miércoles, 30 de noviembre de 2016

VEREDA LA ESTRELLA- PEREIRA


Alfredo Cardona Tobón




La Estrella es un caserío adosado a una fonda y a una inspección de policía. Cuando se llega al sitio, el visitante solo ve una decena de casas, pero al internarse por una callecita estrecha o por los vericuetos que comunican las viviendas, se encuentra con una aldea dinámica de  42 casas colgadas de una loma como si fuera  un pesebre.

 

Uno de los primeros habitantes  de La Estrella fue Reiner Antonio Moreno,  un riosuceño que en  el año de  1960 llegó a  esta zona a coger café. Trabajó primero en la hacienda “Gavilanes” y  después en “La Isla”, cuando  Alberto Ocampo era su propietario.  Como era malito para coger café, el patrón lo nombró jefe de cuadrilla con la misión de señalar los surcos, ver que  la gente recogiera el  café maduro y el grano que se caía de los canastos y de los palos

En esas estaba  Reiner Antonio cuando conoció a  Marlene, la hija menor de Luis Orrego, un campesino trabajador  que tenía su vivienda cerca de la Fonda La Estrella, en el punto denominado “El Realejo”. Como Reiner era de buenas costumbres, trabajador  y honrado  no hubo impedimento para que aspirara a la mano y todo el resto de la agraciada muchacha, con quien contrajo nupcias por la iglesia católica con la complacencia de parientes y amigos..

Mientras Reiner Antonio laboraba juicioso en las fincas cercanas, Marlene lavaba ropa y cogía café en las cosecha. Hacían un buen equipo, tan bueno que reunieron prontamente unos ahorros y con ellos  compraron un lote  cerca de la casa de su suegro Luis Orrego y construyeron allí su vivienda.

Reiner Antonio Moreno  es la Biblia de La Estrella, se las conoce todas, sabe el nombre de  los vecinos y  cuando llegaron al caserío; tiene en su memoria la historia del pueblito, al igual que  las cuitas y afanes de la comunidad. Es un hombre  franco y bueno, conocido por la gente de la Estrella como uno de sus más distinguidos patriarcas.

                       

LAS MEMORIAS DE REINER ANTONIO MORENO


Con la colaboración de la secretaria de la corregiduría nos acercamos  a Reiner Antonio, uno de esos graduados en la Universidad de la vida, sin cartones ni estudios académicos pero con la cultura y el conocimiento que da la experiencia, el trabajo y una larga existencia.

La casa de Reiner Antonio es amplia y hermosa, con vista  de  gran parte de este caserío que  desde el balcón parece  un reguero de construcciones tiradas al azar sobre la ladera.

Con memoria prodigiosa Reiner  nos cuenta el  pasado de La Estrella,  una historia sin grandes hazañas ni hechos portentosos, simplemente el devenir llano de  un  pueblo simple cuya gente  buscó un terrón de suelo para instalar su familia.

Deleitándonos con un café hecho en aguapanela, con la compañía grata de Edith Angélica y  de Oscar Jaramillo oímos el siguiente relato resumido de un riosuceño que encontró en La Estrella su segunda  patria chica:

En el año de  1960 en el sitio llamado  “El Realejo”, en la carretera que comunica a Pereira con Alcalá,  se ubicaba  una inspección de policía  sobre un lote que aprovechaban los uniformados para levantar semilleros de café. A un lado estaba una fonda , al  frente la finca “La Estrella” y por los demás costados se extendía la  hacienda “Asturias”.

 Las fondas siempre fueron el embrión de las fundaciones y  también lo fue la Fonda de La Estrella  en cuya vecindad empezaron  a aposentarse algunos trabajadores de las fincas vecinas. Luis Orrego, Nelson Idárraga, Pedro Isaza, Alberto Isaza  construyeron las primeras viviendas  cerca de la fonda y atrás de la inspección de policía .Los alrededores estaban llenos de cultivos de café y caña panelera y haciendas como “El Rubí”, “El Diamante” y “Asturias” ocupaban centenares de trabajadores que  vivían en ranchos aferrados al borde de los caminos cercanos.

                               

Fue entonces cuando “El Plumón”, Oscar Vélez Marulanda, logró que el municipio fraccionara la parcela del “Realengo” para que algunos campesinos sin tierra   construyeran allí sus viviendas mediante un proyecto desarrollado por  autoconstrucción en forma tal que los vecinos aportaban la mano de obra y el municipio y” El Plumón”  facilitaban  los materiales

 Al frente de la comunidad estaban  Alberto Quesada, Adalcio  Dávila,  Argemiro Valencia y Duván Idárraga, con esos líderes empezó una labor titánica en un lote empinado, de poco terreno, agua de aljibe y muchos interesados. La topografía no permitió abrir calles ni hacer trazados de parques, la gente se acomodó como pudo y el caserío se  fue llenando de  escalas y pasadizos con una sola  vía estrecha  que  reptaba por la mitad del pequeño poblado.

 

                            Trabajando muchas veces hasta medianoche tomaron forma las viviendas, se pavimentaron  los senderos, se abrieron brechas para el acueducto y el alcantarillado y siempre con el apoyo de “El Plumón” los vecinos  levantaron los postes de energía eléctrica y tuvieron luz en los senderos y en las casas..

Actualmente “La Estrella”  alberga la corregiduría de  La Estrella- La Palmilla, cuenta con una fonda, dos  discotecas, el acueducto  Cestillal- El Diamante, colegios y escuelas y buen transporte hacia Pereira.

Al contrario de otras zonas deprimidas  de Pereira, En La Estrella, pese a su pobreza,  se ve una comunidad con deseos de progreso, activa, que no se deja apabullar por nada. Al perderse las fuentes de trabajo que  ofreció en otros tiempos la caficultura, “La Estrella” se convirtió en otro caserío dormitorio, pues la ganadería y los cultivos de frutales necesitan muy poca mano de obra.  No hay industrias y el turismo es insignificante, por ello los vecinos tienen que desplazarse a la ciudad a buscar trabajo.

 “La Estrella” es una conjunción de lo urbano con lo rural, con una cultura que cada vez se aleja más de las fuentes campesinas que fijaron sus raíces pero recuerda agradecida a sus líderes entre los cuales se han destacado  Adalcio Dávila, Reiner Antonio Moreno, Duván Idárraga y Alberto Quesada.

La Estrella  es una comunidad de paz sin recuerdos ingratos, salvo la calamidad del  chicunguña que afectó recientemente a casi todos los pobladores;  hace muy poco tiempo el  chicuncuña  postró en la cama a casi todo el caserío; Reiner Antonio Moreno recuerda, que como en un sanatorio,  solo se veían enfermos  apoyados en bastones por  las tortuosas escaleras de la vecindad.