miércoles, 13 de julio de 2011

EL BEATO ESTEBAN MAYA G.: UN MÁRTIR DE PÁCORA

Alfredo Cardona Tobón*



En el Cementerio Nuevo de Barcelona se encuentra una enorme fosa común designada "Agrupación de San Jaime- Números 9-11" , donde reposan los restos de centenares de personas asesinadas a finales de la guerra civil española. En los registros del camposanto figuran siete Hermanos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, de nacionalidad colombiana y sepultados el doce de agosto de 1936 en la fosa mencionada.. Los religiosos se identificaron con números, entre los cuales están el 4193, correspondiente a un hombre cuya fotografía permitió reconocerlo como el Hermano Esteban Maya Gutiérrez, natural de Pácora, de 29 años de edad, ultimado por disparos a quemarropa en la cabeza y en la cara, al igual que el resto de sus compatriotas.

LA BARBARIE RAMPANTE

A principios del siglo veinte, en España toma fuerza el republicanismo antirreligioso y anticlerical que abona al catolicismo toda la pobreza y el atraso de la península. En el  año 1909, durante la "Semana Trágica"  en Barcelona, los bárbaros destruyen iglesias y asesinan sacerdotes, como un anticipo de lo que sucedería en 1931, cuando las furias  anticatólicas inundaron  de sangre todo el territorio español.
La labor de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios que sólo busca aliviar el dolor de los enfermos y de los más desamparados, habría sido motivo suficiente para que los fanáticos respetaran a los Hermanos de esa comunidad; pero los republicanos  también los pusieron en la mira de sus fusiles y el primero de agosto de 1936 asesinaron a Fray Gauderio Iñíguca, ecónomo del Sanatorio de Ciempozuelos, en cercanías a Madrid y empezaron a acosarlos en tal forma, que el Superior General de la Comunidad tomó medidas para mandar a las Casas de América al mayor número de religiosos.

EL HERMANO MAYA GUTIÉRREZ

El hermano Gabriel Maya es uno de los pocos colombianos exaltados a los altares por las autoridades vaticanas, de dilectas cepas familiares nació Gabriel Maya Gutiérrez en la población de Pácora el 19 de mayo de 1907.

Poco se sabe de su niñez y juventud. Seguramente fue uno de esos muchachos despiertos, comedidos y buenos que llenaron los pueblos del norte caldense hasta que la sociedad de consumo y las malas yerbas empezaron a intoxicar ese semillero de sacerdotes y monjas.
A los veinticinco años de edad Gabriel atendió el llamado generoso de su corazón y dedicó su vida al servicio de los pobres y de los enfermos en la Orden Hospitalaria de San Juan  de Dios. Con el nombre religioso de Esteban, el pacoreño profesó el 24 de septiembre de 1932 y siguiendo la política de la Comunidad religiosa, en abril de 1930 se le asignó al Sanatorio de Ciempozudos, para que recibiera enseñanzas médicas y afirmara su ministerio.

LA TRAGEDIA DE CIEMPOZUDOS

Los milicianos "rojos" ocupan la región y en su danza macabra, el siete de agosto de 1936 ocupan el Sanatorio . Son la tres de la tarde… la chusma armada irrumpe en Ciempozudos, apresa a los cincuenta Hermanos y los mete a empellones a unos camiones con destino a la cárcel de San Antón en Madrid.
El  Prior de la Orden avisa a la Embajada Colombiana y el Doctor Carlos Uribe consigue con las autoridades republicanas que se despache a los religiosos colombianos en un tren hacia Barcelona, para seguir a Francia y continuar a su patria.
Infortunadamente no sucedió en esa forma. El Doctor Ignacio Ortiz, Cónsul colombiano en Barcelona relata lo ocurrido: "El siete de agosto me llamó por teléfono el Doctor Uribe para avisarme de la salida de los religiosos y pedirme que facilitara su viaje a Colombia. El ocho de agosto debieron llegar a Barcelona, pero yo no obtuve ningún aviso. Por la tarde un miliciano me avisó que tenían siete compatriotas presos. Me dirigí adonde estaban recluidos y me impidieron hablar con ellos, aduciendo que sus pasaportes eran falsos.
-          Ahora es imposible- me dijeron - Venga mañana y los verá.
Fui al día siguiente, muy temprano por cierto. No estaban allá. Los habían llevado para el Hospital Clínico… y comprendí que los habían asesinado.
Aterrado, lleno de cólera y dolor fui a la morgue a identificar los cuerpos de los desventurados compatriotas. En el sótano- agrega don Ignacio- encontré los cuerpos de ciento veinte cadáveres, unos sobre otros, en el estado más impresionante que pueda suponerse. Al fin, por los documentos que llevaban, los identifiqué a todos. No puedo decir la impresión de dolor, de pavor y de indignación que experimenté en presencia de ese espectáculo. Los ojos estaban fuera, los rostros sangrantes, todos oprobiosamente mutilados, desfigurados, irreconocibles, horribles…

LOS MÁRTIRES COLOMBIANOS

Los compatriotas sacrificados con sevicia y sólo por ser católicos  fueron los Hermanos Arturo Ayala Niño, de Paipa; Esteban Maya Gutiérrez, de Pácora; Rubén de Jesús López Aguilar de Concepción ( Ant); Melquíados Ramírez Zuluaga, de Sonsón; Juan Bautista Velásquez Pelaez del Jardín; Gaspar Paez Peláez de La Unión y Eugenio Ramírez Salazar de la Ceja.
A las víctimas anteriores se le suma el mecánico, también colombiano, de nombre Carlos Ruiz Alvarado que designó la Embajada para que acompañara a los Hermanos y que fue asesinado en la madrugada del nueve de agosto en un suburbio de Barcelona y  la muerte con ferocidad y sevicia de Aníbal Jesús Gómez, un compatriota estudiante de teología ultimado el 28 de julio por milicianos, pese a llevar salvoconducto y pasaporte colombiano.
El proceso de la canonización de los mártires de Barcelona empezó en 1952 y por motivos políticos se aplazó hasta el 25 de octubre de 1992 , cuando el papa Juan Pablo II los llevó a los altares.