miércoles, 5 de enero de 2011

En defensa de Doña Magdalena Ortega


EN DEFENSA DE DOÑA MAGDALENA ORTEGA DE NARIÑO
Alfredo Cardona Tobón*
Una serie de televisión está presentando la vida novelada de Policarpa Salavarrieta, “La Pola”. La programadora se luce con el vestuario y la ambientación, y los actores, sin excepción, representan de maravilla los distintos papeles.
Hasta allí todo está bien, pero aunque se advierte en letra pequeña que es una obra de ficción con fondo histórico, ello no excusa los errores garrafales que están desorientando y entregando una información equivocada al espectador común, tan ajeno a los acontecimientos patrios.
La vida de “La Pola” y de los personajes dan para todo lo que se quiera, sin necesidad de inventarles situaciones que lesionan la verdad y van contra el honor de una dama tan digna de respeto como Doña Magdalena Ortega, esposa de Nariño.
LOS HECHOS
En el año 1998 la genealogista  Carmen Ortega Ricaurte, Directora en ese entonces del Museo Veinte de Julio, hizo restaurar un retrato, del cual  se afirmaba, sin pruebas, que correspondía a Doña Magdalena Ortega de Nariño. Al retirar una capa de pintura se vio que cubría un medallón con la imagen de Jorge Tadeo Lozano, un criollo destacadísimo de la sociedad santafereña sin nexos familiares con Doña Magdalena Ortega.
Lo anterior sirvió para que la Directora del Museo tejiera una serie de infundios que relacionaban sentimentalmente a la esposa de Nariño con el rico terrateniente del medallón.
Abierto el debate, la genealogista Beatriz Barón de Blanco, afirmó que el citado retrato no correspondía a Doña Magdalena, como se había dicho, sino que era de Doña María Tadea Lozano e Isasi, hija del segundo Marqués de San Jorge y esposa de su tío Jorge Tadeo Lozano. El pintor del cuadro, dice la señora Barón, fue Joaquín Gutiérrez, gran amigo de los Tadeo Lozano y autor de varios cuadros de la familia.
En el retrato en cuestión se ve a  la dama con un niño; ella viste un traje de moda imperio, que corresponde a la época parisina entre 1806 y 1807, y la edad del infante no pasa de un año. Si el cuadro fuera de Doña Magdalena con la moda de 1807, en ese entonces su hija menor tenía ocho años y no un año como se ve en el citado cuadro.
Además de lo expuesto, la corona que lleva  la dama del retrato corresponde   a un atuendo de marquesa, que lógicamente luciría Doña María Tadeo, la esposa del marqués,  y de ninguna manera otra mujer ajena a Tadeo Lozano.
OTROS ARGUMENTOS
Del matrimonio entre Nariño y Doña Magdalena  hubo cinco  hijos. Los tres primeros fueron varones y las dos últimas mujeres: Mercedes nació en 1798 e Isabel nació en 1799.
Como Antonio Nariño estuvo preso en el Cuartel de Caballería entre  agosto de 1797 y agosto de 1803., los malpensados afirman que Mercedes e Inés no pueden ser hijas del Precursor, pues nacieron mientras Nariño estaba en prisión. Pero olvidaron, o no tuvieron en cuenta, que tanto el virrey Ezpeleta como el virrey Mendinueta autorizaron la entrada de Doña Magdalena al lugar de reclusión y lo visitaba a diario para llevarle alimentos  y drogas. Así, pues, nada tuvo de extraño que los esposos tuvieran momentos de intimidad que dieron como resultado los dos últimos embarazos de Doña Magdalena.
PUEBLO CHICO INFIERNO GRANDE
Era imposible que una sociedad machista, pacata, clerical, envidiosa y chismosa como  la   santafereña de la época colonial, pasara por alto un desliz continuado, como el que le achacan a la esposa de Nariño. Fuera de lo anterior no hay crónica de la época que ventile tan espinoso episodio, ni enemigo del prócer que le endilgue su tolerancia o debilidad ante una ofensa de tal magnitud.

Tres meses después de la muerte de Doña Magdalena, Nariño descarga su dolor en  la edición No. 3 del periódico "La Bagalela". " ! Oh ! ! Mi Emma!, decía cambiándole el nombre. Tu habitas ya en un eterno silencio., tu alma, aquella  bella alma que partió mis penas y mis placeres voló al Seno del Creador Y ahora yo...solo, en medio de las sombras de la noche, rodedo de un pavoroso silencio, levanto mi voz trémula... Emma... Emma... querida mita de mi mismo, respóndeme o haz que se entreabra la losa que te oculta y me reciba en su seno." Nariño llora con infinita ternura la desaparición de su esposa que fue amiga, consejera, sustento en las mazmorras, bálsamo para las llagas que le hicieron los grillos y las cadenas.
Ese dolor no podia ser el  de un esposo engañado. Era lo que se merecía una mujer abnegada cuya muerte atravesó el corazón de Antonio Nariño.
La ciudad que repudió a Manuelita Saenz y cubrió de ludibrio el nombre de las Ibañez nunca dijo nada sobre Doña Magdalena, una valerosa mujer que soportó con estoicismo las expropiaciones, las dificultades y la persecución política. El honor de Doña Magdalena solamente aparece enlodado cuando se descubre el medallón en un cuadro, que definitivamente no es el de la esposa de Nariño.

