miércoles, 1 de febrero de 2017

CARTAGO Y LA MUERTE DE SIMÓN BOLIVAR



Alfredo Cardona Tobón






Después de la victoria de las tropas colombianas comandadas por Sucre sobre las fuerzas peruanas en El Portete de Tarqui, la evacuación peruana del puerto de Guayaquil y la firma de un armisticio;  Simón Bolívar regresó a Bogotá para evitar la amenaza de la disgregación que se cernía sobre Colombia. En Cali permaneció desde el 22 al  25 de diciembre y esa misma tarde se trasladó a la Hacienda de Mulaló, de su amigo José Cuero, donde se entrevistó por última vez con el general Sucre.

Tras cuatro meses y cuatro días de viaje, el Libertador llegó a Cartago el dos de enero de 1830. Desde esa ciudad Simón Bolívar  escribió a Rafael Urdaneta lo siguiente: “Mi querido General, recibí ayer tarde las comunicaciones del 18.   Yo me iré del país sin llevar un peso con que vivir, pero prefiero pedir limosna en países extraños a ser espectador de tantos horrores como me esperan. Al fin yo soy solo, pero usted tiene familia ¿Qué hará? Me duele en extremo su suerte… Yo sigo pasado mañana por el Quindío mi marcha. Llegaré a Bogotá del 12 de enero en adelante”.

 Según algunas versiones, el Libertador se alojó hasta el cuatro de enero en una casona ubicada en la esquina sur oriental, que corresponde a la actual carrera 5ª con la calle 8. Allí antes de continuar el viaje escribió una carta a José María Castillo y Rada donde le manifestaba: “Mi estimado amigo,   ayer he recibido la horrible noticia que ha venido de Venezuela, más por el modo que por la esencia esto puede tener resultados muy fatales capaces de disolver la República”.

 Preocupado, desengañado, cansado, con la salud resentida, Bolívar llegó a la capital de la república el 15 de enero de 1830 y cinco días después empieza a sesionar el llamado Congreso Admirable convocado para conciliar las facciones en pugna y evitar la disolución de la Gran Colombia.

Bolívar presenta la renuncia a la presidencia el mismo día de la inauguración del Congreso, pero este la rechaza argumentando que no tiene competencia para hacerlo. Mientras sesiona el Congreso se recrudecen los esfuerzos separatistas de Venezuela y el 29 de abril el Congreso promulga una Constitución que establece una estructura centralista con Joaquín Mosquera de presidente.

Cuando el general y su séquito  llegaron a Cartago los abrumaron con atenciones durante los pocos días que estuvo en la ciudad;  posiblemente hubo un sarao en su honor donde el Libertador admiró y hasta gozó de la belleza de mujeres frescas, adornadas con flores, que como mariposas revoleteaban en torno del caraqueño.

Al igual de lo sucedido con Sámano durante la reconquista española, Cartago se rindió a los pies de Bolívar, porque la gente aplaude a los triunfadores, pero las zalemas y las genuflexiones estaban las almas aviesas, llenas de envidia y recelos, que interiormente odiaban al Libertador a quien calificaban de tiran; así lo anota Rufino Gutiérrez,  hijo del gran poeta antioqueño Gregorio Gutiérrez González, en una de sus escritos. Cuenta el cronista antioqueño que al conocerse en Cartago la noticia de la muerte de Simón Bolívar, acaecida  el 17 de diciembre de 1830 en Cartagena;  una  familia Durán organizó un suntuoso baile para festejar tan trágico acontecimiento como lo ratifica  el científico francés Jean Baptiste Boussingault, quien  por entonces regresaba de las minas de Supía:  “ Acabábamos de saber la muerte del Libertador, la cual me causó grande pena- escribió Boussingault-. El partido demagógico se alegró de tan triste suceso y sus miembros no tuvieron vergüenza de ofrecer un baile, actitud que me hirió, lo mismo que a uno de mis camaradas, además de que tuvieron la frescura de invitarnos.  Por la tarde nos pusimos los uniformes con una banda negra en el brazo para ir a la invitación; una vez dentro de la sala y habiendo dado francamente nuestra opinión de la inconveniencia de esta fiesta en un día de duelo público, desenfundamos nuestras espadas y apagamos las velas.  Las mujeres se pusieron a llorar y los caballeros a gruñir, pero en un instante la sal quedó evacuada, ¡acabábamos de cometer una imprudencia que podía habernos costado la vida, pero no hay nada como la audacia !"

Este es un baldón en el pasado de Cartago cuya historia está llena de episodios trágicos y gloriosos; no sería una coincidencia que quienes agasajaron a Simón Bolívar al empezar el año de 1830  fueron los mismos que un año más tarde  organizaron el baile para celebrar la muerte de El Libertador. Triste sino del gran Bolívar cuyos perseguidores los condujeron, como él mismo dijo, a las puertas del sepulcro.

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