viernes, 24 de octubre de 2014

ARRIBA ANTIOQUIA


TRES POR UNO

Alfredo Cardona Tobón*
 


 

La  única vez que Manizales le salió adelante a Medellín fue cuando se creó el departamento de Caldas y eso porque Rafael Reyes decidió fragmentar al Cauca y Antioquia, para neutralizar los movimientos secesionistas que querían seguir el camino de Panamá, y en jugada maestra calmó a los antioqueños, devolviéndoles el territorio de Urabá, que Hilario López les había quitado a mediados del siglo diecinueve.

Desde que Manizales salió de la casa paterna, la madrastra le ha salido adelante en todos los proyectos y le quitó el impulso al apoyar la segregación de Risaralda y el Quindío, para quitarle poder y hacerse al liderazgo de la industria cafetera.

En la cancha del progreso nacional Manizales ha marcado un tanto a los antioqueños y los puros paisas nos han hecho como tres tantos, mal contados, que los han favorecido y han perjudicado nuestros intereses.

En esta narración del partido no se trata de enardecer las barras bravas ni tirarle piedra al contrario, simplemente es para hacer notar, que mientras Antioquia sabe para dónde va, los del Eje Cafetero seguimos dando palos de ciego, dirigidos por unas familias incapaces, que todo lo acaparan y en manos de políticos que a duras penas los conocen en su casa.

 

EL FERROCARRIL TRONCAL DE OCCIDENTE

 

Este fue el primer gol olímpico que nos encajó Medellín.

 

En 1924 se proyectó una línea férrea que uniría la costa Atlántica con el sur del país y conectaría el ferrocarril de Caldas con todo el occidente colombiano.

La denominada Troncal Ferroviaria provocó tenaces controversias que polarizaron la opinión nacional y levantaron manifestaciones contra los antioqueños en el Cauca y en Cundinamarca.

Dirigentes vallunos y caucanos se horrorizaron ante la posibilidad de un éxodo masivo de colonos paisas y Caldas se dividió en dos bloques: los que buscaban que la troncal pasara por Manizales y  los que hicieron causa común con los dirigentes medellinenses que se oponían a la conexión de esa troncal con la capital caldense.

Entre las alternativas presentadas por Antioquia y los riosuceños, estaba la de una línea férrea que partiendo de Chinchiná (San Francisco)  llegara a las riberas del río Cauca para unirse con el tren de Antioquia en Bolombolo.

Los ingenieros de Antioquia con datos y cálculos mostraban que la ruta por Manizales recargaba fletes, aumentaba el tiempo y mermaba capacidad de transporte debido a las limitaciones impuestas por la arisca topografía. Los manizaleños, por su parte, querían a toda costa que su ciudad quedara  dentro del circuito, como  si la parte plana, aledaña al río Cauca y el cercano Chinchiná, no fueran una alternativa viable y abierta al futuro.

Las relaciones entre Manizales y Medellín se agriaron a tal punto que dirigentes ecuánimes de las dos ciudades suscribieron un pacto con fecha de octubre de 1924 que establecía el compromiso de estudiar con cabeza fría lo más conveniente del proyecto. Sin embargo meses después el  gobernador de Caldas, Gerardo Arias Mejía, no aceptó el pacto suscrito y exigió que en cualquier decisión la troncal debía  incluir a Manizales.

Al final la vía férrea se tendió por las riberas del río Cauca y  el tres de enero de 1933 el primer tren que partió de Cartago llegó a La Pintada. En esta forma, Manizales perdió la oportunidad de una comunicación expedita con Medellín al no aceptar la desviación por Chinchiná.

 

LA CARRETERA AL OCÉANO

 

Con la moda de los cables aéreos, Manizales proyectó uno de ellos para llegar al océano Pacífico. El proyecto de marras no resistía ningún estudio de ingeniería pues cruzaba zonas deshabitadas, la carga de importación y exportación era insuficiente y el retorno del capital invertido era imposible. La construcción empezó y poco tiempo después se suspendieron los trabajos a pocos kilómetros de Manizales y se optó por una carretera hasta el sitio de Cauya en Anserma.

