sábado, 14 de enero de 2012

EN TIEMPOS DEL CÓLERA MORBO- NUEVA GRANADA-


Alfredo Cardona Tobón



El cólera morbo apareció en 1780 en la India y se extendió llenando de muerte y desolación casi todos los rincones del mundo. La enfermedad era sumamente contagiosa y su ciclo muy corto, pues aunque a veces llegaba a los dos días, generalmente la gente fallecía a las ocho o doce horas después de presentarse los primeros síntomas .
Los contagiados del mal se tornaban pálidos, con círculos amoratados en las órbitas y en la boca; la nariz se iba afilando al contraerse la cara y se hundían los ojos; venía luego la diarrea, los calambres en las extremidades y por último la muerte  por asfixia. Lo más impresionante era que los cadáveres  parecían recobrar la vida con contracciones musculares espontaneas,  y la  elevación de la temperatura antes de adquirir la frialdad de los finados.

LA CALAMIDAD TOCA LAS PUERTAS

A fines de 1848 el vapor Falcón trajo la terrible enfermedad al caserío de Chagres en las costas panameñas e hizo estragos en todo el istmo. El 19 de julio de 1849 el cólera llegó a Cartagena. La mortandad fue horrible, en el puerto amurallado se disparaban continuamente los cañones creyendo que las vibraciones del aire acabarían con el flagelo que se cernía sobre toda la ciudad.
El cólera morbo atacó a Santa Marta y despobló a Mompox y demás  comunidades a orillas del Magdalena. Aguas abajo se deslizaban embarcaciones fantasmas con los bogas pudriéndose dentro de los champanes y alrededor de los ranchos miserables de las riberas deambulaban niños esqueléticos llamando inútilmente a sus parientes fallecidos.
La peste afectó a Ocaña y por el río Sogamoso subió hasta Girón. En febrero de 1850  unos bogas de Honda llevaron el mal hasta Ambalema. En horas murieron siete de los ocho remeros y la infección se regó por toda la provincia dejando un saldo de quinientas víctimas.
El cólera llegó a Guaduas y viajeros afectados lo llevaron a Villeta, dando la impresión   que semejante desgracia se iba acomodando a la tierra fría y terminaría por atacar a toda la Nueva Granada.

LA PESTE  EN EL ALTIPLANO

En febrero de 1850 el general Juan María Gómez terminó sus preparativos de viaje  y con un peón de estribo y un criado, que llevaba los bastimentos, salió de Medellín en un brioso alazán, subió la cuesta de Santa Elena y enfiló rumbo hacia  Bogotá.
Gómez había sido gobernador de Antioquia y los conservadores lo recordaban por su valentía en la guerra de 1840, cuando derrotó a los facciosos de Salvador Córdova en  Sepulturas y en el Chocho, y atravesó a nado los remolinos del Cauca bajo fuego enemigo, para tomar, él solo, las canoas que estaban en poder de los contrarios. La provincia reconocía su lucha y ahora iba como representante de Antioquia al Congreso Nacional que se reuniría en Bogotá.
El general Gómez llegó a Honda y  permaneció unas horas con su criado y el peón de estribo en ese puerto abrumado por la peste. Rápidamente continuó su camino hacia el altiplano, pero infortunadamente los viajeros se infectaron, tal vez  en la posada, con el aliento de algún enfermo o con algún alimento contaminado,
Al llegar a la población de Guaduas, Gómez y sus acompañantes empezaron a sentirse indispuestos. El general aceleró la marcha y acosando las cabalgaduras la pequeña caravana alcanzó la posada del Botello a siete leguas de Bogotá, donde se sintieron tan mal  que no pudieron continuar y se  vieron reducidos al lecho. El frío de la Sabana acompañó la agonía de los tres paisas, que no tuvieron el consuelo de una mano amiga.
El deceso del general Juan María Gómez conmocionó a Bogotá y entonces los capitalinos sintieron que la muerte los rondaba. La ciudadanía limpió caños y acequias,  retiró basuras, canalizó albañales y blanqueó las casas. El gobierno, por su parte, canceló las festividades de Semana Santa, prohibió las grandes reuniones y alistó asilos y hospitales para atender a los posibles enfermos.
Pese a las precauciones, a los rezos , a las lámparas votivas, a los ramos de incienso… el cólera irrumpió en el presidio urbano a fines de  marzo de 1850 y en los cuarenta días siguientes arrastró al sepulcro a veinte personas. Al llegar las lluvias, el cólera desapareció como por ensalmo y los bogotanos volvieron a respirar con tranquilidad.

