sábado, 8 de noviembre de 2014

A PROPÒSITO DEL LIBRO HISTORIA Y MEMORIA


Alfredo Cardona Tobòn

 



Con el  libro "Historia y Memoria" me sucedió lo que ocurre con el papá que recibe ilusionado otro hijo y le nace un bebè esmirriadito y enteco  en comparación con los demás niños rozagantes y gorditos. Sin embargo, ese padre, con correr de los meses, se da cuenta de que el muchachito medio revejido le resultó más inteligente, más sagaz, más avispado que los demás y entonces la impresión de un principio se va convirtiendo en orgullo.

Es sucedió a con Historia y Memoria, un libro por encargo de la Academia Pereirana de Historia y publicado   en contraprestación a nuestra participación en otro libro llamado “Al recio empuje de los Titanes” editado por el periódico La Tarde.

Los miembros de la Academia creíamos que  " La Tarde" iba a hacer honor a su tradición editorial y haría un libro a la altura de su prestigio con una presentación que aunque modesta, fuera digna del contenido de nuestra obra. Pero no fue así. Nos confiamos y  el periódico entregó el libro  más barato que le cotizaron,  en desmedro del esfuerzo que hicimos para entregar a Pereira un material valioso.

Se dice que el contenido es lo importante, que es mejor leer algo sustancioso que una galería de sandeces o nimiedades bien presentadas, eso es cierto; pero también es cierto que un perfume debe ir en el frasco adecuado y  en nuestro caso no se trataba de llenar unas páginas para entregar  al vulgo sino un material con una presentación acorde con la clase culta a la  que se dirigía..

Sin falsa modestia "Historia y Memoria"  tiene muchos méritos:  recogió crónicas del centenario que nunca se publicaron, descubrió a la Hacienda La Julia como un símbolo de la ciudad, publicó la crónica de la única presentación de Maradona en el Estadio Mora y Mora  y trajo a cuento la historia del poder en Pereira, un tema poco tratado, que servirá de guía para estudios más profundos y detallados.

 En "Historia y Memoria" se  borra de tajo el mito de la fundación de Cañarte y las visiones particulares de Hormaza y de Recio que  desfiguraron la historia pereirana, hasta que Víctor Zuluaga  y Emilio Gutiérrez levantaron el velo para mostrarnos el papel del pueblo, y cómo una comunidad labriega fue la que realmente dio piso a esta ciudad.  En Historia y Memoria se rescata la memoria de paladines populares, se realzan  la figura deIgnacio Torres y del inolvidable Camilo Mejia Duque, el  blanco jefe de la negramenta pereirana.

Un reconocido y estimado gestor cultural  se rasgó las vestiduras y dijo que el libro era una infamia. Sì, fue una infamia, pero no debido al contenido, sino por el empaque que por la infelicidad y el desprecio que se le tiene a la cultura se  entregó en la forma que se hizo. Parece que nuestro amigo  ni siquiera había hojeado el libro y ya lo estaba criticando;   seguramente eso también lo han  hecho otros miembros del Sanedrín que cree tener el pontificado de las letras  y la cultura en Pereira. Invito a que  lean “Historia y Memoria” y rajen cuando hayan digerido lo escrito,  pero que no lo descalifiquen por la tapa tosca, el papel ordinario y el pésimo trabajo de un diagramador que no se ganó los pesos que le pagamos.

"Historia y Memoria" està disponible en el Cuarto piso del Edificio Lucy Tejada,  en la oficina de la Academia Pereirana de Historia y  en la Librerìa Roma de la ciudad de Pereira. Cuando se agote y haya dinero, podremos hacer una edición por nuestra cuenta, como lo hemos hecho con la historia de los corregimientos pereiranos, sin confiar en las´"dàdivas " de los mecenas.


Es importante el aporte del libro"Historia y Memoria, pues muchos de sus datos  habrán de servir de puente a futuros investigadores para llegar a verdades que  solo conocemos a medias.

 

 

viernes, 7 de noviembre de 2014

CONFLICTOS ENTRE VECINOS-

DE LA PEQUEÑA HISTORIA COMARCANA

Alfredo Cardona Tobón *
 
                                                  Santa Rosa de Cabal

 

En todo tiempo se ha presentado  conflictos entre vecinos . Los hay entre personas y entre países y también entre comunidades y municipios.