Décadas más tarde el ingeniero Gustavo Robledo Isaza  revivió la idea de conectar la capital caldense con el mar y consiguió que el Octavo Congreso de Carreteras, reunido en Bogotá en 1959 acogiera su propuesta de adelantar la Carretera Panamericana por una ruta que, pasando por Manizales, llegara al sitio de “Las Ánimas” para empatar  en “Palo de Letras” con una futura vía panameña.

Los estudios de la Panamericana se adelantaron dentro del mayor hermetismo y al concluir tales estudios, dirigidos por antioqueños, la ruta no fue la propuesta por Caldas sino la señalada por Medellín.

Pese a todo y gracias a los esfuerzos de la Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales y al tesón del ingeniero Robledo Isaza se adelantó el tramo caldense por Pueblo Rico y por trochas se acercó al puerto de Tribugá en el Pacífico. Mientras los caldenses plañían, los antioqueños, “songo sorongo”, como dice el refrán construyeron el túnel de Occidente que los acercó a Santa Fe de Antioquia, ampliaron la estrecha carretera a Turbo y en “El Tigre” se conectaron con la Transversal del Caribe con la idea de seguir Darién adentro y unirse con Panamá

 

EL TERCER GOL

 

En épocas no muy lejanas y cuando aún existían dirigentes con visión de futuro se construyó la Central Hidroeléctrica de Caldas, CHEC.

Fue uno de nuestros mayores activos y un orgullo caldense, pero por circunstancias muy conocidas, la CHEC  pasó a  manos antioqueñas y Caldas quedó dependiendo energéticamente de otros departamentos.

El sueño de la CHEC se esfumó y también su proyecto de una hidroeléctrica en el río San Juan, cuyo estudio quién sabe dónde quedó, al igual que otro proyecto en el río Risaralda.

 Como van las cosas no serán tres tantos que anote Antioquia,  sino una goleada porque en estas condiciones no sería raro que la gerencia de la  Licorera de Caldas se fuera para Medellín.

 

 

 

 

miércoles, 22 de octubre de 2014

UNA TRINCA PELIGROSA


Alfredo Cardona Tobón*
 
 

 

El 16 de agosto de 1907 Rafael Navarro dirigió un largo mensaje al ministro de Obras Públicas en solicitud de protección a “los pobres indígenas” de Tachiguí, pues el Cabildo del municipio de Apía pretendía, según su denuncia, arrebatarles unos lotes para adjudicarlos a los hermanos Salazar,  de Ansermaviejo.

Al defensor de marras no lo movía la caridad o la justicia ni el deseo de servir a los nativos. Era un vividor, un ladrón, que se lucraba de los pleitos de las parcialidades indígenas  y se aprovechaba de las circunstancias para arrebatarles sus bienes.

En 1898  Rafael Navarro, en calidad de representante del Resguardo del Chamí, adelantó algunas gestiones ante el gobierno  central para que se reconociesen los derechos del Resguardo. Como los comuneros no contaban con dinero en efectivo para cancelar los honorarios, le cedieron un lote, que el indelicado personaje limitó a su antojo. Cuando los indígenas cayeron en la cuenta de la operación, Navarro les había arrebatado las dos terceras partes de sus tierras.

No contento con el extenso globo,  Navarro trató de extender los  linderos hasta la tierra de los guáticas, quienes acudieron al leguleyo Juan J. Bayer para que los amparara ante la ley. Pero el defensor resultó de igual calaña que el invasor, pues al final del pleito se quedó con las tres cuartas partes del terreno disputado.

 

UN TRÍO EXPOLIADOR

 

Autoridades corruptas, empresarios deshonestos y administradores pícaros conformaron el trío tenebroso que dio el puntillazo a varios Resguardos  de la banda izquierda del río Cauca..

Del vil  negocio de la expoliación de tierras indígenas se lucraron procuradores, latifundistas, tinterillos, políticos, funcionarios de poca monta, patricios y militares.

