jueves, 20 de marzo de 2014

RADICALES LIBERALES

RECORDANDO A FLORENTINO GONZALEZ  Y A RUDECINDO OSPINA.

Alfredo Cardona Tobón.*



En el informe de 1847 dirigido por Florentino González a las Cámaras Legislativas, el Secretario de Hacienda de la Administración de Mosquera  proponía abrir las puertas  de la Nueva Granada a las manufacturas extranjeras y bajar las altas tasas impositivas, que según su opinión, limitaban las importaciones e inducían a los granadinos a montar industrias improductivas y sin posibilidades de competir con éxito en los mercados internacionales.
Decía Florentino en el informe que en un país rico en minas y en productos agrícolas, las leyes no deberían  fomentar industrias que distrajeran a los habitantes de las ocupaciones agrícolas y mineras.
Las tesis de Florentino eran compartidas por la cúpula del radicalismo liberal, compuesta, en gran parte, por comerciantes e importadores y repudiadas por el ala draconiana, cuyos militantes veían en la apertura económica la ruina del pueblo artesano.
Florentino consideraba que el cultivo del tabaco, el café, el cacao y el algodón  ofrecían un futuro promisorio junto con la explotación del oro y la plata. El dirigente radical, ferviente defensor del librecambio, se opuso a los privilegios concedidos a Inglaterra y Estados Unidos en nuestros puertos y fue enemigo de las prebendas eclesiásticas y de los contrabandistas.
De pequeño sufrió en carne propia la tiranía española  y  cuando Bolívar quiso instaurar un régimen monárquico  se unió a los conspiradores que pretendieron derrocar al Libertador en la noche septembrina.. Escritor ágil y periodista Florentino González  fue llamado  por sus coetáneos como “ el precursor”, pues sus conocimientos en el campo económico abrieron paso a una era de transformación colombiana.
A mediados del siglo diecinueve los capitalistas antioqueños Montoya y Sáenz y la Iglesia Católica, que administraba  los censos y las capellanías, eran los mayores prestamistas del país. Los intereses eran  de usura y de muy difícil consecución. Surgió, entonces, el genio de Florentino, quien captó ahorros y recursos al estilo norteamericano, para prestarlos con grandes facilidades de pago. La rueda de la fortuna lo favoreció durante algún tiempo, pero fallaron los deudores y ante el acoso de las obligaciones el sistema reventó llevando en su caída  a viudas, comerciantes, mineros y pequeños empresarios.
Mientras Florentino especulaba en la capital de la Nación, en el sur de Antioquia el salamineño Rudesindo Ospina amasaba una gran fortuna comprando y vendiendo tierras y explotando minas de oro y de sal en  los estados de Antioquia y  el Cauca.

LAS INQUIETUDES DE RUDECINDO.

Como el poder y el dinero van de la mano, Rudesindo Ospina ocupó el cargo de Prefecto del Departamento del Sur en Antioquia, el de Prefecto de la Provincia de Marmato y el de  Senador por el Estado del Cauca. Y como el poder es para poder, como dicen los corruptos, Rudesindo  aprovechó tales distinciones para hacer negocios favorables con Antioquia, adquirir baldíos  en el  Cauca a precios irrisorios y quitarle tierra a las parcialidades indígenas del norte de dicho Estado.
Rudesindo Ospina, al igual que Florentino González, estaba convencido de que los habitantes del trópico  sólo servían para doblarse en los surcos y consumirse en las  minas,  creían que sus paisanos eran incapaces de asimilar  tecnología y  por tanto estaban destinados por la Divina Providencia, a suministrar materias primas a Norteamérica y a Europa para que allí las transformaran.
En un oficio con fecha del 27 de septiembre de 1859  el Prefecto Rudesindo Ospina informó al gobernador de Antioquia sobre la situación social y económica de los distritos del Departamento del Sur. Refiriéndose a la parroquia de Aguadas destacó el incremento del cultivo de tabaco y el aumento de las dehesas que se abrían florecientes en los valles de San Félix. Sin embargo, se mostraba preocupado pues veía inconvenientes con el auge de la industria sombrerera. Según decía Rudesindo en su informe, tal actividad perjudicaba el desarrollo municipal, pues la mayor parte de los brazos útiles se empleaban en el corte y transporte de la iraca, en su preparación  y en el tejido de los sombreros, dejando poca mano de obra  a los demás menesteres.
El Prefecto opinaba que la industria de la iraca iba contra la moral y las buenas costumbres en Aguadas, ya que en los talleres se mezclaban sexos y edades a lo largo del día y quizás hasta en la noche, y afirmaba:  “ Por más que proteste el alcalde de Aguadas, no se me quita de la cabeza tal convencimiento”.

