sábado, 21 de mayo de 2011

LA TRAGEDIA MAPUCHE

Tras siglos de guerra, los españoles aprendieron a convivir con los mapuches La historia chilena denomina “ Pacificación de la Araucanía” a la guerra de su exterminio. En 1878 los argentinos los empujaron hacia el sur del Río Negro y se apoderaron de las zonas que habitaban. Hoy los mapuches argentinos hacen causa común con su hermanos chilenos. Alzan su voz.
Alfredo Cardona Tobón-  Papel Salmón- LA PATRIA-

                                Territorio ancestral del pueblo mapuche

El asesinato de líderes mapuches en los últimos años, se suma al incontable número de  atropellos a un pueblo, que desde la invasión española, ha luchado por su tierra, por su cultura y por su existencia.
 El gobierno de la señora Bachelet encarceló  a dirigentes indígenas utilizando el estatuto antiterrorista ideado por Pinochet. Sobre la conciencia chilena pesa el exterminio de una nación y el asesinato de sus lideres, lo que sigue sucediendo, como lo  corrobora la muerte de Jaime Mendoza  Collio,  sacrificado en enero de 2008.
LA NACIÓN MAPUCHE
En tiempos precolombinos los incas intentaron someter a los araucanos, y lo mismo sucedió con los españoles que encontraron  la férrea resistencia de los caciques Colo-Colo y Caupolicán y el genio militar de Lautaro, un indígena que asimiló  las estrategias europeas y frenó en seco a los invasores.
Fue tal la valentía mapuche, que en 1643 el rey de España, Felipe IV  se vio obligado a firmar el tratado de paz de Quillén, que reconocía la libertad de los araucanos y establecía el río Bio-Bio como frontera de su territorio, a cambio de  la entrada de misioneros católicos  y el compromiso mapuche de no aliarse con otros europeos .
Desde tiempos remotos  los  mapuches se asentaron en la zona central de Chile, de donde emigraron  a las pampas y ocuparon las provincias argentinas de Neuquén, Río Negro y parte de Buenos Aires. Las tribus mapuches hablaban el  mismo lenguaje,  adoraban al dios Ngenechem y defendían con tesón  el Gulumapu o tierra de los ancestro; unas tribus eran nómades y otras vivían en poblados asentados en tierras aptas para la caza y la agricultura.
Tras siglos de guerra los españoles aprendieron a convivir con los mapuches. En 1803 , en el llamado Parlamento de Negrete, los españoles  reconocieron  al Regko Mapu o nación mapuche, con frontera en  el río Bio-Bio. Esa fue una de las razones por las cuales  los araucanos no apoyaron  la lucha independista de Chile, pues preferían vivir bajo la bandera española que  bajo un gobierno criollo cuyas intenciones les eran desconocidas.
En 1811 los republicanos trataron de atraer a los mapuches con decretos de igualdad que escondían su interés por las tierras araucanas. En 1845  se destaparon las verdaderas intenciones de los patricios sureños con una ley que disponía la colonización de  los territorios mapuches de Cautin, Malleco y Valdiia. Trajeron gente de Gales y de Alemania y como incentivo les concedieron hijuelas de  80 hectáreas  a cada padre de familia y 40 adicionales por cada hijo, atropellando en esa forma  los derechos ancestrales de los indígenas.
EL SOMETIMIENTO DE LOS MAPUCHES
La historia chilena denomina “Pacificación de la Araucanía” a la guerra de exterminio contra los mapuches. Dese 1820 se hablaba de acabar  con los araucanos nómades y sedentarios. En 1861  durante el gobierno de Joaquin Pérez ,empezó el ataque general e indiscriminado  que se incrementó en 1866, tras el intento del francés  Oralie Antoine  de Tounes de  establecer un reino en la Araucanía y la Patagonia.
El ejército chileno, fogueado en la guerra contra Perú y Bolivia, barrió los escuadrones mapuches armados solamente con lanzas y boleadoras.  En1881, al terminar la contienda, habían perecido veinte mil araucanos en combate y en campos de concentración, mientras miles huían  a las inhóspitas tierras de la precordillera y el estado chileno diluía comunidades mapuches  enteras en todo  su territorio 
LA CONQUISTA DE LAS PAMPAS ARGENTINAS
En 1876  el gobierno argentino presidido por Avellaneda, aprovechó un malón, o ataque indígena,  contra varias estancias, para justificar  la guerra de exterminio contra los mapuches que ocupaban las  pampas. Tropas argentinas empujaron a los mapuches hacia el sur del Río Negro  y ocuparon las provincias de  Neuquén y Chubut. Asesinaron  a más de mil nativos, apresaron diez mil, tres mil de los cuales enviaron a Buenos Aires, separando hombres y mujeres y poniéndoles de sirvientas y peones de los grandes hacendados.
Los caciques  Foyel e Inacayal se rindieron después de fieros combates, y los argentinos, para  evitar futuros alzamientos mapuches, recluyeron a los combatientes en la isla Martín García, donde casi todos murieron víctimas  de la desnutrición y las enfermedades.
Al despuntar el siglo XXI hay doscientos mil mapuches  en las  provincias argentinas de La Pampa, Neuquén, Río Negro y Chubut, que hacen causa común con sus hermanos chilenos. Tras siglos de ignominia los mapuches empiezan a levantar su voz para decirle al mundo que su pueblo  existe, que se oponen a entregar los últimos terrones de sus tierras y que en la memoria mapuche  todavía está Ngnechén, el dios tutelar que les enseñó a  comunicarse en  mapudungun y en tiempos, que no se olvidan,  dirigió los comandos guerreros de  los caciques  Michinalonco, Delantraru y Galvarino.