Cuando el virrey Mendinueta trasladó a Nariño a una finca, ante el grave deterioro de la salud, el doctor Francisco Mesa, un sacerdote tío de Doña Magdalena, compró la hacienda “La Milagrosa” para que viviera  Nariño y su familia y tuviera la posibilidad de sostenerse en medio de su aguda pobreza. Fue una donación valiosa a nombre de Doña Magdalena, que un clérigo de la época sólo habría hecho a una persona de la más acrisolada conducta, sin las tachas que irresponsablemente le endilgan a la esposa de Nariño en la telenovela
OTROS PEROS DE LA OBRA DE TELEVISIÓN
Debemos reconocer a la programadora que se haya alejado de la basura de narcos y asesinos con la que alimenta el morbo de los colombianos, pero es una lástima que sus libretistas no hayan consultado fuentes históricas serias para desarrollar la trama de “La Pola”. Por ejemplo Alejo Sabaraín nunca estuvo en España, fue un combatiente valeroso que se distinguió en Mompox, Cartagena y Pasto. Sabaraín  conoció  A María Ignacia en Popayán mientras era subteniente en la campaña del sur y desde entonces sostuvo con ella un romance que durá hasta su muerte. Fuera de los errores enunciados, el Precursor jamás desarrolló una vacuna contra la viruela y no conoció a la Pola.
 Hay que agregar que al morir los padres de Policarpa Salavarrieta, la jovencita rodó de casa en casa: primero vivió en Tena, luego en Guaduas y por último en Santa Fe de Bogotá. Los episodios de la hermana de La Pola con los esclavos son invención del libretista y se atenta contra la imagen de Domingo García, cuñado de La Pola, cuya casa fue un nido de conspiradores patriotas.
Como se ve,  la realidad es a menudo superior que la ficción. En este caso no era necesario acudir a la calumnia ni a errores históricos , por  otra parte ésta falsificación atenta contra nuestro pasado y no me explico cómo a pesar de los reclamos de las Academias de Historia de Cundinamarca y de Caldas la programadora de televisión no  haya aclarado en letra gruesa y visible que su telenovela es eso, una telenovela y no la recreación de la vida de Policarpa Salavarrieta..
*alcartob@gmail.com



lunes, 3 de enero de 2011

Ruanas y Bayonetas


En la presentación  de este libro el escritor Jorge Eliecer Zapata Bonilla escribe los siguente:
“ Alfredo Cardona Tobón no trascribe el dato bibliográfico como la mayoría de nuestros escritores de historia; descubre el documento, y sobre la base cierta de la primicia notarial o eclesiástica, levanta el estudio que dilucida todo un enmarañado proceso. De ahí su seriedad intelectual, del deseo de ser cierto en sus estudios, no importa que ellos desmitifiquen, o desarmen todo el andamiaje de una teoría  sostenida reiteradamente para justificar noblezas o encubrir desaciertos”
Este libro de nueve crónicas breves recoge historia de la banda izquierda del río Cauca en la zona del Viejo Caldas, se refiere a guerrilleros de los Mil Días, episodios inéditos de la colonización paisa en ese territorio, recuerda la inmigración europea en Marmato y las gestas de valientes soldados de la región en la guerra de Corea.
Es un abrebocas que el autor escribió con el ánimo de ampliarlo posteriormente y los temas no faltan. Posiblemente se verá en un futuro no muy lejano la segunda edición de esta obra  con temas similares a los tratados.

