sábado, 3 de agosto de 2013

MOMPOX Y EL PRIMER GRITO DE INDEPENDENCIA

Alfredo Cardona Tobón*



La revolución de Tupac Amaru y la resistencia mapuche fueron movimientos claramente dirigidos contra el dominio español; la primera falló por errores tácticos y desfase coyuntural y  con los araucanos, el gobierno español desarrolló una táctica inteligente, al concederles una autonomía que se respetó hasta la época republicana.

En la Nueva Granada los comuneros no hablaron de independencia, tampoco la mencionaron las juntas criollas, excepto la de Mompox, que fue la primera en proclamar la independencia absoluta de España, antes que en Cartagena y un año antes que  Santa Fe de Bogotá.

LA SITUACIÓN MOMPOSINA

Mompox fue la llave del rio Magdalena y una de las ciudades más importantes de la Nueva Granada, pues allí confluía el comercio del interior y a su muelle llegaban las mercaderías que entraban por Cartagena.

En 1809 el virrey Amar y Borbón quiso controlar el contrabando y para tal fin nombró como comandante de Mompox al Teniente Coronel de Ingenieros Vicente Talledo. Este oficial era un ilustre cartógrafo, reconocido a lado y lado del Atlántico, lo que muestra la importancia de la misión encomendada, pues el virrey necesitaba con urgencia los fondos recaudados en las aduanas.

Pero como los comerciantes criollos y españoles medraban a la sombra del contrabando, la presencia de Talledo era perjudicial para sus finanzas. Pronto empezaron los enfrentamientos y las relaciones de Talledo con el Cabildo se volvieron cada vez más espinosas.

EMPIEZAN LOS DISTURBIOS

El 24 de abril de 1810 el alcalde de Mompox, Pantaleón Ribón y su yerno con una partida de 25 milicianos remplazaron a viva fuerza a los soldados que tradicionalmente habían servido de guardia en las procesiones de Semana Santa.

La sustitución de las fuerzas de Talledo fue de enorme impacto histórico, pues allí se midió el poder criollo con el poder del establecimiento colonial. A partir de entonces los momposinos se vieron con poder para desplazar a Talledo pese a contar con el respaldo del virrey.

En mayo de 1810 llegó a Cartagena Antonio Villavicencio, un criollo quiteño enviado por el Consejo de Regencia para asegurar la fidelidad del virreinato y lograr el reconocimiento de Fernando VII. El 22 de ese mes los cartageneros conformaron una Junta presidida por el gobernador Montes que asumió el poder  en nombre de Fernando VII. La noticia llega a Mompox, donde el pueblo asuzado por los notables se volcó contra las fuerzas del comandante Talledo.

Al frente de la asonada estaba el zambo José Luis Muñoz con gente de Zuzua y Manón, y la mulata Estanislada Barón con un grupo de mujeres armadas de chuzos y piedras. El populacho destruyó los elementos de tortura del Tribunal de la Inquisición y cercó la casa de Talledo, que en últimas logró escapar río arriba con rumbo a Honda.

VENCER O MORIR

El 20 de julio en Santa Fe, no  se habló de independencia ni fue Cartagena la primera ciudad granadina en desconocer el dominio español. Los hechos nos remiten a Mompox cuyo Cabildo destituyó a los dos regidores españoles y los remplazó con José María Gutiérrez de Caviedes, alias el Fogoso, y con el antioqueño José N. Salazar. El 5 de agosto de 1810, el cura  Juan Fernández Sotomayor, un activista patriota que había quemado los sumarios que le seguía Talledo a varios ciudadanos, alertó a los parroquianos sobre el peligro realista y las represalias si volvían a tomar el control en la región..

El 6 de agosto de 1810, los momposinos,  siguiendo el  ejemplo de Cartagena, de Cali, del Socorro, de Santa Fe  y otras ciudades eligieron su Junta de Gobierno; pero, a diferencia de las demás  que reconocieron a Fernando VII,  Mompox rompió totalmente sus vínculos con España.

El Acta de Independencia y demás documentos que lo acreditan se perdieron en los aciagos días de la guerra de liberación. La tradición continua acredita a Mompox como la pionera de la independencia y  lo confirma el general Tomás Cipriano de Mosquera, un actor importante en la guerra contra los europeos, que en carta autógrafa  escribió lo siguiente: “La discusión fue agitada, y al fin el 6 de agosto el Cabildo y el pueblo de Mompox proclamaron la independencia absoluta de España”.