martes, 17 de mayo de 2011

JORGE TADEO LOZANO: UN ILUSTRE GRANADINO

Alfredo Cardona Tobón*

En medio del frio de la noche, y embozados en sus capas, salieron varios  partidarios de Antonio Nariño de la casa de Pedro Groot; después de semanas de preparativos y conspiraciones había llegado la hora de tumbar al gobierno elitista que se inició el 20 de julio de  1810 con la llamada Junta Suprema.
 Al amanecer del 19 de septiembre de 1811  varios piquetes de “guaches”, o gente del pueblo raso, empapelaron a Santa Fe con el editorial de Nariño en su periódico “La Bagatela”, que anunciaba “Noticias muy gordas” y los  “chisperos” tenían todo listo para alborotar a los habitantes de Egipto, Las Cruces y San Victorino.
En “La Bagatela” se acusaba a  la administración bobalicona y monárquica de Jorge Tadeo Lozano,  y decía, entre varias verdades, que mientras los enemigos afilaban la espada para degollar a los autonomistas, los diputados  del Congreso se entretenían  en  buscar puestos y beneficios. En el editorial Nariño alertaba a sus compatriotas y acusaba a Tadeo Lozano de un desinterés criminal que llevaría  a la horca a los amigos de la república.
Ni Nariño ni el pueblo santafereño se habían dejado envolver por la legalidad engañosa del gobierno de Jorge Tadeo Lozano, al que consideraban un apéndice de la administración española. Se había perdido la coyuntura del 20 de julio del año anterior y chisperos y guaches consideraban que ahora o nunca, era el momento para tumbar a los criollos monarquistas y declarar de una vez por todas la independencia de la Nueva Granada.
DON JORGE TADEO LOZANO
El vicegerente del rey, como solía denominarse Jorge Tadeo Lozano, era sin lugar a dudas el más eximio representante de la casta criolla:  hijo menor del marqués de San Jorge, ostentaba el título de Vizconde de Pastrana, era heredero de una de las mayores fortunas del virreinato y le sobraban los méritos para desempeñar con lucimiento el cargo de presidente ya que había estudiado literatura, filosofía, medicina y química en el Colegio del Rosario; se tituló en química en el Real Laboratorio de Madrid y obtuvo el título de Capitán con el Real Cuerpo de Corps,  a cuyo servicio peleó contra los franceses en la campaña de Rosellón.
Además de lo anterior, Tadeo Lozano pertenecía a la Expedición Botánica, era una autoridad en zoología y antropología, era periodista, investigador reconocido internacionalmente y defensor de  las modernas teorías que reivindicaban al hombre blanco transportado al trópico, a quien los españoles consideraban manchado por la tierra.
Lo único malo de Jorge Tadeo Lozano fue su condición de criollo mandamás al que sólo le  importaban los intereses de su clase social, la actitud beatífica de no contradecir a nadie para evitar enemigos y tratar de arreglar todo entuerto a punta de discursos.
EL GOLPE DE ESTADO
José Maria Carbonell y Manuel Pardo entraron a los cuarteles y neutralizaron a la oficialidad americana, harta de estar bajo las órdenes de los españoles quienes aún  tenían el mando de la tropa.
Al igual que el  20 de julio, los chisperos y “demagogos” contaron con el pueblo llano para acabar con el mandato de la camarilla criolla. A las doce del día  del 19 de septiembre de 1811,  la multitud copó la plaza mayor y amagó un ataque al Palacio de los Virreyes, donde  se suponía estaba Jorge Tadeo.
