sábado, 29 de septiembre de 2012

PORE: CUNA DE LA INDEPENDENCIA COLOMBIANA

Alfredo Cardona Tobón*


Los colombianos hemos oído hablar de Pore desde los bancos de la escuela, pero pocos compatriotas conocen esta localidad del Casanare, Patrimonio Histórico Nacional, con ruinas del cuartel de Bolívar y  muros que recuerdan  el paso de los jesuitas por los llanos.
La población de Pore está situada en el piedemonte llanero; su temperatura media es de 27º C y posee la estructura  de una típica ciudad española con algunas calles empedradas y varios monumentos históricos que se han salvado de la pica destructora de alcaldes ignorantes y de la desidia estatal.
Pore fue fundado en 1644 y  su existencia siempre ha estado al borde del colapso; en 1912 contaba con 891 habitantes distribuidos en su vasto territorio y en 1964 solamente  193 personas vivían en el casco urbano. Por fortuna el auge petrolero y sobre todo la carretera marginal del llano le permitió sobrevivir y hoy tiene doce mil habitantes que progresan al poder sacar su producción agropecuaria a Bogotá y a otras poblaciones de los llanos.
LA CAPITAL INSURGENTE
En el lustro de la reconquista española, la provincia de Casanare fue el escenario de la más aguerrida resistencia patriota. Las guerrillas de Ramón Nonato Pérez, Juan Galea, Francisco Rodríguez, Manuel Ortega, Juan Nepomuceno Moreno, fray Ignacio Mariño, Miguel Espejo, Manuel Serviez y Francisco de Paula Santander no dieron tregua a los españoles,  llegando a causar tal impacto que el general realista Barreiro  escribió al virrey Sámano: “A estos insurgentes de Casanare no los dominaremos ni con 15.000 hombres bien armados” y Morillo, en una comunicación al rey explicando las derrotas de sus hombres, le escribió que los llaneros no eran ”una gavilla de cobardes poco numerosa como habían informado, sino tropas organizadas que podían competir con las mejores de su Majestad el rey”.
Las guerrillas del llano, si bien no contaban con muchos hombres, tenían una gran capacidad bélica pese a su primitivo  equipo. La mayoría tenía solo un guayuco o pantalón corto; algunos, camisa de tela ordinaria, un sombrero de ala extendida y como armas una lanza y un caballo acostumbrado a los pajonales y a nadar en los llanos inundados.
Los llaneros granadinos, de ancestro mestizo de blanco e indio, o  de indios sin ninguna mezcla, eran diferentes a los venezolanos; los nuestros siempre habían sido libres, sin lazos de amos que los ataran y por tanto sin el rencor hacia los blancos; eran dueños de su vida y por eso no se dejaban mangonear de taitas como  Boves o como Páez que convirtieron en charcos de sangre las sabanas venezolanas.
CASANARE INDEPENDIENTE
En la fracasada rebelión de 1809 los casanareños se levantaron contra los españoles bajo las banderas de los socorranos Cadena y Rosillo. En Pore las tropas coloniales ejecutaron  a los jefes de la insurrección y esa fue la semilla que cayó en la sabana para fructificar en libertad y en el repudio a la crueldad española la que galvanizó los ánimos llaneros y los preparó para la lucha.
Las autoridades españolas, en realidad, jamás controlaron la sabana de Casanare; fueron los jesuitas y luego los curas doctrineros quienes manejaron a su manera a las comunidades llaneras; por eso los realistas,  pese a las ejecuciones, a la política de tierra arrasada y a las continuas incursiones no pudieron someter a los llaneros, cerreros como  los potros  que se encabritaban entre los pajonales.
Los llaneros combatían en partidas pequeñas, con tácticas guerrilleras sin presentar combate directo al enemigo, emboscaban y se retiraban y cuando las tropas del rey invadían las sabanas, desocupaban los poblados y buscaban en todas formas de privarlas de sus caballos, que en esas inmensidades  eran la clave de la victoria.
Casanare fue la única provincia libre del poder español y como era un aliciente para la resistencia patriota, Sámano intentó conquistarla  con sus jefes más calificados y más crueles que entraban a las cabeceras del llano asesinando, quemando trapiches, robando el ganado y arrasando los poblados.
Como era la costumbre española, su arma era el terror;  el jefe español Tolrá, por ejemplo, hizo pasar por las armas a más de 125 ciudadanos inocentes y mató con sus propias manos a los guerrilleros que cayeron en su poder; un comandante González, de ingrata memoria, fusiló a Justa Estepa, la Pola llanera, y llevó al patíbulo a decenas de patriotas casanareños.
En 1817 empezó la contraofensiva republicana en los llanos granadinos y en los llanos de Apure en Venezuela, el guerrillero Miguel Espejo desbarata la caballería del comandante español Miguel Latorre en Tocaría y los hombres de Galea, Rodríguez y Ortega emboscan en los alrededores de Tame  al Teniente Coronel Julián Bayer, que cae prisionero con diez de los suyos y  perece en el cadalso en retaliación de todos sus crímenes.
La guerra se recrudece en las pampas granadinas, Juan Galea y fray Ignacio Mariño toman la población de Chire y Pérez asalta la salina de Chita; a finales de 1818 el general Santander encauza  las guerrillas y las unifica bajo su mando. En pocos meses el jefe granadino establece un estado en Casanare con departamento civil y departamento de finanzas y el 18 de diciembre de 1818  instala en Pore un Congreso que declara a esa población  capital de la provincia y de hecho en capital de la República libre de la Nueva Granada.
LOS LLANEROS CONTIENEN LA INVASIÓN ESPAÑOLA
El general  Barreiro con un poderoso ejército remontó la cordillera oriental con la orden expresa de dominar a los insurgentes llaneros o de exterminarlos de raíz. Varias columnas se adentraron en Casanare orientadas por cien baquianos indígenas; el seis de abril de 1818 Barreiro llegó al hato de Tocaría y su alegría fue inmensa al ver en los alrededores un considerable número de reses, pero esto era parte de la estrategia de los llaneros que  habían arreado el ganado más indómito. Fue vano el intento de los realistas de arrear ese ganado, tras un día de dura brega y la pérdida de varios caballos apenas consiguieron agarrar siete vacas flacas.
Barreiro llegó a Pore y encontró la aldea desierta, a lo lejos divisaba las partidas  patriotas, que no perdían oportunidad de atacar impunemente a sus hombres e iban cercando a los realistas hasta dejarlos incomunicados en la llanura. Escasearon los granos y les faltó la carne y se fueron quedando sin caballos en su intento de atrapar el ganado o por la muerte de las bestias que no estaban acostumbradas al pasto pobre de las sabanas. Ante  tal situación Barreiro siguió hasta el sitio de la Laguna donde los llaneros emboscados le  infligieron cuantiosas pérdidas.
Sin esperanza de doblegar a  su enemigo, Barreiro repasó el camino y regresó a Sogamoso mientras los patriotas se apoderaban de las bases realistas de La Salina, Paya y el Valle de Tenza. En esa forma, las fuerzas llaneras abrieron el camino que recorrió Bolívar con sus tropas para caer sobre los españoles en el Pantano de Vargas y en el Puente de Boyacá.
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jueves, 27 de septiembre de 2012