CARTAGENA CONTRA MOMPOX

De mala gana Mompox había aceptado su dependencia de Cartagena, existían  hondas discrepancias entre sus clanes dominantes y durante siglos hubo una clara confrontación entre las dos ciudades por motivos económicos y políticos.

Dado  que Mompox se había librado de la coyunda española, sus habitantes vieron que había llegado el momento de desligarse también  de la imposición de la ciudad vecina, pero el gobierno de Cartagena no  aceptó la segregación momposina y para someterla  organizó tropas, y tras reñidos combates venció a la provincia rebelde  y el 25 de enero ocupó a Mompox.


A partir de esa fecha,  la historia de Mompox siguió ligada  a la de Cartagena: unidas combatieron a los realistas de Santa Marta y dieron apoyo a Bolívar, quien con tropas momposinas liberó las riberas del río Magdalena, llegó a Cúcuta y emprendió la Campaña Admirable que los llevó a Caracas. No obstante, los chavistas venezolanos desconocen los esfuerzos de “La ciudad valerosa” que aportó recursos, caballos y los soldados que bajo el mando de Atanasio Girardot y Antonio  Ricaurte   ofrecieron su vida parar liberar a los venezolanos.

jueves, 1 de agosto de 2013

MARMATO: PUERTA DE ENTRADA DE LA TECNOLOGÍA EN COLOMBIA

Alfredo Cardona Tobòn*



Por un pueblecillo estancado en el tiempo  entró la tecnología a Colombia,  fue en los socavones auríferos de Marmato donde a principios del siglo XIX empezaron a reventar las semillas del desarrollo industrial  del país y por donde entraron los inmigrantes europeos que nos trajeron la ingeniería.

Al consolidarse la independencia de España el Libertador Simón Bolívar gestionó un cuantioso préstamo con los ingleses para conseguir recursos en la campaña del Perú, como un aval los empresarios se encargaron de explotar las minas de oro de Marmato y Supía. Los resultados iniciales crearon  el espejismo de un Dorado, por Europa se regó la noticia de laderas tapizadas de oro, lo que facilitó el enganche de lavadores de estaño en Cornwalles, peones mineros en Westfalia, militares fracasados en Francia, aventureros y notables metalurgistas geólogos, médicos y cartógrafos.

El trópico y los excesos acabaron con la vida de la mayor parte de los inmigrantes; algunos anclaron en la región y  sembraron sus simientes en los vientres cálidos de las mestizas de Riosucio y Supìa  y  otros ensayaron fortuna en Antioquia y el Altiplano bogotano.

La presencia europea fue un soplo vivificante en estas breñas que estaban en la edad de las cavernas:  se modernizó al explotación minera, se introdujeron tecnologías y se cambió el rumbo de Colombia en muchos aspectos. Veamos algunos casos notables:  

UN GRAN EMPRESARIO

Aunque los españoles había traído  varios ingenieros de altos quilates, fue el inglés Tyrell Moore quien mejoró  las explotaciones de Marmato  con  el diseño y montaje de los pisones movidos por fuerza hidráulica. Cuando los grandes mineros de Antioquia conocieron los avances de Mister Tyrell se lo llevaron para Titiribí a la mina del Zancudo, donde montó la fundición de oro y enseñó a beneficiar la plata que se perdía con el mineral .

Tyrell  se entroncó con la flor y nata de la sociedad antioqueña al contraer nupcias con Nepomucena Mejía y Lorenzana. Este hombre ambicioso y de visión  emprendió los primeros planes de vivienda en Medellín y donó el  lote para la construcción de la imponente catedral de Villanueva. Fue también el pionero de la industria del cafe en Antioquia, pues con los hermanos Pedro y Julián Vásquez sembró los primeros cafetales en el municipio de Valdivia.

Después de trabajar algunos años en las minas antioqueñas Tyrell Moore se radicó en Bogotá y en la zona de Sasaima continuó con sus proyectos agrícolas, cultivando y beneficiando los cultivos de café, cuyas cosechas sacó por el río Magdalena con destino al puerto alemán de Bremen.

El viejo minero inglés fundó en Bogotá varias empresas en los ramos de la cerámica y la construcción; después de una vida meritoria  Tyrell Moore murió en 1881 a la edad de 78 años. En Medellín una calle lleva su nombre y en Bogotá subsiste una de las empresas fundadas por Tyrell Moore.

