jueves, 21 de marzo de 2013

EL BUREO, LOS MARMATEÑOS Y SAN BARTOLO




Alfredo Cardona Tobón



Vista desde el aire, la población de San Bartolo, en territorio del municipio de Pácora, parece un bejuco grueso adherido al espinazo de una serranía que se va desvaneciendo a medida que se acerca al río Cauca. De este pueblito veterano sin pergaminos ni grandes señores, que está en la lista de los corregimiento más antiguos del departamento de Caldas, podría   decirse que está  condenado a vivir bajo el ala pacoreña, pues en el viejo caserío  el tiempo parece haberse detenido y el progreso, a duras penas ha cogido el paso de las mulas mientras el resto del mundo se desplaza a la velocidad del jet.

San Bartolo se llama San Bartolo y no San Bartolomé, por decisión del Concejo municipal que lo elevó a corregimiento en 1889 y por sugerencia del sacerdote Juan Bautista Gutiérrez, que quiso honrar al patrono de la comunidad;  la aldea tiene el encanto de sus tierras feraces, de sus horizontes desparramados y un pasado que al descorrer sus velos nos recuerda a los aguerridos indios paucuras de la época precolombina y al conquistador Jorge Robledo que fue sacrificado en la Loma de Pozo, no lejos de la  actual aldea.

San Bartolo nos recuerda a los guaqueros y a los mineros de Marmato que iniciaron el poblamiento de la serranía y a las guerrillas de uno y otros bandos que mantuvieron caliente ese lado de la frontera.

LA ALDEA DEL BUREO

A mediados del siglo diecinueve los mineros del distrito de San Juan probaron suerte en las lomas pertenecientes a la villa de Arma y catearon por la quebrada de Guirguará y  por la quiebra de Aliñaderos hasta encontrar una prometedora mina en el sitio del Bureo, no lejos de las riberas del río Cauca.

El rumor del hallazgo de oro corrió por los socavones de Chachafruto y de Echandía y numerosos marmateños se descolgaron por las cabuyas de Bufú y La Cana, cruzaron playones y remolinos y conformaron una aldea, que creció rápidamente y se convirtió en la cabecera del corregimiento de Arrieta, nombre dado en homenaje al líder radical Diógenes Arrieta y que selló el destino liberal, revoltoso y conflictivo de una comunidad incrustada en  la goda Pácora, que fue un intenso dolor de cabeza para las autoridades civiles y eclesiásticas de la cabecera.

Los pésimos caminos en esa arisca topografía, la proximidad de Marmato y Supía, la autonomía económica, sus tendencias políticas y hasta el color oscuro de los vecinos, separaron la fundación minera del resto del municipio. Al finalizar el siglo XIX la veta de oro se fue empobreciendo y los pobladores del Bureo se vieron en la necesidad de repasar el Cauca o trepar por la serranía en busca de otras oportunidades y diluirse, entonces, en las colonias paisas de San Bartolo, Castilla y Miraflores.


SAN BARTOLO SE CONSOLIDA

Desde 1860 los paisas establecen cultivos ilícitos de tabaco arriba de la Loma de Pozo y en esas lejanías, que los protegían del control inquisitivo de las autoridades de Antioquia, empezaron a multiplicarse los alambiques de aguardiente parta surtir los socavones de Marmato; por la trocha que llevaba del Alto de las Coles al río Cauca aparecieron las fondas y ante la necesidad perentoria del trueque y de bastimentos  los colonos establecieron una feria los días sábado al lado de unos ranchos que constituyeron el gérmen de San Bartolo

Al incipiente caserío  afluyeron los mineros del Bureo y de Castilla y los colonos paisas de los alrededores, que sin la coyunda de los curas alzaban la bata a las mulatas en bebetas desaforadas y en las guabinas concertadas por las negras marmateñas que tendieron sus esteras en las afueras del poblado.

Los continuos roces bélicos entre Antioquia y el Cauca convirtieron a San Bartolo en un punto crítico. En 1863 la localidad sirve de base a las guerrillas liberales que acosan a los restauradores  e intentan cortar las comunicaciones entre Manizales y Medellín, y en 1876 el caserio se convierte en el cuartel de los revolucionarios conservadores que marchan hacia el Alto del Reventón en Supía, donde hacen trizas a las fuerzas liberales de Felipe Ortiz, dando principio a la letal guerra fratricida, que termina dos años más tarde con la rendición de Manizales.

Como en San  Bartolo se concentra la actividad económica de la serranía, el Concejo de Pácora lo erige como cabecera del corregimiento que toma su nombre. El Bureo desaparece  del mapa, la fundación de Miraflores  víctima de la inseguridad y de las peloteras no alcanza a cuajar,  los paisas repueblan al caserío de Castilla que empieza a crecer a paso de tortuga alrededor de la capilla y su Virgen milagrosa y San Bartolo  sigue a paso lento, con su calle larga y un cementerio donde se seca café en las lozas de las tumbas y los muertos se calientan con el aire  que se eleva del cañón del río Cauca.

San Bartolo con su tierra fértil y el mirador hacia el Cauca se atoró en el tiempo, la pequeña aldea se parece a una enamorada que espera un príncipe azul que la lleve a vivir juicisa al siglo XXI, pero alejada de todo, sin dote ni escudos su destino parece ser el de seguir aferrada como un modesto corregimiento en la hirsuta y solitaria serranía.

.
n� z : ��{ �:| font-family:"Arial","sans-serif"'> 
.

domingo, 17 de marzo de 2013

LA RUANA

 

Alfredo Cardona Tobón*


Un día cualquiera, en la bruma de la prehistoria, un homo sapiens hizo un hueco en el cuero de un mamífero y metió su cabeza  por esa abertura para protegerse de la lluvia y el frío. Entonces nació la ruana.

