sábado, 17 de febrero de 2018

REMENBRANZA DE INSIGNES MÉDICOS PEREIRANOS


REMENBRANZA DE AQUELLOS INSIGNES MEDICOS PEREIRANOS

Diego Avellaneda
 
-Notables médicos cuyas huellas aún  se ven en Pereira- Don Diego Avellaneda nos trae en esta crónica el recuerdo de algunos galenos que hicieron historia en la Pereira de los años treinta y cuarenta del pasado siglo.
                                                     Santiago Londoño- padre
 

Bonachón, paisa puro,  allá en su consultorio  de la calle 18 con sexta y séptima y en su despacho de la Unidad Sanitaria, recuerdo a doctor Eduardo Ruiz.

Con su aristocrática estampa y su ojo escudriñador que adivinaba las dolencias del paciente desde  que éste entraba a su consultorio, tengo viva la imagen del doctor Hernando de la Cuesta Restrepo, siempre cordial y con  su preciso diagnóstico.

Con su acento italiano y su simpatía innata, el doctor Igino Mercuri, de andar rápido y tan familiar con sus pacientes.

Decano de todos, serio y profundo, el doctor Santiago Londoño ( viejo) como decían los mayores, para distinguirlo de su hijo, destacado cancerólogo que llevó su mismo nombre.

El doctor Federico Galloway, el americano que se volvió pereirano, de manos fuertes y espíritu bondadoso.  Su pomada Galo fue famosa panacea para las lesiones epidérmicas y cuya fórmula cedió a las distinguidas y queridísimas Mery y Silvia Cuartas.

El doctor Guillermo Echeverri Bustamante, calmado,  despacioso, estudioso, dedicado a curar las dolencias de los niños.

“Es un santo” decía el doctor Mercuri del doctor Horacio Velásquez Salazar que se destacaba por su experiencia en enfermedades endémicas.

Recuerdo al doctor Eloy Zapata, de pequeña estatura, pero fuerte; de sombrero y gafas permanentes.

El doctor Emilio Trujillo, allá en la carrera novena cerca donde existió el teatro Nápoles le dijo a un paciente al que no le encontró nada : “deje de quejarse de  tanta cosa, que parece una vieja.”

También recuerdo al doctor Juan C. Castrillón Durán, muy adusto, de chaleco, sosmbrero y de recia contextura.

Muy conocido, de gafas y con su andar pausado, el doctor Londoño Atehortúa.

Lejanamente recuerdo al doctor Ramírez González y al doctor González,  padre este último de  Ibrahim y de Fabio, pero olvido sus nombres;  lo mismo que al doctor Bernardo Pérez Mejía, hermano de don  Pedro Pablo Pérez,  que fue mi maestro  en la escuela Uribe Uribe en la calle 27 con octava.

Serio y elegantes, de gran personalidad el doctor Arcesio Vélez Marulanda, cuando de niños yde la escuela,  nos llevaban a la unidad sanitaria a purgarnos con quenopodio ¡ Horrible¡

Buen escritor, impecable en su vestido y con fama de gran cirujano, el doctor Sixto Mejía, íbamos los niños a mirar la primera “quinta” que  hubo en Pereira, arriba de donde hoy es el Club del Comercio, donde pasó sus últimos días en compañía  de su esposa doña Julia Jaramillo de Mejía.

Del doctor Bernardo Mejía Jaramillo, recuerdo su inmensa simpatía y su sencillez con todos los pereiranos.  De gran presencia y personalidad.

 No me olvido del doctor Víctor Salazar Caballero, de voz cascada y un poquito “Pelión”. Tampoco olvido al doctor Hernando Osorio Montoya, hijo de don Leopoldo Osorio.

A propósito: he dejado para lo último a dos destacados gastroenterólogos: el doctor Arturo Campo Posada y el doctor Alfonso Jaramillo Arango, fundaron la Clínica Santa Clara en la calle 1º9  carreras novena y décima si no me falla la memoria.  Siendo gobernador de Caldas, el doctor Jaramillo afrontó con enérgica autoridad un motín de los choferes manizaleños, que no aceptaban un gobernador liberal y foráneo, lo que produjo el mensaje histórico del doctor Eladio  Cortés desde Pereira: “ ¡ Así se entuca, mi doctor querido ¡”. Contrajo matrimonio en primeras nupcias con la distinguida dama pereirana Libia Vallejo Restrepo, en la catedral de La Pobreza en solemne ceremonia con tapete rojo desde la entrada.  El arreglo de la iglesia lo hizo doña Inés Rendón de Mejía.

Que haya hecho perdurar esa escuela de notables galenos, tenemos al doctor Alfonso Llano Saavedra, un mago en medicina interna dicho por sus colegas y también por sus pacientes.

Este ha sido un sincero homenaje a quienes sin existir la ecografía,  ni la tomografía axial computarizada, ni el TAC, ni la resonancia magnética, acertaban en sus diagnósticos en los pacientes de la época, sin que pretenda demeritar los avances científicos ni las capacidades de las nuevas generaciones de médicos generales y especialistas de alta tecnología.

