sábado, 14 de mayo de 2016

AVELINO ROSAS, EL TEMIBLE OLVIDADO

LEONIDAS ARANGO LOBOGUERRERO



CIENTO SEIS AÑOS después de su muerte, sobre la memoria del general Avelino Rosas permanece una nube de olvido tendida por quienes le temieron o le odiaron: los conservadores que fueron el blanco principal de su acción; los jerarcas de la Iglesia que arrojaron contra él turbas fanatizadas; sus copartidarios liberales repetidamente frustrados en conspiraciones de salón; los militares celosos de su pericia y de los laureles que cosechó en el exterior. 

Cincuenta y cuatro años después de haber sido acribillado fuera de combate en la Guerra de los Mil Días, el Estado colombiano cerró toda posibilidad de pagar una pensión a sus herederos, a pesar de la ley expedida por el Congreso de 1935 “por la cual se honra la memoria del General Avelino Rosas”. El mayor talento militar nacido en Colombia durante la era republicana tampoco tiene una biografía. 

Avelino Rosas Córdoba nació en Dolores, hoy Rosas, cerca de Popayán, el 15 de abril de 1856. Alguien afirmó que, siendo muy joven, participó en Lima en el golpe de cuartel que culminó con el asesinato del presidente peruano José Balta en 1872; otros dijeron que tres años después estaba en Quito junto a los conspiradores que ultimaron al sanguinario teócrata Gabriel García Moreno. Todo esto forma parte del mito que acompaña a personajes cuya intrepidez deja marcas en la memoria colectiva. 

En el Cauca del siglo xix, tierra de caudillos, era fácil tomar las armas como vocación: al estallar la rebelión conservadora de 1876, Rosas se alistó como soldado raso en el ejército caucano que defendía al gobierno radical de Aquileo Parra. Bajo el mando de Julián Trujillo tomó parte en el combate de Los Chancos el 31 de agosto, donde las fuerzas conservadoras de Antioquia sufrieron una sangrienta derrota. Siguió en persecución de los rebeldes y en abril de 1877 participó en la toma del bastión conservador de Manizales. Firmada la paz, allí mismo contrajo matrimonio con Teresa Patiño. 

Se dedicó al comercio sin marginarse de los enfrentamientos entre los liberales del Estado del Cauca: a comienzos de 1879 se alineó como sargento mayor en la Guardia Colombiana , cuerpo dependiente del Ejecutivo Central, y con ella se sublevó bajo el mando de Eliseo Payán para derrotar en abril al presidente del Estado, Modesto Garcés. Ascendido a teniente coronel, Rosas fue elegido al Congreso seccional. Montó un negocio fotográfico en Cali y emprendió largas exploraciones por la Cordillera Central en busca de nuevas rutas hacia el Tolima. 

La campaña de 1885 

Posteriormente se afilia al sector radical del liberalismo. Cuando sus copartidarios se alzan contra el presidente Rafael Núñez en enero de 1885, Rosas organiza una fuerza de 400 hombres y se levanta en los pueblos de Candelaria y Florida. Rodeado por fuerzas superiores, escapa a Cali por los mismos días en que un batallón de la Guardia Colombiana se pasa al bando rebelde y ocupa la ciudad. Somete a disciplina a hordas liberales que se disponían a ultimar a los presos conservadores y a varias personas en peligro como el futuro presidente Rafael Reyes. Sale con sus hombres hacia Popayán, pero en Roldadillo es rodeado y cae preso por tropas gobiernistas. Logra escapar en Cali y falla en la pretensión de bloquear el camino a Buenaventura. Huyendo casi solo, se abre paso hasta internarse en la inhóspita zona de Zanjón Oscuro, cerca de Puerto Tejada. Desde la clandestinidad, cercado y gravemente enfermo, rechaza la oferta del agradecido Rafael Reyes de un cargo diplomático a cambio de abandonar su lucha. Aprovechando el desconcierto que él mismo sembró haciendo circular falsos anuncios de un próximo ataque suyo al mando de un ejército radical inexistente, va a Cali por trochas que sólo él conoce, descansa con su familia, navega a Cartago en una balsa, envía tarjetas de saludo a las autoridades que lo buscaban vivo o muerto y sigue a Manizales. 

Más tarde dijo que la breve campaña de 1885 fue “un error que el país lamentó después”. Durante ella, su astucia y la capacidad de cambiar de apariencia lo habían salvado varias veces de la muerte: su cabeza tuvo un precio y más de un sicario pereció en el intento de eliminarlo. 

Terminada la contienda y aplastado el radicalismo, en junio de 1886 está de nuevo en Popayán para asumir, según sus palabras, “no solo la dirección en jefe del ejército rehabilitador, sino también las consecuencias de la guerra” a nombre del liberalismo en el Cauca. 

