jueves, 12 de febrero de 2015

BRAULIO HENAO Y EL BATALLÓN SALAMINA


Alfredo Cardona Tobón.*

 


A mediados de 1857 la región estaba en plena guerra; el general Melo había tomado  el poder y  los liberales y conservadores unidos en un bloque que llamaron Constitucionalista, se levantaron en armas contra la dictadura, cuyos simpatizantes desorganizados y sin suficientes recursos les hicieron frente en la Sabana de Bogotá y en  unos pocos lugares de la república.


El sur de Antioquia estuvo a favor de los constitucionalistas, sin embargo en Salamina el melista Laureano Urrego en acción relámpago se apoderó de la plaza y del armamento y marchó hacia el Cantón de Supía donde los melistas tenían el control de la situación.

 Laureano Urrego y su gente  fueron sorprendidos en Roldanillo por las fuerzas constitucionalistas  en tanto que los jefes melistas de Supía Bonifacio Zabala y Pastor Céspedes  eran procesados por rebelión al caer la plaza en poder de sus enemigos.

 Los constitucionalistas tomaron nuevamente el control de Salamina y Venancio Restrepo, Jefe Político del Cantón Sur de Antioquia, llamó a las armas a los ciudadanos adversos al dictador y conformó un batallón que completó con  vagos, malandrines e izquierdistas, quienes,  seguramente, no se cubrirían de gloria, pero servirían para completar el cupo asignado o  serían  carne de cañón  si fuere necesario..


AL ROJO VIVO.

 Mientras en el sur de Antioquia mandaban los constitucionalistas,  los melistas controlaban a Rionegro en Antioquia, el centro del Valle y parte del Cantón de Cartago. En Pácora hubo pronunciamientos melistas al igual que en  Santa Rosa de Cabal y en algunas localidades boyacenses y en la zona del Socorro.

 
Con dinero de los empresarios antioqueños y las armas suministradas por Estados unidos los opositores del dictador se movilizaron desde el norte y el sur del país con rumbo a Bogotá. Se invocaba la defensa de la democracia, pero en el fondo existían otras razones: el interés de los comerciantes por la apertura económica que facilitaba sus negocios y el sueño de Mosquera de controlar la nación a su antojo.

 EL BATALLÓN SALAMINA.

 
El 30 de julio de 1854, las pisadas de 500 combatientes estremecieron el camino que llevaba a la naciente aldea de Manizales.

Volaron los pájaros barranqueros y las ardillas se sumergieron entre el follaje  aterrados por el ruido de alpargatas y de cascos de caballos que se encajonaba en las montañas. El batallón cruzó el río Guacaica bajo la mirada atenta de los centinelas que impedían la fuga de los posibles desertores y de  los ranchos pajizos clavados en las lomas empezaron a salir muchachos y  ancianos y las mujeres cuya maternidad o los achaques las ponían a cubierto de las miradas lascivas de la tropa.

Según los informes militares no  fueron muchos los manizaleños que se unieron  a Braulio Henao; el honor de la batalla lo cedieron a los salamineños que por voluntad o por la fuerza iban a luchar por unos principios que no conocían y poco les habían servido para librarse de su endémica pobreza..

 

La guerra de 1840  había dejado  amargos recuerdos a los colonos;  ahora se repetía la dosis: les robarían el ganado y les arrebatarían  la comida y las frazadas, las escopetas de cacería, los lazos y los brazos y la vida de los hijos.

 

Días antes de la marcha hacia los  llanos del Tolima,  el comandante Henao ordenó a los alcaldes de Neira y Manizales la conformación de una comisión de notables cuya misión sería abastecer al batallón ; debían conseguir 23 toldos para 16 hombres cada uno, 4500 libras de panela, 6 arrobas de sal, 6 arrobas de chocolate y 4500 libras de bizcocho, además 60 bueyes con 20 peones, leña para cocinar, madera para armar las toldas y las reses necesarias para alimentar a los militares durante seis días.

 Fue una carga enorme para la comunidad, un atropello infame contra un campesinado escaso en número y sobrado en necesidades.

