viernes, 12 de septiembre de 2014

JUAN ALBERTO RIVERA GALLEGO Y SU AMOR POR LASARTES


Alfredo Cardona Tobòn



Como los recuerdos se alargan cuando las canas lo arropan a uno, me parece que conozco a  Alberto Rivera  desde que el Cristo de Belalcázar tenía saya corta y el padre Valencia cobijaba por las noches al Salvador para que no le diera gripa .Eso quiere decir que conozco a Alberto desde que estaba pollo cuando  pese a sus pocos años ya era un personaje en su pueblo natal.

Juan Alberto nació  en 1964 en Belalcázar, Caldas, un el pueblito  con una sola calle encaramada en la  montaña y el nombre de un asesino español impuesto por los  blancos de Manizales, cuando hubieran podido bautizarlo con un vocablo sonoro de  los indios tabuyos, o dejarle el nombre que tenía cuando llegaron los paisas, tal vez  por la soledad de la selvas cerradas que cubrían el territorio, o  recordando a una hembra llamada Soledad que en la posada del camino a Puerto Chávez calentaba el magín de los arrieros..

Juan Alberto comió dulomocas  por las lomas de rìo  Risaralda y al terminar primaria su papá lo montó en un bus de la Flota Occidental y con la mamá, los  hermanitos y el perro tomaron rumbo hacia la capital de la Montaña, un  Medallo bonito y limpio sin metro pero con tranvía, con paseos al aviso de Coltejer y al Morro del Salvador.

 Al muchachito medio montañero  se le abrieron los ojos en la capital de los paisas, probó los moritos del  Astor, se embelesó mirando muchachas bonitas en  Junín, admiró los culebreros  de Guayaco y como estudiante inteligente y responsable terminó su quinto de bachillerato en el Instituto Pablo VI del barrio Aranjuez, otra loma  como Belalcázar, donde nada extrañó, porque cuando se nace encima de las montañas se buscan las alturas,  al igual que las águilas  o los gallinazo,que quieren estar arriba, así sea sobre un poste con  12.000 voltios de carga, un símil que se ajusta desde esos tiempos de éxodo, a los barrios altos de la capital de la Montaña.

Apuntado el bozo Juan Alberto  conoció   las instalaciones de “El Colombiano” con sus rotativas,  los arrumes de papel y  el  Corazón de Jesús entronizado en  los salones y talleres de esa arca ultragoda.  Por ese entonces se sentía  periodista, pues en tercero de bachillerato  había fundado el periódico “ El Compañero”, una publicación colegial que apareció con los dolores de un parto, sobrevivió de milagro por dos años y desapareció dejando una profunda  huella en la mente inquieta de Juan Alberto.

Como la vida es un circulo que  se abre y llega al mismo punto, Juan Alberto regresó a sus lares y en el Liceo Isabel  La Católica de Manizales terminó  el bachillerato  con profesores   como  Octavio Hernández que se dieron cuenta de su potencial, y lo animaron para que publicara artículos en “ La Patria”, en donde en honor a la verdad, y sobre todo en ese tiempo, no  escribía cualquier aparecido.

En el medio periodístico hizo amistad con ARI el excelso caricaturista,  con escritores como Mario Escobar e historiadores de la  talla de Eliecer Zapata Bonilla; tras esfuerzo, tesón y estudio  Juan Alberto se doctorò en correcciòn de textos y se convirtió en poeta , en uno de los mejores y más prolíficos poetas, con  libros de poemas como “Conversación con la Soledad”. “Territorio de mi voz”, “Instantes en la urbe” y “Exhumaciones.

Orlando Sierra  lo vinculó  a “La Patria” de Manizales, luego trabajó en “Diario de Colombia” en Armenia y de allí pasó al “ Diario del Otún” de Pereira donde a màs de sus funciones  periodísticas, desde hace décadas  nos deleita con  interesantes y bien logradas fotografías que muestran la cotidianidad de la comunidad.