En abril de 1887 viaja de incógnito a Bogotá en un intento solitario por reagrupar a los últimos radicales. El 23 de junio asume la presidencia de la Junta del

Partido Liberal y trama una conspiración para derrocar a Rafael Núñez confiando en comprometer al vicepresidente encargado del poder, Eliseo Payán. Visita en sus lugares de retiro a los veteranos del Olimpo Radical Santos Acosta y Aquileo Parra, quienes no aceptan participar en el proyecto. Enterado de los planes, Núñez reasume funciones, destituye a Payán, endurece la represión, prohíbe la prensa de oposición y destierra a gran número de liberales. 

En 1890 está en San Cristóbal, Venezuela, a la cabeza de centenares de liberales exiliados en el Táchira. Interviene en el derrocamiento del general Raimundo Andueza Palacio en 1892 e intenta que el nuevo presidente, el general liberal Joaquín Crespo, otorgue “algunas ventajas para el Partido Liberal de Colombia”. Ante la tibia respuesta de Crespo, divulga su protesta en el folleto Por la honra militar , por lo cual es capturado y paseado por diferentes cárceles, entre ellas la tenebrosa prisión caraqueña La Rotunda , antes de salir expulsado del país. 

Desde abril de 1893 se establece en la isla de Curazao, que fue refugio tradicional de perseguidos por política o por religión. Está resuelto, como expresó, a “hacerle la guerra a los godos de Colombia, porque tengo el convencimiento que el viejo liberalismo no combatirá ya”. Establece una intensa correspondencia con varios líderes latinoamericanos que encabezaba el ecuatoriano Eloy Alfaro, unidos por vínculos masones y con centros de operación en Costa Rica y Nicaragua. Constituían el grupo que algunos historiadores llaman “ La Internacional Liberal ”. El propósito común era apoyar la lucha emancipadora de Cuba e instaurar gobiernos liberales en Ecuador, Perú, Colombia y México. Al mismo tiempo, Rosas mantiene intercambios con dirigentes radicales del Cauca, Santander, Cundinamarca, Panamá, la costa Caribe y otras regiones en preparativos de una nueva insurrección que se frustra varias veces por acción de los servicios secretos del gobierno y por falta de compromiso de los dirigentes. 

El levantamiento estalla finalmente en Bogotá el 23 de enero de 1895 con el alzamiento de grupos aislados de liberales que sufren una serie de derrotas debidas a la planeación deficiente y a que el gobierno de Miguel Antonio Caro siempre estuvo al tanto de los pormenores. Rosas, decidido a regresar al país para integrarse a la insurrección, es deliberadamente mal informado por los organizadores en el interior que no estaban dispuestos a entregar el mando a quien mejor podía organizar las acciones bélicas. Marginado de las operaciones centrales, Rosas dispone que un grupo de sus seguidores radicados en Costa Rica ataque el puesto militar de Bocas del Toro, en Panamá, sin saber que las acciones en el interior ya son desastrosas para su partido. Cuando se entera por telegrama del fatal resultado de la incursión al Istmo cumplida el 8 de marzo y del aniquilamiento de la insurrección en toda Colombia, edita en la isla de Trinidad su libelo La verdad de los hechos, o sea diez años de Regeneración donde acusa a la “oligarquía radical” de haber traicionado los ideales libertarios. 

A Cuba 

En Curazao, viviendo casi en la miseria, el 15 de octubre recibe una invitación de su amigo, el general Antonio Maceo, para que se integre al Ejército Libertador de Cuba: 

Creemos los insurrectos que pronto el Ejército español se verá obligado a capitular; y nos alienta, no la esperanza, el firme convencimiento de que a mitad del año venidero el mundo civilizado saludará a la República de Cuba, dueña de sus destinos, pacífica y feliz. El señor Gustavo Ortega [periodista bogotano, secretario de Maceo], me ha informado que Ud. y algunos colombianos desean venir a Cuba a ayudarnos con su contingente personal. Bienvenidos sean todos los patriotas valerosos y dignos… creo que los servicios de Ud. serán de mucha importancia para nosotros en estos momentos. 

Por instrucciones de Maceo viaja a Estados Unidos y se alista con cien cubanos para una expedición en el vapor Hawkins , bajo el mando del general Calixto García. En medio de la estrecha vigilancia de los agentes yanquis y del riguroso patrullaje español sobre las costas de la Isla , la vetusta nave zarpa de Nueva York y zozobra durante la helada noche del 26 de enero de 1896. El naufragio deja cinco muertos y arroja al fondo del océano valiosos pertrechos de guerra . 

El 15 de marzo zarpa desde Atlantic City una nueva expedición, esta vez en el vapor Bermudas , al mando de García y con Avelino Rosas como segundo comandante con el grado de brigadier general del Ejército Libertador de Cuba. Llevando a bordo 73 hombres, mil fusiles, un cañón, municiones, medicinas y equipos, el 25 de marzo el grupo desembarca en Marabí, en el Oriente de la Isla. Para ese momento la guerra contra España lleva más de un año, José Martí ya ha caído en combate y las tropas cubanas han propagado las acciones a todo el territorio bajo el mando de Máximo Gómez y Antonio Maceo. 

