lunes, 31 de diciembre de 2012

LA EMBOSCADA EN LA TROCHA DE EL SILENCIO- FILADELFIA-CDAS

Alfredo Cardona Tobón



En  una mañana de agosto de 1900 los  soldados conservadores de la División Giraldo acantonada en Salamina, cruzaron el río Tapias y empezaron a trepar por una trocha que los llevó a la aldea de Morrón, conocida actualmente como Samaria. Al frente de la tropa iba el coronel Miguel Duque con la consigna de encontrarse en ese punto con fuerzas de Manizales para marchar al Cauca en una misión secreta.

Más que el enemigo la preocupación de los oficiales era la deserción de su gente, porque estaba  cantado que los antioqueños eran buenos para el trabajo pero pésimos para el combate. Los reclutas de Salamina aprovechaban cualquier ocasión para tomar las de Villadiego  y hacerle quite a la guerra; en esta ocasión tenían todos los motivos del mundo para perderse en la maleza, pues corría el rumor de una campaña contra el audaz Ceferino Murillo y el tenebroso Manuel Ospina, sanguinarios guerrilleros que operaban por los lados de Quinchía y Bonafont.

A mediados de 1900 el sur de Antioquia sentía los estragos de la revolución liberal , bandas  caucanas hostilizaban a Filadelfia, a Salamina y a Neira sin que las fuerzas gobiernistas de Manizales y Riosucio  pudieran atajarlos, pues las guerrillas atacaban y se diluían en medio de la población indígena

Los grupos armados de Emiliano García y de Teófilo Cataño reunieron un centenar de macheteros en la aldea de Quinchía, al otro lado del Cauca, cruzaron el río y se unieron a los hombres de Ceferino y de Ospina. Era gente ducha en acciones relámpago, donde sorprendían al enemigo y huían, pero no tenían experiencia en combate colectivo ni sabían luchar con efectivos regulares..

El 15 de agosto de 1900 fue un día esplendoroso; en el horizonte se veían los nevados de la cordillera central, era un día para vivir y no para morir. Desde temprano las guerrillas levantaron el precario campamento y  se internaron en los montes del sur de Antioquia con rumbo  a Filadelfia. Tres baquianos tomaron la punta y  al trillar los rastrojos para abrir paso los micos salían despavoridos y  pardadas de torcazas  buscaban el refugio de las copas más altas de los árboles..
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Las autoridades antioqueñas conocían los planes de los guerrilleros;  un labriego infiltrado había comunicado al  general  Carlos Londoño sobre la marcha y el rumbo de los insurgentes. Esa era la razón de la concentración de tropas gobiernistas en Morrón, donde se darían los últimos toques para sorprender el avance de los guerrilleros.

 El coronel Duque y el general Londoño unieron sus efectivos y sigilosamente tomaron un atajo hacia el río Cauca, en medio de la oscuridad de la noche, marchando a tal celeridad que al amanecer del 15 de agosto estaban emboscados  en la trocha de El Silencio, por donde se presumía que  iba a pasar la columna caucana.

El veterano Mariano Flórez y el exalcalde de Quinchía Gabriel Vinasco, iban a la vanguardia. Avanzaban confiados, sin esperar contacto alguno con las tropas del gobierno, que según informaciones confiables  estaban en Salamina. No se oía ni un pájaro, tan solo el chillar de las chicharras.
“Esto está muy raro”,  dijo Mariano y no acabó  de  completar la frase porque de  repente, a lado y lado de la trocha tronaron los fusiles y las carabinas y los macheteros caucanos  fueron barridos como  hierba mala
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Felipe Rojas alcanzó a disparar la escopeta y al atacar machete en mano una lluvia de metralla lo tendió entre el follaje  al igual que a sus 54 compañeros.,. Toribio Anduquia escapó de milagro; como una culebra se escurrió entre el rastrojo y huyó con Ceferino Ríos y con Manuel Ospina, que  venían en la retaguardia y tuvieron tiempo de resguardarse entre los árboles
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Cuando se propuso el ataque combinado, el coronel Zoilo Bermúdez dijo a sus copartidarios de Quinchia: "Trabajar con reclutas es una carajada y pelear sin armas es una solemne pendejada. Dígale a Ceferino que yo no le camino a esa vaina". Razón tenía el viejo militar, curtido en mil combates y sobreviviente de varias guerras, pues de los que marcharon hacia Filadelfia, ni siquiera regresaron  con los cadáveres
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El golpe asestado por Carlos Londoño y Miguel Duque desvertebró la revolución en la banda izquierda del río Cauca y la acción continuada de las tropas  conservadoras de Riosucio, Cartago y Manizales empujaron a los guerrilleros a la selva del Chocó donde continuaron la lucha.
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De la hecatombe de "El Silencio" quedó un recuerdo vago. No fue una batalla ni una acción gloriosa, fue no más  una matanza de "bandidos" perdida en el silencio de los tiempos  y en la trocha con ese nombre, los años borraron la memoria de  esos campesinos anónimos cuyos huesos quedaron  perdidos en el monte, sin que sus deudos hubieron oído el piadoso tañer de las campanas.
 

viernes, 28 de diciembre de 2012

EL RESGUARDO INDÍGENA DE TABUYO

Alfredo Cardona Tobón.

Despues del éxodo de los encomenderos españoles, los indígenas tabuyos ocuparon la poblacion de Ansermaviejo


Un vientecillo  juguetón se coló entre la torre de guadua de la capilla de Tabuyo como tratando de empujar el rejo de la campana que llamaba a misa; un  gavilán giraba y giraba encima del rancherío preparando el embate a unos pollitos que salían de vez en cuando del encrespado plumaje de una gallina para picotear los grillos; y mientras el sol se desperezaba salían de sus chozas los indios medio dormidos: varones y mujeres viejas y mozas, con niños de brazos y muchachos de surtidas edades quienes,  por un estrecho sendero tallado en el flanco de la montaña, se dirigían al templo donde el cacique Bartolo Tabarquino miraba y hacía cuentas, pues si faltare algún feligrés el cura doctrinero se lo cobraría con multa, con cepo o latigazos.