                                                     Santiago Londoño  hijo

miércoles, 14 de febrero de 2018

HISTORIA DE CIUDAD VICTORIA-PEREIRA-

 

 

Por: Adriana Vallejo de la Pava

 

 


 

Este escrito se concentra en la historia de Ciudad Victoria como proyecto de desarrollo socioeconómico y urbanístico, es decir como Plan de Renovación Urbana. No es la historia de la zona de la antigua galería de la ciudad. Sin embargo, pretende hacer memoria sobre su génesis y los criterios de decisión de política pública que permitieron convertir una zona completamente deteriorada social y económicamente en un espacio renovado para la ciudadanía de Pereira.

  Antecedentes del Plan de Renovación Urbana Ciudad Victoria

 La zona de la antigua galería donde se ubicó Ciudad Victoria fue objeto de múltiples estudios y propuestas de planificación para su recuperación desde el año 1965, sin embargo sólo hasta la década de los años 80 esas iniciativas se plasmaron en planes.
 

Entre 1980 y 1982, la Secretaría de Planeación Municipal formuló el primer plan para la zona, sobre un área de 19,4 hectáreas, con propuestas de intervención física, pero sin claridad sobre los aspectos socioeconómicos del plan. En 1984 la Empresa de Renovación Urbana de Pereira amplió el área de intervención hacia el sector del Parque Olaya Herrera, replanteó el proyecto y lo orientó a buscar la transformación de las actividades tradicionales de la plaza de mercado. La única edificación que se construyó fue el Centro Comercial Fiducentro, donde funciona actualmente el Teatro Santiago Londoño.

 En 1992 y 1993, la firma Procentro formuló un proyecto urbanístico que involucraba sus aspectos socioeconómicos. La propuesta contemplaba por primera vez la zona del Bulevar Egoyá. Se logró avanzar en la parte conceptual de los proyectos, pero ninguno se concretó. En 1995 Procentro presentó otra propuesta donde priorizó la intervención sobre nueve manzanas, consideradas críticas por su grado de deterioro social y físico. Se intentó, sin  éxito, la implementación de los mecanismos de gestión del suelo contenidos en la Ley 9 de 1989. También se intentó en 1997 aplicar el mecanismo de titulación inmobiliaria para la gestión del proyecto.

 
En 1999, el Taller de Gestión Urbana planteó un proyecto urbanístico para la zona de Egoyá, Galería y Turín. Los criterios de intervención para la zona fueron establecidos en el primer plan de ordenamiento de Pereira, adoptado mediante el Acuerdo No 12 del año 2000 y posteriormente reglamentados a través del decreto 3991 del mismo año.

 
Contexto Socieconómico del Plan Parcial Ciudad Victoria
 
Ciudad Victoria inició en el año 2001, como parte del programa de recuperación integral de la zona de la antigua galería, del Plan de Desarrollo ‘Pereira Misión de Todos’. La intervención de la zona era una de las principales propuestas de la campaña de la entonces candidata a la alcaldía Martha Elena Bedoya Rendón y así lo reconoció el acuerdo que adoptó el plan de desarrollo para el período 2001-2003.

 Pereira registraba a comienzos de la década pasada un deterioro en varios de sus indicadores sociales y económicos. La población desempleada del Área Metropolitana de Pereira se duplicó entre junio de 1997 y junio de 1999 pasando de 33.000 a 67.000 personas. La tasa de desempleo era del 21,04% en diciembre del año 2000. La capital del departamento había sufrido el impacto en la caída de los precios internacionales del café y su estructura física y social había sido fuertemente afectada por el sismo del año 1999.
 


El deterioro se reflejaba igualmente en los índices de violencia e inseguridad. Pereira registraba para el año 2000 una tasa de homicidios de 97 por 100.000 habitantes, una de las cifras más altas del país, 30 puntos por encima del promedio de nacional. La mayoría de los homicidios y cifras de violencia se registraban en la comuna centro, particularmente en la zona de la antigua galería.


El deterioro de la zona de la antigua galería crecía año tras año. Niños y niñas en la calle, "ollas" (expendios de drogas), mendicidad, compraventas de artículos robados, prostitución, invasión del espacio público, altas tasas de morbilidad de la población del sector principalmente por tuberculosis y varios casos de VIH/Sida.

 
Formulación del Plan Parcial Ciudad Victoria

 El plan de desarrollo ‘Pereira, Misión de Todos’ definió como política pública la formulación de planes realistas y posibles de ejecutar en el período de gobierno, es decir, el plan parcial Ciudad Victoria debía definir estrategias y acciones que se pudieran cumplir en tres años o cuya inercia fuese tan grande que no pudiera ser detenida en el siguiente gobierno.

 
Se determinó como prioritaria la solución de las problemáticas que afectaban la población vulnerable del sector, considerando las particularidades de cada grupo poblacional. Por la magnitud del problema social, era necesario vincular todas las organizaciones no gubernamentales y gubernamentales en su solución. El plan debía ser atractivo para motivar la inversión privada, consolidar la vocación comercial y de servicios y recuperar la vigencia urbanística y funcional del centro de la ciudad. La generación de espacio público y la construcción del centro cultural eran esenciales para la formulación. Ciudad Victoria sustenta sus actuaciones urbanísticas en el Plan de Ordenamiento adoptado en el año 2000.