El General en Jefe, Máximo Gómez, hace una solemne presentación de Rosas ante el Cuartel General en un campamento el 17 de junio. Días después sale para Camagüey, nombrado por Gómez como jefe de la Brigada de Infantería en esa provincia. Después de una exitosa campaña pasa a Las Villas junto al general Serafín Sánchez y está a su lado cuando el cubano muere en combate el 18 de noviembre. Días después cae Maceo. En Sancti Spiritus rechaza un ataque enemigo al campamento que alojaba al Estado Mayor y al Gobierno en Armas. Asalta con éxito al general español Adolfo Jiménez, p articipa en el célebre ataque contra la base de Cascorro, en Camagüey, y comanda el cuerpo de infantería cuando el núcleo del Ejército Libertador atraviesa la Trocha de Júcaro a Morón: era una amplia franja que cortaba la Isla para impedir el tránsito de los patriotas, delimitada por trincheras y alambres de púas con iluminación eléctrica, fortines y un ferrocarril de punta a punta. También está en célebres acciones como las de Minas y Punta Brava y obtiene victorias en las provincias de Matanzas y La Habana. Su astucia y su arrojo le valen el sobrenombre de León del Cauca . 

El 8 de enero del 97 es ascendido a general de División y designado jefe de la División de Matanzas, en el Occidente, en sustitución del general José Lacret. En aquella provincia la guerra presenta las condiciones más duras para los cubanos, pues allí se concentra el grueso de las fuerzas peninsulares, las poblaciones son más densas y hay abundancia de ferrocarriles y telégrafos. Seis meses después, el temperamento irascible de Rosas choca con el carácter igualmente difícil de Máximo Gómez, quien lo destituye. Poco después recupera su grado y pelea en Santiago durante la ocupación de Cuba por tropas de Estados Unidos a mediados de 1898. Iracundo por la disolución del Ejército Libertador y convencido de que “Cuba está perdida para siempre”, regresa a Colombia para tomar las armas contra el gobierno conservador en la Guerra de los Mil Días. 

El secreto de la Ciénaga de Zapata 

La revista neoyorkina The Great Round World publicó el 29 de julio de 1897 una corresponsalía sobre la guerra en Cuba, que contiene estos párrafos: 

“Nos ha llegado una historia sobre cierta ciénaga en la provincia de Matanzas que los cubanos utilizaron mucho al comienzo de la guerra, pero desde entonces se vieron obligados a abandonarla porque necesitan un guía que los oriente a su interior. Este pantano es notable por los muchos parajes hermosos y saludables que alberga, a pesar estar rodeado por marismas casi infranqueables. La manera de llegar hasta él es tan poco conocida que en todo el Ejército cubano sólo había un hombre capaz de orientar a los insurrectos por sus laberintos hasta el sitio seguro. Este hombre, el coronel Matagas, había vivido en el pantano por muchos años y lo conocía como a la palma de la mano. Sin embargo, murió en una batalla, y desde entonces los cubanos abandonaron la idea de utilizar la ciénaga. Los insurrectos incorporaron no hace mucho a un sudamericano llamado Avelino Rosas, al cual confió el general Gómez la dirección de un cuerpo del Ejército. Con mucha paciencia, este hombre se dedicó a descubrir el secreto del pantano y, después de un enorme trabajo, lo descifró. De inmediato ideó maneras de darle uso militar, y además estableció varios hospitales cubanos en sus entrañas, confiando en que allí estarán a salvo de los españoles.” 

De los Llanos al Sur 

Atraviesa Venezuela remontando el Orinoco e ingresa al Casanare por el río Meta con un puñado de compañeros pobremente armados. En la población de Támara imprime el Código de Maceo , un manual sobre la guerra de guerrillas a la cual considera la única forma de vencer al ejército regular. En Orocué lo esperan el jefe guerrillero Tulio Varón y varios jerarcas liberales que se reponen de derrotas en el interior y piensan que Rosas trae grandes fuerzas y recursos. En medio de discrepancias con los jefes recelosos de su renombre y su capacidad como estratega y táctico, Rosas va a Santa Elena de Upía, organiza dos escuadrones de caballería y emprende una cadena de triunfos por Medina, Villavicencio, San Martín y Uribe hasta ascender a la población de Colombia. Con tropas mal conducidas por sus colegas, el 15 de marzo de 1900 recibe una derrota en Matamundo, Neiva, donde sale herido en la cabeza, lo que aprovechan sus rivales para crearle fama de loco. 

Al frente de una masa humana integrada por familias enteras, por muchos oficiales de título pomposo y por unos centenares de hombres en condiciones de combatir, recorre los llanos del Tolima eludiendo emboscadas y ataques del ejército oficial sin sufrir una sola baja. Cerca de Lérida se retira solitario para ir al Cauca y anuncia a los generales que lo acompañan que sufrirán una inminente derrota si no cambian sus tácticas, lo cual se cumple tres días después. Disfrazado, traspasa la Cordillera Central por una trocha que había explorado años antes y se desvía hacia Manizales para visitar a su familia, pero es reconocido en Santa Rosa de Cabal, encadenado y enviado a Buga bajo fuerte custodia. Desde su calabozo organiza una fuga colectiva de prisioneros de guerra. Bajo el aspecto de pordiosero entra a Cali y pasa unos días en la residencia del cónsul de Suiza, su cuñado Enrique Alder. Combate en la región de Pavas y sale a las bocas del río San Juan, pero las guerrillas que busca ya están disueltas. Recorre de incógnito la costa del Pacífico en distintas embarcaciones hasta llegar al Ecuador y va a Quito a pedir ayuda de su amigo Eloy Alfaro, quien hace cuatro años asumió la presidencia a través de una exitosa campaña militar. 

