viernes, 28 de marzo de 2014

LA TROCHA DE HERVÉ

Alfredo Cardona Tobón *


Para comunicarse con el mundo y con el resto de la Nueva Granada, en  tiempos de la Colonia la provincia de Antioquia utilizó tres vías que llevaban al río Magdalena. trochas para bestias, silleros y cargueros, estrechas, desiguales, cruzadas por canalones y cárcavas, con fangales donde se hundían animales y caminantes y en cuyos largos recorridos apenas se encontraban tambos  y caseríos miserables.

Dos de esas trochas denominadas Palagua y Nare llevaban a la aldea de Nare a orillas del Magdalena; la otra trocha llamada Hervé cruzaba el páramo de ese nombre y terminaba en el poblado de Honda. Por Palagua y Nare  se movía la mayor parte del comercio antioqueño y la frecuentaban los cargadores y los silleros  que competían con las mulas y los bueyes.

En los tambos ubicados a distancias de una jornada descansaban cargueros, silleros al lado de los caminantes y  los viajeros  que iban sobre las espaldas deformadas de los silleros mientras los cargueros llevaban a cuesta  las mercancías de hasta cuatro arrobas de peso.
En esas largas jornadas al lado de los silleros y los cargueros iba su mujer o un hijo con las provisiones para  mitigar el hambre y  los petates que servirían de lecho al final de cada día.

EL TRAYECTO DE HERVÉ

Mucho antes de las fundaciones paisas, mucho antes de aparecer Aguadas  del camino que unía a la Vega de Supía con Arma salía otro camino que iba por un lado del río  Pozo y siguiendo curso arriba llegaba al divorcio de aguas de ese río y del Guarinó para bajar hasta Mariquita y terminar en Honda..

Por esa senda escabrosa y solitaria, sin tambos ni  espacio para el tránsito de recuas, los mineros  de la Vega de Supía transportaron oro con destino a Europa e importaron herramientas y mercancías. Por allí, llegaron, posiblemente, los primeros pobladores a Salamina,  pues la explanada donde fundaron el caserío no está lejos del río  Pozo,  y muy tontos habrían sido, si hubieran avanzado por el monte en vez de utilizar esa trocha, que aunque estrecha y embarrada, era mejor que las cerrazones del monte.

En 1781 el gobernador de Antioquia ordenó al capitán Pedro Biturro Pérez trazar los planos de los caminos de Palagua, Nare y Hervé y hacer un estudio pormenorizado del trayecto de cada uno, anotando ventajas e inconvenientes, distancias, pastura, tambos, puentes y vados.
Tras el estudio el capitán recomienda  la vía de Palagua, que al describirla, según dice, se alegra el corazón ante el tropel de inconvenientes que debe enunciar al referirse a Nare y Hervé.

En el trayecto de Palagua se encontraba pasto y posada mientras en el camino de Nare, que pasaba por tierras malsanas y tórridas, no había alimento suficiente para las recuas y a las mulas les tocaba comer hojas y cogollos que las enfermaban y mataban. Y en cuanto al camino de Hervé,  Pedro Biturro escribió: “es empresa trabajosa y da mucha fatiga presentar a la imaginación no sólo caminar la vía del monte Hervé corporalmente, sino mentalmente. Porque es tan dilatado, fragoso y peligroso que sólo traerlo a la memoria  del que lo vio, le aflige y le impone un género de horror y de aprensión”.

LO QUE DIJO BARNESILLA

El gobernador ordenó al mercader Carlos Barnesilla la revisión de los planos de los caminos que dibujados por Biturro y  la confirmación de su informe, en calidad de  experto viajero conocedor de los andurriales antioqueños.

Barnesilla ratificó los datos de Biturro y al comparar las vías anotó que el camino de Hervé era sumamente fragoso, con bastantes precipicios y riesgos para las gentes, las recuas y las mercaderías. “En cierto tiempo- agrega Barnesilla- se hacen pantanos que dan al aparejo de las cargas, lo que fatiga mucho a las bestias por lo pedregoso de aquel barro, agregándose a esto la angostura de los canalones que se han hecho en el tráfico y como topan de lado y otro los fardos de las cargas, resultando de lo primero mucha pérdida de mulas y también daño que hacen los tigres.:.”

