miércoles, 25 de julio de 2012

PAISAJE CULTURAL CAFETERO(2) :ENTRE CANASTOS Y CAMÁNDULAS


-Alfredo Cardona Tobón*

En la vida de las comunidades del Eje Cafetero se entrelazan los canastos y las camándulas; los canastos son símbolo de la cosecha y las camándulas son el emblema de la religiosidad de nuestra gente. Los canastos van de la mano con la euforia de la cosecha y en las camándulas reverdecen los antiguos valores y  dan la ocasión de regresar a encontrarse con amigos de infancia y dar un abrazo a los seres queridos.
ENTRE CANASTOS
Los canastos aparecen con los granos de los cafetos, son los indicadores fidedignos del volumen de la cosecha y son como campanas que anuncian el despertar de los pueblos aletargados que reviven en las tolvas de los beneficiaderos;
 El canasto de bejuco al igual que el alma campesina ha resistido todos los embates modernistas; hay canastos para recoger el grano maduro; están los despasilladores o separadores de la  espuma  y del  café vano y  se tienen los canastos cargadores para transportar la pulpa, el café mojado y el líchigo del diario yantar labriego; sirven a veces de baúl de recuerdos y hasta de cuna campesina.
En las plazas de mercado son clásicos los vendedores de canastos,  algunos vienen de los resguardos indígenas  y otros son artesanos con herencia bejuquera en sus venas; los encontramos al lado del atrio de la iglesia, cerca de las compras de café o al pie de las cantinas;  no tienen la movilidad de los vendedores de sombreros pero son más visibles, pues el arrume de canastos  los hacen resaltar entre la multitud bulliciosa
ENTRE EL MÁS ACÁ Y EL MÁS ALLÁ
En los domingos de cosecha las calles pueblerinas son colmenas humanas;  es como si reviviera un volcán  dormido: se compra y se vende, se enamora,  aparecen los amigos y también los enemigos. La peladez de meses anteriores se convierte en euforia consumista, los recolectores con plata en  el bolsillo atiborran las cantinas y los burdeles y en cada esquina se ofrecen chucherías, ropa, zapatos, linternas, celulares,  pandebonos, panderos, forcha… y todo cuanto  chinos, gringos y antioqueños puedan ofrecer. En la cosecha los carniceros y los tenderos recogen los fiados, los bancos recuperan su plata y las iglesias se llenan de gente que estrena y deja limosnas en las hambrientas escudillas. ¡Adiós necesidades..!  Por unos cuantos domingos nuestros labriegos son dueños del mundo.
LAS CAMÁNDULAS
Aunque se ha atenuado el fervor religioso, la presencia de Nuestro Señor Jesucristo, de la Virgen Santísima y de los santos continúa siendo parte esencial de nuestra cultura.
Los templos católicos son las joyas más preciadas  de estos poblados engastados en las alturas; son  monumentos que muestran la vitalidad de las comunidades, son un índice de prosperidad o de deterioro de las localidades.  Nuestros templos tienen la particularidad de estar siempre en construcción,  cambian con los párrocos, que les ponen y les quitan sin consultar con nadie.
La Semana Santa es la festividad religiosa que toca todas las fibras piadosas de los habitantes de la zona cafetera.  Algunas, como las de Salamina, Belálcazar y  Manzanares revisten gran solemnidad,  pero en general, hasta la aldea más pobre y alejada se esmera en celebrar la mejor Semana Santa y convocar a los fieles alrededor de los valores religiosos..
En los municipios la Navidad conserva las raíces ancestrales con el pesebre y la novena, los buñuelos y la natilla, los aguinaldos, la  marranada,  los regalos del Niño Dios y el estrén  del veinticinco de diciembre. En esos días llegan los familiares, la familia se une y al Eje Cafetero llegan turistas colombianos y  extranjeros  que respiran verdor, naturaleza plena y la hospitalidad de los nuestros.
En tiempo frio la fiesta del Santo Patrono, va con  novena,  juegos pirotécnicos, vacaloca, la banda municipal y  la vara de premios. En la fiesta de la Virgen del Carmen se lucen los choferes,  los campesinos echan  la casa por la ventana en el día de San Isidro y la colonia boyacense de Manizales se hace sentir el día de Nuestra Señora de Chiquinquirá
Sobre todo en el norte caldense continúa vivo el día de la Santa Cruz, preludio de las lluvias de abril, con los Mil Jesuses, el altar con la cruz y los pedidos de los fieles escritos en papelitos que se depositan al pie del emblema cristiano; y en varias localidades de tierra caliente, el  día de San Pedro y San Pablo se  echan al vuelo las campanas y se prenden las fiestas


CON SANTOS PROPIOS
Para los aficionados al arte religioso y a las leyendas pías el Eje Cafetero tiene numerosas propuestas, la imagen de San Antonio de Arma es especialista en conseguir maridos, hay imágenes que no quisieron moverse de un sitio,  imágenes  milagrosas  como la Virgen de Fátima de San Clemente y Nuestra Señora de la Pobreza en Cartago; el Señor del Improperio de Salamina trasciende allende los mares… y las hay guerreras como  el Cristo de los Rotavista en Quinchía, que acompañó a las tropas conservadoras en las guerras del siglo XIX.
Además de santuarios, catedrales monumentales y museos religiosos, se cuenta con santos propios: Pácora tiene  al beato Maya y va camino a los altares la Madre Berenice, “La flor más bella de Salamina”; y como Pereira no se queda atrás en nada, en la Perla del Otún invocan al padre Naranjito,  un virtuoso sacerdote con fama de milagrero..
Nuestro pasado está ligado al café y a las sotanas; es imposible pintar un recolector de café o una nativa embera sin un canasto;  en cuanto a las sotanas no podemos hablar de la Catedral de  Manizales sin el padre Adolfo Hoyos o recordar al majestuoso Cristo de Belalacázar y la Villa Olímpica de Pereira sin el padre Antonio Valencia
 Nuestro paisaje cultural  es un retablo de canastos y curas, de cantinas y templos, de aroma de café y  olor a incienso, es un mosaico de beneficiaderos y de santuarios, y  de camándulas colgadas a los canastos.
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