En nuestro medio  hubo roces continuos de quinchieños y guatiqueños y muy serios cuando Pereira y Santa Rosa de Cabal se enfrentaron por lios territoriales.

 

NATIVOS EN PUGNA

 

A fines del siglo dieciocho las autoridades virreinales tuvieron que intervenir para evitar que los resguardos indígenas de Quinchía y Guática se enfrentaran violentamente por el control del territorio de Opirama y que las parcialidades de La Montaña y Quiebralomo chocaran por el dominio del área urbana del moderno Riosucio.

A mediados del siglo diecinueve los antioqueños quisieron correr los linderos de su provincia  hasta el río Claro a costa de los intereses caucanos  y en 1860 la perspectiva de correr sus fronteras hasta el río La  Paila, animó a los paisas a prestar apoyo a la contrarrevolución  conservadora de 1860. 

Las divergencias territoriales no solamente inquietaron a los resguardos y a los Estados federales, sino que  también se vieron en algunos municipios de la región  como en Aguadas y Salamina que se disputaron las tierras  de San Félix, y en Riosucio y Supía que entraron en discordia  por la zona de San Lorenzo.

 

EL CASO DE DOSQUEBRADAS

 

En 1936 Pereira pretendió anexar a Dosquebradas y esta vez los vecinos de Santa Rosa

reaccionaron vigorosamente. Los ciudadanos salieron a las calles en defensa de la integridad territorial y en repulsa de las pretensiones pereiranas. En la manifestación de protesta del doce de abril de 1936 el Sr. Carlos Gallo habló a sus coterráneos poniéndolos sobre aviso de las intenciones de sus vecinos: “Pereira quiere la fracción de Dosquebradas con sus 4683 hectáreas y sus 3740 habitantes. También reclama la fracción de Frailes con sus 4683 hectáreas y 3740 habitantes y como si esto fuera poco pretende también una parte de las fracciones de La Estrella y el Manzanillo y un lote del corregimiento del Español en los linderos de Santa Rosa y Marsella; en total pretende 12518 hectáreas con 10940 habitantes, doscientas mil arrobas de café y unas ocho mil cabezas de ganado que significan una rebaja  del presupuesto municipal del 25 al 30%.”

“ Santa Rosa- continuaba diciendo el orador a la exaltada multitud-  debe resurgir por patriotismo y por espíritu público en todas las esferas, recordando siempre que Pereira, la ciudad del metal coquetón, maleante y corruptor de las conciencias, voluntades y caracteres, es un dragón poderoso que habla en las orillas del Otún y que no satisfecho con la realidad de su grandeza material, cultiva sin tasa el delirio incontenible de progreso que amenaza con tragarse no sólo a Santa Rosa, sino también a todo el Quindío, a las poblaciones de Occidente y enfrentarse también con Manizales...”

El doctor Mejía Palacio y otros líderes de Santa Rosa de Cabal fueron  más lejos:  exhortaron  a sus paisanos a que suspendieran todo comercio con Pereira y retiraran de los bancos de la vecina población sus fondos y sus ahorros.

Una gran manifestación recorrió las calles santarrosanas con una banda de música, el comercio se comprometió a no efectuar transacciones con Pereira inspirados en un sentimiento de patriotismo  y de solidaridad ante la campaña de boicoteo e independencia que los habitantes  adelantaban  en contra de Pereira por el hecho insólito e injusto de quererle arrebatar a Santa Rosa, una región que legal y justamente le pertenecía.

A mediados de abril se conformó una Junta pro defensa de Dosquebradas integrada por Antonio Arcila, Jaime Llano Escobar, Benjamín Villegas y Carlos Llano.

El caso llegó a la Asamblea de Caldas que por inmensa mayoría apoyó a Santa Rosa. El resultado del debate se esperaba al amanecer del 28 de abril. Al conocer la noticia estalló un carnaval en la población de las Araucarias. A las dos de la mañana la gente marchó desde la Plaza Bolívar hasta el Colegio Apostólico dando vivas al gobernador Botero, a los diputados amigos y a la dirigencia santarrosana... Se agitaron las banderas, las notas del himno de la ciudad se oyeron por calles y caminos, desde los balcones las damas arrojaban flores y vivaban al pueblo, en tanto que los voladores hacían dúo a las campanas echadas al vuelo.

