jueves, 23 de mayo de 2013

BOLÍVAR Y LAS NEGRITUDES

Alfredo Cardona Tobón*



La nación está en deuda con los afrocolombianos; el reconocimiento debe pasar de sus valiosos aportes en el  folclor y el deporte  a su contribución en la formación del país y a su participación en la economía,  la Academia  y en los movimientos sociales. Zapata Olivella, Mateo Mina, Juan de Dios Mosquera… para mentar unos pocos, han  hablado por su raza y sus investigaciones han permitido adentrarnos en otra parte de nuestra esencia; ahora lo hace Pedro Felipe Hoyos Körbel, un paisa enraizado en teutón, con su obra "Bolívar y las negritudes", donde corren en forma amena la investigación y el análisis de  nuestra historia.

EL COLOR DEL LIBERTADOR

Como sucede con la mayor parte de nuestra gente, hay algo de negroide en las facciones de Bolívar. Vaya uno a saber qué ochavona se coló en sus ancestros, o qué genes saharianos se enredaron en sus raíces hispanas, donde tantos moros se diluyeron  entre el cristianismo.

La influencia negra fue inmensa en la vida del Libertador. Huérfano desde su tierna infancia, la esclava Hipólita lo amamantó y lo cuidó como si fuera su madre biológica. "De manos de Hipólita- dice Hoyos Körbel en su libro- Bolívar recibió su alimento cuidadosamente dividido para que no se atragantara, ella lo habrá secado y puesto ropa limpia, ella le  habrá contado leyendas y cuentos de espantos… fue la dulce Hipólita quien arrulló al pequeño y lo consoló en las noches de invierno cuando los rayos y sus respectivos truenos harían temeroso el sueño."

Bolívar, pues, se crió con negros y aprendió a pensar como los negros, de ahí su actitud a favor de la liberación de  los esclavos pues como dice Hoyos Körbel,   Hipólita despejó al Libertador de los prejuicios básicos de la sociedad esclavista venezolana, tan dura y cruel con los negros.

LOS NEGROS Y LA INDEPENDENCIA

En 1778 los esclavos constituían el 7% de la población de la Nueva Granada en tanto los porcentajes se duplicaban en Antioquia, triplicaban en Popayán y llegaban al 50% en la costa venezolana.
Al empezar el movimiento independista criollo, los españoles aprovecharon el resentimiento negro para alentar una guerra de clases que dio al traste con el primer movimiento independentista en Venezuela y dio ventaja a los realistas en el sur de la Nueva Granada.

Muy pocos criollos revolucionarios tuvieron en cuenta a las castas desfavorecidas " y éstas- dice Hoyos Körbel- conscientes de esta situación, se alinearon en el bando que les ofreciera una meta y un premio por el cual debían luchar". Así pudo el rubio Boves llevar tras de   sí a los llaneros y convertirse en la peor pesadilla de los patriotas.

Por fin entendieron los comandantes criollos que al pueblo de color no se le podía hablar de una Patria que nada les ofrecía sino hablarles  de su propia libertad. Y entonces, como contraparte de Boves, surgió el negro  Manuel Piar en las filas de los republicanos y consiguió el apoyo de los afroamericanos, de los indios y de los pardos y pronto descubrió que tanto los mantuanos o españoles de América y los españoles de Europa estaban sacrificando al pueblo oscuro para defender sus propios intereses.

En Haití, Dessalines exterminó la población blanca para crear una república netamente negra y Piar empezó una rebelión similar siguiendo las pautas de Boves que solo quería para España una venezolana parda. La rebelión de castas iniciada por Manuel Piar selló su suerte, en el libro "Bolívar y las negritudes"  se muestra una faceta del Libertador que va en contravía con su sentimiento hacia los negros, pues considera la muerte del general Piar  como una "necesidad política y salvadora del país, porque sin ella iba a empezar (en Venezuela)  la guerra de los hombres de color contra los blancos, el exterminio de los criollos y por consiguiente el triunfo de los españoles."