Los nativos asistieron a la ceremonia donde un fraile franciscano hablaba un idioma desconocido y les obligaba a adorar a un Dios flagelado al igual que cualquier indio alzado contra los españoles.
Al llegar el Prefacio los indios bautizados permanecieron en la iglesia, el resto esperó  afuera hasta la terminación de la misa cuando volvieron a entrar a rezar por la salvación de sus almas.

Habían transcurrido ocho años desde la fundación de Anserma y la llegada de los conquistadores. Allí estaban  desplazados los vencidos  a merced de los encomenderos. La desnutrición, las enfermedades traídas por los europeos y el trabajo esclavo los estaban diezmando. Algún escribano, por piedad o movido por una pepa de oro, con fecha 7 de agosto de 1547,  redactó un memorial firmado por el cacique  y dirigido a las autoridades virreinales  donde se mostraba la desgracia de la tribu de los tabuyos y solicitaba la autorización para regresar al sitio de Umbría, de tierras fértiles, buenas aguas, temperatura saludable y montes apropiados para cortar madera.

La  poca natalidad, debido en gran parte a la falta de hombres en la aldea, ya que estaban beneficiando oro en Quiebralomo y Buenavista, no compensaba la  altísima mortalidad. En 1582, en la región de Anserma, sólo quedaban 800 indígenas explotados junto con mil esclavos negros por 24 españoles viejos.

En 1627 los encomenderos gestionaron créditos reales para importar más esclavos negros para trabajar las minas, y ante la despoblación indígena el Oidor Lesmes de Espinosa y Saravia reunió en la aldea de Tabuyo a los sobrevivientes de los repartimientos de Upirama, Ipa, Aconchare, Napiera, Irra, Tusa, Indipiati, Piesa y Chátapa para aprovecharlos en la  extracción de oro  y facilitar su adoctrinamiento cristiano.

 TABUYO Y ANSERMAVIEJO.

La orden de extinción del convento de San Luis, notificada el 24 de septiembre de 1777, marcó la desaparición de Santa Ana de los Caballeros de Anserma, cuyos vecinos españoles y criollos se habían trasladado unos años atrás a las vecindades de Cartago donde fundaron la población de Ansermanuevo.

Pese a la emigración de los blancos no desapareció la aldea de Ansermaviejo. Los indios de Tabuyo abandonaron paulatinamente su rancherío y se instalaron con su alcalde, su alguacil y un cura doctrinero en la antigua población de los encomenderos. Cuando la guerra de Independencia arruinó la población de Ansermanuevo, los tabuyos dependieron de Cartago, luego de Toro y en 1869 quedaron bajo la jurisdicción del distrito de Quinchía.

EXTINCIÓN DEL RESGUARDO.

Don Pedro Orozco acaba de liquidar la sociedad colonizadora de Támesis y con sus hermanos Jorge y Leopoldo inicia en el año 1870 sus negocios de tierra en Ansermaviejo.
El gobierno del Cauca autoriza la venta de los Resguardos y se facilita la operación de los empresarios paisas  que se asocian con funcionarios corruptos y políticos ambiciosos para quedarse con  los terrenos de los nativos.

La parcialidad de Tabuyo vende el área de Varillas, hoy municipio de Risaralda, a los Gamboas y contrata a William Martin para que mida y  divida en lotes el Resguardo.
Hacia 1878 una Junta Repartidora compuesta por el alcalde de Quinchía, el notario, el corregidor y  el administrador de la parcialidad reparten las 6147  hectáreas del Resguardo: dejan 51 hectáreas  para edificar una población, le pagan a William Martin con un gran globo de terreno, se adjudican  varios lotes y entregan  53  parcelas de 43  hectáreas cada una  a los comuneros tabuyos.

Con remates amañados los Orozco, Rudesindo Ospina, el Jefe militar Ponciano Taborda y Juan de Dios Gamboa se adueñan de la mayor parte de los ejidos cedidos por el gobierno caucano a los vecinos de Ansermaviejo. Los mejores baldíos quedan en manos de la familia Henao de Manizales, de Rudesindo Ospina, los Gartner y los Santacoloma.

Los curas de Támesis, Palermo y Jericó invitan a sus parroquianos a radicarse en Ansermaviejo donde los empresarios les venden o les financian parcelas con amplias facilidades. En diez años los indios quedan sin tierras. Sin lengua y sin identidad  los tabuyos se funden en el crisol del mestizaje para convertirse en peones de los pobladores antioqueños.
El 19 de septiembre de 1899 José María Clavijo y otros 43 descendientes de los tabuyos tratan de recuperar las 51 hectáreas separadas para fundar una población, pero era tarde, pues  Maximiliano Pamplona las había  vendido a varios colonos paisas, quienes empezaban a dar aliento en esos terrenos al poblado de San Pedro, que en poco tiempo se convirtió en corregimiento del moderno municipio de Anserma.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

EPISODIOS DE LEYENDA

Alfredo Cardona Tobón




La imaginación popular va acomodando de tal manera los sucesos, que al pasar el tiempo la realidad se mezcla con la leyenda. Nuestro pretérito está lleno de episodios que no resisten el severo análisis de la historia, pero que dibujan con propiedad una época o el carácter de un personaje.

¿Cuánto hay de verdad o de mito en la vida del Negro Marín, guerrillero de mil combates y mil y una derrotas?- ¿Y qué hay de cierto en lo dicho sobre Mirús y Calzones, bandidos al estilo de Robin Hood,  o en las loas perfumadas sobre el Mariscal Alzate Avendaño, uno de los grandes promotores de nuestra violencia reciente?-
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Traigamos a la memoria algunos sucesos,  adobémoslos con nuestras propias conclusiones y veremos que nos dan papel y cuerda para escribir obras enteras.

