viernes, 10 de octubre de 2014

LA RESISTENCIA PASTUSA


Alfredo Cardona Tobón
                                                      Agustín Agualongo

Las provincias de  Popayán y Santa Marta se opusieron a la independencia al igual que la de Pasto, cuya comunidad tenía sobradas  razones para luchar contra el orden republicano  con sus secuelas de miseria y atropellos.

Los pastusos  han sido pacíficos, creyentes y profundamente respetuosos de la autoridad y de las tradiciones, pero cuando se ha atentado  contra sus principios no han dudado en tomar las  armas para defenderlos. A principios del siglo XIX, Pasto estaba aislado de las corrientes de la ilustración,  no le interesaba cambiar al rey y le aterrorizaban los librepensadores; sus reivindicaciones eran otras: una administración independiente de Quito y Popayán, el asiento de un obispado  y el establecimiento de instituciones educativas para sus hijos. Por otro lado los indígenas veneraban al rey y a los dirigentes  pastusos no les convenía un cambio que perjudicara sus intereses.

LOS ATROPELLOS REPUBLICANOS

Pasto no se plegó a la Junta criolla que se estableció en Quito en 1809; por tanto los quiteños enviaron  tropas para apoderarse de la provincia de los Pastos y disponer de sus recursos. Los  pastusos  tomaron las armas,arrollaron a los inexpertos invasores y celebraron el  triunfo con cohetes,  un Te Deum y la procesión con la Virgen de las Mercedes.

Meses más tarde, otra junta republicana quiteña  atacó nuevamente a los pastusos y  tras algunas escaramuzas  sus soldados entraron a Pasto, robaron hasta los clavos y dejaron a la comunidad sin ganado ni alimentos. Mientras esto sucedía, tropas republicanas de la Junta Suprema de Santa Fe de Bogotá derrotaron al gobernador Tacón, ocuparon a Popayán y bajo el mando de  Caycedo y Cuero  desplazaron a los quiteños  que se retiraron con más de $450.000  del tesoro de la ciudad y la dejaron en poder de los granadinos. Fue el primer forcejeo de los republicanos de Santa Fe y de Quito por el poder dominio de las provincias sureñas.

LA REACCIÓN EN PASTO

Caycedo y Cuero permaneció en Pasto desde septiembre de 1811 hasta el 20 de junio de 1812. En la noche de este día la guerrilla de José Caicedo irrumpió en la población y con estratagemas intimidatorias apresó a Caycedo y Cuero, a los oficiales y a gran parte de la tropa  republicana. Una columna enviada desde Popayán bajo el mando del médico estadounidense Mauculay liberó a Caycedo y Cuero  y a los demás patriotas con la promesa de retirarse, pero cuando Mauculay trató de engañarlos, estos reaccionaron y lo capturaron junto con Caycedo y Cuero y parte de la tropa.

En enero de 1813  perecieron en el patíbulo Caycedo y Cuero, Mauculay con otros oficiales y soldados patriotas al igual que varias damas pastusas condenadas a muerte  por haber fraguado el escape de los  prisioneros.

EL ATAQUE DE NARIÑO

Después de las victorias de Nariño en  Tacines y en Cebollas, el Precursor exigió la rendición de Pasto; el Cabildo de la ciudad le contestó lo siguiente:

“Usía es quien nos viene a hacer la agresión más injusta. Hemos vivido satisfechos y contentos con nuestras leyes, gobiernos y costumbres. De fuera nos han venido las perturbaciones y los días de tribulación, y no los han traído los europeos; han sido los americanos, los hermanos más íntimos:::”

Ante la inminencia del ataque el general español Aymerich, abandonó la ciudad y dejó a los pastusos librados a su suerte. Estrategias erradas, la defección de parte de sus tropas y el valor irreductible de los pastusos hicieron fracasar al General  Nariño, que cayó prisionero y fue a dar a las mazmorras de Cádiz.
LA OFENSIVA DE BOLÍVAR

Tras la victoria en Boyacá, las tropas libertadoras ocuparon a Popayán e intentaron someter a los pastusos, pero el dos de febrero de  1821  fueron rechazados en las laderas del Galeras .Posteriormente Bolívar se enfrentó a Basilio García y sus tropas pastusas en el combate de Bomboná, donde no se sabe cuál de los dos contendores quedó  en peores condiciones.

La acción de Bomboná  y la victoria de Pichincha forzaron la capitulación pastusa; el 8 de junio de 1822 Bolívar entró triunfante a la ciudad, pero no duró mucho el control de los patriotas,  pues cinco meses después los guerrilleros Benito Boves y Agustín Agualongo retomaron la localidad y pusieron en fuga vergonzosa a las tropas republicanas.

Después del combate en Ibarra Bolívar ordenó a Sucre la reconquista de Pasto  con la consigna de barrer de la faz de la tierra su “raza imfame”. El 24 de diciembre de 1822 entró Sucre a Pasto. Los excesos fueron terribles, la carnicería horrenda: no se respetaron niños, mujeres ni ancianos, ni la santidad de los templos.  En esa noche de Navidad y en los días siguientes cayeron sobre la adolorida ciudad las tropas de los llanos de Aragua y Casanare con los más viles excesos de la naturaleza humana.

EL VALOR DE LOS PASTUSOS

Fueron los más fieles y corajudos defensores de la monarquía española; lucharon solos, muchas veces sin más armas que lanzas y piedras, sostenidos por la fe que les inspiraba su generala, la Virgen de las Mercedes. Eran combatientes  excepcionales: no aceptaban la vida de cuartel, el adiestramiento militar ni el uso de uniforme; guardaban las armas en sus moradas y se congregaban para hacer frente al enemigo cuando las campanas tocaban a rebato. Los milicianos pastusos  se agrupaban en compañías por familias, por veredas o por oficios y seguían solamente a sus capitanes, sin ligarse a mandatos superiores. Detrás de los combatientes iban las mujeres y los muchachos con la comida, la chicha y el aguardiente. Al terminar el combate  retornaban a sus hogares sin obedecer más voces de mando.

LA LUCHA FINAL

El 18 de agosto de 1823, Agualongo, distinguido como Mariscal de los Ejércitos del Rey, entró otra vez  a Pasto. De nuevo los republicanos lo desalojaron y vuelven a rechazarlo en 1824. Mosquera derrota a Agualongo en Barbacoas, lo captura y lo condena a muerte. “¡Viva el rey!” fueron las últimas palabras del  bizarro paladín que encarnó  la tenacidad y el coraje de su raza.