sábado, 30 de enero de 2016

LOS CHINOS CÁRDENAS SANTAMARÍA- UNA FAMILIA EN ENTREDICHO


Lo de Isagen, al igual que el caso Dragacol, quedará también en los anales de la desvergüenza. Nadie investigará. Los involucrados cobrarán su comisión, los congresistas “opositores” callarán y se contentarán con sus millonarias tajadas, y Colombia seguirá su inexorable rumbo hacia el despeñadero
 
                                          El presidente Santos y Mauricio Cárdenas Santamaría
 


Por Ricardo Puentes Melo

Enero 24 de 2016

Los colombianos deben estar agradecidos. Protagonistas de los mayores robos a la nación han sido los chinos Cárdenas Santamaría, unos piscos muy bien emparentados y gente lo más de bien entre las familias bien de Colombia. Así que, a diferencia de otros países, donde los ladrones desconocen su árbol genealógico, acá nuestros bribones tienen hasta escudo de armas. Los dos grandes robos de todos los tiempos han sido Isagen y Dragacol.

Para quienes no lo sepan, el caso Dragacol es uno de los mayores escándalos de corrupción de todos los tiempos en la triste historia de Colombia.

Durante el gobierno de Pastrana, el ministerio de Transporte le pagó excesivamente a Dragacol por unos controvertidos y sucios contratos a la firma de Reginaldo Bray para limpiar el río Magdalena en el departamento de Bolívar, y dragar un canal de acceso al puerto de Buenaventura.

En resumidas cuentas, Dragacol mintió al decir que no había podido hacer su tarea porque el Estado no había hecho la suya. Una falsedad fácilmente demostrable pero que no convenía a los pícaros que se conociera. La idea era desfalcar a la nación. Y así se hizo.

Mauricio Cárdenas Santamaría era el Ministro de Transporte de Pastrana, y en esa calidad se reunió con Reginaldo Bray para pactar la torcida indemnización a Dragacol, que le costó a los colombianos 26 mil millones de pesos de la época. Para manejar el botín, Reginaldo Bray Bohórquez y Juan Camilo Valencia González (manejando la parte de Fabio Valencia Cossio) crearon una empresa fachada, Imayinis, con un capital social de 10 millones de pesos, cosa que no fue impedimento para que intentaran comprar una acción del Club el Nogal por valor de 50 millones de pesos.

Mauricio Cárdenas Santamaría y Juan Manuel Santos, dos bribones con abolengo

Un informe del desaparecido Manuel Vicente Peña asegura que Fabio Valencia intentó sobornar al personal de El Nogal para que le regresaran los documentos que comprometían a su hijo y a Reginaldo.

Eran las épocas de los diálogos del Caguán, así que Valencia Cossio utilizó su papel en los diálogos para evadir la justicia. Fue nombrado embajador en Roma y su hijo recibió multimillonarios contratos en Señal Colombia.

A cambio del apoyo a la candidatura de Horacio Serpa, su amigo Alfonso Gómez Méndez, entonces Fiscal de la Nación, dejó las cosas así. Tampoco Gómez Méndez tocó a Mauricio Cárdenas porque fue socio del padre de éste, Jorge Cárdenas Gutiérrez, llamado “el padrino mafioso del café”, en una emisora en Chaparral, Tolima, que el también corrupto Saulo Arboleda les entregó. Asegura Manuel Vicente Peña que, de ñapa, se le dio a Gómez Méndez el amor de Patricia Cárdenas, la hermana del hoy ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas Santamaría.

El hermano de Mauricio se llama Jorge Hernán Cárdenas Santamaría. Para el gran tumbado a Bogotá, Mockus contó con su colaboración desde la Vicerrectoría de la Nacional. Mockus, luego, siendo alcalde, lo nombró en las juntas directivas de las empresas de servicios públicos domiciliarios para las marrullas que se hicieron allí en detrimento de las finanzas de la ciudad. Jorge Hernán está casado con Carlota Zuleta Ángel y tanto él como el ministro Mauricio son primos del super ricachón mamerto Nicanor Restrepo Santamaría.

