miércoles, 7 de mayo de 2014

LA CAÍDA DE GUSTAVO ROJAS PINILLA- 10 DE MAYO DE 1957-




RECUERDOS DEL DIEZ DE MAYO DE 1957


Alfredo Cardona Tobón*




A la media noche del nueve de mayo de 1957 un frío  taladrante bajaba de los cerros de La Calera arropando las calles de Bogotá controladas por piquetes militares, mientras los capitalinos, al lado del teléfono,  estaban atentos  a  los rumores que hacían adivinar graves acontecimientos.

 Al filo de la media noche los soldados bachilleres del Batallón Miguel Antonio Caro- MAC-  vigilábamos a centenares de ciudadanos retenidos en la plaza de Santa María durante los disturbios callejeros de los últimos días. Los  altos mandos militares habían establecido la “Operación de Entrenamiento” que no fue otra cosa que el despliegue de las fuerzas militares por todos los puntos estratégicos de la capital para amedrentar a la población civil. Recuerdo la neblina y la vigilia al   frente al Hotel Tequendama, donde estaba sin comer ni beber desde tempranas horas   cargando una ametralladora punto treinta  más pesada que un remordimiento y con la espalda agobiada y adolorida por el peso de las cananas repletas de municiones.

SE CALIENTA EL PAÍS

Gran parte de los colombianos querían tumbar el régimen dictatorial y nepótico  de Rojas Pinilla; en los primeros días de mayo de 1957 los estudiantes universitarios declararon la huelga en las principales ciudades,  el cinco de mayo  dejaron de circular los principales diarios capitalinos  en tanto que el padre Severo Velásquez condenaba el régimen militar en medio  de las bombas de gas que los esbirros rojistas hicieron estallar cerca de la iglesia de la Porciúncula para silenciar al sacerdote.; el siete de mayo se paró la producción en las textileras y  otras poderosas empresas de Medellín y Bogotá en tanto  la ciudadanía de  Calia se enfrentaba a los aviesos detectives del Servicio de Inteligencia -SIC.

El ocho de mayo, una  Asamblea Constitucional de bolsillo prolongó el mandato de Rojas por otros cuatro años con el apoyo de un vasto sector conservador y la anuencia del Obispo Builes. Para silenciar la oposición los militares retuvieron a  Guillermo León Valencia , Jefe del conservatismo,  y en respuesta en las ciudades de Cali y Bogotá marcharon numerosas mujeres vestidas de luto en valiente desafío el régimen condenado por el cardenal Crisanto Luque  por “asesinato, profanación sacrílega de la iglesia y por faltar a la promesa de no reelección”.

 LA ALBORADA DEL DIEZ DE MAYO

Desde tempranas horas del nueve de mayo la sociedad civil representada por notables ciudadanos, se reunió con el general Rafael Navas Pardo, delegado por Rojas para analizar la situación y presentar las fórmulas para levantar las huelgas y los paros que estaban paralizando la  nación. A las dos de la madrugada la situación era tan tensa que el general Navas Pardo   dijo escuetamente al presidente: “Mi general, usted debe salir del país, las cosas no pueden seguir así”. Algunos militares consideraron como una traición la actitud del general Navas Pardo, pero no  Rojas Pinilla, que en gesto gallardo  reconocido por  la historia, evitó un baño de sangre al declinar el poder que hubiera podido retener pues contaba con el  respaldo de las fuerzas militares y de un vasto sector popular.

A las dos y media de la madrugada un ruido sordo rompió el silencio del centro bogotano; innumerables vehículos haciendo sonar tres pitazos cortos acompañaron una multitud  que inundó la carrera séptima y calles aledañas y se dirigió al Circo de Toros. De inmediato desaparecieron mi dolor de espalda, la sed y el hambre que me atormentaban y una descarga de adrenalina despertó mis sentidos ante el asalto  inminente de la muchedumbre enloquecida. Pero no… no hubo pedreas ni insultos, quizás porque éramos soldados bachilleres…. Las muchachas nos sonreían y nos lanzaban besos… alguien me dio una gaseosa…  era un carnaval, fue un vendaval de alegría de un pueblo reprimido  que estaba recuperando su libertad y sus derechos.

Aún recuerdo esa  madrugada del diez de mayo donde no se vieron ruanas ni overoles, fueron  los estudiantes y  la clase media quienes  empujados y  apoyados  por los  banqueros, los industriales y la alta jerarquía católica tumbaron a  Rojas Pinilla.

DE NUEVO EN LOS CUARTELES

A las nueve y treinta de la mañana Rojas se dirigió por radio a todos los colombianos para anunciar su retiro y la conformación de una Junta Militar, que tomó las riendas del estado,  compuesta por los generales Gabriel Paris, Deogracias Fonseca, Luis E. Ordoñez, el contraalmirante Rubén Piedrahita y el Brigadier General  Rafael Navas.

.La transición del mando se hizo sin contratiempo en Bogotá, pero no sucedió lo mismo en otras ciudades:   En Manizales los estudiantes se volcaron sobre las instalaciones del SIC para liberar catorce compañeros presos y los recibieron a plomo; allí perdieron la vida Guillermo Bedoya estudiante de derecho y Roberto Chica, estudiante de Odontología de la Nacional. Ante los dolorosos hechos  renunció el alcalde de Manizales y el  tenebroso coronel Daniel Cuervo Araoz abandonó la gobernación,  abordó un avión en el aeropuerto de Matecaña y huyó ante el rechazo general de la ciudadanía. Mientras en Manizales continuaban los disturbios, en Pereira el coronel Gil Martínez, comandante del Batallón San Mateo, solicitaba orden  y cordura desde los balcones del Palacio Municipal y garantizaba el respeto a la vida y a los bienes de la comunidad. Al  caer la tarde, Monseñor Alvarez Restrepo ofició un Te Deuem en la catedral para agradecer a Dios la caída del dictador.

 A las tres y media de la tarde la Junta de Gobierno nombró un gabinete ministerial compuesto por militares, por conservadores y liberales no gaitanistas.    A las siete de la noche el general Rojas Pinilla tomó un avión que lo llevó a España junto con su familia. “Él volverá”-  dijo María Eugenia- hija d Rojas Pinilla- a los amigos que los despedían en el aeropuerto de Techo.

Después de ese larguísimo diez de mayo, los soldados del batallón MAC  regresamos al Cantón Norte, molidos y agotados; en el el Patio de Armas  nos recibió el oficial de servicio, capitán Pinzón Caicedo, “ Aquí no ha pasado nada, el  Jefe Supremo se  retiró como un patriota-  dijo al Batallón-   una Junta está al frente del país  y por tanto el  poder  continúa en manos de las fuerzas armadas”.
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