Lleno de optimismo, escribe el 21 de junio de 1901 a su ex-jefe Máximo Gómez: 

El sistema de campaña de nuestros Grales. no se parece en nada al que adoptamos en Cuba. Tiene bastante semejanza con el método español: principian por dar combates –cuando no batallas– que en el primer encuentro destrozan y aniquilan, y de ello es testimonio la acción de Palo Negro que U. conocerá, donde quedaron cinco mil cadáveres en el campo, y luego emprendimos derrota. Yo no pertenezco a esa escuela de Quijotes. Con U. aprendí a combatir y a vencer siempre a un enemigo infinitamente superior, sin esos grandes sacrificios, y a esos conocimientos, Alfaro coinciden por esos días el director de la Guerra en Cauca y Panamá, general Benjamín Herrera, con Paulo Emilio Bustamante, José Antonio Llorente y otros comandantes liberales. Herrera se niega a conceder a Rosas el mando del ejército en el Cauca y le impone la tarea de organizar en Ecuador un cuerpo de colombianos que penetre por el sur. Sólo la mediación de Alfaro convence a Rosas de aceptar una campaña al frente de una fuerza regular. 

Con unos centenares de exiliados bisoños y con armamento suministrado por Alfaro, pasa la frontera y establece sus cuarteles de campaña en cercanías de Ipiales. Recluta e instruye más voluntarios hasta completar un millar y sostiene algunos combates menores con la mira de abrirse paso a la región del Patía para ingresar posteriormente a su bien conocido Cauca. La mayoría de la población del territorio que hoy es Nariño está fanatizada por el clero católico que encabeza el obispo de Pasto, el español Ezequiel Moreno, acérrimo enemigo del ideario liberal y resentido por el papel que cumplió Rosas en la guerra de Cuba contra España. Es el mismo san Ezequiel Moreno de nuestros días. 

El 20 de septiembre de 1901, el avance de sus tropas fue cortado en las montañas de Puerres por fuerzas gobiernistas muy superiores, bien armadas y hábilmente dirigidas por el general pastuso Gustavo Guerrero; herido y prisionero, fue llevado a la casa que servía de sede al mando conservador de la localidad. Allí, maniatado en un camastro, lo remataron a tiros junto con su secretario José María Caicedo. La muchedumbre se ensañó en vejaciones al cadáver. Conducido a Ipiales, tuvo un sepelio a cargo de los liberales de la localidad. 

Radical, panfletista, guerrillero, conspirador, internacionalista, aventurero, masón, maestro del disfraz, valeroso y arrogante, Rosas demuestra – después de un siglo largo de su muerte– el grado de su compromiso con la libertad en Colombia y en América Latina. Por miedo, por celos o por odio, muchos han pretendido borrar las huellas de Avelino Rosas para que nunca se haga realidad el compromiso de honrar su memoria. 

- (Ver en este blog "Colombianos en la independencia de Cuba"-)

 BIBLIOGRAFIA

Avelino Rosas, Notas políticas , o sea diez años de Regeneración , [Puerto España] Trinidad, octubre de 1895. 

Gonzalo París Lozano , “El general Rosas en la Guerra del 85” , Sábado , Bogotá, mayo 27, 1944. 

Gustavo Arboleda, Diccionario biográfico y genealógico del antiguo Departamento del Cauca, Bogotá, Biblioteca Horizontes, 1962 (edición original: Cali, 1926). 

Nydia Sarabia Hernández, “Colombianos por la libertad de Cuba”, Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, Cuba-Colombia, una historia común , Bogotá, Universidad Nacional, 1995. 

miércoles, 11 de mayo de 2016

SAQUEN TODO, MENOS AL DIABLO


SAQUEN TODO MENOS AL DIABLO”

Recuperación de la Casa del Maestro de Riosucio,

legado testamentario de don Hugo Gartner.
 
LUIS CAICEDO


 

 

En los años ochenta los maestros de Riosucio, como los del resto del país, realizaron varios paros para exigir el pago de la nómina, porque a veces el sueldo se demoraba hasta seis meses en llegar.