 UN PIONERO AGROINDUSTRIAL

Edward Nicholls llegó a Colombia como Director de la mina de Santa Ana, de donde pasó a Marmato como Superintendente General de las minas.
Nicholls fue un gran administrador y hombre de empresa. Era  un protestante de ideas claras que no abandonó su religión pese a la presión de la sociedad católica y fanática que lo rodeaba.

Mister Nicholls se separó definitivamente de su patria inglesa y se radicó en Medellín. Fue un pionero en muchos campos: en su finca en tierra fría introdujo el arado con carreta y por primera vez  seleccionó  semilla de papa, pues era costumbre utilizar el redrojo en las siembras. Con esta innovación aumentó la productividad y la calidad en los cultivos del tubérculo. Nicholls enseñó a los antioqueños a fabricar queso de ojo, jamones ahumados y a preparar la mantequilla por el sistema de batido en reemplazo de las mulas que daban vueltas con los tachos de leche. Fundó la primera cervecera del país y mostró a los paisas cómo distribuirla en forma higiénica.

 ‘MISTERES’ EMPRENDEDORES.

El médico inglés William Jervis tocó tierra marmateña en 1826, se volvió guaquero y como otros paisanos se aficionó al calorcito sudoroso de las mulatas supieñas. Este galeno atendió pacientes a lado y lado del río Cauca y en Salamina utilizó la sonda en el cateterismo vesical con técnicas desconocidas en  Colombia. Radicado en Medellín  se encontró con una epidemia de disentería y para conjurar el mal recetó altas dosis de calomel, con resultados tan desastrosos que aquello que no hizo la enfermedad lo consiguió la receta de Jervis. Caído en desgracia profesionalmente se dedicó a la guaquería. Ya rico regresó a Londres, donde se dice, murió de aburrimiento.

Otro médico famoso que repasó los vericuetos de Marmato fue Jorge Williamson, un todero que, según dicen quienes lo conocieron, sabía de lo divino y de lo humano. Tenía una fama de sobrado tan grande, que según una de sus anécdotas, un día llegó al consultorio un campesino con un hato de verraquillo en un costal. “Oiga señor médico- le dijo el labriego- como usted es mister  y es muy buen doctor, seguro que también sabe hacer violines, yo le traigo una madera muy buena y colorada de mi finca, para que hagamos una sociedad y la explotemos en compañía.”