Los milagros de Peraltica- Cuento costumbrista-


Alfredo Cardona Tobón





Sabemos por Tomás Carrasquilla que el alma justa de Peralta se volvió chirriquitica y se acomodó en la cruz del orbe que lleva el Dios Padre,   para poder  gozar eternamente de la presencia divina; pero como Peralta era tan bueno no aguantó las ganas de volver al mundo a practicar obras de caridad y por eso  a cada rato le pedía permiso al Señor para darse una vuelta por este mundo y ayudar a tanto descreído que se iba derecho al infierno.
-Dejá esa ventolera, le dijo San Gabriel-  No te metás en vainas que eso por allá está muy peligroso y de pronto te crucifican como al Patrón.
No bastaron recomendaciones ni cantaletas y tanto jorobó que consiguió que el  Altísimo le diera permiso de regresar a sus antiguos correderos y hacer unas cuantas obras de caridad.
Peralta se disfrazó de vendedor de cachivaches y al empezar diciembre anduvo por Amalfi y por Caramanta, por Medellín, Manizales y Pereira. Pero poco se demoró en estos andurriales,  pues lo agarró el aburrimiento al ver tanta maldad, tantas  viejas casi en bola y tanta parranda y despilfarro de plata en la época de Navidad.
Triste, preocupado y compungido Peralta  regresó al cielo y de inmediato le puso la queja a Nuestro Señor. Peraltica- le dijo Jesús- yo nada puedo hacer para enmendar esa gente, acordate que yo estoy sujeto a eso del libre albedrío y a duras penas tengo facultades para perdonar tantas barrabasadas, cuando a última hora les da por hacer méritos para el cielo.
 Los santos, los ángeles y los arcángeles, que vivían tocando lira y pasando bueno, que no sabían de la misa la media, como dicen las señoras,  se escandalizaron con  el informe de Peraltica y pidieron un castigo ejemplar para toda esa tracamandada  de pecadores que habían olvidado los diez mandamientos de Dios y los de la Iglesia.
San Benito Abad pidió que se congelaran los mares y los ríos por la época de diciembre para que los turistas no armaran escándalo y no dieran tanta lora; San Antonio Nacianceno propuso que el aguardiente se convirtiera en ácido para que nadie lo probara y San Antero sugirió  que a todas las mujeres que salieran a la calle semidesnudas les dieran calambres y que los pedigüeños de aquello se quedaran mudos de por vida.
Nuestro Amo escuchaba y escuchaba. Algo susurró a la Virgen y la Señora con esa suavidad que se gasta  recordó a la concurrencia de ángeles y serafines, santos y beatos, que las cosas no funcionaban por las malas. Que ahí tenían el ejemplo de Sodoma y Gomorra, el diluvio universal, las siete plagas de Egipto, la violencia en Colombia.y que pese a semejantes castigos  los hombres seguían en las mismas y aumentando el saldo rojo.
Entonces  la Santísima  Trinidad en pleno, es decir, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo le dijeron a Peraltica: Hombre mono, como vos sos tan santo y estás tan preocupado, te vamos a conceder la facultad de hacer tres milagros, a ver qué podés  hacer por esa gente.
¡Claro!, como este zorombático tiene tanta vara con mi Señor, le dieron un permiso que solo le dan a los que santifica el Vaticano- dijo por lo bajo San Isidro.  Verá el tonto éste- agregó Santa Inés – que es capaz de  pedir otra vez que le permitan ganar al dado, secuestrar la muerte y sacar del infierno a más liberales comecuras.
El mundo estaba revuelto: los borrachos, los concubinos, las fufurufas y los tahúres habían convertido la zona cafetera en un antro de perdición. Muy pocos se acordaban del pesebre, de la venida del Niño, del novenario y menos aún de  la oración y la penitencia.
En vísperas de navidad el reloj marcaba la cinco y cuarto de la mañana… el sol empezaba a teñir de luz el horizonte cuando se presentó algo inusitado, algo que paró en seco a los trasnochadores e hizo salir a todo el mundo a las terrazas y a las avenidas, por el oriente empezó a verse la aurora boreal, como en los polos,  y por todos los puntos cardinales aparecieron enormes arco iris que se entretejieron iluminado los valles y las montañas, las llanuras y los mares.
¡Milagro¡- decían unos;  otros, obnubilados por el pecado, aseguraban que era un montaje de la NASA para promover los amaneceres que iban a comercializar los gringos.
A medio día, cuando aún se comentaba el extraordinario suceso, apareció otro más asombroso: empezó a soplar un viento suave con olor a flores que fue creciendo e impregnado de aroma toda la tierra y luego empezaron a llover rosas, claveles y tulipanes que al tocar el suelo se convertían en sinsontes, en turpiales y ruiseñores que en enormes bandadas levantaban vuelo silbando canciones de Navidad.
 Es el contrapeso chino para neutralizar a la NASA- seguían diciendo algunos ateos, pero la mayoría de la gente viendo semejantes portentos empezó  a cerrar los bares y a desempolvar el pesebre.
Al anochecer del 24 de diciembre  Peraltica remachó con broche de oro. Se   oyó el sonido de millones de campanas por montes y cañadas, por callejones y autopistas, la luna empezó a brillar como una gran farola y las estrellas fulguraron como bombillas de navidad.
Ya nadie habló de la  NASA ni de los chinos: hombres y mujeres, niños y ancianos, justos y pecadores se arrodillaron y ante los improvisados pesebres celebraron la nueva llegada del Señor.
Desde lo más alto Peraltica sonrió complacido. Con su caminadito de “yo no fui” se fue acercando a la Santïsima Trinidad, haciéndose cada vez más chiquito, y de un brinco se instaló, no en la cruz del orbe como contó Tomás Carrasquilla, sino bajo las plumas del guargüero del Espíritu Santo.
*alcartob @gmail.com

