lunes, 15 de junio de 2015

LA OCUPACIÓN ANTIOQUEÑA DE LOS RESGUARDOS INDÍGENAS


Alfredo Cardona Tobón
 
Quinchía a principios del siglo xx 

PONENCIA PRESENTADA POR LA  ACADEMIA PEREIRANA DE HISTORIA EN EL CONGRESO SOBRE COLONIZACIÓN ANTIOQUEÑA, ORGANIZADO POR LA ACADEMIA ANTIOQUEÑA DE HISTORIA- JUNIO 12 DE 2015-

Además de derribar selva para abrir cultivos y sostener la familia, de luchar por un pedazo de tierra en los latifundios del sur de Antioquia y en el Quindío, de la explotación del hombre por el hombre en zonas mortíferas donde cada estacón señalaba la tumba de un labriego pobre, de fundar pueblos, abrir caminos y hacer florecer la patria en lo que fue el Viejo Caldas, norte del Tolima, norte del Valle y un pedazo chocoano;  además de todo lo anterior, que forma parte de la llamada Colonización antioqueña,  debemos  incluir la ocupación soterrada, muchas veces violenta y mañosa, de los paisas que entraron a los resguardos indígenas del norte caucano  y se quedaron con sus tierras y sus minas.

Es un capítulo poco estudiado, cuyos episodios aún están vivos en los archivos apolillados de los municipios de Riosucio, Quinchía, Anserma y Supia.

 

En las concesiones de Aranzazu y de Ramos al llegar el siglo XIX  no existían resguardos indígenas y en el noreste caucano, en cercanías de Cartago solamente persistía el resguardo de Pindaná de los Cerrillos. Eran selvas casi deshabitadas donde plantó su huella el antioqueño después de la desaparición de los  quimbayas y demás nativos  que poblaron esos vastos territorios.

En  la banda izquierda del rio Cauca, entre el rio Arquía y el Cañaveral, al empezar el siglo XIX estaban los resguardos indígenas de Marmato, Supia, La Montaña, Quiebralomo, Pirsa, Quinchía, San Lorenzo,  Guática, Tachiguí y Tabuyo. Era, pues, una zona poblada, con vieja historia, cultura caucana y numerosos poblados entre los cuales sobresalían  Supia, Quiebralomo, La Montaña  Quinchía y Guática.

LOS PRIMEROS ANTIOQUEÑOS EN LA BANDA IZQUIERDA

Como lo afirma Boussingault en sus memorias,  mineros antioqueños llegaban a trabajar por temporadas, hacia el año 1825, en las minas de Marmato; permanecían un tiempo y luego regresaban a su tierra sin  establecerse en la zona.

Los primeros paisas que entraron para quedarse en la zona lo hicieron por la tierra fría del Resguardo de La Montaña. Fueron barequeros y  ganaderos que con la aquiescencia de las autoridades del Cantón de Supia ocuparon tierras ajenas pertenecientes a los indígenas de La Montaña y por el año de 1843 fundaron el caserío de Oraida, que fue erigido en Aldea en septiembre 30 de 1854.  Los primeros pobladores de Oraida llegaron de las poblaciones de Andes, Támesis, Carmen de Viboral y de Marinilla con apellidos Jaramillo, Naranjo, Navarro y Hoyos.[1]

Con centro en Oraida, los antioqueños se fueron desplazando por el espinazo de la Cordillera Occidental  dentro del Resguardo de La Montaña y se establecieron en LLanogrande y posteriormente en Pueblo Nuevo sobre el Alto de Mismis. La  economía de estos colonos se basó primordialmente en la explotación del oro y las guacas, la cría de ganado blanco-orejinegro  y de cerdos que surtían las minas de Marmato y Supia y los cultivos de maíz y de fríjol cargamanto.

Hacia los años cuarenta del siglo XIX otro grupo de mineros cruzó los resguardos de La Montaña y de Guática y se asentó en la desembocadura de la quebrada Papayal en el rio Risaralda, en  dominios de los tachiguìes. Allí establecieron el caserío de Papayal que  alcanzó la dignidad de distrito y desapareció  sin dejar huella. Esta fundación de mazamorreros paisas es una incógnita en la historia del Viejo Caldas. Apenas aparecen unos reglones en los registros caucanos y se ignora el motivo de su extinción. Es posible que se hayan agotado las arenas auríferas o que  las epidemias de viruela que azotaron las lomas del Tatamá con especial virulencia  haya sido una de las causas de su declive.