EN EL SUR DE ANTIOQUIA

Ante los estragos en la tierra cálida, las autoridades del Sur de Antioquia tomaron las previsiones para evitar que el cólera morbo  entrara  a las montañas  de la provincia.
El 5 de marzo de 1850 el alcalde de Salamina estableció un cordón sanitario en el camino que conducía  a la ciudad  de Mariquita e impidió a la fuerza, el paso de  cualquier viajero que llegara de los lugares infectados. A partir de la fecha nadie pudo entrar a la provincia por los caminos que iban al río Magdalena. Para establecer esa barrera el Jefe de la Policía llamó a servicio a gran parte de la Guardia Nacional, y organizó piquetes que recorrieron trochas, accesos y caminos de la cordillera.
Gracias a las medidas enérgicas del alcalde de Salamina, ningún caso de cólera se presentó en el Sur de Antioquia, donde las restricciones se fueron atenuando hasta que la enfermedad cobró las últimas víctimas en Neiva y en Aipe. La epidemia duró más de un año  y llevó a la tumba a unas diez mil personas, cifra escalofriante,  si se tiene en cuenta la baja población de la Nueva Granada por esos tiempos.
Al revivir los sucesos, se siente pesar por los granadinos de ese entonces, que no solamente sufrieron el rigor del cólera, sino también los estragos de la viruela que se presentó a renglón seguido y se cebó principalmente en los negros y en los indios. Como si no fuera suficiente, la guerra de 1850 envolvió a la nación y  acabó de sumir a sus habitantes en la miseria y el desamparo.
 

miércoles, 11 de enero de 2012

ELISEO BOLIVAR: PIONERO CULTURAL DE BELÉN DE UMBRÍA

Alfredo Cardona Tobón.

                                          Casa del Museo Bolivar


Dos corrientes paisas, muy diferentes, fueron las que emprendieron la colonización de nuestra región: la primera, con raíces en el valle de Aburrá  y ramificaciones en el suroeste antioqueño, pobló la banda izquierda del rio Cauca desde la zona minera de  Marmato hasta Restrepo en el Valle; la segunda, que vino de Abejorral, pobló la banda derecha del rio Cauca, llegó hasta el norte del Valle y ocupó gran parte del norte tolimense.

Uno de esos inmigrantes fue el envigadeño  Vicente Bolívar que un día de 1877 salió de Jericó con su esposa Idelfonsa Velásquez y por el camino de Oraida llegaron hasta Arrayanal, una aldea caucana en las puertas del Chamí, poblada  por indios semisalvajes y aventureros atraídos por el oro chocoano.

Vicente sobrevivió compraba oro en Arrayanal y vendía mercancías y arrastrado por su espíritu campesino montó una hacienda, que por el clima y la humedad de los contornos servía más para criar gurres que para levantar ganado. Allí, entre aguaceros e indígenas, el seis de abril de 1879  nació su hijo mayor que recibió por nombre Eliseo
 .
Eliseo Bolívar Velásquez cursó estudios primarios en la escuelita de Wadislao Ramos, un adusto y esforzado maestro que sembró en el muchachito la inquietud intelectual que lo acompañó toda su vida y  motivó  a Eliseo para que buscara luces más allá de esas soledades selváticas saturadas de antivalores.