SANTA ANA- GUÁTICA-

LA ÚLTIMA FUNDACIÓN INDÍGENA



Alfredo Cardona Tobón*

La historia del corregimiento de Santa Ana en Guática está registrada en el archivo del Resguardo de Potreros.  No se si alguien conservó ese archivo que tuve la oportunidad de revisar y estudiar en el año de 1970.

“Salvador Pineda era un paisa muy formalito y con plata- me contó don Manuel Tonuzco, último gobernador del Resguardo-  Le gustaba mucho la fiesta de la Virgen de las Mercedes y por eso los viejos del Resguardo de Guática le regalaron un lote muy grande. Puso cafetera en la finca y ganadería y cogió mucho café, que se le perdió por falta de trabajadores y eso  que pagaba entre cinco y siete centavos la pucha”.
 
Con su devoción  por la Virgen y con su simpatía y don de gente Salvador Pineda se echó al bolsillo a los nativos de la parcialidad de Guática quienes el  tres de mayo de 1888 lo nombraron Administrador del Resguardo con un pago por sus servicios de doscientos pesos, más la  tercera parte del salado que eligiera y otra tercera parte por cada otro salado que descubriera. Con los negocios de los salados y las propiedades de los nativos, Salvador Pineda, compró en 1890, a un precio bajisimo, un gran lote del Resguardo en el sitio del Palmar y otro globo extenso de terreno en el punto de Varales.

