lunes, 20 de abril de 2015

LAS CARRETERAS HACIA IRRA


Alfredo Cardona Tobón
 
 

El director de Planeación de Risaralda   confirmó que en el presupuesto vial aprobado por la Nación  hay una partida de doce mil millones para ampliar y pavimentar  la vía entre Quinchía y su corregimiento de Irra. Es una noticia que debe alegrar a todos los risaraldenses, pues esa obra rebasa el interés local al ser la entrada al Departamento desde  la autopista que unirá a Medellín con el suroeste de Colombia.

UNA TELARAÑA VIAL

En la carretera  Mistrató-El Jardín  valdría considerar una conexión entre Mampay y la vereda guatiqueña de Alturas,  que conectaría la vasta  región  del Chamí con  el centro del país  pasando por el corregimiento de Irra. Sería un paso importante en el desarrollo de la parte más deprimida del departamento de Risaralda. Además, se daría un inmenso valor a Irra, adonde convergirían también los municipios de Riosucio por la vía de Mápura, Anserma por la Bendecida, Neira y la zona del kilómetro 21 de Manizales.

Es importante la conexión  Irra-Quinchía; sin embargo,  para desarrollar el norte de Risaralda se debe pensar en un gran  proyecto que incluya a Guática, a Mistrató y a los municipios caldenses interesados en una rápida conexión con la autopista y con el tren que  unirá a Medellín con Buenaventura.

 Durante la llamada colonización antioqueña, una de las rutas  hacia el Estado del Cauca partía del Jardín y continuaba por el  paso de Ventanas, donde se bifurcaba hacia Arrayanal (Mistrató) y hacia Barroblanco en cercanías de Guática.  Por allí trasegaron los pobladores de las Lomas de Tatamá hasta que la carretera por La Pintada acabó con la arriería de la zona y el monte se tragó el viejo camino.

En 1878  el ingeniero Roberto White en busca de una salida de Antioquia hacia el océano Pacífico, recorrió la zona y trazó un camino que iba de la población de  Andes hasta Mistrató, siguiendo una trocha de los nativos de Guática que en época de la Colonia establecieron cultivos en el sur de Antioquia.

A mediados del siglo pasado se abrió una carretera entre Riosucio y El Jardín para dar trabajo a los reinsertados de las bandas criminales de la zona; pero es una vía de pésimas especificaciones por donde solo cruzan los yipes. Planeación Departamental debiera  estudiar la ruta Mistrató-El Jardín y también una posible vía  entre Mistrató y Andes para que no ocurra lo  de Riosucio.

 

 La CARRETERA  QUINCHÍA – IRRA

Hace unas décadas se pavimentó el tramo  Quinchía-Naranjal y se perdió la inversión por falta de mantenimiento. Ahora se pretende ampliar la vía y asfaltarla hasta Irra. Esta obra es lo más importante que le sucederá a Quinchía  y a las comunidades que comunicará con Irra y con la cabecera municipal. Las vecindades están pobladas por campesinos de ancestro umbra, algunos de quienes se comunican en su lengua indígena, que es la única que sobrevivió entre las centenares habladas por los antiguos habitantes de Risaralda.

La carretera pasa por las zonas mineras, por fuentes de sal, por caseríos con ricas muestras de artesanías y por veredas con producción tecnificada de panela y con cultivos de cafés especiales. En la vereda de Mápura,  en unas piedras cercanas a la carretera están estampadas  las huellas gigantescas del dios Xixaraca y de la diosa Michua. Al fondo corre el  río Cauca y enmarcan el paisaje los cerros Batero y Picará, que fueron santuarios indígenas. Por allí el cacique Chiricha combatió al conquistador Badillo y Cananao se unió a Jorge Robledo. Es una zona plena de historia y de leyendas, donde se libró la batalla de Batero entre caucanos y antioqueños y la de Miracampos  entre liberales radicales e independientes.

 Con la carretera entre el suroeste antioqueño y Mistrató y la de Quinchía a Irra con conexiones a Guática, se puede vislumbrar un futuro mejor y el cumplimiento de las promesas que los pereiranos le hicieron a esos municipios cuando buscaron su apoyo para crear el departamento de Risaralda.