Lo de Isagen, al igual que el caso Dragacol, quedará también en los anales de la desvergüenza. Nadie investigará. Los involucrados cobrarán su comisión, los congresistas “opositores” callarán y se contentarán con sus millonarias tajadas, y Colombia seguirá su inexorable rumbo hacia el despeñadero.

Menos mal que nuestros ladrones tienen abolengo y estirpe y son gente “divinamente”. Ese es un honor que cuesta.

@ricardopuentesm


 



jueves, 28 de enero de 2016

EL DEPARTAMENTO DE RISARALDA LUCHA POR SU AUTONOMÍA


Jaime Lopera G- Alfredo Cardona T

 

Cuando el general Rafael Uribe Uribe propuso la creación del departamento de Caldas presentó como posibles capitales a Manizales, a Pereira y a Riosucio. Una vez aprobado el proyecto voces inconformes trataron de desligarse de Manizales, tal fue el caso de Riosucio que intentó hacer tolda aparte con algunos municipios del occidente caldense y varios del  Chocó.

 

En 1926 el Doctor  Ramón Herrera fundó en Santuario el periódico “Guante Rojo” para trabajar por los intereses liberales y la creación del departamento del Quindío con capital en Pereira. Sus ataques a Manizales fueron virulentos, decía que esa ciudad estaba absorbiendo  los presupuestos de los municipios de la región sin ofrecer nada a cambio y se quejaba también de la excluyente rosca de los Gutiérrez.

 

En marzo de 1930 se reunieron delegados del Quindío y de la antigua provincia de Marmato para establecer un plan con miras a formar un departamento aparte. Dirigentes de Pereira y de Armenia continuaron agitando la idea, con la pretensión de cada una de estas ciudades de ser capital de la nueva sección. En junio de 1936 se convoca una asamblea para discutir el proyecto;  Pereira logró la adhesión de Calarcá, Montenegro, Salento, Balcázar, Belén, Pueblo Rico, Balboa, Santuario y Apía; se mostraron adversos Anserma, Riosucio, Armenia, Santa Rosa, Risaralda, Quinchía y Mistrató, y en ese  momento no se definieron Supía, Marmato, Pijao, Quimbaya, Circasia y Filandia. Nada pudo adelantarse  pues la Constitución exigía  el apoyo de las dos terceras partes de los municipios de un departamento para lograr una segregación.[1] Hubo que esperar 31 años para que Armenia se separara sin oposición de Manizales y  Pereira pudiera emprendiera una campaña, hasta con ribetes de violencia, para constituirse en  capital del departamento de Risaralda.[2]

 

El escritor risaraldense Guillermo Alzate Fernández[3], cronista de la segregación de su departamento, registra algunas de las causas que originaron la creación de Risaralda. Algunas de estas razones ya habían sido mencionadas por los quindianos durante sus primeros escarceos en favor de la autonomía y señalan muy claramente que existían viejos resentimientos en las dos regiones por la conducta asumida por la clase dirigente manizaleña en sus pretensiones de mantener, a toda costa, la integridad seccional.

 

Los risaraldenses indican, en su memorial de quejas, algunos motivos como estos: en primer lugar, (a) el nombramiento de delegados a un Congreso Cafetero de 1946 donde de 16 delegados, 10 eran manizaleños; (b) “la iglesia de la catedral de Manizales, construida con fondos de todos los municipios; (c) el ferrocarril Chinchiná-Manizales en el cual se invirtieron más de 16 millones de pesos; (d) los cables que se tendieron hacia la Provincia del Norte; ( e) la construcción del Teatro de los Fundadores; (f) el centralismo agudo de Manizales; (g) el desprecio con que se miraban a los habitantes que no fueran de la capital; (h) la lotería de Manizales; y (i) la construcción de la fábrica de licores en la cual se invirtieron más de 25 millones de pesos, en detrimento de las demás necesidades de otras regiones del mismo departamento.