 
Considerando lo anterior se delimitó el plan entre las calle 14 y 18, y entre la carrera 9a y la Avenida del Ferrocarril; el área comprende 13 manzanas, una extensión de 9,96 hectáreas, que representan el 17% del centro de la ciudad. La ubicación es estratégica y tiene conexión con todas las vías de la ciudad a los departamentos del Valle, Quindío y Caldas. 
 

El liderazgo del proyecto lo ejerció directamente la alcaldesa Martha Elena Bedoya Rendón y la gerencia pública para la implementación del proyecto la Secretaria de Planeación Municipal. Se crearon cuatro comités: social, seguridad, promoción inversión y proyectos públicos. Planeación Municipal participaba en todos los comités y durante ese gobierno en todas las juntas directivas.
 
 
 

El comité social estaba conformado por los institutos descentralizados de: Salud, Cultura, Parques y Arborización, ESE Salud Pereira, las secretaría de Gestión Inmobiliaria y Desarrollo Social y la Empresa de Aseo. Igualmente, por varias ONG como Germinando, Hogares Calasanz,  Adoratrices, Hospital Mental y posteriormente ingresó Antioquia Presente.

 El comité de seguridad incluía a la Secretaria de Gobierno, la Asesoría Metropolitana de Seguridad, la Policía, la Fiscalía, el DAS y la Defensoría del Pueblo. La promoción de inversión de los proyectos privados era acompañada permanentemente por la alcaldesa y apoyada por planeación municipal a través de la dirección de planes parciales creada en esa época. El comité proyectos públicos involucraba el Área Metropolitana y los contratistas. 

 La selección y conformación de los equipos para apoyar los diferentes comités se realizó con criterios técnicos, enfocados en el logro de los resultados, según las metas propuestas en los planes de acción de esa época.

 Después de avanzar los en la implementación de los programas sociales para la población del sector y de contar con inversionistas interesados en participar en el proyecto se formuló el Plan Parcial de Renovación Urbana Ciudad Victoria, el cual fue adoptado mediante el Decreto 1301 del año 2002. El plan parcial aumentó el espacio público por habitante, a través de la Plaza Cívica con sus 498 parqueaderos, el Parque Lineal Egoyá y el Puente Peatonal Ciudad Victoria, que representan con andenes y zonas verdes más de 50.000 metros cuadrados de espacio público. El diseño buscaba resaltar el Centro Cultural Metropolitano para impulsar una nueva imagen urbana del centro de la ciudad y resaltar la importancia de la cultura en el nuevo modelo de ciudad.

 Las manzanas se organizaron en unidades de gestión para comercio, servicios públicos y privados y vivienda permitiendo una complementariedad en los usos del suelo.
 
Implementación del Plan Parcial

 Nombre: "Ciudad Victoria, en el corazón de Pereira"

 "El nombre escogido: Ciudad Victoria, es un homenaje a todas esas personas para las cuales la Plaza de la Victoria, hoy Plaza de Bolívar, fue el centro de sus encuentros, de sus juegos de infancia, de sus travesuras y romances, de sus interminables tertulias, de sus historias y recuerdos, de las compras al detal, de los carnavales de flores y sitio de encuentro para los primeros habitantes de Pereira" (Alcaldía de Pereira, 2002).

 
Estrategias sociales


 Con base en un censo contratado con la Fundación Germinando se determinaron las líneas de intervención para la población considerando el grado de vulnerabilidad, la organización y el cronograma de las intervenciones físicas. Se invitaron todas las fundaciones de la ciudad para presentar propuestas y atender los grupos del sector según su especialidad. Se creó por primera vez la línea de atención a los habitantes de la calle. Se extendió el programa de reubicación de vendedores a través de los Bazares Populares. Se reubicaron los inquilinos y se implementaron proyectos de generación de ingresos para los habitantes del sector.

 
Estrategias de seguridad

 
La ausencia de presencia del Estado por más de 20 años en el sector se enfrentó con operativos de día y de noche a través de la implementación del programa de Alcaldía Nocturna.

 
Se cerraron los expendios de droga y los negocios ilícitos y se anunció la aplicación de la figura de extinción de dominio para los propietarios que tuviesen sus inmuebles al servicio de actividades ilícitas.

 Estrategias de inversión pública y privada

 
Un plan parcial de naturaleza mixta, que depende principalmente de la inversión privada, debía generar la suficiente confianza a los potenciales inversionistas privados sobre el compromiso público y la solidez técnica del plan parcial. Para un inversionista privado era más fácil comprar un solo lote, negociar con un propietario y ejecutar su inversión, sin depender de la solución de una compleja problemática social, como la descrita previamente en este escrito.

Al mismo tiempo, la aprobación de recursos públicos para invertir en las obras públicas, requería el respaldo ciudadano del proyecto y del compromiso de los inversionistas privados para ejecutar los proyectos a su cargo y complementar la renovación urbana de las manzanas bajo su responsabilidad. Los temores eran válidos pues fueron muchos los intentos fallidos de renovación urbana del sector.