LA INVASIÒN ANTIOQUEÑA DEL RESGUARDO DE GUÀTICA

Una vez ocupado el suroeste de Antioquia, empresarios y colonos fijaron sus ojos en las tierras del Cauca  ocupadas por varias comunidades indígenas   y algunas zonas de esa región consideradas como baldíos del Estado.

Al asunto económico se sumó el político, pues los  dirigentes riosuceños, fuertes aliados de los conservadores antioqueños después de contar con el respaldo de los Resguardos de San Lorenzo y la Montaña  pretendían  controlar los Resguardos de Arrayanal, Guática y Quinchía  que mantenían estrechos nexos con los radicales de la ciudad de Cartago.

Clemente Díaz y otros dirigentes conservadores de Riosucio,  entonces capital de la Provincia de Toro,  apoyaron la colonización de la gente de Oraida  y en la década de los setentas del siglo XIX trajeron  numerosas familias labriegas de Carmen de Viboral y de Marinilla de claro ancestro conservador para darle aliento a Pueblo Nuevo, erigirlo en corregimiento  y establecer en ese punto una cuña paisa y conservadora en medio de los resguardos liberales de Quinchía, Guática y Arrayanal.

Hasta la década de los setentas del siglo XIX la ocupación paisa de la franja izquierda del río Cauca fue lenta y tolerada por los indígenas que cedían tierras con la condición de que se portaran bien con los indígenas. Pero a partir de esa década la colonización se convirtió en una invasión descarada  como lo  muestra una carta de Tomás Ladino,  gobernador del Resguardo de Guática a las autoridades caucanas y de la cual se extractan algunos párrafos:

“.. nos vemos precisados a llevar nuestra débil voz al Tribunal que nos  protege y favorece elevando la petición siguiente: Hace nueve meses que se dirigió una presentación al despacho del Señor Presidente del Estado de Popayán solicitando una providencia favorable sobre los perjuicios graves que nos están causando  los advenedizos del Antioquia que procuran hacerse dueños injustamente del terreno de nuestro Resguardo y se han apropiado de parte de él sin las formalidades prescritas por la ley, y hasta el presente, no ha habido contestación alguna ni de esa y otra demanda de antes, las cuales deben estar en el Despacho Superior de Gobierno y deseamos saber su resultado porque esos señores antioqueños se han declarado como enemigos y nos aborrecen porque somos defensores del gobierno caucanos y ellos son notoriamente declarados contrarios a  sus instituciones. Hará espacio de cinco meses que atacaron en pandilla armada e hirieron gravemente al indígena Manuel Rivera y han ultrajado a otros amenazando a que nos van a quitar la vida.

Es público y notorio los grandes perjuicios que nos están causando con sus crías de animales, que nos están tumbando las casas y asolando las sementeras… sin consentimiento han destinado la casa cural  que pertenece a la parcialidad   a servir como despacho del corregidor de los antioqueños que se han apoderado de nuestro pueblo y de los mejores terrenos que nos han quitado injustamente”.

Luego de erigir a Pueblo Nuevo en corregimiento del distrito de Guática, los antioqueños consiguieron que lo ascendieran a la categoría de municipio con el nombre de San Clemente.  Por presión de los nativos la legislatura del Cauca dio marcha atrás y Pueblo Nuevo, volvió a ser un corregimiento de San Clemente.

Continúa la carta del gobernador Ladino:

“Solamente hemos conseguido el que se suprimiese el distrito formado por los tales conservadores, sin embargo los perjuicios siguen adelante;  como hemos establecido la milicia nos han dado el título de indios pobres y guaraperos  que no sabemos lo que hacemos amenazándonos con obligarnos a hacer lo que ellos quieran y tenernos como súbditos dependientes.”

Los nativos de Guática solicitan que se tomen las providencias necesarias    porque  nos hayamos en peligro- dicen en el documento- con esa clase de gentes”  y piden que los antioqueños desocupen el pueblo del resguardo y los territorios que injustamente se han apropiado.

En el año de 1875  el gobierno caucano permitió la disposición de los resguardos indígenas con la condición de reservar 50 hectáreas para el área de la población del resguardo. Como no se contaba con dinero para mensuras, al contratar a los topógrafos, caucanos y antioqueños, se les pagó con extensos globos de terreno y al lotear las cincuenta hectáreas los administradores, que no eran indígenas, repartieron los solares a nativos y antioqueños.

