sábado, 31 de marzo de 2012

EL COMBATE DEL CERRO BATERO

Alfredo Cardona Tobón*



A principios  del año  1877 el revés liberal en los llanos de Garrapatas en el Tolima se había compensado con la estruendosa derrota conservadora en Los Chancos en el Valle del Cauca y aunque el liberalismo tenía el control de la mayor parte del país, los conservadores en armas controlaban los poderosos Estados de Antioquia y Tolima y sus guerrillas causaban serios inconvenientes en Cundinamarca y Pasto.

Después de la batalla de Los Chancos entre tropas liberales y la fuerza invasora de Antioquia, los paisas se replegaron hacia el norte y establecieron una línea de combate en las orillas del río Otún. Los caucanos sorprendieron la retaguardia  del enemigo, tomaron las trincheras del Cerro El Nudo y empujaron a los rebeldes hacia la frontera.

 Se combatió en la Cabaña y en Arenales y mientras los conservadores de Antioquia reforzaban sus defensas en Manizales, el  general  Marceliano Vélez   desplegó una fuerza de 1700 hombres que cruzaron el río Cauca y por el antiguo camino de las Ansermas  intentaron aislar  las fuerzas liberales comandadas por el general  Trujillo  y cortar los suministros del Valle del Cauca. La columna  conservadora dirigida por Sergio Arboleda y por Joaquín Córdoba salió de Manizales, se desplazó por Apía y llegó hasta el río Cañaveral, en cercanías de Ansermanuevo, donde la frenó en seco  una fuerza liberal dirigida por Eliseo  Payán y David Peña.

Las fuerzas conservadoras  de Sergio Arboleda dieron marcha atrás y tras s abandonar sus posiciones en Pumia y en Ansermaviejo se atrincheraron en la Cuchilla de Miracampos, en cercanías de la aldea de Quinchiaviejo.

EN LAS FALDAS DEL CERRO BATERO

Llegó el Domingo de Ramos. El almanaque señalaba el 25 de marzo de 1877.  En el pequeño poblado de Quinchiaviejo  la entrada triunfal de Jesús el Nazareno se trocó por las cabriolas de los jinetes, el desfile de los pelotones de infantería y el sollozo de las despedidas de las madres y las novias quinchieñas que despedían los seres amados que marchaban al combate.

A las siete de la mañana David Peña arengó a  las tropas y entre tambores y clarines los liberales remontaron la cuesta que llega a la Cuchilla de Miracampos; a paso veloz primero y después  avanzando con cautela los caucanos se acercaron a las trincheras enemigas, pero no hubo resistencia ni fuego graneado, estaban solas, los conservadores las habían abandonado arropados por las sombras de la madrugada.

Todo hacía presumir que los conservadores se atrincherarían en  Riosucio o  quizás en Quiebralomo.. los liberales continuaron su marcha tras el enemigo por un camellón estrecho con monte por todos los costados. El batallón Parra marchó a la vanguardia y en el sitio Los Caballitos el estruendo de los rifles retumbó en la espesura, un reguero de plomo  detuvoo a los caucanos, desde las  estribaciones del Cerro Batero las armas de precisión  de la Policía de Medellín, que había llegado como refuerzo, hicieron estragos; era imposible librar una acción general en esa zona escabrosa, donde solamente la cuarta parte de los efectivos liberales pudieron entrar en combate contra una fuerza superior situada en posiciones inexpugnables.

Pese a la desventaja, los soldados del batallón Parra empezaron a trepar hacia las alturas en forma suicida. El teniente coronel Rafael Bolaños cayó mortalmente herido, en tanto que el sargento Vicente Castrillón y el doctor Carlos Gartner Cataño desafiaban  a la muerte trasmitiendo órdenes y alentando  a las tropas caucanas en lo más encarnizado y peligroso del combate.

La situación se hacía cada vez más crítica, el tiempo pasaba y se fortalecía la resistencia paisa pues en tan escarpado terreno era imposible atacar al enemigo. Fue entonces cuando el sargento riosuceño Vicente Marín  Abello con macheteros de Quinchía reforzaron las tropas caucanas de Emiliano Peña y en movimiento audaz rodearon las defensas antioqueñas, llegaron a la Serranía de la China y se descolgaron hasta una posición por encima del enemigo, cambiando el rumbo de los acontecimientos;  los conservadores quedaron en medio de dos fuegos y entonces la derrota liberal  se conviratió en victoria.

 Al caer la tarde Sergio Arboleda ordenó la retirada hacia el Patio de las Brujas, para evitar que con las sombras de la noche, las guerrillas de  Quinchía, que conocían el terreno como su propia mano,  llegaran a las trincheras conservadoras y aniquilaran a sus hombres.