LA PRESUNTA HIJA DEL GENERAL JOSÉ MARÍA CÓRDOVA

La corta y heroica vida del general José María Córdova fue tumultuosa, violenta, llena de pasiones y de gestos heroicos. Entre lo mucho que se ha escrito sobre el joven general hay unas notas que se refieren a una juana y  su pequeña hija

Se dijo  que con las tropas que acompañaban a José María Córdova en la campaña de la costa iba un sargento con su `juana`* y una niña ya crecidita. El suboficial murió en combate y  la `juana`  continuó con la columna, contestando a lista en nombre  del suboficial fallecido y cobrando los dineros que le habían asignado en vida  a su compañero.

Pasaron unos tres años y la muchachita de la “juana” se convirtió en una mujer en capullo  que siguió tras las huellas del general antioqueño sirviéndole al lado del capitán Francisco Villa, edecán personal de Córdova. La jovencita acompañó al militar paisa en la campaña del sur y en los campamentos se hablaba de la hija del general y también de la concubina del valiente militar granadino.

Córdova defendía a  la muchachita del acoso de la oficialidad y le prodigaba los mayores cuidados, pero llegó el momento que tuvo que separarse de ella por los rumores que en nada lo favorecían y la internó en un  convento de religiosas de Lima, donde se perdieron las huellas de la hija o de la amante del osado y violento oficial antioqueño.

LA MUERTE DEL "FOGOSO" GUTIÉRREZ

José María Gutiérrez de Caviedes, fue uno de los líderes de Mompox en el levantamiento de la ciudad contra los españoles y un destacado militar, muy cercano al dictador Juan del Corral, en los primeros tiempos republicanos de Antioquia.

El llamado “Fogoso Gutiérrez" por su oratoria encendida, comandó la columna paisa que marchó hacia el sur a reforzar las tropas de  Nariño en su campaña contra los pastusos.
El Fogoso" no tenía mucho afán de apoyar al Precursor, en Supia suscribió el Acta de Independencia,  en Ansermanuevo atacó a los guerrilleros realistas y también a los partidarios del centralismo de Cundinamarca; quemó el poblado, apresó a personajes que apoyaban al rey y cuando se unió a las fuerzas de Nariño, no acató  sus órdenes y dejó al descubierto la retaguardia republicana con la consiguiente derrota de los patriotas

El coronel Sámano apresó a Nariño y desbarató las fuerzas republicanas. El Fogoso Gutiérrez  buscó refugio en un convento de Cali, pero al saber que los españoles iban a aprehender y quizás a fusilar al religioso que le  dio asilo, se entregó a los españoles.

En una fría madrugada y sin testigos, un pelotón de fusilamiento segó la vida del  "Fogoso". Mucho tiempo después, un sacerdote llegó a un lejanísimo hato en los llanos orientales para asistir a un moribundo. Yo soy el "Fogoso" Gutiérrez  dijo el moribundo antes de entregar su alma al creador.

Se rumoró con insistencia que "El fogoso" no murió en esa ocasión, las balas eran de salva y  lo que se enterró fue un ataúd vacío. Se dijo que  Sámano lo había perdonado  movido por los ruegos, la belleza y los favores de la hermosa mujer de Gutiérrez que sacrificó su honra para que su esposo viviera..

EL CORREO DE LA BRETAÑA

Los mineros fueron los pioneros de la colonización; detrás de los filones o las pepitas de oro de los aluviones se adentraron en la selva y repasaron trochas como las de San Narciso, solo hoyadas  por aventureros o prófugos de la justicia.
En esa incesante búsqueda de un Dorado, los antioqueños descubrieron la mina de California, cerca de la aldea de Buenavista a orillas del Magdalena y monte adentro se toparon con la veta de La Bretaña, no muy lejos de la localidad de Florencia en el oriente caldense.

A finales del siglo XIX el minero Miguel Murillo explotó La Bretaña con el apoyo financiero de Alejandro Ángel y de Antonio José Restrepo, el famoso Ñito Restrepo. La mina llevó prosperidad a la deprimida zona de Florencia durante cuarenta años. En sus mejores tiempos ocupó 250 mineros en  socavones y en  beneficiaderos utilizando modernos sistemas de monitores para separar el oro de la ganga.

La Bretaña, asiento de hombres recios y cuna de muchas leyendas, entre ellas las del arriero Blas Manrique que con su macho rucio viajaba cada mes al puerto de La Dorada a entregar el oro producido por la Bretaña y regresaba con encargos y cartas.

Como todo tiene su fin,  en un día de 1923 murió el macho rucio. Fue una desaparición que lloraron todos lo mineros de La Bretaña; ese día suspendieron labores y llenos de pesar acompañaron al noble animal a su última morada como si fuera un viejo amigo; al frente de la comitiva fúnebre iba el arriero Blas Manrique con una turega de bueyes que llevaban un cadáver sobre una plataforma de madera y atrás caminaban en silencio los mineros de La Bretaña.

 Cuenta Don Alejandro Ocampo en las memorias que confió al Hermano Florencio Rafael, que  en ese desfile fúnebre, aún faltando el acompañamiento religioso, se sentía el respeto y la congoja; tras un corto recorrido, los bueyes pararon en un pastal en la loma al norte del caserío y en un amplio hoyo los mineros descargaron el cuerpo del macho rucio,  muerto de viejo después de trasegar durante muchos años por el camino de Sonsón, transportando el oro y llevando el correo de La Bretaña

Para cumplir con su misión al arriero Blas Manrique y al macho rucio no les importó el sol canicular de los veranos ni los ríos de lodo que se escurrían por los tragadales en las épocas de lluvia. Iban solos, sin escolta, sin temor a los asaltantes ni a los pumas, solamente con la protección de Dios y de las Ánimas Benditas, a las que se encomendaba Manrique antes de cada viaje.

Ese singular entierro significaba más que la pérdida de un ser querido, al sepultar la noble bestia los mineros sentían que se estaba rompiendo el eslabón entre el pasado y su futuro y que al desintegrarse el dueto de Blas Manrique y el macho rucio presentían la terminación del mundo de los socavones  y del barretón para dar paso al  mundo de los surcos, del hacha y del serrucho, pues La Bretaña ya no era la misma, y el oro, si era que había algo, se estaba escondiendo en lo más profundo de la tierra junto con los sueños de la comunidad florentina.

