miércoles, 16 de enero de 2013

BOLÍVAR Y LA MARISCALA FRANCISCA ZUBIAGA



Alfredo Cardona Tobón*



Las acrobacias de alcoba han cambiado a menudo el destino de los pueblos y a veces el vaivén de un catre  produce mayores efectos que las maniobras militares.

En la vida de Simón Bolívar se mezcló el genio con la aventura y sus devaneos sexuales, en cierta forma, cambiaron los destinos de su existencia; vemos cómo los asesinos fallaron en Jamaica y en los llanos venezolanos por encontrarse el Libertador en cama ajena y veremos que el pipí loco de Simón Bolívar tuvo que ver con los sucesos bolivianos y la guerra que enfrentó a Colombia con el Perú en 1829, donde estuvieron presentes las bragas de doña Francisca Zubiaga, esposa del presidente peruano Agustín Gamarra.

¿QUIEN FUE DOÑA FRANCISCA ZUBIAGA?
De cara redonda, alta estatura, aire esbelto y modales varoniles esta criolla nacida cerca de Cuzco montaba a caballo como el mejor jinete, era diestra con la pistola y le gustaban las riñas de gallos. Era ambiciosa, de buena formación cultural, osada  y amante del poder; por eso conquistó el corazón del coronel Agustín Gamarra y bajo su sombra llegó a gobernar al Perú.

Cuando Bolívar llegó a Cuzco, Agustín Gamarra desempeñaba la Prefectura de la ciudad y tocó a doña Francisca ceñir en las sienes del caraqueño una corona  de oro y brillantes, que el Libertador puso en la cabeza de la bella dama con quien bailó en la celebración de esa noche.

Al lado del Prefecto  doña “Pancha” se convirtió en una mujer soldado con uniforme de húsar y una fusta en la mano, Se mezcló con la tropa y como cualquier combatiente acompañó a su esposo en las campañas contra los reductos realistas y los amotinados en un país al borde del caos.

A veces el comandante Gamarra dejaba a doña Francisca al frente del gobierno de Cuzco- “Esa mujer fue mucho hombre”- dijo la escritora Clorinda Matto, asombrada ante la actitud temeraria de la Prefecta encargada. En una de las veces que se ausentó su marido, se sublevó en Cuzco un batallón de infantería; al conocer la noticia partió en un caballo, embozada en una capa militar, y penetró en el cuartel de los revoltosos- “¿Cholos, ustedes contra mí?- gritó en su rauda carrera en tanto arrojaba a los soldados puñados de plata.
-¡Viva nuestra patrona!- respondieron a coro y por supuesto el motín se acabó de inmediato.

AGUSTIN GAMARRA CONTRA LOS COLOMBIANOS

En 1827 un sector de los notables del Alto Perú, o República de Bolívar,  rechazaba la presencia colombiana en ese país; no estaban de acuerdo con  que Sucre ocupara la presidencia y se quejaban de los atropellos de los militares colombianos. El 18 de abril del año siguiente hubo un levantamiento en Chuquisaca; los rebeldes hirieron a Sucre quien se vio obligado, por las lesiones, a delegar el mando al general José María Pérez Urdininea. En una reunión pública en la Universidad de esa ciudad los bolivianos inconformes acordaron llamar al comandante Agustín Gamarra, quien con tropas peruanas invadió a Bolivia sin autorización de su gobierno, con el pretexto de liberarla del yugo extranjero.

Las intenciones de Gamarra eran otras: su deseo era anexar a Bolivia a la república del Perú  y de contera hacerle un mal a Bolívar, porque según palabras de Sucre,  Gamarra detestaba al Libertador porque le había quitado su esposa.

Lo cierto fue que doña Francisca era floja de cascos y le había puesto cachos a su marido en varias oportunidades y no solamente con Bolívar. Pese a todo Gamarra parecía no verlo y la “Pancha” ahora llamada la “Mariscala”, seguía al lado del Mariscal Agustín Gamarra en tierras bolivianas.

En la invasión al Alto Perú, se vuelve a ver el talante guerrero de “La Mariscala”, cuando a la cabeza de un batallón y con una escolta de 25 lanceros tomó la plaza de Paria en poder de los partidarios de Sucre.