Por esa época Arrayanal, hoy Mistrató, se convirtió en refugio temporal de los conservadores perseguidos por el gobierno de Antioquia, tras la derrota azul en  la guerra de 1876 y su fracasada rebelión de 1879.  La mísera aldea de Arrayanal no tenia aliciente para los exilados, quienes pronto continuaron su camino hacia las lomas del  Tatamá, de tierra fértil y guacas llenas de ricas alhajas.

En 1894 Vicente Bolívar se alejó de Arrayanal y dirigió sus pasos a Ipiales por el camino de las Ansermas; unas cuantas leguas adelante, Vicente frenó en seco y decidió quedarse en el incipiente caserío de Arenales, hoy Belén de Umbría, donde el padre José Estrada había construido una capilla de palmiche y trataba de llevar por buena senda al rebaño descarriado.

Arenales era tierra de aventureros, algunos buscados por las autoridades paisas. Allí se había establecido el bandido Carlos Osorio, compañero sentimental de Patricia Quimbaya, una heredera del Resguardo de Tachiguí y merodeaban los antisociales Simón Rojas y Cruz Ortiz, quienes en forma miserable habían asesinado al fundador Salvador Hoyos, para apoderarse de unos cultivos de caucho; por la única calle del caserío caminaba impunemente el temido Isidro Flórez, hombre de pequeña estatura, moreno, cabeza calva, barba crespa y deambulaba su mujer Rita Vélez, una negra, carateja, muy alta, llena de cicatrices a quien no le faltaba un garrote.

En 1895 una terrible epidemia de viruela atacó a Arenales. De los 850 habitantes fallecieron 105 personas, en su mayoría de ancestro indígena. Los montes quedaron desiertos y el poblado quedó  casi abandonado. Poco faltó para que Vicente Bolívar continuara el proyectado viaje a Ipiales, desde donde su hermano Jesús escribía dando cuenta de la revolución radical ecuatoriana.


LA VIDA DE ELISEO BOLÍVAR

Eliseo Bolívar se hizo hombre en el borrascoso caserío y aficionado de las letras y la literatura plasmó en sus crónicas los acontecimientos de Arenales, perpetuando en sus escritos a los colonos que lucharon en la selva contra tigres y bandidos, a los nativos de Tachiguí, a los sacerdotes que  trabajaron hombro a hombre con la bronca comunidad de frontera.
.
Siguiendo las huellas de su padre, Eliseo se dedicó al  negocio , su honradez y perseverancia le permitieron reunir una considerable fortuna, que sirvió para favorecer a los más necesitados y darle vuelo a su espíritu.

Eliseo fue un autodidacta de tiempo completo. Autoridad en clásicos de la literatura universal, sostuvo correspondencia con encumbrados personajes de la vida nacional; coleccionó documentos, libros y monedas; fundó un zoológico y dejó el testimonio de los primeros tiempos de Belén de Umbría en prosa ágil y elegante.
.
Eliseo Bolívar, al igual que Alejandro Uribe en Santuario, traspasó las estrechas barreras de la parroquia y se hizo ciudadano del mundo. Fue un líder nato, dirigente cívico y político que sirvió a su pueblo sin pedir nada a cambio.. Al morir dejó una colección de 1145 figuras de cerámica indígena, pinturas coloniales, valiosos manuscritos y libros antiguos.

                                   Ceramica que representa el sol en el Museo Bolívar

El patriarca murió en Belén el 11 de junio de 1942, dejando un vacío que no ha podido llenarse,  vivió los días gloriosos de su infortunado pueblo azotado después por personajes  siniestros  durante la violencia partidista

El ranchito de bahareque que acogió a Don Vicente en los primeros tiempos,, se convirtió en una hermosa casona llena de flores y de pájaros donde Julián Gil Bolívar estableció un museo en honor a su abuelo.

La Asamblea instituyó la medalla "Eliseo Bolívar V. " para reconocer la labor de quienes han trabajado por la cultura de la provincia risaraldense. Murió hace poco Julian Bolívar depositario de la memoria de Eliseo, no podemos permitir que se borren sus huella, es necesario recoger sus memorias  para resaltar en estos tiempos tan difíciles el ejemplo de esos  líderes honestos y generosos que hicieron posible el desarrollo de nuestras comunidades.

domingo, 8 de enero de 2012

JORGE ISAACS


EL HOMBRE DE LAS DIFICULTADES.