LA ESCLAVA QUE DEFINIÓ UNA BATALLA.

El 28 de septiembre de 1819, al filo del mediodía , avanzan 700 jinetes, 200 lanceros y 100 fusileros patriotas hacia  las posiciones españolas en la hacienda de San Juanito, en cercanías de Buga, Valle del Cauca. Los profundos fangales y el fuego nutrido de los realistas impiden el avance de la caballería. El inglés Runnel con su guerrilla llega hasta el trapiche situado al lado de la edificación principal y se detiene, pues es imposible continuar con la lluvia densa de metralla. De improviso dos combatientes armados con lanzas y mechones encendidos se aventuran en medio del plomo. Son la esclava María Antonia Ruiz, vestida de hombre, y Joaquín Bermúdez, que sin importarles el peligro, se acercan a los ranchos pajizos, que rodean los edificios, y les prenden fuego haciendo salir a campo abierto a los defensores de San Juanito que ante empuje patriota y la  promesa de perdonarles la vida capitulan y entregan sus armas.

martes, 25 de diciembre de 2012

EN LAS LOMAS DE BELALCAZAR-CALDAS-

Alfredo Cardona Tobón



La noticia del párroco de Palermo se regó como  pólvora en esa población del suroeste antioqueño, el levita informó en  la misa de once, sobre los lotes que Don Pedro Orozco estaba regalando en la Cuchilla de Belalcázar, donde  ese empresario ,fundador de la población de Támesis y repoblador de Ansermaviejo, se proponía levantar un nuevo caserío.

La pobrería de Jericó, de Támesis y de Palermo enrollaron esteras, metieron en un costal lo poco que tenían y unos  a pie y otros en bestia, tomaron el camino del Rosario y se dirigieron a  La Soledad, donde  Don Pedro Orozco, de verdad, estaba regalando lotes,  contratando peones para hacer abiertos en la montaña y financiaba tierras y semillas a los colonos.

La historia de la fundación de Belálcazar empieza el 29 de diciembre de1880 con la compra que hizo el salamineño Rudesindo Ospina de dos grandes lotes baldíos: El primero se extendía desde el río Risaralda hasta la Cuchilla de Belalcázar y el  segundo iba desde la Cuchilla hasta el río Cauca. En total eran unas doce mil hectáreas con linderos difusos y vagos que se prestaron para pleitos en el futuro.

 Dos años después de la compra al gobierno, el empresario Rudesindo Ospina vendió la mayor parte de  ese terreno a los hermanos Pedro y Jorge Orozco quienes cedieron una extensa faja a los  hermanos Correa de Támesis y procedieron a parcelar el resto de la extensa propiedad.

De 1880 a 1896 Pedro Orozco adquirió casi toda la  Serranía de Belalcázar, obtuvo gran parte de la banda izquierda del rio Risaralda y extensos predios en Varillas, consiguió numerosos derechos en los Resguardos indígenas de Tabuyo, Guática y Tachiguí,  y se convirtió en uno de los mayores accionistas de las minas de Supía y Marmato. El empresario compraba y vendía, financiaba con amplios plazos, daba ganado en  compañía y negociaba cosechas.

Fermín López,  Sótero Vélez  y demás colonizadores de su época fueron enanos al lado de Pedro Orozco, un empresario de visión y pocos escrúpulos que movió dinero, abrió frentes de trabajo, se asoció con Rudesindo Ospina y con los Chávez para abrir caminos y construir pontones, y actuó en equipo con los políticos caucanos de todas las pelambres y colores  para conseguir a vil precio los terrenos de los resguardos indígenas del norte del Cauca.

Hay que abonarle a Pedro Orozco su apoyo a los paisanos tamesinos; testimonios de antiguos pobladores lo muestran como hombre amplio y  generoso que les compró cosechas en tiempos difíciles, así tuviera  abarrotadas sus bodegas con maíz y fríjol.

A fines del siglo diecinueve Don Pedro cansado de conseguir dinero regresa a su tierra natal  y vende las propiedades en Ansermaviejo  mientras su hermano Jorge, se retira, también de Ansermaviejo y prueba fortuna en Victoria, Tolima.
Después del retiro de Don Pedro, el caserío de La Soledad empieza a declinar y parece que seguirá la misma suerte de Santa Ana y de Varillas, cuyas ruinas desoladas, devoró  la maleza, pero la guerra de los Mil Días saca la aldea de la agonía, pues llega una oleada de colonos antioqueños, tan pobres como los llamados por Pedro Orozco, quienes se instalan en los terrenos incultos de Belalcázar sin que les importe un bledo los derechos de los propietarios ausentes.

LA LUCHA POR LA TIERRA

Centenares de familias usurpadoras se asientan dentro de  grandes haciendas y ocupan lo que no tenga dueño a la vista. Pasada la guerra los propietarios afectados conforman la “Sociedad de terrenos de Risaralda” y dan poder a un abogado para que establezca  juicio de policía ante las autoridades competentes para proceder contra los invasores.

En 1905 los dueños de las fincas Cuba, El Zancudo, Montegranario, Aguila, Moralva, Pinares, Alejandría, Equis, Palmera, Suiza, Turquía, Zulia y otros tantos piden protección a las autoridades contra  los colonos, que capitaneados por Bonifacio Torres, amplían más y más sus cultivos. La situación es muy grave. La violencia aumenta y  hay choques sangrientos. El 2 de noviembre de  1905  Alejandro Gutiérrez, gobernador de Caldas, envía el siguiente telegrama al alcalde de Anserma: “No deje atacar propiedades aunque estén incultas, pero colonos que tienen  más de un año posesión tranquila con casa y labranza tiene usted obligación de ampararles contra propietarios, cuyos derechos se harán valer ante poder judicial y entonces presta mano  fuerte a sus decisiones.”

José  Restrepo, Secretario General de la Gobernación da instrucciones al alcalde de Anserma y agrega:  “ En las diferencias entre el propietario y el colono, cuando la propiedad esté amparada por títulos, si los primeros se quejan, ampáreles contra los enganches indebidos, porque los colonos que no estén situados en terrenos baldíos, mal podrían continuar trabajos indefinidamente, apoderándose de su propiedad y permaneciendo la autoridad con los brazos cruzados ante las quejas de  los interesados...”

