viernes, 20 de marzo de 2015

LOS GALÁN PACHÓN Y OTROS DELFINES


FAMILIA GALÁN PACHÓN – GALÁN SARMIENTO

 POR: ABELARDO DE LA ESPRIELLA


                                        Juan  Manuel Galán

A pesar del paso del tiempo y de los aires progresistas que imprime la modernidad, la nuestra sigue siendo una sociedad feudal, en la que los honores, puestos y reconocimientos se heredan, al mejor estilo de una monarquía. Para que una persona logre alcanzar representatividad, el mérito propio es la excepción, cuando debería ser la regla general. En Colombia hay una serie de élites que se creen por encima de todo y que consideran que tienen un derecho ‘divino’, adquirido que los hace superiores al resto de los mortales.

Si hay una familia que represente ese estilo de aprovechamiento y ventajismo es la de  los Galán Pachón. Desde que Luis Carlos Galán, el líder del Nuevo Liberalismo, fue asesinado por los ‘extraditables’, su viuda, hermanos, vástagos, cuñadas y todo aquel que haya tenido parentesco con el caudillo, hasta en un sexto grado de consanguinidad, han pelechado del Estado sin más pergaminos que el ADN en común con el inmolado político.

El asesinato de Galán nos ha costado mucho a los colombianos, y no me refiero a la pérdida moral, sino al exorbitante gasto en recursos públicos, que ha significado mantener a su numerosa familia en posiciones privilegiadas de la estructura estatal: embajadas, consulados, ministerios, consejerías, Congreso y ahora, para acabar de completar, contratos multimillonarios que solo se les pueden adjudicar a dedo a los miembros de ese ‘selecto’ grupo.

El valiente y acucioso periodista Norbey Quevedo publicó en El Espectador un informe sobre el divorcio del senador Juan Manuel Galán, y se le vino el mundo encima, pues nadie puede cometer la osadía de señalar a ‘los intocables’. Carlos Fernando, también senador (se dan el lujo de ser congresistas por distintos partidos), salió en defensa de su hermano y tildó de irresponsable al curtido comunicador. La verdad es que Quevedo no hizo una crónica social o farandulera, como quisieron los Galán hacerlo ver: lo que quedó en evidencia con esa publicación es que, posiblemente, Juan Manuel Galán utilizó sus influencias con Cristina Plazas, directora del ICBF, para que la solicitud de custodia que hizo sobre sus hijos se tramitara en tiempo récord.

Pero no solo son los puestos o el uso indebido del poder, también hay grandes contratos. Los Galán tienen una ‘fundación’ dirigida por Maruja Pachón, que ha firmado acuerdos con el Departamento Administrativo para la Prosperidad Social, entidad adscrita directamente a la Presidencia de la República, por la bicoca de $114 mil millones, en los últimos dos años; contratos que tienen por objeto desarrollar distintas actividades de capacitación y que, como era de esperarse, los mismos fueron entregados sin que mediara licitación pública. Como lo señaló acertadamente el periodista Juan Carlos Pastrana: “Los recursos entregados por el gobiernos a la fundación Galán equivaldrían al 60% de la inversión anual de Colombia en ciencia y tecnología”. ¡No hay derecho, qué desfachatez!

Los Galán no tienen límites y van por todo. Acaban de sacar del Consulado General de París a Daniel García Peña, e hicieron nombrar ahí al menor del clan: Claudio. Carlos Fernando se cree el dueño de Bogotá y está haciendo todo lo posible para ungir a un candidato de sus afectos para la Alcaldía, y en ese proceso está tratando de cerrarle el camino a Rafael Pardo. En fin, creo que los Galán son la antítesis de su padre.

¿Hasta cuándo seguiremos los colombianos, subsidiando de nuestros bolsillos los caprichos y costosos gustos de los hermanitos Galán? Hasta donde sé, ni ustedes ni yo, mis queridos lectores, matamos a Luis Carlos Galán, no podemos responder por eso, y, sin embargo, nos ponen a pagar por ese crimen.

La ñapa: ¿Qué pasó con la candidatura a la gobernación del Atlántico de Guillo Polo? ¿Por qué salió corriendo? Es hora de que aclare y dé la cara.

