viernes, 23 de noviembre de 2012

SAN ANDRÉS Y PROVIDENCIA Y LA COSTA DE LA MOSQUITIA

Alfredo Cardona Tobón*


La costa de Centro América desde el cabo Gracias a Dios hasta el río Chagres, llamada “La Mosquitia” por los indios miskitos que la poblaban, perteneció  a la Nueva Granada merced a la Real Cédula del 20 de noviembre de 1803; España había tomado posesión de esa franja costera desde 1510 al igual que de los archipiélagos vecinos, pero sin promover asentamiento alguno, en parte porque no había oro y porque los miskitos, fuertes, valientes y excelentes navegantes se opusieron tenazmente a los invasores.
En el  papel, la costa continental y las islas adyacentes quedaron inicialmente bajo jurisdicción  de la Real Audiencia de Panamá y a partir de 1544, dentro de la Capitanía de Guatemala. En esa tierra de nadie, en 1631 los ingleses poblaron la isla de Providencia con  gente procedente de las Bermudas, inmigrantes venidos de Escocia y con 450 esclavos.
En 1641 tropas de Cartagena comandadas por Francisco Díaz  atacaron a  Providencia y la sometieron; enviaron a los prisioneros a servir en las galeras y embarcaron a las mujeres y a los niños con rumbo a la Gran Bretaña. Este fue un gran golpe para los miskitos que se sintieron amenazados y vieron su comercio gravemente restringido.
LOS MISKITOS
De origen caribe terminaron siendo zambos por su mezcla con los negros cimarrones y con los esclavos salvados de los naufragios; los españoles fueron incapaces de dominarlos, en cambio los ingleses, que cambiaron la guerra por el comercio,  los atrajeron y los convirtieron en sus aliados.
Los miskitos manejaban armas de fuego y por cuenta propia o con el concurso de los corsarios sometieron a las demás tribus de la región y se convirtieron en una  amenaza seria para las fundaciones españolas de centroamerica. En 1640 Inglaterra estableció una monarquía miskita y coronó al cacique  “Old Man I”, cuya dinastía rigió los destinos de “La Mosquitia”  durante 207 años.
En 1783, merced al  Tratado de Versalles, Inglaterra  se comprometió a desocupar  “La Mosquitia” y el archipiélago de San Andrés y Providencia  a cambio de Belice; sin embargo, numerosos colonos ingleses abrazaron el catolicismo y se sometieron al rey de España para poder continuar cultivando algodón e índigo en “La Mosquitia” e islas aledañas.
Al estallar otra guerra, Inglaterra ocupó de nuevo a Providencia y en 1789 otra expedición de Cartagena, capitaneada por Juan Castelú y con el teniente Tomás O´Neill como interprete, retomó el archipiélago.
ENTRA LA NUEVA GRANADA