 
El liderazgo y experiencia pública de la alcaldesa Martha Elena Bedoya, la acertada concepción urbana del proyecto, la implementación de los instrumentos de gestión y financiación del suelo, la efectiva estrategia de negociación de predios, los incentivos tributarios, el respaldo de la sociedad civil y una gerencia pública efectiva fueron factores determinantes del éxito para concretar la inversión pública y privada en la deteriorada zona de la antigua galería.
 
Resultados

 Sociales

 Para noviembre del año 2003, más de 5000 personas se habían beneficiado de los programas sociales de Ciudad Victoria. Más de 3500 habitantes de la calle se habían vinculado a los programas de socialización y tratamientos de drogadicción en el Centro de Atención y Acogida ubicado en la calle 13, cerca al Parque La Libertad. Alrededor de 1300 personas del sector fueron vinculadas al régimen subsidiado y atendidas mediante consultas médicas.

 Se atendió población que nunca había recibido protección del Estado, entre ellos, 74 niños entre los 2 y 7 años que fueron atendidos en guarderías infantiles. Jóvenes entre los 8 y 14 años llevados a hogares juveniles y los de 15 y 18 años a los centros de rehabilitación.

 Más de 1000 inquilinos fueron reubicados. Para poder iniciar las demoliciones se pagó el costo de arrendamiento por tres meses, en diferentes sectores de la ciudad, y se capacitó a los inquilinos para que generaran un ahorro y pudieran salir del costoso esquema de un pago diario por una habitación, al pago de un canon mensual.

 Los vendedores informales de la zona (302) fueron reubicados en tres Bazares Populares. Los vendedores de zapatos ubicados sobre la manzana que hoy ocupa el Centro Cultural Lucy Tejada fueron ubicados en el Bazar Ciudad Victoria, ubicado sobre la calle 17 entre carreras 10 y 11. Los vendedores de repuestos que ocupaban la manzana donde hoy se encuentra Torre Central fueron ubicados en el Bazar El Repuestero, en un lote que se había convertido en un basurero, sobre la Avenida del Ferrocarril. Los demás vendedores en su mayoría pertenecientes al tradicional Mechero y Rancho de Lata fueron ubicados en el Bazar El Mechero y el Bazar Cooperativa del Carmen, ambos en una bodega en la calle 38 entre carreras octava y novena. La reubicación fue concertada y exitosa, una prueba de ellos es que los tres bazares populares aún existen y se encuentran ocupados.

Adicionalmente, se crearon cooperativas para organizar 69 recicladores; 80 trabajadores y trabajadoras sexuales se vincularon a programas de capacitación en artes y oficios y a programas de salud sexual y reproductiva.

Seguridad

Se disminuyeron los homicidios en la Comuna Centro en un 28%, puesto que la tasa pasó de 97 homicidos por 100.000 habitantes en el año 2000 a 78,2 en el año 2003, según las cifras de Medicina Legal. Se cerraron los expendios de drogas y los negocios ilícitos en todo el sector de la zona de la antigua galería y sus alrededores.

 
Inversión pública y privada

Pública

Todos los proyectos de inversión pública se ejecutaron: la Plaza Cívica como sitio de grandes presentaciones y manifestaciones de la ciudad con sus 498 parqueaderos. El Puente Peatonal que conecta la zona de la Avenida Circunvalar con el centro de la ciudad. La primera etapa del Parque Lineal Egoyá que generó una nueva zona verde, desde de la calle 14 hasta la calle 18.

 
Durante la ejecución de las obras del plan parcial se construyó también el Megabús y uno de su intercambiadores se ubicó en la zona sobre la carrera 10.


Una de las obras más importantes fue la construcción del Centro Cultural Metropolitano, posteriormente bautizado como Centro Cultural Lucy Tejada en el que fue ubicada la Biblioteca Pública Ramón Correa, la Emisora Cultural, los salones de música para la Banda Sinfónica, el auditorio y los salones para las escuelas de formación.

Privada

 La inversión privada se logró concretar para 11 de las trece manzanas del plan parcial, aún sigue pendiente el desarrollo de las unidades de gestión destinadas al uso de vivienda.

 El Grupo Urbe desarrolló una de las unidades de gestión destinadas a comercio y construyó el Centro Comercial Regional Ciudad Victoria. Los promotores impulsaron una importante campaña de promoción de marcas a nivel nacional para hacer viable el proyecto. Pereira apareció en el mapa de las grandes firmas de almacenes, hasta esa época, concentradas en las cinco principales ciudades del país.

 El Centro de Servicios, hoy Torre Central, ofrecía la oportunidad de concentrar en un sólo punto todos los servicios al ciudadano de empresas de servicios públicos, secretaría de hacienda, complementados por otros servicios privados. El modelo inmobiliario propuesto en el año 2003 por la administración de Martha Elena Bedoya, fue cambiado por otro esquema en el gobierno de Juan Manuel Arango, pero logró ser construido y puesto al servicio de toda la población.