Los intocables II

POR: ABELARDO DE LA ESPRIELLA

Les ha dolido en el alma a los hermanitos Galán Pachón que los periodistas Norbey Quevedo, de El Espectador; Gustavo Rugeles, de Las 2 Orillas, y el suscrito hayamos puesto en evidencia, ante la opinión pública, algunos de sus procederes, que distan mucho de la supuesta ideología que dicen representar. Los hijos de Luis Carlos Galán viven del cuento de la muerte de su padre y se muestran ante la opinión pública como los adalides de la moral y de las buenas prácticas políticas.

En el caso de Norbey Quevedo, le cayeron como una aplanadora. El mismo director de El Espectador, Fidel Cano, en un acto lamentable para la libertad de prensa, censuró a través de un video a Quevedo, cuestionando que este hubiese incluido, en la nota sobre el divorcio de Juan Manuel Galán, aspectos tan personales como que el honorable senador pretenda quedarse con gran parte del apartamento que le regaló a su exmujer el padre de esta.

No es cierto, como quieren hacerlo ver los Galán, que Cano haya reprochado a Quevedo por evidenciar el posible tráfico de influencias que se habría dado en el trámite de la custodia de los hijos menores de Juan Manuel ante el ICBF. La molestia del director de El Espectador se centra en la divulgación de asuntos que, a su juicio, corresponden a la esfera de la intimidad del senador. Se equivoca Fidel Cano: los hombres públicos no tienen vida privada, y no pueden ser, como decían las abuelas, oscuridad para la casa y claridad para la calle. La coherencia debe regir todos los comportamientos de quienes dicen representar a la sociedad.

A Gustavo Rugeles, los Galán Pachón le radicaron una rectificación en las instalaciones del portal Las 2 Orillas. El mismísimo Carlos Fernando Galán se presentó, intimidante, con un nutrido grupo de escoltas al reconocido medio. Fue Rugeles, precisamente, el valiente periodista que se atrevió a divulgar los exorbitantes contratos adjudicados a dedo por el gobierno de Santos a la Fundación Galán ($114 mil millones en 2 años). La representante legal es Maruja Pachón, y uno de los miembros fundadores es Claudio Galán. A diferencia de Quevedo, Rugeles cuenta con el respaldo de la directora del medio en el que labora.

‘Los Intocables’ también piden que rectifique mi artículo de la semana pasada (http://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/los-intocables-185035) no tuvieron el valor, eso sí, de hacerlo directamente, pues no se atrevieron a llegar hasta mis oficinas; mandaron la solicitud a uno de los tantos medios en que se publica esta columna. Al respecto, debo señalar que me ratifico en todas mis opiniones y hago las siguientes adiciones:

Los Galán han pelechado del Estado incesantemente: Alfonso Valdivieso, primo de LCGS, ministro de Educación, fiscal General y candidato presidencial; Augusto Galán, hermano de LCGS, ministro de Salud; Antonio Galán, hermano de LCGS, gerente de la ETB, concejal de Bogotá y constituyente; Alberto Villamizar, concuñado de LCGS, senador, zar antisecuestro y embajador en Nueva Zelanda; Maruja Pachón, cuñada de LCGS, ha sido ministra de Educación y diplomática; Andrés Villamizar Pachón, hijo de Maruja, fue hasta hace poco el director de la Unidad Nacional de Protección; Claudio, el menorcito, cónsul en Hamburgo y ahora en París, y doña Gloria, su madre, ha tenido también más puestos que una buseta.

Los que hoy se rasgan las vestiduras son los mismos que trataron de esconderle al mundo que Luis Carlos Galán, el “héroe nacional”, embarazó a la empleada del servicio y nunca en vida reconoció a su hijo, Luis Alfonso Galán Corredor.

Lo del posible tráfico de influencias y el manejo adecuado de los recursos de la Fundación Galán tendrá que definirlo la justicia. Por ello presentaré en los próximos días sendas solicitudes en ese sentido. A mí no me amedrentan ‘los Intocables’. “Ni un paso atrás siempre adelante,” como dijo el caudillo, porque, si hay una organización más nefasta que el narcotráfico, es la del cartel de los delfines.