Alfredo Cardona Tobón.




Desde la Cuchilla manizaleña Jorge Isaacs  observa la plaza de Villamaría. Los escuadrones caucanos van confluyendo a la aldea, mientras la banda de música del ejército de Tomás  Cipriano de Mosquera inunda de notas marciales el cañón del río Chinchiná.
Isaacs ha venido a la ciudad fronteriza con las tropas rebeldes  del Estado del Cauca que se oponen  a Mosquera. Tiene 23 años, pertenece a una familia acaudalada, ha luchado contra las montoneras melistas y  se ha opuesto a la barbarie de los zurriagueros liberales del Valle del Cauca.

El 28 de agosto de 1860 el general Mosquera y sus tropas se estrellan contra la fortaleza manizaleña; sin que se apagaren los prematuros vítores paisas, Isaacs  abandona el campamento conservador y regresa  a Cali para cerrar los ojos de su padre y enfrentar la desastrosa situación económica familiar.

Su primo César Conto, lider caucano de las filas radicales, le tiende la mano y  consigue que Mosquera, ironía del destino, asigne a  Isaacs  un puesto secundario en la construcción del camino de Buenaventura. En la selva en medio de peones palúdicos, Jorge  sufre la metamorfosis que nunca perdonaron  sus enemigos. Allí,  el señorito petulante y sobrado se acercó al pueblo. Entre las miasmas y el fragor infernal del río Dagua resplandeció el genio y  nació su novela "María"; en la soledad de la selva  cambió sus ideas conservadoras para convertirse en un furibundo liberal radical..

Las aguerridas campañas con la divisa roja lo llevan al Senado de la República y al Olimpo caucano del liberalismo. Viajó a Chile como  cónsul,  regresa al  Valle y  con  un socio chileno compra  la Hacienda Guayabonegro,  otro error que  nuevamente lo dejó en la ruina económica, pues al retirarse el socio debe atender préstamos y gastos que lo  dejan una vez más en la mayor pobreza.

César Conto alcanza la presidencia del Cauca y nombra a Isaacs Superintendente de Instrucción Pública. El desempeño de Jorge fue notable: fundó escuelas nocturnas para obreros, organizó maestrías de tejidos, creó escuelas de agricultura y las novedosas escuelas ambulantes.  Isaacs recorrió el Cantón de Supía y  en  Riosucio creó una Escuela Normal, que fue, sin duda, la base del desarrollo intelectual de esta notable población del Antiguo Cauca. .

En 1876  el conservatismo prepara una revolución en el norte del Cauca, cuenta con el apoyo soterrado de sus copartidarios de Antioquia  y del Tolima  y del clero que agita banderas religiosas dizque para defender la civilización cristiana amenazada por los laicos ateos. Isaacs marcha presuroso a las   provincias del norte a prevenir el alzamiento, pero la  revuelta le corta el regreso.Marcha a Bogotá a informar al presidente Parra de la gravedad de los hechos. Torna al valle del cauca por el larguísimo camino del Sibundoy  y se alista en las filas liberales que avanzan a contener la invasión paisa.

A la media mañana del 31 de agosto de 1876  los gritos de muerte envuelven las colinas de Los Chancos, desde las lomas las ametralladoras conservadoras barren las columnas liberales que intentan ascender por la colina. Una bala derrumba al jefe del Batallón Zapadores, Isaacs salta sobre el caballo del caído y continúa el avance de la tropa.
A medio día las banderas liberales ondean en las colinas ensangrentadas donde han rendido la vida  617 conservadores y 1029 combatientes del gobierno.
Los paisas  retroceden empujados por los liberales. Jorge Isaacs con el batallón Cazadores es el primero en cruzar el río  Otún para establecer una cabeza de puente en la orilla norte del río  donde resisten las fuerzas conservadoras de Marceliano Vélez..