 

La enumeración es larga e incluye igualmente descontentos sobre el uso departamental de los impuestos municipales; quejas sobre el agotamiento de la minería de Marmato, Supía, Anserma y Quinchía; sobre la burocracia estéril e inútil del departamento, sobre la construcción del Hospital de Zona y el Aeropuerto y “porque no se ha dicho una sola razón, una sola por nadie, salvo las de orden sentimental, que demuestre que es un error la segregación”.

 

En una carta a los notables de Manizales, Esteban Valencia Arboleda les dice: “ustedes, hombres de letras, de empresas saben que la demanda de los habitantes de Pereira es irrevocable, e inevitable”. Aludía el señor Valencia al hecho de que ya el departamento de Caldas no podía percibirse  como un todo, que cada una de las tres ciudades caldenses, tenía una orientación, “un estilo de vida, una apreciación característica que las separa de las restantes y la identifica con su pueblo”[4]. Había aquí, en estas frases, una seria posición conciliadora, tratando de persuadir a los notables de Manizales sobre el error discriminatorio en que estaban cayendo.

 

En esta enumeración de razones se mezclan sentimientos de rechazo con situaciones objetivas que merecen una consideración mayor a la que pueda darse cabida en estas páginas. En realidad, más que razones son síntomas de una problemática que, para los risaraldenses y los quindianos, venía de tiempo atrás. Los pereiranos, con ese cúmulo de argumentos cuyos matices cambiaron de ciudad a ciudad, secundaron las intenciones separatistas que comenzaron en Armenia. Para combinar las quejas ante Manizales, el doctor Arturo Valencia Arboleda, miembro de la junta pro-departamento y redactor de la exposición de motivos del proyecto de Ley pro-departamento de Risaralda, dice allí que el problema “no es con Manizales…(…) estamos inconformes, molestos, cargados completamente de angustia, como se invierte el resultado de nuestro trabajo. Culpa de los gobernadores no es, pues el dinero del fisco se distribuye como lo manda la Asamblea. Nuestra molestia es con la Asamblea. Ella se integra por votación universal de las provincias. Los caldenses todos somos responsables de haber creado este modus vivendi que hizo del nuestro el más poderoso, proporcionalmente, de los departamentos, pero también el que ha abrigado sin término el germen de la destrucción”[5].

NI REPOSO, NI TREGUA


 

En octubre de 1966, la junta pro-departamento de Risaralda envió una comunicación al presidente de la República para cuestionar la posición de la Asamblea de Caldas con respecto al proyecto de Ley que creaba el nuevo departamento de Risaralda y denunciaba  situaciones de coacción en esa Asamblea contra los diputados de Santa Rosa y Marsella. Eso era previsible: el estamento político de Caldas, afectado por su derrota en el caso de la creación del departamento del Quindío unos meses antes, estaba encontrando la manera de obstaculizar la nueva iniciativa que venía en marcha. Incluso el obispo de la Diócesis de Pereira, Baltasar Álvarez Restrepo, preocupado por lo caliente de la situación, envió un fuerte mensaje al presidente de la Cámara de Representantes para que vieran que “no se satisface lo que millares y millares de personas consideran como suceso cumplido”[6].

 

Para verificar el cumplimiento de los requisitos y el estado de la opinión pública en torno al proyecto de ley sobre Risaralda que se estaba estudiando en la Cámara, una comisión de esa entidad visitó a Pereira con el objeto de hablar con los diversos grupos y entidades cívicas que animaban el movimiento separatista. El pereirano Guillermo Ángel Ramírez fue el orador designado para hablar ante los comisionados en el Club Rialto. Allí dijo, entre otras cosas: “más de 600 mil habitantes no tendrán reposo ni darán tregua hasta que vean coronado el esfuerzo de independencia y autonomía”. Y añadió que la subdivisión de Caldas debía mirarse como un fenómeno sociológico necesario y que más valía la colaboración armoniosa de los tres departamentos que las rencillas por intereses encontrados.

