sábado, 17 de septiembre de 2011

FÉLIX DE LA ABADÍA Y EL CAMINO DEL PRIVILEGIO

Alfredo Cardona Tobón*


En los primeros años de Manizales sus vecinos se comunicaban con Santa Rosa y con Cartago por una trocha estrecha, intransitable en las épocas lluviosas debido a los ríos correntosos imposibles de pasar y por los fangales de Dosquebradas que se tragaban hombres y bestias.
A medida que se extendió la colonización y creció el comercio con Antioquia, se volvió urgente la construcción de un camino que uniera a Cartago con Villamaría no solamente para atender las necesidades de los pobladores sino también para afirmar la presencia caucana en territorios poblados por paisas.
El Estado del Cauca no tenía recursos para emprender esa obra, entonces Don Félix de la Abadía, un osado y rico empresario cartagüeño, vio la posibilidad de negocios y  a mediados de 1855 elevó una solicitud a la Legislación del Cauca para que le permitieran construir ese camino a cambio de tierras baldías y explotarlo en concesión por el sistema de peajes
 El seis de diciembre de ese año, el gobierno caucano por medio de la Ordenanza No. 32 dio vía libre al proyecto que se estimó con una longitud de   70 kilómetros. Según el documento, un experto hará el trazado de la ruta, que una vez medida se dividirá en tramos para facilitar la administración y serán de primera categoría, aptos para el tráfico de recuas formadas por bueyes cargados y serán  amplios, con piso firme y parejo con puentes capaces de resistir grandes pesos en los ríos Otún, San Eugenio, Rioclaro y Chinchiná. En la Ordenanza No., 32 se especifica que el camino tendrá las obras complementarias  necesarias y contará con tambos cada veinte kilómetros con las comodidades para albergar viajeros, sus cargamentos y darle corral a los animales que lleven consigo. Se acuerda, además, que  el Estado  pagará al concesionario su inversión en tierras baldías y éste sostendrá el camino con sus propios recursos,  disponiendo del derecho de sacarle beneficio comercial mediante el cobro de peajes
¿QUIEN FUE DON FÉLIX DE ABADÍA?
En un importante estudio, el historiador pereirano Emilio Gutiérrez, nos da detalles  del Camino del Privilegio y de Don Félix de la Abadía,  a quien califica como un caucano culto, intenso trabajador, servidor de la comunidad, empresario  de visión futurista y el gran pionero del progreso de las tierras fronterizas con Antioquia.
Don Félix estaba emparentado con familias notables de Cartago, administró los bienes de Francisco Pereira Martínez, fue un  hábil negociante y  uno de los gestores principales de la moderna ciudad de PereIra de  acuerdo con los análisis de los académicos Emilio Gutiérrez y Victor Zuluaga.
EL CAMINO DEL PRIVILEGIO
Ocho años antes de la misa celebrada por el padre Cañarte, que se tiene  como fecha de la fundación de Pereira, los vecinos de Cartagoviejo entusiasmados  por la vía y con el apoyo de Don Félix elevaron una solicitud al gobierno caucano para que diera al caserío el título de Aldea de  Robledo y se nombrara un juez y un corregidor.