Ese lunes de Semana Santa se encontraron tendidos en el monte los cadáveres de 90 antioqueños y 21 caucanos;  los liberales tomaron 53 prisioneros, en su  mayoría jovencitos de Santa Rosa de Osos, de Yarumal y Carolina, sin experiencia en el combate, que atendieron el llamado de la iglesia para defender la fe, la familia y la religión de sus mayores.

Despues de sepultar los muertos las tropas liberales se dirigieron hacia Riosucio donde encontraron la población desierta pues los vecinos  habían huido  por miedo a los saqueos y  a los atropellos de la tropa que había hecho estragos el 24 de diciembre en Cali. Por fortuna el  doctor Carlos Gartner Cataño, oriundo de Riosucio, oficial del Estado Mayor, impidió los desmanes caucanos  y evitó  que  Riosucio fuera pasto de las llamas.

Las tropas victoriosas continuaron hacia Supía donde se les unió David Cataño  y numerosos voluntarios liberales. Al llegar a la frontera David Peña detuvo su caballo y le entregó el mando a Eliseo Payán; tanto odiaba a los paisas que no quiso tocar tierra antioqueña. El combate del Batero fue una acción  de enorme importancia táctica en la guerra de 1877, pues facilitó la toma de Manizales y a los caucanos les abrió la puerta del suroeste antioqueño.

Cabe anotar que la  columna conservadora que avanzó por la banda izquierda del río Cauca causó grandes daños a las comunidades de la región; sus hombres fueron como la langosta: arrasaron la aldea de Tachiguí y agostaron la floreciente población de Apía. Dos años más tarde el  cerro Batero sería el escenario de otro combate, en esta oportunidad entre los liberales independientes y los liberales radicales que luchaban por la hegemonía en el Estado del Cauca; infortunadamente no  sería la  última vez que el  cerro Batero, Santuario del dios  Xixaraca de las tribus ansermas, vería correr la sangre de hermanos de una  misma Patria.

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martes, 27 de marzo de 2012

BOLIVAR Y EL IMPERIO DEL BRASIL

Alfredo Cardona Tobón *

                                         Pedro I, emperador del Brasil           

Hay acontecimientos en la historia de Argentina y del Brasil que tocaron directamente con nuestro pasado; con Argentina nos unen las acciones conjuntas para liberar al Perú de la coyunda española y nuestra historia roza  con el  Brasil  en la actitud enérgica de Sucre contra los invasores de la provincia de Chiquitos en el Alto Perú.
Por otro lado, si fuera posible divagar, encontraríamos que, en cierta forma, el futuro de Brasil  estuvo en manos del Libertador Simón Bolívar cuando la Junta de Buenos Aires le propuso una alianza para atacar a esa nación, que en ese entonces no tenia la capacidad de resistir el embate conjunto de colombianos y rioplatenses.
EL REINO UNIDO DE PORTUGAL, BRASIL Y ALGARVE
Con la invasión de Napoleón a Portugal, la corte y la familia real de este país se trasladaron al Brasil bajo la protección de la Armada Británica y allí establecieron el centro del gobierno.
Desde la conquista de América y el Tratado de San Idelfonso que repartió los dominios en América Ibérica, los portugueses se adentraron en las tierras que le correspondían a España, y Carlota Joaquina, esposa del regente portugués,  hermana de Fernando VII, pretendió gobernar al virreinato de Río de la Plata en nombre de los Borbones.
En  agosto de 1816  las tropas del Reino Unido de Portugal y Brasil invadieron la Provincia Oriental (Uruguay) y Artigas, Protector de cuatro estados federales del Río de la Plata, hizo frente a los intrusos que contaron con  el apoyo tácito de la Junta de Buenos Aires que consideraba a Artigas su peor enemigo. Después de tres años de derrotas y sufrimientos, los orientales se rindieron y el Brasil anexó la Provincia Oriental que denominó Provincia Cisplatina.
Después de la derrota de Napoleón, el regente regresó a Europa y en 1822 Brasil declaró su independencia  dejando al príncipe Pedro como emperador.
En 1825 los orientales comandados por Juan Antonio Lavalleja y  apoyados por Buenos Aires se rebelaron contra los invasores y les propinaron serias derrotas; pero la Junta del Rio de la Plata, asfixiada por el bloqueo marítimo, entregó la Provincia Oriental a los brasileños. Pese a la traición, los orientales siguieron resistiendo hasta que Brasil, presionado por Inglaterra, reconoció la independencia de la banda oriental o  república del Uruguay.
BOLÍVAR EN EL ALTO PERÚ
El Libertador Simón Bolívar atendió el clamor del Alto Perú para conformar una nación independiente en un territorio que,  como decía el caraqueño, pertenecía por derecho al Río de la Plata, de hecho a España, de pretensión al Perú y de voluntad a sus habitantes.                           
En 1825 una nueva nación, denominada Bolivia, nombra a Sucre primer presidente. En esa etapa caótica  Sucre tiene que enfrentar las pretensiones peruanas, dominar los reductos realistas, dirimir conflictos territoriales con el Río de la Plata, hacer frente a la malquerencia contra los colombianos y frenar en seco la expansión brasileña.
Las incursiones brasileñas y portuguesas a las provincias limítrofes no eran novedad, los brasileños había ocupado la Provincia de Sacramento y de continuo invadían zonas de las provincias de Misiones, Corrientes y Entre Ríos y se habían afianzado en Río Grande del Sur, un enorme territorio que perteneció en gran parte a la Provincia Oriental.
Para atajar la voracidad del Imperio brasileño,  los rioplatenses buscaron la alianza con Bolívar, esperando el apoyo de los colombianos para negociar  y detener a los intrusos; para tal efecto los rioplatenses enviaron al Perú una comisión encabezada por Carlos María Alvear para que interesara al Libertador. Razones no faltaron para ganarse la voluntad de Bolívar: la intervención contra Brasil daría una excusa para derrocar al dictador paraguayo Rodríguez de Francia, eliminar la monarquía brasileña aliada de la Santa Alianza y enemiga de la República y de contera fragmentar al Brasil, dar mayor poder al Río de la Plata y convertir a Colombia en el árbitro de los destinos suramericanos.
Un sector rioplatense aprobaba la intervención de Bolívar, otros veían en el Libertador un peligro para su soberanía, en Santa Fe de Bogotá, por otro lado, las propuestas de Buenos Aires se miraban con recelo: el presidente Santander desconfiaba de los rioplatenses por su centralismo ,por la anarquía que reinaba entre ellos y sobre todo, por el escaso apoyo que prestaron a Colombia en su lucha en el Alto Perú.
 Además de lo anterior, era necesario tener en cuenta la opinión de Inglaterra, la primera potencia en ese entonces, cuyo embajador en Rio de Janeiro estaba buscando un acuerdo amistoso entre Rio de la Plata y Brasil, no por altruismo sino para preservar los intereses comerciales de esa nación europea.


