sábado, 13 de agosto de 2016

BATALLA DEL PANTANO DE VARGAS


CORONEL: ¡SALVE USTED LA PATRIA!

Alfonso Plazas



Corría el año de 1819. Nueve años después del grito de independencia. Se desarrollaba con toda su fiereza la Campaña Libertadora de la Nueva Granada.

Las tropas de Simón Bolívar habían cruzado los Andes por el lugar más difícil, y por esa misma circunstancia habían sorprendido a los españoles. Mal cuidado el Trincherón de Paya, en lo alto del páramo, y pobremente guarnecidas las poblaciones de Gámeza y Tópaga para impedir el acceso al altiplano, permitieron sendos triunfos de los libertadores que luego de sufrir el envenenamiento de algunos de sus hombres en Sogamoso, lograron establecerse en la Hacienda de Bonza, jurisdicción de Duitama.

Contaban con puesto de mando organizado y corrales disponibles para remontar una caballería inexistente, pues que solo unas pocas mulas habían sobrevivido la travesía y los combates, estaban a pie. Los hermanos Niño, propietarios de muchas cabalgaduras, pues ese era su negocio, ofrecieron hasta doscientos potros cerreros por la causa libertadora, los cuales, aceptados por el libertador, no tardaron en llegar. Entonces el vecindario del mayorazgo de Surba y Bonza se convirtió en el escenario de un impresionante jaripeo, en el cual los soldados llaneros habilidosos jinetes domeñaban a sus cabalgaduras, bajo la vigilancia de su jefe el teniente coronel Ramón Nonato Pérez.

Algún soldado que no pudo con su montura, fue increpado por Pérez, bravo llanero Triniteño quien le pidió la bestia, para demostrarle cómo era que se le dominaba. Pero le fue mal, el caballo lo descargó contra unas piedras, dejándolo inconsciente. Nunca recuperó el conocimiento y habría de morir un par de meses después.

Le sucedía en el mando Juan José Rondón. Llanero venezolano dicen muchos. Granadino de Soatá, Boyacá, dicen otros. Un hombre de pocas palabras, inteligente pero tímido, los lanceros lo respetaban por su valentía y su habilidad con la lanza. Era capitán. Bolívar lo ascendió a Teniente Coronel ese mismo día, para reemplazar al desventurado Nonato Pérez, en el manejo de la caballería patriota.

Un par de días después, el 25 de julio de 1819, en plena batalla del Pantano de los Vargas, Bolívar no lo había empleado en el combate. No le inspiraba confianza y sus llaneros apenas manejaban sus nuevas cabalgaduras. De modo que cuando al finalizar la tarde se realizó el Consejo de Guerra, para determinar la conducta a seguir, después de horas de lucha, de centenares de muertos y heridos en los cerros de “la guerra” y “el cangrejo”, y frente a la aparición a lo lejos de la caballería real, lujosamente enjaezada, tropas frescas y bien armadas, Bolívar le expresó a su Estado Mayor:

“-Se nos vino la caballería y se perdió la batalla…”

 

No se imaginaban los generales patriotas que se venía el momento glorioso. El improvisado teniente coronel Juan José Rondón, se atrevió a hablar y les dijo con mucha modestia:

“-Mi general, ni yo ni mis hombres hemos combatido.”

 

El Libertador lo miró con sorpresa y algo de desprecio. Su frase hoy recitada con entusiasmo, en realidad era irónica. Salía de los labios de quien había luchado todo el día con sus más avezados batallones y no lo había logrado:

“- Coronel, salve usted la patria.”

Imagina uno el pensamiento del libertador en ese momento: (“Este llanerito que está pensando, si hemos luchado con nuestros mejores soldados, y hasta el comandante inglés se debate entre la vida y la muerte. Si hemos perdido centenares de soldados en tantas horas de terrible enfrentamiento... ahora va a creer que él va a salvar esta grave situación…pero dejémoslo a ver con que sale…)

Rondón no esperó una segunda orden, y empezó a llamar a los comandantes:

“Infante, Carvajal, Gutiérrez, los que sean valientes síganme…”

Solo algunos oficiales y suboficiales reaccionaron. En total 14, cuyos nombres los recoge la historia y aparecen esculpidos en bronce en el lugar de la batalla, obra del maestro Rodrigo Arenas Betancourt. No había tiempo de planear, la caballería española ya estaba encima; al galope tendido, montados a pelo y manejando los potros tan solo con sencillas riendas, este puñado de valientes partió en dos la formación de la caballería española, blandiendo las lanzas en golpes mortales que no daban lugar a reaccionar a los jinetes peninsulares.

Los 200 soldados llaneros, que no salían de su asombro, siguieron a casi cien metros de distancia a sus comandantes que se batían como fieras. De modo que un minuto más tarde cuando alcanzaron el lugar de la confrontación doblegaron a los españoles en forma contundente e incontrolable. El toque de retirada no se hizo esperar en las tropas de Barreiro. La lujosa caballería peninsular derrotada y diezmada abandonó el campo de combate, al galope.

Bolívar bautizó el 25 de julio con el nombre del “día de San Rondón”. Y cada año recordó esa fecha. 

 

domingo, 7 de agosto de 2016

ANSERMA Y EL MÉDICO ALBERTO CAMARGO FONSECA


CONFERENCIA DE   Eliecer Zapata Bonilla
                                               Calle principal de Anserma, Caldas


Cuando ha transcurrido largo tiempo desde el día de la partida hacia lejanas tierras del doctor Alberto Camargo Fonseca,  y más de dos años de su muerte en Norteamérica. Anserma, debe, por gratitud, volver la vista atrás para analizar quien fue ese personajes que llenó el ámbito de la comarca, con su personalidad, su inteligencia y su capacidad de servicio, pues que se sepa, hasta el presente las gentes mencionan al doctor Camargo como un benefactor de la comunidad ansermita, pero de su vida y de su obra se sabe muy poco, y nada está dispuesto en la ciudad a guardar su memoria, esa misma que es orgullo de todos, pues su inteligencia superior tocó más de una generación, y más  de un empeño se realizó gracias al dinamismo y la influencia de este hombre hecho para la ciencia y el servicio.

