sábado, 27 de octubre de 2012

LANZA EN RISTRE

MUJERES EN LA INDEPENDENCIA AMERICANA
Alfredo Cardona Tobón*
En los anales independistas Juana Azurduy y  Manuela Sáenz figuran  con títulos de teniente coronel ; Manuela Medina como capitana de las fuerzas mejicanas; la argentina  Macacha Güemes también capitana patriota.
A Doña Antonia Navas, una mejicana que acompañó a su marido con rango de general, las tropas la llamaron generala, porque en las campañas de la Sierra de Xaliaca atendió heridos, combatió al enemigo y soportó con estoicismo  hambre, fatiga y sufrimiento.
Pocas mujeres patriotas tuvieron mando en las tropas pero un número muy grande lucharon en el frente de batalla, en esta ocasión vamos a exaltar la memoria de la mejicana Manuela Medina y de las granadinas Estefanía Parra y María Antonia Ruiz
CON JOSÉ MARÍA MORELOS


En 1813 la Suprema Junta de Zitacuaro, en Mexico, nombró capitana a Manuela Medina. Manuela había dejado hogar y familia para luchar por la independencia de su pueblo. Era una indígena de Taxcoco con el fuego que suele inspirar el amor por la Patria. Su capacidad de liderazgo era extraordinaria, pese a ser mujer, arrastró consigo a centenares de combatientes que se unieron a las tropas insurgentes de López Rayón.
Alguna vez alguien dudó de su arrojo. “También la mujer sabe morir por la Patria”- fue la respuesta confirmada por la participación de Manuela Medina en siete combates e innumerables escaramuzas.
Era tal  la admiración de la heroína por el general Morelos, que no dudó en recorrer más de quinientos kilómetros en territorio hostil, erizado de peligros, para conocerlo. Morelos, que sabía de su valor y su lealtad, recibió a Manuela con un caluroso abrazo. “¡Ahora sí¡, dijo Manuela;   ya puedo morir tranquila, feliz. ¡No importa que me despedace una bomba de los realistas, porque ya tuve el gusto de conocer a nuestro Jefe, el General Morelos”. El 13 de abril de 1813 Manuela luchó al lado de su General en Acapulco y el 20 de agosto de ese año se cubrió de gloria en la toma del Castillo de San Diego.
La lucha de Manuela continuó hasta 1822. En ese año la atravesó  una lanza enemiga y murió tras una larga agonía en el pueblecillo de Tepaneca. Apenas, ahora, después de doscientos años, los mejicanos están rescatando la memoria de la capitana.