En 1785 la Capitanía de Guatemala nombró gobernador de “La Mosquitia” y del archipiélago de San Andrés y Providencia al canario Tomás O’Neill quien ante  la dificultad de comunicarse con Guatemala,l solicitó al  rey de España que agregara el archipiélago y “La Mosquitia”  al Virreinato de la Nueva Granada. O´Neill consolidó la ocupación  y estableció contacto comercial y político con el rey de los miskitos; en 1788 el virrey Caballero y Góngora concedió licencia comercial  con Cartagena y  a partir de entonces  se intensifican las relaciones comerciales entre esta  ciudad y la costa de La Mosquitia .
El 27 de marzo de 1805 el capitán inglés John Bligh, a bordo de varias embarcaciones llenas de soldados, ataca a San Andrés. Ante la superioridad numérica del invasor, el gobernador O´Neill se rinde y  abandona la isla con su tropa. Meses después  Bligh se retira de la isla y los raizales del archipiélago y los miskitos quedan libres durante 17 años de la dominación extranjera .
Hacia 1818 llega a San Andrés el pirata Luis Aury que, con bandera de las provincias del Rio de la Plata, invade el archipiélago y domina con sus naves las costa Mosquitia; después de la batalla de Boyacá, Aury iza el pabellón de Colombia en Providencia y pone a San Andrés y los territorios aledaños bajo el gobierno de Bolívar, tras la muerte de Aury llega un representante de Santa Fe de Bogotá al archipiélago y las comunidades isleñas  se adhieren a Colombia el 23 de junio de 1822.
INTERESES ENCONTRADOS
La posibilidad de un canal interoceánico  por Nicaragua despertó la ambición de Estados Unidos y de Inglaterra por la franja  de la Mosquitia; en 1850 las dos grandes potencias firman el Tratado Clayton-Bolwer  donde se comprometen a respetar la soberanía centroamericana y dan pie para que Nicaragua se adentre como conquistador en territorio de los miskitos. Mientras tanto Colombia, que tiene títulos coloniales permanece impasible, sin defender sus derechos, sin poner un pie en el territorio de la Mosquitia,cedido por la Corona española.
En 1860  Inglaterra reconoce la soberanía de Nicaragua sobre La Mosquitia y en 1894 se consuma la ocupación nicaragüense; a partir de entonces Colombia inicia una serie de reclamaciones que parecen terminar en 1928 cuando reconoce la soberanía de Nicaragua sobre la costa Mosquitia, cede las islas del Maíz y las de Mangle y se  fija el meridiano 82 como frontera marítima, al tiempo que Nicaragua acepta la soberanía colombiana sobre  San Andrés y Providencia y sobre los cayos que no estaban en litigio con los Estados Unidos.
LA SITUACIÓN DE LOS MISKITOS Y DE LOS RAIZALES
El 30 de junio de 2004 el Concejo de Ancianos indígenas nicaragüenses presentó ante la Corte  de La Haya una demanda reclamando la  autonomía de la Mosquitia y la reivindicación de los derechos de los miskitos, de los negros y otros nativos atropellados por el régimen sandinista,
El presidente Ortega  desconoce el  Tratado de 1928 e invoca la Convención de Derecho del Mar que establece  el derecho de los países sobre 200 millas en el océano y una plataforma continental que puede llegar a las 350 millas.
El fallo de la Corte de la Haya de noviembre de 2012 concede a Nicaragua una vasta zona marítima ocupada por Colombia, nación que no  ha decidido si acepta o rechaza el fallo. Este problema que pudo haberse resuelto en la mesa de negociación se está agravando por la intermediación de una Corte extraña, es una situación muy delicada que puede encender todo el  Caribe.

martes, 20 de noviembre de 2012

PEDRO FERMÍN DE VARGAS

UN QUIJOTE SIN ESCUDERO

Alfredo Cardona Tobón*



“El mayor pícaro que salió de España” fue el calificativo que Napoleón Bonaparte dio a nuestro compatriota Pedro Fermín de Vargas; ascético, letrado y libertino lo llamó  Alberto Miramón; para el virrey Mendinueta fue el conspirador más peligroso del Nuevo Reino y los estudiosos modernos lo consideran como el precursor  de las ciencias económicas de la República.
Al revisar la vida de Pedro Fermín de Vargas  nos topamos con un personaje eximio de la historia colombiana: científico, investigador con visión de estadista, rebelde, masón, enamorado...viajero sin tregua que recorrió medio mundo en pos de nuestra independencia y murió quizás en Londres, sin que se sepa cómo  y cuando terminó sus días.

