jueves, 26 de septiembre de 2013

MANIZALES Y LOS AZOTES DEL DIABLO

Alfredo Cardona Tobón



El 15 de mayo de 1872 el Prefecto de Salamina  alertó al alcalde de Manizales sobre una terrible epidemia de viruela maligna en los distritos del antiguo Cantón de Supía. La situación era inquietante pues en el distrito de Riosucio se hablaba de 300 muertos y 400 enfermos; en el Resguardo de Guática las víctimas eran innumerables y la aldea de Higueronal, hoy Belén de Umbría, estaba prácticamente deshabitada debido a la enfermedad y al éxodo de los los vecinos para evitar el contagio.

"En semejante situación- decía el Prefecto al  alcalde de Manizales-  es preciso que usted, como la primera autoridad política del distrito, ejerza su acción protectora para salvar del contagio a la humanidad amenazada, empleando para ello todas las medidas higiénicas que la ciencia aconseja.."

Para evitar que la viruela se extendiera por Antioquia, las autoridades de Medellín restringieron el paso desde el Estado del Cauca, sin embargo,  pese a las precauciones tomadas el mal llegó al sitio de Alegrías, en Aranzazu, donde la primera víctima del terrible azote fue Anacleto Taborda .

Mientras los curanderos recomendaban  un tratamiento preventivo  con hojas de chilca, el Doctor Manuel Vicente de la Roche viajó a Marmato  en julio de  1882 y extrajo linfa de las pústulas de un niño vacunado anteriormente con virus vacuno. Después de  algunos ensayos  con reses del sitio de Maybá, cerca de Filadelfia,  el Doctor de la Roche  obtuvo una vacuna a partir de individuos atacados benignamente por la viruela al ser tratados  previamente con  virus extraídos de vacunos infectados
.
Al alcalde de Manizales se le encomendó la delicada misión de organizar comisiones de personas idóneas para que visitaran lo hatos y extrajeran el virus de las vacas enfermas, para luego inocularlo a los "niños robustos y  alentados, que no  hubieran sido vacunados anteriormente".

Tras de la  inoculación masiva, el alcalde hizo blanquear los edificios y erradicó chiqueros, pantanos y estanques inmundos de la población. La viruela se extendió por Pácora  y allí paró respetando a Manizales y al resto de Antioquia.

 LA TIFOIDEA

En enero de 1881 una epidemia de tifoidea enlutó a  la ciudad de Manizales; las autoridades prohibieron las reuniones numerosas, restringieron la visita a los enfermos y desinfectaron las casas afectadas con vinagre fenical, con ácido fénico o con cloruro de calcio.

Al poco tiempo de atenuarse la tifoidea y cuando la ciudadanía se reponía de los estragos de la enfermeda, Manizales se vio amenazada por otro brote de viruela que apareció en Villamaría. El 19 de enero de 1882 el alcalde de la vecina población pidió ayuda  para controlar la emergencia. El Prefecto Pedro Uribe Ruiz autorizó a Don Alejandro Gutiérrez y a Don Ramón Hoyos para que recogieran fondos  con destino a los virulentos y   encargó  a Don Marcelino Arango  de la organización de un hospital conjuntamente con los  villamarinos, donde se atendería y se aislaría a los contagiados. El apoyo de Manizales fue oportuno y decisivo. La aldea de Villamaría pudo controlar la crisis y Manizales se salvó nuevamente de la viruela.

LAS ENFERMEDADES VENÉREAS

En los primeros tiempos Manizales no fue el dechado de virtudes que  pintan algunos historiadores que ensalzan las virtudes del pueblo antioqueño;  la pequeña ciudad fue un puerto terrestre, un  enclave de caminos, a donde llegaban los vagos y prostitutas extrañados por el gobierno de  Pedro Justo Berrío y donde anclaron  las numerosas juanas que acompañaron los ejércitos victoriosos del  Estado del Cauca.

 El Visitador Fiscal  Luis María Botero en un informe con fecha del 5 de mayo de l873,  anota el progreso material de Manizales y celebra que  la localidad se haya  curado de "la lepra del vicio con que nació, producto de las escorias sociales que la ley enviaba allí bajo el castigo de confinamiento"

Las circunstancias anotadas hicieron de la ciudad fronteriza un foco de enfermedades venéreas. El 26 de diciembre de 1881, recién pasada la guerra con el Cauca y  vencida la revolución de los clérigos, el Prefecto Pedro Uribe Ruiz envió una nota al alcalde del distrito donde le decía lo siguiente: "Las enfermedades venéreas que tan comunes se han hecho entre nosotros, provienen  precisamente del contagio que comunican las mujeres, de que trata el caso 5 del artículo 160 de la ley sobre policía. Estas enfermedades deben tratar de extirparse, y se debe considerar como  cuestión social de grande trascendencia, porque la inoculación del virus es llevar el germen al seno de las familias, el  cual a la vez ataca a las madres, hacen que los hijos nazcan escrofulosos, llenos de úlceras y  raquíticos, y esto es un mal inmenso no sólo  para las familias, sino también para  la nación, la cual necesita hombres sanos y robustos..."

