viernes, 16 de diciembre de 2016

PANTALEON GONZALEZ OSPINA: UN PATRIARCA DE LA MONTAÑA





 

Por razón de negocios, vi por primera vez a don Pantaleón González, en Ibagué, cuando yo era un mozo de veintidós años y él frisaba en los sesenta.  Conservo clara la impresión que me produjo: tostada la piel, rasurada la barba, el bigote corto y entrecano, ancha la frente, el cráneo sin calvicie; enjuto y recio, alto, bien proporcionado y de ademanes desenvueltos y firmes, daba al punto la impresión de una grande actividad y una grande energía. Y así era, en efecto: pero la energía resultaba siempre atemperada por un predominante sentimiento de bondad.

 

Los años que nos separaban, ni las vastas empresas que le habían dado a él una prominente posición en las industrias, fueron parte a determinar frialdad o encogimiento a nuestras refacciones: tras breves palabras nos sentimos amigos: acto continuo nos asociábamos para administrar yo en el Tolima sus negocios, y desde entonces hasta su muerte nos unió una amistad estrecha y cordial. Por aquellos tiempos, hice varios viajes a Manizales, lugar de su residencia: me llevó él a conocer sus haciendas, que se extendían hasta las orillas del Cauca; atravesarnos la cordillera Central, para caer al valle del Magdalena, por La Elvira, Soledad, Fresno y Mariquita; conversamos largamente sobre toda clase de asuntos, y seguí paso a paso el áspero teatro en donde aquel gran trabajador de la montaña, había disputado a la naturaleza sus favores. Después volvimos a vernos en Bogotá; mantuvimos correspondencia por largos años, y pude, por todo esto, leer en su alma.

¡Qué hermosa alma la de don Pantaleón González! ¡Qué bizarro ejemplar del trabajador sin sosiego, del creador de riqueza, del «titán laborador» de la tierra de Córdoba, que no se deja agarrotar dé sórdido egoísmo, ni se olvida de la patria, ni niega, en el tráfago del tanto por ciento, su solicitud y su ternura a la familia!

 

Su fuerte cerebro de negociante, no entumeció su corazón su deseo de riqueza, no maleó su conciencia; su economía constructiva, no le degradó en la avaricia. Hubo un admirable equilibrio para el bien, entre sus facultades y sus sentimientos. Supo> captar el oro por caminos rectos, y cuando lo tuvo en sus manos, lo puso al servicio de su noble carácter; fue un señor del oro para generosos fines; no fue un esclavo del oro para envilecerse.

 

Cuando se casó, era paupérrimo El mismo día del matrimonio -se complacía en referir- marcharon él y su compañera a su pequeño campo de trabajo, a su modestísima vivienda; y allí se enfrentaron a la vida, trabajaron empecinadamente, fueron creando mesa mes, día a día, las bases de su porvenir económico, y desde allí avanzaron - los dos siempre juntos - en marcha victoriosa hacia la cumbre.

Su compañera no fue solamente esposa y madre abnegada, como lo son las esposas y las madres colombianas; fue también una mujer valerosa y de gran capacidad para resolver dificultades imprevistas y graves. A inspiraciones de ella debió don Pantaleón en varias ocasiones, salvar su fortuna, expuesta a derrumbarse por casuales circunstancias,Una de ellas, en la guerra de 1876, cuando el ejército liberal ocupó a Manizales. Huyó don Pantaleón, como todos los conservadores; pagó el empréstito forzoso que le fue asignado, y se cernía sobre sus propiedades el peligro inminente de las expropiaciones, que había de sumarse a la completa paralización de los trabajos y de la renta. «Yo me encontraba - decía don Pantaleón - confundido y medio loco; veía hundido mi crédito y derrumbados mis negocios, entonces todavía no suficientemente consolidadas, y perdidos tantos esfuerzos de mi juventud. No hallaba solución ninguna.  Entonces me dijo mi mujer:

<.Te marchas a Manizales; te presentas en el acto al General Trujillo; sin preámbulos le dices que vas a pagar lo yá vencido del empréstito y que seguirás pagando mes por mes; que no pides rebaja ni favor, sino únicamente garantías para trabajar como en la paz. ,Vacilé un momento. Vi luego que mi mujer tenía razón. Partí para Manizales, y una semana después estaba yo trabajando libremente, tenía mis fincas en plena actividad, cuando las de los demás estaban abandonadas, y fue mucho el dinero que gané en aquellos meses.