El gobierno del Cauca no accedió a  la solicitud y en cambio aprobó el trabajo subsidiario o comunitario para apoyar la construcción del camino que trazó el ingeniero bugueño Ramón Sanclemente  y se abrió con la colaboración de los vecinos de Santa Rosa y de Villa de María, que se asociaron con Félix de la Abadía para adelantar  los banqueos que se  hicieron en  niveles altos para evitar los anegamientos.
La construcción del camino empezó  en enero de 1856 con cien trabajadores que abrieron paso hasta la zona de los Cerrillos, llegaron a Cartagoviejo, donde se construyó un tambo en el sitio del actual parque Olaya Herrera en Pereira  y empalmaron con el puente que  habían construido los santarrosanos en  1852 en el paso de Los Frailes. La obra  siguió por los cerros orientales de Dosquebradas, pasando por el punto del moderno Puente Helicoidal,  llegó a Santa Rosa,  cruzó el Rioclaro y en Villamaría empató con el puente y el tramo construidos por los manizaleños.
Don Félix culminó la obra en menos de tres años. En septiembre de 1858 el gobernador del Quindío Ramón Rubiano recorrió los 72.5 kilómetros del Camino del Privilegio y no teniendo reparo alguno que hacer dio su conformidad y  autorizó el cobro de los peajes según tarifas establecidas.
En la comunicación al Secretario de Hacienda del Estado del Cauca, el gobernador anotó: “Inmensos han sido los esfuerzos para llevar a cabo esta empresa sobre un terreno cuya configuración es semejante a un gigantesco oleaje cubierto de selva primitiva. Los árboles han sido descuajados, el terreno en muchas partes cortado a pico dejando al descubierto lechos de marga y arenisca… Sobre los ríos Otún, San Eugenio, Rioclaro y Chinchiná se han construido grandes  puentes y se han hecho tambos cada veinte kilómetros capaces de alojar grandes cargamentos.”
El gobernador Rubiano comentó que el Camino del Privilegio era la vía de comunicación más perfecta en el sur de la República, verdadera arteria comercial que facilitaba el cambio de los productos de la Confederación, que era a la vez el vehículo de la numerosa emigración antioqueña..y agregó: “ ella trae consigo un caudal de industria minera y agrícola, de salud, de robustez y movimiento..”
LOS EFECTOS DEL CAMINO DEL PRIVILEGIO
En diciembre e 1858 los vecinos de Cartagoviejo  vuelven a insistir ante la administración caucana para conseguir su aprobación en la fundación de una aldea en el sitio donde Robledo levantó al antiguo Cartago, poniendo de manifiesto que estaban sobre un “magnífico” camino que los comunicaba con el Cauca y con Antioquia. Ellos presentían la enorme importancia de la vía y   el futuro abierto de su rancherío.                           
En poco tiempo el Camino del Privilegio  intensificó el comercio entre los dos estados limítrofes y se abrió la ruta del cacao que fue el motor del  progreso de Manizales y dio aliento a Cartagoviejo adonde llegaron las piaras y  el maíz sobrante de los colonos paisas.
El tránsito por el camino del privilegio cambió el rumbo de las comunidades al norte de Cartago, la aldea de  Condina desapareció, Pereira tomó enorme fuerza y, la frontera humana se corrió hasta el Otún , pues los paisas en forma masiva se asentaron más allá de los límites y en alud poblaron las vertientes del río Cauca.