 Al llegar la ciudad a los 450 años de fundación,  no debe dejar de lado a quienes llegaron en cualquier día a sentar su planta en esta tierra,  y a ejercer, por voluntad propia, un magisterio del que el ganador fue toda la comunidad. Es el caso del doctor Camargo Fonseca,  quien revistió todos los atributos del hombre de bien, del amigo sin tacha, del ciudadano servidor del pueblo, del científico dedicado al bien humanitario, y del dirigente ejecutor  de serios proyectos y programas. A una personalidad de múltiples facetas como la de este médico, se le debe recordar para poder al hacer el balance de los logros de la comunidad en los 450años, saber cuánto han aportado los foráneos, esos que sin raíces de clase alguna en el medio, entregaron su vida y su obra en pos de la total civilización de una raza digna  cada vez más de mejores posibilidades.

Con una formación europea, miembro de una familia ilustre, de esas que en Boyacá y Cundinamarca, hablan de ancestros aún, y tienen en verdad pergaminos, el doctor Camargo, bien pudo ejercer su profesión en la capital de la república destacándose como un verdadero científico. Este galeno nació en Paipa, Boyacá, en 1898, en una familia tradicional, y de perspectivas históricas, pues entre sus parientes en la ascendencia, está el expresidente Sergio Camargo,  y entre los actuales, y en calidad de primo, el expresidente Alberto Lleras Camargo, pues el padre del doctor Camargo era hermano de la madre del expresidente Alberto Lleras Camargo  lo que nos está mostrando una línea donde la inteligencia ha sido una constante,  y una consagración al  servicio de la patria, pues al leer la vida y obra  del expresidente Sergio Camargo,  se entera uno de las calidades humanas de este patricio, benefactor de la república,  y para nadie es un secreto que Alberto Lleras Camargo ha sido una de nuestras glorias universales, por su clara inteligencia, y por sus servicios no solo a la república sino al continente entero.

Alberto Camargo Fonseca hizo sus estudios primarios en Tunja,  y fue estudiante honorario del colegio de Boyacá y posteriormente del Mayor del Rosario de Bogotá, donde obtuvo su bachillerato.  Terminados sus estudios secundarios viajó a Europa, radicándose en España,  donde en Madrid cursó  estudios de medicina, obteniendo su grado  de médico en el año de 1923, siendo, como lo era en su época, firmado su diploma por el rey Alfonso XIII. Pero no concluyó  aquí su sed de saber. Diplomado en la ciencia de Hipócrates, viajó a Francia,  y en Paris realiza su especialización. Quedaba Camargo capacitado en las mejores universidades del mundo de sus días, para llegar adonde quisiera a ejercer con lujo su profesión, esa que amó por siempre sin mirar más que en el servicio convirtiéndolo en un apostolado del que millares de ansermeños recibieron los más positivos frutos.

El doctor Camargo llegó a Anserma por 1926, y por espacio de 43 años, hizo su vida silenciosa en esta ciudad, donde se sabe, a los ricos poco cobraba y a los pobres nada les cobraba obsequiándoles además los medicamentos. Peno no solo esta actuación engrandecía su figura, eral el médico de todos, el profesional que salía a cualquier hora de la noche, sim importarle las distancias a salvar  a un congénere, sin preguntar de que recursos disponían para pagarle sus honorarios.  Sin condición alguna asistía a dolientes de Viterbo y Guática a quienes curaba son precisión científica.  Llegó a tal el conocimiento del estado de los enfermos, que temían muchos el diagnóstico del doctor Camargo, pues cuando decía este se alivia no fallaba en su apreciación, pero al contrario, cuando ponía término de horas o días a un pacientes para morir, también acertaba, y todos sabemos  que la muerte aterra al sujeto activo de ella y a sus seres queridos.

Camargo Fonseca fue un apóstol de la caridad, el samaritano caritativo de las horas aciagas de la violencia, pues sin importarle en lo más mínimo el color político  del herido de turno, lo recogía personalmente, arriesgando su vida  entre las balas y la oscuridad, para llevarlo hasta el hospital y darle la curación del caso. De ellos fueron beneficiarios conservadores y liberales, sin descontar que Camargo fue durante toda su vida un liberal doctrinario, que asistió al Concejo municipal de Anserma en forma ininterrumpida por  unos veinte años,  habiendo llegado por su partido a la Asamblea departamental de Caldas, donde logró gestiones valiosas  para la salud en todo el departamento.  A él  debe, igualmente, Anserma la fundación de la Cruz Roja, como entidad de servicio imparcial, pues él vivió la Europa de la postguerra,  y supo por su inteligencia disciplina como fueron las dos  confrontaciones mundiales, tenía el más abierto espíritu para la causa de la solidaridad.

Con esta reseña biográfica queremos rendir homenaje a quien hizo por Anserma más de lo que le fue dado. Esta apreciación queda refrendada en la forma como los ansermeños de hoy, mencionan su nombre con el mismo respeto con que los ansermeños de ayer estimaron el galeno. Para salvar su memoria es bueno exaltar en  el mármol el nombre del científico que sin ambición de ningún género, entregó subida a un pueblo al que no sabemos por qué llegó. Queda por investigarse con más profundidad el resto de una biografía que está hilada a la de este pueblo por más de cuarenta años, cuando salió para Estados Unidos donde murió hace un poco más de dos años.