Fue múltiple la acción del señor González: derribó montañas„ fundó haciendas; trabajo minas; construyó caminos; levantó edificios; negoció en compras, cebas y ventas de ganado; remató y administró rentas públicas. Trabajó con tesón incansable hasta avanzada edad, y sólo se entregó al reposo al ser vencido por la muerte. Antioquia debe sentirse ufana de este magnífico exponente de su pueblo. A él le cuadran con rigurosa exactitud las palabras del poeta:


"- Rey de las selvas vírgenes y de los montes níveos, que

tornas en vergeles, imperios del cóndor."

 

Amó don Pantaleón intensamente a su esposa y a sus hijos. Cuando visité con él sus haciendas hacia once años que la señora de González había muerto. Pues bien: la casa en donde ocurrió el fallecimiento, permanecía cerrada: nadie, salvo él, había vuelto a penetrar en ella; los muebles, los pequeños objetos, todo, todo permanecía en su sitio como el primer día; el dolor del esposo sobreviviente no se había extinguido, y miraba como lugar intocable y sagrado aquél en que la compañera de su vida le había estrechado por última vez la mano y le había dicho: hasta luego ...... Al llegar a aquel sitio ,él se descubrid; yo hice lo mismo; y tras breves momentos, nos retiramos en silencio, que él rompió un rato después para decirme: <¿Por qué no habrá dispuesto Dios que el marido y la mujer se mueran en el mismo día? >.

Por tradición de familia, don Pantaleón fue conservador. Pero ocurrió que Pedro Antonio, uno de sus hijos, educado en Inglaterra, se declaró liberal y liberal entusiasta; hombre de combate que se iba al campamento al primer toque de los clarines liberales. En tales andanzas, perdió una pierna y tuvo muchos otros contratiempos, a salvarlo de los cuales acudía siempre, con febril ansiedad, don Pantaleón. Y nunca salió de sus labios un reproche para las ideas y las actitudes de su hijo.

Cuando rememoré estos hechos, de que fui testigo tantas veces, y cuando siento en mi propia vida el caso análogo de mi padre - General conservador - frente a mi liberalismo desde la adolescencia, ráfagas de la más pura tolerancia soplan sobre mi alma. Y más grotescos me parecen los conservadores que piensan matar con palos y guijarros las ideas, y más inclasificables los liberales que excomulgan!

Tal vez para las gentes nuevas, desarrolladas en estos casi treinta años de paz colombiana, no parezca hecho digno de mención y de encomio el que acabo de citar; ellas no pueden comprender lo que fue Colombia hasta 1902, cuando la guerra era casi nuestro estado normal y los odios de partido se sobreexitaban y encendían a cada disparo de fusil. Entonces sólo espíritus superiores, lograban elevarse sobre el medio ambiente que era de cruda intransigencia y respetar las ajenas opiniones. La paz; la larga paz; la bendecida paz, ha hecho comprender a muchos que nada es tan característico de la barbarie, como la agreste intolerancia respecto de las opiniones ajenas; pero, preciso es repetirlo, no era esta la situación en las épocas a que estoy refiriéndome, y casos de íntima y sincera tolerancia política, corno los que deja señalados, eran obra de gran merecimiento, dignos de nota y aplauso, y propios sólo de muy elevados caracteres.

 

Ocúrreme observar al llegar a estas consideraciones, que tampoco puede la generación actual - y menos podrán las subsiguientes - darse cuenta exacta de la suma de energía, de perseverancia, de capacidad, de abnegación que fue necesaria, durante las épocas anteriores de nuestro país, para crear y conservar tina fortuna. No había bancos, y cuando los hubo, eran tan pequeños sus capitales, tan tímidos sus gestores, tan extremas sus exigencias, que antes de establecimientos de crédito, propicios al impulso de

os, parecían angustiosas y angustiadas casas de usura; no había vías de comunicación, sino rudimentarias, y era obra de romanos llegar a los mercados; a cada guerra, lo acumulado se perdía o, por lo menos, se rebajaba en su mayor parte; la seguridad, factor esencialísimo del crédito y de las industrias, era precaria en grado sumo; todo era dificultad, tropiezo, problema de complicada solución. Muy distinta es la situación presente: hay entre esta y aquella, casi tan abierta disparidad, como la que existe entre la paz y la guerra.

