrecharse  en  un asalto a la hacienda de Ignacio Polanco, en el centro del Valle.

Los objetivos de Mora eran claros: pretendía liberar a Tumaco, Iscuandé y Barbacoas y con el auxilio de los corsarios ingleses que merodeaban por las costas del Pacífico pretendía llevar la guerra a las tierras pastusas controladas por la monarquía. Con ese propósito la columna guerrillera se   adentró por las Juntas del Tamaná, traspasó la cordillera occidental, llegó a Nóvita y ocupó la población de Andagoya. Fue una travesía infernal en medio de la selva húmeda llena de alimañas y navegando en canoas por los ríos Sipí, Tatamá y San Juan, plagados de culebras y bichos ponzoñosos. En el poblado de Cimarrones se les incorporó el alcalde del lugar y algunos voluntarios conocedores de la región. Los guerrilleros continuaron por el San Juan, sorprendieron la pequeña guarnición realista de Noanamá y con cien hombres bajo su mando, José Hilario Mora alcanzó el puerto de Charambirá en la costa del océano Pacífico donde capturó un bergantín y una falúa junto con sus  tripulaciones  y algún armamento.

Poco se sabe de la travesía de los hombres de Mora por las ensenadas y manglares del Pacífico. Las embarcaciones navegaron rumbo a Buenaventura bordeando la línea de la playa. A medida que avanzaban, los obstáculos se fueron multiplicando: faltaron raciones, varios combatientes murieron a causa de las enfermedades, otros se marearon y los negros esclavos, que constituían la tripulación del bergantín y la falúa, atemorizados ante una aventura ajena y que nada les prometía, empezaron a huir protegidos por las sombras de la noche para alcanzar las aldeas de pescadores, dejando a Mora sin pilotos ni conocedores de los intrincados laberintos playeros.

En la madrugada del 23 de mayo de 1816 puñales asesinos troncharon la vida de José Hilario Mora; se habla de un motín de la tripulación y también de una rebelión de sus hombres, pero no hay documentos que confirmen el triste final del comandante guerrillero ni la suerte de sus hombres. Son, pues, otros héroes anónimos, olvidados en nuestra historia.

Con la muerte de José Hilario Mora y la desintegración de su guerrilla se eclipsó la libertad en el litoral Pacífico. Hubo que esperar unos años hasta que los chilenos con su fragata “La Rosa de los Andes” bajo el mando del almirante Illingworth, volvieran a llevar la luz de la independencia a las playas granadinas del mar de Balboa y el general Cancino tomara el control del Chocó.

 

domingo, 10 de septiembre de 2017

EL CORREGIMIENTO DE BATERO- QUINCHÍA-




Alfredo Cardona Tobón



Batero se enmarca dentro de la comunidad del resguardo indígena Escopetera-Pirsa. Es un extenso corregimiento  compuesto por las veredas de El Higo, Juantapao, Alegría, Minarrica, El Naranjo, Buenavista, Cartagëño, Hisana, Miracampos, Moreta, Bellavista, El Cairo, Planadas, El Guamo, Riogrande y Sardineros.

La palabra Batero  viene del  cerro aledaño nombrado así desde la época precolombina, pues los nativos llamaban bateros a las rocas monolíticas que  se  encontraban a lo largo de la cordillera desde el sur de la provincia de Antioquia hasta el resguardo de Guática, como el cerro Plateado, los farallones de La Pintada, el cerro Ingrumá, Opiramá y Gamonrrá.

Las crónicas españolas no hablan del Batero sino del cerro Carambá , que al igual que el Picará y el Opirama eran santuarios de las tribus ansermas donde los sacerdotes presentaban sus ofrendas a Xixaraca y demás deidades indígenas.

El nombre de Carambá fue poco conocido y usado, en cambio Batero fue aceptado por nativos y colonos antioqueños  y con Batero se siguió conociendo el cerro y las tierras aledañas.

Los terrenos de Batero  hicieron parte del Resguardo indígena de Quinchía, cuyo Cabildo indígena  fue fraccionando los lotes hasta que la zona se convirtió en un retazo de minifundios. Actualmente no existen grandes propiedades en el corregimiento, poblado por las familias García, Pinzón, Ramírez,  Soto, Velázquez, Trejos  cuyos lotes no exceden las dos hectáreas.