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NOTA DE ALFREDO CARDONA TOBÓN

Al caso Galán Pachón sumemos los demás delfines:

1-  A Simón Gaviria, hijo del expresidente Gaviria que pasó derecho al Congreso, fue Director del partido Liberal y ahora es el director de Planeación nacional. Es una carrera meteórica imposible para cualquier otro mortal, así fuera el genio más extraordinario de Colombia.

2-  Andrés Pastrana- hijo de otro expresidente- Lo mismo que Simoncito no tuvo que  empezar desde abajo, pues todo lo encontró servido. El afortunado Andrés, de presentador de noticias pasó al Congreso y luego a la presidencia.

3-  El finado Alfonso López Michelsen- Un hedonita buena vida que al igual que Andresito heredó la presidencia.

Esos son los delfines mayores. En la política regional y de parroquia sucede lo mismo. Vemos  que a los senadores y representantes  los suceden hijos y parientes y lo mismo ocurre con alcaldías y concejos. Dirán que lo mismo ocurre en USA.¡ ¿ Pero quien quiere la democracia gringa?

 

Estamos llevados del diablo con esta gente que tiene todos los privilegios y distinciones empujados por lambetones imbéciles elegidos por un pueblo resignado y castrado .

 

jueves, 19 de marzo de 2015

JEFES Y JEFECILLOS


Alfredo Cardona Tobón
 
 

Cuando Yavé dijo al pobre Adán: “ ganarás el pan con el sudor de tu frente”, solamente esbozó una parte de la maldición bíblica  que acogotó a sus descendientes, quienes además de remojar los surcos con su esfuerzo tenemos que soportar la agobiante carga de los jefes.

En mi largo peregrinar por este valle de lágrimas buscando aquí y allá el modesto sancocho, he tenido que torear innumerables jefecillos. Es tal mi experiencia en este campo que la Universidad de la Vida me expidió el título: “ Magister  en lidia y aguante de mandones y especímenes similares”.

En  honor a la  verdad las experiencias han sido tan amargas y tan profundas las cornadas en los ruedos laborales,  que como los amantes desengañados ya no creo en ningún jefe y evito tener uno fijo.

Cuando se habla de la libertad y del respeto por las personas me dan ataques de risa y me burlo de la Constitución y de las organizaciones de derechos humanos cuando pienso en los supervisores, en los gerentes y superintendentes…. dueños y señores de la vida de sus colaboradores inermes.

Muchos de esos amos son peores que los esclavistas negrero y su tiranía es tanta que  persigue a las víctimas hasta la intimidad de la alcoba, no habiendo talanquera, ni ley ni sindicato que los detenga.

Cuando se llega  a casa con el ceño fruncido, la cabeza baja y todo por el suelo, póngale la firma que todo ello es culpa del jefe y cuando  el agobiado laborante sonríe como un  idiota sin motivo aparente, fue porque el abusivo  soltó el látigo esa tarde y se dignó saludarlo o le dio una  palmadita en la espalda;  a tal extremo llega el poder del jefe que alegra o entristece hasta las horas libres del subordinado. 

CLASES DE JEFES

Los hay de todos los tamaños, colores, sexo y estilo. Se encuentra de todo como en botica. Como caso excepcional se encuentra un jefe bueno, unos pocos son paternales; la inmensa mayoría son chupasangres y  existen los invisibles, cuya presencia apenas se presiente en el trabajo.

En mi trajinar por el ancho mundo he sufrido todo tipo de jefes; algunos quedaron  en el olvido, excepcionalmente guardo uno o dos e mi corazón y otros esperan turno  para fusilarlos apenas triunfe una revolución  proletaria. Entre todos ellos  recuerdo al ingeniero Luis Calero, superintendente de Paz del Río, que sin darme tiempo de desempacar la maleta me ordenó que  trajera la Stellita. Yo, un pobre y semianalfabeta pichón de ingeniero, creí que necesitaba a Estelita, una hermosura de secretaria; así pues,  la saqué de la oficina y la llevé adonde Calero, que entre las risas de los mecánicos me mostró la enorme diferencia entre Estella, el pimpollo de secretaria y unas barras de acero especial denominado Stellite.