Para Pereira la disputa no tuvo repercusión alguna, el resultado adverso no cambió su rutina de producción y  trabajo ni los enemistó con sus quisquillosos hermanos. Pero el intento fallido sí dejó huella en Santa Rosa. El 10 de junio de 1936 el Club Rialto de Pereira invitó a los socios de un club cabaleño a las fiestas de la Cosecha, cuyo presidente contestó airado: “Agradezco invitación... Lamento profundamente háyase interpuesto muralla de honor que impídenos aceptar..”

 
CÓMO NOS CAMBIA LA VIDA

 La arenga de Don Carlos Gallo fue una profecía . Al terminar el siglo veinte Pereira  absorbió a Santa Rosa, a Cartago, al Occidente del Viejo Caldas, a parte del norte del Valle y  a otra parte del Quindío. Y no es por ambición imperialista, sino que la geografía y su gente descomplicada y con ganas de trabajar han hecho de Pereira la verdadera ciudad milagro de la Patria.

Dosquebradas, separada de Santa Rosa, que pasó de aldea a ciudad  sin conocer la categoría de pueblo,  está creciendo como un apéndice de Pereira, tan pegada a ella que le nombra alcaldes y  le envía gobernadores.

Pereira se parece mucho a Medellín. Están cortadas con el mismo molde. Yo veo a Pereira igualito al “Medallo” de 1950. Y así como la capital de Antioquia no permite que la toquen o se inmiscuyan en su departamento, así es Pereira, que se puso en pie de lucha cuando en el gobierno de Rojas Pinilla intentó  quitarle territorio para formar a La Virginia y se enfrentó con Manizales, para que sus líderes pudieran contar con su propia burocracia. 

 

 

martes, 4 de noviembre de 2014

EN LAS BUENAS Y EN LAS MALAS


Alfredo Cardona Tobón*
 
 

Muchas mujeres dejaron todo para acompañar a sus seres queridos en los campos de combate; otras se hicieron cargo del  hogar, de las empresas y de  los negocios mientras sus hijos y esposos luchaban por la Patria. Fueron muchas las que tomaron el fusil y la lanza para enfrentarse al enemigo e innumerables las  historias de amor que muestran la devoción y la generosidad de las americanas en los duros años de la lucha por la independencia.

Tomemos dos de esas historias de amor: la de Pepita Machado y la de Magdalena Ortega: la primera, compañera de Simón Bolívar, la segunda la esposa de Antonio Nariño.

PEPITA MACHADO, LA ENAMORADA DEL LIBERTADOR

Josefina Machado entró a la vida de Bolívar en agosto de 1813. Fue una de las doce doncellas vestidas de ninfas que coronaron a Simón  en su entrada triunfal a Caracas en la Campaña Admirable. Pepita era una morena clara, de cuerpo sensual, ojos oscuros, carácter audaz y de gran inteligencia.

Entre Pepita y el Libertador nació una pasión que desafió todos los convencionalismos y la oposición de María Antonia Bolívar, que no aceptaba la relación de su hermano con la hija de un canario enriquecido.

Los amoríos de Pepita con Simón Bolívar duraron seis años de largas ausencias y cortos encuentros. Cuando avanzaron las hordas de Boves y el ejército de la primera república venezolana se replegó hacia Barcelona, Pepita se unió a la columna que, en viaje lleno de penas y angustias,  huía de la crueldad de las tropas realistas.

Muchos cayeron bajo las lanzas enemigas  y  otros lograron ponerse a salvo en las naves que los llevaron a las Antillas, entre ellos estaba María Antonia Bolívar y Pepita Machado, que junto con su madre, desembarcó en la isla de Saint Thomas.

Bolívar se dirigió a Cartagena  y luego navegó hacia Haití, donde con el apoyo de Petión reunió tropas y organizó la expedición de Ocumare contra las fuerzas realistas de  Venezuela. Ya en tierra firme el Libertador llama de nuevo a Pepita, que tras dos años de ausencia se encuentra con su amado en las costas de Angostura. Son varios días de espera en el campamento, tiempo que se pierde en la campaña, y que según varios autores fue una de las causas que malograron la  ventaja de la sorpresa y  llevaron a una desastrosa derrota.