 

Uno de esos paros por prestaciones económicas del magisterio tuvo en Riosucio una reivindicación adicional: Recuperar la “Casa del Maestro”, que el señor Hugo Gartner Macías había legado ad aeternum en su testamento de 1940 a la Instrucción Pública para vivienda de los maestros (varones) de la escuela de la localidad, pero que cuarenta años después el Municipio se había apoderado de ella, convirtiéndola en el cuarto de reblujo de la Alcaldía, adonde iban a parar desde los muebles de oficina sacados del inventario hasta la venerable estatua del Diablo del último Carnaval, pasando por botellas, tejas de zinc, bultos de cemento, rollos de alambre de púas, mangueras para acueductos, talonarios de rentas en desuso y demás chécheres a los que no se les hallaba puesto en la casa de gobierno. La edificación, por cierto, estaba en deplorables condiciones locativas sin que le cupiera al techo un hueco más, por donde las aguas lluvias pasaban sin pagar peaje y tenían el piso convertido en un humedal.

 

La manifestación tuvo escenas de gran dramatismo. Una de las maestras se plantó en solitario, cual el joven chino de la Plaza Tianamen en Pekín, frente a la desvencijada puerta de la susodicha casa con el consabido cartel hecho en cartulina, elaborado en el taller de propaganda en que estaba trasformada la Normal Superior Sagrado Corazón por esos días, con la leyenda: “¡Exigimos la restitución de esta casa para los maestros!”, y allí se mantuvo de pie, estoica y en silencio esta docente, pese a que enfrente de ella se cuadró un pelotón de policías con los fusiles apuntando a su humanidad. Pero entonces, sobreponiéndose a la tensión del ambiente, otra de las maestras extrajo no se sabe de dónde el testamento del señor Hugo Gartner, documento que probaba la propiedad de los profesores sobre este inmueble y sobre otro destinado para las mujeres maestras, y con asertiva voz de decreto procedió a darle lectura, con tan razonable contundencia que los policías fueron retrocediendo, hasta dar vuelta atrás y regresar a la estación.

 

En retirada la fuerza pública, otra de las manifestantes levantó una de las latas que servían de puerta a la Casa del Maestro para introducirse al interior, y detrás de ella el magisterio riosuceño en pleno se volcó adentro para tomar posesión del local. En medio del revuelo, uno de los profesores lanzó por consigna una frase que en cualquier otro lugar del país y del mundo habría hecho persignarse a más de una persona, pero que en Riosucio era apenas una medida elemental de protección del patrimonio cultural del pueblo: “¡Saquen todo menos al Diablo!”.

 

Desde entonces la Casa del Maestro regresó a sus legatarios, quienes con su propio esfuerzo levantaron de las ruinas la casa de Hugo Gartner hasta convertirla en la importante institución que es hoy.

 

 

Luis Javier Caicedo

 

Riosucio, Caldas, 10 de mayo de 2016

  
 
TESTAMENTO DEL SEÑOR HUGO GARTNER

 
Fuente: Archivo Municipal de Riosucio. Libro Personería Municipal Riosucio Caldas. Escrituras Municipales. Tomo I. Copia del original expedida el 20 de febrero de 1925[1]

 

TESTAMENTO. HUGO GARTNER, mayor y vecino de Riosucio, Caldas, ciudadano colombiano, nacido en [ilegible], entonces del Departamento del Cauca, el día cuatro de diciembre de 1877, hijo de los padres legítimos JORGE GARTNER G. y LAURA MACÍAS S., hallándome en mi entero y cabal juicio y [pudiendo] otorgar mi testamento o última voluntad, lo hago en los términos de las cláusulas siguientes:

 

Primero: Soy cristiano, por ser el Cristianismo en mi sentir la más alta expresión de democracia y la magna doctrina de igualdad, y de consiguiente he sido liberal irrestricto, enemigo de prácticas hipócritas y de manifestaciones insinceras religiosas, no habiéndome [pertenecido] nunca a culto ninguno externo.

 

Segundo: Como no tengo ascendientes ni descendientes [y] consiguientemente puedo disponer libremente de mis bienes, es mi voluntad y así lo ordeno, que [particularmente] ningún miembro de la familia GARTNER intervenga en lo más mínimo en mis disposiciones por haberme ellos repudiado y ultrajado públicamente, calumniándome, en las postrimerías de mi anciano padre, propalando la especie infame de que yo apaleaba a mi padre indefenso en su lecho de enfermo, cosa inaudita e inexacta, nacida sólo en el corazón de gentes ruines, por lo cual dejo mi eterna protesta.

 

