miércoles, 11 de noviembre de 2015

DOMINGO QUINTERO



EL PROTOTIPO DEL EMPRENDEDOR QUINDIANO-

Tomás Calderón- Mauricio –Periódico La Patria-  abril 5  de 1944-

 

Desde el terraplén  de “La Marina”, que será un elegante barrio residencial con el nombre de  Alcázar,  vemos a lo lejos una torre bizantina.

-       ¿Qué es aquello?-
     

-       Es el castillo  de Getsemaní de Domingo Quintero-
 

-       Es la obra de un hombre extraordinario que hizo un templo en su casa con adherencias de una fábrica de café y de jabón.  El púlpito y el altar tienen enchapados de oro y plata, oro del más fino y plata suntuosa.

El automóvil se detiene después  frente al singular edificio. Es casa de familia, fábrica y templo a la vez. Con más de seis estilos: el gótico se mezcla con el romántico, el bizantino al español colonial, el renacimiento  al barroco y plateresco.

Don Domingo sale a nuestro encuentro. Entren señores, esto está muy revolcado exclama, al subir las escaleras

Es moreno,  de poca estatura y  pelo duro. Dijérase un descendiente de Quimbaya poseído del ancestro aborigen  de una tribu que hubiera pasado la vida modelando guacas. Lleva el sombrero puesto, pero no parece que lo llevara en la cabeza, es como si lo colgara  de un clavo, le sobra por todas partes

Al llegar al último tramo de la escalera una claraboya deja ver allá, en el interior, en el primer piso,  el altar de la capillas, el púlpito con enormes medallones de oro y dentro de una hornacina, en forma de palio quiteño,  el Señor Caído frente al cual se celebra la misa.

-       Esto es lo que yo quería- dijo este industrial llegado de Antioquia hace muchos años bajo el imperio de la ventura, tener un templo en casa y oir la misa aquí mismo.

-       Después de conocer las habitaciones que están sobre la fábrica,  en las cuales ha puesto don Domingo un lujo que responde a su concepto caótico del arte y de los estilos, subimos a la terraza.

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-       - Dese aquí se  ven muchos pueblos- nos dice- Quimbaya, Caicedonia, Zarzal y otros más. Esta vista es maravillosa.

-       En el ábside , bajo la cúpula bizantina,  tiene don Domingo una fábrica de llantas. Es el único hombre en Colombia que las está fabricando. Su taller es exótico, huele a caucho. Las llantas van montadas en un eje caliente de su propia invención.

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-       - Esto por dentro es de palo- nos dice-  Después se destroza todo esto y queda la llanta, no ve usted?- La marca es Esmeralda.

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-       Nadie entiende  esta fabricación  es como cosa de brujería. El mismo don Domingo se ríe un poco de su invención.

-        

-       Bueno como el pan, Quintero ha dedicado mucha parte  de su capital a servir a la Iglesia. Regala campanas, atiende Salas-cunas, pone cada día más adornos a su capilla  que puede ser un revoltijo de arte oloroso a café, a velas su fábrica se incorpora al aroma del incienso.

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-       -¿Quien hizo el plano de todo esto?

-       No hubo planos responde- lo hice a ojo.

Don Domingo es un práctico,  un honrado y laborioso trabajador y como gusta del colorido y lo vistoso, optó un día por bautizar a cada uno de sus productos con el nombre de Esmeralda, que retrata su ambición y su esperanza.

Su lecho queda cerca del sitio desde done puede oir la misa, en el último piso de la casa donde también tiene una pieza especial que alojó a Monseñor Gonzalez. En algunas procesiones don Domingo porta el estandarte con su anillo encima de los guantes.

-“Espérame esta tarde en tu jabonería. Domingo,  hubiera dicho Jesús si se hubiera topado con el quindiano

domingo, 8 de noviembre de 2015

BALSEROS CUBANOS Y COYOTES COLOMBIANOS


José Alvear Sanín
 
 

Los balseros que escapan del Medio Oriente hacia las costas europeas, buscando asilo en un continente donde muchos no los quieren, ocupan prominente lugar en la diaria dieta de horrores; pero para otros no hay cobertura mediática, gobiernos amigos ni exhortaciones pastorales.

En Colombia tenemos balseros invisibles… Desde hace meses me inquieta el tratamiento que reciben en nuestro país los que tratan de escapar heroicamente de Cuba. De vez en cuando nos enteramos de la captura de algún desventurado que nuestro gobierno devuelve a la isla-prisión, donde lo esperan la tortura y los trabajos forzados.

Más tarde, un magnífico médico que ejerce apostólicamente su profesión en favor de los más pobres en Urabá, ha llamado mi atención sobre el infame tráfico de los coyotes colombianos, que abusan de los cubanos exigiéndoles sumas muy elevadas por llevarlos en balsas rumbo al norte.

Los que no alcanzan a entregar todo lo que se les exige son denunciados a la policía, donde muchas veces los esperan otros abusos.

No se trata de unos pocos casos aislados y reprobables, porque no son escasos los cubanos que tratan de escapar del Gulag antillano a través de Colombia.

Uno se pregunta cómo pueden aparecer en el Chocó y Urabá numerosos cubanos, dada la miseria imperante en la isla del hambre, la represión, la permanente vigilancia de los comités de defensa de la revolución, la delación premiada y el miedo cotidiano. 

La respuesta es que desde hace algún tiempo se permite salir de ese “paraíso” a los que se dirigen a Venezuela o Ecuador. Algunos con parientes en USA o España reciben dinero para volar a Caracas o Quito. Atraviesan luego como indocumentados por Colombia. Desde que llegan a nuestras fronteras se ponen en manos de los coyotes que los han de embarcar. Los más afortunados llegan a México o Florida, en una navegación varias veces más larga que la de Siria a Grecia. Muchos, como los del Medio Oriente o África, se ahogan. Algunos, cuando son entregados por las autoridades colombianos a la Embajada cubana, prefieren suicidarse antes que regresar a la isla.

¿Cuál es la magnitud del problema que los medios embadurnados en mermelada no revelan? ¿Qué espera a quienes nuestro gobierno entrega a los esbirros de la más despiadada dictadura? ¿Por qué la democracia colombiana no ofrece asilo a unos hermanos tan dignos de conmiseración como los que llegan, extenuados, a Europa?

Afortunadamente, la Deutsche Welle (DW), el pasado 2 de noviembre llamó la atención sobre esta tragedia. Según esa insuperable fuente, en los últimos seis meses el servicio de fronteras de USA registró la entrada desde México, de 13.000 cubanos. En el 2014 lo lograron 17.459.

Por tal razón Raúl Castro (según me acabo de enterar mientras esto escribo), en visita oficial a México, busca taponar también esa vía de escape.

Y Colombia, según la misma DW, “movió” en los primeros ocho meses de este año 3.194 cubanos. Discreto neologismo este de “mover” para describir ese infame atropello de nuestro gobierno en materia de derechos humanos, “conexo”, quizá, al proceso de paz con las bandas narco-castristas.

Se ha vuelto tan peligroso huir por mar de Cuba a Florida que las gentes prefieren intentar la ruta de los coyotes colombianos y centroamericanos, pero tendrán que afanarse, porque Mr. Obama, el “nuevo mejor amigo” de Raúl Castro, para congraciarse con la dictadura fidelista, piensa proponer la derogatoria de la ley de “ajuste cubano” de 1966, que autoriza el asilo de los que llegan a territorio de Estados Unidos.

Ese temor, según parece, ha disparado el número de personas capaces de jugarse la vida en busca de la libertad.