 
El batallón Salamina pasó por Manizales como la langosta. Por la cuesta de la Elvira siguió camino a Lérida, cuyos vecinos tendrían la desgraciada obligación de sostenerlo hasta que se uniera a la columna de Mosquera que marchaba desde el Cauca.

 
En agosto de 1854, dos meses después del desplazamiento de la tropa constitucionalista de Braulio Henao, un grupo de melistas encabezados por Francisco de Paula Albarracín trató de tomar el control de Manizales. Marcelino Palacio y  algunos gendarmes le hicieron frente, los pusieron en fuga y lograron capturarlos en el paso de “ Totumal” a orillas del río Cauca.

 

BRAULIO HENAO.

 
La vida de Braulio Henao fue un rosario de combates: Peleó contra Salvador Córdova en 1840, luchó en la guerra de 1850 y en 1854 lo encontramos comandando las fuerzas constitucionalistas de  Salamina, soñando con el honor y la fama en los campos de batalla.

 
Al avanzar hacia el altiplano Henao se mezcló con los antiguos enemigos caucano y el El blancaje paisa contrastó con el negro retinto de los patianos que acompañaban al general Mosquera. Las ruanas de lana, doblados sobre los morriones en las llanuras del Tolima volvían a desenrollarse  para abrigar a los maiceros mientras los ponchos harapientos de los tolimenses apenas les servían para encubrir la tiritadera que se acentuaba al acercarse a Bogotá.

 
Los constitucionalistas llegaron a la Sabana y al llegar a Bosa, el Alto Mando militar de la coalición de liberales y conservadores, ordenó a Braulio Henao y a su batallón Salamina situarse en el extremo de un callejón de pircas y atraer a los melistas para cercarlos por los flancos; pero el soberbio comandante paisa, en vez de retroceder para llevar al enemigo hasta la trampa, decidió hacerle frente, pues según dijo, el batallón Salamina nunca retrocedía.


Lo que pudo haber sido una victoria se convirtió en una carnicería de salamineños y en la prolongación de una guerra que pudo haberse terminado en Bosa.

martes, 10 de febrero de 2015

LA VALENTÍA DE FAUSTINO ASPRILLA


NOS SALIÓ BACHILLER

 

Alfredo Cardona Tobón

 


 

Mi amigo Hernán Martínez tiene un dicho  para calificar a quienes se salen del común y nos dan ejemplo de vida. “Nos salió bachiller”- dice para exaltar a un buen alumno-  “ Nos salió bachiller”- dice al calificar a Faustino Asprilla como un colombiano de bien, de pelo en pecho y corazón sin miedo.

 Faustino Asprilla no solo ha mostrado verraquera en las canchas y en la vida sino que está dando un ejemplo de valentía a todos nosotros los colombianos, que muertos de miedo, orinándonos en los calzones, dejamos que unos cuantos malnacidos acaben con este país, no nos dejen trabajar y arruinen el presente y el futuro de nuestros hijos.

El negro Asprilla como le dicen los que se creen blancos o venidos del sobaco del Padre Eterno, nos mostró que con valor civil  y con entereza podemos neutralizar a los antisociales. Ásprilla no se plegó a la extorsión ni a las amenazas sino que denunció y obligó a las autoridades a poner entre rejas a un bandido que estaba asolando a Tuluá.  Claro que tenía que ser Faustino Asprilla el denunciante, porque de otra manera las autoridades laxas, complacientes o cómplices, que va uno a saber, no hubieran hecho nada contra “Porrón” y  sus compinches. Porque si  hubiera sido un campesino desconocido, como el padre de los cuatro niños asesinados miserablemente en el Caquetá, nadie lo hubiera parado bolas.  Pues este pobre colombiano pidió protección a la fuerza pública y denunció las amenazas  y  nadie le prestó atención, hasta que le mataron a los cuatro muchachitos.

 
Este Asprilla tiene peso en las pelotas. Ojalá no lo dejen solo. Ojalá no sea el próximo mártir en un país donde a los buenos los dejan solos  y muchos encubren a los criminales. Buena por esa actitud de colombiano sin miedo, que si se pudiera clonar podría ser la salvación de una patria poblada por miedosos que no se la merecen.