 Juan Alberto Rivera pertenece al Centro de Escritores de Manizales  y es Miembro Correspondiente de la Academia Caldense de Historia; además es guía, orientador, mecenas y un gran apoyo  para  quienes se  adentran en el mundo de las letras  en esta región  donde  es difícil competir con las letras de cambio. Como si lo anterior fuera poco,  Rivera tiene el don de descubrir talentos y  los impulsa a través del suplemento Lasartes del Diario del Otún, que él dirige y ha convertido en  una de las mayores ventanas culturales de Pereira.

En un acto solemne programado en la la Torre Central de la carrera décima  entre calles 17 y 18, el once de septiembre de este 2014, Ramiro Tabares, Julián Chica y otros intelectuales rindieron  tributo y  reconocimiento a Lasartes, al Diario del Otún, a sus directivos y a Juan Alberto Rivera Gallego. A ese justo y merecido reconocimiento se sumó la Academia Pereirana de Historia con un pergamino  y con este artículo que aplaude la labor tesonera de Juan Alberto, un caballero con adarga, lanza y rocín,  que es orgullo de la cultura pereirana.

 

 

 

miércoles, 10 de septiembre de 2014

ENTRE RUMORES Y ESPÌAS


Alfredo Cardona Tobón.
 
 

- Los rumores y los espias coparon los escenarios de los estados federales del Cauca y de Antioquia 
   durante las últimas décadas del siglo XIX. Este artículo es un bosquejo resumido de lo acontecido  
   en ese tiempo en la ciudad fronteriza de Manizales.
 

La caballería del comandante Carrillo  embistió lanza en ristre  contra las fuerzas gobiernistas en tanto que el anciano general Pedro Murgueitio, gravemente herido, luchaba por sostenerse en su cabalgadura  al frente de sus hombres.  "Hágase a un lado mi general, que a Usted lo respetamos"-  dijeron los rebeldes al bravo combatiente mosquerista que pese a su valor nada podía hacer, pues la victoria acompañaba a  Carrillo y  la gente de Murgueitio se perdía en desbandada.
 

El general Murgueitio, héroe de mil batallas estaba solo. Sobre el caballo ensangrentado  siguió por el camino, en el primer recodo se dobló sobre la bestia y cayó lentamente sobre la espesa hierba que recogió sus últimos alientos.

 

En enero de 1860 ardía el norte caucano.  Pedro José Carrillo, con el apoyo del presidente Mariano Ospina Rodríguez, se levantó en armas contra Mosquera e intentó  anexar las provincias del Quindío, Tuluá y Buga al Estado de Antioquia. Los combates se multiplicaron a todo lo largo del Valle del Cauca empujando a centenares de refugiados hacia Manizales, que se convirtió en un hervidero de rumores y cábalas.

 

Antioquia proclama a los cuatro vientos su neutralidad en la guerra caucana, pero en un doble juego y por intermedio de Don Marcelino Palacio, se establece una misteriosa comunicación entre Carrillo y las autoridades antioqueñas . Apoyaron los paisas la revolución conservadora del Cauca?- Posiblemente sí,  por ello Mosquera atacó a  Manizales para no dejar a su retaguardia un adversario tan poderoso que podría invadir al Cauca y malograr la campaña contra el presidente Ospina Rodríguez..

 

Al conocer la derrota de Pedro Murgueitio, el alcalde de Manizales reforzó la Guardia Municipal, reclutó tropas y por solicitud del Prefecto del Departamento del Sur, buscó información en Cartago sobre los acontecimientos del Valle y el movimiento de las tropas caucanas, para ello contaban con los arrieros que movilizaban el cacao y mantenían al  tanto a las fuerzas antioqueñas

 

Mosquera intentó entrar a Manizales y se estrelló contra sus defensas;  Mosquera enfiló sus baterías contra el gobierno central  tomó el control total tras dos años de lucha con los antioqueños que siguieron resistiendo y triunfante les  impuso un gobierno liberal. Pero no era fácil dominar las breñas antioqueñas y los "Restauradores"  conservadores  impusieron de nuevo el régimen clerical en  1863.