En el pasado de Batero se confunde la historia y la leyenda. En su territorio tenía sus dominios el cacique Chiricha, un bravo guerrero que hizo frente a los  hombres del conquistador Badillo en una aldea con defensas de guadua llamados quinchos y postes rematados con calaveras. Después de robar el oro acumulado por siglos en las aldeas nativas, los españoles y sus esclavos negros establecieron el Real de Minas de Buenavista que visitó el Oidor Lesmes de Espinosa hacia el año de 1627. Desde entonces se ha explotado el oro de la zona, ya sea en los aluviones de las quebradas que van al rio Cauca, o en las vetas de minas como la de Juantapao que produce riqueza desde fines del siglo XIX.

GUERRA Y CONFLICTO

En  la guerra de 1876 que enfrentó a los Estados conservadores de Antioquia y El Tolima con el gobierno central en manos liberales, se presentó un cruento combate cerca del cerro Batero entre tropas antioqueñas y caucanas. En esa acción militar los liberales derrotaron las fuerzas conservadoras, se facilitó la toma de Manizales y se consolidó el triunfo del radicalismo liberal.

 En 1879  el cerro Batero fue testigo de nuevos combates, esta vez entre los liberales radicales y los liberales independientes. El 16 de enero de ese año se enfrentaron  tropas comandadas por Ramón Elías Palau, Jefe del ala independiente del Cantón de Toro, con  la fuerza del alcalde radical Rudesindo Ospina.  En esta acción se distinguieron  León Hernández en las filas independientes y en las radicales el Negro Marín,  el  guerrillero que se haría famoso en la guerra de los Mil Dias.

Al anochecer del 5 de  junio de  1961 una patrulla del Batallón Ayacucho comandada por el sargento Alvaro Arenas y con base en un puesto militar establecido en la vereda de Batero, llegó a la cantina de Buenaventura Garcia ubicada en el sitio de Miracampos, en un patrullaje rutinario. Iban cuatro soldados y el cabo. El sitio estaba desierto, solo había un campesino tomando cerveza y escuchando repetidamente la ranchera mejicana “ Sonaron siete Balazos”.

La patrulla no vio nada anormal y ya se retiraba de la cantina cuando uno de los soldados creyó ver un parecido del campesino con uno de los cuadrilleros que perseguían desde tiempo atrás, por lo que decidieron detenerlo para hacer las pesquisas debidas.

El campesino no opuso resistencia y siguió con la patrulla hacia el puesto de Batero.

Por el camino, los soldados ya tenían la certeza de haber capturado al temido “Capitán Venganza” y sea por miedo o porque había orden de eliminarlo, en el sitio de Caballitos, a los cincuenta metros de la cantina de Buenaventura García, asesinaron a Medardo Trejos.  Uno de los proyectiles entró por el homoplato izquierdo y salió  por la región pectoral; otro balazo  penetró por la tibia y salió por el  tobillo.

La fuerza pública quiso hacer creer  que “Venganza” había tratado de escapar y tuvieron que matarlo en defensa propia, también dijeron que había herido al suboficial y a un soldado. Nada de esto fue cierto. Simplemente lo asesinaron desarmado e inerme, como hizo el bandido con decenas de campesinos inocentes.

EL PROGRESO EN BATERO

Por Ordenanza No. 49 del 23 de diciembre de 1966 se dispuso la  construcción de la carretera Güisana- Moreta; en  1993, siendo alcalde el señor Mario Ibarra, se comunicó la vereda Bellavista con la carretera troncal del occidente en el sitio denominado La Sierra, fueron gestores de esta importante via terciaria, los señores Juan Trejos, Gilberto Trejos, Dignora García, Serafín Ramírez, Ovidio Ramírez, Rodrigo Restrepo, Jorge Gañán y Sebastián Taborda; así quedó Batero con dos vías: una hacia la troncal de Occidente y otra hacia la carretera Panamericana, ampliando su comercio con Riosucio, Pereira, Manizales y  Medellín

En la administración del alcalde Ernesto Gómez, año 1996, se construyó un puesto de salud; en un principio el hospital Nazareth desplazaba sus funcionarios hasta el corregimiento para atender a la comunidad y  en el año 2008 a través de la gestión de la junta de acción comunal, se consiguió la presencia durante los días miércoles de personal  médico para atender las comunidades de Batero ,Moreta, Bellavista, la Peña, la Floresta y el Higo.