Ernesto Arango, Ricardo Cock, Buenaventura Chávez, Antonio Santamaría y   otros empresarios desacreditan a Bonifacio Torres, líder de los colonos, y lo llevan a juicio por falsificación de unos telegramas. El 11 de febrero de 1911 el Tribunal Superior de Manizales obliga a Esteban Clavijo, a  Alejandro Cevallos y a nueve colonos más a restituir a Jesús Constaín los lotes de terreno con sus potreros, casas y plantaciones, situados  en la margen izquierda del río Risaralda.

En los innumerables litigios, alimentados por tinterillos, la peor parte la llevan los cultivadores con menos recursos económicos. En 1911  se adjudicaron 315 hectáreas de baldíos a José Mejía y en 1919 el Ministerio de Agricultura cedió 555 hectáreas  en el valle del río Risaralda a Luis Robledo . En 1935  150 colonos se aferran a 1060 hectáreas de mejoras que representan 20 años de trabajo,  pero la Resolución No,. 28 de 1935 del Ministerio de Industrias cede dicho terreno a uno solo individuo que no cultivará jamás esa tierra y tilda a los colonos que se la habían arrebatado a la selva como “perturbadores de la propiedad y del orden público”,

Los campesinos sin tierra entraron  poco a poco a la inmensa y abandonada hacienda de Alejandría, establecieron  cultivos  y levantaron  un caserío con un callejón como de cuatro cuadras. El propietario de la hacienda era Braulio Murillo, quien no se inmuta con la invasión pues aseguraba que “la tierra solita se encargará de sacarlos”  Y así fue en efecto, pues hacia 1948 el paludismo, la fiebre amarilla y la violencia política en Anserma acabaron con el pueblito de Alejandría.

Muchas de las iniquidades cometidas en las laderas del rio Risaralda se ocultaron o no se conocieron,  uno de los tantos casos fue el de un gran propietario de la zona de "La Libertad" que montó  su finca con el trabajo de indígenas chamíes; los engañó con los jornales y cuando florecían los cafetales y los potreros estaban  listos para vestirlos con ganado , montó a los nativos en un bus  con el pretexto de un paseo y los dejó abandonados  en cualquier soledad de las sabanas de Bolívar; otro empresario aprovechó la violencia política de los años cincuentas del siglo pasado para desalojar a los pequeños propietarios del casaerío de" La Libertad"  y comprarles a menos precio..

Cada poste de las cercas de las haciendas de las laderas y el Valle de Risaralda representa un colombiano muerto por la malaria, la fiebre amarilla, los bichos, los accidentes y la violencia...  les falta el travesaño para formar las cruces de ese enorme camposanto.

sábado, 22 de diciembre de 2012

LA GÓNDOLA FUNERARIA

Alfredo Cardona Tobón



Repasando las páginas amarillentas de los periódicos de la época se encuentra todo tipo de sucesos en los  quebrados tramos de los cables aéreos que comunicaron a Manizales con Mariquita y con Aranzazu; encontramos bandidos que asaltaban a los pasajeros en las alturas y héroes que arriesgaron sus vidas para rescatar viajeros varados entre las torres.
Los periódicos registraron tragedias causadas por travesuras de muchachos, otras por borrachos irresponsables y dramáticos  rescates de víctimas de accidentes. Los cables aéreos crearon roces entre Manizales y los municipios  del  occidente del departamento, fueron la dura competencia de los arrieros y también celestinos de amores entre las nubes...
La era de los cables fue una  época especial sin paralelo en Colombia, es un pasado de sombras y luces, con  errores y aciertos, que contribuyeron a modelar la identidad caldense y conviene recordar antes que el tiempo y la polilla acabe con los testimonios escritos de aquella época.
UN DESCONOCIDO LLEGA A GUALÍ
En la resolana del medio día del 22 de junio de 1927 varios obreros levantaban la nueva casa de Jesús Jaramillo en el sitio de Gualí, cerca de una estación del cable entre Mariquita y Manizales. El agudo chillido de las cigarras apagaban los trinos de los pájaros, el  revoloteo de los guaraguaos y el lejano latir de los perros de la Hacienda. De pronto un relincho hizo callar las cigarras,   y entre los árboles de quiebrabarrigo  que sostenían los alambres de la cerca se fue dibujando  un jinete encorvado sobre una bestia blanca.
La yegua con la rienda suelta enfiló derecho hacia la construcción y  paró a tomar agua en el bramadero;  los trabajadores se acercaron al animal y vieron sobre su cuello  a un hombre desmadejado que era piel y huesos, tez lívida y resuello tan imperceptible y cortado que hacía adivinar la cercanía de la muerte.
Los artesanos se apiadaron del forastero, lo desmontaron con cuidado, lo tendieron en el corredor de la casa y con la solidaridad que une a quienes nada tienen y saben que algún día les tocará la mala suerte,  dieron  de beber al enfermo y le colocaron unos paños de agua fría en la frente quemada por la fiebre.
Entre balbuceos el recién llegado dijo llamarse Pedro Obando, natural de Palestina en Caldas y comerciante de profesión; dio a entender que la enfermedad lo había sorprendido en Honda, en vista de lo cual apuró su regreso a  Manizales en busca de un galeno que  atendiera su quebrantada salud.
Con la fresquita de la tarde el enfermo reaccionó un poquito, pero al llegar la noche se fue agravando. El pobre hombre adivinó su suerte y en los momentos de lucidez fue repartiendo las escasas pertenencias entre las personas que lo acompañaban en la  agonía:  a Tista Uribe  le regaló el poncho de lino, a Juancho Vargas le dio el carriel jericuano, a un negrito de Mesones la muda de ropa que llevaba en las alforjas y con manos  temblorosas obsequió al capataz el reloj  Ferrocarril de Antioquia.
A las diez de la noche un arriero procedente de Victoria llegó al corral con varias mulas cargadas con cacao, el hombre descargó los animales  se acercó adonde yacía inconsciente el comerciante, se condolió de su suerte y al ver la yegua dijo que se la había prestado al enfermo; con las primeras luces del alba el arriero enjalmó sus mulas, cargó el cacao y desapareció con la  yegua blanca y el petate con cachivaches del finado, mientras Pedro Obando, sin un sacerdote que  le administrara la santa Extremaunción, sin quién llorara su muerte, se fue de este mundo con las primeras luces del día.
EL VIAJE POSTRERO DEL INFORTUNADO VIAJERO
Dos días estuvo el cadáver en  un rincón del corredor como si estuviera en cámara ardiente; los gallinazos empezaban a  asentarse en los postes de la cerca y los obreros, cada vez más desesperados, no atinaban qué hacer con el muerto, pues como buenos cristianos no se atrevían a sepultar  al pobre hombre bajo un mango o un samán como si fuera un perro.
El olorcito y el cristianismo obligó a  remitirlo a Manizales   para que lo enterraran con ataúd y los ritos de la iglesia y como no hubo arriero que lo llevase ni plata para pagarlo, embalaron a Pedro Obando con doble encerado, para disimular la hedentina, lo aseguraron con unas guaduas, lo cubrieron con una manta como una momia y de contrabando lo subieron a una góndola del cable con una boleta donde anotaron las señas del difunto
Mientras la góndola se acercaba lentamente a la capital caldense,  Antonio Restrepo, empleado de la firma Isaza Llano, esperaba en la estación Manizales una carga de cigarrillos de Ambalema. Al  llegar la góndola con el fardo cuidadosamente amarrado  imaginó que había llegado la mercancía y con un par de ayudantes procedió a desenvolver  el bulto para revisar el contenido.
A medida que fueron desenvolviendo el atado el olor se hizo insoportable y al retirar el último encerado casi se mueren de susto, pues en vez de tabacos se encontraron con la mueca cadavérica del polizón del cable. La gente se arremolinó, llegaron las autoridades, leyeron la boleta con el nombre del muerto y de inmediato se supuso un crimen.
La necropsia  constató la muerte natural del sujeto de unos 35 años de edad, moreno, de regular estatura y dientes naturales. Como esperaban los trabajadores de Gualí, manos piadosas enterraron a Pedro Obando en el cementerio de San Esteban.
En Palestina una viejita solitaria preguntaba a todos los que venían de orillas del rio Magdalena por el hijo ingrato que no era capaz ni de mandarle una boleta para atenuar su angustia y saber que estaba bien en tierra extraña