CON SIMÓN BOLÍVAR


Otra valiente y osada patriota fue la granadina Estefanía Parra;  aunque poco se conoce  de la vida de esta campesina del altiplano de Tunja, sabemos que era una espía que se infiltraba en las filas realistas como vendedora de comisos y fritanga y cuya información fue vital para derrotar a los españoles en la batalla de Boyacá.
En los primeros días de agosto de 1819  Estefanía Parra se integró a la División de Vanguardia  que, comandada por Santander, marchaba hacia Tunja después de la batalla del Pantano de Vargas; los patriotas ocuparon la ciudad el día siete y como Estefanía era de fiar y conocía al dedillo las trochas y recovecos del territorio aledaño, se le comisionó para que sirviera de baquiana y guiara a las tropas republicanas hasta colocarlas a la espalda de las fuerzas  realistas del general Barreiro.
Estefanía fue al frente señalando el camino a las tropas y en plana batalla de Boyacá, sin temer a las balas enemigas  recorrió las orillas de la  quebrada Teatinos para señalar un vado por donde cruzó la caballería patriota para cargar sobre las tropas realistas y asegurar la victoria.
Al terminar el combate Estefanía recorrió el campo de batalla  preguntando por “miamo Bolívar” y por “miamo Santander”; no para saludarlos, sino para verlos aunque fuera de lejos, pues la humilde mujer no se atrevía a saludar personalmente a “esos amitos tan grandes”.
El único que reconoció la labor heroica de Estefanía  fue  Rondón; el bravo llanero se acercó a la campesina y le dio una moneda de plata como premio, regalo que Estefanía conservó hasta su muerte en una bolsita tejida que sujetaba al cuello y que mostró a sus hijos y nietos como un recuerdo de su participación en la batalla de Boyacá.
MARÍA ANTONIA RUIZ
Esta negra liberta creció en la hacienda San Agustín en el Valle del Cauca. Fue una mujer sin miedo que perdió a su hijo en la guerra y luchó como una leona para vengar su muerte.
Cuando el cruel Simón Muñoz se acercaba con su tropa a la estancia donde vivía María Antonia, dejando muerte y ruinas a su paso, la negra reunió a un grupo de peones y emboscados en la maleza  con tambores y gritos hicieron creer a los atacantes que se encontraban ante una gran fuerza patriota y como Muñoz era experto para el ataque aleve y malito para luchar de frente se alejó con su gente y se salvó la estancia.
Poco después vemos a Maria Antonia vestida de hombre  en el combate de San Juanito, acaecido en las cercanías de Buga el 28 de septiembre de 1819. Alli la esclava  volvió a mostrar su osadía. La lucha era pareja, la resistencia española  era sólida y nadie podía acercarse a la casa donde se parapetaron valientes realistas con sus banderas enlutadas en señal de guerra a muerte; entonces María Antonia con una antorcha en  la mano y una lanza en la otra desafió el fuego graneado y, sin importarle el peligro, avanzó hasta el reducto español, le prendió candela a unas edificaciones vecinas y obligó a los defensores a salir a campo abierto, donde los arrolló la caballería patriota.
Terminada la guerra María Antonia trabajó en Popayán en la casa de sus amos Mosqueras, una familia prestante amiga de Bolivar, cuenta la leyenda que en uno de sus viajes el Libertador se acercó a la esclava la abrazó y le dio las gracias por  su valentía y su patriotismo.
Con mujeres como la Macacha, como la Medina, Estefanía y la negra María Antonia  cuajó la independencia americana, fueron patriotas que desafiaron la muerte y ofrendaron la paz de sus hogares para darnos una Independencia, que los americanos han despilfarrado en guerras intestinas y sosteniendo regímenes de corrupción que han prolongado la infelicidad de nuestra gente.

miércoles, 24 de octubre de 2012

EL ASESINATO DE GABRIEL GARCÍA MORENO

INGRATA RECORDACIÓN

Alfredo Cardona Tobón*



                                                     Gabriel Garcia Moreno

Entre colombianos y ecuatorianos ha existido un cariño de hermanos, pero   ha aparecido un  “anticolombianismo” en el país vecino  después del bombardeo del campamento de la FARC en territorio ecuatoriano durante el gobierno del presidente colombiano Uribe Vélez  y porque en la desguarnecida frontera  colombo ecuatoriana se han colado elementos nocivos  que han cometido numerosos crímenes en el país sureño.
Los problemas fronterizos no son nuevos: desde los primeros años de la república se han presentado conflictos que  por fortuna no han dañado en forma irremediable la amistad colombo- ecuatorian:.

 Flórez invadió a Colombia y reclamó un extenso territorio confiado en la promesa de Mosquera de ceder una franja de la provincia de Popayán  a cambio de su apoyo contra los rebeldes de Pasto. Años después Hilario López anexó la provincia del Cauca al Ecuador y en la  guerra de los Mil Dias  los liberales colombianos  contaron con el apoyo del presidente Eloy Alfaro  que auxilió con armas y bagajes las expediciones revolucionarias..

Esos  hechos enturbiaron las relaciones entre los dos países, al igual  que la presencia en Ecuador  de individuos como   Faustino Lemus Rayo , asesino del presidente ecuatorianao García Moreno..

QUIÉN FUE FAUSTINO LEMUS RAYO


                                                   Faustino Lemus Rayo

Los hombres probos y rectos trazan el rumbo de la humanidad y también lo hacen hombres viles y despreciables a menudo  disfrazados de próceres

Posiblemente el presente colombiano  hubiera sido diferente si  Roa Sierra no hubiera asesinado  al lider liberal Jorge Eliecer  Gaitán y quién sabe qué habría sucedido en el Ecuador si Faustino Lemus Rayo , hubiera respetado la vida de García Moreno. Por lo menos el Ecuador  conservaría  la parte de su Amazonia  perdida por las políticas erradas de los gobiernos posteriores.