FUERA DE MOLDE

Vargas  nació en San Gil el tres de julio de 1762 y fue un brillante alumno rosarino. Algunos historiadores lo confunden con otro Pedro Fermín de Vargas, de Charalá, que combatió al lado de Bolívar y pereció en el combate de El Santuario. Éste fue un militar de vocación, el otro fue un conspirador permanente y un estudioso de tiempo completo que mostró horizontes nuevos a los granadinos.
Al igual que otros notables de la época, Pedro Fermín perteneció a la Expedición Botánica, donde sobresalió por sus conocimientos de las quinas. En 1788 estando en Mariquita supo que un pájaro llamado guaco comedor de serpientes,  picoteaba las hojas de un bejuco cuando lo picaba una culebra. Los negros de la zona le dijeron que era la contra del veneno y que ellos utilizaban la planta para protegerse de corales y víboras.
Pedro Fermín apuró el zumo del bejuco y toreó una equis talladora para  que lo mordiera. Lo mismo hizo su compañero Francisco Javier Matiz, sin que ni al uno ni al otro les hubiera hecho efecto el veneno  de la serpiente, “quedando todos convencidos- escribió Mutis- de la bondad del remedio y deseosos de su propagación en beneficio de la humanidad”.  
Mucho tiempo después se comprobó la propiedad antiofídica y broncodilatadora de la planta mikania guaco, bautizada con el nombre del pájaro que hizo posible su descubrimiento.
Vargas debió ser un criollo muy especial  para que lo nombraran Corregidor y Juez de residencia de Zipaquirá, con la responsabilidad de las salinas, que constituian uno de los mayores recursos del virreinato. En dicha ciudad organizó el hospital inspirado en novísimos avances europeos, utilizando técnicas de asepsia que serían norma en épocas  muy posteriores.
En su documento “Las constituciones hospitalarias” Pedro Fermín hace enfasis en la higiene y el cuidado de los pacientes; jerarquiza la administración para reivindicar al médico que pone a trabajar de la mano con el boticario y deja al barbero-cirujano el cuidado del ropero y de la lavandería.  Además, propone la separación de los enfermos contagiosos y el establecimiento de pabellones para hombres y para mujeres.
En su obra “Pensamientos políticos y memoria sobre la población de la Nueva Granada” Vargas sostiene, al igual que Nariño, que las tesis monopolistas de España impiden el desarrollo de las colonias, recomienda la libertad de comercio, la formación de una flota nacional, la libertad de inmigración y el establecimiento de industrias textileras, del vidrio, del papel, ferrerías y se refiere, por primera vez, a la explotacion del petróleo.
En sus escritos Pedro Fermín analiza los vicios de la Corona y se interesa por la suerte de los indios y de los negros. Sus observaciones tendrían validez en los tiempos actuales, pues anota la falta de preparación del labriego, la falta de técnica en los cultivos, las fallas del mercadeo y los problemas del latifundio. El transporte le preocupa tanto como las reservas forestales y propone vías que unan al centro del virreinato con el río Magdalena.

REBELDE Y VISIONARIO

Pedro Fermín afirma que la indolencia del indio es una de las causas del atraso y de la falta de identidad del virreinato y que para remediarla hay que cruzar a los nativos con gente de origen europeo. Fiel a este principio, un día se escapa con una descendiente chibcha de nombre Bárbara Forero, casada ella y de muy buena figura, y se llevan los fondos públicos de Zipaquirá.
Con Bárbara vestida de hombre cruza el llano, pasa a Las Antillas, en Jamaica ejerce la medicina al igual que en La Habana y en París se reúne con Miranda y los revolucionarios que preparan la invasión a Venezuela.
“El mal ha llegado al colmo- escribe en 1806 al gobierno inglés- y el Nuevo Reino es hoy como un hijo mayor que desea emanciparse”. Con apoyo de los masones regresa al Caribe y en Trinidad propaga las ideas de Viscardo antes de acompañar a Miranda en la intentona independista en Ocumare.
Las autorides de la Nueva Granada creen ver a  Pedro Fermín de Vargas en todos los caminos; pero el escurridizo revolucionario está lejos. En 1813  se encuentra  en Nueva York y se rumora  que le siguen un juicio por deudas... después sus huellas se pierden en Londres.
Vargas siguió los lineamientos de Nariño, pero no se dejó atrapar de los españoles y jamás se amilanó ni hincó la rodilla ante el poder colonial. Con Nariño fundó la logia masónica “El Arcano Sublime de la Filantropía”, que disfrazaron de círculo literario, y en Zipaquirá organizó un centro de estudios que reunió a los criollos más notables del virreinato.
Según Vargas, la agricultura era el medio para un buen gobierno y a ello se llegaba entregando la tierra a los indígenas. Pedro Fermín de Vargas fue un destacado naturalista cuya obra va siempre al lado de la economía política. En reconocimiento de lo anterior, la Sociedad Colombiana de Economistas hizo honor a este prócer  otorgando la  Medalla Nacional que lleva su nombre a los personajes destacados en esas disciplinas.