jueves, 24 de febrero de 2011

ALEJO SABARAÍN RAMOS


EN HONOR DE UN GRAN PATRIOTA
Ni era realista ni novio de la Pola
Fue sólo un compañero de lucha de la Pola. Se formó como republicano y militó en los campamentos subversivos. Verdad
Alfredo Cardona Tobón
                          En Honda, Tolima, nació Alejo Sabaraín Ramos


Alejo Sabaraín ha pasado a la historia como un personaje ligado  sentimentalmente a Policarpa Salavarrieta. Lo que no se ha establecido es sí fue amante de la heroína, novio o simplemente un camarada de lucha.

No hay evidencia del romance acaramelado de la Pola y Savaraín,  fue un idilio magnificado por un oficial inglés que llegó a Santa Fe  después de la independencia y escribió a  un periódico de Londres  sobre la vida de Policarpa.
Posteriormente las declaraciones de Hilario López reforzaron el mito, pues supuso una relación amorosa  entre los dos jóvenes, distinta a la amistad que nació al lado del peligro y de la lucha de los dos jóvenes contra los enemigos de la Patria.
El padre de Alejo fue un funcionario español y su madre una criolla realista; en ese ambiente era lógico que Alejo Sabaraín  estuviera al lado de los peninsulares,  pero  pesaron más la influencia de sus amigos,  opuestos a los abusos coloniales, y el pensamiento libertario del ilustre metalurgista Juan D´Eluyar, hombre de mundo muy allegado a su familia, que como buen vasco, era independista y  enemigo de la realeza ibérica.
EN LAS FILAS PATRIOTAS
Alejo nació en Honda en 1795 y cursó los estudios básicos en su pueblo natal; y al contrario de lo que algunos suponen, no tuvo tiempo de ir a Europa porque desde adolescente se unió a las tropas patriotas en cuyos precarios campamentos se formó como militar republicano.
Días después del grito de Independencia en Santa Fe, acaecido 20 de julio de 1810, Alejo Sabaraín se unió a las fuerzas de la Junta de Gobierno de Mariquita y con solo quince años de edad y el grado de Alférez, Sabaraín recibió el bautismo de fuego en el combate de “Gallinazo”, donde luchó bajo las banderas de la ciudad de Honda contra las tropas de la ciudad de Ambalema, en una época caótica, que la historia conoce como la Patria Boba.
Cuando la provincia de Cundinamarca extendió su dominio sobre lo que hoy es el departamento del Tolima, Alejo se unió a las tropas de Nariño y participó en las campañas de El Socorro y Pamplona. No está claro cuándo los dos hermanos Sabaraín, Alejo y Leandro, resultaron luchando contra los  españoles en la costa Atlántica; tampoco si  lo hicieron  bajo las banderas de Mompox o de Cartagena; pero  fue así, pues el gobierno de Cundinamarca en un comunicado oficial  reconoce el papel valeroso de estos  jóvenes en las orillas del océano.
LA CAMPAÑA DEL SUR
En febrero de 1813 Alejo regresa a  Santa Fe para recuperarse de una insolación severa y en los últimos días de septiembre  de  ese año se une  a la expedición de Nariño que marcha a combatir a los realistas comandados por el gobernador Tacón;  Nariño avanzó por territorio hostil sin un minuto de reposo, combatió en Juanambú, en el Tablón de los Gómez, en  la Cañada y en escaramuzas sin fin, que fueron debilitando al ejército patriota acosado por el hambre, por la topografía y  por las guerrillas patianas
Ante el sombrío panorama, Nariño consulta a los oficiales sobre la conveniencia de retroceder o continuar la campaña.  El capitán Rengifo y el alférez Sabaraín propusieron la retirada; Nariño en gesto cruel, injusto y soberbio los llamó cobardes y los rebajó a la categoría de soldados rasos. Pese a semejante ultraje, Rengifo y Sabaráin siguieron combatiendo al lado de Nariño.
Después del desastre de Pasto, el Precursor Nariño cae en manos enemigas y se le envía encadenado a España;  Sabaraín continua en la lucha bajo las órdenes de los generales  Miguel Serviez y José María Cabal.Las pugnas intestinas y el asedio constante de los españoles redujeron las fuerzas patriotas, que en su desespero atacaron suicidamente al coronel Sámano, atrincherado en la Cuchilla del Tambo. Muchos patriotas murieron y otros cayeron en poder del enemigo; La crueldad española fue inaudita, las ejecuciones a granel daban por seguro el fin de Sabaráin,  pero  un indulto  lo salva de  la muerte.