Como no existían hospitales, el Prefecto ordenó al alcalde que enviara  a las mujeres afectadas a la enfermería de la Casa de Reclusión. Para evitar que perdiera tiempo con sumarios indebidos lo remitió al diccionario  de la Real Academia de la Lengua donde  vería que  prostituta o ramera era aquella mujer que comerciaba "vilmente con su cuerpo, entregada al torpe y feo vicio de la sensualidad, tomándolo como exclusivo oficio  sin otros medios de ganancia o lucro''. Con tal definición, recalcaba el Prefecto, podría obrar según la ley sobre policía, sin cometer arbitrariedades.

El diablo  azotó  a los ancestros manizaleños con terremotos e incendios, con guerras y con  pulgas, y como no haya mal que dure cien años, la Providencia Divina  dio resistencia a Manizales para que soportara los ataques de la  viruela y de la langosta y el azote de las juanas caucanas, quienes, al  fin, amarraron los petates y  buscaron tierras más cálidas y  con menos curas.

Al repasar los papeles apolillados del Archivo Municipal, tan descuidado y tan deteriorado,  se recuperan estos episodios que quizá  hieran la susceptibilidad de algunos primos del Espíritu Santo que quieren dar una visión angélica de la ciudad. Al revivir la pequeña historia estamos atando los hilos del pasado para darnos cuenta del presente y del rumbo que siguen nuestros pasos, que  no están  marcados solamente por los  azucenos y los heliotropos sino  también por el pueblo pardo, sucio y maloliente, con sus defectos y virtudes, que puso los muertos y el sufrimiento y fue pasto de viruela, tifo, y demás azotes infernales.




domingo, 22 de septiembre de 2013

AL RESCATE DE LA LENGUA UMBRA


Alfredo Cardona Tobón



Umbra fue una  región habitada por  tribus ansermas que comprendía el territorio de Guacuma, en el actual municipio de Quinchía, con fuentes saladas, hulla y  con aluviones ricos en oro.  El cerro Carambá ( Batero) se levantaba imponente a poca distancia del río Cauca, era un santuario de los tapascos y los guaqueramaes donde según la mitología indígena, moraba  Xixaraca, el Creador y Protector de los nativos y la diosa Michua, señora del Valor y de la Guerra. Debajo del cerro Opirama, enclavado en la serranía estaban aprisionados  los Tamaracas o demonios, genios del mal,  que de tanto en tanto se escapaban  y en forma de langosta, pestes y sequía hacían daño  hasta que Xixaraca los hacía regresar a las profundidades de la tierra.

El cacique Chiricha hizo frente al conquistador, pero fueron más letales los arcabuces y los perros de presa que las lanzas de los tapascos; el conquistador invadió a Guacuma y asombrado por los quinchos, o  trincheras de guadua, con  cráneos que silbaban lúgubremente cuando pasaba el viento por sus cuencas, identificó la región con el nombre de Quinchía.

LA HISTORIA DE GUACUMA
En 8 de septiembre del presente año,  en la Casa de la Cultura de Quinchía, Alejandro Ugarte, Merardo Largo y Fernando Uribe presentaron su libro “Historia de Guacuma” ; fue un acto apoteósico que envidiarían muchas ciudades capitales. Asistieron invitados especiales, el Cabildo y varios comuneros del Resguardo indígena de Carambá.

Fue un acto donde se exaltaron los valores indígenas y a la comunidad que a través de los siglos ha sobrevivido gracias  a la solidaridad, el trabajo, el amor a su tierra, la defensa de los suyos y su resistencia a las persecuciones y a  los atropellos.
Esta vez, al contrario de lo que se ve en eventos culturales en la zona paisa, no se habló de la ruana, las cotizas, de los arrieros ni de la estirpe castellana;  esta vez se recordó a una comunidad que fue punta de lanza del radicalismo liberal caucano, con capitanes que combatieron al lado de Mosquera en 1860 y en las toldas de Payán en 1877 e hicieron frente a los invasores paisas que pretendían apoderarse de sus salados y sus minas.


Quinchía le debe todo al antiguo Resguardo indígena que fundó el pueblo al lado de la misión de Nuestra Señora de la Candelaria en 1591, donó el terreno para trasladarlo al sitio actual, cedió la mitad de sus minas de carbón para que construyeran la iglesia e impidió que gente ultragoda, traída de Marinilla y Carmen de Viboral se apoderaran de Quinchía o que violentos de épocas recientes doblegaran a la comunidad y borraran la identidad quinchieña.