 En el año de 1974 por gestión de los líderes Alberto Delgado, Pachito Espinosa, Juan Trejos, Javier Antonio Pinzón y Octaviano Trejos, entre otros, se logró la instalación de redes primarias de energía y de un transformador para  electrificar  35 viviendas. La comunidad hizo aportes con financiación del Comité de Cafeteros y en esa forma las familias de Alberto Delgado, Próspero Pinzón, Luis Angel Pinzón, Luis Taborda y Tiburcio García contaron con el servicio eléctrico y Batero empezó a mostrar un ambiente diferente.

Poco a poco quienes tuvieron con que hacerlo dotaron sus viviendas de elecrodomésticos y el colegio contó con una sala de informática. A partir del año 2003 se dio la posibilidad de cursos básicos de sistemas,  dictados en las horas de la noche por Idalba Pinzón de manera gratuita como una contribución personal a la comunidad.

LA COMUNIDAD DE BATERO

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La mayor parte de la actividad  de Batero se realiza en el corregimiento de Bonafont- Riosucio y en la  cabecera de este municipio, con el que mantiene nexos culturales y familiares quizás más estrechos que con la zona urbana de Quinchía.

El sector agrícola es la base de la economía local  que tiene como reglones principales la caña panelera, el café, el plátano y el aguacate. Tiene influencia la minería del oro y en menor escala el reglón pecuario.

Los antiguos vecinos de Batero aún recuerdan a Pedro Emilio Betancur,  gestor de la primera planta eléctrica de Moreta. Fue en los años cincuenta del siglo pasado;  Pedro Emilio tomó el agua de una quebrada la llevó por una acequia para mover  una rueda Pelton con un generador que le suministró energía eléctrica a su finca y a otras fincas vecinas.

 

 


 

 

 EL CERRO BATERO

La leyenda dice que en lo más alto del cerro vivía Xixaraca, señor de las tribus ansermas y también la diosa Michua, Señora del Valor y de la Guerra.

En 1969 Germán Cano con otros seguidores de la ANAPO, un partido que apoyaba al general Gustavo Rojas Pinilla, escalaron  las rocas del cerro y en la cúspide plantaron la bandera de su partido que ondeó por muchos meses, hasta que la lluvia y el viento la convirtieron en jirones.

En los años ochenta del pasado siglo vivía en el caserío de Batero, al pie de la gran mole con cabeza de águila,  don Juan de Dios  Trejos y su familia. La sombra del cerro cubría su casa al llegar la tarde y desde el corredor de la vivienda don Juan observaba el paso de los flecos de niebla que en las madrugadas parecían desprenderse de las alturas.

 Muchas veces pensó que en la cima donde algún día moró Xixaraca  debía plantarse una gran cruz que bendijera ese territorio azotado muchas veces por la violencia. Parecía un misión imposible, pues  la única subida estaba por los lados de Bellavista, frente al poblado de Bonafont, y solo llevaba a unas cuevas situadas al pie de una roca que se levantaba perpendicularmente.

Sin apoyo de nadie  don Juan de Dios Trejos y sus hijos  echaron mano a sus escasos ahorros y construyeron tres escaleras metálicas que incrustaron en las rocas y aferradas a ellas y sin mirar hacia abajo llegaron  a una pequeña meseta que se abría un poco al avanzar por la cima.

Por partes llevaron la cruz a lo más alto del cerro Batero y allí la armaron. Fue una labor titánica y peligrosa, donde el viento empujaba, la lluvia caía como granizo y el abismo atraía como si fuera un imán.

Un catorce de septiembre, posiblemente de 1984, el padre Iván Velásquez, párroco de Bonafont, subió con los ornamentos. Venciendo el temor de una caída y sobreponiéndose al pavor de las alturas llegó a lo más alto del cerro Batero y auxiliado por don Juan Trejos celebró  sobre la roca pelada del antiguo Carambá la  misa. Era tal su cansancio que tuvo que celebrar la Sagrada Eucaristía de pie porque le era imposible mantenerse parado.

Desde  entonces todos los catorce de septiembre los fieles católicos de Batero hacen una romería hasta la Cruz y a menudo, cuando cuentan con un sacerdote joven y alentado,  asisten a misa con el mismo recogimiento que hubo cuando por primera vez del padre Velásquez oró al Señor desde la cresta del cerro.      