jueves, 20 de diciembre de 2012

ENTRE ENCAJES Y SARAOS



Alfredo Cardona Tobón

En Nueva España (México) y en Lima, las élites criollas y la burocracia colonial emularon en tal forma el boato de la Corte madrileña que los palacios virreinales y  las lujosas mansiones rivalizaban en lujo y extravagancia con los grandes salones europeos.
Imitando a los franceses, muchos de los asistentes a los elegantes saraos frecuentaban reuniones donde se hablaba de literatura, se discutía la Constitución de Cádiz y se pedía la igualdad con los españoles.

En los salones se derrochaba frivolidad; y en las tertulias, ingenio. En los dos casos un observador sagaz podía tomar el pulso de los acontecimientos de actualidad y evaluar las tendencias políticas del momento.
Hermosas  o talentosas mujeres dejaron sello  imperecedero en ese mundo de intrigas y confabulaciones, donde, aprovechando sus encantos femeninos, recababan información para los republicanos y catalizaban el sentimiento patriótico de los asistentes.

Entre todas esas damas vamos a recordar tres patriotas que sin temor al peligro ayudaron a la causa de la Independencia

LA PROTECTORA



Rosa Campuzano fue una bella guayaquileña, hija de un rico productor de cacao; era una hermosa dama de tez blanca, ojos azules, con rasgos de lejanos ancestros africanos.
La exótica mujer llegó a Lima en 1817 y con dinero, belleza y un amante español de campanillas se coló  en la mañosa sociedad del virreinato.
La Campuzano aprovechó los amoríos con un general realista para obtener información y enviarla a las fuerzas de Buenos Aires que se adentraban en el Alto Perú.

Cuando San Martín  entró victorioso a Lima, el Cabildo organizó un gran baile en honor del “Protector del Perú”. Ese 28 de julio de 1821, en medio del baile y los brindis por la libertad, el general rioplatense conoció a Rosa Campuzano y al instante quedó impresionado con su belleza.  Alguien los presentó y San Martín para halagarla, le agradeció el esfuerzo en favor de los patriotas. “Si lo hubiera conocido antes a usted señor general- le dijo con coquetería- mis afanes hubieran sido mayores”.

San Martín perdió la cabeza por la Campuzano y con ella transitaba las calles de Lima en un coche tirado por seis caballos; “allá va la Protectora”- decían al verla pasar, mientras las damas de alcurnia se mordían las uñas de rabia, porque al lado de otras encumbradas mujeres, el general San Martín condecoró a la ardiente y valiente guayaquileña con la “Orden del Sol”  por los servicios prestados a la causa.


LA GÜERA RODRÍGUEZ



María Ignacia Rodríguez fue una rubia despampanante que puso a sus pies a los militares y clérigos  de alto rango de la Ciudad de México al comienzo del siglo diecinueve.
La Güera consiguió el divorcio de su primer marido,  en el segundo matrimonio quedó viuda y con plata y  repitió nupcias por tercera vez.

Al  finalizar el siglo dieciocho  un  jovencito de apenas quince años pero con una bolsa llena de dinero sostuvo un tórrido romance con la Güera, que lo aventajaba en edad y mundo. El marido descubrió la infidelidad y buscó al amante de su mujer para cobrarle cuentas.  Por fortuna para América,  Simón Bolívar, que había desembarcado en Méjico antes de seguir hacia España, ya estaba en el buque “Ildefonso” y navegaba mar adentro.

Para la Rodríguez no había puertas ni sitios vedados: entraba a los salones más elegantes de México, se reunía con clérigos y militares y asistía a reuniones secretas donde se conspiraba contra los gachupines.