 El almacén Éxito asumió la inversión en las manzanas más deterioradas, donde se encontraban la mayoría de las ollas o expendios de drogas, en total se negociaron 77 predios. Por su parte, la junta directiva de la Empresa de Telecomunicaciones UNE, autorizó la construcción de la nueva sede que concentraría todos los servicios de la empresa en la zona de Ciudad Victoria.

 La unidad de gestión de vivienda alcanzó a tener promotores y un proyecto de 350 apartamentos que fue expuesto en el Centro Comercial Ciudad Victoria, a pesar de haber logrado llegar a punto de equilibrio, el proyecto no pudo concretarse por conflictos y dificultades en la negociación de los predios.

En un corto tiempo se logró la ejecución de la mayoría de los proyectos de las unidades de gestión del Plan de Renovación Urbana Ciudad Victoria, que tuvo su origen e impulso en la administración de la exalcaldesa Martha Elena Bedoya (2001-2003) y tuvo continuidad en el gobierno de Juan Manuel Arango, desde el año 2004 hasta el año 2006, cuando se culminó la última unidad de gestión.

 Reflexiones finales

 En el año 2000 se le dio gran importancia al proyecto de construcción de vivienda en la zona de Galicia, por encima del proyecto de renovación urbana de la zona de la antigua galería. Si los resultados electorales del año 2000 no hubiesen significado un cambio de rumbo en cabeza de Martha Elena Bedoya, algunas personas –incluso al interior de la Secretaría de Planeación– consideraron que los recursos se habrían dirigido a la construcción de vivienda y no a la renovación y recuperación del centro de la ciudad, que fue uno de los principales compromisos de campaña de la exalcaldesa. Si esto hubiera sido así, otra sería la historia de la ciudad.

 El municipio destinó unos recursos de capital para las inversiones públicas pero esos recursos no representaban ni el 30% de los recursos de inversión privada que se logró vincular para la zona. El costo de no invertir y haber permitido que continuara el deterioro hubiera sido mayor. En cambio, el incremento en la inversión y en la actividad edificadora fueron fuentes de generación de empleo y de nuevas fuentes tributarias. Los recaudos de impuestos crecieron un 35% entre el año 2000 y el año 2003.

El liderazgo de la primera autoridad del municipio es necesario para sacar adelante grandes proyectos de ciudad y así se ratifica en el caso de Ciudad Victoria. La capacidad para gobernar y su amplia experiencia en cargos públicos garantizaron la credibilidad en el proyecto y el cumplimiento de los cronogramas. Una ruta clara, equipos técnicos y ejercicio de autoridad dieron los resultados esperados.

 Ciudad Victoria es una demostración de la capacidad y el compromiso de las mujeres a lo largo de la historia de Pereira para hacer realidad las grandes transformaciones de ciudad. El añorado plan de renovación urbana trazado desde la década del sesenta y retomado por varios gobiernos, sólo pudo hacerse realidad después de la elección de la primera alcaldesa popular de Pereira.

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 7 de febrero de 2018

POR QUÉ LOS WILLYS SE LLAMAN YIPES


Alfredo Cardona Tobón*
 
 

En 1939  las fuerzas militares de los Estados Unidos buscaron un vehículo universal que pudiera atender las necesidades de guerra en Europa y Asia; con ese fin invitó a  135 fabricantes para que presentaran su propuestas. De todas ellas la Bentam, la Ford y Williys- Overland desarrollaron prototipos y al final solo quedó la Wlllys con un vehículo de doble tracción que hizo historia durante la Segunda Guerra Mundial y la guerra de Corea.

El Willys causó sensación por su sencillez, el poco peso y la versatilidad que le permitía transportar ametralladoras y cañones, movilizar tropas, servir de ambulancia y de enlace entre los puestos de combate, sin importar el barro, la nieve y los pésimos caminos.  El general Marshall señaló al Willys como la mayor contribución de los Estados Unidos a las operaciones de la guerra moderna y el general Eisenhower señaló que con el aeroplano Dakota y la lancha de desembarco el liviano vehículo constituyó una de las herramientas más eficaces para ganar la guerra contra los alemanes y los japoneses.

LA PALABRA JEEP

En los años treinta del pasado siglo se hizo famosa la tira cómica de “Popeye el Marino”, donde figuraba su novia Olivia Oyl y varios personajes que divertían a grandes y chicos.  El 16 de marzo de 1936 apareció en dicha tira cómica Eugene the jeep como un regalo para Olivia de su tío Ben, quien encontró ese raro animal en las profundas selvas africanas.

Eugene the jeep era una especie de cruce de perro y roedor, de color amarillo y pepas cafés de orejas pequeñas y una gran nariz roja que detectaba el oro.  Era tierno y estaba dotado de facultades extraordinarias que le permitían traspasar los muros, trepar paredes y trasladarse de un lugar a otro misteriosamente.  Eugene se alimentaba con orquídeas, solamente pronunciaba la palabra jeep y aparecía al lado de Popeye cuando el marino estaba en peligro o debía resolver un problema complejo.

