martes, 19 de junio de 2012

LOS ULTIMOS VIRREYES DE LA NUEVA GRANADA

Alfredo Cardona Tobón*


Es interesante dar una mirada a los virreyes del ocaso español; empecemos por Francisco Javier Venegas  a quien el Consejo de Regencia  lo designó para remplazar al virrey de la Nueva Granada Amar y Borbón; su función no pasó del mero nombramiento, pues cuando alistaba maletas para viajar a Santa Fe de Bogotá,  lo nombraron virrey de la Nueva España (Méjico), donde a los dos días de posesionado, o sea el 16 de septiembre de 1810,  lo envolvió  la rebelión independista del cura Hidalgo y Costilla.
En esta forma el virrey Amar y Borbón se vio forzado a permanecer en el cargo por falta de un remplazo  y sufrir cárcel y todo tipo de atropellos antes de salir de Santa Fe y viajar a España, donde no le fue mejor, pues se vio comprometido en la rebelión liberal contra la monarquía.
BENITO PÉREZ BRITO, EL VIRREY  EN PANAMÁ
Al revocar el nombramiento de Venegas, el Consejo de Regencia encomendó a Benito Pérez Brito el virreinato de la Nueva Granada; Pérez era un militar distinguido en  campañas en el norte africano y en La Florida y con  exitoso desempeño en la gobernación de Yucatán.
Pero la época no era para posesionar virreyes, pues varias juntas criollas gobernaban a la Nueva Granada y ninguna aceptó la autoridad de Pérez Brito. De todas maneras el Virrey de papel se estableció en la ciudad de Panamá, controlada por los  españoles y desde allí “gobernó” nominalmente al virreinato. Sin medios para imponer su autoridad Pérez desempeñó su deslucido encargo hasta entregarle el “mando” en 1812 a Francisco José de Montalvo.
FRANCISCO JOSÉ DE MONTALVO, VIRREY EN SANTA MARTA
El 14 de marzo de 1814 el rey Fernando VII, de regreso a España tras su cautiverio en Francia, desconoció la Constitución de Cádiz y envió tropas para  Venezuela a fin de recuperar el poder en las colonias, en  tanto que en la Nueva Granada las provincias se desgastan en guerras intestinas.
En la costa Atlántica, las ciudades de  Cartagena y Mompox luchaban contra Santa Marta que era un fuerte reducto realista gobernado por el español Francisco José Montalvo. Poco antes de desembarcar Morillo con las fuerzas expedicionarias de la Península,  los samarios derrotaron a los  cartageneros en la batalla naval de la Ciénaga Grande y tomaron el control de las riberas del río Magdalena. Al caer Cartagena en manos de “ los pacificadores”, el soberano español  nombró virrey de la Nueva Granada  a Francisco José de Montalvo  quien despachó desde Santa Marta mientras  las tropas de la reconquista avanzaban por el interior del país.
En Santa Fe de Bogotá el general Morillo instituyó los “Consejos de guerra”, el “Consejo de Purificación”, los “Consejos de Secuestro” y los “Tribunales de Inquisición” con innumerables órdenes de ejecuciones y  contribuciones forzadas. Montalvo rechazó las execrables y abominables medidas contra los granadinos rebeldes, pero Morillo y sus secuaces continuaron asesinando y  arrebatando los bienes de los insurgentes haciendo caso omiso a los reclamos del virrey.
EL SANGUINARIO VIRREY JUAN SÁMANO
Después de los acontecimientos del 20 de julio de 1810, el comandante Sámano solicitó pasaporte a la Junta Suprema y se dirigió a España;  meses después regresó al puerto de Guayaquil y en 1812 se alistó en las fuerzas españolas de   la ciudad de Cuenca, bajo las órdenes del gobernador español Toribio Montes.
Sámano vence a los patriotas quiteños en La Mecha y con el título de Brigadier toma la ciudad de Popayán y avanza hasta Cartago. Las tropas de Nariño  con el apoyo de los vallecaucanos derrotan a Sámano en  el Alto Palacé y en Calibio.
Sin mando sobre las tropas, por causa de los desastres militares, Sámano viaja a Barbacoas con gran cantidad de dinero, pero una avanzada patriota lo intercepta y lo toma prisionero.
Luego de la derrota de Nariño en los ejidos de Pasto, la resistencia patriota continúa; los republicanos derrotan al comandante español Vidaorrázaga en el Pato y en Ovejas; en tales circunstancias, el gobernador Montes, sin jefes experimentados, vuelve  dar el mando a Sámano, que  había recuperado la libertad, sin que se sepa si huyó o la compró a los captores.
Sámano aniquila a los restos de las fuerzas de Nariño en la Cuchilla de Tambo, reconquista a Popayán, avanza por el Valle del Cauca y se une a las fuerzas de Morillo en la capital de la Nueva Granada, donde como Comandante Civil y Militar  lleva al paredón a la flor y nata de la juventud republicana.
 Cuando Morillo viaja a Caracas a contener los levantamientos del oriente venezolano, Fernando VII deja a Juan Sámano al frente del virreinato de la Nueva Granada. Después de la Batalla del Puente de Boyacá, Sámano se refugia en Cartagena, los patriotas asedian la ciudad, el virrey escapa a Jamaica, viaja a Panamá y allí muere esperando la autorización para regresar  a España
JUAN DE LA CRUZ MOURGENON, UN VIRREY EN QUITO
Este militar distinguido fue Mariscal de Campo de los ejércitos españoles, participó en la batalla de Bailén y en la reconquista de Sevilla en la lucha contra los franceses. En las postrimerías del dominio español ocupó la ciudad de Quito con 800 hombres procedentes de Puerto Cabello en Venezuela y del Istmo de Panamá.
Con el cargo de Capitán General y Presidente de la Audiencia de Quito Mourgenon proclamó plenas garantías en Quito, reprimió los abusos, dio libertad a los esclavos y preparó fuerzas para hacer frente a la amenaza de Sucre por el sur y de Bolívar por el norte
 El gobierno español había ofrecido a Mourgenon el cargo de virrey luego que recuperara las dos terceras partes del territorio granadino, misión imposible por su  quebrantada salud, agravada por el trabajo abrumador de la Audiencia y las enormes preocupaciones de la guerra.
Murgenon, un buen hombre y correcto gobernante, murió en Quito el 3 de abril dejando el mando al coronel Melchor Aymerich.
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domingo, 17 de junio de 2012