En tales épocas y en medio de tan adversas circunstancias, hizo la parábola de su vida don Pantaleón González. El y cuantos como el lucharon en los campos de la industria y los negocios, saliéndose de la rutina del simple panllevar y pugnando por dominar extensos horizontes, fueron recias voluntades, heroicos obreros ele van, ardía de nuestroprogreso nacional.

A veces - muchas veces - un solo rasgo de la historia de un hombre basta, él solo, más que - una larga biografía, para juzgarle. Tal, el siguiente de don Pantaleón González, que cito, para concluir, como una de las enseñanzas de su vida noble y fecunda.

Viajábamos de Antioquia hacia el Tolima y pernoctamos en el Fresno. A las 4 de la madrugada, don Pantaleón llamó a nuestros servidores para que trajeran las bestias, preguntó cuánto valían los pastajes, y colocó sobre tina silla algunas monedas. En esos momentos dos rapazuelos aparecieron Sri la habitación y se empeñaron solicitamente en ayudar a los aprestos del viaje. Nos alumbraba tina vela; el cuarto estaba en semiobscuridad. Don Pantaleón notó que las monedas habían desaparecido del sitio donde las había puesto, imputo a los niños el hurto, y los increpo durante Ellos negaron y se marcharon llorando. Entonces tome el la vela, busco cuidadosamente y hall« lasmonedas al pié de si¡ lecho,, adonde él mismo, al retirar la silla, las había hecho caer.

Regresaron los pajes con las bestias; iba a amanecer y la demora en partir era, para la habitual actividad del viajero, tina grave mortificación, A pesar de ello, dijo que no se movería de allí, mientras los niños no volvieran, y envió emisarios en su bus Al fin se pudo dar con ellos v traerlos; don Pantaleón los abraza, los agasajo les regaló dinero y rendida y reiteradamente les pidió perdón ..........

Así era el patriarca de la montaña a quien consagro con emoción este recuerdo

 

FABIO LOZANO T.

Lima, abril de 1929

jueves, 15 de diciembre de 2016

CARTAGENA Y GABO





CARTAGENA: ESCUELA LITERARIA DE GARCÍA MÁRQUEZ

José Miguel Alzate
 

Fue Clemente Manuel Zabala el maestro que le enseñó a construir frases ingeniosas, a adjetivar de manera precisa, a darle remates impactantes a sus textos y a alcanzar oraciones armoniosas.

 

Sobre lo que representó el Grupo de Barranquilla en la formación como novelista de Gabriel García Márquez se han escrito cualquier cantidad de páginas, casi todas señalando que el hijo del telegrafista de Aracataca encontró en el sabio catalán Ramón Vinyes al hombre providencial que habría de encaminarlo hacia el descubrimiento de William Faulkner. Esta aseveración hizo carrera después de que, debido al éxito de ‘Cien años de soledad’, el colombianista Jacques Gilard se dedicara a revisar las columnas publicadas por el novelista en ‘El Heraldo’ para encontrar lo que Vargas Llosa denominó la prehistoria de un estilo. En honor a la verdad, debe decirse que Cartagena fue tan importante como Barranquilla en los primeros años de formación del escritor. Las razones las veremos en este artículo escrito por José Miguel Alzate:

 

Gabriel García Márquez llegó a Cartagena días después de haber aterrizado en Barranquilla en un viejo DC-3 que era utilizado para transporte de tropas. A los pocos días de haber vivido en Bogotá el 9 de abril de 1948, cuando mataron a Gaitán, partió del aeropuerto de Techo para la costa Atlántica. En Barranquilla permaneció unos cuantos días. Con ocho pesos que le quedaban en el bolsillo, viajó después a Cartagena, en un bus de la Agencia Postal. En el libro ‘Un ramo de nomeolvides’, Gustavo Arango indica que el 21 de mayo de 1948 el novelista empezó a publicar en El Universal, que había sido fundado dos meses atrás por Domingo López Escuriaza, una columna periodística. Fue presentado al director del periódico por Manuel Zapata Olivella.

 

¿Por qué razón Cartagena se constituiría en una escuela literaria para García Márquez? Es fácil explicarlo. Los primeros textos escritos por el autor después de que Eduardo Zalamea Borda le abre las páginas del ‘Magazín’ de ‘El Espectador’ para publicar sus cuentos son las columnas que empieza a redactar para ‘El Universal’. ¿Quién le tiene que dar el visto bueno a esos textos? Nadie más ni nadie menos que Clemente Manuel Zabala, el jefe de Redacción, un periodista formado en lecturas exquisitas y que tenía un amplio conocimiento de libros y autores. Cuenta Héctor Rojas Herazo que Zabala colgaba de un gancho, detrás de su escritorio, los textos periodísticos que eran sometidos a su análisis, llenos de observaciones hechas con un lápiz rojo.