ALEJO Y MARIA IGNACIA VALENCIA
 La generosa dama Doña Eusebia Caycedo Santamaría y su hija María Ignacia llevaban  provisiones y medicinas a los patriotas recluidos en las cárceles de Popayán, allí la bella María Ignacia conoce al apuesto Alejo Sabaraín y ni siquiera las rejas impiden que el amor encienda sus corazones.
Los españoles trasladan a Sabaraín a una prisión en Santa Fe, donde de nuevo lo asiste su hada protectora, pues  Doña Eusebia Caycedo tiene que radicarse en la capital del virreinato de la Nueva Granada al morir su esposo y quedar su familia bajo el amparo de su hermano el Doctor Fernando Caycedo,.
Doña Eusebia continúa ayudando a los patriotas presos, María Ignacia se integra a la alta sociedad santafereña. asiste a saraos y veladas donde los jóvenes patriotas hablan de libertad e independencia y  lleva mensajes de esperanza a su novio Alejo y a su primo Hilario López, que  continúan privados de la libertad.
El primero de julio de 1817  un indulto de Fernando VII saca de las cárceles a los prisioneros republicanos y Alejo y María Ignacia se ponen en contacto con Ignacio Rodríguez, un viejo compañero de lucha en la campaña con Nariño, que ahora comanda las guerrillas de Honda.
Después de la reconquista española ha corrido mucha sangre en la Nueva Granada, los españoles llevan al patíbulo a lo mejor de la juventud granadina y a pesar del terror son incapaces de dominar las guerrillas que surgen por todo el territorio.
En Santa Fe los patriotas organizan núcleos de resistencia que apoyan a los grupos guerrilleros y preparan un golpe contra el general Sámano,, entre esos grupos insurgentes opera Sabaraín y María Ignacia, quienes con  Policarpa Salavarrieta y numerosos santafereños envian provisiones a los insurgentes y establecen un efectivo sistema de espionaje
 EL SACRIFICIO DE ALEJO
A pesar de las represalias de “los pacificadores”, la resistencia contra los españoles no amaina. Hay levantamientos en el Valle, en el Huila, en el pie de monte llanero y en la provincia de El Socorro; numerosos americanos, reclutados por los realistas, abandonan los cuarteles y  se  integran a las guerrillas de La Niebla, del cura Mariño y del general Santander..
Cuando Sabaráin  y varios compañeros intentan reunirse con las guerrillas de los llanos caen en manos de los españoles,  unos días después las autoridades realistas capturan a la Pola, seriamente comprometida con los rebeldes por unas las cartas que llevaba Sabaráin al Casanare
Después de un simulacro de juicio, el general  Sámano condena a la Pola, a Sabaraín y a otros insurgentes a morir en el cadalso; en la mañana del once de  noviembre de 1817, María Ignacia observa desde el balcón de su casa la marcha de los condenados; con el dolor en el alma despide a su amado, y  bañada en lágrimas  se hinca ante el crucifijo del pequeño oratorio a pedirle a Dios  que detenga a los verdugos.
Las campanas tañen fúnebremente y el ruido acompasado del tambor va marcando los últimos de los prisioneros A pesar de las súplicas al cielo, no llega el milagro que implora María Ignacia y a las once de la mañana del  14 de noviembre de 1817 los verdugos cortan la vida de la Pola, de  Antonio Galeano, de Antonio Suárez y de Manuel Manrufus. Luego  el pelotón de fusilamiento acribilla al  poeta  Arcos, a Arellano, a Manuel Díaz  y a  Alejo Sabarain cuyos cuerpos ensangrentados cuelgan luego de la horca.
 Las descargas punzaron como agujas al rojo los oídos de María Ignacia, el aleteo de la muerte  se sintió en el oratorio... en ese momento empezó a marchitarse la vida de María Ignacia cuya alma voló al cielo tres meses después del sacrificio de los patriotas.
Quizas Sabaraín jugaba con el amor de la Pola y de María Ignacia, ¿cual invocaria en el momento de su muerte?. El poeta Arcos, compañero de sacrificio, también amaba a la Pola, en silencio, y sin declarar su cariño le compuso unos versos que volaron a la eternidad junto con  Policarpa.
Al  anochecer, dos sacerdotes, hermanos de la Pola, reclamaron el cuerpo de la joven  y en gesto humanitario la Cofradía de la Piedad del Templo de  la Veracruz recogió los cadáveres de Alejo Sabaraín y de los otros compañeros de infortunio y les dio cristiana sepultura.