Rudecindo Ospina consiguió enormes extensiones en los Resguardos de Tachiguí  y Tabuyo, Benigno Gutiérrez intentó arrebatarles las salinas a los indios de Riosucio y hasta Rafael Uribe Uribe, por intermedio de un pariente consiguió un lote en las faldas del Tatamá.

Los empresarios y técnicos de las minas de Marmato lograron jugosas tajadas en el despojo. Ante las exigencias del gobierno, que exigía planos de los Resguardos para reconocer los derechos de los nativos, el topógrafo William Martin deslindó las tierras de algunas parcialidades.

En 1874 el técnico extranjero  midió y loteó el Resguardo de Quinchía por la suma de $24.560. Obviamente los nativos no contaban con semejante platal y debieron pagarle con tres enormes  lotes que hoy ocupan varias veredas de Quinchía y Anserma.

En febrero de 1878 Guillermo Martin efectuó la mensura del Resguardo de Tabuyo y por sus trabajo recibió un gran lote en la tierra fría, que al igual que los lotes anteriores, vendió de inmediato a Rudecindo Ospina.

Como la legislación colombiana consideraba a los indígenas menores de edad, estos debían nombrar un administrador o apoderado que los representaba ante el Estado y “cuidaba”  los intereses del Resguardo. Era un cargo apetecido por abogados y políticos inescrupulosos que se enriquecían  ilícitamente con el robo y el despojo de las comunidades  americanas en asocio con notables y autoridades venales.

Uno de esos censurables personajes fue Gregorio Trejos, administrador durante varios años el Resguardo de Supía y Cañamomo. El citado Trejos dilapidó alegremente la tierra de los nativos cediendo grandes extensiones a los distritos de Supía y de San Juan sin ninguna contraprestación, vendiendo a bajo precio numerosos lotes y regalando vetas de oro y plata a los empresarios de las minas.

Otro individuo de triste recordación fue Salvador Pineda, administrador del Resguardo de Guática,  que engatusó a los nativos con su devoción a la Virgen y su pomposo catolicismo. En 1888 los vecinos  cedieron  a Pineda la tercera parte de los salados, le escrituraron grandes lotes y  le dieron en usufructo las maderas de algunos bosques.

 

A partir de 1875 el gobierno exigió títulos para reconocer los derechos indígenas. Varios abogados se especializaron en desenredar la maraña de documentos coloniales que reposaban en Popayán y en Bogotá. Ante la falta de fondos para pagar honorarios los nativos debieron cancelarlos con tierra. El Resguardo de Quinchía cedió la fuente salada de Anchurria, que era su mayor entrada monetaria, al abogado Ramón Palau.  Dos años más tarde el  Resguardo de Guática le entregó a Miguel Palau, hermano del anterior, un globo de terreno que abarcaba como la cuarta parte de lo que quedaba de su territorio.

 

FUNCIONARIOS Y POLÍTICOS

 

A fines del siglo diecinueve el político conservador Ponciano Taborda hizo y deshizo en Ansermaviejo . En calidad de administrador del Resguardo de Tabuyo y de regidor de la aldea, vendió lotes y remató baldíos a precios ínfimos para favorecer a socios y amigos.

León Hernández un militar liberal, guapo y matón, recibió donaciones cuantiosas de sus  protegidos en Guática y en Quinchía.

Los blancos de Riosucio hicieron de las suyas con sus paisanos oscuros. Rafael Tascón ocupó sin resistencia, la parte alta del Resguardo de La Montaña; Zacarías Cock aprovechó sus contactos con Manizales para apoderarse, en 1907, del sitio de “La Rueda”. Poco después el gobierno de Reyes dio protección a los nativos y permitió que regresaran a su tierra. Los amigos de Zacarías Cock, oriundos de Medellín y de la capital caldense, escribieron al presidente apoyando los derechos “irrefragables y diáfanos” de Zacarías y rechazando las pretensiones de los indios de La Rueda, que consideraban intrusos cuando, valga la verdad, esa pobre y desvalida gente había ocupado esos peladeros desde tiempos inmemoriales.