lunes, 12 de septiembre de 2011

GUERRA DE 1876- LA COLUMNA SIN REGRESO

Alfredo Cardona Tobón*

                                         General Sergio Arboleda

“La Mosca”, o patrulla de avanzada, se adentró con cautela en el monte que rodeaba el río Cañaveral y descubrió a las fuerzas enemigas que se escalonaban entre Ansermanuevo y el poblado negro de Carmen de Dosquebradas. “La Mosca” era parte de una columna conservadora que había salido de Manizales y la fuerza acantonada cerca al Cañaveral era un contingente poderoso, reclutado por los liberales del Valle del Cauca para frenar el avance azul por las lomas del Tatamá.
Una vez más se enfrentarían los generales caucanos Eliseo Payán del bando liberal y Sergio Arboleda en el bando conservador. Con Payán iba Jorge Isaacs, el autor de “La María” y con Arboleda marchaba Joaquín María Córdoba, el notable guerrero reputado como el primer sable del Cauca.

LA ESTRATEGIA DE MARCELIANO VÉLEZ

Luego del triunfo liberal en “Los Chancos” el general Julián Trujillo fijó rumbo a Manizales y de combate en combate llegó hasta el sitio del “Tablazo”, en cercanías de la ciudad, y empezó el cerco del fortín fronterizo para dar el zarpazo final.
En enero de 1877 el general Marceliano Vélez, comandante general de las fuerzas antioqueñas, organizó una columna de veteranos del Cauca y reclutas antioqueños, bajo las órdenes de Sergio Arboleda, con la misión de atacar la retaguardia liberal, cortar la comunicación de Julián Trujillo con su cuartel general en el Valle del Cauca y bajar la presión sobre Manizales. El momento era propicio: La tropa  paisa esperaba repetir la hazaña de 1860, cuando Mosquera se estrelló contra la ciudad y los caucanos ardían de coraje por los desmanes liberales contra la población caleña.
Protegido por las sombras de la noche la columna de Arboleda salió de Manizales y en las horas de la tarde del 10 de enero alcanzó la población de Ansermaviejo y continuó su marcha por la trocha de Tachiguí.
La vía era angosta. A lado y lado las batatillas se entrelazaban entre los árboles centenarios que bordeaban el camino; en la penumbra revoloteaban mariposas multicolores y de vez en cuando se sentía el balanceo de los micos que se acercaban curiosos a  pasar revista a la tropa. La columna marchaba en silencio con sus fusiles embadurnados de barro y los yataganes cubiertos de follaje para evitar los reflejos delatores. Pero como el monte tiene ojos y oídos, los espías enemigos  habían detectado la columna desde los riscos de Guerrero y su campaña era un secreto a voces en el cuartel de Trujillo.

LA MUERTE RONDA EN PUMÍA

Los liberales reúnen tropas en el Valle del Cauca y a paso redoblado las sitúan delante de Ansermanuevo, donde esperan batir la ofensiva conservadora que se extiende por las lomas del Tatamá.
“La Mosca” repasa el camino  y en el Alto del Rey  informa al general Arboleda sobre la magnitud de la fuerza liberal  estacionada cerca al río Cañaveral. Ya que era imposible cumplir la misión asignada de atacar la retaguardia de Trujillo y cortar los suministros, Arboleda optó por una retirada estratégica con el fin de distraer algunos batallones caucanos y bajar la potencia del ataque enemigo a Manizales.
La columna contramarcha en forma ordenada y toma posiciones en Apía. Payán avanza  y espera el momento oportuno para presentar combate mientras Arboleda  retrocede y  se detiene nuevamente en Pumía, un sitio en el borde del mortífero valle del río Risaralda, donde vegetan algunos mineros palúdicos y unos pocos ganaderos paisas luchan a brazo partido contra la selva y los pumas.
Pumía es un antro de alimañas y un nido de enfermedades. El clima ardiente, el agua contaminada, los vahos de las charcas pútridas no tardan en cebarse en  los hombres de Arboleda que caen víctimas del tifo y la disentería.
La columna diezmada y maltrecha abandona el trágico sitio, seguida por la fuerza de Payán, que evita el paso por las posiciones abandonadas, donde se siente el  nausebundo olor de los cadáveres insepultos.
La fuerza conservadora remonta la Serranía de Belalcázar y se detiene en la Quiebra de Varillas, donde levanta trincheras  y espera el ataque de Payán, luego de recibir a Manuel Antonio Cataño con refuerzos de Riosucio, reforzarse con el batallón Herrán que se despacha de Filadelfia con trescientos soldados armados de rifles Remington y  sumar el apoyo de un cuerpo de policía procedente de Medellín con modernas armas de precisión.

LA DEBACLE

Payán no ataca. Sería suicida embestir las defensas de la Quiebra de Varillas. Pero escasean las provisiones y  Arboleda  se desplaza hacia Riosucio, cuya gente le brinda el apoyo necesario para que prepare una emboscada y espera a Payán en las estribaciones del cerro Batero.
El 25 de marzo de 1877 la punta de la tropa de Payán se encuentra con un muro de plomo en el Batero. El combate es sangriento y desigual, pues en la estrechez de la senda los liberales apenas pueden avanzar en fila india. Todo señala el triunfo de los conservadores, hasta que unos baquianos de Quinchía abren una trocha a espalda de los conservadores y su victoria se transforma en una dolorosa derrota.
La oscuridad salva a los sobrevivientes del combate que en desorganizada retirada buscan la seguridad de la montaña y se marchan unos  hacia Antioquia y otros hacia el Estado del  Cauca. Pocos días después cae Manizales y  Antioqua queda en manos de los liberalres caucanos.
Como a los vencidos no se les reconocen méritos,  el pueblo  se olvidó de esa columna  cuyos soldados ofrecieron su vida por Manizales y la causa conservadora y cuya memoria apenas se rescata en unos reglones  insertados en las crónicas militares de los sureños.