Después de la Regeneración  conservadora se estableció el municipio de San Clemente con cabecera en Pueblo Nuevo. A partir de 1885 el resguardo de Guática queda bajo el control de las autoridades paisas. Como  las poblaciones de Guática y de Pueblo Nuevo (San Clemente) quedan a escasos dos kilómetros de distancia los paisas proyectan trasladar a Guática a la fundación antioqueña, tras el rechazo inicial de los nativos al fin acceden por presión de curas y alcaldes como se ve en el documento fechado el 23 de julio de 1896, dirigido por el Cabildo al Presbítero Clemente Guzmán;

“Nuestro dignísimo y muy respetado doctor y cura de la parroquia: Los abajo firmados a  usted muy respetuosamente y con humildad decimos; que  habiendo  usted visto y reconocido el punto de Mismis donde se trata de la nueva población y reuniendo este todas las ventajas que requieren, entre estas la más importante y principal de todas las buenas y suficientes aguas,  hemos venido a resolver que de nuestra parte se trance y arregle el asunto en definitiva conviniendo  pues, en trasladar la población al punto mencionado…. Nada más debemos y queremos de nuestra parte, lo que hemos querido, queremos y deseamos es que todo se arregle bien y con la equidad y la  justicia que en todo caso reúne la paz, la buena armonía entre los vecinos que componen un pueblo.”

Potreros- julio 23 de 1898

Gobernador Pedro Bueno.

Como se ve no figura el resguardo de Guática, sino el de Potreros, pues los nativos desplazados hacia la tierra cálida  se han concentrado en la franja denominada Potreros, que en adelante y hasta fines del siglo XX  identificó lo que quedó de la comunidad ancestral.

La guerra de los Mil Días  desbarató las intenciones de los paisas de Pueblo Nuevo, pues la serranía de Mismis asolada por las guerrillas liberales de Quinchía, perdió su importancia y sus habitantes para resguardarse de los ataques en gran número abandonaron a Pueblo Nuevo y se refugiaron en el caserío de Guática, desplazando a su vez a los vecinos indígenas.[2]

EL RESGUARDO DE TABUYO Y LA PENETRACIÒN ANTIOQUEÑA

A fines del siglo XVIII los pobladores criollos de Ansermaviejo dejaron la antigua fundación de Jorge Robledo y se asentaron en Ansermanuevo, no muy lejos de Cartago.

Sin embargo la aldea de los tiempos de la Conquista no quedó deshabitada, pues permanecieron los ranchos de los nativos tabuyos, supervivientes de las etnias ansermas diezmadas por las enfermedades y mermadas por los desplazamientos hacia las minas de Quiebralomo y Supia.

En 1870 Ansermaviejo era un villorrio infeliz de 760 vecinos, dentro del Cantón de Toro donde fijaron sus ojos los empresarios del suroeste antioqueño. Primero llegó Jorge Orozco y luego su hermano Pedro, activos fundadores de Támesis, que al terminar de lotear la tierras de ese distrito, vieron nuevas oportunidades en el norte caucano.

Por esa época era administrador del Resguardo de Tabuyo  el caucano Ponciano Taborda, un individuo corrupto y ventajista que se asoció con los empresarios antioqueños para  disponer de las tierras de los tabuyos.

Por la mensura del  Resguardo, Ponciano Taborda cedió al topógrafo William Martin extensos lotes de Tabuyo y en 1873 por escritura No. 49 el procurador de la Aldea de Ansermaviejo vende al salamineño Rudecindo Ospina, por la suma de $800 un enorme globo que incluía varias veredas del actual municipio.

Es infame la manera como despojaron a los tabuyos de su territorio. El treinta de julio de 1878, según lo indicado  en acuerdo No. 1 del 8 de noviembre de 1875 la Junta repartidora del Resguardo compuesta por el corregidor Azarías de la Pava,  por el procurador Jerónimo Betancur,  por Jorge Orozco, notario, Eloy Ribera y Juan de Dios Gamboa, ninguno de ellos indígena,  precedieron a repartir el Resguardo  incluyendo en el reparto a los Orozco  y  otros antioqueños.

Posteriormente por  sumas insignificantes Pedro Orozco compra a los comuneros las tierras del Horro, de Paloblanco, Cauya y Chápata y en 1881 el corregidor Sebastián Mendoza cede a Rudecindo Ospina  10.000 hectáreas entre el río Risaralda, la quebrada el Pital y el Alto del Madroño

Los curas de Támesis y Palermo en las misas dominicales hacen  propaganda a la empresa de los Orozco, que fían, cambian tierra  por reses o marranos, ceden lotes a cambio de trabajo en caminos, compran cosechas y repueblan a Ansermaviejo  con paisas del suroeste.

