viernes, 17 de junio de 2011

JUAN PABLO MORILLO: ¿ PACIFICADOR O EXTERMINADOR?


Alfredo Cardona Tobón*

                                                             

Después de dos siglos de la llegada de Pablo Morillo al continente americano,  se ve claramente que la brutalidad empleada para reprimir a los autonomistas fue un error garrafal  de la metrópoli. Si España hubiera adelantado una política de conciliación en vez de retaliación, el pueblo hastiado del desgobierno criollo, habría  alargado, quién sabe hasta cuándo, el dominio español.
Por otra parte si Morillo no hubiera acabado con la clase dirigente granadina, el país no habría  caído en manos de  militares ignorantes y ambiciosos y se habría evitado, posiblemente, varias guerras civiles que dejaron ruina, desolación y retardaron la consolidación republicana.
¿QUIÉN FUE PABLO MORILLO?
Morillo nació en Zamora en 1775 y vivió casi toda su vida en los cuarteles: a los trece años se alistó en la Infantería de Marina, a los veintidós  era sargento, con apenas veinticuatro años de edad  recibe el grado de coronel, en 1811 es Brigadier y  dos años más tarde la Regencia española lo asciende a Teniente General.  Con singular coraje Morillo  luchó contra los franceses en Bailén, en Vitoria y en Puentesampago dirigió las tropas que hicieron retirar a las tropas de Napoleón de la provincia de  Galicia, y siempre al frente del combate Morillo derrota a  las tropas de Napoleón en Vigo.
Indudablemente Morillo  fue un  valiente militar que ascendió por sus méritos en batalla y se entregó por entero  a su patria. Los españoles catalogan a Morillo como  un ilustre caudillo “tan rico en honores como pobre en hacienda, habiendo consumido toda su vida a la grandeza e independencia de su patria y al servicio  leal a su rey. ¡Ejemplo digno de admiración y de eterna memoria!”. Otra cosa pensamos los americanos e incluso el mismo  Ortega y Gasset quien en alguno de sus artículos dice que Morillo fue lo peor que pudo haber enviado España a las colonias americanas.
. Morillo fue un “tropero” con gran don de mando y visión para el combate, pero fue un oficial iletrado que pasó del arado a las trincheras y en el fragor de las batallas  no tuvo tiempo ni vocación para  aprender cosa distinta a la guerra.