 

Para abundar en sus argumentos el doctor Ángel Ramírez examinó algunas cifras estadísticas que reforzaban su posición. Risaralda, decía que cuenta con 627.520 habitantes; Caldas con 584.000; y el Quindío con 335.420 habitantes en tanto que el presupuesto de los municipios de Risaralda era de $48.960.120, el de Caldas $23.253.237, más el producto de las empresas públicas de Manizales; y el del Quindío subía a $27.495.717. Con ello trataba de demostrarse que la capacidad fiscal y la población de Risaralda y del Quindío, cumplían los requisitos de la Ley para el manejo autónomo como unidad administrativa.

 

El presidente Carlos Lleras Restrepo sancionó la ley 70 del primero de diciembre de 1966 que creó el departamento  de Risaralda. El primer gobernador fue Cástor Jaramillo Arrubla, posesionado el 1 de febrero de 1967 ante el tribunal superior, en vez de Gonzalo Vallejo, el mayor promotor, quien era el candidato opcionado por todos

 

Un episodio que no puede quedar al margen de este relato risaraldense es el que llaman “el florero de la liberación”[7]: cuando se aprobó el departamento del Quindío, el gobernador de Caldas mandó a recoger todos los equipos de obras públicas que se encontraban en Armenia, en Pereira y en sus pueblos cercanos. El equipo que se encontraba en Pereira estaba compuesto por dos volquetas en mal estado y un buldózer que hacia el mantenimiento a la vía para el aeropuerto. Cuando un camión que transportaba el buldózer  estaba a punto de salir para Manizales, el alcalde de Pereira Octavio Mejía Marulanda impidió su salida[8];  notificó que a la fuerza opondría la fuerza, “ que con los obreros y empleados y la gente de la ciudad, formará las huestes que se enfrentarán a la policía si se cumple la amenaza formulada desde Manizales”. El buldózer en cuestión se ocultó en el corregimiento de La Florida, donde  el dirigente Gilberto Bedoya lo utilizó para abrir una carreter

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En vista de la contumacia, el gobernador Gartner destituyó a Mejía Marulanda y éste a su vez fue remplazado por el general Sánchez Ordóñez. Este episodio, que tiene muchos otros matices que sería prolijo señalar aquí, fue llamado en su época como el Florero de Llorente de la independencia de Risaralda[9].

 

El presidente de la junta pro-departamento de Risaralda, Gonzalo Vallejo Restrepo, dijo en un reportaje, que cuando iba a nacer el departamento del Quindío entendió que era la oportunidad para que Risaralda se convirtiera en una nueva sección territorial. La campaña se inició  con dos y medio millones de pesos aportados por los  pereiranos. Posteriormente, Gonzalo Vallejo fue gobernador de Risaralda en la administración de López Michelsen.

 

Es imposible mencionar la miríada de actores que desempeñaron algún papel en la creación del departamento de Risaralda; unos a favor y otros en defensa de la integridad territorial de Caldas. Pero debe resaltarse que con  excepción de Pereira que se la jugó toda por la causa y de Santa Rosa de Cabal que se opuso mayoritariamente a la disgregación, la mayoría de los municipios implicados marcharon al compás de los acontecimientos con concejos que cambiaron de opinión en repetidas oportunidades, halagados  por las promesas de Pereira y de Manizales.

 

Es de anotar que más que las comunidades fueron unos pocos líderes quienes definieron la marcha de los acontecimientos en la provincia separatista. El dirigente Camilo Mejía Duque, por ejemplo, buscó la incorporación de municipios de mayoría liberal como Quinchía y dejó en manos de Manizales a municipios conservadores como Anserma y Riosucio cuyos habitantes miraban con mucha simpatía al nuevo departamento.

