sábado, 13 de julio de 2013

LOS MARINILLOS DE MORROGORDO-

Alfredo Cardona Tobón



Desde lo alto de una rama un buho currucú oteaba el rastrojero con la intención de engullir el último ratón en esa madrugada del cinco de abril de 1877.
El currucú vivía tranquilo en un tronco podrido al lado de la trocha. De vez en cuando una culebra o una chucha rompían la monotonía  de esas soledades, pero esa mañana oscura, una larga fila de hombres armados , que tanteaban el piso para no enterrarse en las charcas invernales, lo hicieron volar a la  rama más alto de un encenillo, presa del pánico ante semejante tumulto.

EL ATAQUE LIBERAL

En la noche del cuatro de abril empezaron a moverse las tropas liberales desde el sitio de La Cabaña, y para engañar al enemigo, que estaba situado en los morros vecinos, dejaron las carpas en el campo y las hogueras prendidas. El batallón Vargas No. 5 marchó protegido por las sombras de la noche entre los campamentos conservadores del Canasto y de Morrogordo y se ubicó en el alto de Cueva Santa; los batallones Zapadores y Buga No. 2 se situaron en la cuchilla de La Playa; los batallones Bogotá No. 2 y Popayán No. 20 se dirigieron directamente a las alturas de Morrogordo y el batallón No. 11 de Popayán quedó en la retaguardia como reserva.

El objetivo del avance liberal  era Morrogordo, donde la División Giraldo con reclutas oriundos de Marinilla, una población antioquieña de gente guapa, blanca y conservadora, que fieles a su partido  estaban atrincherados en ese sitio para impedir el avance enemigo sobre la ciudad de  Manizales.

Para evitar que las tropas conservadoras concentradas en la Cristalina apoyaran a los defensores de Morrogordo,  el alto mando liberal situó a los batallones No. 15 de Tuluá, al Ricaurte No. 35  y una batería con una ametralladora al frente de la Cristalina para cerrarles el paso.

Lo fragoso del terreno y la oscuridad dispersaron al batallón Vargas, cuyos hombres debían iniciar la ofensiva a las cinco de la mañana. Apenas a las seis se agruparon los rezagados y  empezó el ataque contra Morrogordo. La gente del Vargas cargó a bayoneta contra  las trincheras conservadoras que   pese a la sorpresa resistieron el embate Los liberales rodearon a la División Giraldo cuyos hombres lucharon como leones pese a la superioridad abrumadora de los atacantes.

De Manizales salieron dos columnas fuertemente armadas a respaldar a los marinillos pero fueron frenadas en el alto de las Palmas por los liberales que detuvieron igualmente a los refuerzos conservadores que se desprendieron en número considerable de las posiciones de  La Cristalina y del alto del Canasto.

La División Giraldo perdió en el combate de Morrogordo  ochocientos hombres entre muertos, heridos, prisioneros y dispersos. Al sitio de La Linda, adonde se replegaron los marinillos, apenas llegaron cien soldados.

LOS HÉROES DE LA DIVISIÓN GIRALDO.

En la triste historia de nuestras guerras civiles pocas acciones de heroísmo igualan  el comportamiento marinillo en  Morrogordo.Cuando los liberales rabasaron las defensas y una ola de caucanos se precipitó con bayoneta calada, Cesáreo Gómez, Segundo jefe del Estado Mayor antioqueño, rompió la espada para no rendirla y se enfrentó cuerpo a cuerpo con  los atacantes que lo destrozaron sin misericordia.

Al preguntar a un sobreviviente cual había sido el marinillo más valiente en Morrogordo respondió: “ Es muy difícil  decidir porque todos fueron guapos, pero igualar a Cesáreo Gómez es imposible”.
Cesáreo Gómez era un gallo de pelea. Nacido en marinilla en 1834 participó en la guerra contra los melistas, luchó en el combate de Guacas contra tropas de Mosquera y fue herido en Garrapatas en 1877. Convaleciente aún se unió a los defensores de Morrogordo.