 Parecía que los nativos  guatiqueños no sabían qué hacer con sus tierras; presionados por los curas de la aldea de Pueblo Nuevo, hoy San Clemente, regalaron  terreno a cuanto paisa se “manejara bien con ellos” y como no tenían dinero para medir sus tierras le pagaron al agrimensor William Martin con una gran propiedad en la tierra fría.

En 1914, tras una feria irresponsable con sus bienes, los nativos de Guática habían perdido la mayor parte del Resguardo y  su heredad ancestral  estaba en gran parte en poder de los compadres paisas, los invasores, los políticos y de los leguleyos de Riosucio y Cartago; de la zona asignada en 1627 por el Oidor Lesmes de Espinosa y Saravia, solo les quedaban  unos globos de terreno en las tierras  palúdicas a orillas del río Risaralda y en los puntos de Potreros y los Araos.

LA VISITA DEL JERARCA ECLESIÁSTICO

En 1916 El Obispo Concha anunció visita a Guática, una fundación indígena que  estaba ocupada totalmente por los paisas; fue un acontecimiento que movió a antioqueños y a  nativos para recibir de la mejor manera al  alto dignatario de la Iglesia Católica; los indígenas tenían la esperanza  que el prelado  llegara  a sus caseríos y engalanaron el camino entre el rancherío de Potreros y la cabecera de Guática con arcos de flores, pero el obispo no pasó de la cabecera de Guática.

Una comisión encabezada por Luciano Tonuzco y Juan Aricapa, acompañada por una banda de música, se entrevistó con  el Obispo  y le acompañó a manteles en el amplio comedor de la casa cural; desde un extremo del corredor lleno  de begonias y de bifloras, los primitivos  pobladores de Guática le indicaron que allá abajo, en la hondonada, donde estaban sus casas y sus cultivos aún no tenían una capilla.

 “ Esto es lo que nos queda de tierra su Reverencia- le confesaron los indios.
-¿Cómo se llama el  caserío?- indagó el Obispo señalando unos ranchos desperdigados en la lejanía.
 
- Lo llamamos Potreros- contestaron los nativos.
 
El ilustre prelado los miró con cariño al ver su devoción y su desgracia,  pasando el brazo por el hombre de Luciano Tonuzco, les dijo:
 
-Continúen llamándole mas bien Santa Ana, hijos míos, para que la Santa Patrona los proteja y los llene de bendiciones. 

LA LUCHA POR SANTA ANA

Como la vieja escuela de la zona indígena estaba en ruinas, las autoridades de Caldas no sabían si edificarla  en  la vereda del Poblado o en Santa Ana, entonces los vecinos de Santa Ana comisionaron a  Pedro Juan Tonuzco para que organizara mingas y armara un rancho para acomodar a la maestra y forzar así el establecimiento de la escuela. 
 
Los mayores pensaron que Pedro Juan, mozo de naciente bozo, enamorado y guarapero no iba a ser capaz de cumplir con el encargo. “ Si no hicieron el rancho los viejos y dejaron a misia Margarita Tonuzco con los bancos en el camino, menos lo harán estos mucharejos que apenas alargaron pantalones”; pero los mayores  se equivocaron, pues Pedro Juan y la muchachada animaron a la gente de los  Araoz ( Paraíso), de Regaderos ( San Dimas), del Salado y de Suaiva y construyeron no un rancho, sino una casa de teja y de bahareque embutido, pintada con cal  y patio con veraneras, dalias  y una palomera, donde  empezó a funcionar la nueva escuela rural  con Sofía Calderón al frente de veinte alborotados chiquillos.

Después de construir la escuela, la comunidad de Santa Ana trató de  conseguir el permiso de la diócesis de Manizales para levantar una capilla, pero un sacerdote de apellido Torres se negó celebrar la novena de la fiesta de Santa Ana y obstaculizó el proyecto pues quería que la capilla se construyera en otro sitio.