Faustino Lemus Rayo nació el primero de mayo  de 1836 en Roldanillo, Valle del Cauca.. De pequeña estatura, musculoso, buena figura, ojos claros, pelo rubio, fue díscolo y pendenciero desde su tierna edad. En la “época del perrero”, en los años 1850, el joven Faustino, con el valor y arrojo que lo convirtieron en el “guapo”de los alrededores, enfrentó a las hordas de negros que amenazaban la vida y los bienes de sus parientes.
En la dictadura de Melo, Lemus Rayo se unió a las tropas “constitucionalistas”que lucharon contra el salamineño Laureano Urrego en Cartago. En ese combate fue impresionante su ferocidad: no perdonó heridos ni vencidos y empapado de sangre enemiga, Lemus recorrió las calles de esa ciudad como un azote del diablo.
Faustino abandonó la casa paterna debido al  robo de unas joyas y abrió un taller de talabartería en Cali. En 1858 estalla una guerra en Ecuador y Lemus marcha con las fuerzas que tratan de derribar al presidente Urbina bajo las banderas de Gabriel García Moreno.

Faustino renuncia a la nacionalidad granadina y adopta al Ecuador como su patria. El dos de abril de 1859, lucha en Cuarentum y tanto se distingue en los campos de batalla, que García Moreno le confía comisiones especiales, incluso en la guerra con La Nueva Granada, contra la cual combate en 1863 en Guaspud con el grado de capitán. Los granadinos lo  apresan y el general Tomás Cipriano de Mosquera lo condena a muerte por traidor. Faustino Lemus se salva de la muerte al hacer creer a   sus captores que ha nacido en Tulcán y que su apellido es Rosas.
 
En 1865 García Moreno cumple el período presidencial y Faustino se dedica al comercio entre Quito y el Amazonas. Sus conocimientos del lenguaje quichua, las conexiones militares, su audacia, el despotismo y ningún escrúpulo de conciencia, le permiten hacer una fortuna a costa de los indios, a quienes engaña, explota y esclaviza.

En 1867 el Vicario de Napo, monseñor  Vicente Pástor, intenta frenar los atropellos de Lemus Rayo y viendo que es inútil, prefiere ceder las misiones a los jesuitas, quienes con mayor poder político, logran que García Moreno saque a Faustino Lemus de la selva y le retire sus funciones de guardia de escoltas.
La ambición de Faustino Lemus, el anticlericalismo de Abelardo Moncayo y de Roberto Andrade; y el fanatismo liberal de Manuel Cornejo los unió para que bajo el influjo de Manuel Polanco, urdieran el asesinato de García Moreno, nuevamente al frente de un gobierno católico católico y conservador.

EL ASESINATO

Avanza la tarde del seis de agosto de 1875. Desde tempranas horas los cuatro asesinos esperan la llegada de García Moreno al Palacio de Gobierno. El presidente sube las gradas del edificio acompañado por un edecán desarmado.  Lemus camina detrás y a mansalva le descarga un machetazo, en tanto que sus compinches disparan a quemarropa sin dar en el blanco.
Herido, García Moreno se vuelve contra Lemus y lo enfrenta con un bastón. El presidente retrocede y un quinto enemigo le cierra el paso, entonces se apoya en una pared para proteger su espalda y Lemus Rayo le descarga otro machetazo.
Un joven negro, zapatero de oficio, acude en defensa de su mandatario y sujeta a Lemus por detrás. La gente grita y la guardia cercana parece ignorar los angustiosos llamados de auxilio. Los asesinos controlan al negro; Lemus arroja al herido por el borde de un bardal de dos metros de altura y sigue tras él para rematarlo. Varias mujeres acuden a socorrer al herido y Faustino Lemus,  vociferando, ciego de ira, insulta a su víctima indefensa,  mientras le descarga  machetazos en la cabeza y enlos hombros.
Los asesinos huyen al darse cuenta que la guardia se acerca. No hay vivas ni revolucionarios que apoyen a los bandidos. Un soldado traspasa con una bayoneta la pierna de Faustino Lemus . “Maten al asesino” grita la gente enardecida. “Abran paso”dice el corneta Manuel López a sus compañeros... Lemus se arrastra clamando piedad... el corneta  levanta el fúsil, le apunta en el ojo derecho, dispara y los sesos de Faustino se desparraman por la calle.