ASPRILLA Y ‘PORRÓN’ / ARIETE


Por: 
GUSTAVO ÁLVAREZ GARDEAZÁBAL  ADN   febrero 9 2015


'FAUSTINO ASPRILLA, CON ENTEREZA SIN IGUAL, ENFRENTÓ A LA GENTE DE ‘PORRÓN’'.


Si en Colombia existieran más colombianos con el temple y la verraquera de Faustino Asprilla, nuestra gloria del fútbol, muy probablemente el azote de la extorsión que se campea por ciudades y veredas se habría terminado.
Faustino Asprilla, con entereza sin igual, enfrentó a la gente de ‘Porrón’, el diminuto extorsionador que por tres años mantuvo en jaque a las gentes de Tuluá y con su denuncia pública obligó a la Policía a recular en sus afirmaciones torpes sobre la inexistencia de ‘Porrón’ y consiguió que un cuerpo élite de esa institución, independiente del extraño influjo protector de que gozaba el extorsionador, le echara mano y lo pusiera a buen recaudo.

 

Por alguna razón a ‘Porrón’ nunca lo encontraba la Policía aunque a casi todos sus segundos o los pillaban con facilidad o los encontraban muertos. Algunos comandantes de la Policía Valle llegaron a decir que las denuncias sobre el éxodo que se precipitó en Tuluá, y que aquí denuncié varias veces, eran invención de mi calidad de novelista o se trataba de una franquicia para delinquir. Pero fueron donde Asprilla a exigirle el pago cara a cara (como siempre lo hacían) a nombre de ‘Porrón’ y el negro les resultó respondón, se negó a pagar y denunció a toda Colombia la situación de Tuluá. Él no se tragó el bochinche tulueño de que a ‘Porrón’ lo protegían desde una agencia norteamericana porque había permitido desmantelar muchas bandas narcotraficantes.

 

El resultado de su valentía es el que debemos aspirar a que se propague por toda Colombia. Las bacrim no pueden avanzar más. La batalla de la Policía debe ser contra ellas como pudieron hacerla contra ‘Porrón’. Civiles y uniformados podemos pararlas. @eljodario



 
 
 
 
 

lunes, 9 de febrero de 2015

MANIZALES- MARCELINO PALACIO


Alfredo Cardona  Tobón.

 


El 6 de noviembre de 1862  Tomás Cipriano de Mosquera entró a Manizales en medio de los vítores de su ejército. La ciudad estaba desierta. Sus dirigentes la  abandonaron con la excusa de no honrar con su presencia la llegada de los invasores. Don Marcelino Palacio permaneció en Manizales con el propósito de mediar o servir de puente entre los vencedores y la ciudadanía que quedaba a merced de los caucanos..

Corría el rumor de un levantamiento popular contra Mosquera .También se hablaba de los posibles  desmanes y saqueos de villamarinos y de las fuerzas de ocupación. El ambiente era tenso. Cualquier suceso trivial, como un "abajo" o una pelea callejera, podía desembocar en una tragedia. Don Marcelino habló con unos y con otros, serenó los ánimos y logró que los enemigos mantuvieran el control de las tropas sureñas.

Pasado el peligro, los notables  regresaron a la ciudad. Unos miraban a Don Marcelino como un hombre pantalonudo que arriesgó todo por Manizales; otros  recelaron de su conservatismo y pensaron, que  se había  "volteado"  o se había vendido a los radicales.

 

Meses después  el centro y el norte de Antioquia se rebelan contra el gobierno radical impuesto por Mosquera. Tras la derrota de Pascual Bravo en El Cascajo, Manizales se une a la revolución.. El 7 de diciembre de 1863 Manizales tumba al alcalde Antonio Ceballos y Pablo Jaramillo se proclama Jefe Civil y Militar .En la ciudad fronteriza se organizan tropas que atacan partidas liberales en Pácora e invaden a Villamaría , donde los radicales caucanos preparan un contraataque  contra los llamados Restauradores conservadores.

 

Los "Restauradores" necesitan recursos. Entonces exigen contribuciones forzosas a liberales y a conservadores indiferentes. A Don Marcelino le señalan una cuota de $200. Parece que lo tachan de desleal a la causa, pues aunque conservador no es muy amigo de la belicosidad de los  Jaramillos y Villegas. Como no cubre la demanda inmediatamente le  elevan  la  cuota a $400.