Viterbo cerró filas alrededor de la beligerante dama conocida como “ Teresita de Caldas” que encendió los ánimos y creó delicadas situaciones de orden público en la banda izquierda del rio Cauca. Alberto Mesa Abadía inclinó la balanza risaraldense en Apía, De los Rios en Belén de Umbría y los Hurtado en La Celia.

Lo que debió ser una campaña pacífica de reivindicación de aspiraciones se tornó en una confrontación violenta. El 12 de julio de 1966 “ El Diario” de Pereira publicó la siguiente información:

Extra- Extra

Matones  a sueldo de Manizales trataron de asesinar esta mañana a comisionados  pereiranos en Balboa.

El pueblo de Pereira listo para ponerse en armas con el fin de ganar su libertad y cobrar caro todo  atentado contra sus gentes y sus amigos. Si guerra quieren darnos guerra  les daremos, dice la Junta Pro- departamento de Risaralda. Alerta pereiranos-

 

Al incremento de amenazas, manifestaciones y contramanifestaciones en varios municipios se sumó la incertidumbre, pues los limites risaraldenses  variaron de acuerdo con las negociaciones de los políticos que no tuvieron en cuenta la opinión de la ciudadanía  ni las conveniencias locales.

 Cuando se creó el departamento de Caldas se incluyeron las provincias caucanas de Marmato y de Robledo, la primera con capital en Riosucio y la segunda con capital en Pereira; al establecerse  el departamento de Risaralda el primero de febrero de 1966 se incluyó  la provincia de Robledo y se fracturó la antigua provincia de Marmato que quedó repartida entre Caldas y la nueva entidad territorial; con esta decisión se  rompió una tradición territorial  y se afectó  la identidad de una gran comunidad que va desde La Virginia hasta Marmato y debió quedar íntegramente en Risaralda.

 

Bibliografía


 

·         Almario, Oscar. Nuevas Subregiones Políticas y Culturales en el Occidente de Colombia. en “Historia del Gran Cauca”. Instituto de Estudios del Pacífico, Universidad del Valle, Cali, 1996

·         Alzate Fernández, Guillermo. Desmembración de la Mariposa Verde. Autoedición. Pereira, 1984

·         Cinep. Colombia, País de Regiones. Cinep, Colciencias, Bogotá, 1998, Tomo I.

·         Motta Vargas, Ricardo. Ordenamiento Territorial en el Quinquenio de Rafael Reyes. Ediciones Doctrina y Ley, Bogotá, 2005.

·         Tirado Mejia, Alvaro, Sobre Historia y Literatura. Colección Historia. Volumen 1. Fundación Simón y Lola Guberek, Bogotá, 1961

 




 
[2]  Cardona Tobón, Alfredo . La Patria, junio 17 de 1986
[3] Alzate Fernández, Guillermo. Desmembración de la Mariposa Verde. Autoedición. Pereira, 1984, p.13.
[4] Alzate Fernández, op cit., p. 23.
[5] Alzate Fernández, op cit., p.17.
[6] Alzate Fernández, op cit., pág. 26.
[7] Alzate Fernández op cit., pág. 50.
[8] EL DIARIO-  Nov 4 de 1965
[9] Alzate Fernández op cit., pág. 52.

lunes, 25 de enero de 2016

LA PALABRISTICA


Por: Jose Hoyos
 
 

