viernes, 25 de mayo de 2012

SIMÓN BOLÍVAR Y EL CANAL INTEROCEÁNICO

Alfredo Cardona Tobón
Felipe II miró en 1586 la posibilidad de construir el canal por el Istmo. En 1827 el Libertador comisionó  a J. A Lloyd para realizar estudios científicos. Después de cuatro siglos los franceses empezaron a abrir el canal por Panamá y lo terminó USA.

El interés de encontrar un paso entre los océanos Atlántico y Pacífico viene desde los primeros tiempos de la conquista de América; inicialmente se buscó un estrecho que los comunicara, luego una vía por ríos y lagos y después se propuso un canal artificial por Nicaragua, por Panamá y por la Nueva Granada.
El conquistador Hernán Cortés exploró el territorio mejicano tras un paso que comunicara  los dos océanos y estableció una vía interoceánica por Tehuantepec que unía los ríos Chimalpa, al sur, y Coatzacoalcos, al norte. Con el descubrimiento del Perú, cuyas riquezas sobrepasaron los sueños de la avaricia, la región del istmo de Panamá adquirió una enorme importancia para los reyes españoles al convertirse en la entrada y la llave de la colonia más importante de España.
El Adelantado Pascual de Andagoya recomendó limpiar y acondicionar el río Chagres y manifestó al rey que no alcanzaría todo el dinero del mundo para abrair el canal que algunos proponían; no obstante el monarca Felipe II envió en el año 1586 a dos ingenieros flamencos para que estudiaran la  posibilidad de construir ese canal por el istmo, pero el Consejo de Indias atajó el proyecto por el peligro de abrir al mundo las riquezas peruanas y por ir contra las enseñanzas divinas, pues según San Mateo “El hombre no debe separar lo que Dios ha unido”.
Además de lo expuesto por el Consejo de Indias, científicos de ese entonces aseguraban que al hacerse el canal la tierra del istmo se anegaría, pues un mar estaba más alto que el otro. Ante tales razones, propias de un mundo fanático e ignorante, el rey Felipe II ordenó que en adelante nadie propusiese el canal ni hablara de él, so pena de muerte.
SE BUSCA UNA RUTA
En 1520 Magallanes habia encontrado un paso por la Tierra del Fuego y a partir de entonces, muchos exploradores ingleses y franceses buscaron uno similar por el norte de América, ya fuere por un estrecho o a través de lagos y ríos, lo que logró Mc Clare en 1850 al pasar del mar de Behring a la bahía Baffin.
A principios del siglo XIX el  Precursor Francisco Miranda ofreció a los  empresarios ingleses la concesión de la apertura del canal por Panamá garantizando el usufructo que cubriera con ganancias el enorme gasto; el inteanto de Miranda de liberar a las colonias españolas fracasó y con ello el interés de los posibles inversionistas ingleses.
BOLÍVAR PROPONE UN CANAL
En uno de los documentos de W.L Scruggs, ministro de USA en Bogotá se lee lo siguiente: “... tan pronto como Bolívar fue investido por el Congreso con poderes dictatoriales, envió un agente autorizado a proponer un plan de canal interoceánico a los comerciantes y capitalistas de Londres. Después de muchos rechazos y demoras, el agente logró interesar a algunos capitalistas británicos, quienes convinieron suministrar los fondos necesarios para el éxito de la empresa, siempre  que alguna nación garantizara la neutralidad del canal. Esto no pudo obtenerse y fracasó el proyecto.”
En 1826 Bolívar convocó el Congreso Anfictiónico de Panamá, entre cuyos puntos de discusión estaría el canal del Istmo, pero la anarquía reinante, las diferencias entre los países que asistieron y la labor soterrada y negativa de USA dieron al traste con el Congreso, donde no llegó  a hablarse del canal, así como tampoco se habló en el de Méjico, que pretendió continuar lo discutido en Panamá.
En 1827 el Libertador comisionó al ingeniero inglés J. A Lloyd para realizar estudios científicos en el istmo, en especial la posibilidad de comunicar las dos costas por vía acuática o mediante rieles; el estudio quedó en el papel pero la ruta seleccionada por Lloyd fue la misma del ferrocarril construido años después por los norteamericanos.
BOLÍVAR Y EL CANAL POR EL CHOCÓ
El 10 de enero de 1822 el Libertador por medio de su secretario, escribió, desde Cali, una nota dirigida al gobernador del Chocó José M. Cancino: “ S. E el Libertador desea vivamente que V.S remita cuantas noticias haya adquirido sobre el canal que pueda comunicar los dos mares por el río Atrato. Quiere también que V.S le informe del proyecto presentado por el Sr. Carly sobre este objeto y en fin, quiere que V.S le de cuantos informes haya adquirido y pueda obtener de los vecinos prácticos del Chocó.”
Quince días después el Libertador escribe nuevamente a Cancino: “ Haga trazar el canal por la parte del istmo que sigue los ríos Atrato y San Juan y tiene solo  tres millas de terreno de cascajo y greda deleznable” y a continuación ordena al gobernador del Chocó que abra esa vía a pico y pala con recursos que para tal operación aportaría el gobierno central.
El paso por el Arrastradero de San Pablo que separa, en un corto trecho, los rios Atrato y San Juan se había utilizado en  los tiempos de la Colonia; por allí llevaban a cuestas las canoas que iban desde el Atlántico hacia el Pacífico y viceversa, con los comerciantes que negociaban oro y esclavo con los piratas holandeses. Para frenar esas actividades ilegales los españoles habían prohibido el paso por el Arrastradero y la navegación por el río Atrato.
Después de cuatro siglos de estudios, exploraciones y proyectos, los franceses empezaron a abrir el canal interoceánico por el Istmo de Panamá y lo terminaron los norteamericanos, que por mucho tiempo pretendieron abrirlo por Nicaragua. En cuanto al modesto canal por el Arrastradero de San Pablo, nada se ha hecho al respecto, de abrirlo mejoraría notablemente las comunicaciones entre el norte y el sur del Chocó y se ofrecerían vastas zonas al turismo ecológico.

