domingo, 18 de septiembre de 2016

LA MULTIPLICACIÓN DE LOS VOTOS




Alfredo Cardona Tobón
                                                   Calle de Quinchía  


Las división conservadora  de Guillermo Valencia, padre,  y de Alfredo Vásquez Cobo  a raíz  de las señales equívocas de la iglesia católica que al principio respaldó un candidato y luego respladó al otro, dio como resultado  el triunfo del candidato liberal en  las elecciones del 9 de febrero de 1930 .

El gobierno de Olaya Herrera tuvo la  oposición de los llamados  “curas guapos” que atizaron la violencia partidista en   Boyacá y los Santanderes , agudizada por la crisis económica en Estados Unidos que repercutió en todo el mundo, incluyendo en la frágil estructura colombiana.

En medio de mil dificultades de la naciente “República Liberal”, en febrero de 1931 se celebraron las elecciones para cuerpos colegiados dentro de una tensa atmósfera política.  Por ese entonces, Emilio Latorre desempeñaba la gobernación del departamento de Caldas, donde empezaba a tomar forma la tenebrosa Violencia Politica que llenó de sangre este  departamento.

Tres días después de las elecciones los liberales celebraron el triunfo en Mocatán ( hoy Belén de Umbría)  y a los vivas de los unos y los abajos de los otros se armó la gresca entre liberales y conservadores  con escaramuzas que se prolongaron hasta mayo de 1931 con el saldo de varios muertos y numerosos heridos.

En  Quinchía  desempeñaba la alcaldía Marco Antonio Montoya, un coronel revolucionario de la Guerra de los Mil Díaz sin las mínimas  aptitudes para ejercer cargo alguno y por lo tanto  a merced de otros más preparados que en realidad manejaron  el municipio.

LAS ELECCIONES DE 1931

El primero de febrero de 1931, día de las elecciones, apareció  un sol radiante, sin una nube que alterara el azul del cielo. Era como una señal de otro triunfo del conservatismo caldense. En  las veredas de Quinchía los campesinos se agruparon bajo las banderas de sus capitanes. Rojas eran sus banderas y rojos turquí  los pañuelos rabodegallo que anudaban a sus gargantas.

A la seis de la mañana Froilán Cárdenas y Crisanto Alvarez  hicieron estallar dos tacos de dinamita en las laderas del Cerro Puntelanza, era la señal para iniciar la marcha desde Santa Elena, desde Encenillal y Opiramá. El sonido de los cachos resonó por Cantamonos y Murrapal, se extendió por Yarumal y Corozal y columnas compactas de campesinos iniciaron la marcha hacia el casco urbano.

Ceferino Rios convocó a los vecinos de Batero y Moreta, Rafael Gironza marchó con los suyos desde el Higo mientras Rogelio Vinasco con la gente de Sausaguá se unía a los liberales de Mápura y Eusebio Arce comandaba el nutrido grupo que esperaba la gente de Buenavista y Quinchiaviejo en la parte alta de Callelarga.

Lisandro Garcés hizo estallar otros dos tacos de dinamita en la loma de Guerrero y otras columnas que  avanzaban desde Florencia y Aguasclaras apuraron el paso animadas por los vivas, el sonido de los cachos y los tragos de aguardiente tapetusa.

Los pocos conservadores de Quinchía se acercaron a las urnas apenas empezaron los comicios y una vez depositaron su voto se recogieron en sus viviendas antes de la llegada de los bloques compactos de los campesinos liberales. Los dirigentes  conservadores Benjamín Vásquez y Alfonso Moreno  acompañaron a depositar el voto  a los pocos labriegos mofletudos de las zonas frías de La Ceiba, El Tabor y Barroblanco . Eran unos valientes, unos “godos calzonudos”, como los llamó Emilio Betancourth, al atreverse a bajar al pueblo  a sufragar en medio de la alborotada marejada roja.

Pese a la algarabía nada trágico ocurría en las elecciones quinchieñas, fuera de las vivas, los abajos y el manejo amañado de las urnas. Esa tarde al terminar el conteo de los votos la victoria liberal se repetía en Quinchía. No era raro, pues eso sucedía desde tiempos inmemoriales porque las parcialidades a más de anticlericales conservaban vivo el espíritu del radicalismo liberal.

Fue una victoria esperada, pero con cifras tan elevadas, que esta vez fue evidente el robo descarado en las urnas.. Sufragaron  2185 liberales y solo 232 conservadores. Como las estadísticas registraban un potencial electoral de  3821 votantes en el municipio, las cifras indicaban que para  alcanzar la cifra de 3417  habrían tenido que votar hasta los niños.

El 30 de abril de 1931 el Tribunal de lo Contencioso Administrativo de Manizales declaró nulas las elecciones del municipio de Quinchía y también las del municipio de Risaralda,  donde también se anularon las elecciones al descubrir otra multiplicación de los votos.


                                           Panorámica de Risaralda- Caldas-

En esas elecciones el fraude fue general. Se repetía el dicho de quien escruta elige, principio con el cual se sostuvo el radicalismo liberal durante décadas.  Las cifras arrojaron  54.472 votos liberales y 48.519 conservadores; eso era imposible en un departamento como Caldas, donde siempre habían triunfado los conservadores.