De la palabra puede decirse lo mismo que se dice de Borges: que es lo único que le ha pasado al universo después del Big Bang. Tanto es el valor de las palabras que se les atribuye el don de la magia. Y qué es el lenguaje sino la magia de dar vida con palabras. Una jacaranda no existe hasta percibirla y nombrarla. De inmediato se convierte en abstracción. Después no hay que percibirla para recrear su porte espléndido, el aroma, el atenuado lila. Una palabra crea, revive. También acribilla. No existiría una realidad si no se contara con un lenguaje para referirla. Los sentidos son solo el transporte de las emociones; la plenitud final está a cargo del lenguaje. En la palabra escrita como en la hablada el lenguaje encuentra su culmen. Con frecuencia me pregunto qué hay en la poesía para que llegue suavecito hasta el alma. Música. Hay una melodía instalada en cada verso. Pasa también en la prosa, hay un andamiaje finísimo construido con palabras. La intimidad que alcanzó el poeta Viktor Shklovski con las palabras le hizo escribir versos así: “Ella me amaba y yo también. Nos besábamos y no sabíamos hacerlo. Detente aquí, frase, y vigila las cosas mientras yo traigo otras palabras”.

Me causa enorme curiosidad la música –etimología aparte– no solo de los versos, sino de cada palabra. Apocalipsis, por ejemplo, es una palabra hermosísima. No se trata de entenderla por lo que significa, sino por el sonido de las sílabas, el acento, la fonética. Asimismo se puede paladear la palabra mandarina. Esta sí, con significado y todo, produce un dulcecito en la boca cuando se pronuncia. Manantial es una palabra tranquilizante, recrea la pureza de un murmullo cristalino con mucho verde alrededor y colibríes acosando flores indefensas. Colibrí sí que es una bonita palabra. Si estuviera en mis manos, atribuiría significados diferentes. Parece ilógico, pero no me importa. Yo sé que dos más dos es cuatro, pero me da rabia, ¡por qué todo tiene que ser tan lógico! La palabra apocalipsis significaría el beso más dulce de una adolescente enamorada: Anoche Daniela llegó con los ojos brillantes porque tuvo su primer apocalipsis. Mandarina sería la definición del buen sentido del humor: Compañía de entretenimiento requiere personas con mucha mandarina. Un manantial vendría a ser un algodón de azúcar que se regala a los niños en la salida de las escuelas: Rápido Sebas, afuera están regalando manantiales. Y colibrí sería la sonrisita que uno esboza dormido cuando tiene un bonito sueño: Casi toda la noche Daniela tuvo colibrí.

Cada rato nuevos términos se van uniendo a la familia de la lengua (“la familia de la lengua” parece el apodo de la familia más chismosa del pueblo). Hace unos días conocí una palabra que me llamó la atención aun proviniendo del alemán, Shadenfreude. Se trata de las dichas perversas que de vez en cuando todos sentimos. Ver que tu detestable jefe recibe un furibundo regaño de su superior, eso es shadenfreude. También lo es, en plena clase, corregirle en el tablero un error de ortografía a tu profesor más odiado. Los vecinos tienen una fiesta apoteósica y no te dejan dormir y de repente se va la luz, perfecto shadenfreude. Palabras así nos hacen falta. O como Serendipia (incluida en la última edición del diccionario RAE), que es cuando uno encuentra algo maravilloso que no estaba buscando. Para Juan Esteban Constaín serendipia es “salir en busca de las Indias y encontrarse con América”. Es encontrar un libro, un beso, un poema, un billete olvidado en un bolsillo. Abro la nevera para tomar agua y encuentro un esponjoso plato de duraznos con crema, deliciosa serendipia. Tocan tu puerta a medianoche y resulta que es tu despampanante vecina que olvidó sus llaves y no tiene donde dormir, lujuriosa serendipia.

Pero también existen malas palabras, y no hablo de los típicos insultos. Marica o puta, por ejemplo, son palabras proscritas porque describen posturas reñidas con la moral puritana, pero no son malas palabras. Guerra, violencia, discriminación, miseria, violación, envidia, odio, esas sí son malas palabras. Esas, y no las otras, tendrían que repudiarse, no por su composición fonética sino por la carga de infamia que encierran. Bueno sería poder reciclarlas en otros significados, a ver si así empezamos a desterrar el oprobio. Roberto Fontanarrosa se pregunta si las malas palabras lo son por su mala calidad o por su fácil deterioro, tal vez sean “como esos villanos de las historietas que al principio eran buenos pero que la sociedad los hizo malos”. Insultar no es tan malo como carecer de capacidad para expresar ideas. Saber y no saber decirlo es igual que no saber. Y si lo único que tienes para decir son insultos, peor.