Las ideas de Florentino González fueron acogidas por los gobiernos radicales, se arruinaron los artesanos, cayó Obando y la desesperación popular llevó a la presidencia al general Melo.

La recomendación de Rudesindo Ospina de acabar con la producción de sombreros en Aguadas no tuvo eco, aunque atinó a predecir que sólo ruina y pobreza era el futuro para las poblaciones que sin vocación ni recursos pensaban que podían seguir los pasos de las ciudades industrializadas de Europa o Estados Unidos.


lunes, 17 de marzo de 2014

ANSERMAVIEJO Y LOS HERMANOS OROZCO

Alfredo Cardona Tobón

Con labriegos de Támesis y de Palermo, Pedro Orozco repobló el  caserío indígena de Ansermaviejo


Siguiendo la pista de mis ancestros me dirigí al municipio de Támesis en Antioquia. Desde el río Cartama vi la población recostada contra la Cuchilla de Cristo Rey, al fondo se admiraba la cascada de La Peinada y en el horizonte sobresalían los farallones de la Pintada con los quingos del rio Cauca a un lado y en el otro los cafetales tupidos de Valparaiso.

Támesis es  un pueblo de guadua y de colores, de aleros profundos y aceras estampadas con tigres y palomas, cruces y medialunas; en la plaza principal arboles frondosos cobijan unos toldos donde la cerveza sabe a gloria y el bravo aguardiente antioqueño se pasa con tajaditas de piña y trozos de coco.
Mientras las burbujas de una Poker reventaban en el vaso mi  imaginación iba tras los arrieros, las mozas complacientes de las fondas, el fundo de mi bisabuelo Nacianceno Salazar y las hazañas de Pedro Orozco que los tamesinos honran como uno de los fundadores del pueblo.

LOS NEGOCIOS DE LOS OROZCO

Por el año de 1846 los Orozco de Sonsón cruzaron el río Cauca, remontaron la  Serranía y ocuparon un vasto globo de terreno comprado a la sociedad compuesta por Juan Santamaría, Gabriel Echeverri y  Juan Uribe, importantes capitalistas de Medellín que emprendieron la colonización del suroeste antioqueño.
os Orozco se asociaron con otros inversionistas recién llegados a la región, compraron tierras y financiaron la explotación de los baldíos cedidos por la nación a los vecinos de Támesis. El negocio prosperó hasta que se acabó el loteo de las tierras, entonces fijaron su vista hacia el territorio del norte caucano ocupado por los resguardos indígenas y por bosques sin dueño aledaños a la agonizante aldea de Ansermaviejo.

En 1872 llegó Jorge Orozco a la región; era un negociante extraordinario, un rábula oportunista y un vendedor de ilusiones; empezó como secretario del corregidor, se desempeñó luego como notario auxiliar, fue miembro de la Junta de la Iglesia, representante de los padres de familia y presidente de la Junta Repartidora  en la partición del Resguardo de Tabuyo.

Una vez establecido Jorge Orozco, llegó su hermano Pedro,  el mandamás de la familia que liquidó  los negocios en Támesis y en 1876 se radicó en Ansermaviejo,  un corregimiento del distrito de Quinchía, poblado por  700 indígenas del Resguardo de Tabuyo.
 Pedro Orozco, empresario corajudo, mujeriego, caritativo y muy religioso, repobló y dio vida  a Ansermaviejo; sin Pedro Orozco Anserma no hubiera renacido  y posiblemente sería un otro pequeño pueblo incrustado en una loma.

