domingo, 5 de febrero de 2017

SALAMINA EN LA GUERRA DE LOS MIL DIAS




Alfredo Cardona Tobón*





Una vez terminada la guerra de los Mil Días con la firma de la paz en el acorazado Wisconsin  de la flota norteamericana, en el Acta  55 de diciembre de 1902,   don Marco Aurelio Arango, presidente del Concejo de Salamina, llamaba la atención al gobierno de Antioquia sobre la calamitosa situación de esa importante población sureña.

“Cuanto aquí- decía don Marco Aurelio- el gobierno no ha gastado un solo centavo en alquiler de casas para alojamiento de soldados, debe tenerse en cuenta, además, que Salamina es el pueblo que seguramente ha hecho los mayores sacrificios de sangre y de esfuerzo en esta espantosa revolución; de su seno se han formado cuatro generales: Bonifacio Vélez, Carlos Londoño, Víctor Manuel Salazar y Alfonso Vélez.  Murió el general Vélez en las aguas del Magdalena después de haber estado en las campañas de Panamá y también perecieron los jóvenes coroneles Jesús María Echeverri, Pablo G. Pérez, José de la Paz Macía y Evencio Gómez, modelos de valor y patriotismo.”.

El 18 de octubre de 1899 se turbó el orden público al levantarse en armas el Partido Liberal.  De inmediato el gobierno conservador organizó los batallones Manizales y Salamina para combatir las guerrillas de las orillas del río Cauca y obligó a los vecinos liberales a mantener en funcionamiento las líneas telegráficas que dañaban continuamente los revolucionarios. Las autoridades organizaron a los vecinos liberales en cuadrillas y les asignó   determinados tramos, cobrando una multa  de  $ 50 por cada hora que permaneciera el telégrafo fuera de servicio..

La situación de Salamina en la guerra de los Mil Días fue crítica: por una parte debió enfrentar las innumerables bandas guerrilleras del norte del Cauca, proteger las poblaciones vecinas y apoyar al gobierno central que combatía en los Santanderes, en la Costa Atlántica, en el Sur, en El Tolima y Panamá.

La flor y nata de la juventud salamineña conformó el Batallón Salamina: muchos marcharon tras la gloria y la aventura y otros iban reclutados a la fuerza para dejar, al fin, sus huesos en tierras lejanas víctimas de las enfermedades y las armas enemigas.

Mientras el Batallón Salamina cosechaba laureles  en combates abiertos,  la División Marulanda, acantonada en Salamina, hacía frente a las emboscadas de los grupos  rebeldes dirigidos por Manuel Ospina, Ceferino Murillo, David Cataño y Francisco Herrera quienes con base en los campos de Supía, Bonafont y Quinchía  mantenían asolados los poblados de Neira, Filadelfia y Morrón .

En agosto de 1900 tropas salamineñas bajo las órdenes del general Carlos Londoño Llano sorprendieron una avanzada enemiga en el sitio de El Silencio causando 55 bajas a los guerrilleros; y apoyados por tropas de Manizales los gobiernistas diezmaron   a las fuerzas irregulares en El Pintado y El Castillo; pero a pesar de los graves daños infligidos a los guerrilleros durante los dos primeros años de la guerra, fue imposible mantener a raya a  los insurgentes que el cinco de diciembre de 1901 entraron  a Salamina, saquearon los negocios y quemaron gran parte del archivo municipal.

A las bajas causadas por el clima a orillas del Cauca o por los bichos y los ataques enemigos se sumó la enorme deserción en las filas gubernamentales. Los antioqueños combatían con valor en su tierra pero lejos de sus poblados hacían todo lo posible para rehuir el combate. Las deserciones eran continuas lo que exigía levas repetidas e impedía contar con gente veterana.  En octubre de 1900, por ejemplo,   en la Primera Compañía del batallón Duque de la División Marulanda desertaron 31 soldados de los 45 reclutados y de la Tercera Compañía se evadieron nueve de los 17 enganchados.

LAS CONTRIBUCIONES

En Antioquia el Departamento del Sur cargó con el mayor esfuerzo en la guerra de los Mil Días y los vecinos de Salamina y Manizales corrieron con la mayor parte de los gastos de las campañas mediante “empréstitos” que no se pagaron o se cubrieron parcialmente

. Cuando la Compañía Suelta de Salamina marchó bajo las órdenes del general Elías Uribe a combatir a los alzados en armas en El Pintado y El Dinde , los conservadores salamineños recogieron  $3200  para auxiliar la campaña; lo mismo sucedió  cuando el general Estanislao Henao destrozó a las tropas de Francisco Herrera y de Juanito Torres en El Cedral.

Los auxilios municipales se sumaron a las contribuciones para las campañas a fin de  atender a los heridos, auxiliar a las viudas y a los huérfanos, y pagar sueldos a los oficiales. Poco apoyo llegaba desde Medellín; por ello las autoridades locales debían recaudar el resto acudiendo a los copartidarios y sobre todo arrebatando los bienes y el dinero de los liberales.

 

 

La guerra de los Mil Días arruinó a Salamina: sus campos quedaron desolados, pues los campesinos se internaron en los montes o emigraron para evitar los reclutamientos y fueron pocos los que regresaron después del conflicto como lo indica el general  Juan Pablo Gómez en una carta dirigida a los alcaldes de Manizales y Salamina:

“Despacho hoy a bordo del vapor Colombia 200 hombres con dirección al Departamento del Sur. Hacían parte de los batallones Salamina y Manizales, restos de la gloriosa columna antioqueña. Son los héroes de Capitanejo, Palonegro, San Juan Nepomuceno, Lebrija y Marialabaja. Las penalidades y fatigas de una campaña de 17 meses los han reducido a cifra insignificante y a deplorable situación de salud. Imploro para ellos encarecidamente la generosidad del gobierno de Antioquia y vuestros sentimientos amplios y generosos.”

Como lo indican las crónicas, salamineños de uno y otro bando llenan las crueles páginas de la guerra de los Mil Días.  Entre todos ellos se destaca el general Víctor Salazar, gobernador de Panamá, que allanó el camino de la paz y honró los compromisos firmados; fue un ejemplo de hombre de bien en medio de los lobos rabiosos que después de firmada la paz se cebaron en los vencidos.

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