Otra baja notable en  Morrogordo la constituyó Obdulio Duque, comandante en Jefe de la División Giraldo. Este marinillo nació el 4 de septiembre de 1830 y empezó a luchar en 1851. Acompañó a Braulio Henao en la campaña de Las Coles y peleó al lado de los revolucionarios paisas en Abejorral y Rionegro. En 1854 apoyó a sus paisanos que se enfrentaron a Melo en Bosa y Tres Esquinas. En 1860 tomó las armas y peleó en Guacas y en Manizales. En 1861 hizo parte de la invasión al Cauca y se enfrentó en Carolina a los costeños que pretendían someter a Antioquia. Con el grado de Sargento Mayor peleó en Cartago en 1863 y en el combate del Cascajo en Guarne, donde los conservadores tomaron el control de la Montaña.

Cuando el 29 de abril de 1867 Mosquera se proclamó dictador, Antioquia se preparó para derrocarlo y Obdulio Duque se unió a la División Giraldo . En 1876 regresó al campo de batalla y en Garrapatas fue el héroe que hizo posible el descalabro liberal. Combatió luego en la Cabaña y se encargó de la defensa de Morrogordo.

LA RETIRADA DE LOS VENCIDOS.

El estruendo del combate se extendió desde el alto del Perro hasta Arabia. Los liberales atacaron por el Arenillo, Morrogacho, la Florida, la Linda, San  Antonio...

En la tarde del cinco de  abril el buho currucú resguardado dentro del tronco podrido despertó con el estruendo de otro alud de pasos en la trocha vecina. No era la gente cautelosa de lo noche sino una desbandada de soldados con el terror y la rabia en los ojos, unos ensangrentados y otros cargando compañeros mal heridos. Dos combatientes llevaban una parihuela con un general. Era Obdulio Duque. Su voz no era el clarín que concitaba al combate, ni su aspecto el del fiero paladín que hacía vibrar a su gente. Balbuciente, pálido y desencajado el valiente oficial entablaba el postrer duelo con la muerte.

Los pasos cesaron. El currucú siguió dormitando en medio de la penumbra de la montaña; los bravos marinillos sorteando al enemigo  que se filtraba por todas las cañadas y envolvía poco a poco a Manizales, llevaron al general Obdulio a la ciudad sitiada, donde murió pese a todos los esfuerzos médicos.

Para los vencedores el combate de Morrogordo no fue ninguna acción heroica; en el campamento uno de los comandantes la calificó como una cacería de conejos, una carnicería de reclutas que  apenas sabían cargar el fusil, una acción llena de remordimiento ante un enemigo novato y  desprevenido que quiso resisteir pero no tenia agallas para  hacerlo.

En en la batalla por Manizales, que fue el broche final de la guerra de 1876, la masacre de Morrogordo no fue la única, en el frente de Morrogacho sucedió otro tanto, aquí en el fragor del combate llegaron a las trincheras mozalbetes de Santa Rosa de Osos, rendidos por el cansancio y el hambre, con mucho valor y un escapulario al cuello, pero sin experiencia militar. Fueron, como los de Morrogordo, otras víctimas de la improvisación y un bocado fresco para los aguerridos veteranos del Cauca.

   

lunes, 8 de julio de 2013

RODRIGO ARENAS BETANCUR Y EL BOLÍVAR DESNUDO

Alfredo Cardona Tobón*


En vísperas del sesquicentenario de Pereira, las autoridades  han puesto mano al Bolivar Desnudo para preservarlo de la corrosión y de la humedad. Al lado de lo que será la Calle de la Fundación vemos al Bolívar remozado con la antorcha escrita de la Libertad, cabalgando en un caballo llanero sobre las banderas tremolando al viento que representan los países que le arrebató al poder español.

Ese Bolívar desnudo, sin ataduras, sable ni charreteras, se convirtió desde hace lustros en un símbolo pereirano. Es imposible imaginar a Pereira sin el Bolívar desnudo del Maestro Rodrigo Arenas Betancur, cuyas cenizas reposarán en la base del grandioso monumento, pues la familia del escultor “quiere retribuirle a Pereira y a sus ciudadanos el afecto y amor que siempre han expresado al Bolívar  y a la memoria de Rodrigo Arenas.” Además, agrega doña María Elena Quintero, porque esa obra fue la primera creación monumental de su esposo.

Aunque el escultor paisa creó otras obras magníficas como el Bolívar Cóndor de Manizales, Los Lanceros del Pantano de Vargas en Paipa... el General José María  Córdova en Rionegro, Antioquia; ninguna de ellas se ha fundido  con el alma de la comunidad como el monumento de Pereira, quizás porque interpreta el espíritu libertario y sin ataduras de los pereiranos raizales; tal vez porque retrata a una comunidad que también lleva una antorcha de libertad para alumbrar su camino.