 IMPLICACIONES ECONÓMICAS Y POLÍTICAS

El alto porcentaje negro en la población colombiana bajó drásticamente durante la Independencia y en los primeros años de la República. Las levas se hicieron, en gran parte, con esclavos en vez de los hijos de los amos y porque a los dueños del poder  convenía mantener el nivel mayoritario de la población blanca y mestiza.

En 1821 Félix de Restrepo escribió a Santander anunciándole que en Antioquia y en Popayán quedaban muy pocos esclavos disponibles para la guerra y que los jóvenes que había eran imprescindibles para seguir explotando las minas de oro, cuyas contribuciones eran la base de  la economía republicana.

Según Hoyos Körbel, el sentimiento humanitario se enfrentó con las consideraciones económicas y políticas; son importantes los documentos de Antonio Villavicencio  y de Félix de  Restrepo, transcritos casi  íntegramente  por el historiador, pues en ellos se plasman los primeros deseos de liberar de cualquier yugo a todos los compatriotas yse reconoce el impacto de la manumisión en la vida económica  de la nación.

La  obra de Hoyos Körbel explica la ingratitud de Bolívar con los haitianos. No debió ser fácil incumplir las promesas que Bolívar  hizo a Petión cuando el presidente negro le tendió la mano en el momento más crítico, pero estaba por medio la amistad de Francia, que sostenía una guerra a muerte con los haitianos y era suicida colocar esa nación al lado de los españoles.

LA MANUMISIÓN EN LA GRAN COLOMBIA

Los antioqueños decretaron la libertad de vientres y en 1814 el Congreso de Cúcuta siguió el ejemplo paisa; Hoyos Körbel analiza el espinoso y largo proceso de la manumisión y el interés de Bolívar por dar la libertad a los esclavos en contra de un vasto sector de la opinión granadina que auguraba las mayores calamidades, pues la economía del país estaba sustentada en gran parte por la esclavitud


La presión de Inglaterra y los cambios económicos obtuvieron lo que Bolívar no pudo conseguir plenamente: solamente en 1850 Hilario López concedió la libertad total a  los negros y como escribió José María Vergara- en cita de Hoyos Körbel-  aún pasarían varias generaciones para "que el negro olvidara su patria y amara ésta; el indio se acostumbrara a mirarse como paisano del blanco y del negro, y el blanco olvidara totalmente la patria española y tuviera recuerdos de antepasados americanos.."  

domingo, 19 de mayo de 2013

ANTIOQUIA Y LA CORTINA DE GUADUA



Alfredo Cardona Tobón



Al caer el gobierno radical del estado federal de Antioquia, presidido por Pascual Bravo, las nuevas autoridades conservadoras se prepararon para rechazar la inminente arremetida de la administración central, que en forma alguna iría a permitir que sus oponentes políticos le arrebataran,  por las armas, una región tan importante.

En 1863 el presidente de los Estados Unidos de Colombia, Tomás Cipriano de Mosquera,  estaba muy ocupado en la frontera sur conteniendo una invasión ecuatoriana, y los liberales antioqueños, aunque derrotados, se reorganizaban para a retomar el poder con el apoyo de Mosquera,  una vez  que regresara a la capital de la República.

Para contener la rebelión liberal, el nuevo presidente de Antioquia, Pedro Justo Berrío,  emprendió una campaña contra todos aquellos que se oponían al régimen; con la tesis de una ofensiva defensiva e invocando el derecho de gentes, Pedro Justo  atacó el norte del Estado del  Cauca con tropas de Manizales que penetraron hasta más allá de Santa Rosa de Cabal y pusieron en fuga al destacamento de la pequeña población de Villamaría, en los límites del Estado.

CONMOCIÓN INTERNA.

El 9 de febrero de 1864 la Secretaría de Guerra de Antioquia ordenó a los Jefes Civiles y Militares de los municipios la captura de todos los ciudadanos que representasen algún peligro, y no solamente los liberales radicales, sino también a los conservadores apáticos, y  llenaron la cárcel de Medellín.