Después del ataque japonés en Pearl Harvor, Estados Unidos entró al conflicto y medio millón de Willys acompañaron a los soldados norteamericanos en el campo de batalla. Como en tiempos pasados se formó un vínculo tal entre los combatientes y los Willys, similar al que existió con los caballos en las guerras contra los Pieles Rojas en las planicies norteamericanas o contra los españoles en Cuba

Los Willys estaban en todo el teatro de la guerra, lo que hizo creer a los enemigos de Estados Unidos, que junto con la placa de identificación, los norteamericanos recibían un Willlys.

El desempeño de este vehículo de doble tracción se  equiparó al notable desempeño de  Eugene the  jeep y por ello los soldados  empezaron a llamarlos jeeps, palabra que transformamos en  yipes cuando a partir de 1950 empezaron a recorrer nuestras breñas.

FUERA DE SERIE

El jeep o yip pese a la velocidad limitada y su modesta línea que no sirve para impresionar a las muchachas, al igual que Eugene, la mascota de Popeye, tiene propiedades extraordinarias entre las cuales se destaca su espacio ilimitado, pues parece que se ensanchara a medida que lo van cargando. Además del chofer, lleva varios pasajeros, bultos de café, mercados, racimos de plátano, la caja de herramientas y queda espacio para capachos con gallinas y cajones con perros o marranos.

En cuanto a la resistencia no hay vehículo que se le iguale ni existe otro que tenga una vida ilimitada como los yipes, pues los mecánicos especializados en este tipo de carros refuerzan su estructura, cambian las piezas que fallan, los adecuan y ajustan, prolongando el servicio de estas “mulitas” de acero que parecen indestructibles, pues con más de setenta y cinco años de trabajo continúan recorriendo las trochas veredales.

 


El yip aceza en las pendientes extremas, parece flotar sobre las piedras gruesas, navega sobre el lodo, sirve para llevar la novia campesina a la iglesia y el difunto al camposanto, se mete en los charcos y se aferra en los vértices de los precipicios. Los yipes han forjado una cultura y como lo hizo con los soldados, en nuestras montañas se han amacizado con los yiperos que los soban y los consienten.  Aquí hablamos del yipao como unidad de volumen y lo convertimos en acróbata haciéndolo rodar en las llantas traseras, girar y hacer maromas.

Sin el yip hubiera sido imposible el desarrollo rural, pues sin ellos no se podrían administrar las medianas y grandes fincas cafeteras. Aunque hay jeeps por toda América, en Colombia los yipes se convirtieron en un símbolo del paisaje cultural cafetero que pasan de generación  en generación.

El CJ-2A fue la primera versión civil del vehículo de doble trasmisión, después apareció el CJ5, u oreja de perro y el CJ6. Posteriormente se modernizaron en las versiones del  Jeep Renegada, el Jeep Cherokee, el Wrangler, que aunque con alta tecnología ni se parecen al yip primitivo que  era  “fiel como un perro, duro como una mula y ágil como un gato.”

 

 

 

miércoles, 31 de enero de 2018

LOS CHOFERES Y EL CARNAVAL DE LA BRUJA



Alfredo Cardona Tobón*
 
                Doña Judith Tobón y uno de los primeros carros de Quinchía

Cuando el Camino Real dejó de pasar por Quinchía y una sequía azotó la región, el resguardo indígena trasladó el viejo pueblo al sitio actual, buscando agua y una vía que comunicara la comunidad con las aldeas vecinas

Avanzado el siglo XX aparecieron los carros a motor y entonces se abrió la llamada Troncal de Occidente que bordeó el Valle del río Risaralda uniendo La Virginia con Anserma, luego con Riosucio, después con Supía y por último con el departamento de Antioquia en el sitio de La Pintada a orillas del río Cauca. A la Troncal de Occidente desembocaron Belalcázar, Viterbo, Guática, Belén, Apía, Santuario y Quinchía, en tanto sus ramales llegaban a Pueblo Rico y Mistrató, dejando a Balboa y La Celia como los últimos pueblos desembotellados por esa importante vía.La Troncal de Occidente favoreció a la región pero fue el puntillazo para aldeas como El  Rosario y  LLanogrande que desaparecieron al quedar  lejos de la carretera

 Tal como sucedió setenta años atrás con el Camino Real, a Quinchía la dejaron a un lado del carreteable, y no fue por consideraciones técnicas, sino por intereses políticos, pues se prefirió un trecho costoso entre Riosucio y Anserma con tal de beneficiar las desoladas veredas conservadoras de la tierra fría. La Troncal de Occidente debiera haber pasado por Bonafot, Batero, Quinchía, Opiramá y  Anserma; en vez de  abrirse a punta de dinamita por una  ladera de roca viva con enormes costos de  mano de obra.