domingo, 2 de enero de 2011

Verdad y ficción en la vida de la Pola


Alfredo Cardona Tobón*
La Pola fue una hábil espía, valiente, bonita, patriota, con ilustración poco común para las mujeres de la época, de gran independencia de carácter, con liderazgo y espíritu aventurero.
La Pola, o Apolinaria o Polonia o Gregoria   nació en Guaduas a fines del siglo diecisiete y fue la séptima hija de una familia de nueve hermanos cuyos padres fuero nJoaquín Salavarrieta , oriundo de El Socorro y Mariana García natural de Moniquirá-
Joaquin se avecinó en Guaduas  entre los años 1788 y 1798 y aunque no tenía el título de don fue respetado por la comunidad en tal forma que por la época de la revolución comunera Joaquín Salavarrieta desempeñaba el cargo de Corregidor de la Villa.
El arzobispo virrey Caballero y Góngora alarmado por las continuas peregrinaciones del pueblo que se reunía a orar frente a los restos despedazados de Galán y demás comuneros sacrificados tras la revuelta, ordenó recoger los restos de las víctimas del salvajismo colonial. Entonces  Toribia Verdugo, esposa de Galán y sus hijos emprendieron el recorrido para recoger los restos del líder comunero por El Socorro, San Gil, Mogotes y Guaduas  donde el corregidor Salavarrieta les entregó la calavera.
En  1898 la familia Salavarrieta se trasladó a Santa Fe para buscar una mejor educación de los hijos. El 14 de agosto de 1802, en la quinta epidemia de viruela muere Mariana Rios y el 7 de septiembre fallece Joaquín: poco después mueren de viruela  sus hijos Maria Ignacia y Eduardo.
La Pola queda huérfana con apenas seis años: la versión más documentada nos cuenta que  el Doctor Manuel Martinez de Zaldúa, abogado de la Real Audiencia y amigo de la familia, acogió a la niña y la llevó donde su hermana María Matea, que la educó como si fuera una hija. En el hogar de los Martinez, Apolinaria o Policarpa, aprendió a leer y escribir, a coser  bordar y tocar guitarra y  asimiló el patriotismo y el amor por la libertad  que guiaron todos sus pasos.
Cuando Catarina, su hermana mayor, contrajo matrimonio con Domingo García, Policarpa se reintegró en Guaduas al clan de los Salavarrietas. La jovencita hizo causa común con los republicanos y con Nariño, bajo cuyas ordenes militó su cuñado Domingo que murió en combate cerca de Popayán. El hermano menor de La Pola, llamado Bibiano,  sirvió desde 1815 en las tropas patriotas, luchó al lado de Rovira en la acción de Cachirí y bajo el mando de Serviez y con el grado de subteniente cayó en  poder de los españoles cuando la tropa que se retiraba a los Llanos fue alcanzada en la cabuya de Cáqueza.
LAS ACTIVIDADES SUBVERSIVAS
Después de la reconquista española la Pola y otros patriotas tuvieron que salir de Guaduas. Con pasaporte falso y las recomendaciones del guerrillero Rodríguez la jovencita trabajó como costurera en Santa Fe y se vinculó a la red subversiva de la capital del virreinato. Con la llegada de Policarpa a Santa Fe los trabajos políticos se intensificaron; como ella no era conocida en la ciudad, salía y andaba con libertad facilitando la correspondencia de las juntas patriotas de Santa Fe con las guerrillas de Mariño, de Niebla de Rodríguez y de Santander.
Después de los ataques insurgentes a Pore y a Chita y el descalabro de las avanzadas realistas en los llanos, arreció la actividad insurgente en  Santa Fe . Se vio que los españoles no eran invencibles y  su debilidad quedó al descubierto. Entonces se pensó en una insurrección general apoyada por las fuerzas llaneras, lo que desató el pánico de las autoridades coloniales que intensificaron las pesquisas y las ejecuciones.
Tras una intensa labor de inteligencia los españoles descubrieron las actividades de  Juancho Molano y lo fusilaron y dieron con le paradero de la escurridiza Pola, a quien capturaron el 4 de septiembre de 1817 junto con su  hermano Bibiano.
LAS ACTIVIDADES REVOLUCIONARIAS
Los españoles creyeron que sacrificando a la flor y nata de la juventud granadina iban a frenar el fervor libertario; pero se equivocaron totalmente: no bastó el terrible baño de sangre de los  “pacificadores” para acabar con la actividad republicana; a los caballerosos contendientes criollos sacrificados por Sámano le sucedieron los caudillos de la gleba, tan bárbaros como los esbirros del poder colonial.
Por doquier resurgieron las guerrillas, que mimetizadas en el piedemonte llanero, en las serranías de El Socorro y en los pajonales de Casanare hicieron añicos a cuanta columna se enviaba para contenerlos y tomar control de la zona.
Las guerrillas llaneras de Galea, de Mariño y de Santander empezaron a fraguar  un asalto  para tomar la altiplanicie y marchar hacia Santa Fe con el apoyo de las juntas patriotas, que enviaban recursos, recababan información y reclutaban personal. Dado que parte del batallón Numancia acantonado en Santa Fe, estaba formada por combatientes patriotas reclutados a la fuerza, una de las misiones de la Pola fue contactarlos para que desertaran con armas y bagajes y se unieran a las tropas de Casanare.
Doña Andrea Ricaurte de Lozano consiguió que la Pola trabajara como costurera en casas patriotas y realistas de Santa Fe. En esa forma logró hacer contactos y conseguir información que trasmitía a las juntas y a las guerrillas patriotas. Paralelamente la joven calentana destilaba aguardiente, que guardaba en casa de un español de apellido Romero y que luego vendía  a sus amigos y en la fonda de Candelaria Alvarez, una antioqueña, que atendía en el antiguo mesón de estudiantes a las tropas realistas acantonadas en Santa Fe, y donde se hacían los contactos con quienes pretendían desertar de las fuerzas coloniales y unirse a la tropa de Santander o de los guerrilleros llaneros.
LOS AMORES DE LA POLA
En sus Memorias, Hilario López narra con detalle las horas previas al sacrificio de La Pola, de Sabaraín y demás prisioneros, pero no  vincula sentimentalmente a la heroína  con Alejo Sabarain, un joven  republicano que combatió en Cartagena , hizo parte de las tropas de Nariño y actuó en la misma célula insurgente de La Pola.