Mientras el grueso de las tropas caucanas marchan hacia Manizales,  Jorge Isaacs  se suma a las tropas  de Eliseo Payán y se enfrenta a los antioqueños en el  Cerro de Batero,  en territorio de Quinchía, donde se pierden las esperanzas paisas de cortar las comunicaciones de los caucanos con  su Estado.
Cae manizales. Los los radicales toman el control de Antioquia. Don Modesto Garcés asume la gobernación del Cauca y nombra a Isaacs como Secretario de Gobierno. A Mosquera no le gusta el nombramiento y lo ataca diciendo que sólo es un escritor de novelas. Es imposible ir contra Mosquera. Isaacs renuncia  y pasa al Estado de Antioquia, donde su paisano Tomás Rengifo necesita su apoyo desde el  periódico La Nueva Era, órgano oficial del radicalismo paisa.

Los antioqueños  han mirado con recelo a los forasteros  sean socios o copartidarios.. No tardó, pues, en presentarse la confrontación entre los radicales paisas y  los radicales caucanos que asumieron el gobierno tras la derrota conservadora de 1877:  " Se nos llama extraños- escribe Isaacs- huéspedes intrusos en el propio suelo de Colombia. Hay hombres que nos quisieran expulsar de él como si nuestra  sombra dañara sus sembrados, como si nuestra voz perturbara su sueño, como si nuestra pobre existencia necesitara de su oro, como si el pan de sus mesas hubiésemos robado..."

En enero de 1880 el general Tomás Rengifo se retira de la presidencia de Antioquia y queda al mando Pedro Restrepo Uribe. Jorge Isaacs cree que peligra el poder  del radicalismo en el Estado y encabeza una revolución. Apresa a Restrepo y establece un gobierno de facto. El presidente Parra no reconoce la legitimidad de la violencia,  e Isaacs se ve forzado a  pactar la paz en las montañas de Pácora.

Un mes despues la Cámara de Representantes lo expulsa de su seno junto con Mario Arana, amigo y compañero de la fallida revolución contra Restrepo. En Bogotá el poeta escapó de la chusma del liberalismo independiente que lo atacó a piedra  a la salida de una sesión en el congreso. Ahora, despojado de la curul por la trama urdida por Ñito restrepo, debe cruzar la cordillera para alejarse de Antioquia, con la amenaza de gentes de Pensilvania que lo esperan en el monte para darle muerte.
.
Los Independientes hacen añicos la vida política de Isaacs, los conservadores lo tachan de tránsfuga muerto de hambre; pobre y sin amigos políticos, pues ha palidecido la estrella radical, el escritor  acude a su amiga Doña Soledad Román, esposa de Rafael Nuñez, quien le consigue el nombramiento como secretario de una expedición científica en la Costa Atlántica. Estudia tribus indígenas y descubre algunos yacimientos de carbón, cuya explotación mantuvo viva su ilusión de ver tiempos mejores.

Isaacs que nació en la opulencia, que se desenvolvió entre lo más granado de la sociedad caucana, murió desprestigiado y pobre. En una carta que envió a su amigo Eustacio Rivera le escribió: "Usted y  Juancho Uribe, hablan de mi casita a orillas del Combeima- ninguna poseo- Desde 1881 mi familia ha vivido en casas pobres y alquiladas, míseras a veces, menos tienen las aves en los desiertos  y muchas veces envidio a las que cruzan el azul de los cielos sobre las nubes y cumbres de los altos montes".

El Isaacs que ha hecho suspirar a los enamorados en todas las latitudes, que se  embelesó con las palmas y los cámbulos del Valle del Cauca, murió en tierras tolimenses, a orillas del Combeima, al empezar febrero de 1895. Quiso que sus cenizas reposaran en tierra paisa. Quizás prefirió estar cerca de la tribu judaica, que Isaacs creyó ver en Antioquia . Tal vez  su espíritu atormentado prefirió los senderos ariscos que  lo acercaban a las estrellas.