jueves, 21 de abril de 2016

QUINCHÍA Y EL PARQUE DE LOS CACIQUES


DISCURSO  EN LA INAUGURACIÓN DEL PARQUE DE BARRIO GALÁN

SEPTIEMBRE DE 1984-

ALCALDÍA DE HERMES VINASCO ARROYAVE

                                              Entrada a Quinchía

En la inauguración del parque del barrio Galán, la colonia de Quinchía residente en  Manizales colocó una placa en honor a los caciques quinchieños sacrificados durante la rebelión indígena  de 1557. Treinta y dos años después la placa no existe y administraciones y vecinos indolentes dejaron convertir el parquecito en un rastrojero.
En septiembre de 1984,  el  presidente del Centro de Investigaciones históricas de Centro-Occidente de Colombia, señor Jorge Eliecer Zapata Bonilla, leyó el siguiente discurso en este acto presidido por el alcalde  Hermes Vinasco Arroyave :

“EXALTACIÓN  DE LA RAZA PRIMIGENIA

Ocupirama, Aytamara, Upirama, Tuzarma y Capirotama son nombres que al pronunciarse,  dan la musicalidad de la selva virgen, pues tienen la tonalidad  de cantos vernáculos, de silbos encantador, de paz sin estridencias.  Son nombres que debieron tener en su lenguaje original, sentido de libertad, de amor, de abundancia, de edénica vida.

Y  así debió ser en el principio, cuando la planta del hombre frustrado de allende el mar, no había manchado con su ambición, con su sangre y su misma fatiga el  panorama abierto  de un mundo que le era ajeno. Pero en la tonada del cada nombre debe haber una historia diferente,  gajo de una historia madre, porque la misma raza, organizada bajo el signo del poder y de la perdurabilidad, conducía  al misterio americano. No hay en la historia de los hombres una sola  rueda suelta, solo hay eslabones perdidos en la oscuridad de los tiempos, y como en los idiomas orientales,  estos generaban  palabras  de descendencia que fueron incapaces de asimilar los extraños para dar con la clave de un pasado que hoy estamos testimoniando al apuntar sobre la piedra vocablos  de todavía indescifrable significación pero que son partes del enigma nuestro.

Por eso, en el idioma de la selva virgen, Aytamara, Ocupirama, Upirama, Tuzarma y Capirotama, deben ser enlaces de sílabas que son la  génesis de toda una dinastía de prohombres sobre los que se hizo la desconocida historia del pueblo que opuso resistencia mayor al empuje de Jorge Robledo y sus hombres  en el empeño por auropeizar lo que jamás pudo ni podrá parecerse a Europa.

Nosostros nos quedamos con esos nombres exaltados  por la sangre,con su significado de naturaleza bravía, fértil, diáfana, cúmulo  de la esperanza de renovación que se dio y se sigue dando en el mestizaje, como raza de América. Ellos, los cacique de ésta tierra, son el primer punto de referencia  histórica hacia la que Quinchía  debe mirar con orgullo como partida de su historia escrita.

LA INTELIGECIA INDÍGENA

Juan Jacobo Rousseau  dijo en su  “Discurso” en 1756 que  “el hombre salvaje es el único ser racional bueno, libre y feliz”. Y la bondad, la libertad y la felicidad conducen a la búsqueda de progresos que  perfecciona la vida. Por eso el hombre primigenio de América desarrolló una vasta labor mental de la que el viejo mundo debió asombrarse, pues los progresos logrados en campos como la astronomía, la medición matemática, la arquitectura, la metalurgia, las leyes y la agronomía, eran en su época comparable y en veces  superiores a los avances de los griegos y los egipcios. La misión francesa  denominada  “La Condamine” es la prueba de lo que hallaron los europeos en este lado del mundo. Pero el idioma y las artes son la expresión  más clara de la versatilidad del pensamiento aborigen, pues mientras el hombre europeo descubrió, cubrió y encubrió todo un continente sin   poder defenderse con un solo dialecto, los indígenas aprendieron el castellano sin dejar morir sus lenguas nativas.

Por eso este idioma de España y de Indoamérica se tornó en una lengua esplendorosa y dinámica, porque se vio obligada a acrecentar su caudal con palabras con las voces llegadas de diverso dialectos americanos. Se fortaleció el decrépito castellano que trajeron los hispanos a estos lares. Y el arte, que en su ignorancia desconocieron los peninsulares, era ya una expresión madura de la civilización americana. Incas, mayas, aztecas, agustinianos y taironas son apenas puntos de referencia, pues a nosotros los de estas breñas  nos tocan con su arte los quimbayas, expresiones todas las mencionadas, de una concepción universal de las formas, pero avanzados más que los del Viejo Mundo en la simplificación de las definiciones. Lo que hoy con petulancia denominan arte abstracto, era ya una escuela americana antes de la fecha del descubrimiento.

