viernes, 29 de julio de 2011

PREGONERAS DE LA PATRIA NUEVA

Alfredo Cardona Tobón*
                             Josefa Camejo- Heroína venezolana
Si Miranda, Espejo y Nariño fueron los precursores de la independencia latinoamericana, a las granadinas  Águeda Gallardo y María Concepción Loperena y a la venezolana Josefa Camejo, se podría llamar pregoneras de nuestra libertad, pues tuvieron el liderazgo y la entereza para sacudir a Pamplona, a Valledupar y a Barinas  para mostrarles los senderos del patriotismo.
ÁGUEDA GALLARDO, PRÓCER DE PAMPLONA
En 1810  Juan Bastús  presidía el gobierno de Pamplona, en la provincia de El Socorro. Los vecinos y  Doña Águeda Gallardo detestaban a Bastús.¡Cómo  lo iba a querer, si el corregidor había prohibido las ruanas, los alpargates y los sombreros en las sesiones del Cabildo!, además,  tenía entre ojos a la matrona sesentona,  cogollo de la sociedad, dueña de extensas haciendas, porque se rumoraba que había albergado a Nariño y en su casa se organizaban tertulias donde se tramaba contra el poder colonial.

En abril de 1810 se estableció en Caracas  una Junta de Gobierno;  y en Mayo los cartageneros habían conformado su propia Junta. Los vecinos de Pamplona estaban al tanto de los sucesos y sólo esperaban el momento adecuado para salir de Bastús y formar su propio gobierno.

En la noche  del 29 de junio de 1810  los ciudadanos encabezados por Doña Águeda, celebraron con música  la fiesta de San Pedro sin contar con la anuencia del corregidor. Ante tal hecho,  Bastús suspendió la fiesta y amenazó con mandar a la cárcel a los organizadores.

Para evitar el arresto, la distinguida señora se refugió  en una de sus haciendas y pasado unos días regresó al pueblo en compañía de amigos y parientes. En  la plaza central se topó con el  corregidor; de las palabras enconadas pasaron a los hechos y la dama, sin tener en cuenta la autoridad,  arrebató el bastón de mando a Bastús y amagó  con rompérselo en la cabeza.
Ese 4 de julio de 1810 la gente se arremolinó en el parque, se oyeron mueras al gobierno; el zafarrancho se convirtió en motín,  el populacho retuvo a Bastús y lo condujo a un calabozo del edificio del Cabildo. Al  anochecer,  los vecinos de Pamplona desconocieron  la autoridad colonial al conformar una Junta revolucionaria que organizó un batallón de milicias. El  31 de julio suscribieron un acta donde el pueblo asumía la soberanía y empezaba a gobernar  en nombre de Fernando VII.


JOSEFA CAMEJO, LA HEROÍNA DE BARINAS

Esta notable mujer se educó en un colegio de monjas en Coro;  en Caracas asistió asiduamente  a las tertulias patriotas  y fue testigo de primera mano de los acontecimientos del 19 de abril de 1810.
En 1811 Josefa contrajo matrimonio con el coronel republicano Juan Nepomuceno Briceño. Al lado de su esposo emprende la lucha por la libertad de su tierra y se convierte en una de las adalides de la independencia venezolana.

En octubre de ese año, ante la inminencia de un ataque realista, las mujeres patriotas de Barinas, encabezadas por Josefa, se pusieron a disposición de las fuerzas republicanas y enviaron una carta que decía:
 “El sexo femenino, Señor gobernador, no teme a los horrores de la guerra; antes bien, el estallido del cañón no hará más que alentar, su fuego encenderá el deseo de libertad que sostendrá a toda costa en obsequio del patrio suelo.”

En 1813 los españoles asedian a Barinas y la población en masa busca refugio en la Nueva Granada; Josefa acompaña a sus paisanos, atiende enfermos y huérfanos y soporta la muerte de su madre que se ahoga al cruzar un río.

Tras la  penosa odisea, la valiente venezolana llega a  Bogotá  y allí permanece hasta 1819, cuando el general Urdaneta le confía la misión de regresar a su Patria para levantar el fervor popular a favor de la independencia. Disfrazada de campesina llega a Pueblo Nuevo y en su hato de Paraguaná  reúne 300   esclavos y ataca el cuartel realista de Coro. El tres de mayo de 1821 vuelve al ataque: con 15 hombres derrota al jefe realistas Chepito González  y en acción intrépida, apresa al gobernador español, nombra a otro republicano y publica el manifiesto que declara libre a la provincia de Coro.