Tercero: los pocos bienes que poseo, los distribuyo en la forma siguiente: La casa en que vivo y adquirida por mi padre en la escritura 585 de 15 de noviembre de 1927, la doy como legado a la Instrucción Pública, para que sea siempre destinada a ser habitada por el maestro de escuela superior o en su defecto de uno de los que se ocupen en la enseñanza pública, no pudiendo en ningún caso disponer de ella para ningún otro menester, [ni] en el caso de ser cerradas las escuelas, en cuyo caso pertenecerá siempre al Ministerio de Educación, pero exclusivamente para el fin indicado.- En caso de incendio o destrucción del edificio por cualesquiera motivos, el terreno donde se halla ubicada será siempre de [su] pertenencia y destinado para edificar, con el mismo objeto.- Ni el ministro ni autoridad [alguna] podrán en ningún caso darle otro oficio que el antes anunciado[2].- Quedan también [adjuntos] a dicho inmueble: Una mesita con una colección completa de la Biblioteca “Samper Ortega”, 100 volúmenes, que servirán para los mismos maestros, procurando conservarla en buen estado, los taburetes y sillas y un escritorio y un catre con colchón que hay en uno de los [cuartos] interiores, un escaparate y una de las mesitas de noche.- El resto de muebles y enseres de toda laya, los doy sin excepción a la señorita ANA CANO. Una máquina de escribir y su mesa correspondiente, también la dejo a la expresada señorita. Un aparato de radio y su mesa correspondiente, será para la señorita JUANA B. CANO, como también el parlante que le está conectado. Un Cristo y un reloj eléctrico de pared, al doctor LORENZO BETANCUR G. El menaje de cocina, [platos], etc., a ANITA CANO.- Toda la herramienta, útiles de relojería, material eléctrico, etc., [ilegible] al señor DOMINGO CANO B., incluyendo una forma o soplador (forja y tarraja). La ropa de cama, usada y sin usar, para la señorita ANA CANO, quien hará la distribución que estime conveniente.- Todos mis papeles, tras de una revisión que suplico haga el doctor L. A. BETANCUR, para que extraiga de ellos alguna cosa que crea útil, quiero que sean quemados, lo mismo que los sellos de caucho que no sirvan para nada, así como las fotografías y retratos, que no quiero que en el porvenir vayan a servir de ridículo, sacando los marcos y esqueletos, deben quemarse totalmente.

 

Cuarto: La casa que adquirí por escritura número 132 de 9 de abril de 1937 y que han ocupado las señoritas CANO, seguirán ocupándola por todo el tiempo que vivan y sólo cuando ambas hayan desaparecido, quedará de propiedad del Ministerio de Educación para ser ocupada por una maestra, en las mismas condiciones establecidas para el maestro en la cláusula anterior.

 

Quinto: Las cuatro acciones de veinticuatroava que poseo en la trilladora “La Victoria”, [que] me sonsacaron la trilladora, con falsas promesas que nunca cumplieron los dos pelafustanes de OLIMPO MORALES y JESÚS CUESTA C., por un precio ridículo que extrajeron de los mismos productos de la empresa, pagándomelos cuando les vino en gana, los dejo para el Hospital de Caridad de Riosucio[3], advirtiendo que se puede intentar una demanda de rescisión de tal venta por lesión enorme hasta el primero de julio de 1940 o después, si la ley lo permite.- Dejo [así mismo] legado al hospital, las cuatro acciones dichas y su producto, con el derecho a [ilegible] la trilla y seca del café en las condiciones que determina la escritura de venta [. La] deuda del Municipio, que son CATORCE MIL PESOS (14.000.oo)[4] y los intereses no [pagados conforme] a una cuenta que figura en uno de los libros[5], la dejo con todos sus derechos a las señoritas CANOS, ANA y JUANA CANO B., como pago por sus ingentes servicios durante mi enfermedad y aislamiento y para que una vez conseguido el pago de dicha deuda, el capital sea invertido en cédulas del Banco Hipotecario, para que disfruten de sus réditos hasta la muerte de [las dichas], no permitiendo que se le dé otra destinación y que no puedan enajenarla en ningún caso. A la terminación de este mandato, esto es, a la muerte de ambas, ese dinero pasará a ser propiedad del Hospital de Neira, Caldas, población en donde vio la primera luz mi madre y como un recuerdo suyo.- Si al tiempo de mi muerte aún existe un reloj de oro de repetición, lo dejo a mi ahijado DANIEL LONDOÑO GÓMEZ, hijo de mi compadre ELÍAS LONDOÑO P. El reloj de mesa y campana que ha estado en la salita de mi casita con su consola, es para don DOMINGO CANO.

 

Séptimo: [Quisiera] ser enterrado en el Cementerio Laico de Pereira[6], a cuyo efecto dejo para pagar el traslado y pago del sitio allá, unos pesos que quedan con este testamento en el cajón de mi escaparate y cuya llave dejo bajo cubierta para que sea abierto por el señor Notario únicamente para dar cumplimiento a las determinaciones del presente testamento.

 

Octavo: Advierto que no tengo deuda alguna contraída y que un documento que obra en poder del señor VICENTE GARCÉS, DE LA CUESTA, es nulo, porque no habiéndoles podido comprar la parte suya, hace largo tiempo que le puse en posesión de ella y le aboné cantidades suficientes para el pago de intereses [de] pequeños préstamos.- Toda actuación de su parte la declaro absolutamente nula, ya que como [puede] atestiguarlo JESÚS CUESTA, el señor VICENTE GARCÉS ha venido recibiendo su participación [y] ha podido y puede disponer libremente de la tercera parte que tiene en la trilladora.