La primera intervención de Gamarra en Bolivia terminó con el Tratado de Piquiza, que dio como resultado la dimisión de Sucre y la salida del Alto Perú de todas las tropas colombianas lo que movió a Bolívar a declararle la guerra al Perú.

El presidente La Mar se puso al frente de las tropas peruanas y Agustín Gamarra asumió la dirección del Ejército del norte. En  la madrugada del 13 de febrero de 1829 Sucre destroza el parque de artillería peruana en le pueblo de Sanaguaro y poco después entabla combate con una avanzada enemiga en el Portete de Tarqui, cerca de Cuenca.

Los peruanos han ocupado a Guayaquil y dominan toda la costa del océano Pacifico; en tierra las fuerzas de colombianos y peruanos están parejas; la guerra va para largo y los resultados son indecisos, por eso Sucre ofrece la paz que acepta el presidente La Mar.

En la noche del 7 de junio de 1829 una conspiración militar depone a La Mar y  Gamarra asume la presidencia.  “La Mariscala” Zubiaga está en su salsa, dicen que ella era en realidad la presidenta y así actuaba cuando su marido salía de Lima y dejaba el poder en manos subalternas.

En 1834 se encontraba doña Francisca en Arequipa y allí estalló una rebelión contra Gamarra; los revoltosos atacaron la casa donde se hospedaba y la valiente dama saltó desde la azotea al segundo patio de una casa vecina y escapó de los agresores.

Esta mujer extraordinaria, dura con sus malquerientes, era el ángel de la tropa en las zonas de combate donde se desvivía por darle la mejor alimentación y asistir a los enfermos y heridos. “La Mariscala” y Manuelita Sáenz fueron del mismo temple. Sólo que el poder embargaba a Francisca Zubiaga y a Manuelita, la gloria de Bolívar. Las vidas de estas dos mujeres se cruzaron; dicen que en Lima, en uno de los escarceos con el Libertador, “La Mariscala” dejó un arete en la habitación de Bolívar para que Manuelita disgustara con su amante. Son consejas, que pueden ser ciertas o falsas, pero que muestran la rivalidad que existió entre la quiteña y la cuzqueña a causa del inquieto y enamoradizo Simón.

Manuelita conservó el amor de Bolívar, en tanto que “La Mariscala” se separó de Gamarra, al fin las dos notables mujeres murieron solas y exiliadas, la primera en la costa peruana y la segunda en una pequeña aldea al lado del mar chileno.

domingo, 13 de enero de 2013

LA REBELIÓN RADICAL EN APIA Y EN ARENALES


HISTORIA DESCONOCIDA DE NUESTROS MUNICIPIOS

Alfredo Cardona Tobón.



Después del triunfo del partido liberal en la guerra de 1877, el poder de la fracción radical de esa colectividad empezó  a declinar al subir a la  presidencia  el general Julián Trujillo, líder del ala independiente de ese partido.

Trujillo allanó el camino para que Rafael Nuñez llegara al poder e hizo causa común con los conservadores para  neutralizar a los radicales; una vez que Nuñez llegó a la primera magistratura apoyado por los independientes y los conservadores, el general  Solón Wilches desconoció el triunfo radical en Santander y se multiplicaran los atropellos contra los opositores politicos del régimen.

El radicalismo liberal se levantó en armas y en agosto de 1884 se combatía en la mayor parte del país y nuestra región se convertía en teatro de otra guerra fratricida. En febrero de 1885 los gobiernistas invadieron al Estado de Antioquia, gobernado entonces por los radicales, y en acción relámpago sorprendieron a los paisas en el páramo de Herveo ocupando de inmediato a Salamina ; en Cartago el comandante radical conocido como el " Pato " Angel fué arrollado por los conservadores; en Quiebralomo las fuerzas radicales de Uribe Uribe plantaron su bandera victoriosa y en Ansermaviejo  Ponciano Taborda, contuvo una avanzada radical que venía de Manizales.

Viendo que era inútil la luchan ante la superioridad gobiernista, el radicalismo arrió sus banderas y capituló ante el enemigo. Sin embargo, el 3 de julio de 1885, después de terminar la guerra en Antioquia y se apagarse los últimos focos rebeldes en el Estado del Cauca, en el norte de este Estado los jefes liberales Anastasio Vélez, de Arenales ( hoy Belén de Umbría)  y Pedro Jimenez ,de Apía, se levantaron en armas contra el gobierno de Rafael Nuñez.