 En el combate de La Cuchilla de Tambo Sabaraín cayó prisionero de los españoles, cuado iba camino al paredón lo indultaron  y  con otros compañeros se le condujo a Santa Fe donde fue internado en una cárcel. Por una amnistía de Fernando VII a raíz del embarazo de la reina y las bodas del Infante Carlos, Alejo Sabarín  quedó libre el  primero de julio de 1817, y pese a la represión y el peligro se integró a las células revolucionarias de Santa Fe que proyectaban un ataque a la capital con el auxilio de las guerrillas llaneras.
Sabarain   conoció a la Pola  posiblemente en la casa de Doña Andrea Ricaurte de Lozano, cuya casa servía de centro de operaciones de las juntas patrióticas de la capital y de contacto con las guerrillas de Casanare.
Se ha escrito mucho sobre un romance entre Sabaraín y la Pola, pero parece que entre los dos jóvenes solo existió una amistad fortalecida por su lucha contra los tiranos. En 1817 Alejo estaba comprometido con María Ignacia Valencia Caicedo, una niña de alta sociedad, hija de la dama patriota Doña Eusebia Caicedo Santamaría, viuda de don Gaspar Alonso Valecia.Doña Eusebia vivía en Popayán junto con su marido, pero al fallecer don Gaspar, se trasladó a la casa de su tio Fernando Caicedo, que se convirtió en el segundo padre de María Ignacia y de su hermana María Josefa.
 Alejo Sabaraìn fue amigo del joven payanés Hilario López. Al ser apresados por los españoles en la Cuchilla de Tambo se les confinó en una prisión de Popayán., En las tantas visitas que hizo Doña Eusebia consu hija a Hilario López, que era un pariente cercano, nació el romance entre Sabaráin y Maria Ignacia, que continuó al trasladarse la niña a Santa Fe y seguir visitando a Alejo en la correccional de la ciudad.
La Pola, según el cronista José María Caballero  era una mujer    arrogante y de bellos procederes, buena moza, bien parecida y de buenas prendas… constante e incomparable mujer” y según Ambrosio Almeyda era una joven de intachables prendas morales que contó siempre con el apoyo de su hermano José María, un sacerdote agustino calzado, que es obvio no toleraría un desliz ni amoríos clandestinos de su hermana.
La historia de amor fue entre María Ignacia y Sabaraín . La bella payanesa organizaba bailes de sociedad y allì recababa información que trasmitía a Andrea Lozano y a la Pola. La red de informantes compuesta por damas de la alta sociedad y  mujeres modestas se valía de Doña Juana Petronila Nava y Serrano, esposa del mártir Francisco Javier García Hevia, quien enviaba datos y correspondencia a los llanos  mediante su esclavo Inocencio Calacuerda, un osado negro conocedor de todos los esteros y caminos del Casanare.
En el intento de unirse con las guerrillas llaneras, Sabaraín siguió a varios soldados del batallón Numancia que desertaron con armas y bagajes y tomaron la vía hacia Casanare. Infortunadamente una patrulla realista los interceptó y amarrados los condujo prisioneros a Santa Fe. Entre la correspondencia incautada los españoles encontraron una carta dirigía al jefe guerrillero fray Ignancio Mariño con firma de la Pola. Los españoles iniciaron la búsqueda de Policarpa y tras algunas pesquisas el sargento Iglesias dio con su paradero y la capturó junto con su hermano  Bibiano.
 El 14 de noviembre de 1817 salieron camino al cadalso la Pol, Sabaraín y otros catorce condenados a muerte. No  se oyó un sollozo ni una súplica. Los tambores acallaron las maldiciones de la Pola. Decía que prefería el infierno si se le exigía perdonar a los verdugos de su pueblo e increpó al pueblo indolente que llenaba la plaza para ver la ejecución, sin protestar por la ejecución de los patriotas : “Miserable pueblo!- Yo os compadezco, algún día tendrán más dignidad”-
Al llegar al banquillo se arrodilló, aseguró su falda y esperó la descarga . A las once de la mañana el plomo desgarró su espalda, la sangre  patriota empapó el suelo bogotano; con el marco imponente de los cerros de Monserrate y Guadalupe empezó el mito de la Pola.
Los cadáveres de las víctimas quedaron en el patibulo  el resto del día, al anochecer los Cofrades de la Piedad del templo de la Veracruz los recogieron y los  dos atribulados sacerdotes salavarrietas reclamaron el cuerpo de su hermana, que no fue colgado de la horca por ser mujer, y lo sepultaron en el templo de San Agustín.
A los cadáveres de  Sabaraín, Arellano y Salvador Díaz se les suspendió de la  horca después de acribillarlos a tiros; a Antonio Galeano, Antonio Suarez y a Manuel Manrrulos, por ser soldados, solamente los fusilaron.
 Desde su casa María Ignacia Valencia escuchó los disparos que segaron la vida de Sabaraín, tres meses y veinte días más tarde la delicada niña de Popayán también entregó su alma al Creador, quizás para hacer compañía a su amado.

ANEXO. ÚLTIMAS HORAS DE LA POLA
 RESUMEN DEL CAPITULO X DE LAS MEMORIAS DE JOSÉ HILARIO LÓPEZ
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Entrados en  capilla la Pola y sus cómplices a saber: Sabaraín, Arellano, Arcos, Díaz, Su´rez, Galiano y Marufú,  y habiendo tocado la guardia y escolta a mi compañía, se me destinó en el primer cuarto de centinela a la capilla en donde estaban los tres primeros, los cuales me hicieron la más tiernas manifestaciones de amistad, recomendándome su memoria , como que todos tres eran de los ilustres restos del Ejercito del Sur, en el cual habían servido hasta la clase de subtenientes Sabaraín y Arellano...
A este tiempo, el teniente Manuel Pérez, que comandaba interinamente la compañía entró a la capilla con el objeto de visitarla, y habiendo observado mi llanto me preguntó la causa. Usted no ignora mi teniente, le dije, que yo he sido compañero de capilla en otra ocasión con el señor Sabarain, y por consiguiente, no debe extrañarle que esos recuerdos me hayan producido las lágrimas que usted observa..
Relevdo que fui, al pasar por la capilla donde estaba la Pola, éta que me observó lloroso, me dijo: No llore Lopecito por nuestra suerte; nosotros vamos a recibir un alivio librándonos de los tiranos, de estas fieras, de estos monstruos...
Desde el punto en donde me situé de centinela podía oir perfectamente todo cuanto decía la Pola y ver todas sus acciones. Al principio observé que replicaba con algunos sacerdotes que la exhortaban a confesarse y aplacar su ira. Ella les decia en voz alta y con un aspecto en que estaba pintada la ira, la resolución y  el patriotismo lo que poco más  o menos es como sigue : En vano se molestan, padres mios, si la salvación de mi alma consiste en perdonar a los verdugos mios y de mis compatriotas, no hay remedio, ella será perdida, porque no puedo perdonarlos.... dejenme ustede desahogar de palabra mifuria contra estos tigres,ya que estoy en la impotencia de hacerlo de otro modo..."
La nueve de la mañana era la hora señalada para la ejecución.. A mi me había tocado la segunda fila de la escolta que debía fusllar a esta singular mujer... después de muchas dificultades logré ser  excluído de tan  terrible encargo a pretexto  de que mi fusil no estaba muy corriente...
Al dar el  primer paso de la puerta a la calle se descubrió el Mayor de la plaza...No bein fue visto por la Pola, cuadno, resistiéndose ésta a marchar, para lo cual hacía los más grandes esfuerzos, y encendiéndose nuevamente la ira, decía alos padres que la auxiliaban: " por Dios, ruego que se me fusile aquí mismo si ustedes quieren que mi alma no se pierda¡- ¿ Como puedo yo ver con ojos serenos a un americano ejecutor de estos asesinatos?..¿ Por què no se me quita de una vez la vida?- ¿ Por qué  se aumenta mi tortura en los últimos momentos que me restan poniendo ante mis ojos estos monstruos de iniquidad, estos imbéciles americanos,  estos instrumentos ciegos del exterminio de su patria?
La Pola marchó con paso firme hasta el suplicio... llegada al pie del banquillo, volvió otra vez los ojos hacia el pueblo y dijo: ' Misearable pueblo¡  Yo os compadezco, algún día tendrés m´´as dignidad. Entonces e le ordenó que se montase sobre la tableta del banquillo porque debía ser fusilada por la espalda como traidora; ella contestó:  No es propio ni decente en una mujer semejante posición, pero sin montarme yo daré la espalda si esto es lo que se quiera. Medio arrodillàndose luego sobre el banquill y presentando la mayor parte de la espalda se la vendó y aseguró con cuerdas, en cuya actitud recibvieron ella y sus compañeros, una muerte que ha eternizado sus nombres y hecho multiplicar los frutos de la libertad.

