sábado, 30 de abril de 2016

EN EL BILLETE DE CIEN MIL PESOS


Alfredo Cardona Tobón *
 

Los diseñadores del billete de cien mil pesos,  sin  tener esa intención, nos presentan dos ángulos diferentes de la historia  colombiana: en el anverso del billete se  exalta la memoria de un bogotano perteneciente a la flor y nata de las castas que han manejado el país  y en el reverso, en medio de un poema, se les escapó la  presencia  de un calarqueño  nacido del puro pueblo y fundador del primer núcleo comunista  del país.

En el billete de cinco dígitos se recuerda a Carlos Lleras Restrepo, eximio jefe liberal,  gerente de empresas, estadista de alto vuelo, promotor del ICBF, PROEXPO, COLCIENCIAS, COLCULTURA y COLDEPORTES; promotor de exportaciones, manzanillo y creador de burocracia, bajo cuya presidencia se  sancionaron las leyes de  creación de  Risaralda, Sucre y Cesar con todos los dolos y corruptelas de los departamentos matrices.

El  billete de cien mil pesos representa la más alta tecnología y belleza en su género, de tal forma que uno piensa que estaría mejor enmarcado  en un museo que en las  manos sucias de ciertos traficantes.

Al otro lado de  Carlos Lleras Restrepo, con la flor del siete cueros y el pájaro barranquero inmersos en la visión capitalista, está el  Valle del Cocora con los picos nevados al fondo y con un breve poema dedicado a las palmas de cera del Quindio:

A la palma del Quindío, le conté mi sueño un día.

Era la palma, era, era la palma de cera, la palmera, la palma del sueño mío.

Cohete que sube al cielo y estalla en el estrellío.

Y cuando pasan  los vientos, la palma se vuelve río…

Oíd el ruido del aire, el río… la palma del niño mío

aquí la palpa guardada, aquí en el pecho, al lado izquierdo del alma en donde llevo al Quindío.”

Es el mundo opuesto al imaginado por Lleras Restrepo con las petroleras, las minas y las chimeneas. En  el lado de la naturaleza está un raspador anónimo colgado de una palma, y un bosque que quizás nuestro bisnietos no podrán conocer, donde se recuerda un mundo lleno de historia con los espartanos que disfrazados de harapientos soldados  tolimenses siguieron tras las banderas de Casabianca y como en las Termópilas defendieron el paso del  Turpial. Es el mundo de las bandadas de loros orejiamarillos, de musgos y  de paisajes que confunden al Quindío con el Paraíso Terrenal.

 

POR UN LADO DEL BILLETE

El doctor  Lleras fue fiel a las camarillas oficialistas; no se separó un ápice del directorio de su partido.   Por ello fue el ministro infaltable de los gobiernos de la República Liberal donde demostró enorme  capacidad intelectual y una visión moderna en los  campos de la economía y la política.

Lleras Restrepo no tembló  ante la  violencia desatada durante los regímenes de Ospina Pérez y Laureano Gómez; no obstante, en su tránsito por los caminos de la oligarquía,  hubo de enfrentarse con las tesis populistas de Jorge Eliecer Gaitán  y marchó contra el capitán que  mostraba la luz a un pueblo sin  esperanza.  Tal vez por esa rivalidad con el caudillo, Lleras Restrepo  junto con otros directivos que no fueron gaitanistas,  buscó el  nueve de abril de 1948  un resquicio para entrar al Palacio de Gobierno a testimoniar su apoyo a Mariano Ospina mientras la sangre del pueblo enloquecido empapaba las calles bogotanas y estaba fresco el clamor de un partido que exigía el derecho a la vida.

En  las elecciones de 1970 el sector popular  que una vez acompañó a Gaitán, llenó las urnas con votos a favor del general Gustavo Rojas Pinilla. Al caer la noche la mayoría rojaspinillista era abrumadora. Por calles, barrios  y veredas se empezó a celebrar el triunfo;   entonces se suspendieron las trasmisiones de radio y televisión, se decretó el toque de queda y  al amanecer, bajo el gobierno de Lleras Restrepo, la ventaja no era del general  Rojas Pinilla  sino de Misael Pastrana Borrero, candidato del Frente Nacional.

 POR EL OTRO LADO DEL BILLETE

 

En el hogar de Roberto Vidales y de Rosaura Jaramillo, una pareja de masones radicales, nació en julio de 1904 un muchachote agitador, iconoclasta, organizador de paros, enemigo de la inequidad y la injusticia.

Este inquieto e inteligente calarqueño pasó por los bancos de la escuela pueblerina, vio al Negro Marín en las calles de Honda, estudió en Bogotá y  cursó estudios superiores en París. Fue un comunista del ala trotskista con treinta y siete entradas a la  cárcel por promover insurrecciones, alterar el orden público o simplemente por ser sospechoso de auxiliar a las guerrillas. A los veinte años de edad escribió el libro “Suenan Timbres” que trascendió las fronteras nacionales y lo matriculó como adalid  de una poesía vanguardista sin rima ni métrica que  asombró a unos y escandalizó a otros que la consideraron como una profanación y un acto aberrante contra la literatura.

En 1932, cuando soldados anémicos y picados por toda clase de bichos se  batían por el trapecio amazónico, el poeta vanguardista y comunista incitó a los combatientes de ambos bandos a volver sus fusiles contra los oficiales que representaban las clases explotadoras de Colombia y del Perú. Una turba patriotera quemó el periódico  “Tierra” y tuvo que ocultarse para salvar la vida, como lo hizo nuevamente en 1953 cuando la violencia partidista lo empujó como exilado a las playas chilenas.

 Durante el gobierno de  Turbay Ayala, en una de esas frías  noches bogotanas, un comando de la Brigada de Institutos Militares irrumpió en el apartamento del   anciano de 84 años y lo retuvo en un lóbrego calabozo como si fuera un peligroso guerrillero. El mundo entero protestó, se  oyó el clamor de  Europa y  de las naciones americanas exigiendo su libertad.

Tuvieron que dejarlo libre: no se podía tocar a tan notable  colombiano distinguido con el Premio Nacional de Poesía en 1982 y con el Premio Lenin de la Paz en1983 “Es que no sabíamos que era tan importante” dijo el general Vega Uribe cuando trató de atenuar el atropello

Lleras Restrepo llena la mitad del billete; las palmas de cera con el  pájaro barranquero, la flor del siete cueros y los versos que deben leerse con lupa  llenan el resto.

¿Dónde está Luis Vidales?

Como tal, no está en parte alguna del billete. Quizás su firma  figure al pie de los versos  que se colaron con su rebeldía y su comunismo. Eso lo sabrán quienes manejen esos billetes de cien mil, que no son tantos con las  viles entradas económicas  de la mayoría de los colombianos.
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