lunes, 29 de julio de 2013

EN EL MANIZALES DEL SIGLO XIX

LAS ALCALDADAS DE JOSÉ JESÚS VILLEGAS

Alfredo Cardona Tobón*



En febrero de 1894 el alcalde de Manizales, José Jesús Villegas, adelantó juicio contra cincuenta mujeres  por los delitos de vagancia y prostitución, en uno de los muchos embates de las autoridades antioqueñas contra la gente sin oficio definido y contra las mujeres de vida licenciosa que el gobierno conservador en alianza con la Iglesia Católica consideraban el más grande peligro para la juventud antioqueña.
En Manizales el problema con las prostitutas era más crítico que en el resto de Antioquia, pues allí las desterraban los alcaldes de otras localidades y a la ciudad fronteriza, de arriería y comercio llegaban las meretrices de Villamaría y del norte caucano a prestar sus servicios a los paisas que eran unos en su casa y otros en medio del trago y las jaranas.
LAS ARBITRARIEDADES DE LA PRIMERA AUTORIDAD
Las autoridades clasificaban a los vagos a su antojo: en el mismo canasto iban los que no tenían oficio ni beneficio y también los enemigos políticos  y los personales; lo  que daba la oportunidad no solo de obligarlos a trabajar a favor de un tercero sino de guardarlos en la cárcel o enviarlos al destierro.
Se señalaban como prostitutas a las pobres mujeres señaladas por la maledicencia popular e injustamente a las  amancebadas sin comprobar fehacientemente el comercio sexual y el lucro económico de las acusadas.
Las arbitrariedades de curas y alcaldes llegaron a lo grotesco; en la campaña del año 1894 contra los vagos y las prostitutas, el alcalde José Jesús Villegas sindicó de vaga a su madrasta, doña Tulia Franco, viuda del coronel Fermín Villegas, muerto en el combate de Salamina en defensa de la causa conservadora. En una carta de doña Tulia al personero de Manizales, expresa estar dolorosamente impresionada por la conducta inusitada de su hijastro el alcalde, que pisoteando la ley escrita inició y adelantó  juicio contra ella y contra más de cincuenta mujeres que acusó de vagancia.
A la luz de la razón y teniendo en cuenta las circunstancias de la época, podría preguntarse: ¿cómo puede ser vaga una madre de cuatro hijos, viuda, ama de casa, que por su educación y linaje no estaba preparada para manejar azadón ni cargar tercios de leña?-  Salta a las vista que el alcalde Villegas aprovechó la campaña contra los vagos para  desquitarse de su madrasta de acciones que no figuran en  los archivos.
A Dolores Bedoya, mujer soltera y sola, el alcalde Villegas también la acusó de vagancia. Para librarse del cargo y evitar la prisión Dolores consiguió una certificación del cura donde constaba que la acusada aunque no estaba trabajando en ese momento no era una vaga pues estaba organizando sus asuntos y adelantando las diligencias para casarse con Juan de la Rosa Acevedo.
MUJERES TRAS LAS REJAS
Isabel Viena  fue otra de las víctimas del alcalde Villegas: la humilde mujer era una sirvienta que trabajaba en lo que le resultara, era huérfana de padre y madre y en pobreza extrema vivía en un cuchitril con dos pequeños hijos; cuando la capturaron estaba embarazada y próxima a dar a luz por tercera vez sin que el responsable de la preñez le tendiera una mano.
 Las lenguas viperinas acusaron a Isabel de prostitución y en esa época en que pesaba más una aventura sin bendición del cura que la vida de las personas, encerraron a Isabel como  una criminal que estaba poniendo en peligro la “virtud” de los paisas y condenaron a morir de hambre a las criaturas que solo tenían el soporte de su madre.
Si al alcalde Villegas le hubieran enseñado esos versos de Sor Juana Inés de la Cruz “a cual  es más de culpar, aunque cualquiera mal haga: ¿la que peca por la paga o el que peca por pecar?” quizá hubiera soltado a Isabel  y le hubiera cargado la mano a los borrachos escandalosos que cruzaban el río Chinchiná por las noches y regresaban a infectar a sus esposas en las horas de la madrugada.
MÁS DETENIDAS
“De mi no se puede decir- escribió  la tabaquera Mariana Trejo al personero municipal-  que soy inmoral, ni  que contrato el coito con anticipación, mis faltas son puramente una consecuencia natural de la debilidad de mi sexo y de las astucias de los hombres, que nos persiguen  y engañan para satisfacer sus deseos.”
El caso de la tabaquera Trejo era el de un “numerito” que le gustaba el catre y era incapaz de resistir las propuestas de los donjuanes que la asediaban. No se trataba evidentemente de una prostituta; sin embargo esa debilidad por la carne y el gustico por los hombres la privaron por largo tiempo de la libertad.
A Clementina Valencia no la encarcelaron por vaga ni prostituta sino por negarse a vivir con la suegra. Consideraba Clementina un atropello inaudito que el marido la obligara a vivir con una suegra  depravada, acusada de dar muerte a su esposo. No valieron amenazas ni ruegos para que obedeciera al marido y por eso el inflexible Villegas la  llevó a prisión, atropellando y maltratando y como escribió Clementina al personero: “haciéndola pasar por una mujer desvergonzada, corrompida y escandalosa.”
Los gendarmes detuvieron a María Jesús Durán y Alejandra Estrada por vagancia, pero como eran muy pobres y no tenían parientes  nadie les llevaba comida y estaban al borde de la inanición pues solamente  se sostenían con las sobras que les daban las demás presas. En un documento del archivo municipal con fecha del 23 de mayo de 1894, las dos prisioneras manifestaron al personero: “Ciertamente no somos inhábiles para trabajar, pero como estamos condenadas a prisión no se puede concebir cómo una persona aprisionadas pueda trabajar... de suerte que si no se nos da alimento porque no trabajamos, la pena que se nos impuso no fue la de prisión sino la de muerte, porque nada menos nos irá a pasar a nosotras que no tenemos renta para que nos traigan alimentos a la cárcel.”
De arbitrariedades como las del alcalde Villegas en 1894 está plagada la historia machista y clasista de la ciudad de Manizales.