ANEXO TOMADO, CON ALGUNOS CAMBIOS DEL  LIBRO  MUJERES LIBERTADORAS DE ENRIQUE SANTOS MOLANO-

Ensamblando las piezas de los distintos relatos sobre Policarpa, se deduce una versión nueva con amplios visos de veracidad y más realista, en cualquier caso,  que el mito romántico de los amores de La Pola con Alejo Sabaraín. Comprometido con su novia , María Ignacia Valencia Caicedo ( hija del payanés Gaspar de Valencia e Ibarra y de la santafereña Eusebia Caicedo y Santamaría), el joven patriota Alejo Sabaraín, peleó al lado de Liborio Mejía en la batalla de la Cuchilla de Tambo el 27 de julio de 1816. Los realistas capturaron a Sabaraín con otros oficiales republicanos. A Liborio Mejía  lo fusilaron en agosto y diez oficiales fueron condenados a muerte, entre ellos Alejo Sabaraín. A metor del patíbulo, los salvó un indulto de última hora.  Alejo va preso a Santa Fe y poco después de su llegada aparece Gregoria Apolinaria Salavarrieta, llamada La Pola, y que vino de Gachetá con la misión que le encomendaron los hermanos Almeyda de organizar en la capital el espionaje patriota y coordinar la ayuda para las guerrillas y el ejército d los llanos. Policarpa contactó a los oficiales remitidos de Popayán y obligados a servir en las filas realistas y ellos se comprometieron a trabajar en la red de espionaje. La Pola aparece en Santa Fe como una modista que se gana la vida  haciendo costuras para las señoras encopetadas de la capital.
Alejo contó a su novia Ignacia sobre las actividades de La Pola y Maria Ignacia la apoyó en su labor de espionaje.  Policarpa confecciona los vestidos de las señoritas  Valencia Caicedo, María Ignacia y su hermana María Josefa. Las hermanas Caicedo organizan bailes con oficiales realistas y Maria Ignacia le pasa toda la información recogida en los bailes a La Pola, así estas dos jóvenes, la corajuda aristócrata y la humilde costurera trabajan en llave sin despertar sospechas de las autoridades coloniales. Cuando Sabaraín trato de unirse a las guerrillas del llano cayó en manos de los españoles y cartas que le incautaron incriminaron a La Pola. Ni La Pola ni Sabaráin  incriminaron a Maria Ignacia y demás activistas de la red de patriotas.
Las campanas que el 14 de noviembre de 1817 anunciaron la marcha de Alejo hacia el patibulo y las descargas de arcabuz que María Ignacia escuchó desde la Plaza Mayor la aniquilaron.  Días después María Ignacia partió para reunirse con su amado Alejo.
Esta historia, más documentada que la leyenda de amores entre La Pola y Alejo, está mas cerca a la realidad. A María Ignacia le hemos olvidado y ella como osada patriota que expuso su libertad y su vida por la patria merece mención entre las mujeres que hicieron nuestra independencia.

  

EN LA REGIÓN DE LAS ÁNIMAS

 
Alfredo Cardona Tobón*
En una noche aterida y neblinosa, como la describió Tomás Carrasquilla,  la llovizna insistente   empapaba la fila de pinos de los extramuros del pueblo. Sería  la medianoche y el viento arreciaba;  una puerta alumbrada por un bombillo rojo se abrió lentamente y de la casa de  la “Cucaracha” salió Andrés con sombrero aguadeño y arropado hasta el cogote por una gruesa ruana de lana.
Andrés cruzó la acera y empezó a caminar bajo la fila de pinos, de improviso una luz titilante y mortecina salió de la nada y se acercó flotando sobre el empedrado. Aterrado alcanzó a decir- ¡ Ave María Purísima sin pecado concebida¡- y con los pelos de punta y la boca seca, Andrés voló  hasta el cafe de Lelo. No  podía hablar, casi no podía respirar y el corazón se le salìa por los poros. Al fin, con la ayuda de dos aguardientes dobles pudo decir con frases entrecortadas que lo habia asustado un espanto.
DICEN LOS ENTENDIDOS
Entre resoplos y gagueos  Andrés habló de la luz titilante  y de una mujer de ojos saltones envuelta en llamas, con los brazos amarrados con cadenas,  pidiendo en forma lastimera una oración por el descanso de su alma.