PINDANÁ DE LOS CERRILLOS

Alfredo Cardona Tobón*


Entre las  comunidades que se perdieron en la penumbra de la historia pereirana encontramos a Pindaná, una aldea quimbaya  anterior a la llegada de los conquistadores europeos y que figura en las primeras crónicas de la conquista.
Los vecinos de Pindaná no se sometieron mansamente a los españoles, se unieron a la rebelión indígena de1542 y unos años después lucharon al lado de sus hermanos de raza contra las huestes imvasoras..
 Mientras el resto de los quimbayas desaparecieron por las enfermedades, la guerra y los desplazamientos forzados hacia centros mineros, los descendientes de la gente de Pindaná sobrevivieron hasta fines del siglo XIX. Existe muy poca información sobre la  aldea, quizás investigando profundamente en los archivos del Cauca y en los de Sevilla en España se pueda reconstruir su pasado, que, en grandes pincelazos, se bosqueja en estas líneas.
LA VISITA DEL OIDOR LESMES DE ESPINOSA
Las guerras, las enfermedades de ultramar y los abusos de los encomenderos menguaron en forma dramática la población aborigen de este territorio enclavado entre los ramales central y occidental de la cordillera de los Andes, por ello la Real Audiencia de la Nueva Granada comisionó al Oidor Lesmes para que investigara las causas de la despoblación, agrupara las comunidades dispersas y pusiera en cintura a los encomenderos cuyos atropellos a la población aborigen eran inauditos.
 En 1627 Lesmes  conformó los pueblos de La Montaña, San Lorenzo y Guática en la banda izquierda del rio Cauca y en las cercanías de Cartago dispuso la fundación de una aldea  con el nombre de  Nuestra Señora  adonde  confluyeron los  quimbayas de las comunidades de Bía, Chalima,  Chinchina y Pindaná
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LA VIRGEN DE BELÉN

La gente de Pindaná llegó a Nuestra Señora  con una hermosa imagen de la Virgen, que se convirtió en Patrona del poblado y mitigó la desesperanza de los indios confinados en un lugar  ajeno a sus tradiciones, con pocos recursos  y en  medio de vecinos con lenguaje y cultura diferentes.  Los  vecinos construyeron una modesta capilla para honrar a la Virgen, que a falta de ornatos lujosos tenia como telón de fondo los nevados de la Sierra Nevada de Cartago, lo que identificó a la aldea como Nuestra Señora de las Nieves.
La existencia del poblado de Nuestra Señora fue efímera, en el año de 1660 el cacique Domingo Saguay con su gente y la Virgen de Belén la abandonó y regresó a Pindaná, en tanto que los antiguos habitantes de Bia y Chinchina recogían sus petates y retornaban a sus antiguos territorios.