LA GUERRA A MUERTE
Desde el principio de las hostilidades España no le dio estatus de combatientes a los americanos,  los trató como bandidos y delincuentes a quienes había que exterminar de la faz de la tierra y los rebeldes respondieron en la misma forma contra los peninsulares y los canarios en una guerra a muerte que Bolívar oficializó el 15 de junio de 1813 en la ciudad de Trujillo en Venezuela. Fue una jugada política para transformar una guerra civil en un conflicto internacional y deslindar a españoles y americanos. En el decreto de guerra a muerte el Libertador ordenó la muerte a todos los españoles que no pelearan bajo las banderas republicanas y perdonó la vida a los americanos que por la fuerza o voluntariamente estuvieran peleando al lado de los europeos.
Juan Bautista Arismendi empezó las atroces matanzas colectivas que habrían de llenar de horror el suelo americano. En 1814, por orden de Bolivar, Arismendi hizo fusilar 886 prisioneros españoles en Caracas y la Guaira. Por el lado de los realistas Boves siguió el ejemplo degolló a cuanto blanco patriota cayó en sus manos y pasó por las armas a centenares de prisioneros patriotas.
EL “PACIFICADOR”
A fines de 1814 el rey Fernando VII designa a Morillo jefe de la expedición pacificadora que inicialmente tenía como destino a Montevideo y como objetivo la reconquista de Rio de la Plata. La caída de Montevideo en manos patriotas cambió el rumbo de la expedición y para nuestra desgracia, ya no desembarcaría en playas uruguayas sino en las costas venezolanas controladas por los realistas.
La expedición conformada por 15.000 hombres en 75 buques salió de Cádiz el 15 de febrero de 1815 y tocó suelo venezolano en  Puerto Santo el 9 de abril de ese año. Morillo llegó a Caracas sin encontrar resistencia y se dirigió de inmediato a Santa Marta donde contó con el apoyo de los vecinos y de las tribus indígenas de los alrededores.
Tras un largo asedio, Morillo redujo a Cartagena y con varias columnas que avanzaron simultáneamente por el Chocó, por el río Magdalena y por Cúcuta, tomó el control de la mayor parte de la Nueva Granada.
Siguiendo la política de guerra a  muerte los españoles en una segunda conquista acabaron de anegar de dolor y pánico el virreinato. A Sámano le faltaron sogas para  ahorcar patriotas en Santa Fe; Calzada ejecutó sin piedad a los comprometidos de la provincia de Popayán, Sicilia llenó de patíbulos a  Natagaima, González llenó de luto al Socorro y Barreiro y Bayer ensangrentaron el piedemonte llanero.
En Cartagena Morillo empezó su carnicería y en Santa Fe completó la  macabra tarea con un Tribunal de Guerra, el Tribunal de Purificación y la Junta de Secuestros, que condenó a muerte y a prisión, confiscó los  bienes de los patriotas  y envió al exilio a todos aquellos que habían actuado contra las autoridades coloniales o apoyado la insurgencia.
MORILLO: “EL EXTERMINADOR”
Si al principio tuvo alguna piedad con los vencidos, la clemencia de Morillo se acabó totalmente  cuando supo que Arismendi, un  comandante patriota al que había perdonado en la isla Margarita, se había levantado nuevamente en  armas y había hecho degollar a una guarnición española en territorio venezolano.
La crueldad de los “pacificadores” fue inaudita. Después de fusilar a sus víctimas, colgaban sus cuerpos de la horca y a muchos les prendían fuego o los descuartizaban. Obligaron a los hijos a azotar a sus padres y a otros los amarraban en parejas y los despeñaban por precipicios.
Las iniquidades de Morillo y sus tropas en vez de apagar la llama de la libertad la avivaron. En 1817 creció la resistencia patriota en los llanos de Apure y Casanare y ante tales circunstancias, Morillo deja a Santa Fe bajo el mando de Sámano y marcha apresurado a Venezuela para enfrentarse a  Bolívar en la  batalla de La Puerta donde recibe  un lanzazo y a pesar de la herida sigue comandando su tropa hasta derrotar a los patriotas.
La aversión del general iletrado hacia los intelectuales criollos fue enfermiza, cuando realistas importantes pidieron clemencia para Francisco José de Caldas, Morillo dijo que España no necesitaba sabios y en su entrevista con Bolívar en el armisticio de Santa Ana, en tono jocoso expresó al Libertador que debía agradecerle por haberlo librado de los molestos abogados santafereños.
DE NUEVO EN ESPAÑA
El 26 de noviembre de 1820 Morillo y Bolivar firmaron en Santa Ana, Venezuela, un Tratado de Armisticio y regulación de la guerra que buscaba atenuar la barbarie y respetar la vida de civiles y prisioneros.  Poco después  Morillo deja el mando  y regresa a España sin haber cumplido sus objetivos de reconquista. Al llegar a Europa  encuentra a España sumida en el caos.  Los liberales españoles se han levantado  contra Fernando VII y a Morillo le toca  combatir a los rebeldes de Galicia. Al triunfar el Trienio Liberal despojan al bravo militar de sus títulos de marqués de Cartagena y de La Puerta, lo privan de los honores y de su empleo.
En el maremágnum  de la España en decadencia, Pablo Morillo va de un bando a otro, hasta que repuesto el rey, se asila en Paris donde muere en  1837 sumido en la mayor pobreza..