En Cartagena, en la planta de Abocol, tuve por jefe un tal Manuel Martínez. Era un Calígula que me mantenía al trote desde las seis de la mañana hasta las nueve de la noche. Cuando  por fin me retiraba de la planta en Mamonal y me dirigía a mi casa en Turbaco, en mitad del camino sonaba el radioteléfono para citar a una reunión para hablar de cualquier pendejada casi a media noche. Ese fulano de tal se especializó en interrumpir los  paseos a la playa y  en los días de fiesta  hacía sonar el radioteléfono en el momento de la elevación en la misa o en las horas de la siesta cuando estaba de lo más bueno con mi esposa.

LA SUFRIDA CLASE TRABAJADORA

Por muchos años envidié a los rentistas, a los vagos con plata y a los intelectuales que a fuerza de hambre y privaciones olvidaron las necesidades de este mundo. Uno alquilado  pasa por las verdes y las maduras y  tiene que apurar hasta el trago más amargo. En mis años mozos sin llanta ni canas, en la flor de la lasciva juventud, hacía mis levantes en Medellín; era aventado y pedigüeño hasta que me traumatizó  la directora del colegio donde yo daba clases de química. Una tarde,  de cuya fecha no quiero acordarme, la directora regordeta, bizca y sin aroma me arrinconó en el cuarto de las trapeadoras y yo ruboroso y angustiado, tembloroso y con miedo a perder la chanfa, no atiné a defenderme de semejante abuso. Haciendo de tripas corazón cerré los ojos e imaginé que estaba retozando  con Marta Pintuco.

El caso más sorprendente me ocurrió en Manizales con el peor jefe de todos, un salamineño, bruto y aliñado de nombre Edgar Echeverri  Gómez.  Ese señor, que alcanzó una alta posición en la Federación de Cafeteros,  me volvió invisible e insonoro, en forma tan crítica y aterradora, que aún hoy,  me despierto sudoroso y me tocó para cerciorarme de que ocupo un espacio en el mundo. Yo maliciaba, desde tiempo atrás,  que no era de la devoción de ese calvo agropecuario, pero no pensé que su aversión fuera tanta, como para inventarse  un método de hacerme desaparecer sin borrarme de la nómina. Le quedó tan perfecto el sistema que por más fuerte que yo hablara no me oía y las veces que lograba llegar a su oficina para solicitar algo no  detectaba mi presencia, pues conversaba con su secretaria a  través de mi humanidad  como si yo fuera un vidrio transparente.

UN ARTE DIFÍCIL

Manejar  a los jefes es un arte complicado; deberían dictarse cursos para aprender a darles gusto y conservar el puestico. En FUTEC,  una desaparecida metalúrgica de Medellín, pensé que hablando duro y maltratando a  mis colaboradores  me  convertiría en un jefe exitoso. Aún tengo remordimiento de esa etapa negra de mi vida. Casi me echan por detestable, pero al cambiar de trabajo la luz llegó y me fui para el otro extremo:  Al ocupar la gerencia de Planta en Siderúrgica del Muña me convertí en una madre… y me fue peor,  pues  por defender a los trabajadores de un españolete, dueño y jefe supremo,  me gané  la animadversión de los explotadores que a los pocos meses de entrar me echaron de la empresa por blandengue.

En la Fábrica de Muebles de Palmira , el jefe y dueño Héctor, Rodríguez, no permitía que se moviera una silla sin su consentimiento.  En una ocasión me atreví a reformar un secador de madera sin su venia. Eso fue una tragedia. - ¿Qué es esto Jesucristo?- Exclamó indignado, como si hubiera malogrado un gran invento, ignoro si mandó desbaratar lo que yo había hecho , porque ese mismo día presenté mi renuncia irrevocable. ¡ Dichosos días aquellos sin responsabilidad ni bocas para mantener¡.