ANEXO

( Colaboración  del Sr. Alberto Silva para historiayregion  que complementa el artículo sobre Zabaraín)
Obviamente, mientras caía todo el ejercito en la Cuchilla, Mejía escapaba hacia La Plata, Huila, a través de la cordillera. A Bogotá enviaron presos a Francisco Cabal (primo hermano del general José María Cabal), a Alejo Zabaraín y a José Fernández Madrid, el presidente de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, que había sido capturado en Chaparral, Tolima, luego de la catástrofe de la Cuchilla. Al general José María Cabal, sobre quien cayo todo el peso de la venganza de Samano, fue fusilado en Popayán junto con dos oficiales mas, los coroneles Quijano y Matute. Al salir de la cárcel al patíbulo, se detuvo frente a la celda de Tomas Cipriano de Mosquera y le dijo estas sentidas palabras (que casi todos los presos allí como López, Alcántara y Espinosa, escucharon): “Mosquerita, su tierna edad lo salvara; acuérdese de su general para vengarlo”. Esas palabras las repetiría Mosquera durante un discurso en el Congreso muchas décadas después, cuando fue presidente de Colombia.
A Francisco Cabal lo fusilarían en Bogotá; Zabaraín seria indultado, pero mas tarde volvería a ser capturado por auxiliar a la guerrilla de camino a los Llanos y fusilado también en Bogotá; a Fernández Madrid también lo indultaron, su nula experiencia militar lo había salvado del cadalzo, cuando lo capturaron pretendía salir por el Sur ‘hacia el Brasil’, a través del rió Putumayo. Una locura, pues no tenían una real conciencia de lo que significaba realizar esa travesía, que en su imaginación y con el escaso conocimiento geográfico de la época, pensaban que era una cuestión sencilla. Pidió clemencia a Morillo, pero este lo espeto, recordandole sus raíces españolas: "Usted sale dentro de tres días para Madrid (exiliado), vaya aprenda lealtad donde sus familiares, pero déjeme decirle que a mi usted no me engaña, usted es y seguirá siendo un traidor"....

Zabaraín y la Pola fueron al menos compañeros de revolución. Quizás hasta amantes. Lo de pertenecer y ayudar a las guerrillas del coronel José Ignacio Rodríguez (aquel que decapito al coronel español Asin en Calibio) también es cierto.
Pero se debe decir que Alejo fue capturado en la Cuchilla del Tambo, la última batalla de la 1ra. Republica, en 1816, cerca a Popayán, y que fue una catástrofe para los independientes. Murió la mitad del ejército y la otra mitad fue capturada. Una debacle total. Eso fue culpa del coronel antioqueño Liborio Mejía, quien sin escuchar razones se lanzo suicidamente con 700 hombres a trepar por la Cuchilla para ser derrotado por 2.000 realistas que lo triplicaban en número y además estaban en una posición elevada.
Allí cayo capturado Alejo Zabaraín, además de tres futuros presidentes de Colombia, José Hilario López, Pedro Alcántara Herrán y Tomas Cipriano de Mosquera, quienes para la época eran apenas unos adolescentes (López tenia 18, Alcántara 15, y Mosquera 17). A José Hilario López casi lo matan allí mismo los enardecidos españoles apenas se rindió el ejército en la Cuchilla.
Casi todos los capturados fueron enviados a las cárceles de Popayán. Además de Zabaraín, López, Alcántara y Mosquera, también cayeron Francisco Cabal y José María Espinosa, el abanderado de Nariño y pintor de la Independencia, que posteriormente nos lego para la historia, los cuadros hermosos de todas esas batallas donde él participo (Alto Palace, Calibio, Juanambú, Tacines, Ejidos de Pasto, El Palo y Cuchilla del Tambo).
A Mosquera lo salvo el hecho que fuese aun bastante joven, López se salvo de la ejecución por un pelo (llego hasta una cuadra del cadalso cuando lo hicieron devolver a la cárcel, era la forma como Samano los hacia sufrir); Espinosa fue liberado algún tiempo después (muy probablemente porque su rango de simple soldado se lo facilito, además estaba emparentado con familias prominentes de la época, y era sobrino político de Camilo Torres), pero al General vallecaucano José María Cabal, vencedor invicto en 13 combates y mano derecha de Nariño durante toda la campaña del sur, no escapo de la venganza de Samano.
Fue capturado arriba de Palmira. Había renunciado al mando del ejercito del Sur antes de la batalla de la Cuchilla del Tambo, y retirado a su hacienda, tras sostener desavenencias con los jóvenes oficiales como el impulsivo e inepto Liborio Mejía, quienes pensaban que Cabal era muy viejo y muy cobarde por no enfrentar a Samano en la Cuchilla. La historia le daría la razón a Cabal. Había sido un suicidio atacar a los españoles en la subida a la Cuchilla con tan poca gente