LA RELACIÓN DE BOUSSINGAULT

El científico francés recorrió el camino de Hervé en el año de 1825; salió de Mariquita con R.Walker y seis cargueros cotudos que llevaban el equipaje. Trepó a las cabeceras del Guarinó por resbaladeros, en medio de una tormenta con rayos y centellas, entre árboles centenarios  ahuecados por los incendios. En la línea de separación del río Pozo y el Guarinó descansó en un rancho primitivo en cuya vecindad pastaba una punta de centenares de reses que en determinado momento se levantaron agitando la cola y mugiendo amenazadoramente.

Tres días después Boussingault llegó al paso de Velásquez en el Cauca y lo cruzó en una balsa de guadua, amarrada con bejucos, que fabricó un individuo que se encargaba de pasar los viajeros al otro lado del río. Fue difícil la travesía en medio de una corriente enloquecida, y al llegar a la orilla opuesta, que casi no escala el francés, se sintió tan cansado y estresado que se atiborró de aguardiente, luego se tendió en una hamaca del pasero y durmió la rasca hasta el día siguiente.

En 1865 el cabildo de Salamina, bajo la presidencia de Cosme Marulanda, dio impulso al camino que se proyectó de Salamina al Tolima y elaboro un contrato con Francisco Velásquez quien lo había iniciado en 1835 junto con Miguel María Calle. “ Me comprometo a abrir el camino de Herveo que conduce  al Tolima  y cuya empresa está a cargo del Cabildo, dos trechos que componen estas extensiones: el primero que comenzando del punto denominado “Brujas” va a terminar en las “Cruces”  y el segundo que principia en  “Pantanos” y  termina en “La Picona”.
Posteriormente Cosme Marulanda concertó con el gobierno antioqueño la apertura del camino de Herveo y adelantó trabajos hasta el levantamiento de 1879 que lo llevó a la cárcel y le impidió cumplir con las obligaciones contraídas. Cuando Manizales se convirtió en la primera población del departamento del Sur y desplazó a Salamina, se abrieron tres caminos desde Manizales hacia Mariquita. Este fue el puntillazo final de la trocha de Herveo que no volvieron a recorrer ni los fantasmas de los arrieros que una vez transitaron por sus canalones.



lunes, 24 de marzo de 2014

EL RESGUARDO DE TABUYO EN ANSERMAVIEJO

Alfredo Cardona Tobón.



Un vientecillo  juguetón se coló entre la torre de guadua de la capilla de Tabuyo  empujando el rejo de la campana que llamaba a misa; un  gavilán giraba y giraba encima del rancherío preparando el embate sobre unos pollitos que salían de vez en cuando del encrespado plumaje de una gallina para picotear los grillos; y mientras el sol se desperezaba, salían de sus chozas los indios medio dormidos, varones, mujeres viejas y mozas con niños de brazos y muchachos de surtidas edades.

Todos ellos se dirigieron al humilde templo por un sendero estrecho tallado por el paso de los nativos en el flanco de la montaña de Ansermaviejo. A la entrada, en el altozano de la Casa del Señor, el cacique Bartolo Tabarquino miraba y hacía cuentas, nadie podía faltar a la misa, pues en caso contrario el cura doctrinero se lo cobraría con multa, con cepo o latigazos.

Todos los habitantes de la parcialidad del resguardo de Tabuyo asistieron a la ceremonia litúrgica donde un fraile franciscano hablaba un idioma que apenas entendían y les obligaba a adorar a un Dios flagelado, clavado en unos leños como cualquier indio alzado contra los españoles. Al llegar el Prefacio los indios bautizados permanecieron en la iglesia, el resto esperó  afuera hasta la terminación de la misa cuando volvieron a entrar a rezar por la salvación de sus almas.

Ocho años habían transcurrido desde la fundación de Anserma y la llegada de Robledo y demás asesinos  conquistadores. Allí estaban los vencidos  a merced de los encomenderos y los curas doctrineros; ya no eran indios con plumas ni con varas aguzadas de chonta; era gente con miedo y enferma, pues además de los mosquetes y los perros comedores de hombres, los extraños trajeron la muerte en forma de gripa, en forma de lepra y de viruela que poco a poco loes estaba diezmando.