Para poblar a Ansermaviejo y lotear las tierras, Pedro Orozco y sus hermanos Jorge, Sandalio y Leopoldo se valieron de argucias y leguleyadas; los curas de Támesis, Palermo y Jericó hicieron propaganda desde el púlpito aconsejando a los labriegos sin tierra que marcharan hacia el sur, a una tierra de promisión ofrecida por los Orozco. Recién casados y  familias numerosas formaron caravanas que atravesaban las tierras frías de Jardín y Riosucio y llegaban a Ansermaviejo donde el repoblador los esperaba con semillas, ganado y bastimento y cedía pedazos de tierra que los labriegos pagaban con  cosechas, compañías de ganado o trabajo subsidiario que ampliaba las haciendas de los Orozco.

La actividad de Pedro Orozco era asombrosa; en connivencia  con las corruptas autoridades caucanas compró a vil precio la mayor parte del resguardo de Tabuyo, extensos lotes del resguardo de Tachiguí y grandes extensiones de terrenos  baldíos; entre 1876 y 1882 adquirió enormes globos de terreno en Varillas y en las márgenes del río Risaralda y otros grandes lotes en la Soledad, donde fundó el poblado de Belalcazar; fue dueño de  extensas propiedades en las lomas de Don Juan,  Alto de los Aguirres, el Horro,  La Tesalia y Guaduapintada,  Paloblanco, Zarcirí, el Cortado,Tusa, Chápata, la Cuchilla de Palestón, Cauya y Nacederos.

Los negocios de Pedro Orozco no se limitaron a las tierras, también explotó minas de oro y salados, abrió caminos por concesión y puentes que usufructuó con peajes y pontazgos. Pedro Orozco fue el motor de la comunidad; dicen que compraba el maíz y la panela sobrantes en los mercados y abarrotaba sus graneros con fríjol y cacao para dar liquidez a sus deudores; todo lo que compraba lo revendía con ganancia en los mercados de  Marmato, Supia y del suroeste antioqueño.

Jorge Orozco, por su parte, obtuvo parcelas en los resguardos de Tabuyo y Tachiguí, remató a  precios ínfimos tierras en el sitio deVarillas y en las laderas del río Risaralda. Cuando declinaron los negocios en Ansermaviejo, lió bártulos y continuó con sus empresas en la población de Victoria, cerca del rio Magdalena.

Leopoldo Orozco estableció la inmensa hacienda de La India en la márgen ansermeña del río Cauca y como buen poblador esparció sus genes en medio de las hijas y compañeras de la peonada indígena. Cuando murió destrozado por un árbol y encontraron su cadáver al cabo de unos días, alguien dijo que para reconocerlo  solo bastaba con verle el miembro viril, pues si estaba parado  con seguridad era Leopoldo Orozco.

Al otro lado del Cauca, Sandalio Orozco reclamó baldíos y fue uno de los fundadores de Morrón, hoy corregimiento de Samaria. Los Orozco, fueron pues, con ventaja, los mayores pobladores de la banda izquierda del río Cauca.

El imperio de los Orozco se hizo con la complicidad de los administradores de los resguardos indígenas, el apoyo de  notables caucanos y de los funcionarios corruptos de la provincia de Marmato.

Hacia 1890 Pedro Orozco cansado de conseguir plata  regresó a Támesis y se asentó en una bella parcela con vista al rio Cauca en la parte alta de la Cuchilla de Cristo Rey; un día arrancando una maleza se despeñó por ese risco y perdió la vida. Una lápida con la inscripción que empieza: “ Por este peñasco fosco se despeñó don Pedro Orozco, de Támesis fundador....” recuerda el paso por el mundo de este abusivo y osado antioqueño cuya existencia admite todos los calificativos.