MARÍA CONCEPCIÓN LOPERENA, PRÓCER DE VALLEDUPAR

Hija de un sargento mayor de las milicias del rey contrae nupcias con un criollo emprendedor que funda  grandes haciendas en Becerril y en la Jagua de Ibirico que  María Concepción administra cuando muere su marido.
Doña María Concepción fue una mujer portentosa; dueña de asombroso liderazgo en Valledupar y  en las regiones vecinas. A su voz, el Cabildo de la ciudad  establece contacto con la Junta de Cartagena para apoyarla en la causa independista y de sus propios recursos suministra a Bolívar trescientos caballos, bagajes y dinero
Del testamento de Doña María  se extracta lo siguiente:  “Declaro que el Libertador Simón Bolívar cuando se le llamaba el insurgente, cuando nadie lo conocía, cuando no contaba con recursos suficientes para la guerra de la Independencia, me brindó su amistad en Chiriguaná,  y le di toda la ayuda material y moral que me pidió este ilustre hombre…”
Por instrucciones de Bolívar la señora Loperena  organizó el levantamiento  de Valledupar y el 4 de febrero de 1813 proclamó su independencia en acta pública que consagró su nombre para siempre:
“Sea notorio a cuantos esta acta vieren, cómo yo María Concepción Loperena Fernández de Castro, mujer libre, de origen realista pero hoy republicana, en nombre del Cabildo de Justicia y Regimiento de esta ilustre ciudad, proclamo libre e independiente a la ciudad del Valle de Upar del gobierno español y la somete a los auspicios del Supremo Presidente S. E Jorge Tadeo Lozano.”
Tanto Doña Águeda, como Doña Josefa y Doña María Concepción escaparon del patíbulo y murieron de avanzada edad  en medio del respeto y el amor de los suyos. Por no terminar en un cadalso poco figuran en los anales patrios pese a su labor trascendental en nuestra independencia.

