viernes, 1 de junio de 2012

EL GOLPE MILITAR DEL GENERAL GUSTAVO ROJAS PINILLA

Alfredo Cardona Tobón  *



A las dos de la tarde del sábado 13 de junio de 1953 un avión sobrevoló tres veces la finca del General Gustavo Rojas Pinilla en Melgar; esa era la señal convenida para que viajara a Bogotá, pues su presencia allí era de urgencia inmediata.

 En el aeropuerto de Flandes confirmaron el regreso de Laureano Gómez a la presidencia de la República y la destitución del General Roja del cargo de comandante de las Fuerzas Armadas sin respetar su fuero militare ni haber seguido un proceso que justificara tal decisión.

La enconada ojeriza de Laureano contra Rojas Pinilla empezó cuando el militar, en su calidad de Director de Aeronáutica Civil, promovió la construcción del Aeropuerto Eldorado, proyecto al que se opuso Gómez solamente porque los liberales lo hbían propuesto y estaba en la lista de sus prioridades. La enorme influencia de Rojas sobre las fuerzas armadas y las  críticas del general al gobierno laureanista acabaron por alejarlo del jefe conservador. La detención arbitraria del industrial antioqueño Felipe Echavarría, implicado en una  conspiración contra el gobierno y  su tortura en instalaciones castrenses dieron pie a Laureano para  zafarse de su molesto general a quien  responsabilizó de los atropellos a Echavarría.

LA CAIDA DE LAUREANO.

Por quebrantos de salud Laureano Gómez dejó transitoriamente la jefatura del Estado en manos de  Urdaneta Arbeláez.
Un Tribunal de Honor  exoneró a Rojas de  toda responsabilidad en  el caso Echavarría y Laureano, que estaba acostumbrado a que se cumpliera su voluntad como fuera, asumió de nuevo la presidencia y de manera arbitraria  llamó  a la reserva a Rojas Pinilla, nombró como nuevo comandante de las Fuerzas Armadas al general  Régulo Gaitán y designó Ministro de Guerra a Jorge Leiva.

 Leiva marchó a los cuarteles para hacerse reconocer por la tropa. Pero en las instalaciones militares los altos oficiales apoyaron irrestrictamente a su Comandante Rojas Pinilla, hicieron prisionero  al nuevo ministro y  por intermedio de Luis Ignacio Andrade exigieron  la renuncia a Laureano. Andrade jamás pudo comunicarse con el  presidente, pues  Gómez estaba escondido dejando al garete a la  nación en tan cruciales momentos.
Ante la ausencia de Laureano el ejército propuso a Urdaneta su continuidad al frente de el poder ejecutivo, el designado se excusó al considerar que legalmente el mando estaba en poder de Laureano, quien aunque ausente  no había renunciado. Ante tal estado de cosas las Fuerzas Armadas  tomaron el control del Estado y Rojas Pinilla asumió la presidencia de Colombia.

¡OH JÚBILO INMORTAL!

La situación de Colombia no podía ser peor en el desgobierno de Laureano Gómez. El país se debatía entre el caos. A la violencia partidista, agudizada  en el gobierno de Ospina Pérez, se sumaba la resistencia liberal con  poderosos núcleos guerrilleros en los llanos orientales y en el occidente de Antioquia.
La prepotencia de Laureano dividió  las filas conservadoras. Caudillos como Alzate Avendaño afilaron baterías contra la dirección de su partido, mientras algunos jefes liberales, azuzaban a sus partidarios para cobrar venganza y desquitarse con inermes comunidades conservadoras.

Colombia se debatía en la desesperanza.. Millones de refugiados campesinos de ambos partidos abandonaron  los surcos y se hacinaron en los cinturones de miseria de las ciudades. Colombia, el país rural se convirtió en país urbano. A la  riada de infelices labriegos liberales sin techo, sin comida, sin apoyo de nadie en tierra extraña se le sumaron poco a poco los desplazados conservadores de regiones infestadas por la guerrilla liberal o por simples bandidos.

La llegada de Rojas Pinilla al poder fue un destello de esperanza. Darío Echandía denominó la acción militar como ‘golpe de opinión’ y un vasto sector conservador se vio libre de la discriminación de Laureano, cuyos seguidores eran “oro puro” en el partido y  eran escoria  quienes disentían de su  disciplina de perros
.
El 14 de junio ríos humanos inundaron las calles en apoyo a Rojas Pinilla. “No más sangre, no más depredaciones a nombre de ningún partido político, no más rencillas entre hijos de la misma Colombia inmortal. Paz, derecho, libertad, justicia para todos..” decía el general en su primera alocución presidencial.