Los “blancos” de Manizales aislaron el municipio por ser de “patianchos”, liberal y protestante; esta actitud fue la continuación de la inquina de los paisas con los caucanos. Cuando se construyó la carretera entre Riosucio y Anserma, se hizo un desvío costoso  por la serranía para que la vía no pasara por la cabecera de Quinchía.   Hasta 1960 se entraba por una  trocha  estrecha y destapada y no había carreteras de penetración, ni colegios, ni acueducto ... pese a poner los votos para los políticos de Riosucio, como hoy lo hace con los del barrio Cuba y Dosquebradas.

En los gobiernos de Ospina Pérez y de Laureano Gómez, fuerzas tenebrosas quisieron acabar con la comunidad quinchieña; bandas de antisociales de los municipios vecinos irrumpieron en le pueblo pero no pudieron penetrar en el campo;  en 1948 Otto Morales, siendo liberal,  presentó  una ley para disolver el Resguardo y personajes acaudalados de Riosucio y Manizales se apropiaron de las mejores tierras.

 Sin vías, con poco contacto con los citadinos y con la prevención contra los extraños, varios núcleos campesinos se enquistaron por décadas, lo que permitió conservar una cultura cuyos últimos vestigios pueden desaparecer con las generaciones que están declinando y por las influencias de una civilización que ha penetrado en todos los rincones del municipio que ahora cuenta con vías, colegios y muy buena infraestructura.

En 1992 los nativos de Bonafont, en Riosucio,  restablecieron el resguardo La Escopetera  que los pirsas habían conformado en tiempos de la colonia al separarse del Resguardo de La Montaña. Dentro de ese resguardo los riosuceños incluyeron varias veredas quinchieñas; pero años después los quinchieños establecieron el resguardo de Carambá con su propio cabildo y el 12 de diciembre de 1997 eligieron a Argemiro Aricapa Tapasco como gobernador mayor.

A partir del resguardo de Carambá  renace Guacuma con ocho globos de terreno y 22 veredas que incluyen 4896 indígenas afiliados que buscan titulación de tierras, la recuperación de otras, una organización comunitaria y el rescate de los valores culturales.

LA LENGUA UMBRA


Durante el Frente Nacional el INCORA parceló una extensa finca de Alejandro Toro y en la vereda de Ginebra adjudicó parcelas de ocho hectáreas a campesinos sin tierras,  que a pulso empezaron a cultivar café, cacao y caña panelera. En esa nueva comunidad se destacó un jovencito  de nombre Merardo Largo Trejos que consiguió un cupo en el Hogar campesino de Riosucio,  estudió Etnoeducación y Desarrollo comunitario en la UTP, Etnolinguistica  y fonética en Ecuador y el Perú y alcanzó la dignidad de gobernador del Resguardo de La Escopetera y concejal de Quinchía.

 Merardo jamás se desligó de la parcela de sus padres y en los ires y venires  se dio cuenta de que su gente tenía otras costumbres y un lenguaje distinto al que hablaban  los emberas que desde años recientes se habían instalado en la región.  Merardo empezó al cotejar las palabras y las frases y descubrió el último reducto de los hablantes del lenguaje de los primitivos ansermas.

 A la par de sus labores administrativas y políticas Merardo continuó con el rescate de la lengua Umbra, pero en el año  2001, militantes del EPL atentaron contra su vida y lo obligaron a emigrar y radicarse en Canadá donde continúa con sus estudios de doctorado. Ahora la labor está en manos de Jhony Largo Trejos , hermano de Merardo, y también etnolingüista, quien con el Cabildo de Carambá ha desplegado una campaña para recuperar el lenguaje y extenderlo antes que desaparezca.

 En la actualidad  solamente  siete familias hablan la lengua umbra: dos en la vereda de Batero, dos en Ginebra, dos en Juan Díaz y una en Sardinero, todas ellas en Quinchía. En tiempos recientes el maestro Guillermo Rendón trató de conformar una escuela de umbra en la vereda de Batero para extender el lenguaje, pero el proyecto no pasó de la idea; a través de la  Academia Pereirana de Historia, de la Casa de la Cultura de Quinchía y de los líderes culturales Alejandro Ugarte y Fernando Uribe se buscará el apoyo de las entidades oficiales para adelantar el rescate de la lengua umbra.

Sobran argumentos para sustentar el proyecto de recuperación de la lengua umbra, pero además del aspecto cultural es esencial la parte económica pues es necesario fortalecer esas comunidades indígenas para impedir que desaparezcan o se disgreguen, agobiadas como están, por la pobreza y las  necesidades.
Veremos que opina el gobernador de Risaralda. Él  puede rescatar esta lengua y estas comunidades o ser uno de los testigos mudos de la desaparición del legado indígena más grande del Eje Cafetero.