 

[Muero] haciendo votos por el continuo triunfo del liberalismo, al que consagré los mejores años de mi vida y toda mi decisión, tanto en la paz como en la guerra.- Si en mi carácter de veterano de la última guerra se cumpliere la recompensa prometida (todos mis documentos [reposan] en la junta de escalafón), su valor lo obsequio al fondo liberal del partido.

 

No llevo a la tumba sino malos recuerdos, si ellos existen allá, de Riosucio, en donde para desgracia me tocó vivir los últimos tristes días, y el rencor contra los que abusaron de mi enfermedad, para quedarse por unos pesos con la mayor parte de mi patrimonio, con falsas [promesas], sobre todo Chucho Cuesta, que se deleitó abusando de mi situación, Maldito sea.

 

Tengo la satisfacción íntima de no haberle hecho mal a nadie o si en ocasiones he sido amargo [en] mis críticas, que me ha asistido la razón y la justicia. Firmo el presente en Riosucio [a] nueve de octubre de mil novecientos cuarenta.

 

 

HUGO GARTNER

Cédula Número 297998.

 

Nota escrita a mano en el original: Escritura Nº 119 de febrero 26 de 1943; registrada marzo 3 de 1943, en el libro 2º, folio 35, partida Nº 12. Y en marzo 24 de 1943, en el libro 2º, folio 41, Nº 16.

 




[1]El texto original se ha organizado en párrafos y se le han agregado los resaltados, para su mejor comprensión. Entre corchetes [ ] van palabras que son ilegibles en el texto debido a que la fotografía que se tuvo a mano no captó bien uno de los bordes del documento.
 
[2]El Concejo Municipal de Riosucio exoneró este inmueble del pago de impuesto predial mediante el Acuerdo N° 250 de 1911. Así “se hizo justicia con un bien inmueble donado al magisterio riosuceño por el filántropo Sr.  Hugo Gartner, el que presta invaluables servicios a la ciudad” (Concejo Municipal. Informe de labores 2011. Directiva: Luis Eduardo Lasso Arenas, Halmer Nelson Morales Suárez y Rubén Darío Giraldo Trejos).
 
[3] Se trata del para entonces recién construido Hospital San Juan de Dios, que estaba ubicado en la Avenida El Ciprés. Fue demolido en los años 1960 y en ese terreno se levanta hoy la Casa de Justicia.
[4] Estos dos resaltados son del original y están en tinta roja.
[5] Esta deuda fue aprobada en su momento por el Concejo Municipal de Riosucio mediante el Acuerdo N° 72 de 1937, cuya copia se localiza en el Archivo Departamental (Edificio de Rentas, adyacente a la Gobernación de Caldas, Manizales), por el cual se aprueba un contrato de empréstito privado entre el personero municipal, LEON S. BETANCUR H., y el señor HUGO GARTNER, cuya cláusula primera dice: “El Municipio se reconoce como deudor del señor Hugo Gartner, por la suma de DIEZ Y SIETE MIL PESOS MONEDA LEGAL ($ 17.000,oo), como valor de quince bonos o vales del acueducto de Riosucio que el señor Gartner posee (…)”. El Municipio se comprometió a pagarle al acreedor la primera cuota de contado ($ 3.000), y los otros $ 14.000 en cuotas mensuales de $ 150.000 y $ 200.000. Al parecer, según el testamento, para 1940 sólo se habían pagado los $ 3.000 iniciales.
[6] H. Gartner había pronunciado una oración fúnebre en este cementerio en el aniversario de la muerte del líder socialista Clímaco Jaramillo cerca de 1927 (http://www.revistas.unal.edu.co/index.php/hisysoc/article/view/41916/47823#30).

lunes, 9 de mayo de 2016

POR TIERRAS DE XIXARACA


Alfredo Cardona Tobón*
 
 

Sobre la serranía de Guarguará que marca linderos entre Riosucio y Quinchía  se levanta un afloramiento batolítico  denominado Carambá por los nativos y Batero en las crónicas españolas.

Esa mole granítica similar al Cerro Plateado de Fredonia, a los farallones de la Pintada, al Carbunco de Supía, al Ingrumá de Riosucio, al Gobia  y al Opirama  de Quinchía, está  rodeada de historia y de leyenda. Según cuenta  Fray Pedro Cieza de León, en  la cumbre del cerro  Batero se aparecía el demonio a los jeques “por ser este un gran santuario, adonde solo ellos suben, por ser la subida escabrosísima y de peña tajada por donde los gatos aún no pueden bajar.”

En ese sitio sagrado moraba Xixaraca, que no era un demonio, como dice Cieza de León,  sino el  Dios tutelar de los ansermas  que junto con la diosa Michua regía la vida de umbras y otras tribus de la región.

Los documentos coloniales  apenas nombran a  Xixaraca o Xixarama; sin embargo, pese al empeño de los misioneros en borrar su imagen,  el  anticlericalismo de los liberales radicales del Cauca atenuó la influencia de la iglesia en el Resguardo de  Quinchía  permitiendo que la parcialidad de Currumí o  Talabán,  conservara hasta  mediados del siglo XX  parte de la cultura ancestral, incluyendo el recuerdo de sus dioses tutelares y el lenguaje de los umbras.