 

En todos esos años de guerra contra Mosquera corrían los rumores en el Cauca  y en Antioquia. Fue una contienda de plomo y machete y también de chismes, bolas y rumores. Los espías de uno y otro bando llevaban y traían mensajes y recababan información  de todo  tipo. Mujeres de la Vida, venteras, arrieros, sacerdotes y hasta mendigos constituían la red de espionaje y  por todos lados se veían enemigos prestos a dar la puñalada matrera.

 

Los manizaleños consideraron a todos  los  aldeanos, o  vecinos de Villamaría, como espías que se acercaban a la ciudad  a tomar información para el Cauca.También la emprendieron contra las mujeres del pueblo contra las cuales montaron una cacería de brujas. 

"Téngase fino- Le dijo Gregoria López al carnicero Nepomuceno  Estrada-  No se meta mucho conmigo porque esta semana atacamos". El rechazado Nepomuceno informó al Jefe Civil y Militar de la amenaza, éste detuvo a Gregoria y  la desterró de Manizales, acusada de hacer correr 'bolas' terroristas.

Los archivos municipales de la capital caldense están llenos de juicios contra supuestas espías, algunos juicios tienen fundamento,  otros se ejecutaron  por simples sospechas como le ocurrió a Filomena Escobar cuando alguien  comentó que  la Filomena tenía conocimiento de la salida de Cartago de unas tropas que iban hacia la frontera. El chisme sacudió a Manizales y la presunta conocedora de las operaciones fue a  parar  al estrado del Jefe Civil y Militar. 

En  el derrocamiento de Mosquera acaecido en 1867 , los  paisas esperaban una viva reacción del Cauca en favor del dictador; para evitar cualquier sorpresa el Prefecto ordenó al alcalde de Manizales que averiguara con la mayor celeridad  la línea de conducta que  podrían seguir los caucanos en tales circunstancias, pues dudaba de las declaraciones de neutralidad del Cauca, debido a la 'ojeriza' que le tenían a los paisas.
 
 En su comunicado el Prefecto se muestra preocupado porque, según informes fidedignos, en el despacho municipal de Manizales no había nada secreto; "Hasta los  aldeanos entran a informarse de todo lo que pasa".

"Le prevengo a Ud- agrega el Prefecto al  burgomaestre manizaleño- que mientras el Estado siga en armas, no  le señalará ninguna nota a persona alguna, ni permitirá que  entren  al despacho otras personas  diferentes de  aquellas que se necesiten para algún asunto de utilidad pública".
 

La vida de Manizales trascurrió en la última mitad del siglo diecinueve en medio de  la mayor intranquilidad. Pese a  los rumores, pese a las guerras y a la  zozobra, la ciudad creció  gracias a su enorme dinámica comercial. 

Ciertamente ese estado de cosas fue un obstáculo para el progreso, pero por extraño y contradictorio que parezca, fueron las guerras las que permitieron que  medraron los comerciantes, los aventureros y los hombres de fortuna, hasta que llegó el café y unas décadas de paz y surgiòn otro tipo de  sociedad, aunque con las mismas raíces familiares.  La ciudad fronteriza donde operaba la inteligencia militar con su red de espionaje del siglo XIX cambió totalmente en el siglo XX, ya no se ventilaron secretos de Estado, ni se ocultaron secretos militares; quedó como Salamina o Neira y demás poblaciones paisas, donde las muchachas de la cocina y las dentroderas” le ponían ají a sus “conversas” con detalles sobre  la  última moza de don Pepe,  la ida de patas de la mayorcita de doña Lola o la infelicidad de don Ruperto, que tasajeaba personalmente la carne de la semana, para que no dieran una presa de más en su casa.