Don Marcelino no tiene dinero en efectivo;  en la administración anterior los liberales  lo esquilmaron  con otra contribución de guerra. Ofrece $300 representados  en ganado, un platanal y un corte de yuca que los "Restauradores" no aceptan. Sin tener en cuenta que es un fundador del  pueblo, hombre cívico y  conservador de reconocidos méritos , el Jefe Militar lo reduce a prisión y le obliga a trabajar como un peón raso en el campamento  de  Morropelao.

Sus enemigos se las cobran todas. Ya en el poder lo acusan de permanecer en Manizales  cuando entró Mosquera y de ausentarse de la ciudad el día del pronunciamiento en  favor de Pedro Justo Berrío.

"Si yo no hubiera estado en Manizales el día que entró Mosquera- escribe Don  Marcelino-  este pueblo hubiera sido víctima del batallón Bomboná. Mi delito consiste, pues, en haber evitado el saqueo del pueblo; este delito Sr. Gobernador es mi gloria"

"Es cierto que me ausenté de Manizales el día del pronunciamiento, pero por  qué me ausenté?-  Me ausenté por el temor de un conflicto entre los pronunciados y los vecinos de la Aldea de María. Mi delito consiste en no haberme resignado a ser víctima de los unos  o de los otros... pero si esto es un delito en mí, por qué  no lo ha sido en la multitud de ciudadanos que hicieron lo mismo?."

Don Marcelino tiene enemigos pero tiene más amigos  .Los Restauradores deben liberarlo  y  el nuevo régimen tiene que contar con su concurso pues es un hombre especial en medio de una comunidad de campesinos ignorantes.

 

El 5 de abril de 1877, tras la desastrosa guerra alentada por  Recaredo Villa, los caucanos  entran nuevamente a Manizales. El municipio necesita herramientas para atender las emergencias de un crudo invierno y de los dos severos temblores que en 1878 dejaron en ruinas  los edificios públicos. El Cabildo acudo a Don Marcelino que ni corto ni perezoso recoge armas inservibles y las lleva a la fragua de un amigo para que las conviertan en barretones. Nuevamente lo atacan sus enemigos acusándolo de inutilizar armamento . Tras una corta investigación la administración radical aclara los hechos y  deja con un palmo de narices a quienes pretendían perjudicarlo.

 

En 1882 una grave epidemia de viruela azota al Cauca. Villamaría está repleta de enfermos. Don Marcelino, ya viejo, recoge limosnas y ayuda con sus propios medios al sostenimiento de un modesto hospital en  el vecino municipio, donde se someten a cuarentena los infectados  impidiendo así  la  propagación  de la enfermedad en  Manizales.

 

Don Marcelino exploró el nevado del Ruiz, organizó el primer mercado en el caserío, gestionó con Mariano  Ospina Delgado  la creación del municipio, fue alcalde durante varios períodos,  promovió la educación,  ayudó a abrir caminos,  levantó haciendas ... No heredó distinciones ni privilegios: fue un líder nato que supo incrustarse en el corazón de Manizales y Villamaría.

Cuando se negoció los terrenos de Manizales con la Compañía González y Salazar, Don Marcelino fué  clave en las discusiones, que al final llevaron a feliz término un pleito con gravísimas repercusiones sociales. En 1855 los caucanos incomunicaron a Manizales. Don Marcelino acudió a las autoridades de Buga y las obligó a reconstruir el puente y  desbloquear los camino de acceso. Sus contactos con Cartago y los comerciantes del Valle del Cauca sirvieron para  informar de los movimientos armados que pudieran perjudicar a Manizales y al  Estado de Antioquia. Su correspondencia con el gobierno de Medellín indica la gran influencia que Don Marcelino tuvo en las altas esferas del Gobierno Estatal. 

 

Don Marcelino murió el 29 de noviembre de 1886, fue un acontecimiento luctuoso para todos los vecinos, especialmente para los más humildes, que vieron en el patriarca un defensor de sus derechos.

Sin duda fue un notabilísimo personaje del siglo diecinueve y un ejemplo para los manizaleños de todos  los tiempos.