LOS CURRUMÍES

Cerca de la quebrada La Maldecida, que ahora llaman La Bendecida, la comunidad de indios currumíes tenía una pequeña parcela; eran los últimos sobrevivientes de una raza que en tiempo lejano había dominado todo el territorio y malvivían con la fabricación de ollas y  cayanas de barro, canastas de bejuco y el cultivo de maíz capio y una variedad con mazorcas de colores. No tenían ganado vacuno  pero  criaban unos marranos negros y largos que parecían jabalíes y unas gallinas livianas, de vuelo largo, alimentadas con  grillos y gusanos

En la madrugada de los domingos, los currumíes salían a   Quinchía a vender sus productos, a comprar víveres y a emborracharse. Adelante iban los varones con  camisas blancas, pie en tierra y jíqueras; atrás caminaban  las mujeres con los canastos, la cara pintada con achiote y trajes rojos y repolludos.

Cándido Aricapa  era el capitán de los currumíes. Aunque por  ubicación geográfica la parcialidad era guatiqueña, por afectos liberales se  consideraban quinchieños. Cándido era una biblia, se las sabía todas: era mediquillo, culebrero, peón de estribo, guaquero, aguardentero y contador de historias.

Recuerdo a Cándido recostado en un taburete de baqueta en el corredor de su rancho; parecía una momia  perfilada por la luz de las velas.  A menudo se reunía con mi papá y al calor de las brasas del fogón de leña y de unos cuantos tragos de tapetusa hablaba de los dioses currumíes, de espantos y aparecidos, de la maldición del fraile Moreta, de las esmeraldas de Mápura….

Lo que no hicieron los españoles y no lograron los intrusos paisas  lo hicieron “los pájaros” en la década de los cincuenta  del siglo pasado, que los persiguieron por su credo político y por ser protestantes; les arrebataron su parcela y la vida;   Cándido quedó bajo dos metros de tierra y otros emigraron  diluyéndose entre la peonada de los ingenios azucareros del Valle.

La parcialidad currumí desapareció y se esfumó su memoria. Afortunadamente algo quedó en las crónicas de Emilio Betancourth  y en las leyendas de los campesinos  con ancestro indígena  que hoy reviven a  Xixaraca en  la cumbre del Batero, a la diosa Michua, Señora del Valor y de la Guerra y a los maléficos tamaracas.

La eterna lucha entre el bien y el mal se replica entre Xixaraca y los tamaracas. El Creador de los ansermas regía el paso del sol y la luna, el vuelo de las aves y  protegía a los suyos de los tamaracas que aparecían en forma de langosta, de enfermedad y granizo; Xixaraca sepultaba a los tamaracas bajo la mole del Cerro Opirama, mientras la diosa Michua lanzaba rayos desde el Batero, convertía los bejucos en culebras y el agua en sangre cuando los extraños invadían el territorio Anserma.

En la orilla del rio Quinchía, en la vereda de Mápura, se ven  enormes  huellas con forma humana estampadas en las rocas; se dice que son las  pisadas que dejaron  Xixaraca y  Michua al abandonar  a  Guacuma  agobiados por la ingratitud  de los suyos .

 Desde lo alto del Batero se  desprenden dos  pequeñas cascadas; otra leyenda habla de las lágrimas de Michua que siguen desprendiéndose del cerro hasta que algún día la diosa regrese a su santuario.

 

LA HISTORIA

De nada sirvió el valor de la gente del cacique Chiricha ante los mosquetes y los perros carniceros del conquistador Badillo  que ocupó el territorio de Guacuma y cambió este nombre por Quinchía cuando llegó  a un caserío donde el viento emitía lúgubres sonidos al pasar por las calaveras  ensartadas en las guaduas de los quinchos o  defensas en guadua que lo rodeaban.

Siglos más tarde el ruido de las armas  retumbó nuevamente por los lados del Batero: el 27 de marzo de 1877 las tropas liberales del Cauca  chocaron con una columna conservadora de Antioquia; fue un combate sangriento donde los macheteros quinchieños comandados por Zoilo Bermúdez definieron el triunfo liberal  que allanó la toma de Manizales

El 5 de junio de 1961  una patrulla del Batallón Ayacucho capturó a un sospechoso que  identificaron como  “Capitán Venganza” y lo asesinaron camino al puesto militar de Batero. Fue el principio del fin de la “República Bandolera” que tuvo como centro de operaciones un vasto territorio del antiguo dominio de Xixaraca.

Al soplar vientos de paz, los nativos de Mápura están reviviendo la lengua umbra y las costumbres de los ancestros. No lejos del cerro Batero vuelve a florecer una cultura que se daba por desaparecida. Pero ahora no son los paisas ni la iglesia católica quienes amenazan a los antiguos umbras sino  la invasión de los embera- chamíes, que se han infiltrado en sus resguardos y tomando la vocería de los raizales, han  impuesto su lengua y se han apropiado de los recursos que asigna el Estado a las comunidades indígenas.