EL PULSO ENTRE DOS NACIONES
En 1825 gobernaba la provincia de Chiquitos, en el Alto Perú, el coronel Sebastián Ramos, quien ante el avance patriota, prefirió entregar la  provincia al gobernador del estado brasileño de Matto Grosso mediante una capitulación que reconocía al emperador Pedro I.
El 25 de abril de 1825 cuatrocientos soldados del Imperio ocuparon la capital de Chiquitos y su comandante, dando como un hecho la incorporación de ese territorio al Brasil, envió una nota al general Sucre y otra al emperador Pedro I anunciándoles la anexión de Chiquitos a Matto Grosso. De inmediato Sucre  contestó al jefe de los invasores  : “ ...prevengo pues al Sr. Comandante General en Santa Cruz que si V.S. no desocupa en el acto la provincia de Chiquitos, marcharé contra V.S. y no me contentaré con libertar nuestras fronteras, sino que penetraré al territorio que se nos declara enemigo llevando la desolación, la muerte y el espanto...”
Antes que Sucre moviera las victoriosas huestes colombianas, los brasileños desocuparon a Chiquitos tras saquear los templos de Santa Ana y San Rafael. Bolívar escribió a Alvear denunciando el atropello, pero contuvo el avance de Sucre, pues Pedro I  había  repudiado la incursión a Chiquitos y para tranquilizar a Sucre y a Bolívar  había destituido al gobernador de Matto Grosso.

domingo, 25 de marzo de 2012

VALENTÍN DEAZA ZAMORA

GRANDE EN LA GUERRA Y GENEROSO EN LA PAZ.

Alfredo Cardona Tobón*



El 27 de octubre de 1969 el alcalde pereirano William Montoya Z. instituyó la medalla “General Valentín Deaza” para reconocer los servicios distinguidos de personas e instituciones  que trabajan en la preservación del orden público y en la administración de justicia.
Con esa distinción se quiso exaltar la memoria del valiente hijo de  Chocontá, Cundinamarca, que amó a Pereira como su propia tierra, y  cuya nobleza con el enemigo en tiempos de guerra y su entrega a las comunidades en tiempo de paz fueron ejemplo para los titanes que abrieron nuestras selvas.

UN RADICAL DE ARMAS TOMAR.

Valentín Deaza entra a la convulsionada historia colombiana el 13 de junio de 1861 cuando las tropas del general Tomás Cipriano de Mosquera rebasan las fuerzas de Ospina Rodríguez e irrumpen en Bogotá ; los cañonazos sacuden los muros del convento de los Padres de Santo Domingo y desafiando el zumbido de las balas el joven estudiante rompe las rejas de una ventana, abandona el claustro y se une a  la revolución bajo las banderas caucanas.