Pese a contar con un ejército mal armado y escaso en número,  una policía corrupta y la justicia postrada, Rojas pacificó el  país en menos de un año. Lo logró “ Tumbando y capando” según la conseja popular. Juzgados ambulantes recorrían las aldeas y campos, en busca de “pájaros” y bandidos, que no alcanzaban a llegar a la cárcel, pues eran abatidos cuando trataban de huir de sus captores, lo que el pueblo llamó socarronamente la Ley Fuga.

Paralelamente a la pacificación, Rojas amnistió a los presos políticos y a los guerrilleros desmovilizados. Después de pactar la paz con las guerrillas, puso en cintura a los alebrestados caciques pueblerinos.

EL PUEBLO CON ROJAS.

“Que viva Rojas Pinilla, que viva Colombia entera
Que  acabe el asesinato y también las aplanchadas
Le dice Rojas Pinilla  a toda su Fuerza Armada”.

Versos con música de vallenatos, merengues y corridos vivaban al general por las veredas y los barrios populares. Rojas era un ídolo para el pueblo cansado de tanta violencia y tanta muerte.

Muchos labriegos retornaron a sus parcelas y casi todo el país empezó a vivir en paz, excepto algunos asesinos como Tirofijo, Tarzán y Sangrenegra cuyos atropellos continuaron en regiones aisladas e inaccesibles. A Rojas le faltó tiempo para someterlos, pero infortunadamente su luna de miel con el pueblo, la deterioraron los inescrupulosos que rodearon al presidente y se lucraron del poder para robar y asaltar al erario. Por otro lado los viudos del poder, excluidos del ponqué burocrático, se unieron, como en tiempos del general Melo, bajo la bandera de la llamada Democracia, para retomar la dirección de la República en nombre de los partidos y tumbar a Rojas, quien se engolosinó con las delicias del poder y desdibujó su misión patriótica al tolerar el asesinato de estudiantes  y dejar impune la tenebrosa masacre en  la Plaza de Toros de Bogotá,  realizada por sus áulicos para vengar la rechifla a su hija María Eugenia Rojas..


lunes, 28 de mayo de 2012

:GENERACIONES EN DEUDA



Alfredo Cardona Tobón. *


La luz  macilenta de una vela con reflejos que danzaban de un lado a otro  con las ráfagas de viento, iluminaba tenuemente el interior  del rancho. En el corredor dormitaban Bronco y Capulina, dos perros de raza indefinida, con un ojo cerrado como despiste y el otro muy abierto para atisbar la llegada de un zorro que noche tras noche se acercaba con malas y fallidas intenciones al gallinero.
 
Relámpagos lejanos y el frio de la noche presagiaban un aguacero torrencial. De repente el viento dejó de soplar y un silencio ominoso se confundió con las sombras; luego empezaron los aullidos de los perros con un tono profundo, tan lúgubre, tan triste, que hicieron erizar la piel de Rita.
 
-Son ánimas en pena- pensó la muchacha- y apretó el rosario bendecido que guardaba bajo la almohada.
 
-Pero pueden ser brujas-  pensó- y por las dudas se inclinó bajo la cama, agarró los zapatos y los colocó suela arriba para espantar a las intrusas.
 
La fórmula resultó:  Los aullidos cesaron, nuevamente se escucharon los chirridos de los grillos.. pero
en la mente de Rita  siguió martillando un triste presentimiento.

 LOS AZUZADORES.

Un político de Manizale, de testa calva y el narcisismo de la palabra fácil, alzó los brazos al estilo de Mussolini. El pueblo analfabeta aplaudió embelesado.
 
-Ya que nuestra causa es noble- decía el orador, debemos defenderla aún con las armas más innobles- y los ruanetas cegados por el alcohol y el resentimiento asentían con gritos y con vivas.
 
Después de azuzar al populacho de la población de Pueblo Rico con consignas violentas, la comitiva de  Gilberto Alzate Avendaño después de repartir aguardiente y  dar palmaditas en la espalda, regresaron a  Manizales sin calcular el mal que  estaban sembrando por los  caminos de Caldas.

Entre escaramuzas, aplanchadas con machete  y voleo de piedra, el cáncer de la violencia se fue extendiendo por todo el occidente de Caldas  hasta envolverlo en una orgía de sangre y de desprecio por la vida humana
 
El domingo 16 de noviembre de 1947 Fernando Villegas sacó un taburete de cuero a la acera de un café situado en el centro de Pueblo Rico. Colocó el espaldar al frente y como montado en un potro, vio avanzar antiguos amigos y vecinos con vivas al conservatismos y  mueras a los liberales.
 
-Allí está un cachiporro hijueputa- gritó el boquinche que recogía aguamasa en el pueblo al ver a Fernando Villegas y sin mediar provocación se acercó,  apuntó y le disparó con una pistola hechiza. El viejo cayó destrozado con el asombro en sus ojos sin poder entender  como personas que sólo le debían favores, decidieran aniquilarlo.