 

La derrota sume a Bolívar en la más profunda depresión, reúne lo que queda de su tropa y en el bergantín “Indio Libre”  toma rumbo a  la isla danesa de Saint Thomas a dejar a Pepita, a su madre, a un grupo de mujeres, ancianos y niños que huían de la represión de los realistas.

Al anochecer del 5 de agosto de 1816, Bolívar, recién cumplidos sus treinta y tres años, “El Indio libre” encalla en la isla de Viques, en Puerto Rico. El Libertador estaba agotado, sin víveres, ni agua ni dinero

En esas condiciones hay que desembarcar para conseguir como fuera algunas provisiones para los tripulantes y soldados y para el grupo numero de civiles que navegaban en el bergantín. La partida se internó en la isla en las horas de la noche y saqueó la hacienda de un ciudadano  llamado Juan Roselló, que informó a las autoridades españolas que una partida de insurgentes habían invadido su casa cercana a la playa y “le mataron cuatro bueyes, todas las gallinas, le robaron dos barriles de sal, uno y medio de harina, el baúl con ropa y papeles que contenía, con 186 pesos metálicos unos pocos del que da el parte y el resto lo tenía guardado de particulares. También un esclavo de su propiedad, hachas, y demás instrumentos de trabajo; una carabina, un par de pistolas, con cuanto contenía la casa…”

PEPITA MACHADO Y LOS PIRATAS DE BOLIVAR

Los insurgentes permanecieron  cinco días en Viques. El bergantín seguía encallado y el peligro de caer en manos de las tropas enemigas de Puerto Rico cada vez era mayor.  En la madrugada del último día, apareció en el horizonte un velero con bandera española. Las mujeres se agolparon en cubierta y agitando sus pañuelos pidieron auxilio.

El capitán del velero español acompañado de algunos marineros  llegó en un bote sin maliciar la emboscada que le estaban preparando y al pisar la cubierta del “Indio Libre” quedó como rehén de los insurgentes.

Con el capitán español en su poder los rebeldes abordaron el otro buque y obligaron a su tripulación a poner a flote la nave encallada. A cambio de víveres y la promesa de llevar a Saint Thomas a los refugiados, Bolívar y Brión respetaron la vida del capitán ibérico y de sus marineros.

Con un beso apasionado el Libertador se despidió de Pepita Machado, serían dos años de larga ausencia,  durante los cuales solo las cartas que se cruzaban los amantes mantendrían  vivo el recuerdo.

Después de treinta y tres días de navegación, el “Indio Libre”  llega al puerto de Güiria… Las calamidades continúan tras el Libertador. A la llegada a tierra firme, José Bermúdez y Santiago Mariño, oficiales de la expedición, no solamente desconocen la autoridad de Bolívar, sino que lo acusan del fracaso de Ocumare y lo atacan. Bolívar es hábil espadachín y se defiende hasta que  Luis Brion y su gente  acuden en su ayuda para llevarlo nuevamente al bergantín que iza vela de regreso a Haití.

 

La lucha por la independencia continúa. Los patriotas establecen una cabeza de playa en Angostura con el apoyo de Petión .El recuerdo de Pepita no ha muerto a pesar del tiempo y la distancia y al llamado de su amado, la bella caraqueña parte de Saint Thomas  y se encuentra con Bolívar en la costa venezolana. Desde Angostura la libertad se extiende por los llanos de Aragua, de Casanare, trepa la cordillera por Pisba, hasta que la victoria sonríe en el Pantano de Vargas y en Boyacá.

 

Pepita prepara viaje a Santa Fe de Bogotá y  en 1820 emprende el largo viaje que la llevará a la capital de Colombia, algunos dicen que Pepita  remontó el Orinoco y llegó a San Rafael de Atamaica donde murió de tuberculosis, otros aseguran que se fue por el Arauca, dobló hacia el Matiyure, pasó Guasimal y llegó a Achaguas y ahí la derrotó la enfermedad. Sus restos estarían en algún rincón escondido  del viejo cementerio de Achaguas.