 El cerro Batero encierra muchas leyendas. Se habla de unas cuevas que retienen a los aventureros que han osado internarse en esos socavones. Se admiran tres cascadas cuyas aguas se desprenden de las peñas y son las lágrimas de la diosa Michua que aún llora adolorida por la ingratitud de los suyos.

También se dice  que  un día estaban trabajando los Trejos en la cima y con el afán de terminar la base de la cruz no se dieron cuenta que venía un aguacero. El cielo se ennegreció,  el viento rugía, los rayos se estrellaban contra los flancos del Batero y sin embargo en la cresta el sol seguía brillando y no caía ni una gota de agua.-




comunidad.

EL ORO EN BATERO

La compañía canadiense Batero Gold Corporation es propietaria de un gran proyecto aurífero que abarca la mayor parte del territorio del corregimiento. Un informe presentado por Roscoe Postle Associaton Inc, señala recursos posibles de 3.54 millones de onzas de oro, 12, 3 millones de onzas de plata y  más de doscientos millones de kilos de cobre, que a los valores actuales representan seis mil millones de dólares.

La presencia de esta compañía está creando un problema social pues desplaza a centenares de mineros tradicionales que desde siempre han explotado el oro de Quinchía y especialmente de la zona de Batero.

Aunque la compañía ha indemnizado a los labriegos que tienen que desplazarse de sus antiguas fincas, esto significa despoblamiento del territorio, no siempre equilibrado con los nuevos lotes asignados por la Compañía.

Aún se está en el proceso de exploración pero todo indica que el capital extranjero  se adueñará de gran parte del territorio de Batero cuyos habitantes tendrán que buscar otros horizontes lejos de sus antiguas veredas.




LA CRUZ DEL CERRO BATERO- [1]



 

A finales del siglo XX, cuando otras violencias disfrazadas de odio atacaron a los habitantes de Quinchía, un humilde campesino llamado Juan de Jesús Trejos, creyente devoto del emblema cristiano de La Santa Cruz, tuvo una increíble idea que lanzó como un reto a sus numerosos hijos y luego a los moradores de la vereda. Don juan quiso desafiar los vientos, las tempestades, los rayos y la inmensidad, para coronar el cerro de Batero con una cruz digna, fuerte y altiva, como un símbolo de fe y de pujanza.

En la mente campesina de Don Juan de Jesús, maduraba el proyecto, visitaba los amigos en la Alcaldía, en la Parroquia, pero nadie creía en este quijotesco sueño poco confiable.

Por varios años efectuaron bingos, empanadas y rifas que poco a poco fueron creciendo y con una impecable honradez fueron acumulando el dinero suficiente para acometer la magna obra.

Gracias al apoyo de sus valerosos hijos: Gilberto Antonio, Carlos Emilio, Miguel Ángel, Mariano, Ovidio, Rubiel y Alfonso, se inició el gran reto de subir materiales de rio, tubos galvanizados, cemento y agua en botellones, en una maratónica jornada que duró un día de sol a sol. Muchos vecinos creyentes, amantes de su fe cristiana, unieron sus brazos en esta titánica labor y para concluir la obra con más premura, siete hombre y tres mujeres, desafiaron  el frio de la noche y bajo la mirada vigilante de las estrellas, durmieron sobre la helada roca el gran sueño de don Juan de Jesús, con el fin de madrugar y así  iniciar la dura labor de oradar la piedra para levantar una majestuosa cruz de 8 metros de altura. Las señoras Luz Mery (hija de don Gilberto) Martha Pinzón y Rubiela Trejos, fueron la cuota femenina en la cima de la montaña, ellas con su delicadeza y su callada labor, prepararon los alimentos para las héroes de la segunda jornada.

Amanece un nuevo día y los fuertes campesinos de la vereda, iniciaron la férrea labor de armar la sencilla cruz y a los gritos de agua, arena, cemento, todos como una máquina sincronizada, uniendo sus brazos y corazones, con la sonrisa en sus labios y el honrado sudor sobre sus frentes, en dos jornadas titánicas concluyeron la labor. Más tarde Don Gilberto Antonio, hijo mayor de Don Juan, con un dinero que ahorró de sus escasos ingresos, mandó a elaborar unas escalas en varilla de hierro que penetraron la dura roca y facilitaban el ascenso al elevado cerro.



[1] TEJADA Libardo-  Datos sobre el corregimiento de Batero