En CIMETAL , otra empresa metalúrgica de Bogotá, el jefe no intervenía para nada; “ Usted es el técnico me dijo-  No me miente fierros ni latas, yo administro la plata y usted se encarga del resto-  Eso sí- me dijo- no me coloque viejas feas ni cismáticas..”. Lo mejor que  hizo en su vida Edgar Betancur fue contratarme, pues convertí un empresa quebrada en un exitosa compañía y las oficinas en  su harén con un muestrario  de bellezas

QUE HACER DIOS MIO?-

Para no caer en desgracia con el jefe se deben observar varias normas:

 En el  sector oficial o en las universidades  debemos acomodarnos a los planteamientos políticos del mandamases. En el sector empresarial no debemos prestarle plata al jefe; corremos el riesgo de que nos eche si le cobramos la cuenta.   Tampoco debemos presentarle las amigas, pues nos tildará de celestinos  y si su mujer de da cuenta nos hará echar  por corromper al marido.
Es necesario hacer creer al  jefe que usted no le llega a los tobillos en  erudición y conocimientos...  y ojo, mucho ojo...  tenga muchísimo cuidado de no hablar mal del jefe  pues todo lo que diga podrá ser empleado en  su contra por los lambones que quieren su puesto. Cuidado con los vitrinazos, es un riesgo salir en la prensa o en la televisión; no publique ni avisos funerarios, recuerde que los segundones no tienen libertad de expresión y por ningún motivo llene cuestionarios con el objeto de mejorar la marcha de la empresa, es peligrosísimo pues por cualquier observación lo tildarán de resentido, desleal y comunista.

CONSIDERACIONES FINALES

Al buscar trabajo húyale a los gringos, esos como el senador Uribe Vélez solo piensan en trabajar y trabajar y desconocen los viernes culturales, el lunes del zapatero, la Semana Santa, el Carnaval del Diablo, la Feria de Manizales, la salida de la suegra etc... etc.

Si aspira a portero, barrendero o mensajero húyale a las entidades estatales… acuérdese que esos puestos son los primeros que declaran insubsistentes en los cambios de gobierno.

Témale a los antioqueños y a los costeños, para los primeros los únicos que sirven son sus paisanos y los otros aborrecen a los cachacos.

Por último: si se tiene la dicha de tener un jefe medio regularcito hay que cuidarlo  y cepillarle todo el tiempo.. y si el jefe es malo, que es lo normal, como buen cristiano  recuerde que está pagando cuotas del purgatorio para que cuando muera pueda administrar alguna seccional  en el ala donde duermen las doce mil  vírgenes.

lunes, 16 de marzo de 2015

LOS MANIZALEÑOS Y EL BATALLÓN ZAPADORES


Alfredo Cardona Tobón*

 

Comparado con el Manizales del siglo XIX la ciudad actual  se ha aplanado, ahora vemos zonas llanas y numerosas calles con suaves pendientes. Esa transformación  ha sido una labor tesonera que cambió la cara de una ciudad que en 1878 tenía la forma de una enjalma con  dos calles broncas que constituían el lomo y a los lados voladeros con ranchos parados en zancos.

Los fundadores aplanaron el lote para la iglesia y el coronel cundinamarqués Valentín Deaza Zamora con su  “Batallón Zapadores” banqueó a pico y pala el sitio del “Guayabo” donde empezó a gestarse el  “Parque Caldas”. Con estas dos obras empezó a desarrugarse  la aldea y a convertirse en una ciudad trepada en un collado con inverosímiles zonas horizontales..

El “Batallón Zapadores”  de antaño, con el moderno “Batallón Ayacucho”  están cosidos a la historia manizaleña por sus obras sociales y el apoyo a la  comunidad en horas aciagas. El Batallón Ayacucho ha contado con el apoyo de todos; en cambio el Zapadores concitó el rechazo de los manizaleños que vieron en ese cuerpo militar caucano la quintaesencia de los invasores sureños.

LAS CAMPAÑAS DEL BATALLÓN ZAPADORES

Después de la batalla de “Los Chancos,” cerca de la localidad vallecaucana de San Pedro, los antioqueños retrocedieron hacia  su Estado seguidos de cerca por los liberales caucanos. Tras algunas escaramuzas a lado y lado del río Otún,  los paisas continuaron su retirada hacia la frontera.

 El “Batallón Zapadores” comandado por Jorge Isaacs cruzó el río Otún,  bajo el mando del coronel Valentín Deaza tomó la vanguardia y el 22 de febrero de  1877 en el sitio de “La Cabaña” chocó con las tropas que defendían a Manizales. Fue un sangriento combate que dejó en el campo diez caucanos muertos  y los  cadáveres de cuarenta antioqueños, entre quienes  se contó al valiente general Francisco Jaramillo.