Algún escribano, por piedad o movido por una pepa de oro, con fecha 7 de agosto de 1547  redactó un memorial firmado por el cacique  y dirigido a las autoridades virreinales  donde se mostraba la desgracia de la tribu de los tabuyos y solicitaba  autorización para regresar al sitio de Umbría, de tierras fértiles, buenas aguas, temperatura saludable y montes apropiados para cortar madera. Pero fue inútil, los españoles necesitaban a los indígenas cerca de las minas de oro de Quiebralomo y Buenavista y allí se quedarían hasta que no existiera un solo tabuyo.

La  natalidad no compensaba la  altísima mortalidad debida a la desnutrición, las enfermedades y el trabajo esclavo; en1582, en la región de Anserma, sólo quedaban 800 indígenas, explotados junto con mil esclavos negros por 24 españoles viejos y roñosos. la aldea de Anserma era un rancherio sin blasones ni pergaminos, era solo un moridero de hombres.
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En 1627 los encomenderos gestionaron créditos reales para importar más esclavos negros para trabajar las minas ante la despoblación indígena. El Oidor Lesmes de Espinosa y Saravia reunió  en la aldea de los tabuyos desplazados de Umbría a los sobrevivientes de los repartimientos de Upirama, Ipa, Aconchare, Napiera, Irra, Tusa, Indipiati, Piesa y Chátapa, la idea era aprovecharlos en la  extracción de oro con el pretexto de facilitar su adoctrinamiento cristiano.

 TABUYO Y ANSERMAVIEJO.

La orden de extinción del convento de San Luis, notificada el 24 de septiembre de 1777, marcó el eclipse de la llamada ciudad de Santa Ana de los conquistadores y luego la Anserma de los encomenderos. Los pocos criollos y europeos se trasladaron a la vecindad de Cartago y allí fundaron la población de Ansermanuevo.

Sin embargo no desapareció el rancherío de Anserma, pues en el Ansermaviejo quedaron los indios y se repobló con los comuneros de Tabuyo  que  abandonaron paulatinamente su aldea y se instalaron con su alcalde, su alguacil y un cura doctrinero en la antigua población española.

La guerra de Independencia arruinó la población de Ansermanuevo pero casi no tocó a Ansermaviejo, cuyos habitantes tabuyos pasaron a depender de Cartago, luego de Toro y en 1869 quedaron bajo la jurisdicción del distrito de Quinchía.

EXTINCIÓN DEL RESGUARDO.

Don Pedro Orozco acaba de liquidar la sociedad colonizadora de Támesis y con sus hermanos Jorge y Leopoldo inicia en el año 1870 sus negocios de tierra en Ansermaviejo. En 1875 el gobierno del Cauca autoriza la venta de los Resguardos y se facilita la operación de los empresarios paisas  que se asocian con funcionarios corruptos y políticos ambiciosos para quedarse con  los terrenos de los nativos.

La parcialidad de Tabuyo vende a los Gamboas el área de Varillas, hoy municipio de Risaralda y contrata al agrimensor  William Martin para que mida y  divida en lotes el Resguardo. En 1892 una Junta Repartidora compuesta por el alcalde y el notario de Ansermaviejo, en asocio con el administrador de la parcialidad, reparten las 6147  hectáreas del Resguardo. Separan 51 hectáreas  para la población, ceden a William Martin  un gran globo de terreno y varios lotes a los miembros de la Junta repartidora y  entregan  53  parcelas de 43  hectáreas cada una  a los comuneros tabuyos.

Con remates amañados los Orozco, Rudesindo Ospina, el Jefe militar Ponciano Taborda y Juan de Dios Gamboa se adueñan de la mayor parte de los ejidos cedidos por el gobierno caucano a los vecinos de Ansermaviejo. Los mejores baldíos quedan en manos de la familia Henao de Manizales, de Rudesindo Ospina, los Gartner , los Santacoloma, los Salazar y los Bayer. Los curas de Támesis, Palermo y Jericó invitan a sus parroquianos a radicarse en Ansermaviejo donde los Orozco les venden o les financian parcelas con amplias facilidades. En diez años los indios quedan sin tierras.

 Sin lengua y sin identidad  los tabuyos se funden en el crisol del mestizaje para convertirse en peones de los pobladores antioqueños. El 19 de septiembre de 1899 José María Clavijo y otros 43 descendientes de los tabuyos tratan de recuperar las 51 hectáreas separadas para fundar una población nativa, pero era tarde, pues  Maximiliano Pamplona ya las  había  vendido a varios colonos paisas, quienes establecieron allí el poblado de San Pedro, hoy corregimiento del municipio de Anserma..