 

MAGDALENA ORTEGA
 
 

Si alguna mujer sufrió a causa de las ideas de su esposo fue la esclarecida santafereña Magdalena Ortega, esposa del Precursor Antonio Nariño.

La desgracia toca las puertas del hogar de Magdalena el 29 de agosto de 1794, cuando embargan los bienes de la familia y llevan preso a Nariño con destino a la metrópoli, acusado de malversar fondos eclesiásticos y participar en movimientos sediciosos contra el régimen español. Todo lo arrebatan, hasta la esclava de 80 años que ha acompañado a la familia por generaciones.

La situación es tan crítica, que lo único que puede recoger Magdalena, para auxiliar a su esposo en la larga travesía son 400 míseros pesos, de la venta del último sillón que le quedaba.

Tras un largo peregrinar por Europa, en 1797 Nariño llega de incógnito a Santa Fe. Es un reo prófugo que se acoge a la misericordia del virrey, que no se duele del abandono de la familia y pone al criollo nuevamente en prisión.

Magdalena escribe al rey, a la reina, a quien pueda oírla, pero Nariño continúa prisionero hasta que el deterioro creciente por la tisis, obliga a los españoles a darle una finca por cárcel. Allí renacen las esperanzas de la familia, Nariño establece una lechería y levanta cultivos de papas y hortalizas, con el alivio de la calamitosa situación económica.

Más la desgracia no abandona a Magdalena, pues de nuevo ponen preso a Nariño por viejas deudas y por supuestos nexos con la insurgencia. La venta de  unos zapatos que Magdalena tiene en consignación son el único recurso que puede ofrecerle a su esposo, además de unos pañuelos bordados que el Precursor cambiará por pollos en el camino.

Otra vez los chapetones embargan los bienes de los Nariño: ganado, semillas, cosecha… y nuevamente Magdalena verá el hambre y las necesidades que acogotan a su familia… se repetirá la historia cuando los pastusos capturen al Precursor y durante la larga estadía en las prisiones de Cádiz la familia quede desamparada, con el dolor de que el hijo mayor de Nariño, viendo la lucha inútil de su padre, abrace la causa de los realistas.

 

 

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lunes, 3 de noviembre de 2014

LA GUERRILLA DE LOS ALMEIDA


Alfredo Cardona Tobòn*
 
 

Pese a la represión, pese a los cadalsos y a la vergonzosa crueldad de una nación que se empecinaba en mantener bajo su imperio gran parte del territorio americano, los republicanos de Venezuela y la Nueva Granada  se  levantaron en guerrilla para hacer frente a la llamada “Reconquista española.”.

Por los lados del Socorro la guerrilla de “Niebla”  acosó a los realistas; lo mismo ocurrió en la zona de Honda y Guaduas donde  “El Mosco” Rodríguez mantuvo en jaque a las fuerzas coloniales. En el Valle del Cauca la guerrilla de Mora  puso en alerta a las autoridades de Popayán; los irregulares de Casanare  fueron invencibles y por los lados de Machetà  la guerrilla de los Almeidas escribió una  página inmortal en nuestra historia cuando en operación relámpago  ocupó las poblaciones que colindan con los llanos orientales.

LOS HERMANOS ALMEIDA

El uno era Ambrosio y el otro Vicente; eran oriundos de San José de Cúcuta y miembros de una acaudalada familia que hacía causa común con los patriotas granadinos.

Doña Josefa Acebedo de Gómez describe a Ambrosio Almeida en su romance “Los guerrilleros”:

Buen mozo, pálido, flaco

de cara fresca y risueña,

alto de cuerpo, delgado

y con nariz aguileña.

 

En las redadas de Sámano en busca de agitadores y rebeldes los dos hermanos fueron a dar a la  cárcel. Fue entonces cuando Policarpa Salavarrieta, haciendo gala de su astucia y valentía   les llevó dinero dentro de unas naranjas para sobornar a los guardias y al cabo  Pedro Torneros y conseguir la huida de la prisión.