martes, 22 de mayo de 2012

UN COLONIZADOR DE HACHA Y CAMÁNDULA

Alfredo Cardona Tobón



Si el padre Daniel María López hubiese sido europeo, hace décadas estaría en los altares católicos pese al conservatismo cerrero que no opacó sus innumerables virtudes.
Daniel María nació en 1865 en  La Ceja y  siendo muy niño  llegó a las montañas de San Agustín, hoy Samaná,  donde su padre Clemente, católico practicante, alternó su oficio de herrero con la minería, la agricultura y la guerra. En 1885 Daniel María luchó en las filas nuñistas y terminado el conflicto ingresó al seminario a la tardía edad de 23 años con escasas letras y fe de carbonero

DE UNA PIEZA

En la guerra de los Mil Días el conservatismo colombiano aún estaba aferrado al funesto Syllabus de Pío IX, pese a las posiciones de León XIII y de Pío X, que en otras partes del mundo habían  tendido puentes entre  las ideas liberales a la Iglesia católica.

Con el fardo nefando del fanatismo propiciado por Pío IX el padre Daniel se unió a las fuerzas de Pompilio Gutiérrez como capellán de la tropa. El sacerdote recibió su bautismo de fuego en el combate de Tibacuy donde todo parecía perdido para los gobiernistas que empezaban a retirarse, pero la premonición del padre Daniel de un refuerzo que nadie esperaba, hizo que Pompilio resistiera un poco más, hasta que llegó tropa de Bogotá y con ella el  triunfo de las armas conservadoras.