EL AISLAMIENTO

Hubo que esperar la llegada en 1932 del gobernador Jorge Gartner para que se hablara del ramal de Quinchía. No solamente hubo que luchar contra la despreocupación de las autoridades de Caldas sino también contra la campaña del párroco  Juan Herrera, quien  a toda costa quería impedir la llegada de los carros  a la cabecera municipal para salvar la virginidad de  las doncellas quinchieñas del peligro letal de los choferes y a toda  la comunidad de la  gente foránea, que según aseguraba el sacerdote,  llenaría al municipio  de meretrices, jugadores y gente de la peor laya. El concejal Luis Ángel Montoya, aunque liberal, se unió al padre Herrera en su lucha, pues consideraba que la obra le quitaba trabajo a los arrieros, a los fabricantes de jáquimas y enjalmas y a los vendedores de las fondas camineras.

 Las pretensiones de los enemigos del carreteable tomaron fuerza cuando los cadeneros y los auxiliares de ingeniería que estaban haciendo el trazado embarazaron a varias jóvenes de la población. Casi se suspende la obra; sin embargo pese a los percances, los partidarios de la carretera ganaron la partida apoyados por  comerciantes de Anserma, los galleros de Guática y por un nutrido grupo comandado por Melquisedec Gómez y Crisanto Álvarez, que se opusieron al capricho del cura y movieron cielo y tierra para conseguir la salida hasta La Troncal de Occidente.

Por Ordenanza No. 43 de 1934 la Asamblea del departamento de Caldas apropió los recursos para la construcción del ramal entre a Ceiba y Quinchía; el contratista ansermeño Alfonso Salazar abrió el   anhelado tramo   con carretillas y a pico y pala. Para festejar la culminación de la obra la alcaldía organizó un carnaval con fecha del 20 al 23 de julio de 1935. Aunque la vía era angosta, de pedruscos gruesos, con pocas obras de arte, era la única salida al mundo y la primera carretera en la historia municipal. Era, al fin, un enorme logro que no pudieron frustrar los enemigos del progreso acolitados por el cura Herrera.

EL CARNAVAL, EL CARNAVAL…

El riosuceño Teófilo Cataño organizó los festejos del “Carnaval de La Bruja” siguiendo los cánones del Carnaval del Diablo del vecino municipio de Riosucio. Fueron tres días de jolgorio y trago bajo la tutela de una enorme bruja fabricada por Cipriano Ochoa, un tallador dicharachero, el mismo que pintó los cuadros del Viacrucis consumidos por el incendio del templo en diciembre del año 2016

 Mariano Latorre, un bohemio que vivía a medio palo por cuenta de sus amigos, recitaba poemas alusivos al magno acontecimiento y rompía bombillas con sus canto mientras Laura “La Copetona” y Tulia “La Cucaracha,” con colegas venidas de Filadelfia, escandalizaban a medio pueblo montadas al anca de los caballos de los desfogados parranderos.

El carro del ansermeño “Pocholo” fue el primero en rodar por las calles de Quinchía.  A la entrada, en lo que hoy es el barrio Galán, lo ovacionaron las muchachas de la vida alegre, en tanto los voladores estallaban en el cielo y la banda de los Calvo rompía el aire con una marcha patriótica. Luego hubo abrazos, brindis con champaña y el entonado discurso de Joelito Trejos, muy aplaudido por el alcalde Diosdado Medina, por José Natalio Trejos y los concejales que tuvieron la gentileza de escucharlo, pues casi todos ellos estaban ocupadísimos dando vueltas en el carro de “Pocholo”. Después del carro del ansermeño llegó de Riosucio el vehículo de  un español oriundo de   Badajoz de apellido La Hidalgo.

Pocholo y La Hidalgo monopolizaron el transporte local  hasta que en  1936 el  jericuano Luis Ángel Cardona Salazar, reforzó el parque automotor con un  automóvil Ford manejado por Manuel Robledo y   un bus escalera de colores vivos que tenía un  indio pielroja pintado en  la parte trasera del vehículo y estaba manejado por Roberto Patiño

Después de treinta y cinco años de inaugurado el tramo hasta La Ceiba se construyó la carretera entre Quinchía y Naranjal que al cabo de muchos años llegó hasta Irra. En la actualidad todas las veredas están conectadas con la cabecera; los cronistas locales no han registrado la lucha que ha implicado cada una de ellas. No hay registros del ramal de La Ceiba ni del Carnaval de la Bruja, cuya memoria se ha revivido gracias a los testimonios de don Melquisedec Gómez, un notable prócer local que no cuenta siquiera con una placa que recuerde sus valiosos aportes a la comunidad.

viernes, 19 de enero de 2018

EL ENCUENTRO DE LA PALABRA EN RIOSUCIO



Alfredo Cardona Tobón
 
                      Segundo Encuentro de la Palabra en el Teatro Cuesta


 En los Encuentros  de la Palabra de Riosucio se han formado varias generaciones que están rescatando la identidad de la provincia; su origen se remonta a fines de 1983 cuando los editores de la revista “Imágenes y Sueños”, de la población  de Aguadas, convocaron a poetas y escritores del norte y occidente del Viejo Caldas con el objeto de organizar el lanzamiento del quinto número de esa publicación cultural.