Los oficiales americanos no movieron un dedo y el mando español quedó desconcertado al oír que las vivas a Nariño retumbaban en  los cuarteles . Para evitar una confrontación con resultados funestos, los notables convocaron a la Representación Nacional, ante la cual Jorge Tadeo, cansado de insultos y amenazas, presentó la renuncia irrevocable.
Mientras el pueblo santafereño celebraba la victoria,  vociferaba y amenazaba a los representantes, la Asamblea  de aterrorizados criollos eligió a Nariño presidente de Cundinamarca, quien desconoció la legislación vigente y  con sus condiciones asumió el poder.
UN GRANADINO MERITORIO
A Tadeo Lozano lo separaron  de la cátedra y del estudio para incrustarlo en la política. Este corifeo de la casta criolla vivía en su mundo, en la burbuja de los mimados por la fortuna,  y alejado de la realidad granadina  no pudo  vislumbrar la tempestad desatada en un país  que no había cortado el cordón umbilical con la monarquía.
Después del golpe de estado, Tadeo Lozano se retiró de la actividad pública para regresar a sus estudios y a la administración de sus vastísimas haciendas. En esas estaba cuando Morillo entró triunfante a Santa Fe y anegó a la Nueva Granada en un mar de sangre. De nada valió a Tadeo Lozano su lealtad al rey ni la protección que dio a los peninsulares ni tampoco el dinero o las amistades. El sanguinario Morillo quería cortar de raíz todo movimiento autonomista y  por ello barrió como espigas maduras a la flor y nata de la intelectualidad granadina, sin importarle la adhesión a la monarquía ni su calidad de españoles americanos, descendientes de Don Pelayo..
Jorge Tadeo Lozano no suplicó clemencia; el 6 de julio de 1816  marchó al patíbulo con dignidad  y entereza al lado de  José Gregorio Gutiérrez, Emigdio Benítez, Francisco Javier García, Miguel Pombo y Crisanto Valenzuela, un grupo que, de haber vivido, hubiera cambiado radicalmente el destino de nuestra Patria.
El cortejo avanzó por la calle real hacia el patíbulo en la Huerta de Jaime. Al lado de los reos los sacerdotes rezaban fúnebres oraciones;  el sonido de los tambores retumbaban por los callejones, el temor embargaba los corazones de los curiosos y las lágrimas empañaban los ojos de padres, hermanos, hijos y esposas de los condenados…
Adios padre mio, hasta la eternidad- Dice José  Gregorio Gutiérrez a Don Pantaleón.
Adios hijo  amado, te seguiré muy pronto- Responde Don Pantaleón que  lo bendice y se retira al fondo del calabozo para contener las lágrimas. Los esbirros de Sámano empujan a los condenados y en fila india desfilan hacia el patíbulo. En el cruce de San Victorino. a la orilla del camino una joven mujer y cuatro pequeños hijos, todos vestidos de negro., hincan  sus rodillas… José Gregorio Gutiérrez se detiene  un instante y  da la postrera bendición a la esposa y a sus desamparados hijos. Un soldado lo apura con la punta de la bayoneta y Gregorio apura la marcha.
Los deudos siguen el cortejo fúnebre queriendo alargar el tiempo… el dolor lacera el alma de Tadeo Lozano que busca a su esposa y a sus ocho hijos entre la multitud que los sigue… el sufrimiento flota en la neblina bogotana… Sámano y los suyos se solazan con la tragedia granadina…  no faltan resentidos, que  llenos de envidia y venganza,  se regocijan  con la pena de sus antiguos amos y ríen como si estuvieran en una feria..