El 26 de mayo de 1947 Manuel Tonuzco escribió la siguiente carta al Obispo:

"Ilustrísima Reverendísima:
Con todo respeto me permito informarle lo siguiente:  En la actualidad yo soy el presidente del pequeño Cabildo de la parcialidad de indígenas e interpretando el querer de mis compañeros y el mío propio, manifestarle comedidamente,  que por permiso especial de la diócesis nos fue concedido  el hacer una capilla en este lugar, la cual tenemos muy adelante  y donde se venera nuestra Señora "Santa Ana", pero ocurre que dese el año pasado no se hace el novenario ya que el reverendo padre Torres A. de la parroquia de Guática, se negó rotundamente a hacernos la fiesta de rigor, es decir no nos dio como era costumbre el último día de novenario.
Me permito solicitarle que si en lo sucesivo el reverendo padre Torres Al nos dejas sin nuestro día para la fiesta, nos conceda celebrar aquí todo el novenario para lo cual con su permiso traer un reverendo padre de otra parte para efectuarla."

Al crearse la diócesis de Pereira, el sacerdote Lázaro  Isaza apoya la iniciativa de la capilla. Con escuela y templo y las condiciones de ley, por acuerdo No. 27 del 19 de diciembre de 1964, el Concejo de Guática autorizó la creación del corregimiento de Santa Ana de acuerdo con los límites señalados por la comunidad indígena que incluía las siguientes veredas: Santa Ana,  Pitumá,  El Poblado, El Silencio, Yarumal, Santa Teresa,  Suaiba, Tarqui, Taijara, Guayumbo,  Sundaga, El Jardín,  Sirguia, Travesias,  Tauma, San Dimas, Tumaiba.
 

La violencia política de mitad del siglo XX remató el daño hecho por los paisas. Santa Ana dejó de ser una aldea indígena para convertirse en un poblado mestizo  sin la identidad del Resguardo de Potreros. Algunas veredas del corregimiento conservan sus nombres indígenas, muy bellos y sonoros, como Suaiba, Guayumbo, Súndaga, Sirguía, Taijara, Tauma, Tumaiba y Sirvia... por capricho de curas y funcionarios muchos se cambiaron por otros nombres que nada tienen que ver con el pasado de una comunidad indígena con historia y presencia, que junto con los nativos de Quinchía, son los verdaderos ancestros nativos de Risaralda.