A ojos vistas era una pelea de toche con guayaba madura,  el choque de las tropas bisoñas de Antioquia con los veteranos que regresaban del sur, cubiertos de laureles, hacían presentir el mayor de los desastres. La moral de los reclutas anatioqueños estaba por el suelo y  las deserciones se multiplicaron en sus cuarteles.

Para evitar la desbandada, el gobierno antioqueño estableció drásticas medidas: persiguió sin contemplaciones a los  que abandonaron las filas, apresó a quienes propalaban rumores derrotistas y llevó a prisión a todos los comprometidos  en la compra de armas, municiones y bagajes por fuera de la ley.

En un decreto expedido en enero de 1864 el gobierno exigió contribuciones en dinero y en especie a los rebeldes y a los indiferentes; autorizó las apropiaciones de los objetos necesarios para sostener al ejército aún sin presencia del dueño; ordenó el enrolamiento de quienes hostilizaran de palabra o por escrito al régimen y condenó a Consejo de Guerra a los informantes y auxiliadores de los conspiradores. El gobierno de Berrío, dispuso, además, en ese decreto, que toda muerte causada por un rebelde se juzgaría como asesinato.

Ante la inminencia de la guerra,  Manizales cobró inusitada importancia: dejó de ser una aldea de negocios de cacao y un sitio lejano para desterrar prostitutas y ladronzuelos y se convirtió en la avanzada más  poderosa de Antioquia. El 13 de enero de 1864  Pedro Justo creó el distrito de notaría en la población, autorizó la conformación de una columna militar con asiento permanente en Manizales y el  24 de abril nombró a Alejandro Uribe V, como Prefecto del departamento de Sonsón y según el Decreto, podía  residir en cualquier distrito del departamento, pero la mayor parte del tiempo en Manizales.

OTRAS MEDIDAS.

En el mismo día de su posesión  el Prefecto Uribe cerró la frontera con el Cauca, cortó la comunicación con otros estados e impidió el paso de los ciudadanos hacia el Ruiz y más allá del río Chinchiná.  El comercio sufrió enormes restricciones: el cacao podía entrar pero con altísimos aranceles y los arrieros no podían regresar con sus mulas al lugar de origen. En abril solamente las personas con pasaporte expedido por el Prefecto podían circular por los caminos de Manizales y el gobierno ordenó revisar la correspondencia que llevaran los transeúntes y confiscarla y enviarla a Medellín si la autoridad la consideraba lesiva a los intereses de Antioquia.

Además de lo anterior se prohibió la introducción de periódicos o comunicados que chocaran con el gobierno antioqueño o con  la doctrina católica. Con todas esas disposiciones se aisló a Manizales y al Estado de Antioquia y una cortina separó a  los antioqueños del resto de la nación.

CONVENIO DE PAZ.

Era tal el pavor que inspiraba Mosquera, que el 25 de abril de 1864, el presidente Berrío dijo en Manizales: “Si dentro de cuatro días  no viene el reconocimiento del gobierno central, será necesario ir a morir en la sabana de Bogotá, antes que Mosquera regrese de Guaspud”.

Por fortuna para los paisas,  un nuevo presidente regia los destinos de los Estados Unidos de Colombia y  Murillo Toro, al contrario de Mosquera, no estaba interesado en luchar contra Antioquia y en consecuencia facilitó un arreglo con Berrío imponiéndole algunas  condiciones,  tales como su desarme y el retiro de los asilados del Cauca en territorio de ese Estado a una distancia no menor de 15 leguas de la frontera.

El 6 de mayo Berrío se dirige al pueblo antioqueño y  le da la buena nueva: ya no habrá guerra, vendrá la paz y el respeto mutuo, se concede amplia amnistía a los comprometidos en hechos políticos, los soldados dejan el fusil y vuelven a sus barbechos en tanto que el clero se fortalece  y cogobierna con los llamados Restauradores.

Habrá doce años de paz, pero el fanatismo y la intolerancia siguen aguzando las lanzas y en 1876  Antioquia vuelve a la guerra y más rios de sangre inundarán a Colombia.