El levita continuó su misión pastoral en Pensilvania, donde mezcló la labor de almas con la educación,  y las obras de interés común  con la política. El Padre Daniel fundó la Liga de María con las hijas del pueblo y organizó la Liga Eucarística, que agrupó a miles de campesinos. Esa fuerza pía se convirtió en un  formidable martinete electoral que permitió al levita elaborar las listas del Concejo a su antojo, vetar a los alcaldes que no siguieran sus lineamientos y perseguir desde el púlpito a los liberales, enfrentando a sus feligreses olvidando la tolerancia, la lilbertad de pensamiento y la caridad cristiana..

Desde Pensilvania el padre Daniel se movió por todo el oriente. En la vereda de Risaralda sentó las bases del futuro municipio de Marquetalia; construyó capillas en el Guayabo y en Florencia; fundó los caseríos de San Diego y de Norcasia y revivió a Samaná, gracias al apoyo de su amigo Ñito Restrepo que le consiguió nuevamente el estatus de municipio . El inquieto sacerdote promovió el cultivo del café en Pensilvania y convirtió esa ciudad, perdida entre los montes, en un centro de educación de primer orden donde los Hermanos Cristianos y las Hermanas de la Presentación levantaron varias generaciones que dieron lustre al departamento.

ATACA EL ENEMIGO MALO

A los sesenta y ocho años de edad el venerable sacerdote, que era un pésimo administrador de bienes terrenales, fue enviado a San Diego, un caserío incipiente, pobre, cundido de malaria y de pian. El traslado se realizó  por conveniencia económica de la curia y por las presiones de los amigos de las borracheras, de los prostíbulos y de las galleras que el padre Daniel  había combatido sin descanso.
Poco necesitaba el bondadoso anciano para vivir: sus comidas eran sencillas y frugales, dormía en un zarzo o en una estera y no gastaba dinero en trajes, pues su raída sotana tenía que ser renovada casi a la fuerza, ya que cualquier dinerillo que recogía iba a parar a manos de los más necesitados. Para sostenerse en San Diego el padre Daniel volvió al oficio de barequero y con el oro que recogió en las quebradas construyó un sencillo templo y tendió puentes colgantes para acercar a los feligreses a la Casa de Dios.

EL PADRE DANIEL Y LOS CAMINOS

Con un toque de  corneta reunía a sus “hermanitos” campesinos y en convites el sacerdote abrió los caminos entre Florencia y San Diego, entre Florencia y Samaná y otro que comunicó a Pensilvania con Manzanares.
El padre recorría las trochas a pie llevando consuelo al enfermo o al desgraciado y no era extraño que en esos recorridos desenfundara el machete para rozar las malezas que invadían el camino.
Quizás por arrepentimiento, los Jerarcas  católicos de Manizales visitaron al padre Daniel y le rogaron que se radicara en la capital del departamento, pero el anciano curita les respondía que era como sacar el pez del agua y que en esas lejanías era feliz sirviendo a los campesinos.
Los conflictos políticos acompañaron al padre Daniel María hasta sus últimos días. El  9 de abril de 1948 estaba de visita en Norcasia. El caserío se rebeló  contra el gobierno y nombró una Junta Revolucionaria. Como en Armero los bochinchosos habían asesinado al párroco, los vecinos de San Diego temieron lo peor y para proteger a su sacerdote se armaron y entraron por la fuerza a Norcasia. Poco después llegó el Ejército y los irregulares de  San Diego ocultaron en la casa cural la pólvora que más tarde encontraron los militares en una requisa general y que fue la causa para tildar al padre Daniel de revoltoso.
El 31 de julio de 1951 el levita  Daniel María López murió en San Diego y Caldas perdió un verdadero apóstol que ayudó a las viudas y a los huérfanos y llegó al alma del  pueblo. Las mejores épocas de  Pensilvania y de Florencia  coincidieron con la época dorada del padre Daniel.  Hasta hoy nadie ha podido  llenar en el oriente caldense ese vacío dejado por el santo, godo y  noble sacerdote.
.