martes, 26 de julio de 2011

LAS MUJERES DEL VEINTE DE JULIO DE 1810

Alfredo Cardona Tobón*

En la conmemoración del veinte de julio de 1810 se ha pasado por alto al pueblo  y  sobre todo el concurso de las mujeres humildes,  pues se ha olvidado que eran el eje de la familia en las clases bajas de la sociedad granadina. Sin las bochincheras, sin los chisperos, sin el alboroto popular, de nada hubiera servido el afán criollo de menguar el poder chapetón.
Ese día de mercado la plaza estaba llena de verduleras, aguateras, leñeras, vendedoras de tiestos y de esteras, artesanas, tolderas y  mujeres que ofrecían gallinas, huevos, masato, legumbres y  cuanto apetecían los bogotanos.
Al desarrollarse la trama urdida por los revoltosos,  el pueblo azuzado por los bartolinos se lanzó contra los almacenes y las casas de los españoles, gritando abajos al gobierno y pidiendo cabildo abierto. Al caer la noche, las oleadas de  jornaleros, sirvientas  y marchantas llenaron las calles. La historia recogió los nombres de desteñidos personajes que suscribieron el Acta de la Junta Suprema y ha sido parca en registrar  a las numerosas mujeres, que no sólo pusieron el pecho a las bayonetas en ese día, sino que continuaron exponiéndose como espías, estafetas en la dura y cruel lucha por la  emancipación.
En este artículo vamos a referirnos a tres valientes mujeres que actuaron el veinte de julio de 1810.
BÁRBARA FORERO
Al frente de las tropas coloniales estaba Sámano, quien sólo esperaba la orden para martillar sus fusiles y hacer tronar los cañones  para acabar de una vez por todas con esos bochincheros que desde tempranas horas se habían apoderado de Santa Fe.
Las luces de las antorchas danzaban en los muros del Cuartel de Artillería y por primera vez en varios siglos, los ladinos y taimados indios de la sabana tenían el arresto de enfrentarse a los invasores de su tierra. Afuera se encontraba el populacho y tras los muros se parapetaban las fuerzas coloniales.Una mestiza de mediana edad se puso al frente del populacho y arengó a sus compañeras. “Marchemos nosotras las mujeres primero y tomemos los cuarteles, que se descarguen sus balas y nos maten, los hombres nos seguirán y mientras la tropa vuelve a cargar los fusiles los hombres se adueñarán de los cuarteles.”
Cuando el pueblo se arremolinaba para el asalto y Sámano apuntaba los  cañones, el virrey Amar y Borbón tuvo el tino de poner las tropas bajo el mando de la Junta Suprema que acababa de tomar el poder y se evitó la tragedia.. La multitud levantó el cerco a los cuarteles y Bárbara Forero y demás manifestantes  dirigieron su furia hacia los pávidos y temblorosos Oidores.
¿Quien era Bárbara Forero?-
Nada más y nada menos que la ex- amante  de Pedro Fermín de Vargas, uno de los precursores de nuestra independencia; el mayor pícaro que salió de los dominios españoles según Napoleón y el conspirador más peligroso del reino de acuerdo con las apreciaciones del virrey Mendinueta.
Pedro Fermín de Vargas era un criollo ilustradísimo, conocedor de ciencias y economía y miembro de la Expedición Botánica Por su capacidad y conocimientos la administración colonial le dio el cargo de  administrador de las minas de sal de Zipaquirá. En ese puesto Vargas realizó una  excelente gestión  hasta que un día cualquiera huyó con los fondos de las salinas en compañía de Bárbara Forero, una bella mujer que dejó al marido para seguirlo en sus locas aventuras.
Disfrazados  se internaron por Venezuela y abordaron un velero que los condujo a las Antillas donde Pedro Fermín ejerció la medicina y buscó apoyó para levantar en armas a la Nueva Granada.
 Pasaron unos años y Bárbara, quizás cansada de ir de un lado a otro pero sin romper los lazos que la ataban a su amante, regresó a Santa Fe, donde de vez en cuando recibía noticias y  algún dinero del inquieto trotamundos que viajó por Francia e Inglaterra, estuvo en Estados Unidos y al final se perdió en las brumas de Londres.
Bárbara fundó una escuela de primeras letras  en Santa Fe. Cuando Morillo reconquistó el virreinato sus esbirros se acordaron de Bárbara y para curarse en salud la desterraron a Suesca donde permaneció confinada hasta el triunfo de las armas republicanas.
FRANCISCA GUERRA
En una de las pulperías de Santa Fe, trabajaba Francisca Guerra, o la Pacha Guerra.  El veinte de julio, apenas empezaron los bochinches, la Pacha tiró el delantal y anduvo de un lado a otro espantando chapetones. Cuando Carbonell recorrió barrios y negocios reclutando manifestantes, la Pacha se unió a los chisperos y  encabezó un grupo de furibundas colegas que marcharon hacia el Cuartel de Artillería dispuestas a romperse el alma por una causa que tenia que ser buena si Carbonell la apoyaba.
En los días posteriores la Pacha Guerra no se perdió reunión de San Victorino y llena de entusiasmo patriótico empujó la virreina a un arroyo de aguas  negras, cuando iba camino a la Cárcel.
Al reconquistar  el poder los españoles recordaron los bochinches de la Pacha y en medio de un aparatoso dispositivo de seguridad  la desterraron a  Ubaté, donde permaneció malviviendo bajo la estricta vigilancia del alcalde hasta que los patriotas retomaron el poder..
MELCHORA NAVA
Doña Melchora Nava, mujer casada y madre de varios hijos tenía un bazar en la Calle Real.Cuando en el  atardecer del veinte de julio la “revolución” empezó a languidecer por falta de manifestantes, Acevedo y Gómez trataba de mantener el entusiasmo con inflamados discursos mientras Doña Melchora iba de corrillo en corrillo  animando a los manifestantes.
 Si  Carbonell fue el “ chispero” que dio fuego al levantamiento, Doña Melchora junto con Acevedo y Gómez fueron el verbo que mantuvo despierto el movimiento.
Se sabe que los realistas desterraron a Doña Melchora, pero sus huellas se pierden en algún pueblo de  tierra caliente.