Los testimonios están dados en la simbología que alcanzaron con la recta y con el triángulo como mínima expresión de aquella. En la representación de sus dioses , y de los estados máximos de la vida, como la maternidad, la abundancia y la riqueza, la guerra y el triunfo, el hombre de América es tan artista, como el europeo al exaltar los héroes, la belleza  o  la imaginación.

LA HUELLA ARRASADA

Améica fue un continente descubierto por el efecto de una aventura económica, antes que de una aventura mental. Por eso aquí no llegaron los hombres de ciencia sino los comerciantes, los traficantes, los usureros, los ambiciosos de  poder y de dinero. Y ellos,  fueron los que encontraron las expresiones  del arte,  de la cultura y la civilización aislada, sin comprender  que se enfrentaban a la respuesta  de lo ignorado por su mundo.  Por eso con sentido de ganancia, de riqueza material miraron lo que hallaron. Tuvieron que correr siglos, para que los europeos se dieran cuenta del valor de lo que habían destruido, fundido para transformar en expresión comercial.  De ahí el asombro  de los ultramarinos de hoy, de ahí sus estudios sobre estas tierras y estas expresiones, pues apenas caen en la cuenta que sus mayores en la ignorancia de su aventura, le quitaron al mundo civilizado la posibilidad de comparar y encontrar las razones, ahora más distantes que antes,  del acomodamiento del hombre a través  de sus propios recursos.

Sin embargo, nos quedan hoy siglos del pasado, huellas sobre las que nos inclinamos reverentes porque en ellas está la voz de un pretérito que nos es común a todos por la raza, como las que el dios Xixaraca dejó en las rocas de Mápura.

LA MITOLOGÍA COMO TESTIMONIO DE GRANDEZA

América misma como continente es un mito indescifrable. Pero ubicándonos en este territorio donde hoy rendimos homenaje al asado, tenemos expresiones  propias de la imaginación creadora del indígena, pues un pueblo capaz de concebir su dios, su diosa de la guerra y su demonio, tuvo  también  seres superiores para la agricultura, la inteligencia y la belleza.

Los nombres rescatados, al lado  del ya mencionado Xixaraca dominador de la roca dura, nos dan la dimensión del vuelo mental de los quinchias.  Horas es entonces de exaltar a Tamaraca, dios del mal, como expresión  de la concepción diferencial entre lo razonable y lo inexacto en el cumplimiento de la vida y de Michua, Señora del Valor  y de la Guerra, moradora del imponente Batero, símbolo geográfico de la municipalidad. Estos nombres deben difundirse a lo largo y ancho de Colombia para que se deje consignada  de por siempre la fertilidad del pensamiento de una raza que legó grandeza, pues por la historia de la patria corren con brillo propio los nombre de Chiricha, Cananao y Sabastián Mamia, caciques que defendieron el honor de su  pueblo ante las arremetida de los extraños. Gloria pues a la raza no vencida, a la raza  que llega hasta nuestros días imponente y fuerte transportando en el tiempo la semilla de la inteligencia y de la confraternidad., pues esta misma raza fue la que venció la violencia incentivada por foráneos y colocó la comunidad como símbolo y belleza de uno de los departamentos más jóvenes y prometedores de la patria.

Estamos aquí para rendir testimonio a través de la historia a los gloriosos nombres de Aytamara, Ocupirama, Upirama, Tuzarma y Capirotama como fin de una leyenda  y comienzos de la verdadera historia de un pueblo que empieza a hallar sus raíces y a colocarse en el concierto nacional como punto de referencia de identidad, pues mientras en otros lares de la república los hombres se “civilizan” cambiando de apelativos, aquí permanecen las mismas voces primitivas como enseñas de constancia y confesión de unidad  en la sangre y en el espíritu.

Quinchía, al rendir este homenaje, al descubrir esta placa a  los primeros guerreros de su historia, no hace otra cosa que colocarse a la vanguardia de los  pueblos que creen en su destino,  y sin renegar de él, exaltan con unción patriótica la verdadera esencia de la raza.

En nombre del CENTRO DE INVESTIGACIONES HISTORICAS DE CENTRO OCCIDENTE  DE COLOMBIA, grito emocionado: Gracias Quinchía por tu sangre  indígena ,  porque ella es la vida palpitante de América toda.”