Al fin los antiguos amos de la tierra se convierten en peones y su simiente se pierde en medio del mestizaje.

LOS ANTIOQUEÑOS EN TACHIGUÌ

Al empezar el siglo XVII la comunidad franciscana estableció una misión el punto de Tachiguí en territorio de Anserma; al lado creció un caserío indígena que fue el centro del resguardo de Tachiguí.

Tachiguí, como puerta hacia el Chocó se convirtió en zona de combate durante la guerra de la Independencia; la asolaron las guerrillas españolas y casi desaparece durante la guerra de 1860 cuando tropas manizaleñas llegaron como langosta, arruinando cultivos y despoblando el caserío.

Tachiguí al igual que las lomas del Tatami  se convirtieron a partir de la guerra de 1860 en refugio de maleantes y aventureros de Antioquia. Por allí no ejercía presencia el Cauca, cuyas débiles autoridades se plegaban al capricho de los bandidos.

Al igual que en Tabuyo, los nativos de Tachiguí venden  a menosprecio sus tierras; el 13 de septiembre de 1874 el Cabildo  cede un enorme globo de terreno que abarca gran parte de lo que hoy constituye el municipio de Belén de Umbría al empresario antioqueño Rudecindo Ospina y  poco después el Cabildo, atendiendo exigencias legales cede, igualmente, el terreno para fundar a Arenales, embrión de Belén de Umbría, adonde se trasladaron los habitantes de Tachiguí y se perdieron dentro de la gleba de los colonos paisas.

LOS RESGUARDOS DE SUPÌA Y MARMATO

Desde la explotación inglesa de las minas de Supia y Marmato se registra la presencia antioqueña en los socavones mineros y en los aluviones auríferos,  esos paisas venían por el oro y no por la tierra y  fueron muy pocos los que se asentaron inicialmente en los Resguardos de la región.

A fines del siglo XIX los empresarios caucanos y antioqueños y las compañías inglesas expandieron sus explotaciones  mineras y ocuparon gran parte de los resguardos.  Con fecha del ocho de octubre de 1874 el administrador de los resguardos de Supia y Marmato vende a los establecimientos mineros de  Tabordal y el “Ancón” los terrenos que demandaren el beneficio de tales establecimientos al precio que fijaren dos peritos nombrados el uno por los distritos de Supia y Marmato y el otro por  los directores de las minas. El resto del terreno se dividió en tres partes iguales: una para el distrito de San Juan de Marmato, otro para el Supia y la tercera para los nativos de los resguardos de Supia y Marmato.

Fuera de lo anterior los indígenas reconocieron las propiedades de antigua posesión de las explotaciones mineras establecidas como consta en el Libro 1 de Registros de Instrumentos Públicos de Riosucio, pag. 53.

A la  explotación del cerro Loaiza,  perteneciente a la Western Andes Mining Company se le adjudicó un gran globo de terreno dentro de los límites establecidos por los antioqueño Rudecindo Ospina y por Bartolomé Chávez apoderados de la compañía extranjera.

Los atropellos de Supia y Marmato se repitieron en Arrayanal y en Apia y en las tierras cálidas del resguardo de Quinchía. Al fin los paisas amangualados con las corruptas autoridades caucanas se quedaron con las tierras de los nativos que quedaron arrinconados en minifundios en Riosucio y Guática.

La colonización color de rosa de Parson y de Otto Morales Benítez no fue en todo el territorio ocupado por los paisas una gesta del machete, el labriego sin tierra y el perro andariego. En la zona abierta por los Marulanda fue una explotación inmisericorde de los labriegos pobres, en el norte caldense y en el Quindío un concierto de leguleyos donde pudo más el papel sellado que el derecho de los  colombianos a la tierra y en la banda izquierda del río Cauca fue el desplazamiento descarado de los nativos cuya sangre se perdió  en medio de la peonada paisa.

 

BIBLIOGRAFÍA

La información anterior se tomó de los  archivos no clasificados de  la Notaría de Anserma, la Notaría de Quinchía, Oficina de Registros Públicos de Riosucio y del Archivo del Resguardo de  Potreros en Santa Ana Guática.

 

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[1]                     Archivo municipal de Riosucio. Sin clasificar
[2]                     Archivo del Resguardo indígena de Potreros.