Porque era simpatizante del padre Hidalgo, se le acusó de pasar información a los  insurgentes y se le hizo comparecer ante el Santo Oficio. Tranquila, sin inmutarse, la Güera se presentó como si fuera a uno de los salones que dominaba  con su belleza. Se sentó, levantó la falda por encima de los tobillos y miró de frente a  los clérigos inquisidores. A uno le descubrió la sodomía,  a otro le pidió que fuera mas ardiente en la cama... y así acalló a los acusadores que la dejaron marchar sin imputarle cargo alguno.

La Güera fue amante de Agustín Iturbide y parece que influyó muchísimo en  la decisión del militar de pasarse del bando realista al bando de los patriotas.
Por manos de María Ignacia pasaron los documentos donde Fernando VII  proponía dar el poder a un militar como escalón para asumir directamente la monarquía en el virreinato de Nueva España, en tiempos en que la Constitución de su país  lo había dejado como una figura decorativa.

La hermosísima dama tenía tan embelesado a Iturbide, que en un desfile militar el general desvió el recorrido para llegar a la casa de la Güera, apearse del brioso corcel  e hincarse frente a su amada para ofrecerle una rosa blanca.

LA PANCHITA



La inteligencia, la ambición y la valentía le venían de casta a Francisca Javiera Carrera Verdugo, considerada como la madre de la Patria Vieja chilena.

En su hacienda daba albergue a los guerrilleros que se preparaban para engrosar las filas patriotas y por la noche recibía los armamentos que despachaba a los frentes republicanos. Fue tan significativa su actuación, que los rebeldes usaron la contraseña “Viva la Panchita” como santo y seña de los combatientes.
Francisca Javiera perteneció al grupo de los ideólogos de la revolución y criticó  implacablemente a O’ Higgins y a San Martín, a quienes acusaba de entregar a Chile a la Junta de Buenos Aires. Entre 1811 y 1814 fue asesora y consejera de su hermano José Miguel Carrera, en ese entonces presidente chileno. Intervino en la creación de los símbolos patrios y para asentar la identidad de su patria prohibió el minué en los salones y los remplazó por la zamba y el zapateo.

“La Panchita” creó talleres para fabricar los uniformes para la tropa y organizó un grupo de enfermeras para atender a los soldados patriotas.
Con la reconquista española, Francisca Javiera marchó al exilio y desde Buenos Aires siguió conspirando contra los españoles y contra San Martín y O’ Higgins a quienes consideraba igualmente  peligrosos para la autonomía chilena.

Entre encajes y saraos, en las fondas y en las ventas, en los grandes salones y en las trincheras las mujeres patriotas ayudaron a sus hombres a crear un mundo nuevo sin la tiranía española, infortunadamente la historia ha sido cicatera con ellas y a muy pocas se les ha reconocido su lucha por la libertad.