ANEXO
TOMADO DEL LIBRO MUJERES LIBERTADORAS DE ENRIQUE SANTOS MOLANO-Editrial Planeta- 2010
" Es verdad que Policarpa Salavarrieta y Alejo Savarain mueren en el mismo patíbulo y por la misma causa; es verdad que Policarpa dirigió el espionaje patriota en  Santafé entre enero y septiembre de 1817; es verdad que su patriotismo y su amor a la libertad la llevaron a entregarles la vida. Policarpa no se ganó los arcabuzazs que  segaron su vida ni su puesto de heroína porque hubiera estado aciendo calceta enla casa de doña Andrea Ricaurte de Lozano; pearo ¡ será  verdad lo de sus amores con Alejo Sabaraín?. Muchos de sus biógrafos dejan entender que esos amores venían desde 1815 y que, cuando Savaraín marchó ese año a unirse a las tropas patriotas que se formaron al sur , se comprometió con Policarpa y fijaron fecha de matrimonio a su regreso, si regresaba.
Está documentado que Policarpa y Alejo nunca se conocieron antes de enero de 1817;  y está documentado, también que Alejo Savaraín, de Honda por nacimiento, de familia distinguida, se había comprometido, en la época de su partida al sur, con la señorita María Ignacia Caicedo, miembro de aristocráticas familias de Popayány Santafé  y en 1817 ocupaba la casa de frente a la iglesia y Colegio del Rosario, desde ahí daba Maria Ignacia  noticias al prisionero escribiéndolas en el ruedo inferior de la ropa blanca, que descubria en el balcón en los momentos oportunos. Allí pasó ella la última noche de Alejo Savaraín, inmóvil y en vela, y,  cuando oyó la campana que anunciaba la marcha de su novio al cadalso, perdió la voz, quedó herida de parálisis, y murió a los pocos días.
Esta historia narrada por Rafael Pombo, allegado a María Ignacia no deja duda sobre  su veracidad.
Pudo ser que, en los ocho meses de su tabajo como espías, la hermosa Policarpa y el apuesto Alejo se habiesen enamorado, pero no hay huellas visibles que nos permitan darlo por hecho. El oficial de la Legión Británica que estampa en sus memorias el romántico relato sobre la muerte de los dos amantes no menciona  en ningún momento el nombre de Alejo Savaraín, solo se refiere al amante o prometido. Doña Andrea Ricaurte nisiquiera habla de que Policarpa hubiese tenido amores con alguien. Ni sobre el asunto mienta una sílaba en sus Memorias quienfue testigo presencial de la captura, la condena y el fusilamento de Policarpa , y que estuvo a un dedo de ser uno de los fusiladores, el general, procer y presidente ( 1849-1853)  Jo sé Hilario López.

ANEXO II
 Ver " Verdad y ficción en la vida de la Pola" en este blog y "Policarpa Salavarrieta y las guerrillas patriotas" en este mismo blog.