EL ARTISTA Y SU OBRA

En enero de 1955 el alcalde de la ciudad, Lázaro Nicholls, y la ciudadanía quisieron levantar un monumento a Bolívar en la plaza central  de Pereira, como parte de la celebración del primer centenario de la fundación  que se conmemoraría el 30 de agosto de 1963.

-Queremos un Bolívar distinto- dijo el alcalde a Rodrigo Arenas Betancur, al firmar un contrato por valor de $3.000 para elaborar una maqueta del anteproyecto. El escultor regresó a México y en tierra azteca se dio cuenta de que casi nada sabía de Bolívar: en la escuelita de la vereda Uvital en Fredonia se lo habían mostrado como un héroe , y en las Escuelas de Bellas Artes de Colombia y México  lo vio entre clarines y cañones, entre sables y pedestales.

¿Pero en realidad quién era Bolívar?- ¿Quién era ese caraqueño que  sorbió el espíritu del llano y de los páramos y arando en el mar creó una  Patria?.

Rodrigo Arenas Betancur se sumergió en la historia colombiana, y en su vorágine lo fue despojando de charreteras, de capas y de alamares y se acercó a la esencia de Bolívar, a su fuerza, a la vitalidad del centauro que liberó a media Suramérica.


Entre corridos, pulque y tequila el escultor encontró en la tierra mejicana la correlación entre el héroe y el pueblo, entre el héroe y el sueño libertario del mestizo americano. “Poco a poco, anota Arenas Betancur,  fue adquiriendo una visión nueva, distinta, humana del  Padre de la Patria, que concretó estudiando la iconografía bolivariana, las estatuas, los bustos y monumentos existentes”; entonces se propuso rescatar a Bolívar de los embalsamadores para vestirlo de luz y de vientos huracanados, remontar vuelo sobre lo trillado para mostrar la  la pasión y el aliento  de un hombre que venció cordilleras y hondonadas, que devoró distancias cabalgando sin descanso, que barrió la vieja estructura colonial  y soñó con una Colombia Grande.

EL BOLÍVAR PEREIRANO

En agosto de 1956 Arenas Betancur presentó la maqueta del Bolívar desnudo a las autoridades de Pereira. La concepción del monumento despertó de inmediato todo tipo de reacciones en Colombia y otros países, pues se consideró una everencia a su gloria y  a su memoria. Las Sociedades Bolivarianas  y algunas Academias de Historia la vetaron, pero al contrario de los pontífices culturales , la gente del común, el pereirano de a pie, los intelectuales de la ciudad y las autoridades de Pereira expresaron su complacencia y se dio luz verde al proyecto.

El 7 de agosto de 1958, día de la posesión del presidente Alberto Lleras Camargo, el alcalde Oscar Vélez  firmó el contrato por $ 300.000  para levantar el monumento del Bolívar Desnudo. 

Tiempo después llegaron las piezas fundidas en México en el taller de Abraham González Holguín, y un día cualquiera de 1963, como lo señala el historiador Hugo Ángel Jaramillo, miles de pereiranos con sus trajes domingueros llenaron la plaza central para admirar al Bolívar Desnudo que su creador, en una entrevista a un periódico capitalino calificó como “el Bolívar de los humildes, de los que construyen su propia libertad con el cotidiano morir”. Un Bolívar que Arenas Betancur no podía concebir “uniformado, reluciente, encartuchado en uniformes napoleónicos para colocarlo en una plaza de algún pueblo de este continente tan ayuno de libertad y tan sobrado de dictaduras..”

Es hermoso el monumento del Bolívar Desnudo, alguien podrá objetar que se nota una desproporción entre las dimensiones del jinete y la cabalgadura; habría que observar que la independencia de la Nueva Granada y de Venezuela se hizo sobre caballos llaneros de bajo porte y gran resistencia; sin proponérselo Arenas Betancur en el monumento pereirano hizo un homenaje a los caballos de Apure y de Casanare, que combatieron en las Queseras del Medio y llegaron hasta Junín y hasta Riobamba y en cuanto al jinete, de verdad que su valor se hizo más grande cuando cabalgó sobre esas nobles bestias en medio de los pajonales llaneros.