-Es el ánima sola- aseguró un viejo caratejo medio borracho, reputatado en el pueblo como experto en brujas  y apariciones.
Recuerden que hoy es dos de noviembre, agregó Don Bonifacio el peluquero. Sin duda es un alma en pena que se escapó del purgatorio para pedir oraciones por su descanso eterno.
- Pobre ánima - dijo el caratejo mientras se tomaba otro aguardiente. Ahí está pagando caro lo que le hizo a Nuestro Señor cuando dio de beber a Dimas y Gestas y le negó un sorbo de agua al pobre Chuchito.
 Sin embargo- terció Silvio el boticario, la generosidad de Dios es tan grande, que nos dio una oración para rebajar la pena a esa pobre alma solitaria.
 ¿Y cuál es?- preguntó Bonifacio intrigado.
Es una plegaria poco conocida  del tiempo de los Templarios, agregó Silvio, pero en vista de las circunstancias la voy a divulgar para que saquen del fuego y dejé de asustar por las calles de Opirama
.
Silvio carraspeó, se senté en el mostrador para que lo vieran todos y con entonado acento empezó a rezar:

! Oh alma, la más sola y desamparada del purgatorio. Yo os acompaño en vuestro dolor, compadeciéndoos de verte gemir y padecer en el abandono de tan dura y estrecha cárcel de llamas y deseo aliviar vuestra aflicción y desamparo ofreciendo todos mis obras meritorias…”
Suso, el embolador  que no creía ni en los rejos de las campanas,  cortó el arrebato místico del boticario; alzó la copa dijo que todas esas cosas eran sandeces inventadas por los curas para recoger plata y   retó al ánima sola y a cuantos espantos, duendes  y aparecidos hubiera para  cortarles  las pelotas y mandarlas derecho al infierno.

El cantinero cerró su negocio  y el pobre Andrés todavía tembloroso le rogó al boticario que lo acompañara a la casa por si acaso. Silvio le recordó que era noviembre, mes de las ánimas y era mejor salir acompañado. Era noviembre y en ese mes podía suceder cualquier cosa.
LAS ÁNIMAS DEL PURGATORIO
En las cerradas madrugadas de los noviembres, de piedras emparamadas y techos con olor a pantano, el pavor atormentaba los sueños de los habitantes de la aldea. En las madrugadas un cojo enfunddo en una capa negra hacía sonar una campanilla y con pasos descompensados pedía un padrenuestro por las benditas ánimas, al paso del animero los  grillos enmudecían y los perros buscaban refugio bajo los entablados y los niños muertos de susto metían la cabeza bajo las cobijas mientras en el silencio sepulcral su voz de ultratumba retumbaba por calles y solares
En tiepos pasados noviembre era el mes de los responsos, de las novenas a las  ánimas, de las misas cantadas por  el descanso eterno de los difuntos…Sin embargo ese mes no era el tiempo exclusivo de las ánimas, pues su influjo y su presencia  se notaban durante todo el  año en la vida antioqueña. Se les recordaba a diario en las campanadas que sonaban a las ocho de la noche; con las veladoras que permanentemente se prendían en las iglesias y en los requem y leta´nías para abogar por su suerte..
Según afirmaban, las ánimas eran milagrosas, los galleros, los jugadores de dado y  los negociantes establecían  sociedades  con ellas para impetrar su apoyo. Hasta mi mamá, lo recuerdo bien, en cada cluecada marcab dos huevos para que reventaban con los pollitos más lindos, más emplumados y más sanos. Como a mamá le encantaba criar animales, en mi casa las ánimas tenía  una pingüe renta de pollos gordos y pollas ponedoras que engrosaban las arcas de la parroquia.
LA DEVOCIÓN A LAS ÁNIMAS
La Virgen del Carmen es la intercesora oficial  de las almas del purgatorio. Los viejos padres de la iglesia decían que su castigo era verse privadas de la presencia de Dios;  el imaginario popular, con raíces en la España colonial, las acomodan en un mar de crepitantes  llamas. Ese cuadro de lamentos y de candela, importado del Viejo Mundo, lo vemos en las fondas y casas montañeras: en lo más alto está la Virgen del Carmen con el Niño en brazos y a sus pies las almas achicharradas, con las manos en alto, pidiendo ayuda a la Augusta Señora.
En la región paisa, que parece ser el país de las ánimas circulan todo tipo de almas en pena. Por pueblos y caminos, en el páramo y en la tierra caliente vagan muchas almas en tránsito, que por alguna razón no se han despegado de la tierra para asentarse en el cielo, en el infierno o en el purgatorio. En los caminos solitarios aparece el  sacerdote que busca la cabeza que le cercenó un bandido, en casas en ruinas se siente el avariento que no se despega de sus tesoros…  y en los muladares se oye el llanto del suicida que reclama un lugar en el cementerio…
Definitivamente  nuestra identidad está ligada a las ánimas, ellas son el ají en la literatura costumbrista. Sin ánimas no existiría Tomás Carrasquilla, ni tendrían gusto los relatos de Efe Gómez  o de Rafael Arango Villegas. Las ánimas remacharon nuestra hombría, cuando los imberbes de antaño, para mostrar que merecian los pantalones se aventuraban por los tragadales oscuros para desafiar a los espantos o se internaban en las noches sin luna por los lóbregos camposantos a dialogar con los muertos con una rasca avanzada y una botella de aguardiente de refuerzo.
Hubo caminos plagados de ánimas, por ejemplo entre la Virginia y Balboa el callejón de La Giralda estaba atestado de espantos. Nadie pasaba por allí despues de las seis de la tarde, excepto Pedro Benjumea, un arriero gigantesco  con fuerza para levantar una mula con una mano y que, dicen las malas lenguas, tenía pacto con el Putas.