En el siglo XVI Quevedo nos habla de ruanas y en América los encomenderos cobran los tributos en mantas de algodón que después se convierten en ponchos en Chile, en zarapes en Nueva España y en muleras en las zonas tórridas. La ruana fue una prenda que igualó a los amos con los indios mitayos, vistió a Simón Bolívar y al general Córdova, y que  en el siglo XX los habitantes de Nobsa, un hermoso pueblito enclavado en el altiplano boyacense,  tomaron como bandera.

Los versos del poeta pereirano Luis Carlos González dedicados a la ruana se transformaron en bambuco por la magia sonora del filadelfeño José Macías. Esa canción se convirtió en un himno que conmueve las fibras más sensibles del alma paisa; como escribe Jorge Eliecer Zapata Bonilla, esos versos son, además del sentimiento, el retrato más fiel de la gesta colonizadora del Gran Caldas; es un poema que nos lleva a las trochas en las montañas, donde ruana, tiple y hacha son  la trinidad que acompaña a los valientes labriegos junto con su caballejo pecoso, el perro guagüero y el calabazo de chicha
.
LA RUANA EN EL IMAGINARIO POPULAR

La ruana está entretejida en la historia colombiana; a mediados del siglo diecinueve la comunidad bogotana estaba dividida entre ruanetas y cachacos. Se llamaban ruanetas a los artesanos, al pueblo llano que se manifestaba contra una sociedad clasista y hegemónica; en alianza con los militares llevaron al  general Melo a la presidencia y por primera y única vez el pueblo con sus ruanetas sintió que era tenido en cuenta en el  gobierno de la Patria.

Ruanetas fueron los soldados de la Independencia y las glebas que sirvieron  de carne de cañón en las guerras civiles; con ruana se bailó La Vencedora y se sigue acompañando a La Guaneña y al Torbellino en los bailes populares;  Bolívar usó ruana al igual que Lleras Camargo y el “Telepadre” García Herreros; la ruana arropó al general Córdova y al general Uribe. Sin embargo  los cachacos, es decir los citadinos de chaleco y saco, miran la ruana con desdén y desprecio.



 Refranes como “Los perros solo muerden a los de ruana” o la  “Justicia es para  los de ruana” muestran la animadversión  de algunos sectores por los ruanetas.. El conocido dicho de que el “hábito no hace al monje” tiene su equivalente en “ la ruana no hace al arriero ni el vestido al caballero” y cuando se quiere expresar que los entrometidos sobran  recordamos  el dicho que dice “Cuanto menos pulgas en la ruana menos hay para rascarse”.

En 1936, el alcalde de Bogotá Jorge Eliecer Gaitán, prohibió a los empleados oficiales  el uso de alpargates y de la ruana  y les exigió el baño y la afeitada diaria; tales  asuntos de higiene fueron la chispa para una rebelión que sacó a Jorge Eliecer de la alcaldía. Dicen que en ese entonces, el caudillo liberal descubrió el poder oculto de los ruanetas y a partir de allí se convirtió en su más conspicuo y abnegado defensor.

Durante la violencia de mediados del siglo XX varios alcaldes del Occidente de Caldas prohibieron el uso de la ruana, pues bajo sus pliegues se escondía a menudo el cuchillo matrero y el changón asesino. Sin embargo, en  1986 los fieles del altiplano le regalaron una bella ruana de lana al Papa Juan Pablo II y con esa prenda se ha testimoniado al afecto y reconocimiento a grandes personalidades que han visitado a Colombia.

LA VERSATILIDAD DE LA RUANA

 

La ruana arropa a  los recién nacidos sin ajuar ni cobertores, fue sudario en las batallas; sirve de capote en potreros y corralejas y la enrollan los guapos en la mano izquierda mientras con la derecha lanzan con furia puñaladas o machetazos. La ruana es un escudo que se empapa en sangre y un pañuelo grande que bebe las lágrimas. Sirve como mantel, de tálamo nupcial y de celestina en los toqueteos furtivos de los novios. La ruana remplaza la almohada y como invitada especial preside las fiestas de Cucunubá, de Nobsa, de Marulanda, el “Festival de la ruana en Paipa” y las fiestas de Caramanta.

En la picaresca refranera la ruana tiene un lugar especial. “Se lo puso de ruana” hace intuir  un matón que convierte en ropa de trabajo a un pobre diablo ultrajado;  “por debajo de la ruana” es la disciplina repetida por los  corruptos con el erario y la plata ajena.

En la zona paisa la ruana es misógina pues rara vez se le ve con las mujeres, en cambio en Boyacá, Nariño y Cundinamarca la ruana se envuelve voluptuosa en las curvas de las labriegas que al lado de  sus ruanetas echan parejo azadón en  sus parcelas.

Con el nombre de la ruana se identifican restaurantes y  almacenes mientras los versos de Luis carlos Gonzalez, el poeta de La Ruana, se volvieron canción en las  voces de Garzón y Collazos y otros famosos conjuntos musicales, y se internacionalizaron con la cantante española Paloma San Basilio.

La abuela de pañolón y el abuelo de ruana son la estampa que guardamos con cariño e infinito respeto en los cofres familiares.La  ruana prefiere los colores oscuros y alguna vez el blanco; apenas ahora se está cometiendo el sacrilegio de tejerla con colores subidos que desentonan con el alma de la ruana que es símbolo de austeridad, de fuerza espartana, de empeño y de  trabajo rudo.

En setiembre  del 2013 los labriegos salieron a protestar a las calles y carreteras y las ruanas se convirtieron en un simbolos, apenas, entonces, los cachacos de palacio se dieron cuenta que los ruanetas tenían el poder de patasarribiar al estado colombiano.

https://www.youtube.com/watch?v=iX1HrOjFDDI