La ofensiva de los liberales caucanos continuó mientras los conservadores de Antioquia retrocedían y se atrincheraban en las cercanías de Manizales. El 6 de abril de 1877 se empeñó  el combate y correspondió al “Batallón Zapadores” la toma de Morrogordo y  del Canasto, sitios donde pereció la flor y nata de la tropa marinilla  y los caucanos mostraron su enorme capacidad de lucha.

Una vez ocupada la ciudad de Manizales,  el “Zapadores” junto con tropas liberales de Antioquia, se encargaron del control de  la ciudad.   A partir de entonces  menudearon los incidentes entre los soldados del “Zapadores” y la gente del pueblo que no perdía oportunidad de  agredirlos.  El 26 de diciembre  de ese año, como a las seis y media de la tarde, un grupo de civiles atacó una patrulla del “Zapadores” y se armó la trifulca. Se trató de inculpar a la tropa pero el coronel Valentín Deaza salió en defensa de los suyos en un informe a los superiores  donde justificaban la reacción de los militares argumentando que “con gente de mala índole y aspiraciones bárbaras, no se puede transigir en forma alguna.”

EL “ZAPADORES” EN  HORAS ACIAGAS

En la noche el 9 de febrero de 1878 un fuerte temblor destrozó gran parte de las edificaciones manizaleñas, fueron sesenta segundos  de terror: los ranchos cayeron como  si fueran cartas de baraja, se averiaron gravemente el frontispicio de la iglesia, la  Casa Consistorial y la escuela de niñas,  se hundieron calles y se derrumbaron barrancos y terraplenes.

 En esos trágicos momentos, los habitantes de Manizales, dominados por el terror y la impresión abandonaron sus hogares; fue entonces cuando el “Batallón Zapadores” rescató a los heridos, sacó de los escombros a los muertos y montó guardia para que los saqueadores no acabaran de arruinar a los damnificados.

Como si no bastara la guerra y los terremotos, al empezar el año 1879, una enorme manga de langosta asoló los cultivos en Manizales. De inmediato el coronel Valentín Deaza con  los soldados del “Batallón Zapadores”  abrió zanjas y arriaron los pichones de langosta hasta los huecos donde les prendieron fuego; fue una labor dispendiosa y agotadora que  salvó a los vecinos de una hambruna como la  que sufrieron los habitantes del norte  del Cauca.

MÁS CONFLICTOS  EN LA CIUDAD

En enero de 1879  rebeldes conservadores apoyados por el clero se levantaron en armas en Manizales.  A las tres de la tarde del 29 de ese mes los insurrectos atacaron al “Batallón Zapadores”  en las faldas de la quebrada Olivares.  Después de media hora de combate y con el auxilio de los batallones Alzate y  Rifles  y la policía local, se logró desalojar de sus posiciones a los alzados en armas.

 El 3 de febrero el “Zapadores” chocó de nuevo con  los revolucionarios en Alto Pelado y en el sitio de Abejorral y tras estas acciones valerosas,  la tropa caucana se integró a la Primera División que combatió en Salamina y  venció las fuerzas de Cosme Marulanda.

Pese a los esfuerzos de  Valentín Deaza, fue imposible acercar el “Zapadores” a la comunidad y a  otras unidades militares de origen paisa. El seis de septiembre de 1880   algunos militares del Batallón No. 12 de la Guardia Colombiana atacaron  el cuartel del Batallón Zapadores maltratando a  tres soldados que prestaban guardia en esos momentos y a dos enfermos que  se reponían mientras sus  compañeros  trabajaban en obras públicas de la ciudad. Fue una acción injustificable entre dos unidades que servían al gobierno liberal, motivada por los celos regionales, pues el Batallón No. 12 estaba compuesto por paisas y el “Zapadores”, como se ha dicho , era una fuerza caucana.

Sea invasora o no, la tropa del Zapadores debe recordarse por su ayuda en los terremotos, en inviernos, en la lucha contra la langosta, en su trabajo en obras públicas. Al igual que el actual Batallón Ayacucho, el  Batallón Zapadores por todos lo anterior y por su valor en el combate se ganó su lugar en la historia manizaleña.

 
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