 

Pues bien, Clemente Manuel Zabala es el periodista que tiene en sus manos la oportunidad para orientar literariamente a ese muchacho de inteligencia superior que era García Márquez cuando llegó a Cartagena. En sus primeros escritos, Zabala descubre su talento literario. Lector juicioso, le hace observaciones sobre gramática. Y lo va conduciendo, junto con varios de sus redactores, hacia autores que serían definitivos para pulir un estilo. En ‘El Universal’ escribían ya Héctor Rojas Herazo, Ramiro de la Espriella, Gustavo Ibarra Merlano y Donaldo Bossa Herazo. Ellos le enseñaron al escritor incipiente que era Gabriel García Márquez autores como John Dos Passos, Curzio Malaparte y John Steinbeck. Y fueron también ellos los primeros lectores de sus trabajos literarios.

 

Para saber lo que significó Cartagena en la formación de nuestro premio nobel, hay que leer el libro ‘García Márquez en Cartagena’, de Jorge García Usta. Allí se dice que fueron los escritores cartageneros quienes “habrían encaminado por un extraño sistema encantatorio, por sugestión vitalista y por lecturas providenciales, el talento del juvenil escritor”. Fue Clemente Manuel Zabala el maestro que le enseñó a construir frases ingeniosas, a adjetivar de manera precisa, a darle remates impactantes a sus textos y a alcanzar oraciones armoniosas. “El maestro Zabala tenía un lápiz rojo, gracias al cual las notas malas que yo empezaba a escribir se volvían buenas y poco a poco fui aprendiendo que nunca debía cometer los errores que él me señalara”, diría años después García Márquez.

 

Los años vividos en Cartagena fueron importantes en la formación del novelista. Jorge García Usta asegura incluso que fue mayor la influencia de Clemente Manuel Zabala que la del sabio catalán Ramón Vinyes. Todo porque compartió más tiempo con el primero que con el segundo. El sabio catalán apenas pudo hacerle sugerencias literarias durante tres meses. El maestro Zabala lo hizo durante casi tres años. “Su gloria se debe a ese viejo silencioso que le corrigió sin descanso las primeras notas, lo introdujo para siempre en el periodismo y le entregó formas y recursos para escribir”, dice García Usta. Zabala logra sacar a García Márquez de los devaneos piedracielistas que traía de Zipaquirá, enseñándole que hay que mantener “el hálito poético en la prosa periodística”.


domingo, 11 de diciembre de 2016

LEON DE GREIFF- DE BOLOMBOLO A kORPILOMBOLO


DE BOLOMBOLO EN ANTIOQUA   A KORPILOMBOLO EN SUECIA.

 

Alfredo Cardona Tobón*




El corregimiento de Bolombolo en Venecia se enlaza con  la aldea de Korpilombolo en la municipalidad de Pajala, Suecia, a través  de Francisco de Asís León Bogilao de Greiff Hauster, o simplemente León de Greiff,  autor y bohemio, búho de noche fantasioso y “parlotero”, nacido en Medellín en el año  1895.

La  relación  empieza  en 1825 con las nupcias de Lavisa Petronella  con Carlo Segismund von Greiff celebradas  en el poblado de Skane en el norte sueco; la ilusión del oro sedujo al joven matrimonio y lo llevó a Medellín, Colombia, en el otro extremo del mundo.

Segismundo trabajó en las minas de oro de Antioquia, publicó el  primer mapa de ese departamento  y en  un diario minucioso recogió  lugares y las costumbres paisas de ese entonces. Los proyectos de los De Greiff incluían el regreso a su patria, pero el destino los aferró a las breñas antioqueñas donde  sus descendientes se multiplicaron como por encanto.

En el año  1825 el nombre de Korpilombolo  se integra a los De Greiff  con la presencia de varios residentes de esta pequeña aldea en la boda de Segismundo; quienes al regresar a sus viviendas encontraron a Korpilombolo  casi totalmente arrasado por un pavoroso incendio. Ese amargo recuerdo quedó ligado a la familia junto con el extraño nombre de la aldea que   significa  “El lago desolado con un río  que fluye a través de ese lago”.