Los Almeida se refugiaron en una finca de Machetá conseguida por la Pola y allí con el apoyo de  Juan José Neira organizaron una fuerza de caballería con campesinos de la región y con desertores de las tropas del Rey que motivados por las continuas victorias patriotas en los llanos buscaban unirse a las guerrillas insurgentes.

El 13 de noviembre los Almeida ocuparon  a Tibirità y ejecutaron a cuatro realistas; el día 18 entraron a Chocontá con 300 hombres a caballo y lanza y 20 fusileros. La campaña guerrillera encendió los  ánimos de los vecinos en forma tal que  el 19 de noviembre de 1817 se levantó el pueblo de Ubaté al grito de ¡Viva nuestro generalísimo Bolívar! ¡Mueran los chapetones, godos ladrones!

El 21 de noviembre la gente de los Almeida estaba en Chocontá de donde salieron partidas armadas hacia Suesca, Nemocòn, Ventaquemada y Ubaté donde aún quedaban brasas del rescoldo comunero.

Cundió el pánico en Zipaquirá y en Santa Fe de Bogotá y ante tan peligrosas circunstancias el general español Juan Sámano  dio órdenes a sus mejores soldados para que bajo las órdenes de Carlos Tolrá, Simón Muñoz y Simón Sicilia, a quién  más cruel y despiadado, marcharan al encuentro de los Almeida sin dar cuartel ni perdonar al enemigo.

Los guerrilleros rechazaron a Simón Sicilia en el puente del Sisga y horas más tarde chocaron con la avanzada de Carlos Tolrá. Esta vez la valentía no les sirvió a los patriotas superados en número y en armas. En el campo dejaron seis muertos y diez  guerrilleros cayeron en poder de los españoles que los ejecutaron de inmediato.

LA FUGA DE JUAN  JOSÈ NEIRA

Ante la inminencia del desastre total, los Almeida con 26 sobrevivientes tomaron el camino de los llanos tratando de escapar de los españoles; fue entonces cuando Neira con algunos guerrilleros trataron de contener al enemigo para proteger la retirada. Uno por uno fue cayendo y al final únicamente  Neira quedó con vida, que le perdonaron para  enviarlo a Santa Fe y ejecutarlo como escarmiento a los rebeldes patriotas.

Neira se dejó conducir  sin oposición como si estuviera resignado con el destino que le esperaba, iba con grillos  en una bestia  en medio de la escuadra realista. Al pasar por el voladero de Machetá los caballos desfilaron uno a uno por la estrecha senda; entonces Neira se arrojó al precipicio pues prefería morir despeñado y ser pasto de los gallinazos que servir de solaz a los enemigos que gozarían con su sacrificio. Nadie se preocupó por recuperar el cadáver, tan seguros estaban de su muerte, pero por un designio de la Providencia los grilletes se enredaron en un arbusto y Neira quedó suspendido en el abismo.

Entrada la noche pudo descender hasta el lecho del río Barbosa y al amanecer lo socorrieron unos labriegos  que curaron sus heridas. Después se  dirigió a Pacho y allí casi lo recapturan; al final se unió a las fuerzas patriotas y  con pundonor y heroísmo desempeñó  un papel estelar en la historia republicana.

Como Carlos Tolrá no pudo capturar a los Almeida ni a Pedro Torneros, mandó fabricar unos muñecos que ahorcó  en nombre de los fugitivos.

Los Almeida se sumaron a las fuerzas de Santander y una vez lograda la Independencia de Colombia Ambrosio se dedicó a atender los negocios de la familia. De Vicente no  se tienen más datos.

La incursión  de los Almeida fue un gesto osado e inútil. En ese momento y con los recursos que tenían era imposible derrotar a los veteranos españoles.  Esa arriesgada campaña solamente sirvió para que Tolrà se cebara con la población indefensa: asesinó más de cien labriegos en  Chocontá, Machetá, Tibiritá y Tenza: se apoderó de todas las bestias de la región, recogió las armas blancas y de fuego, destruyó las cosechas y confiscó  todos los elementos de hierro de las poblaciones que apoyaron a los Almeida.
Ante todas esas atrocidades y miles más, al final del siglo XIX  a los notables de la Regeneración conservadora no les dio vergüenza llamar Madre Patria a la cruel y explotadora España.