En el ataque al cuartel de  San Agustín, Deaza derrocha valor y don de mando que le merecen el ascenso a cabo primero ,l inicio de una larga y meritoria carrera militar al servicio del radicalismo liberal.  En la  guerra de 1876 el jefe Vinagre  Neira cae abatido por las balas en la sangrienta batalla de los “Chancos” en el centro del Valle del Cauca, por un momento cunde el desconcierto en la tropa, pero de inmediato Valentín Deaza toma el mando y al frente del batallón Zapadores se apodera de  la colina donde los enemigos tienen emplazadas sus ametralladoras.

Después de la victoria de” Los Chancos”  los liberales  avanzan con rumbo al norte, cruzan el río Otún y por el sitio de “La Inquisición”, en Palestina, se adentran en territorio antioqueño. El batallón Zapadores combate en la “Cabaña” y con Deaza como comandante,  el 5 de abril de 1877  el Zapadores cierra la tenaza sobre Manizales y ataca las posiciones de “ Morrocaliente”, defendidas por el general Obdulio Duque y su famosa División Giraldo compuesta por marinillos, cuyo coraje fue legendario en esa absurda guerra entre hermanos

Aunque invadieron al Estado de Antioquia, los liberales no lograron quebrantar la resistencia conservadora que el 29 de enero de 1879 vuelve a las armas alentada por los obispos González y Montoya. El coronel Valentín Deaza con las fuerzas fronterizas hace frente a los alzados en armas,  los derrota en la quebrada Olivares, cerca a Manizales,  y  desbanda a los facciosos de Neira.
Los radicales vencen a los rebeldes en Medellín y en el norte antioqueño, en tanto que Valentín Deaza marcha hacia al sur a combatir a los insurgentes que se han atrincherado en Salamina.  El 22 de marzo las fuerzas radicales entran a la población y en lucha calle por calle, manzana por manzana cercan al enemigo en una casona del marco de la plaza.
Deaza intima rendición y le responden con una lluvia de metralla. Los soldados del Batallón Zapadores se traban en combate a golpe de bayoneta y machete con una ferocidad tal que las habitaciones de la llamada Casa del Degüello  quedan sembradas de cadáveres y por las hendijas de los pisos corren chorros de sangre. Al fin  los conservadores se rinden, Deaza desarma a los vencidos y les permite egresar a sus hogares con la condición de abandonar la lucha armada.
 
VALENTÍN EN MANIZALES.

Los habitantes de Manizales no toleran  la  ocupación liberal; individuos del pueblo provocan continuamente  a las fuerzas gobiernistas hasta colmar la paciencia de los militares, que  el 26 de diciembre de 1878 abren fuego contra  los civiles con un saldo de varios heridos.  Deaza no encubre el  proceder de los hombres bajo su mando y en carta dirigida al Cabildo Municipal brinda todas las garantías para que se investigue y se castigue a los culpables.

Sin embargo, pese al ambiente hostil, Deaza y el batallón Zapadores arreglan las calles de Manizales, terraplenan el parque del Guayabo ( hoy Parque Caldas), ayudan a reconstruir la ciudad tras el sismo del 11 de febrero de 1878 y  ayudan a combatir la langosta que azota los cultivos de la vereda de  La Cabaña.
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DEAZA EN LA NACIENTE PEREIRA.

 Con  Nuñez en el poder y el radicalismo vencido,  Deaza deja la vida militar y se radica en Pereira, ha colgado la espada pero no el  espíritu, y su voz que resonó en las trincheras ahora convoca a los colonos para aunar voluntades y darle fuerza al antiguo Cartagoviejo.

Pese a su  radicalismo, Valentín era un hombre religioso que ayudó a construir la iglesia de la Pobreza y en su casona de la carrera séptima con calle diecinueve levantó un gran altar dedicado a la Virgen. Además era generoso: donó el terreno para el primer hospital de Pereira, contribuyó a su edificación y lo dotó de camas e instrumental, además legó el lote para el cementerio y promovió el primer acueducto moderno de la ciudad.

Deaza  desempeñó la alcaldía de Pereira en tres oportunidades y como en la gobernación de Alejandro Gutiérrez, la dirigencia paisa del flamante Caldas no tenia en cuenta a Pereira ni a los demás pueblos del antiguo Cauca, movilizó a la antigua provincia de Robledo para que hiciera valer sus derechos.

Con 82 años bien vividos, Valentín Deaza afronta la enfermedad con entereza en su ciudad  predilecta y de sus más caros afectos, donde confiesa dormirá el sueño eterno  después de haber cumplido como todo un hombre  El glorioso general, veterano de cien combates, que hizo de la tierra de Cañarte su segunda patria, murió el 19 de junio de 1933, en medio de la congoja, el respeto y el cariño de los pereiranos.

 Honor a la memoria de este gran colombiano que fue noble en la guerra y generoso en la paz.