Fue una reunión de amigos, de viejos conocidos, coordinada por  Manuel Tiberio Parra, el “notario notorio”, con el apoyo de José Sánchez, Gustavo Adolfo Jaramillo y otros escritores y con el aval de la flor y nata de la sociedad aguadeña que volvía sobre los fueros de la hospitalaria “Ciudad de las Brumas”.

Esa noche se desgranó poesía, hubo música y vino, se habló de la provincia y sobre todo de la necesidad de descentralizar las manifestaciones culturales, monopolizadas por  los intelectuales radicados en Manizales.  El  proyecto tonó forma: Héctor Echeverri, César Augusto López y demás compañeros editarían la quinta versión de “Imágenes y Sueños” mientras los riosuceños se comprometían a organizar en la “Perla del Ingrumá” un encuentro de escritores y poetas de la provincia caldense que enmarcaría la presentación de la revista.

En enero de 1984 se reunieron en Manizales Álvaro Gartner, César Valencia, Eliecer Zapata, Alfredo Cardona y Edith Bustos y en la segunda planta de una casona del “Parque del Banano” se dio forma al “Primer Encuentro de la Palabra del Noroccidente de Caldas”.
César Valencia Trejos, Alvaro Gartner Posada, Eliecer Zapata Bonilla- 1984

Al anochecer del 18 de febrero de 1984 un grupo de  escritores, poetas e intelectuales  se reunieron en el bar “Leño Verde” en Riosucio y el “Encuentro de la Palabra” desplegó sus alas para encumbrarse y ocupar un sitial de honor en la vida de ese municipio con alma de matachín y corazón de poeta. Entre música y muchos versos se habló de la cultura de la provincia y fijó una hoja de ruta que Augusto León Restrepo condensó en cinco puntos, algunos de los cuales no han  pasado de ser meros sueños. Esos puntos fueron:

1-    Creación de un Centro de Investigaciones Históricas

2-    Publicación de un órgano para recoger la obra de los escritores de la provincia.

3-    Fortalecimiento de las Casas de la Cultura

4-    Fundación de un museo antropológico

5-    Fundación de un museo folclórico artesanal.

EL PALADIN DE LA PALABRA

El segundo Encuentro con la historia se desarrolló entre el 18 y el 20 de mayo de 1964. A partir de entonces César Valencia Trejos se convirtió  en el gran  capitán del magno evento  y   Otto Morales Benítez en el impulso vital de la  generación riosuceña que en “Leño Verde” empezó a sacar a la provincia caldense del marasmo cultural que la paralizaba.

Se creó el  “Centro de Investigaciones Históricas” que constituyó  el embrión de la Academia Caldense de Historia y los  “Encuentros de la Palabra” se convirtieron en catalizadores de la cultura provinciana y en  vitrina para que propios y extraños conocieran los autores de innumerables obras de literatura, poesía e historia que enriquecen el acervo cultural comarcano, entre los cuales podemos nombrar la revista “Papel de Oficio” de  Jaime Ramírez,  la revista “ El Ateneo” en Viterbo, “Impronta” de la Academia Caldense de Historia ,   “Pindaná de los Zerrillos” de la Academia pereirana de Historia   y por consiguiente la obra de los invitados  a los encuentros.

“En defensa de la provincia debemos  librar todos los combates”  fue el lema de Otto Morales Benítez tomado como bandera por los fundadores del Encuentro de la Palabra y  con esa filosofía Oscar Escobar, César Valencia, Héctor Jaime Montoya y Arcesio Zapata, en nombre del equipo  cultural “El Riosuceño” fijaron las bases para un proyecto  que no ha perdido su esencia ni sus objetivos iniciales. “La palabra es el traje del pensamiento” – afirmó Miguel Vargas García en “Leño Verde” y a fe que  con ese ropaje  se ha ido embelleciendo cada vez más la cultura comarcana
LA FUERZA DE LA PALABRA

En  la cita en “ Leño Verde” la  palabra se entreveró con la alegría y la amistad: Gilma de los Ríos leyó un poema, Hernando González Trejos hizo volar la imaginación con sus versos, mientras las figuras de Carlos Martínez (Tatines) y Bernardo Cano García (Berceo), en medio de luces y de risas parecían fundirse con estampas salidas de capítulos de Quevedo. Fue una noche mágica adornada por Lorena Gartner, Luz María Motato y Amparito Velasquez, y animada por Niceas Trejos, Jaime Ramírez… tantos amigos, unos idos y otros que siguen luchando por la cultura  caldense.

La fuerza de la palabra crea identidad, redescubre la grandeza de nuestra gente y exalta sus valores; la palabra que agrupó los clanes primitivos, creció en las aldeas, donde  empezaron a urdirse la trama, los argumentos, los versos y las canciones. Por eso no se puede olvidar que  la  cultura corre   por  las calles pueblerinas y late igualmente en el corazón de los vates más humildes  con sus  versos cojos y frases patituertas.

Aunque  Riosucio no cuenta con los despliegues mediáticos de  Cartagena y Bogotá es un faro que en recintos como el  Teatro Cuesta o las plazas de sus caseríos, ilumina a un pueblo de poetas y troveros que irradia su luz al resto de la provincia.