JUAN BORJA Y SU YEGUA GITANA.

Todas los domingos Juan Borja salía a Pueblo Rico a vender unos racimos de plátano, algunas puchas de fríjol y dos o tres arrobas de cacao, para hacer el mercado y tomarse los tragos que hacían el milagro de romper la monotonía de su vida anónima, pegada al surco y a la montaña.
 
Mientras apuraba los ‘guarilaques’ y el cantinero se las ingeniaba para destapar las botellas de cerveza, servir los pasantes de coco y cambiar las agujas a la vitrola;  las canciones de los Trovadores de Cuyo y de Olimpo Cárdenas recordaban a Borja los años mozos en  Jericó, Antioquia, cuando soñaba con seguir Cauca arriba para conquistar el mundo.
.
A la entrada de la cantina  Juan Borja  había amarrado la yegua ceniza, fina de cascos, con cola negra y cuello enhiesto, buena para la trocha y la carga, briosa y obediente, que con Rita, el pedazo de tierra y su hija, constituían sus más preciados tesoros.
 
El bochinche politiquero de aquel domingo apuró el regreso  del campesino a su rancho; así que pagó la cuenta, acomodó el bastimento en el anca de la Gitana,  puso el freno, apretó la cincha y sobre la la noble bestia se dirigió a la parcela en la tierra caliente. Tenía  que cuidarse, pensó  Borja, pues según los discursos del calvo Alzate y sus "pajaros", encajaba como enemigo del régimen y de las santas institucione, pues no asistía a misa, era gaitanista y repartía los volantes que Carlos Styles enviaba desde Pereira.
 
A suave galope Borja salió del pueblo y se internó por un sendero enmalezado. Pasos adelante sonó un disparo de escopeta. La yegua reculó un poco, pero como en otras ocasiones con su amo desmadejado por el licor, la bestia siguió su camino  con  Borja desgonzado sobre su cuello.

EL PÁJARO TRES PATAS.

La lluvia gruesa golpeaba con fuerza las tejas del rancho. Los perros volvieron a aullar. Rita salió con una escoba y un crucifijo  para espantar a las brujas o a los malos espíritus que atormentaban a Bronco y a Capulina.

 Al destello de un relámpago vio volar un pájaro tres patas y tembló, pues era otra señal de muerte en esa noche de insomnio. Al cerrar la puerta oyó el relincho de la Gitana.
 
-Otra vez viene borracho- Cuando será que coge  juicio y deja la tomadera-
 
La campesina tomó  la rienda del animal, se acercó a su esposo, echó atrás la ruana para ayudarle a bajar de la yegua y sintió el hilo de  aguasangre que salía del cuello de Juan Borja.

CUENTAS POR SALDAR.

Miles de compatriotas cayeron en el occidente caldense  víctimas de la violencia partidista. No fue culpa exclusiva de los conservadores  o de los   liberales, porque tanto los unos como lo otros echaron mucha leña al fuego.  Durante la  República Liberal hubo masacres conservadoras en Riosucio y en Aranzazu y los  enfrentamientos estuvieron a la orden del día en Mistrató, Belén de Umbría, Apia y Salamina y Manzanares. A la violencia se respondió con más violencia durante los regímenes conservadores de  Ospina Pérez y Laureano Gómez, cuando las atrocidades contra los liberales sobrepasaron las manifestaciones más dantescas de la crueldad humana.
.
Las generaciones de Barrera Uribe en Armenia, de Alzate Avendaño  en Manizales, o de Camilo Mejía en Pereira, son culpables por acción u omisión de la hecatombe que asoló al viejo Caldas durante el siglo XX. A los gobernadores Gerardo Arias Mejía ( marzo - agosto de 1948), Carlos Arturo Jaramillo (Agosto/48- abril/49),Carlos Jaramillo Arrubla (abril/49-marzo/50), les  faltó el valor civil para frenar a asesinos de tanta gente inocente y la cúpula católica también es culpable porque no rechazó con contundencia a los violentos y permitió que algunos sacerdotes que no cumplían con su ministerio azuzaran a los bandidos

Aquilino Villegas con sus consignas de Acción Intrépida contra sus opositores políticos, Gilberto Alzate Avendaño, Silvio Villegas, Camilo Mejía Duque, Barrera Uribe y todos aquellos que incitaron o fueron indiferentes, los que se lucraron de la desgracia ajena o hicieron de la violencia un negocio están   en deuda con las generaciones presentes  y futuras. Si hay un Dios justiciero sus almas deben  estar ardiendo en los infienos pese a las misas y oraciones por su descanso eterno.

Esos vientos que sembraron  tanta desgracia siguen convirtiéndose en tempestades con otro rótulo y en escenarios distintos, impidiendo que  los colombianos podamos vivir en paz  en una Patria hastiada de tanta muerte.