domingo, 23 de septiembre de 2012

LOS MERCENARIOS DEL REINO UNIDO

Alfredo Cardona Tobón

   
                                       Honores al coronel Jaime Rook
A los ingleses no se les puede abonar interés alguno por la independencia de las colonias españolas pues es claro que esperaban las circunstancias favorables para imponernos su dominio y fueron aliados de los hispanos en los años del levantamiento americano.
El deseo de subyugarnos quedó claro con las invasiones inglesas a Buenos Aires, el apoyo a Francisco Miranda con la condición de imponernos su tutela  y la indiferencia ante las propuestas de Fermín Vargas y Antonio Nariño que buscaban apoyo  para lograr una soberanía plena sin las ataduras de ninguna metrópoli.
Sin embargo, pensando en utilidades y como dar oficio a los veteranos después de las guerras contra Napoleón,  el gobierno británico permitió el reclutamiento de soldados en su territorio y fue laxo con el comercio  de armas en las aguas antillanas  controladas por su Armada.
LOS VOLUNTARIOS BRITÁNICOS
A principios de 1817 se organizó en Dublín la “Sociedad de Amigos Irlandeses de la Independencia Suramericana” que congregó a más de dos mil ciudadanos en un banquete para recaudar fondos para la causa.Los irlandeses sentían suya la lucha contra España, ya que su pueblo sufría en carne propia la coyunda imperialista inglesa que desconocía sus derechos, le arrebataba las tierras y les impedía dirigir los destinos de su pueblo.
Daniel O´Conell, líder de la resistencia católica, escribió a Bolívar: “ … solo he podido darle buenos deseos a su noble causa. Más tengo un hijo capaz de empeñar la espada en su defensa; yo se lo envío, ilustre señor, para que le admire y aprenda con su ejemplo.”
Morgan O´Conell se presentó en el campamento patriota de la isla Margarita con mil irlandeses, unos atraídos por la aventura y los más engañados por un tal Devereaux que les prometió tierras y jugosos sueldos en el enganche, con el cual ganaba una buena comisión.
La realidad fue otra; no había dinero, faltaba comida y ropa y los alojamientos eran inmundos ranchos infectados de pulgas. Siete meses después del desembarco, y las deserciones  y las enfermedades habían reducido la tropa irlandesa a la mitad y el descontento reinaba en sus filas.
No obstante los irlandeses bajo el mando del general Montilla ocuparon a Riohacha y su bandera verde con un arpa ondeó en la Guajira  y en tierras de Maracaibo, pero llegó la orden de retroceder y regresar a los solitarios arenales, entonces la tropa se amotinó y desconoció la autoridad de Montilla; ante tal situación Bolívar hizo embarcar a los irlandeses con rumbo a Jamaica.
En 1817, Luis López Méndez, representante de Bolívar en Londres, contrató los servicios de seis  ex-oficiales del ejército británico, para que con rango de coroneles, formaran unidades de combate. La experiencia fue desastrosa, primero viajó Donald Mc Donald con cien lanceros, de quienes solamente veinte llegaron a la isla Margarita, pues unos murieron en el camino y los demás desertaron en las islas antillanas.
Los otros cinco coroneles reclutaron setecientos hombres y solo doscientos llegaron a la costa venezolana; tras caóticas marchas y un pobre desempeño el mando patriota los repatrió a las colonias inglesas.
LA LEGIÓN BRITÁNICA
Con este cuerpo militar la historia fue distinta; entre 1817 y 1822 se engancharon en puertos europeos unos seis mil combatientes, muchos de los veteranos de la guerra contra Napoleón o  en la lucha contra los rebeldes norteamericanos; eran mercenarios escogidos por los agentes de Bolívar para mejorar el nivel táctico de las tropas patriotas.
Hubo varias Legiones Británicas durante esos cinco años, las formaron ingleses e irlandeses y algunos alemanes que hicieron parte de los famosos batallones  “Rifles”, “Albión” y “Carabobo” y del connotado regimiento de caballería de “Los Húsares”.
La oficialidad del Rifles fue irlandesa. Este sanguinario y bravo batallón, Guardia de Honor de Bolívar, marchó a la retaguardia  en el cruce de la cordillera hacia el altiplano de Cundinamarca , fue la punta de lanza en la batalla del Pantano de Vargas .y luchó con denuedo en Carabobo, Bomboná, Junín y Ayacucho. Los soldados extranjeros del Batallón Rifles se adaptaron tan bien al medio que, al igual que los llaneros, llevaban pantalón a la rodilla, sombrero de paja, calzaban alpargatas y montaban a caballo como los mejores centauros de Casanare. Esta unidad fue el mejor cuerpo del ejército libertador.
Después de la batalla de Boyacá se formó el batallón Albión con personal británico en su mayoría y con Jhon Mac Kantish de comandante;  esta unidad militar acompañó al general Valdéz en la campaña contra los pastusos, el 28l de junio se cubrió de gloria en Pitayó, combatió en Jenoy y luchó al lado de Sucre en las cruentas acciones de Guachi, Yaguachi y Pichincha.
UNA TUMBA EN PATRIA AJENA
En el poblado de Belencito, que sirve de campamento a los ingenieros y técnicos de Acerías Paz del Rio, se conserva una edificación colonial que sirvió de convento y de hospital a las tropas patriotas; allí se perpetúa la memoria de James Rook, un valiente oficial nacido en Dublin de padre inglés y madre irlandesa.
Rook comandó las fuerzas británicas en la campaña del Llano y en el Pantano de Vargas dirigió la carga a bayoneta que fue el preludio del triunfo rematado por los lanceros de Rondón.  En la acción intrépida Rook cayó gravemente herido y fue conducido al hospital de Belencito donde le amputaron un brazo destrozado por la metralla. Se despidió de sus compañeros con un ¡ Viva la Patria!. El médico que lo atendía le preguntó: ¿ Inglaterra o Irlanda mi coronel?  Y Rook le contestó :  La Patria que me dará la sepultura.
Al igual que Rook centenares de voluntarios ingleses e irlandeses dieron su vida por nuestra independencia, por su voluntad y no por la voluntad de Inglaterra. Enel combate de Corpahuico en el Perú el batallón Rifles perdió la mitad de su gente y en Carabobo pereció su comandante Thomas Ferrer y la tercera parte de sus compañeros ingleses.
Nada debemos al Reino Unido, pero sí a centenares de soldados  de esas islas que por la paga o por amor a la libertad lucharon hombro a hombro con los patriotas que querían expulsar a los españoles de tierra americana.