Korpilombolo ha sido a través de los siglos una  aldea minúscula aterida, muy cerca del círculo ártico, con   días muy   cortos y noches larguísimas, que  vegetaba entre el  musgo y la nieve .Mientras tanto, en el trópico se  agitaba un rancherío  llamado Bolombolo con  cuatro ranchos, un puente de madera para atravesar las roncadoras aguas del río Cauca y el sol ardiente de la tierra caliente.

Entre esas dos pequeñas aldeas, separadas por medio mundo, se estableció un vínculo al llegar  León de Greiff a Bolombolo a trabajar como administrador del tramo ferroviario  Bolombolo- Cañafístula. Después de laborar diez años en el Banco de Bogotá, el poeta ingresa a  “La vida en bruto” en un paraíso de ninfas mulatas, lleno de Whisky y aguardiente muy lejos de los “gansos del capitolio”.

 El musicólogo, ajedrecista, estadígrafo, auditor de cuentas,”grafómono”,  mago de los números tiene en su registro personal un año de ingeniería: 20 años de tanteos sin rumbo en universidades, en  la calle,  en alcobas, bibliotecas y cafetines bebiendo y fumando, burlándose de todos y revolcando la lengua castellana.

Con los grados  de “opifex verborum”, extractor de esencias, algebrista, metalúrgico  y “acontista” el genio de   León de Greiff explota en Bolombolo   con  36  personajes  entre los cuales se destaca un vago demente y opuesto a todas las normas,  rescatado de los escritos de Louis Bertrand, padre del poema en prosa. Ese extraño personaje se llamaba Gaspar de la noche, o Gaspar du nuit, o Gaspar von der nacht o Gasparof  the night.

A los tres años de  estar en  Bolombolo Gaspar de la Noche cierra un ciclo y en  febrero de 1926  emprende un largo viaje hacia la Escandinavia que remata en Korpilombolo bajo los  pinos escarchados y dentro de un bloque de hielo donde cavila durante 33 años.

Después de la larga ausencia,  tres alter ego de León de Greiff  emprenden  la búsqueda de su compañero. El Fabulador Paradislero  encuentra a Gaspar de la Noche  momificado y congelado en la remota y gélida  Korpilombolo.

El presidente Lleras Camargo satisface uno de los  anhelos de León de Greiff  al  nombrarlo secretario del Consulado de Colombia en Estocolmo, donde al cumplir 64 años se reúne con sus avatares en una noche glacial y desmomifican a Gaspar de la noche. “Congelado yo?- dice el lunático al despertarse- ¡Qué va!- Estaba  abstraído en mis meditaciones.”

Tiempo después, el profesor Julián Vásquez durante sus estudios de literatura,  descubre la relación poeta- Bolombolo- Korpilombolo y en asocio  con la Universidad de Umea y la municipalidad de Pajala proponen el Festival de la Noche en honor a Leon de Greiff.

Los 530 residentes de  Korpilombolo se entusiasman con la idea y el primero de diciembre de  2005 realizan el Festival en el día más oscuro del año con la presencia de  admiradores de León de Greiff  procedentes de varios países de Europa y América.

 Korpilombolo brilla como una perla en la noche polar plena de poesía, música, filosofía y arte. La palabra y el pensamiento  unen dos culturas, dos maneras distintas de ver al mundo: la una arropada y  rubia y la otra  oscura y  medio desnuda. La nórdica  sacudida por los chiflones polares y la ecuatorial  mecida por las candentes ráfagas del trópico.

En diciembre de 2011  se firmó un acuerdo de hermandad  entre el alcalde de Pajala, Kurt Wennberg, y Julián Vásquez en representación del municipio antioqueño de Venecia. A fines de ese año, una representación de Korpilombolo  visitó a Bolombolo. Sus  4000 vecinos  tiraron la casa por la ventana y entre discursos, versos y brindis se confundieron  el sitio natal con el de resurrección de Gaspar de la nuit.

Así pues, Bolombolo al conectarse con Korpilombolo pasó de ser un centro de tractomulas a ser el  eslabón  entre el trópico afroamericano y el Ártico vikingo; ni siquiera Medellín con su Metro y las Gordas de Botero  alcanzó en el Viejo Continente la dimensión cultural del tórrido corregimiento paisa.