De las expresiones popularizadas en español durante el último siglo la que más me gusta es carajo. Así se llama un grupo de islas diminutas en un extremo remoto del Océano Índico. Ese también es el nombre de un cubículo pequeño ubicado en la punta de la vela más alta de los barcos antiguos, desde donde se avistaban grandes distancias. El mareo frecuente y el sol hacían de ese un lugar aborrecido, por eso lo destinaban a los marineros castigados: se les mandaba al carajo. Pero si se consulta se encontrará que son muchas más sus acepciones. En los países de habla hispana el lenguaje encuentra una vasta resignificación. El verbo pasar tiene en Latinoamérica y España 54 significados diferentes. Con razón un profesor de Letras Hispánicas en Estado Unidos –leí en no recuerdo dónde– dice que las horas de clase se le van en servir de intérprete entre latinoamericanos de distintos países. El idioma español es caudaloso y creciente. Tener semejante riqueza idiomática para terminar llenos de anglicismos es como vivir al lado de Caño Cristales, el espléndido rio de los siete colores, y preferir irse a nadar a una piscina. ¿Será que a los que dicen tablet les da pena decir tableta?

La palabra más anhelada para un adolescente recién entrado en calores: Sí. La más temida por los hombres: Colonoscopia. La más odiada por las mujeres vacías: Gorda. La más esperada por los niños: Navidad. La más anhelada por los empleados: Quincena. La más perseguida por los curas y los mendigos: Limosna. La más codiciada por los políticos: Presupuesto. La más buscada por los místicos: Silencio. La que recoge toda la furia de la naturaleza: Tempestad. La más atractiva para los sensibles: Piel. La más responsable y sensata: Renuncia. La composición fonológica de reconocer es el ejemplo más común de un palíndromo: se lee igual hacia adelante que hacia atrás. En un cuento de Cortázar hay una línea que es un verso y un bello palíndromo, léase en ambos sentidos: “Átale, demoníaco Caín, o me delata”. Hay palabras que parecen desafíos de crucigramas: pluscuamperfecto, contubernio, muramos. Ninguna expresión tan detestable como clero, no por su sonido sino por su significado. Proyecto es esa horrible y manoseada palabra tan común en los círculos universitarios. (Algunos académicos demuestran que la inteligencia es un proceso cíclico: cuando te pasas de listo vuelves a ser un pendejo.) En adelante voy a sustituir proyecto por cólico: Les aprobaron el cólico investigativo. Espanto es una palabra con fuerza y cucaracha es una palabra que espanta. Susurro se podría utilizar para definir el susto del amor: la veo y me ensusurro. Y cataclismo no podría ser otra cosa que el colapso del amor. Pasión, esa no hay que explicarla mucho: significa el trepidar de un caballo desbocado pendiente abajo. Propongo que llamemos Palabrística al arte de inventar y de invertir los significados de las palabras.

La palabra es una uva estrujada que jamás termina de soltar jugo. Dar la palabra, pedir la palabra, medir las palabras, faltar a la palabra, palabra de Dios el palabrero, dejar con la palabra en la boca, palabras mayores, palabras de aliento, palabras infames, tragarse las palabras, hombre de pocas palabras, santas palabras, palabras necias, palabra de honor, palabras de bienvenida, hombre de palabra, última palabra. Las palabras dan cuenta del corazón que gobierna en cada persona.

Jose Hoyos

 

Jorge O. García E.

 

"La mejor base para un matrimonio feliz es la mutua incomprensión". 

 

Oscar Wilde (1854-1900) Dramaturgo y novelista irlandés.