UBICACIÓN DE PINDANÁ

Las crónicas sitúan a Pindaná  en la serranía entre el río Otún y la quebrada Consota, en un sitio no muy lejano al actual sitio de Cerritos; fue un poblado de indios pobres, sin oro ni otras riquezas, que vegetaban al amparo de los cultivos de pancoger, de la pesca, de la caza y del pastoreo de animales.
 Pese a esa pobreza, o tal vez debido a ella,   la aldea sobrevivió bajo la sombra de la Virgen de Belén, una imagen milagrera que en 1806 consiguió que el rey de España elevara a Pindaná a la categoría de parroquia, y cuyo cura Joaquín Bermúdez obtuvo indulgencias del Papa para las personas que visitaran el  templo de la venerada imagen.
Para financiar la parroquia, el padre Bermúdez estableció un hato en las fértiles tierras circundantes,  que la Virgen, según la tradición, se encargó de multiplicarlo a la maravilla. Don Nicolás Pérez, vecino de Roldanillo  y don Javier Montaño, vecino de Cartago administraron  el hato y con los dineros recaudados construyeron un tabernáculo digno de la Real Señora.

EMPIEZAN LOS DESPOJOS

En 1809  José A. Mazuera,  alcalde de Cartago, se antojó de las tierras de Pindaná  y con sutiles leguleyadas arrebató a la parcialidad indígena un gran lote de su resguardo; los nativos acudieron a las autoridades virreinales quienes  en compensación por ello les cedieron terrenos en la montaña,  pero lejos de las casas de los indios, adonde era difícil de llegar por falta de caminos y no podían cultivarse debido a la abrupta topografía.
Aún así los habitantes de  Pindaná no abandonaron el antiguo caserío, que el 14 de octubre de 1854, por disposición del gobierno del Cauca, tomó el nombre de Aldea de la Paz para celebrar el  triunfo de liberales y conservadores contra la república artesana de José María Melo.
En 1855 el gobierno de Popayán incentivó la  colonización antioqueña en los baldíos del norte del Estado y alentó la invasión paisa a las aldeas de Furatena y Pindaná,  al ofrecer exenciones tributarias y  no enganchar en sus milicias a  todos aquellos individuos que de provincia extraña se avecindaran en los alrededores de esas aldeas.
Lo que no pudieron los españoles ni caucanos lo hicieron los antioqueños, pues con el mestizaje y el enganche de peones en las grandes haciendas, el número de vecinos de Pindaná mermó de tal manera que el Cabildo de Cartago tomó posesión de lo que quedaba de Resguardo de Pindaná de los Cerrillos y lo vendió a los colonos que quisieron instalarse en las  vecindades.

LA ALDEA DE LA PAZ

Hacia 1892  la Aldea de La Paz era un poblado habitado por paisas pobres que cultivaban cacao y plátano en pequeñas sementeras y consumían unas diez reses mensuales; era un callejón lleno de ventas por donde circulaba la arriería que se desplazaba entre El Cauca y Antioquia y en cuyos alrededores florecían  grandes haciendas de los Marulandas y  de los Arangos.
La Aldea de La Paz desapareció sin dejar rastro. ¿ Cual fue el destino de la Virgen de  Belén?- Cuando desapareció el poblado?-
Nada se sabe. Son  misterios  perdidos en la bruma de la historia pereirana, que no empezó en Cartagoviejo  ni con la misa del padre Cañarte. Habrá que remontarse a la aldeas quimbayas, a Pindanà de los Cerrillos, a la aldea de la Balsa, al presidio de Boquía cuyas comunidades directa o indirectamente tienen que ver con la Villa de Robledo, génesis de la moderna Pereira..