domingo, 12 de julio de 2015

EL NACIMIENTO DE PENSILVANIA


Alfredo Cardona Tobón*

 


La historia de la población de Pensilvania, Caldas, empieza en la madrugada de principios de 1858. Aún  estaba oscuro cuando los  marinillos Manuel Antonio Jaramillo e Isidro Mejía dejaron sus lechos  y después de un bañado de gato en el aguamanil instalado en el recodo del corredor, calzaron las alpargatas, acomodaron la ruana, se terciaron el machete y fortalecidos con una taza de aguapanela y una arepa embadurnada de mantequilla salieron de la casa y con cuatro peones  iniciaron  el larguísimo recorrido entre Salamina y  el  puerto de Honda.

 

Los dos socios eran comerciantes y contrabandistas. De eso vivían. Traían mercancías de Honda y para no dar la vuelta por el páramo de Herveo y evitar las alcabalas viajaban por las desoladas trochas que caían con el río La Miel a las orillas del Magdalena.

 

El camino era largo y tortuoso; empezaba con los tremedales entre Salamina y Aguadas  que  ahondados por las recuas se convertían en trampas mortales en los inviernos; seguía por la vía de  Encimadas  paralela al nacimiento del río  Arma y se descolgaba por la vertiente de la Miel hasta las tórridas planicies tolimenses.

 

Era una odisea por  zonas inhóspitas  que reclamaban tanto Antioquia como El  Tolima; era la selva cerrada y solitaria, con jaguares al acecho, barrida por borrascas y temporales,  por donde  cruzaban los cargueros con los fardos a cuestas pues no existía camino para las recuas.

 

Muchas veces Manuel Antonio y su socio Isidro  recorrieron la agotadora trocha  que los llevaba a Honda;  pero en  esa madrugada de 1858 en vez de bajar al Chamberí y remontar la loma de las Águilas, los comerciantes con los peones que los acompañaban  treparon hacia el páramo de San Félix con  la intención de remontar la cordillera.

Al rematar la tarde vieron que estaban enredados en la cerrada montaña y  no les quedó otro remedio que fijar rumbo  hacia las Encimadas y volver a repasar el largo recorrido por la vertiente del río La Miel.

 

EL DESCUBRIMIENTO DE LA EXPLANADA

 

De vuelta  a Salamina, el grupo quiso  regresar por San Félix. Había senderos hacia el páramo de Herveo y consideraban que no sería difícil encontrar un atajo hasta San Félix.

A los ocho días de abrir paso a machete, de hacer puentes para pasar torrentes desbocados y sacarle el cuerpo a las culebras, parecía que era imposible seguir adelante por el cansancio y porque se estaban agotando los bastimentos. Sin embargo, algo le decía a Manuel Antonio que adelante estaba la salida hacia San Félix. Mientras los compañeros hacían un alto en la travesía y se disponían a repasar el recorrido, Manuel Antonio  continuó desbrozando maleza y de pronto vio a la distancia un vallecito, un explanada en medio de las lomas y más allá los picos de la cordillera.

 

 Al regresar a Salamina Manuel Antonio Jaramillo e Isidro Mejía hablaron de su descubrimiento y se desató un fervoroso interés por la explanada. Los  dos amigos dejaron el oficio de buhoneros y  contrabandistas y dieron rienda a sus sueños,  pues en ese entonces antioqueño que se respetara tenía que  haber fundado un pueblo. Se acabaron los viajes a Honda y con el concurso de labriegos pobres  de Salamina y de Sonsón,  que solamente tenían anhelos y la esperanza de un pedazo de tierra, los antiguos socios de aventura  abrieron selva, plantaron rozas, levantaron una capilla y construyeron  ranchos  para dar vía a un caserío con el pomposo nombre de Pensilvania.

 

Como los fundadores creían que  la explanada estaba en territorio tolimense, Isidro Mejía buscó en  Honda el reconocimiento legal de la comunidad para aprovechar el apoyo que el gobierno central prestaba a los caseríos   con más de diez familias pobladoras; las autoridades del Tolima no atendieron la petición; entonces Isidro  acudió a Sonsón cuya corporación municipal otorgó  de inmediato  de 60 a 80 fanegadas a los hombres solteros mayores de 21 años y hasta 150 fanegadas a los casados con más de cuatro hijos y para incentivar el crecimiento de la aldea  regaló solares  con la condición de levantar casa de habitación en un término menor de un año.

El desarrollo de Pensilvania fue asombroso,  la facilidad de la adquisición de tierras llevó numerosos colonos  lo que motivó al gobierno del  Estado Soberano de Antioquia a elevar a  Pensilvania a corregimiento el  tres de abril de 1866 y cinco años después, a reconocerlo como distrito municipal afirmando de paso la soberanía en una zona en  disputa con el Tolima.

 

LA CONSOLIDACIÓN DE  PENSILVANIA

 

El enorme globo de terreno asignado a Pensilvania formó parte de la Concesión Ramos que abarcó el sureste de Antioquia. Pero al contrario de lo  sucedido con la concesión Aranzazu y la Concesión Villegas , también en territorio antioqueño, la familia Ramos cedió  generosamente los terrenos a los ocupantes.

Sin embargo, uno de los descendientes de Felipe Villegas quiso extender sus derechos hasta Pensilvania y logró influir en algún juez; pero el Tribunal Superior anuló la sentencia y ratificó la posesión de los vecinos de la nueva aldea.

Por  la ley 199 de 1871 la Legislatura del Estado soberano de Antioquia  erigió a Pensilvania en distrito municipal; solamente se necesitaron once años para que un tramo de monte se convirtiera en la cabecera de un pujante municipio. Fue una labor titánica adelantada por paisas pobres y laboriosos  cuyos descendientes han desarrollado una comarca llena de merecimientos.


Muy pronto los pensilvenses no cupieron en su tierra y se expandieron por la banda izquierda del Magdalena para dar vida a Sn Agustín (Samaná)  a Florencia, a San Daniel, a San Diego, Arboleda y Norcasia. A punta de  convites se abrieron los caminos de arriería que unieron a Pensilvania con el resto de la región. En 1872  contaban los vecinos con una vía a Manzanares de 10 horas en mula, otro a Honda  a 18 horas, a Sonsón un tercero  con recorrido de 20 horas y el cuarto a Salamina con 13 horas en bestia por donde se movían las recuas de Antonio Cardona, Ramón franco, Jesús Ramírez, Benjamín Giraldo y Rafael Toro.


A principios del siglo XX se establecieron colegios, el cultivo del café se activó, el comercio y la paz fue un denominador común en Pensilvania durante casi un siglo.

Todo auguraba progreso y el surgimiento de otra ciudad estilo Armenia. Pereira o Manizales. Pero algo ocurrió. Los horizontes se cerraron y lo que pudo ser un polo de desarrollo se convirtió en una simple, bella y tranquila población cordillerana, de raza escogida, mujeres  bellas y empresarios y hombres públicos que brillan en Caldas y en otras partes de Colombia.

 
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