*alcartob@gmail. com

Indios Curas y Maiceros

Indios, curas y
maiceros

Valor: $27.000 + gastos de
envío

Reseña: Son 67 crónicas cortas sobre personajes indígenas, paisas y religiosos,
cuya influencia fijó rumbos en las regiones que conformaron el Viejo
Caldas

Se habla de comunidades indígenas, líderes guerrilleros, colonos y
arrieros, curas, monjas, latifundistas y políticos en forma coloquial y
anecdótica.  En este libro el lector verá la radiografía del norte caucano y del
sur de Antioquia, que confluyeron para formar  unas
comunidades con virtudes
muy grandes y graves lacras sociales.

La obra maneja tres bloques:  empieza con los primitivos pobladores,
sigue con  clérigos, unos abnegados en su ministerio y otros que se aprovecharon
de los indios y de los paisas, y termina con los antioqueños que por las buenas
y por las malas se apoderaron de
estos
territorios.

El libro se encuentra en la librería LetraDos de Manizales y en la
librería Zamora de Pereira o solicìtelo a alcartob@gmail.com
y recìbalo en la puerta de su casa

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Quinchía Mestizo

"QUINCHÍA MESTIZO": UN ESCRUTINIO SOBRE LA REALIDAD NACIONAL

Este libro de Alfredo Cardona Tobón, Quinchía mestizo, concebido con devociones filiales, nos permite asomarnos a diferentes ángulos de la lucha intelectual caldense. Nos da la proyección de que se puede trabajar en investigación histórica y cómo tenemos en abandono la recopilación de nuestras tradiciones. El, se ha comprometido por archivos, nacionales y regionales; por las columnas de los periódicos; por los diálogos con los conocedores; por las notarías y sacristías. De cada sitio, ha extraído materiales de buena densidad para situar las aventuras sociales. Su libro, así, resplandece con certeza en los conocimientos, que es la mejor expresión del amor y fidelidad a la tierra nutricia.
Al terminar la lectura de este texto, nos asalta la pregunta: ¿qué ha pasado con la inteligencia caldense que ha estado tan ausente del examen de su pasado? ¿Por qué tenemos tantas mermas para contemplar con profundidad dónde arraigan nuestras raíces? ¿A qué se debe el desapego por lo que concierne al contorno? Creemos que alcanzamos una respuesta al establecer dónde andábamos, con qué deliquios intelectuales nos habíamos comprometido.
Por una creciente manía de despreciar la realidad. A la vieja imposición "hispanista" que seguía pesando en lo intelectual. No creíamos en lo nuestro; ni teníamos aprecio por lo circunstancial. No adorábamos sino lo extraño. Lo que venía de una remota evocación cultural. Nada que estuviera circunscrito a lo inmediato. Éste era elemental, tropical, ridículamente comarcano. Lo cursi lo circundaba. Con esas prédicas nos educaron.
Nunca he podido entender el menosprecio del caldense por lo provinciano. Siendo casi sin exclusiones de cultural rural, ¿por qué esa arrogancia? La reciente organización como entidad administrativa, nos hizo perder la perspectiva de qué éramos y qué representábamos como autenticidad en la cultura. El peso de una tradición religiosa, muy apegada a la influencia española, trajo los desganes que se extendieron durante la Conquista y la Colonia. No podíamos reclamar admiración por el pasado, pues dudábamos de que él tuviera algún resplandor espiritual. Estábamos negados para la invención. La cultura "hispanista", que restableció la Regeneración Conservadora de Núñez y de Caro, nos exiliaba de nuestra identidad. De allí que hayamos durado tanto tiempo ajenos a lo propio; desasidos, moviéndonos sin raíces, absolutamente enemigos de hallar los arraigos.
Producimos así, sin lugar a dudas, una serie de excelentes prosistas. De hombres de cultura que nos darán permanente orgullo. Eso sí, ausentes de lo circunstancial de nuestro acontecer. La cercanía caldense destellaba en algunos cuentistas, novelistas o poetas eglógicos. Lo demás, era la aventura remotísima, con vecindades en lo extranjero de la inteligencia. Y mientras más distante localizaran sus báculos, mejor equipados estaban para administrar los instrumentos de las referencias. Quizás no las inmediatas, porque se aceptaba que la cultura era de élites. ¡Afuera, lógicamente, quienes no clasificaba

Los Caudillos del Desastre

Cardona Tobon, Alfredo
Los caudillos del desastre
$30.000 + gastos de envío

Reseña: Se refiere a las guerras civiles que enlutaron a Colombia en el siglo
XIX, con énfasis a las que asolaron el centro del país 
Como lo indica el título, en la obra se baja del pedestal a  los “caudillos”, cuya gloria fue llenar de sangre y lágrimas nuestra  nación.


Además de la profusa bibliografía que consultó el autor, el libro trae
interesante y novedosa información recogida de  nunca consultadas como archivos
familiares, cartas de los resguardos indígenas, periódicos regionales, archivos
de notarías y parroquias.


El lector encontrará una visión distinta de numerosos personajes cuyas
estatuas ocupan plazas y avenidas.



“Los caudillos del desastre” se encuentra en
la librería LetraDos de Manizales y en la librería Zamora de Pereira. También
pueden  solicitarlo a
alcartob@gmail.com y recibirlo en la puerta de su casa

 
 
Los Caudillos del DesastreGuerras Civiles en el siglo XIX. Manizales : Universidad Autonoma de Manizales, Octubre de 2006. 326p. - (1 ed).

Resumen :
Recoge las guerras civiles en Colombia desde los sucesos de la guerra de la independencia hasta la denominada guerra de los Mil Dias
(Ilustraciones). Incluye bibliografia (21 x 14 cm).