lunes, 1 de diciembre de 2014

LA HACIENDA GÈNOVA Y LA VARIEDAD RAMÍREZ


Alfredo Cardona Tobón
 
 

La Hacienda Génova, situada en la vereda Montelargo de Pereira, se conoció en nuestro medio porque en los trabajos de la Variante Condina de la  Autopista del Café,  se hicieron unos hallazgos arqueológicos que mostraron la existencia de pobladores en esta zona desde hace más de diez mil años.

Hace poco tiempo al recorrer la Variante Condina me asombré al ver  cafetales tan lozanos como los de Chinchiná en una tierra que me habían dicho que era muy ácida y poco apta para cultivos rentables; por eso acudí a  Oscar Jaramillo Osorio para que me contara sobre esa hacienda y resultó que Oscar era amigo del propietario.

UNA GRATA VISITA

Los negros nubarrones anunciando lluvia por los lados del cerro el Nudo no fueron obstáculo para que don Hernando Ramírez Jaramillo nos atendiera en la casona de la Hacienda. Entramos con Oscar, su hija Sandra y mi esposa, por un camino asfaltado bordeado de cercas de alambre a lado  y lado con postes de madera pintados de negro. A la izquierda se veía la Variante Condina, potreros y cafetales y a la derecha un pastizal que llegaba hasta uno de los condominios que día a día van ocupando la vereda. Al final de la entrada estaba la casa de la Hacienda; señorial y alegre pese a la llovizna que empezaba a empapar la vía.

Llegamos a una edificación de arquitectura antioqueña, hecha de bahareque , madera y teja de barro, de un solo piso, con corredores en redondo llenos de materas con follaje y flores.. Había flores por todos lados, era una explosión de color en medio del verdor, era un concierto de belleza donde se conjugaban materas y canastas, una fuente, el piso de piedra rodada y decenas de colibríes que parecían destellos de luz  que iban de un lado a otro de la estancia.

Una distinguida y bella dama,  hija de don Hernando, nos dio la bienvenida. No tardó en aparecer don Hernando con su esposa, èl un hombre  entrado en canas, de aspecto castellano, sonrisa franca, con la bondad a flor de pìel y esa hospitalidad que conocieron nuestros abuelos y hoy se perdió  por la desconfianza y los malandrines que azotan esta sociedad descontrolad, ella una gentil dama llena de dulzura.

Íbamos a hablar de la Hacienda Génova y fuimos al grano.

-¿ Cómo logró estos bellos cafetales?- pregunté.

La historia es larga y llena de detalles- me contesto don Hernando- En  1948 vinimos desplazados del Tolima- Mis padres son antioqueños pero estábamos radicados en Roncesvalles donde  papá, enamorado del valle de Chili, había montado una bella y productiva finca. Anclamos en Pereira y yo compré esta tierra que era solo un peladero lleno de malezas y la convertí en una propiedad productiva.

-¿ Cuál fue el secreto que otros no conocieron?

Muy sencillo, viajé a  San Félix en las tierra fría de Salamina y me traje unas yuntas de bueyes , de esos blanco-orejinegros que solo tienen los sanfileños y con ellos revolqué toda la finca. No utilicé tractores, que hubiera sido lo más lógico, porque  en esta tierra gredosa se resbalan y se vuelcan, así pues, con los bueyes , ajusté la acidez del suelo con cal  y la desterroné para  airearla y homogenizar el suelo. Después sembré buenos pastos y  varios lotes de café.

-¿ Qué variedad de café sembró, don Hernando?-

Ese es otro cuento. El caso es que ni yo mismo se que variedad estoy sembrando, porque cuando empecé a hacer los almácigos, un agrónomo de apellido Orozco, muy amigo mío, que trabajaba en CENICAFE, me regaló un kilo  de semillas de un lote experimental que  nunca se comercializó. Inicialmente me dijeron que era CATUAY , y así  le aseguré al presidente Álvaro Uribe una vez que visitó la finca; luego un experto dijo que era Costa Rica 95. Por eso no se sabe cual es la variedad, lo cierto es que me ha dado buenos resultados, por eso sigo utilizando sus semillas, como lo están haciendo  mis amigos que lo bautizaron como la Variedad Ramírez.

SIGUE EL PALIQUE

Hablando de  café y de suelos, la lluvia arreció y entre sorbos de café tostado y empacado por un hijo de don Hernando y con el acompañamiento de deliciosas empanaditas ofrecidas por la  amable anfitriona,  nos refugiamos en un amplio salón pleno de recuerdos. Había un cuadro con gente elevando papalotes en un día de los muertos, era un obsequio de un famoso pintor guatemalteco cuando don Hernando estuvo de embajador en Centro Amèrica; también un pergamino del gobierno de Guatemala y  llamativas artesanías centroamericanas.

Con las preguntas sobre su desempeño diplomático aparecieron  anécdotas de Belice, de Buenos Aires y también las de un empresario exitoso, que como don Hernando, creó fuentes de trabajo para centenares de familias pereiranas.

Como la vereda de Montelargo no tenía carretera-  nos contó don Hernando- hizo un convenio con la Secretaria de Obras mediante la cual él ponía el combustible y los jornales y el municipio la maquinaria.  La vía se terminó y el día de la inauguración  la presidente de la Junta Comunal agradeció por los micrófonos el esfuerzo del Plumón, Oscar Vélez Marulanda, que había hecho posible la obra. Al contarle al Plumón lo acontecido se rio y le dijo a don Hernando: Nadie sabe para quién  trabaja, a lo que le respondió el propietario de la Hacienda Génova: eso se llama ganar indulgencias con padrenuestros ajenos.

En la Hacienda Génova se produce uno de los mejores granos de Risaralda,  casi no da pasilla y es grande y limpio como el de los minifundistas del occidente del departamento. Allí se combina el abono químico con el lombricompuesto, pues toda la pulpa del café nutre extensas camas de lombrices californianas situadas al  lado del beneficiadero. Por otro lado se utiliza cascarilla como combustible  y los silos tienen diseño especial que facilita el flujo del aire de secado.

Pero no son los cultivos, ni los potreros abonados con la miel del café, ni la calidad del grano  lo único que se reconoce  a don Hernando en la hacienda;  están, además, las  buenas prácticas  de manejo que incluyen el respeto y cuidados con los trabajadores en tiempo frio y en tiempo de  cosecha. Los campamentos son amplios, con buena alimentación y dormida, modernos servicios sanitarios y una salita de televisión. Aquí el café rima con la gente. Infortunadamente con personas como don Hernando Ramírez Jaramillo se está terminando la generación que forjó una época, pues los hijos y los nietos de esos caficultores tienen intereses distintos.

En lo profundo de la Hacienda Génova, bajo unos metros de tierra, los quimbayas guardan muchos secretos; en la superficie, en los cafetales y las instalaciones, el genio de don Hernando, con su venero de experiencia y sabiduría, sigue dando luces a sus vecinos y amigos hasta que la urbanización  atropelle sus cafetales y llene de bloques de cemento  los potreros de la Hacienda.
Gracias a Dios yo no voy a ver ese desastre dijo don Hernando. Quien sabe- pienso yo- porque ese hombre hecho de acero y roble tiene cuerda para rato.