lunes, 17 de diciembre de 2012

LA LIBERTAD A LOMO DE CABALLO

Alfredo Cardona Tobón

En la reconquista española de la Nueva Granada, el general Morillo restableció el dominio realista en la costa atlántica y  en el centro del virreinato; entonces todo pareció  perdido para la causa republicana, pero no para los llaneros de Casanare en la Nueva Granada y  los de Apure y de Guárico en Venezuela que continuaron la lucha y volaron sobre sus caballos para revivir la esperanza de la libertad..
La tropa española se componía de veteranos curtidos en la guerra contra Napoleón; era difícil romper sus cuadros de combate con machetes y con lanzas, pero cuando los atacaba la caballería llanera, la lucha era a otro precio pues los infantes europeos eran incapaces de hacer frente a jinetes que se confundían con las espumas de los ríos desmadrados y surgían como fantasmas entre el humo de los pajonales en llamas.
En un informe de Morillo al rey  Fernando VII, el llamado “Pacificador”  relató  la acción de Mucuritas en el llano venezolano y reconoció la valentía de los llaneros: “Catorce cargas consecutivas sobre mis cansados batallones, me hicieron ver que aquellos hombres no eran una gavilla de cobardes, sino tropas organizadas que podían competir con las mejores de su Majestad el Rey”.
LA CABALLERÍA REPUBLICANA
Los “Húsares” armados de sables y los “Dragones” que combatían a pie o a caballo, decidieron el resultado de muchos combates:  La carga de caballería patriota selló el triunfo en el combate en “Las Queseras del Medio” y fue definitivo el empuje arrollador de Rondón en el “Pantano de Vargas”; la caballería patriota arrolló a los realistas en la batalla de Riobamba en cercanías de Quito y en la pampa de Junín los guasos chilenos, los gauchos argentinos y los llaneros colombianos sellaron la suerte de América en una lucha entre caballerías en la que  solamente se  oyeron el chasquido de los sables y el estruendo de las lanzas.
UN SÍMBOLO DE LIBERTAD
Las cucardas engalanaron las bridas de los corceles de las fuerzas patriotas en 1822; en ellas se veía un caballo blanco, indómito y sin jinete que figuró posteriormente en el escudo venezolano. Según la interpretación de Andrés Cordovez, ese caballo que galopa mirando atrás, representa a un pueblo altivo que no olvida su pasado de gloria y de honor y sigue adelante detrás de un futuro mejor.
En la historia colombiana el caballo va unido a Simón Bolívar como un centauro que dio vida a nuestra patria. La relación del Libertador empezó desde los primeros años del caraqueño. Cuentan que en una cabalgata,  el tutor Miguel Sanz reprendió al  pequeño Simón porque se estaba rezagando y  parecía no tener las aptitudes de jinete.
“Cómo voy a ser hombre a caballo- respondió el niño- si lo que me dan es un burro que sólo sirve para cargar caña”, no podía imaginar el licenciado que en el futuro ese pequeñín díscolo iba a recorrer a lomo de caballo más de  90.000 kilómetros de Sur América, una distancia superior a la que cubrieron en sus campañas Carlomagno y Napoleón Bonaparte.
La vida del Libertador estuvo ligada a la gloria, a las mujeres  y a los caballos a los que prestaba singular atención. Al final de cada jornada de campaña Bolívar atendía a sus caballos, enamoraba a la damita más bella y escribía otra página para la inmortalidad. El mejor regalo que podían brindar al venezolano era un caballo de clase:  en el lomo de “Muchacho”  entró victorioso a Caracas,  con “Pastor” y “Pomposo” cruzó las calles de Quito; “Fraile” y “Pájaro” lo acompañaron en Lima, “Mosqueado” bebió los caminos de Maracaibo y “Alfeñique” sorbió las sabanas araucanas y el repique de los cascos de “Palomo” se confundieron con el tañido de las campanas que anunciaron en Santa Fe la alborada de la Independencia.
LA LEYENDA DEL PALOMO
Cuentan que al regresar a Tunja, amargado por la derrota después de la Campaña Admirable,  Bolívar pernoctó en Santa Rosa de Viterbo. Al amanecer montó sobre un deslucido jamelgo y recorrió el fragoso camino con un peón de estribo que le sirvió de guía:
-¿Por qué no me alquilaste tu yegua?-
- Va a criar,  mi coronel, y mi mujer Casilda la está cuidando porque soñó que tendrá un potro que va a pertenecer a  un gran general-
Bolívar llegó  a Tunja donde lo recibieron con el mayor afecto  y al despedirse de su peón de estribo le dijo:” dile a Casilda que me guarde el potro”-
Pasaron los años. En la víspera de la batalla del Pantano de Vargas, el general Bolívar abrigado por una ruana y protegido de la pertinaz llovizna  por un sombrero alón oyó un tropel que se acercaba al campamento. Era una partida de caballos de Santa Rosa de Viterbo que remplazarían a las extenuadas cabalgaduras llaneras, menguadas y debilitadas por el paso por la cordillera. Un campesino venía arriando las bestias y en cabestro traía un hermoso caballo blanco,  el campesino se acercó a Bolívar y le entregó el caballo:  “Señor General- dice mi mujer Casilda, que aquí le manda su potro”-
El “Palomo”  recorrió con Bolívar los caminos del sur y lo llevó hasta Chuquisaca en el Alto Perú. Al cabo de un tiempo, el Libertador urgido por los sucesos en Colombia  regresó a Lima y continuó su viaje hacia Santa Fe, dejando la correspondencia y los asuntos personales en manos de Manuelita y su caballo  Palomo bajo el cuidado de un general amigo.
Vino la presión contra los colombianos, la insubordinación del Batallón Callao y la salida de Manuelita y de nuestras tropas del ingrato Perú.  Manuelita con el general Córdova y varios oficiales abordaron un navío en el puerto de El Callao y con ellos navegó el Palomo hasta el puerto de Guayaquil
Se cuenta que el general  José María Córdova cabalgó con el noble animal hasta el Valle del Cauca, seguramente sin los cuidados ni el cariño que tenia el Libertador con su Palomo;  en diciembre de 1829 pasó por Japio y se alojó en la Hacienda Mulaló, de propiedad de Don José Cuero, allí el caballo, posiblemente agotado por tan largo y continuo viaje enfermó, perdió la fuerza de las patas y  quedó allí mientras el alocado general continuaba su viaje a Antioquia en otro caballo. Una crónica relata que Bolívar al conocer la muerte del Palomo, dijo muy irritado: “Córdova no pudo montarse en Manuelita y me desjarretó al  Palomo”. Entre Bolívar y Córdova ya existía un abismo que empezó en el Alto Perú, cuando el antioqueño cometió muchos desafueros e hizo causa común con los enemigos de Bolívar.
EL PALOMO EN MULALÓ
En el corregimiento de Mulaló, en jurisdicción de Yumbo y muy cerca de Cali, se conserva la tumba del “Palomo”; es una atracción turística que los lugareños cuidan con especial esmero., allí hay un museo con las herraduras, las alforjas y otros objetos que tienen que ver con el Palomo y con la época de la Independencia y de la esclavitud de los negros.
En el pequeño poblado se siente al Palomo;  en los días festivos las cabalgatas de visitantes recorren los caminos del caserío rememorando las gestas del potro más amado por Bolívar. Mulaló gira alrededor del Palomo, los vecinos aseguran que el espíritu del hermoso y fuerte animal que relinchaba de alegría al acercarse Bolívar aparece en las noches estrelladas, como llamando a su amo para cabalgar con él entre las nubes.  

domingo, 16 de diciembre de 2012

AQUÍ NO PASA NADA- POESÍA-

LA VOZ DE UNA MUJER COLOMBIANA
A veces vivir en mi país, se me convierte en una tristeza, una tristeza que quiere volar. Un grito tal vez para un país que le importa nada y  se lo calla todo”. Irma




Y AQUÍ NO PASA NADA

65 muertos, 43 heridos, 26 desaparecidos
Y aquí no ha pasado nada.
País de ciegos
País de mudos,
País de inconscientes.
País que odio cada vez que veo la televisión
Y que amo  en las revistas de turismo.
País del que huyo cada noche entre mis sueños,
y al que me enfrento cada mañana,
cuando me bebo la taza de café barato.
¡Como me duele bebérmelo!
Sorbo de injusticia
Sorbo de mentiras.
Me lo bebo todo, me bebo la nada…
Cierro mis oídos para no escuchar tu suerte.
Cierro mi voz para no odiarte a gritos,
Y se me salen las palabras,
te condeno tecla a tecla,
letra a letra,
palabra a palabra.
¡Cuánto me pesa sentirte así!
Tan muerto dentro de mí,
Tan lleno de sangre y de bombas que matan niños.
Como me dueles herido en mí.
Como me duele no soñarte a gritos,
no quererme mío
sentirte tan ausente
país mío,
niño muerto que no sabe de flores y perfume,
que no sabe de caricias,
que no sabe de verdad.
Niño muerto
¡ Como quisiera abrazarte y darte un beso
Y revivirte un poco!
¿Pero sabes?
Yo también estoy así… muerta
muerta
muerta de miedo

-Poesía de Irma Cristina Cardona Bustos-