martes, 10 de marzo de 2015

BALBOA- RECORDANDO A EMILIO GARTNER GÓMEZ


Alfredo Cardona Tobón
 
 

El ardiente sol del trópico  caía como cuchillos de fuego   sobre los europeos   que despertaban de una borrachera de aguardiente y coco en las playas de Santa Marta; esos aventureros de piel clara,  eran gente reclutada en  los puertos del Viejo Mundo  con la ilusión de conquistar  territorios  de ultramar llenos de oro y tapizados con piedras preciosas.

Muchos viajeros  sucumbieron al desembarcar en América, unos bajo los excesos de las frutas y las mulatas, otros víctimas de las enfermedades y los bichos;  algunos remontaron el río Magdalena, cruzaron la cordillera y llegaron a los filones auríferos de Marmato y Supía donde, aferrados a las lomas, convivieron  esclavos, negros libertos, lavadores de estaño de Cornweilles, paisas, científicos franceses e ingleses y  mineros alemanes.

A los barrancos de Marmato  llegó  Jorge Federico Gartner, un joven de raíces teutonas que  como centenares de ilusos venía tras el espejismo del  Nuevo Mundo. Este minero austero sin la vena borrascosa de otros europeos sobrevivió  a los embates del trópico y a  los cantos de las afroditas de ébano, pero quedó atrapado en las redes de Columna Cataño, una criolla de cabellera negra y miradas de fuego con quien formó la familia Gartner Cataño, tronco de los miles ciudadanos Gartner diseminados por toda la nación colombiana..

DE TAL PALO TAL ASTILLA

Como feroz opositor al contubernio  de la iglesia y los reyes en Europa, Jorge Federico abrazó las doctrinas del liberalismo radical colombiano y apoyó a su cuñado David Cataño en la lucha contra  la manguala del conservatismo con el clero.  En 1876 en el encuentro del “ Reventón”, entre Supía y Marmato,  cayó  abatido  Cataño . En  su diario Jorge Federico escribe con rabia :  ” lo mataron los malditos godos”,  haciendo eco al clamor de  los supieños  que, para entonces, eran más cercanos a su corazón que los propios alemanes.

He conocido numerosos descendientes de Federico y de Columna, entre ellos a  Emilio Gartner Gómez, un explosivo coctel de genes alemanes, caucanos y antioqueños, con quien adelanté algunos proyectos en veredas de Balboa.

Emilio nació en el año de 1906 en las tierras altas de Quinchía; tanto  Emilio como sus hermanos estuvieron   “moritos”, es decir sin bautizar, hasta que  el cura Gallón  por orden superior  los ungió como cristianos. Había un contrapunteo entre los Gartner y la Iglesia que los extrañó de los templos y los camposantos  pues los tildaban de liberales, ateos y comecuras. Hubo necesidad de que un Gartner llegara a un ministerio en Bogotá para que el nuncio apostólico les levantara el veto y los curas de estas parroquias los contaran   dentro de su grey.

La lucha por la vida llevó a Emilio Gartner Gómez por muchas sendas; fue agricultor, fotógrafo y comerciante. Al fin ancló en la empinada aldea de Balboa. Allí sin tener tierras se convirtió en el adalid de los campesinos y sin ser político fue el vocero de la comunidad balboense. Emilio fue  el promotor de un internado de niñas campesinas,  impulsor del acueducto de  Peñas Blancas, miembro del Comité Municipal de Cafeteros  y  del Comité de Cafeteros de Risaralda; además  de lo anterior fue concejal, asesor de las Juntas de Acción Comunal y perteneció a todas las juntas cívicas y de beneficencia de la localidad.

Cuando Pereira impulsó la segregación de Caldas, Emilio se convirtió en un gran opositor a la separación  como Efraín Gartner y Mario Gartner Tobón… todos ellos con una afinidad sentimental  con Manizales, nacida de la antigua alianza entre los Gutierrez del Sur de Antioquia y los Gartner del norte caucano.

Una vez creado el departamento de Risaralda, Emilio aceptó el nuevo orden de las cosas y luchó por la integración de la   comunidad   dentro de Risaralda  y no por gabelas, dádivas o puestos sino porque  su único afán era el progreso de .Balboa.

UN HOMBRE TEMPLADO

Emilio sufrió todos los rigores de la violencia  desatada en el occidente del Viejo Caldas, de puro milagro salió ileso  en medio de la “pajaramenta” que asoló la región. Durante unos meses buscó refugio en La  Virginia y cuando en tiempos de Rojas Pinilla el temporal amainó , regresó a Balboa donde continuó atendiendo su almacén de telas.

Una tarde de agosto de 1992 los campesinos de Balboa marcharon  con pancartas por la única calle del pueblo para hacer visible  su situación desesperada a causa de la broca que asoló los cafetales, arruinó las cosechas y llevó hambre a los hogares. La gente protestaba por la aparente desidia de la Federación de Cafeteros que no parecía enfrentarse a la crisis.; los almacenes de Balboa cerraron en apoyo a los manifestantes,  también los negocios de comida y bebida, pararon los choferes y los carniceros… es decir el pueblo entero se paralizó.

Aunque Emilio  sufría al igual que los campesinos no podía acompañarlos pues en ese entonces era miembro del Comité departamental  y parte de  la Federación  de Cafeteros.  La multitud enardecida   cruzó por frente del negocio de Emilio, que era el único abierto en Balboa; tres individuos trataron de cerrar sus puertas , pero los demás impidieron que lo hicieran y la manifestación continuó la marcha sin irrespetar al distinguido anciano .

LA DESPEDIDA DEL PATRIARCA

Emilio llegó a Balboa en  el año de 1930 y la dura situación económica del municipio lo empujó hacia Cali en 1994; fueron  64 años de servicio a una tierra que lo acogió como un hijo dilecto; todas las grandes obras de Balboa pasaron por sus manos: fue gestor, interventor y motor en tiempos difíciles. Estaba pendiente del hospital, de las vías veredales, de los acueductos…

 Al almacén de Emilio llegaban los labriegos a pedir consejo, a solicitar ayuda, a mediar ante el Comité de Cafeteros o ante la administración municipal. Emilio sentía a Balboa como propio  y le dolía como si fuera suyo.

Con la salida del patricio terminó una era y soplaron los malos tiempos:  se acabó el Centro de la Mujer Campesina, le dieron la espalda al Asilo de Ancianos y Balboa se quedó sin representación en el Comité Departamental de Cafeteros.

Emilio murió en Cali en julio de 1997 como  pájaro enjaulado, añorando el balcón desde donde  admiraba los amaneceres del Valle de Risaralda. Una placa de bronce con su  nombre  honra un salón  del Edificio del Café en Balboa y  el Acueducto de Peñas Blancas tiene el nombre de Emilio Gartner Gómez.  El paso de don  Emilio fue una bendición para el municipio de Balboa. Fue un hombre recio, bueno y servicial  que la comunidad   no podrá olvidar fácilmente.