jueves, 29 de septiembre de 2016

LA BORRASCA DEL RIO MAPA- SANTUARIO-




Este interesante documento muestra uno de los desastres naturales más notorios en la historia de Santuario- Risaralda-  y la respuesta de una comunidad entusiasta y cívica antes del éxodo desatado en ese municipio por la violencia partidista de mitad del siglo pasado.

Alfredo Cardona Tobón-




Tomado del Periódico SANTUARIO-  ORGANO DE LA SOCIEDAD DE MEJORAS PUBLICAS DE ESE MUNICIPIO- 1948-

En la noche del 26 de octubre de 1948, el pueblo de Santuario fue conmovido violentamente por una terrible borrasca del Rio Mapa. La avenida del rio fue ocasionada por una represa de tierra al derrumbarse una de las laderas situada en la cabecera del rio.

Más o menos a las ocho de la noche los empleados de la Planta Eléctrica, ya que esta se encuentra en las riberas, se dieron cuenta por el estruendo de las aguas embravecidas , que se acercaba una borrasca, y escasamente tuvieron tiempo  de avisar telefónicamente al  pueblo para salir inmediatamente y protegerse de una seguras catástrofe.

En realidad el volumen de las aguas había aumentado considerablemente arrastrando en su marcha impetuosa árboles  maderas, piedras de gran tamaño, ranchos, casas y construcciones de sus orillas. El puente de Cundina fue arrancado desde sus cimientos y destruido en su totalidad, lo mismo que el de la Planta Eléctrica y el que conduce a Pueblovano. Al llegar las aguas a la bocatoma de  la Planta Eléctrica era tal  el ímpetu que  destruyeron completamente las construcciones, arrancaron muros,  dejando piedras de gran tamaño en la acequia, en tal forma  que fue preciso echar provisionalmente el agua para probar el funcionamiento de la Planta, fue necesario dinamitar las enormes piedras  para poder levantarlas  con grúas. El edificio de la Planta quedó inservible en su totalidad pues la borrasca lo inundó llenando todo  de lodo y de piedras, destruyendo más de la mitad de la casa y arrastrando  los objetos que encontró a su paso. La casa quedó desvalijada y la familia del señor Clemente Souflert,  administrador de dicha unidad sin más bienes que  los que llevaba puestos, es decir la ropa, cuando desocuparon el edificio para refugiarse en un monte cercano.

La maquinaria de la Planta sufrió  grandes desperfectos,  no sabiéndose como pudo resistir el empuje de las aguas y no ser arrastrada junto con la casa, ya que es de advertir que  la edificación es endeble y cercana al río.

LOS CONVITES

Afortunadamente  parte de los daños fueron reparados por el pueblo que al día siguiente se lanzó en convites a limpiar el lodo,  mover las piedras  y hacer los trabajos más urgentes. Fueron organizados por damas y caballeros de lo más selecto de nuestra sociedad varios convites durante el fin de semana,  agradeciéndose en alto grado  el desinterés y el entusiasmo del señor Emilio Jaramillo, actual administrador de los trabajos en la pavimentación de la plaza, y a sus magníficos trabajadores,  pues lucharon hasta el momento de poder alumbrar el pueblo.

Igualmente nos permitimos recordar la imponencia del convite efectuado el lunes primero de noviembre,  ya que mediante el entusiasmo del señor Horacio Jiménez  y su propaganda del domingo anterior,  casi todo el pueblo concurrió a él y las damas cooperaron eficientemente para que a los voluntarios obreros no les faltara alimentación y atenciones. Para don Horacio nuestros agradecimientos y para las damas que una u otra forma ayudaron a la realización de dicho certamen cívico, nuestra gratitud  y voz de aplauso.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

LOS PIJAOS


Alfredo Cardona Tobón

 


Los  pijaos  al igual que los guanes, los palenques y los noanamaes se extinguieron tras cruento enfrentamiento contra los españoles  y víctimas de las enfermedades traídas por los conquistadores.

La nación pijao comprendía una ancha faja que se extendía por la orilla occidental del río Magdalena, desde las estribaciones de la cordillera occidental  por los lados del nevado del Ruiz hasta la parte norte del Huila.

Los pijaos eran de recia  musculatura y estatura media,  se deformaban la cabeza que colocaban desde la más tierna edad con tablillas que colocaban una sobre el hueso frontal y otra sobre el occipital . Usaban instrumentos de piedra, andaban desnudos y pintados con achiote; sus armas  eran palos con puntas aguzadas al fuego  y macanas, dardos y piedras.

Los pijaos no construían poblaciones o caseríos;  se reunían para los asaltos convocados por las fogatas que encendían en  los más alto de los cerros.  Los pijaos adoraban a Lulumoy,  un ídolo  de piedra con tres cabezas y seis piernas; eran muy supersticiosos, las cenizas de balso  y de ciertos bejucos  indicaban la voluntad de Lulumoy que también se manifestaba en el vuelo de las aves.

Estos aguerridos nativos atacaban de  día y de noche, siempre emboscados y por sorpresa, pues jamás combatían al descubierto.

Desde los primeros años de la conquista los españoles trataron de someterlos y esclavizarlos; en 1567 el capitán Bartolomé Talaverano, vecino de Ibagué,   atacó con 80 soldados que a pesar de sus mosquetes y espadas tuvieron que batirse en retirada; en 1591 el gobernador Bernardino de Mojica entró a territorio pijao con 160 combatientes, siendo emboscado  en Otaima, donde perdió bagajes y  casi todo el armamento;  años después los nativos  rechazaron los ataques de Hernando Arias y de Gregorio Astigarreta.

EL PEOR ENEMIGO

Diego de Bocanegra dedicó su vida a perseguir y exterminar a los pijaos; principió su criminal tarea como sargento mayor  en la expedición  de Domingo Lozano, los atacó  en Amoya y en Aipe, escapando de su furia cuando  los  pijaos  destruyeron la aldea de San Vicente de Paez en el año de  1570.

En 1603  Bocanegra reunió 95 españoles, 200 indios y con 200 caballos se internó en territorio pijao para vengar la muerte del hijo y de un sobrino del gobernador Vazco de Mendoza. Bocanegra entró por el río de La Paila, llegó hasta el sitio de Aposentos en el Quindío y atacó los dominios del cacique Calarcá. “ a este- afirma el peninsular-  quemé las casas y talé las sementeras y comida de todo género, platanales y árboles de fruto, palos de bija…   sin dejar las tinajas, ni ollas, ni moles, ni calabazas que es pérdida muy grande para ellos y la sienten en extremo.”

En febrero de 1690 los pijaos aliados con otras tribus atacaron a Sn José de Cartago, población  ubicada cerca del río Otún,  lo que influyó para que los vecinos decidieran  trasladar el poblado hasta las orillas del rio La Vieja, donde podrían  recibir apoyo de Buga y de Toro.

Las  capturas,  las bajas por la guerra y la falta de mujeres en sus campamentos fueron disminuyendo paulatinamente l el número de los pijaos, en forma tan dramática que  al finalizar el siglo XVII prácticamente estaban extinguidos.

Nada quedó de la cultura pijao: algunas palabras como tui ( bueno) o caique ( saludo) y las crónicas donde se habla de los ataques de Calarcá y de los caciques Belara,  Matara y Metaqui, entre otros, famosos todos ellos por su valentía.