Dos días después de la insurrección  cincuenta radicales de Arenales y una docena de apianos seguidores de esa fracción liberal  se movilizaron hacia Arrayanal y lo tomaron por sorpresa. El corregidor Francisco Fernández escapó con algunos amigos y contraatacó a la medianoche causando dos bajas a los radicales, pero los invasores lo repelieron y tuvo que retroceder en busca de apoyo.

Apenas llegó la noticia del levantamiento, Ponciano Taborda, jefe militar de Ansermaviejo, salió con 35  voluntarios con dirección a Arrayanal; en el Alto de Yarumal se  encontró con la gente del corregidor Fernández  y  unidos avanzaron sigilosamente hacia Arrayanal.

A las diez de la noche la aldea  estaba desierta; la luna llena alumbraba la inmensa plaza cubierta de yerba. Por el costado izquierdo penetró Tomás Marín con un pequeño grupo, el resto atacó por la derecha trabando combate con diez radicales que habían permanecido guardando el caserío. La escaramuza duró sólo unos minutos, pues los rebeldes prefirieron huir entre las sombras y alejarse  por la trocha del Chocó.

Por información de unos campesinos Ponciano Taborda supo que el resto de los revoltosos acampaban en el sitio de "Quebradaseca" y sin descansar un minuto el comandante ansermeño avanzó a marchas forzadas hasta el lugar indicado. Taborda y sus hombres rodearon el campamento liberal y esperaron el amanecer. El ocho de julio de 1885, al rayar el sol, el toque de carga del corneta conservador sacudió conejos y  guatines y despertó a los asombrados radicales que no alcanzaron a tomar sus armas. La confusión fue total, nueve liberales quedaron tendidos en el campo, entre ellos el jefe  de Arenales Anastasio Vélez, quien al agotarse la munición de su carabina  se defendió a culatazos hasta que dos  ansermeños, uno por delante y otro por la espalda, lo hicieron añicos a punta de machete.

Después de su triunfo en "Quebradaseca" Ponciano Taborda se dirigió a Arenales y  entró a la población sin encontrar resistencia; allí capturó a Pablo Cobo, un importante cabecilla del levantamiento, a Jesús Ocampo, miembro de la Junta Radical de Apía y al posta y espía Manuel Morales, a quienes envió prisioneros a Riosucio para que les aplicaran la "ley",  que en esos tiempos era la pena de muerte para quienes se levantaran en armas contra el orden establecido.

Taborda escribió en el informe  de la acción de "Quebradaseca" : " Allí no brillaron los alfanjes de la independencia, pero sí el destello de aquellos; todos los combatientes merecen, pues, la  gratitud del gobierno y el dictamen de valientes."

Estos episodios son parte de la historia menuda que se pierde en la memoria de nuestros municipios. Esta rebelión en Belén, en Apía y en Mistrató no figura en los textos, ni en las crónicas, se ha rescatado hilando aqui y allá en los archivos del  Cauca, atando cabos y uniendo reglones de informes militares.

Es  extraño que unos líderes radicales, terminada la guerra de 1885 y sin  conexión con el resto del pais se hayan rebelado contra el  gobierno.¿ Ignoraban que había ocurrido en el  resto del país?, ¿ Esperaban que  el resto de los distritos los apoyaran para continuar la guerra?-

De todas formas  los belumbrenses  tienen en Anastacio Velez  uno de sus más grandes héroes, un hombre  que tuvo pantalones para luchar por una causa, y que mucha falta  hacen  en estos municipios llenos de sombras. En cuanto al ansermeño  Ponciano Taborda, Jefe Civil y Militar de ese distrito recién independizado de Quinchía, debemos anotar que además de valiente y calzonudo era un pícaro, que se unió con los  empresarios de la colonización para dejar sin tierras a los indígenas tabuyos y consiguió una pensión de invalidez aduciendo que había quedado en malas condiciones en el combate de Partidas en enero de 1885, lo que es falso, pues como vemos en la rebelión de Arenales estaba muy sano cuando dirigió las acciones contra los rebeldes de Apia y Arenales en el mes de julio de ese mismo año.